Aficionados a la Electrónica (1)

mayo 13, 2018 on 6:43 pm | In galería de imágenes, retroinformática | 2 Comments

Adolfo García Yagüe | No sería justo, o al menos resulta poco preciso, afirmar que esta historia empieza con el Altair 8800 y el Apple 1. Tampoco hay que caer en el error de pensar que “todo lo importante” fue inventado por Steve Jobs (1955-2011). Cuando uno visita las fotos de las piezas que voy subiendo se da cuenta que “esta historia” empezó hace tiempo y que es obra de muchas personas.

Lo anterior nos lleva a preguntarnos ¿Qué es lo que hizo famoso a ambos ordenadores? Es cierto que son contemporáneos de un momento, de un espíritu que reinaba en una época, y que son obra de una joven y soñadora generación. De alguna forma, aquella nueva generación, tomó el testigo de las grandes compañías y lo acercó a los hogares. Si queremos ser más poéticos podemos decir que ellos fueron los que robaron el fuego a los dioses y se (nos) lo dieron al resto de mortales… Como vemos en las imágenes de la exposición, las bases tecnológicas ya estaban sobre la mesa y era posible la construcción “fácil” de un ordenador. Entrecomillo fácil porque ni mucho menos se pensaba en el usuario medio. En el arranque, allá por el año 1974, se tenía en mente al aficionado a la electrónica dispuesto a coger el soldador y montarse un cacharro con lucecitas. Buena prueba de ello es que en las revistas orientadas al mundo de los radioaficionados y la electrónica es donde se empiezan a publicar artículos sobre estos temas. Es cierto que aquellos pioneros no tardaron en iniciar una nueva industria cuyo objetivo era fabricar ordenadores y software para todos.

Por fijar un punto de partida diría que Don Lancaster, en septiembre de 1973, a través de un artículo publicado en la revista Radio-Electronics, demostró que era fácil construir un pequeño teclado que presentara textos por la pantalla de un televisor. Aquel equipo fue llamado TV Typewriter y exploraba las funcionalidades de dos nuevos circuitos integrados, el 2513 y 2818, ambos de la empresa Signetics. Sin ser un ordenador, el TV Typewriter avanzaba sobre un tema esencial: la entrada de datos (teclado) y la salida de resultados (la pantalla de TV). Aquello daba para mucho si eras un aficionado y echabas la imaginación a volar. Era un principio.

El siguiente paso se produjo en 1974 de la mano de Jonathan Titus, un recién graduado en electrónica, y también a través de la revista Radio-Electronics. En efecto, en julio de aquel año se anunció la posibilidad de construir un ordenador, el Mark-8, alrededor del microprocesador 8008, de Intel. El Mark 8 ya contemplaba el uso de un terminal como el TV Typewriter para introducir instrucciones e incluso se hablaba de hacer uso de la vetusta cinta perforada para I/O.

Entre Radio-Electronics y Popular Electronics existía una fuerte rivalidad y era obvio que el mercado editorial empezaba a cambiar y era necesario evolucionar hacia nuevos contenidos. Por esta razón Popular Electronics se puso en manos de Edward Roberts (1941-2010) y su experiencia basada en las calculadoras. En el pasado, Roberts publicó artículos y escribió un libro sobre el funcionamiento de las citadas calculadoras. Además tenía una pequeña firma llamada MITS dedicada a la comercialización de estas, bien en kit o ya montadas. Desde luego Eduard Roberts tenía los conocimientos y, sobre todo, era un pequeño empresario que sabía dar continuidad a la venta de kits. El proyecto se llamaría Altair, recodándonos así el nombre de la estrella y aquel capítulo de Star Trek. A parte de esto solo estaba claro que tenía que ser un kit modular, pensado para aficionados a la electrónica y, si se quería captar la atención del mercado, tenía que estar basado en el nuevo microprocesador de Intel, el 8080.

Era enero de 1975 cuando el Altair 8800 fue anunciado en Popular Electronics. Era un equipo limitado pero tenía una gran modularidad lo que facilitaba su evolución. Así paso. Como el objetivo era poner en el mercado algo abierto, a su alrededor empezaron a nacer otras iniciativas en la fabricación y comercialización de hardware y software. Numerosos aficionados dieron el salto y se convirtieron en empresarios. Quizás, el más conocido, es Bill Gates (1955) y Paul Allen (1953) y, por supuesto, su empresa Microsoft. Ellos desarrollaron y comercializaron el primer Basic para Altair. Otros menos conocidos pero también importantes fueron Harry Thomas Garland (1947) y Roger Douglas Melen (1946), fundadores de Cromemco e inventores de la primera tarjeta gráfica para el Altair; Gary Ingram y Bob Marsh, fundadores de Processor Technology e inventores de una tarjeta de ampliación de memoria RAM para el Altair; Lee Felsentein (1945) diseñador de ordenadores y del primer modem para Altair; Don Tarbell, fundador de Tarbell Electronics e inventor de una de las primeras tarjetas para usar un casete común como sistema de almacenamiento en Altair… La lista es extensa pero, merece la pena recordar que, como denominador común, está su juventud y su anonimato, y que empezaron desarrollando para el Altair 8800.

No obstante, aunque el Altair 8800 tiene algo de leyenda, hay que decir que es una máquina delicada y que tiende a fallar porque su construcción es demasiado artesanal. Esto quiere decir que su mayor diferencial, es decir, ser el primero y dirigirse a los aficionados a la electrónica, hace de él que tenga muchas deficiencias en su acabado, calidad del circuito impreso y conectores, mecánica o fuente de alimentación. Se pensó como un kit para montar en el taller, no como un producto y, ni mucho menos, se ambicionó convertirse en un estándar. Por esta razón, a final de 1975, aparecería el IMSAI 8080, fabricado por IMS Associates, Inc. Conceptualmente igual que el Altair y totalmente compatible, pero pensado para durar. El IMSAI 8080 era el primer competidor del Altair y, aunque el exterior nos recuerda a este, la calidad de su diseño interior no tiene nada que ver. De hecho, como veremos en otros textos, esta máquina siguió creciendo hasta mediados de los años `80.

Nos encontramos en 1975 y han pasado unos años desde nuestro comienzo, allá por el año 1973. Estos han sido años en los que la informática se ha movido en un terreno de aficionado a la electrónica. Para seguir contando esta historia, y trascender de los clubs de freaks y sus folletos con aire de fanzine, hace falta que nazca una revista totalmente enfocada en informática y con un aire más profesional. Así es, en septiembre de 1975 aparecería el primer número de la revista Byte. Desde mi punto de vista, por su longevidad y por la calidad de los primeros años, fue la mejor publicación relacionada con la informática personal. Aquellos años estaban dominados por la novedad constante y por una ambición -poco común en nuestros tiempos- de explicar al lector cómo funcionan las cosas. Estaba claro que muchos de sus lectores seguían siendo aficionados a la electrónica y avezados informáticos, y estos no se conformaban con bonitas fotos y un resumen superficial.

Así las cosas ya estamos en el ‘76. Aquellos freaks se sentían auténticos colonos de un nuevo mundo donde parecía que estaba todo por hacer. Se reunían entre ellos y ponían en común sus alocadas ideas y proyectos en clubs como el Homebrew Club. Dos asiduos a este club fueron Steve Wozniak (1950) y Steve Jobs (1955-2011). Allí Wozniak, empleado de Hewlett Packard, hablaba de un ordenador compacto que usase las capacidades del reciente y barato microprocesador 6502, lanzado por MOS Technology. Tampoco pasaba por alto las capacidades del 2513, de Signetics, estudiado años atrás por Don Lancaster en su TV Typewriter. Mientras todos sus correligionarios parecían estar hipnotizados por el Altair y el IMSAI, su amigo Jobs le tomó tan en serio que le propuso montar una compañía para comercializar su invento al que llamarían Apple 1.

El Apple 1 fue un paso necesario entre un Altair y un ordenador acabado como de SOL-20 de Processor Technology. También resultó ser una forma de medir las fuerzas (y la química) del tándem Wozniak-Jobs y ver de lo que podían ser capaces. En muchos sentidos ellos tenían claro que, para hacerlo accesible y masivo, un ordenador como el Altair necesitaba ser humanizado y aprovechar fácilmente otros elementos a nuestro alcance, como un casete o la televisión. Tampoco ayudaba la modularidad y tamaño del Altair, aunque ideal para un aficionado al soldador, era inamisible para una persona acostumbrada a los sencillos electrodomésticos. En definitiva, un ordenador tenía que caber en una placa, tener un teclado, conectarse a la TV y al casete, y por último contar un lenguaje de programación fácil como el Basic.

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