Construcción de un Telégrafo

julio 4, 2020 on 11:29 am | In academia, colección, hist. telecomunicaciones | No Comments

En la presentación anterior daba unas pinceladas del funcionamiento de un circuito eléctrico y su aplicación en un telégrafo. Ahora, como segunda parte, es el momento de construirlo.

He intentado que los componentes y herramientas sean fáciles de conseguir. Quizás, el menos común, sea el manipulador telegráfico pero es posible comprarlo a través de eBay o Amazon por unos pocos euros. Evidentemente, para la construcción se requiere el uso de algunas herramientas que, potencialmente, son peligrosas como el taladro y el soldador. Por favor, tienes que ser prudente y, si no te sientes seguro usando la herramienta o conectando el telégrafo a tierra, pide ayuda a una persona con conocimientos. Es tu responsabilidad. Gracias.

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Telégrafo y Telecomunicación

junio 11, 2020 on 9:49 pm | In academia, colección, hist. telecomunicaciones | No Comments

A mi hija de 10 años le ha tocado estudiar los componentes básicos de un circuito eléctrico. Para quien no lo sepa es una lección más del temario de Ciencias Naturales de 5º de Primaria. Mientras repasábamos, noté que es dificil encontrar un circuito eléctrico básico a nuestro alrededor y, dejando a un lado el encendido y apagado de la iluminación o el secador de pelo, echaba en falta una aplicación donde analizar cada uno de sus componentes. Fue en ese momento cuando, sin poder evitarlo, recurrí a ingenios del pasado como el Telégrafo para ilustrar el tema de estudio. Mi hija me miraba sorprendida cuando le contaba la epopeya y adversidades de los primeros tendidos de cable submarino o las dificultadas para amplificar una ruta.

Alguna de estas explicaciones las puse en orden en un PowerPoint recordando a Samuel Morse. Lo sé, me emocioné un poco pero aquello era un ejemplo claro y práctico de un circuito eléctrico, además sentaba las bases de otra revolución de la humanidad: las Telecomunicaciones.

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Polaroid, la fotografía instantanea y Kodak (y 3)

febrero 28, 2020 on 9:58 am | In colección, hist. fotografía, vídeo y tv | No Comments

Adolfo García Yagüe | A pesar de la cotidianeidad de su uso, las etapas de las que consta el proceso fotográfico tradicional han sido poco conocidos por el gran público. Incluso, dominar la física y controlar las reacciones químicas que hacían posible una foto de calidad, no estuvieron al alcance de la industria hasta bien entrado el Siglo XX. Por eso se suele decir que la perfección se empezó a acariciar a finales de los años 30 con la película Kodachrome de Kodak.

Si pudiésemos analizar detalladamente una película comprobaríamos que, en su escaso grosor, se identifican diferentes capas cada una de ellas con un desempeño concreto. Resumidamente, la primera de capa, la que está en contacto con el exterior, protege a la película de ralladuras o roces. A continuación identificamos tres capas sensibles a los colores básicos: la primera, al color azul y su copulante el amarillo, que es el color complementario que se representará en esta capa; sensibilidad al verde y su copulante magenta; sensibilidad al rojo y copulante cian. La penúltima evita el efecto halo, absorbiendo la luz que pueda “rebotar” en la capa de soporte y así volver a quedar registrada en las capas anteriores y, por último, una capa plástica que sirve de soporte a las anteriores. Para el registro de la luz se recurre a las propiedades físicas de la plata y sus compuestos, los haluros, y las reacciones de estos cuando interactúan con un fotón de luz. Tras la toma fotográfica debíamos entregar el carrete a un laboratorio para su posterior tratamiento químico que consistía, en primer lugar, en bañar la película fotográfica para revelar los puntos donde se ha registrado luz. Tras esta etapa inicial se sumerge la película en otro líquido con el que se fija la imagen revelada. El siguiente paso es lavar la película para que no queden rastros de los elementos fotosensibles que no han registrado luz. Llegados a este punto obtendremos una imagen en la película que, al observarla al trasluz, muestra una figura negativa e invertida: el negativo fotográfico. Ahora es el momento de trabajar en la reproducción de la imagen en un papel a diferentes tamaños. En este paso una ampliadora proyecta sobre sobre un papel fotográfico -y través del negativo- un haz de luz con los colores cían, magenta y amarillo. Este papel fotográfico también está formado por capas fotosensibles a los colores básicos antes citados y, de una manera similar a la película, la imagen queda registrada en él, tras lo cual es necesario revelar, fijar y lavar. Al finalizar estas etapas tenemos una fotografía impresa. Es importante recordar que, gracias al negativo, podremos hacer tantas fotos en papel como queramos.

Con el repaso anterior solo pretendo poner de manifiesto la complejidad y coste económico del proceso, su lentitud y fiabilidad y, sobre todo, la perdida de privacidad a la que se expone un usuario al depender de otras personas en el proceso de revelado fotográfico. Además, no quiero ni pensar en el impacto medioambiental producido en la fabricación y uso de los compuestos químicos. Dejando a un lado estas reflexiones, en 1947, la pequeña Jennifer Land, hija de Edwin Herbert Land (1909-1991) hacia una pregunta más sencilla donde cuestionaba la necesidad de esperar varios días hasta poder disponer de una foto en papel. Aquella pregunta tan inocente llevó a su padre –inventor años atrás del filtro polarizador- a replantearse todo el proceso y desarrollar una técnica lo suficientemente sencilla y compacta para que de una cámara fotográfica saliese, al instante, una fotografía en papel. Aquel sería uno de los hitos técnicos más importantes del Siglo XX y la razón por la que Polaroid se convirtió en una firma mundialmente conocida.

El concepto sobre el que se apoyaba la invención de Erwin Land era la transferencia química hacia una capa de papel de los colores que previamente habían quedado registrados en las capas sensibles a la luz. Esto, que parece fácil, requería desarrollar los agentes químicos involucrados y una forma de aplicarlos de manera controlada. Con esta idea en la cabeza Polaroid desarrolló su primera cámara de fotos, el modelo Land 95. Aunque era aparatosa y su manejo requería un poco de pericia, aquella cámara fue un éxito rotundo. Este primer modelo se cargaba con el conocido Picture Roll que constaba de dos carretes con los que se podían tomar ocho fotos. El primero de ellos era la película donde se registraba el negativo de la imagen y el otro de papel fotográfico. Al realizar la foto, el usuario estiraba del sándwich formado entre película y papel mientras un líquido reactivo se desplegaba entre ambos a la vez que se ejercía presión mecánica. Tras unos segundos de reacción química podíamos acceder a la foto de papel a través de una puertecilla posterior. Es importante recordar que este tiempo de reacción tenía que ser controlarlo porque influía en el contraste de la imagen recién tomada. A continuación, al extraer la foto, era necesario limpiar esta con un cepillo incluido en el Picture Roll eliminando restos de reactivos químicos y deteniendo cualquier efecto sobre la fotografía. Por último era recomendable alisar la foto para eliminar su abarquillamiento.

Durante la década de los sesenta, con el lanzamiento en 1963 de la serie Land 100, el concepto de foto instantánea se asentó. Esta máquina incluía mejoras en su óptica y simplificaba el proceso de carga y manipulación de la película fotográfica gracias al empleo de un cartucho llamado Pack Film. Este incluía ocho papeles fotográficos junto a sus respectivas capas sensibles y, entre ambos, los reactivos químicos. Tras cada disparo, para acceder a la foto, también era necesario estirar para extraer, llevar un control de los tiempos y separar manualmente el papel fotográfico de las capas sensibles. Aunque siga pareciendo un proceso engorroso, con la Land 100 se avanzó en la sencillez y rapidez lo que llamó la atención de numerosos profesionales de la fotografía que empezaron a usarla, antes de tomar una fotografía tradicional, como foto rápida para probar las condiciones de iluminación o encuadre. Incluso, el antes citado proceso de transferencia de imagen, empezó a ser aprovechado con fines artísticos porque era posible interferir en él y obtener unos resultados únicos, a veces de gran belleza y originalidad. Es preciso recordar que en esta serie de máquinas Paloraid introdujo la funcionalidad de obturador electrónico.

En los años sesenta Polaroid no era un gran rival para Kodak, incluso esta compañía era uno de sus proveedores de químicos y películas. En aquel momento la compra de una cámara Polaroid seguía siendo una opción minoritaria y fácil de desactivar comercialmente a menos que fueras un usuario muy selecto, artista gráfico, fotógrafo profesional u oficina de pasaportes en busca de inmediatez. Este statu quo cambio en 1972 con el lanzamiento de la Land SX-70. Aquella cámara fue fruto de años de desarrollo y con ella se simplificaba notablemente el proceso de revelado al instante. Tras encuadrar y pulsar el disparador, el usuario disponía de una foto donde, tras un minuto, comezaba a visualizar el resultado. Los Pack Films de esta cámara también contenían 8 papeles fotográficos y una pequeña batería con la que se alimentaba la electrónica y mecánica responsable de la expulsión automática de la foto. A su vez, cada papel de estas ocho fotos, contenía las capas sensibles a la luz, junto con la superficie donde quedaba impresa la foto y unos depósitos de agentes químicos reactivos apenas apreciables a simple vista. En resumen, todo en uno. Cuando pulsábamos el disparador, la mecánica de la foto hacia el resto y expulsaba el papel con un rodillo que ejercía presión a la vez que liberaba los productos químicos.

El eco comercial fue inmenso. Incluso artistas como Andy Warhol (1928-1987) presumían de su Polaroid SX-70 y su capacidad para captar momentos únicos. Gracias a aquellas fotos instantáneas se pudieron recoger situaciones cotidianas en la vida de grandes personalidades de la cultura pop que, normalmente, solo se conocían a través de una calculada foto de estudio.

La SX-70 de Polaroid había logrado redefinir el histórico eslogan de Kodak “Usted aprieta el botón, nosotros hacemos el resto”. Era cuestión de tiempo de que los de Rochester se girasen hacia este sector y que Polaroid se sintiese acosada. Por razones obvias, la óptica, mecánica y química tras la técnica de transferencia empleada por Polaroid apenas guardaba secretos para Kodak por lo que no tardó en lanzar su familia Instant en 1976. Algunos dicen que aquel producto fue la copia más descarada de la historia pero es cierto que incluía algunas mejoras, especialmente en su óptica. Desde aquel momento ambas empresas, como púgiles embravecidos, estuvieron dándose golpes en los juzgados durante 9 largos años. Al final un juez dio la razón a Polaroid y sentenció que Kodak cometió una violación de 7 de las 12 patentes y la condenó a indemnizar a Polaroid con 925 millones de dólares y retirar del mercado las máquinas Instant vendidas.

Aquella contienda judicial no impidió que Polaroid siguiese sacando modelos. De hecho, en 1977, presentó el icónico modelo 1000 con el que ponía la fotografía instantánea en manos de cualquiera. Esta cámara estaba construida en plástico y no tenía ninguna mecánica exterior salvo la interior que mueve y expulsa la fotografía. Evidentemente el coste de fabricación y su precio era más barato y accesible. Y qué decir de su aspecto y de los colores del arco iris que durante mucho tiempo han sido el símbolo de Polaroid… A la 1000 le siguieron otros modelos de aspecto parecido pero incorporando autofocus o flash.

En los ochenta Polaroid siguió manteniendo un negocio respetable con sus cámaras de fotografía instantánea pero afloraron importantes problemas financieros y organizacionales desde el fracaso de Polavision. Este sistema también fue presentado en 1977 y con él se pretendía trasladar el principio de instantaneidad al mundo de la filmación portátil. Polavision se posicionó como alternativa a la grabación Super 8 y supuso un gran esfuerzo de desarrollo técnico que no estaba alineado con la realidad comercial del momento ni marcaba un horizonte acertado en la evolución de la compañía. Además de los problemas técnicos a los que los tuvieron que enfrentarse sus usuarios, los tomavistas Polavision y su técnica de trasferencia, requerían una elevada iluminación exterior y carecían de grabación de sonido. Tampoco ayudaba nacer en un momento donde los sistemas de vídeo como Betamax o VHS ganaban en popularidad. Aquella crisis provocó la marcha de la compañía de Edwin H. Land en 1980 y se agravó con el importante agujero de deuda que afloró en el año 1988.

Como vemos las capacidades con las que Polaroid enfrentaba la nueva década eran limitadas. En otros textos he contado como los años ´90 fueron un periodo de transición donde muchas compañías desarrollaron el concepto digital y tomaron posiciones. Incluso Kodak aprovechó estos años para diversificar su negocio tradicional con soluciones como Photo CD, el tratamiento fotográfico digital o presentando algunas cámaras realmente revolucionarias. No así Polaroid que se declaró en bancarrota en el año 2001. A partir de ahí la historia es muy triste porque asistimos a la posterior declaración de quiebra en 2008 y el desmembramiento de la compañía incluyendo la colección de fotografías instantáneas que Edwin Land atesoró durante décadas gracias a la relación que mantuvo con los artistas que usaban sus cámaras. De aquella legendaria Polaroid apenas queda algo de valor salvo su marca. Ésta se ha venido licenciando como reclamo comercial por firmas desconocidas para vender productos tan diversos como televisores LCD, reproductores DVD, marcos digitales, gafas de sol o intentar relanzar la fabricación de Pack Films.

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Fotografía digital y Kodak (2)

febrero 13, 2020 on 6:39 pm | In colección, hist. fotografía, vídeo y tv | No Comments

Adolfo García Yagüe | En 1985, tras el lanzamiento de la Sony Handycam, aparecen las primeras cámaras fotográficas con CCD. Son años donde compañías japonesas como Canon, Nikon, Casio y la citada Sony empiezan a liderar un mercado que, a diferencia con lo que sucede con el vídeo, no termina de ser masivo. Esta lentitud en la adopción obedece a su elevado precio, aparatosidad y pobre calidad de imagen en comparación a una fotografía convencional y, sobre todo, porque los usuarios seguimos queriendo tener fotos impresas. Ésta “querencia” al papel contrastaba con la necesidad de contar con un reproductor de Video Floppy Disk -o la propia cámara fotos electrónica- conectada a un televisor para poder presumir de vacaciones.

Es a principios de los ’90 del siglo pasado, coincidiendo con aquella lenta adopción de la fotografía digital, cuando aparece Kodak Photo CD, un servicio con el que Kodak pretendía seguir manteniendo las ventas de sus tradicionales carretes y ofrecer al usuario un CD con las fotos digitalizadas para que estas fuesen visualizadas en una televisión conectada a un reproductor Photo CD de Kodak. Eso sí, en la codificación digital de las fotos y su compresión se empleaba un algoritmo cuyo funcionamiento nunca fue divulgado por Kodak. Este modelo comercial, con el que Kodak pretendía mantener cautivos a sus clientes, fue efímero ante la bajada de precios de los escáneres, los CDROM grabables y empleo de la codificación y compresión JPEG.

En 1992, con la aparición de JPEG (Joint Photographic Experts Group), se disponía -por fin- de un estándar público que permitía bajar el tamaño de una fotografía. Aunque ésta compresión sacrificase detalles de una imagen y era de menor calidad que el estándar TIFF (Tagged Image File Format), desarrollado en 1986 por Aldus Corporation, era una alternativa de uso libre que terminó siendo adoptada por todo el mercado. Esta disminución del tamaño del fichero mediante JPEG o TIFF tenía dos aplicaciones claras que un usuario podía percibir. Por un lado era posible recurrir a sistemas de almacenamiento en la propia cámara con memorias de estado sólido, prescindiendo así de costosos sistemas mecánicos como el Video Floppy Disk. Por otra parte, aunque un poco lento, era posible hacer una transferencia de fotos entre la cámara y un ordenador a través de una conexión serie RS-232 abriendo la puerta al uso de herramientas software de edición fotográfica como Adobe Photoshop.

En esta lenta evolución de la fotografía digital era necesario contar con un visor electrónico que reforzase la inmediatez de esta tecnología. Para atender esta necesidad Casio presentó en 1995 la QV-10, convirtiéndose en la primera cámara fotográfica que disponía de una pequeña pantalla de cristal líquido (LCD) con la que era posible tomar una instantánea de lo que realmente se estaba visualizando en el LCD o revisar las fotos ya hechas. Como se demostró, este visor resultaba también de mucha utilidad al informar a través de él de detalles técnicos de la foto o de la configuración de la propia cámara.

Si los cambios anteriores fueron seguidos de manera unificada por todos fabricantes, con las memorias y sistemas de almacenamiento hubo menos consenso. A esta conclusión es fácil llegar tras echar un vistazo a aquellos años. Por un lado vemos como en 1995 Ricoh se adelantaba presentando una cámara fotográfica con capacidad para grabar video y tarjeta PCMCIA de memoria Flash de Intel de 4Mb y, en el polo opuesto, comprobamos como en 1998 las máquinas Mavica de Sony basaban el almacenamiento de sus fotos en un diskette de 3” ½ de 1,4Mb. Y ya, en el colmo de querer imponer sus estándares, Sony sorprendió a todos presentando en octubre de 1998 la tarjeta Memory Stick, cuando la batalla por el futuro del almacenamiento ya se dirimía entre el formato CompactFlash (SanDisk) y SmartMedia (Toshiba).

Aquella apuesta por discos flexibles que Sony hacía en la serie Mavica solo se podía explicar si se pensaba en la necesidad de comunicar de una forma rápida la cámara de fotos con un ordenador y no depender así de la lentitud del RS-232 ya que, este disquete, al poder ser formateado con una estructura de archivos compatible con MS-DOS, podía ser leído por cualquier ordenador personal. Aquel uso de los diskettes evidenciaba que era necesario mejorar la comunicación entre ordenadores y dispositivos multimedia, entre los que se encuentran las cámaras de fotos y los incipientes reproductores MP3, y es la razón por la que aparecieron dos interfaces de conexión que venían a relevar al viejo RS-232. FireWire, el primero de ellos, fue presentado por Apple en 1995 para transferir archivos a una velocidad de hasta 400Mbps e inmediatamente fue adoptado por los fabricantes de cámaras de vídeo MiniDV y normalizado como IEEE 1394. Aunque fue seguido por muchas compañías, sus patentes y su licenciamiento eran caros. Es por eso que al año siguiente, en 1996, se desarrolló el interface USB (Universal Serial Bus) por un consorcio de compañías entre las que destacaban Intel, Compaq, Microsoft e IBM. Como vemos, poco a poco se iba dando forma a lo que hoy es básico en cualquier cámara digital.

Eran años en los que Kodak era protagonista de estos cambios con sus cámaras digitales pero sin desatender su negocio tradicional. De hecho, el 14 febrero de 1997, el precio de sus acciones alcanzó su máximo histórico. ¿Con semejantes datos, qué Consejo de Administración es capaz de intuir lo que sucedería en los años siguientes? No obstante la situación era engañosa y lanzamientos de cámaras como la DC 260 (disponía de USB y memoria CompactFlash) y los ranking de ventas de cámaras digitales en EE.UU. -que le situaban entre los primeros puestos- eran un espejismo tras él que se escondía una organización de 86.000 personas de las cuales, un porcentaje muy alto, se dedicaba a la industria química de la fabricación y procesado de carretes. Es decir, gran parte de su tamaño, instalaciones y equipo directivo dependía de un ecosistema -la foto tradicional- y ante cualquier cambio en ese mercado sería imposible sustentar a la compañía. Así pasó. Por un lado el uso de la fotografía tradicional se empezó a resentir unido a la presión competitiva de compañías como FujiFlim. Por otra lado, en la fotografía digital era difícil innovar y diferenciarte sin ser Sony, Nikon o Canon.

En estos casos no es fácil tomar decisiones acertadas pero, quizás, en los ’90, Kodak tendría que haber tomado la iniciativa de desinversión ordenada en fotografía tradicional, y décadas antes poner en marcha una nueva Kodak -con otro equipo gestor- que no estuviese tan influenciado por el legado de éxitos pasados y ajeno al conflicto de intereses con el negocio histórico. Sólo así, con esta separación organizativa, se hubiese podido valorar y desarrollar adecuadamente la introducción en el mundo de la televisión y del vídeo en los años sesenta del siglo anterior; o dar continuidad a una invención como la cámara fotográfica con CCD en 1975; acertar en los ochenta en la correcta introducción en el mercado de las videocámaras o ya, en el principio de la década de los ’90, con Photo CD, las nuevas cámaras o la impresión digital. Una vez más a Kodak le faltó dar continuidad a una buena idea inicial, como en su entrada en Internet al comienzo del Siglo XXI con la compra de la plataforma Ofoto. O el error de haber litigado con Apple, Samsung, HTC o RIM (Blackberry) en el 2010 por la propiedad intelectual de la representación de imágenes en un teléfono móvil, cuando hubiese sido más acertado aproximarse amistosamente a estos y otros fabricantes de telefonía para introducir su conocimiento en fotografía. Fijaros que en cada década cometieron un error con un impacto trascendental… por todo ello Kodak acabó declarándose en bancarrota en enero del 2012.

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Kodak, química y vídeo (1)

enero 30, 2020 on 5:58 pm | In colección, hist. fotografía, vídeo y tv | No Comments

Adolfo García Yagüe | Hay veces que toda una industria y los principios que la sustentan cambian y, en ese momento, quien era líder de un sector languidece en favor de compañías más humildes o desconocidas. Esos cambios -que rara vez son súbitos- son fáciles de analizar desde la perspectiva que da el tiempo para encontrar una explicación que ponga algo de cordura a lo sucedido. No obstante, cuando el cambio se está produciendo, los Consejos de Administración y sus analistas más sabios no suelen ponerse de acuerdo en lo que pasa y rara vez, la compañía hegemónica afectada, es capaz de valorar el riesgo al que se enfrenta y así reaccionar a tiempo. Esto es lo que pasó con la industria fotográfica y cinematográfica basada en procesos químicos y Kodak.

En 1888 George Eastman (1854-1932) patentaba un sistema que revolucionaría la fotografía y poco después puso en marcha una empresa para comercializarlo: la Eastman Kodak Company. Hasta aquel invento el arte de fotografiar resultaba complejo y lento al requerir la manipulación de delicadas placas de cristal impregnadas en productos químicos que registraban una imagen. El invento de Eastman se basaba en una cinta de papel ya tratada químicamente, enrollada en un carrete, con la que era posible sacar hasta 100 fotos. Este carrete se vendía junto con la cámara de fotos y, al concluir el trabajo fotográfico, se entregaba la cámara a Kodak -con el carrete en su interior- para que fuese revelado en papel. Con el fin de simplificar y abaratar este proceso, en 1910 se estableció como estándar un carrete extraíble de película fotográfica inventado por el alemán Oskar Barnack (1879-1936), que a su vez derivaba de una película de celuloide de 35mm de anchura empleada en el Quinetoscopio de William Dickson (1860-1935) y Thomas Edison (1847-1931). Aquel carrete extraíble permitió desligar película y cámara facilitando así el desarrollo de otros fabricantes de máquinas fotográficas, de esta época son especialmente relevantes las cámaras de la alemana Leica (1913) o la japonesa Nippon Kōgaku Kōgyō Kabushikigaisha (1917), posteriormente renombrada como Nikon.

Así mismo, el proceso de revelado se fue abriendo para que ciertos establecimientos autorizados por Kodak lo realizasen. A cambio estos laboratorios estaban obligados a emplear los productos químicos y carretes de 35mm de esta firma. Este compromiso con Kodak era una forma de frenar la entrada de Agfa (Alemania) o la japonesa Fuji Photo Film. Existía competencia pero Kodak podía presumir de una posición dominante en los mercados fotográfico, cinematográfico e incluso en el médico con las radiografías. En este sentido merece la pena recordar que no fue hasta 1955 cuando un tribunal de EE.UU. sentenció que Kodak debía hacer público el proceso aplicado al revelado de sus películas Kodachrome y no incluir –en un carrete vendido en EE.UU- el precio del revelado para que así el usuario tuviera otras opciones.

A pesar de los conflictos judiciales y del incremento de la competencia, Kodak y el resto de compañías se encontraban cómodas en su mercado y atesoraban un control absoluto de su ciencia básica. Aparecieron cámaras legendarias como las de la propia Kodak o las de las compañías antes citadas; la película de cine incorporó sonido; color gracias a Technicolor e incluso Polaroid inventó la fotografía instantánea y la película Kodachrome de Kodak era sinónimo de calidad absoluta. En grandes producciones se podía filmar en 70mm para ofrecer mayor calidad de imagen y, para trabajos de aficionados y profesionales de la información, se podía recurrir a formatos más portables y cómodos como 16mm, 8mm o el entrañable y familiar Super 8. Se puede decir que desde su invención, un siglo antes, el cine y la fotografía basada en procesos químicos y físicos alcanzaron la cúspide de la perfección.

En la década de los ’50 del siglo pasado la televisión no podía competir con la calidad de imagen ofrecida en una filmación en 35mm. Quizás fue la época cuando los grandes colosos de la imagen, entre ellos Kodak, llegaron a la conclusión que la ciencia de la captación de imágenes mediante un tubo de vacío llamado Iconoscopio ofrecía poca calidad y que aquello resultaba ajeno a su negocio principal y no merecía la pena ser tomado en consideración. Incluso, a pesar de que los primeros sistemas para el registro de imágenes de televisión, o Kinescopios, estaban basados en una película de 35mm y una cámara Kodak, cuando aparecieron las cintas magnéticas esta compañía volvió a infravalorar la electrónica y no supo entender su potencial.

Aunque ya se conocían los semiconductores o electrónica de estado sólido, la captación de imágenes dependía de un tubo de vació llamado Iconoscopio inventado en RCA (Radio Coporation of America) en 1931 por Vladimir Zworykin (1888-1982) y, posteriormente, el Orticón y el Vidicón, desarrollado también en RCA en 1950 por Paul Weimer, Stanley Forgue y Robert Goodrich, o sus mejoras como el Plumbicón (Philips), Saticón (Thomson) o Trinicón (Sony). De igual forma, para la representación de imágenes en una pantalla electrónica, se recurría a pesados tubos catódicos de cristal. Y por último, para la grabación del vídeo, se contaba con magnetoscopios de bobina de cinta magnética. Como podemos comprobar el paisaje tecnológico cambiaba radicalmente y, para una empresa que llegase desde la fabricación y venta de productos químicos y carretes fotográficos, aquello era todo un desafío por su complejidad. Aun así, la mayoría de las compañías que operaban en el mercado tradicional de la fotografía gozaban de mayor capitalización y tamaño y, si hubiesen querido, podrían haberse hecho un hueco a través de la absorción de empresas electrónicas.

En los años 50 y 60 del siglo asistimos al desarrollo de compañías que lograron hacerse un hueco en este nuevo mercado. Compañías como Sony y la también japonesa JVC (Japan Victor Company), en sus orígenes subsidiaria de la americana Victor Talking Machine, carecían del tamaño y reconocimiento de compañías occidentales como RCA o Philips pero, a pesar de esta inferioridad, se ganaron el reconocimiento con grandes productos para visualizar vídeo (televisores), captar (videocámaras) o grabarlo (magnetoscopios).

Al finalizar la década se precipitó la innovación en este sector con la invención en 1969 del sensor CCD (Charge-coupled device) por Willard Boyle (1924-2011) y George E. Smith (1930), de los Laboratorios Bell, y su comercialización al año siguiente por Fairchild. Con el CCD se abría la puerta al registro de una imagen a través de un dispositivo semiconductor, de menor consumo eléctrico, mucho más pequeño y resistente que un tubo vidicón. Por otra parte, Sony presentaría el mismo año el sistema profesional U-Matic y en 1975 el sistema Betamax para uso doméstico, ambos sistemas de grabación estaban basados en casetes de cinta magnética mucho más cómodos y menos aparatosas que las bobinas de cinta. Con cierta similitud en su aspecto, pero más flexible en su licenciamiento por otras compañías, en 1976 JVC lanzaría al mercado el sistema VHS (Video Home System).

En los años sucesivos se mejoró y disminuyó el tamaño de grabadores y cámaras Beta y VHS. Sin embargo, la adopción del CCD en las cámaras fue lenta al no ofrecer la misma calidad de imagen que un tubo vidicón, quedando relegado a aplicaciones muy concretas como los primeros escáner, OCR (reconocimiento óptico de caracteres) e inspección industrial. Es por eso que sorprende conocer que Kodak fue el primer fabricante que construyó un prototipo de una cámara fotográfica basada en CCD. En efecto, en 1975, el joven Steven J. Sasson (1950) empleó un CCD de Fairchild de 100×100 pixel y un grabador de casetes para montar una cámara que registraba imágenes. Cada imagen tardaba 23 segundos en ser grabada y aquel hito pudo haber sido el comienzo de algo mayor, sin embargo, no despertó el suficiente interés de Kodak. En cambio Sony abrió una decidida línea de trabajo y presento en 1981 un prototipo llamado Mavica (Magnetic Video Camera), también basado en CCD, donde una cámara fotográfica entregaba una señal de vídeo que era grabada en un disquete de 2 pulgadas conocido como Mavipak y más tarde rebautizado como Video Floppy Disk.

A lo largo de los ’80 fueron apareciendo videocámaras que disminuían su tamaño a la vez que integraban en un mismo elemento la unidad de grabación con la de captura. De esta forma hablamos de cámaras autocontenidas o Camcorder que operaban sobre el hombro del usuario. Una vez más fue Sony con su legendaria Betamovie BMC-100P (1983) y JVC con la icónica GR-C1 (1984) -usada por Marty McFly en la película Regreso al Futuro– eran quién marcaban tendencia sobre el resto de competidores del mercado doméstico. Es importante destacar que ambas cámaras seguían basadas en un tubo de vacío similar al vidicón para la captación de la imagen.

Fue en el año 1984 cuando Kodak, en un intento de hacerse un hueco en el creciente mercado de las cámaras de vídeo y dar continuidad a sus éxitos en el mundo del Super 8, presentó la Kodak Vision Series 2000. Ésta cámara fue diseñada y fabricada en Japón por Matsushita y nos recuerda que, a pesar de los grandes productos que allí se hacen, hay veces que la estética y usabilidad difiere de los estándares occidentales. Este comentario tiene que ver con el extraño repositorio o cradle -con aspecto de reproductor de video- donde era necesario introducir la cámara para poder conectarla a una televisión y así ver el vídeo. Rarezas aparte, esta cámara presentaba el novedoso sistema de almacenamiento en videocasetes de 8mm y estaba basada en CCD. Al año siguiente todo cambiaría con el lanzamiento de la Sony Handycam Video 8 CCD-M8u. Su portabilidad la convirtió en la primera cámara de mano pero seguía necesitando un reproductor externo para visualizar el material grabado. Empleaba CCDs y los mismos casetes de 8mm antes citados a los que Sony denominó Video 8. A partir de este producto se produjo una evolución en las capacidades de las videocámaras, en especial la posibilidad de reproducir vídeo, el uso de CCDs de mayor resolución y la grabación en sistemas Hi8 y S-VHS. El gran salto en el mundo domestico llegaría en 1995 con el sistema MiniDV y la plena digitalización de la captación del vídeo, su procesado y grabación.

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La Impresora Láser

enero 24, 2020 on 7:44 pm | In academia, colección, hist. informática | No Comments

Irene García Fierro | He escrito esta presentación porque creo que la impresora láser es muy útil y porque me gusta mucho imprimir dibujos y textos. También quiero que conozcáis a su inventor, Gary Starkweather y lo importante que han sido los inventos de Xerox y, por supuesto, para que veáis como funciona una impresora.

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Walkman de Sony, un hito de la cultura pop

noviembre 11, 2019 on 6:31 pm | In colección, hist. sonido y música electrónica | No Comments

Adolfo García Yagüe | Se han cumplido 40 años del lanzamiento del reproductor de casetes TPS-L2 de Sony, también conocido como Walkman. No pretendo exagerar al afirmar que aquel acontecimiento significó el punto de partida de los gadgets móviles. Aunque desde hacía años existían dispositivos portátiles de comunicaciones de uso profesional, como el Handie-Talkie o el Pageboy, ambos de Motorola, y ya existían receptores de radio AM/FM, magnetófonos, tomavistas e incluso televisiones móviles, el Walkman supuso un punto de inflexión al ofrecernos la libertad de escuchar lo que deseáramos mientras nos movíamos. Aquella fue la principal motivación de sus creadores, entre los que destacan los fundadores de Sony, Masaru Ibuka (1908-1997) y Akio Morita (1921-1999), y el resposable de la división de grabadores de casete, Kozo Ohsone (1933). Sony logró así conectar con una nueva generación de jóvenes gracias a la calidad del sonido de este reproductor de casetes, su tamaño y consumo eléctrico, además de su atractivo diseño y vistosos auriculares. Por las razones anteriores el Walkman de Sony es considerado un hito de la cultura pop.

Es importante recordar que, desde principios de los `70, Sony dominaba el mercado de los grabadores portátiles y dictáfonos casete con sus equipos TC-40, TC-50 y TC-55, de tamaño y apariencia similar al Walkman. Esta serie de equipos fueron la base mecánica del posterior TPS-L2 al que dotaron de sonido estereofónico a costa de prescindir de la posibilidad de grabación pero manteniendo parte del circuito electrónico de entrada de audio y el micrófono embebido. ¿Qué contradicción no? Así es, pero en aquellos años se pensaba que el Walkman fuese utilizado por dos oyentes (dispone de dos jacks para auriculares) y que ambos pudiesen comunicarse entre sí sin dejar de escuchar música. Para este fin incorporaba el botón Hotline. También, utilizado este botón, el Walkman podía ser un pseudo karaoke al superponer la voz del usuario al audio que estaba sonando.

El hecho es que aquel reproductor -y un sinfín de imitaciones- no tardó en ocupar un espacio entre la indumentaria y equipaje cotidiano de millones de melómanos de los años 80. Por fin existía un dispositivo electrónico con el que llenar horas de entretenimiento y así abstraerse de lo que nos rodeaba… Por eso era común caminar con él en la cintura, refugiarte en la tranquilidad de tu cama, viajar en transporte público o salir a hacer jogging. Además, las económicas cintas de casete, su robustez y su flexibilidad para poder grabar en ellas lo que quisiéramos, hizo que este sistema fuese la forma ideal de escuchar la música que realmente nos apetecía. Aquellas cintas también permitieron la difusión de géneros musicales underground que nacían en aquellos años y que, de otra forma, no habrían llegado hasta los oídos de miles de jóvenes.

Sorprende comprobar como aquellas modestas cintas de casete de audio analógico y sus reproductores consiguieron sobrevivir a la digitalización ofrecida por el Compact Disc (principios de los ‘80) y el reproductor Discman (1984), o el DAT (1987). Personalmente, recuerdo que, a mediados de los ´90, aún seguía disfrutando de música gracias al Walkman y no se veía como algo nostálgico o vintage. Como he comentado, los soportes digitales como el citado Compact Disc, el DAT (Digital Audio Tape), MiniDisc y DCC (Digital Compact Cassette) no acabaron con el casete como medio preferido para escuchar música mientras nos movíamos. Fue Internet y plataformas como Napster, junto al algoritmo de compresión MP3, con el que se lograba bajar el tamaño de un fichero de audio digital, cuando realmente se destronó a la cinta de casete.

Aunque el MiniDisc ya empleaba el algoritmo compresión ATRAC (Adaptive Transform Acoustic Coding) propietario de Sony, y el DCC de Philips y Matsushita usaba PASC (Precision Adaptive Sub-band Coding), también propietario, no fue hasta la llegada del MP3 (MPEG-1 Audio Layer 3) cuando todo cambió. Esta técnica de compresión fue inventada en el Instituto Fraunhofer por Karlheinz Brandenburg (1954) para acompañar a la compresión de video MPEG (Moving Picture Experts Group). Los trabajos de Brandenburg en algoritmos de compresión de sonido arrancan en 1982 pero no es hasta 1995 cuando se puede se hablar de MP3 y un modelo de royalties más flexible que en ATRAC y PASC. Esto ha sido así hasta que a principios del año pasado expiraron las patentes que regulaban el uso de MP3.

Así, la codificación digital de la música y su posterior compresión, abrió la puerta a una nueva generación de reproductores basados en memorias tipo flash donde era posible almacenar los ficheros de audio MP3. Es en 1998 cuando verá la luz el legendario reproductor Rió PMP300 de Diamond Multimedia, casi dos décadas después del afamado reproductor de Sony…

Para recordar el impacto del veterano Walkman, Sony comercializará dentro de unos días una nueva versión conmemorativa… y con capacidades MP3…

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HarmonyOS y los Sistemas Operativos Móviles

agosto 16, 2019 on 10:48 am | In colección, copyleft, open source, hist. informática, hist. telecomunicaciones, m2m, iot | 1 Comment

Adolfo García Yagüe | Bueno, bueno… pues parece que al final el nuevo sistema operativo de Huawei no será una distribución basada en Android o Linux. Por lo visto está construido alrededor de un microkernel (lo cual le aleja de estos) y, además, Huawei ha dado a entender que ya lo tenía desarrollado para sus sistemas embebidos e IoT y “solo” había que adaptarlo al mundo Smartphone. Originalmente se llamaba HongmengOS y, tras su apresurado lanzamiento, se llamará HarmonyOS. En todo caso, se espera que su adopción en los teléfonos de Huawei sea gradual y dependerá de cómo se desarrolle el conflicto entre EE.UU. y China que, evidentemente, no beneficia a ambas empresas ni a sus usuarios. Por eso es prematuro vaticinar cuál será su éxito.

De lo que no cabe ninguna duda es que no hay que subestimar a Huawei, y mucho menos a China. Tampoco hay que minusvalorar la arquitectura y diseño de HarmonyOS ya que, al menos sobre el papel, es muy potente y se ha concebido para cualquier dispositivo, incluidos vehículos y electrodomésticos. De hecho, desde hace algún tiempo, Google comenta la hipotética jubilación de Android a favor de FuchsiaOS, este último también se plantea como un sistema operativo universal.

Volviendo a Huawei y HarmonyOS, parece evidente que éste se las tendrá que ingeniar y contar con un módulo de emulación que le permita ejecutar la mayoría de las Apps de Android. Esto solo será un paliativo porque, en el medio plazo, uno de los grandes retos, será ganarse el apoyo de los desarrolladores y la industria para ser totalmente independiente de Google. Sin esta característica no creo que llegue muy lejos aunque su arquitectura y potencia sean fabulosos. En este sentido Huawei ya anunciado que HarmonyOS será Open Source y que cualquiera tendrá acceso al código. Dicho esto habrá que ver que entiende este fabricante por Open Source y cuál es su capacidad de persuasión para captar la atención de otros fabricantes y desarrolladores. No obstante es una buena noticia y es la mejor forma de desactivar cualquier suspicacia sobre la seguridad o el control “gubernamental” del teléfono.

Si en el hardware hemos asistido a una evolución casi uniforme, en el software hemos conocido unas cuantas iniciativas que han condenado al olvido a algún fabricante. Hace bien poco el propio Bill Gates recordaba que su mayor fracaso ha sido la movilidad, y eso que Microsoft lo lleva intentando desde 1997 con su Windows CE y antes, en 1993, con su Windows Pen. Desde entonces esta compañía se ha empeñado en convencernos de que la movilidad era una versión para pantalla pequeña del Windows de escritorio (teléfono, acceso menús, navegación, configuración). Hasta que no aparecieron los primeros Nokia Lumia, allá por el 2011, no entraron en razón y ya era demasiado tarde.

A Nokia y a Ericsson les pasó algo parecido. Sus reflejos funcionaron muy bien cuando se hicieron en 1999 con EPOC. Este sistema operativo fue desarrollado por los británicos de Psion, otro histórico. La arquitectura de EPOC permitía abstraerse fácilmente de un determinado hardware y la comunicación de procesos era sencilla y modular. Nada que ver con los anteriores monolitos software. El Ericsson R380 fue el primer teléfono basado en la versión de 32 bits de EPOC, siendo este renombrado y popularizado bajo el nombre de Symbian. A partir de aquí fueron apareciendo numerosos teléfonos inteligentes basados en este sistema operativo que, en la mayoría de los casos, estaban inspirados en un entorno gráfico similar a una PDA. Symbian compartió época con PalmOS, BlackBerry OS y Windows Mobile. De aquel momento, quizás el más rupturista, fue el DangerOS donde ya se aprecian algunos detalles que luego veríamos en Android. Otro que supuso un cambio fue el LG Prada y su pantalla táctil capacitiva, pensada para ser usada solo con los dedos de la mano. En cualquier caso el Danger Hiptop y el LG Prada fueron teléfonos que tuvieron poca repercusión comercial.

Eran años donde los fabricantes apenas arañaban cuota a Nokia o a RIM con sus Blackberry. Nokia tenía la potencia y calidad para inundarnos de teléfonos, sin importar en que gama compitieran: alta, media o baja. Por su parte, Blackberry supo detectar la importancia del correo electrónico para las empresas. RIM venía del mundo de los buscapersonas bidireccionales. Este mercado se inició hacia mediados de la década de los ´90 por la venerable Motorola y la apuesta de RIM fue usar Mobitex, una red radio sencilla y económica, para que los Operadores prestaran este servicio. Eran tiempos donde el uso del correo electrónico en las empresas empezó a ser una revolución y RIM tuvo clara la visión de crear un dispositivo que, en lugar de presentar los escuetos mensajes de busca, sirviese para recibir y contestar los correos electrónicos de la organización. Además, como era algo empresarial, ya se consideró la importancia de la seguridad del dispositivo y, si se deseaba, la Blackberry podía encriptar toda la información en ella contenida.

Así las cosas, llegó Apple y su cuidada capacidad y experiencia para construir un hardware tan bueno o mejor que el de Nokia. Además, desde hacía unos años, Apple gozaba del éxito de iTunes y su iPod lo que le permitía tener claras las ideas: la creación de un ecosistema. No se trataba solamente de hacer un buen teléfono, había que crear una plataforma (hoy lo llamamos nube) donde vender aplicaciones y guardar datos… La idea no era totalmente nueva y hay antecedentes de cosas parecidas, incluso en los tiempos de WAP (Wireless Application Protocol) los Operadores de Telecomunicaciones lo intentaron (e-moción de Telefónica o Conect@ de Airtel) pero nadie como Apple supo darle forma.

La historia puede seguir con Android y su marketplace controlado por Google. Lo importante es que a lo largo de estos años numerosos sistemas operativos vagan en el limbo de la obsolescencia y, aunque algunos sigan en activo, pasan desapercibidos: FirefoxOS, Ubutu para teléfonos, MeeGo, GEOS, Maemo, Tizen… No lo olvidemos. Está por ver que pasara con HarmonyOS.

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Raspberry Pi y ordenadores para crear, no solo consumir

agosto 10, 2019 on 4:42 pm | In colección, copyleft, open source, hist. informática, innovación | No Comments

Hoy, casualmente, he leído una entrevista donde Eben Upton repasa los inicios de la Raspberry Pi. En este texto recuerda que, siendo Jefe de Estudios en la Universidad de Cambridge, él y sus colegas estaban preocupados al ver como menguaban las matriculaciones de alumnos. De aquellos años también rememora como un niño de 11 años le dijo que, cuando fuese mayor, quería ser ingeniero eléctrico y, tras conversar con él, se sintió desolado al comprobar que aquel muchacho solo tenía acceso a una Wii de Nintendo. Por otra parte, en el libro Guía del Usuario de Raspberry Pi, Upton contaba la anécdota de un padre que presumía de su hijo diciendo que era “nativo digital” por configurar con increíble soltura el ordenador…

Aquellas y otras historias llevaron a Eben y a Pete Lomas -entre otros- a diseñar un ordenador económico y abierto donde aprender informática y poder cacharrear sin miedo a romperlo. Evidentemente, para que tuviera algo de éxito había que hacerlo barato y se fijaron el iluso objetivo de no superar los 35 dólares. No sorprende comprobar las dificultades que se encontraron durante todo el proceso de desarrollo y fabricación. En cambio, sí sorprende conocer como cada barrera fue sorteada con una mezcla de audacia, entusiasmo y locura. Bien claro lo dice “si hubiéramos tenido todos los conocimientos (se refiere a costes de materiales y procesos de industrialización, fechas) no nos habríamos atrevido”. Viene a recordar que cuando caminas en esa estrecha línea que separa entre conocer de algo y desconocer de otras materias, es cuando tienes posibilidades de éxito porque es cuando abordas el proyecto. Si sabes de todo y tienes en mente todos los detalles no te metes por miedo a fracasar… y si no conoces de nada -con toda probabilidad- abandonarás ante la primera dificultad.

La entrevista, aunque es del año pasado, es totalmente vigente e invita a la reflexión sobre la educación y la dedicación de tiempo a una idea que carece de aspiraciones comerciales. Quizás la parte donde habla de los nativos digitales es la más preocupante. Resulta paradójico que hoy en día, cuando más tecnología tenemos a nuestro alcance, el número de profesionales en las escuelas de informática y telecomunicaciones esté disminuyendo. Es evidente que se ha producido un cambio en como vemos y sentimos la tecnología. La electrónica, la informática y los ordenadores han dejado de ser sexy. Los más viejos pertenecemos a una generación donde los ordenadores eran sinónimo de futuro, de progreso y bienestar. Poco nos importaba pensar que podríamos conseguir un buen trabajo, lo que nos “movía” era creer que podíamos cambiar el mundo y sentirnos especiales entre nuestros amigos. En la actualidad no sabría decir como un joven percibe la informática y las telecomunicaciones pero el exceso de etiquetas que hay a su alrededor es abrumador y no me extraña huyan espantados: Transformación Digital, Big Data y Ciencia de Datos, Industria 4.0, Inteligencia Artificial, 5G, Ciberseguridad, IoT, Ordenadores Cuánticos, Robots, Coches Autónomos, etc.

Desde luego, el hecho de disponer actualmente de ordenadores, teléfonos inteligentes y sistemas operativos tan sofisticados y herméticos no ayuda. Ahora resulta difícil, casi imposible, entender cómo funciona un dispositivo o sistema operativo. No digamos si queremos “toquetearlo” o repararlo. En este sentido Epton Upton nos recuerda que los ordenadores de antaño estaban diseñados para crear, mientras que los actuales solo sirven para consumir…

5G y lo que hemos vivido

junio 8, 2019 on 7:25 pm | In colección, hist. telecomunicaciones | No Comments

Hace unos días, Andrea Donà, responsable de redes de Vodafone UK, afirmaba en una entrevista que 5G es la tecnología definitiva y daba a entender que tras esta revolución no se sucederían más generaciones de móviles.

Con toda seguridad, la próxima aparición y desarrollo de 5G transformará las redes inalámbricas como las conocemos. Es probable que su arquitectura, al ser tan modular (y virtual), pueda considerarse como definitiva ya que la actualización de alguno de sus módulos para soportar nuevos servicios, modulación o acceso radio sea menos disruptiva de lo que ha sido hasta hoy. Es decir, entre otras muchas cosas, 5G ofrece un marco sobre el que ir cambiando los diferentes módulos (software) para adaptarla a lo que tenga que venir.

También está claro que los terminales evolucionarán. Quizás no tanto como lo visto en los últimos años pero parece claro que aún hay margen para aumentar su integración con otros dispositivos de tipo wearable, bajar su tamaño, consumo de baterías, etc. Por otro lado, para los operadores es tremendamente atractivo contar con una tecnología inalámbrica que pueda garantizar anchos de banda a la medida de la aplicación: 5G puede asegurar decenas de Bytes por segundo para que miles de coches autónomos y sensores mantengan una conexión en tiempo real, a la vez puede garantizar cientos de Megabytes a los empleados de una empresa para que trabajen en una LAN entre centenares de localizaciones. Es decir, es muy probable que veamos ordenadores, portátiles o servidores, conectados a 5G. Como no, equipos de demarcación LAN-WAN como routers o puntos de acceso wi-fi.

El motivo de los párrafos anteriores no es otro que reflexionar sobre lo que hemos visto en las últimas décadas. Somos unos privilegiados por haber presenciado el nacimiento de la telefonía móvil, Internet, las redes locales, el wi-fi, Linux y tantas otras cosas. No sé lo que verán las generaciones venideras pero está claro que lo vivido en la nuestra es histórico. Por eso, esta es una de las motivaciones que me impulsó a ir reuniendo e ir preservando piezas del pasado y entregárselas “a los de futuro”. Sería muy triste -y algo injusto- que nuestros hijos y nietos piensen que siempre existió la telefonía móvil, Internet o que hacer una videoconferencia es lo más normal…

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