Walkman de Sony, un hito de la cultura pop

noviembre 11, 2019 on 6:31 pm | In galería de imágenes, retroinformática | No Comments

Adolfo García Yagüe | Se han cumplido 40 años del lanzamiento del reproductor de casetes TPS-L2 de Sony, también conocido como Walkman. No pretendo exagerar al afirmar que aquel acontecimiento significó el punto de partida de los gadgets móviles. Aunque desde hacía años existían dispositivos portátiles de comunicaciones de uso profesional, como el Handie-Talkie o el Pageboy, ambos de Motorola, y ya existían receptores de radio AM/FM, magnetófonos, tomavistas e incluso televisiones móviles, el Walkman supuso un punto de inflexión al ofrecernos la libertad de escuchar lo que deseáramos mientras nos movíamos. Aquella fue la principal motivación de sus creadores, entre los que destacan los fundadores de Sony, Masaru Ibuka (1908-1997) y Akio Morita (1921-1999), y el resposable de la división de grabadores de casete, Kozo Ohsone (1933). Sony logró así conectar con una nueva generación de jóvenes gracias a la calidad del sonido de este reproductor de casetes, su tamaño y consumo eléctrico, además de su atractivo diseño y vistosos auriculares. Por las razones anteriores el Walkman de Sony es considerado un hito de la cultura pop.

Es importante recordar que, desde principios de los `70, Sony dominaba el mercado de los grabadores portátiles y dictáfonos casete con sus equipos TC-40, TC-50 y TC-55, de tamaño y apariencia similar al Walkman. Esta serie de equipos fueron la base mecánica del posterior TPS-L2 al que dotaron de sonido estereofónico a costa de prescindir de la posibilidad de grabación pero manteniendo parte del circuito electrónico de entrada de audio y el micrófono embebido. ¿Qué contradicción no? Así es, pero en aquellos años se pensaba que el Walkman fuese utilizado por dos oyentes (dispone de dos jacks para auriculares) y que ambos pudiesen comunicarse entre sí sin dejar de escuchar música. Para este fin incorporaba el botón Hotline. También, utilizado este botón, el Walkman podía ser un pseudo karaoke al superponer la voz del usuario al audio que estaba sonando.

El hecho es que aquel reproductor -y un sinfín de imitaciones- no tardó en ocupar un espacio entre la indumentaria y equipaje cotidiano de millones de melómanos de los años 80. Por fin existía un dispositivo electrónico con el que llenar horas de entretenimiento y así abstraerse de lo que nos rodeaba… Por eso era común caminar con él en la cintura, refugiarte en la tranquilidad de tu cama, viajar en transporte público o salir a hacer jogging. Además, las económicas cintas de casete, su robustez y su flexibilidad para poder grabar en ellas lo que quisiéramos, hizo que este sistema fuese la forma ideal de escuchar la música que realmente nos apetecía. Aquellas cintas también permitieron la difusión de géneros musicales underground que nacían en aquellos años y que, de otra forma, no habrían llegado hasta los oídos de miles de jóvenes.

Sorprende comprobar como aquellas modestas cintas de casete de audio analógico y sus reproductores consiguieron sobrevivir a la digitalización ofrecida por el Compact Disc (principios de los ‘80) y el reproductor Discman (1984), o el DAT (1987). Personalmente, recuerdo que, a mediados de los ´90, aún seguía disfrutando de música gracias al Walkman y no se veía como algo nostálgico o vintage. Como he comentado, los soportes digitales como el citado Compact Disc, el DAT (Digital Audio Tape), MiniDisc y DCC (Digital Compact Cassette) no acabaron con el casete como medio preferido para escuchar música mientras nos movíamos. Fue Internet y plataformas como Napster, junto al algoritmo de compresión MP3, con el que se lograba bajar el tamaño de un fichero de audio digital, cuando realmente se destronó a la cinta de casete.

Aunque el MiniDisc ya empleaba el algoritmo compresión ATRAC (Adaptive Transform Acoustic Coding) propietario de Sony, y el DCC de Philips y Matsushita usaba PASC (Precision Adaptive Sub-band Coding), también propietario, no fue hasta la llegada del MP3 (MPEG-1 Audio Layer 3) cuando todo cambió. Esta técnica de compresión fue inventada en el Instituto Fraunhofer por Karlheinz Brandenburg (1954) para acompañar a la compresión de video MPEG (Moving Picture Experts Group). Los trabajos de Brandenburg en algoritmos de compresión de sonido arrancan en 1982 pero no es hasta 1995 cuando se puede se hablar de MP3 y un modelo de royalties más flexible que en ATRAC y PASC. Esto ha sido así hasta que a principios del año pasado expiraron las patentes que regulaban el uso de MP3.

Así, la codificación digital de la música y su posterior compresión, abrió la puerta a una nueva generación de reproductores basados en memorias tipo flash donde era posible almacenar los ficheros de audio MP3. Es en 1998 cuando verá la luz el legendario reproductor Rió PMP300 de Diamond Multimedia, casi dos décadas después del afamado reproductor de Sony…

Para recordar el impacto del veterano Walkman, Sony comercializará dentro de unos días una nueva versión conmemorativa… y con capacidades MP3…

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