Polaroid, la fotografía instantanea y Kodak (y 3)

febrero 28, 2020 on 9:58 am | In colección, hist. fotografía, vídeo y tv | No Comments

Adolfo García Yagüe | A pesar de la cotidianeidad de su uso, las etapas de las que consta el proceso fotográfico tradicional han sido poco conocidos por el gran público. Incluso, dominar la física y controlar las reacciones químicas que hacían posible una foto de calidad, no estuvieron al alcance de la industria hasta bien entrado el Siglo XX. Por eso se suele decir que la perfección se empezó a acariciar a finales de los años 30 con la película Kodachrome de Kodak.

Si pudiésemos analizar detalladamente una película comprobaríamos que, en su escaso grosor, se identifican diferentes capas cada una de ellas con un desempeño concreto. Resumidamente, la primera de capa, la que está en contacto con el exterior, protege a la película de ralladuras o roces. A continuación identificamos tres capas sensibles a los colores básicos: la primera, al color azul y su copulante el amarillo, que es el color complementario que se representará en esta capa; sensibilidad al verde y su copulante magenta; sensibilidad al rojo y copulante cian. La penúltima evita el efecto halo, absorbiendo la luz que pueda “rebotar” en la capa de soporte y así volver a quedar registrada en las capas anteriores y, por último, una capa plástica que sirve de soporte a las anteriores. Para el registro de la luz se recurre a las propiedades físicas de la plata y sus compuestos, los haluros, y las reacciones de estos cuando interactúan con un fotón de luz. Tras la toma fotográfica debíamos entregar el carrete a un laboratorio para su posterior tratamiento químico que consistía, en primer lugar, en bañar la película fotográfica para revelar los puntos donde se ha registrado luz. Tras esta etapa inicial se sumerge la película en otro líquido con el que se fija la imagen revelada. El siguiente paso es lavar la película para que no queden rastros de los elementos fotosensibles que no han registrado luz. Llegados a este punto obtendremos una imagen en la película que, al observarla al trasluz, muestra una figura negativa e invertida: el negativo fotográfico. Ahora es el momento de trabajar en la reproducción de la imagen en un papel a diferentes tamaños. En este paso una ampliadora proyecta sobre sobre un papel fotográfico -y través del negativo- un haz de luz con los colores cían, magenta y amarillo. Este papel fotográfico también está formado por capas fotosensibles a los colores básicos antes citados y, de una manera similar a la película, la imagen queda registrada en él, tras lo cual es necesario revelar, fijar y lavar. Al finalizar estas etapas tenemos una fotografía impresa. Es importante recordar que, gracias al negativo, podremos hacer tantas fotos en papel como queramos.

Con el repaso anterior solo pretendo poner de manifiesto la complejidad y coste económico del proceso, su lentitud y fiabilidad y, sobre todo, la perdida de privacidad a la que se expone un usuario al depender de otras personas en el proceso de revelado fotográfico. Además, no quiero ni pensar en el impacto medioambiental producido en la fabricación y uso de los compuestos químicos. Dejando a un lado estas reflexiones, en 1947, la pequeña Jennifer Land, hija de Edwin Herbert Land (1909-1991) hacia una pregunta más sencilla donde cuestionaba la necesidad de esperar varios días hasta poder disponer de una foto en papel. Aquella pregunta tan inocente llevó a su padre –inventor años atrás del filtro polarizador- a replantearse todo el proceso y desarrollar una técnica lo suficientemente sencilla y compacta para que de una cámara fotográfica saliese, al instante, una fotografía en papel. Aquel sería uno de los hitos técnicos más importantes del Siglo XX y la razón por la que Polaroid se convirtió en una firma mundialmente conocida.

El concepto sobre el que se apoyaba la invención de Erwin Land era la transferencia química hacia una capa de papel de los colores que previamente habían quedado registrados en las capas sensibles a la luz. Esto, que parece fácil, requería desarrollar los agentes químicos involucrados y una forma de aplicarlos de manera controlada. Con esta idea en la cabeza Polaroid desarrolló su primera cámara de fotos, el modelo Land 95. Aunque era aparatosa y su manejo requería un poco de pericia, aquella cámara fue un éxito rotundo. Este primer modelo se cargaba con el conocido Picture Roll que constaba de dos carretes con los que se podían tomar ocho fotos. El primero de ellos era la película donde se registraba el negativo de la imagen y el otro de papel fotográfico. Al realizar la foto, el usuario estiraba del sándwich formado entre película y papel mientras un líquido reactivo se desplegaba entre ambos a la vez que se ejercía presión mecánica. Tras unos segundos de reacción química podíamos acceder a la foto de papel a través de una puertecilla posterior. Es importante recordar que este tiempo de reacción tenía que ser controlarlo porque influía en el contraste de la imagen recién tomada. A continuación, al extraer la foto, era necesario limpiar esta con un cepillo incluido en el Picture Roll eliminando restos de reactivos químicos y deteniendo cualquier efecto sobre la fotografía. Por último era recomendable alisar la foto para eliminar su abarquillamiento.

Durante la década de los sesenta, con el lanzamiento en 1963 de la serie Land 100, el concepto de foto instantánea se asentó. Esta máquina incluía mejoras en su óptica y simplificaba el proceso de carga y manipulación de la película fotográfica gracias al empleo de un cartucho llamado Pack Film. Este incluía ocho papeles fotográficos junto a sus respectivas capas sensibles y, entre ambos, los reactivos químicos. Tras cada disparo, para acceder a la foto, también era necesario estirar para extraer, llevar un control de los tiempos y separar manualmente el papel fotográfico de las capas sensibles. Aunque siga pareciendo un proceso engorroso, con la Land 100 se avanzó en la sencillez y rapidez lo que llamó la atención de numerosos profesionales de la fotografía que empezaron a usarla, antes de tomar una fotografía tradicional, como foto rápida para probar las condiciones de iluminación o encuadre. Incluso, el antes citado proceso de transferencia de imagen, empezó a ser aprovechado con fines artísticos porque era posible interferir en él y obtener unos resultados únicos, a veces de gran belleza y originalidad. Es preciso recordar que en esta serie de máquinas Paloraid introdujo la funcionalidad de obturador electrónico.

En los años sesenta Polaroid no era un gran rival para Kodak, incluso esta compañía era uno de sus proveedores de químicos y películas. En aquel momento la compra de una cámara Polaroid seguía siendo una opción minoritaria y fácil de desactivar comercialmente a menos que fueras un usuario muy selecto, artista gráfico, fotógrafo profesional u oficina de pasaportes en busca de inmediatez. Este statu quo cambio en 1972 con el lanzamiento de la Land SX-70. Aquella cámara fue fruto de años de desarrollo y con ella se simplificaba notablemente el proceso de revelado al instante. Tras encuadrar y pulsar el disparador, el usuario disponía de una foto donde, tras un minuto, comezaba a visualizar el resultado. Los Pack Films de esta cámara también contenían 8 papeles fotográficos y una pequeña batería con la que se alimentaba la electrónica y mecánica responsable de la expulsión automática de la foto. A su vez, cada papel de estas ocho fotos, contenía las capas sensibles a la luz, junto con la superficie donde quedaba impresa la foto y unos depósitos de agentes químicos reactivos apenas apreciables a simple vista. En resumen, todo en uno. Cuando pulsábamos el disparador, la mecánica de la foto hacia el resto y expulsaba el papel con un rodillo que ejercía presión a la vez que liberaba los productos químicos.

El eco comercial fue inmenso. Incluso artistas como Andy Warhol (1928-1987) presumían de su Polaroid SX-70 y su capacidad para captar momentos únicos. Gracias a aquellas fotos instantáneas se pudieron recoger situaciones cotidianas en la vida de grandes personalidades de la cultura pop que, normalmente, solo se conocían a través de una calculada foto de estudio.

La SX-70 de Polaroid había logrado redefinir el histórico eslogan de Kodak “Usted aprieta el botón, nosotros hacemos el resto”. Era cuestión de tiempo de que los de Rochester se girasen hacia este sector y que Polaroid se sintiese acosada. Por razones obvias, la óptica, mecánica y química tras la técnica de transferencia empleada por Polaroid apenas guardaba secretos para Kodak por lo que no tardó en lanzar su familia Instant en 1976. Algunos dicen que aquel producto fue la copia más descarada de la historia pero es cierto que incluía algunas mejoras, especialmente en su óptica. Desde aquel momento ambas empresas, como púgiles embravecidos, estuvieron dándose golpes en los juzgados durante 9 largos años. Al final un juez dio la razón a Polaroid y sentenció que Kodak cometió una violación de 7 de las 12 patentes y la condenó a indemnizar a Polaroid con 925 millones de dólares y retirar del mercado las máquinas Instant vendidas.

Aquella contienda judicial no impidió que Polaroid siguiese sacando modelos. De hecho, en 1977, presentó el icónico modelo 1000 con el que ponía la fotografía instantánea en manos de cualquiera. Esta cámara estaba construida en plástico y no tenía ninguna mecánica exterior salvo la interior que mueve y expulsa la fotografía. Evidentemente el coste de fabricación y su precio era más barato y accesible. Y qué decir de su aspecto y de los colores del arco iris que durante mucho tiempo han sido el símbolo de Polaroid… A la 1000 le siguieron otros modelos de aspecto parecido pero incorporando autofocus o flash.

En los ochenta Polaroid siguió manteniendo un negocio respetable con sus cámaras de fotografía instantánea pero afloraron importantes problemas financieros y organizacionales desde el fracaso de Polavision. Este sistema también fue presentado en 1977 y con él se pretendía trasladar el principio de instantaneidad al mundo de la filmación portátil. Polavision se posicionó como alternativa a la grabación Super 8 y supuso un gran esfuerzo de desarrollo técnico que no estaba alineado con la realidad comercial del momento ni marcaba un horizonte acertado en la evolución de la compañía. Además de los problemas técnicos a los que los tuvieron que enfrentarse sus usuarios, los tomavistas Polavision y su técnica de trasferencia, requerían una elevada iluminación exterior y carecían de grabación de sonido. Tampoco ayudaba nacer en un momento donde los sistemas de vídeo como Betamax o VHS ganaban en popularidad. Aquella crisis provocó la marcha de la compañía de Edwin H. Land en 1980 y se agravó con el importante agujero de deuda que afloró en el año 1988.

Como vemos las capacidades con las que Polaroid enfrentaba la nueva década eran limitadas. En otros textos he contado como los años ´90 fueron un periodo de transición donde muchas compañías desarrollaron el concepto digital y tomaron posiciones. Incluso Kodak aprovechó estos años para diversificar su negocio tradicional con soluciones como Photo CD, el tratamiento fotográfico digital o presentando algunas cámaras realmente revolucionarias. No así Polaroid que se declaró en bancarrota en el año 2001. A partir de ahí la historia es muy triste porque asistimos a la posterior declaración de quiebra en 2008 y el desmembramiento de la compañía incluyendo la colección de fotografías instantáneas que Edwin Land atesoró durante décadas gracias a la relación que mantuvo con los artistas que usaban sus cámaras. De aquella legendaria Polaroid apenas queda algo de valor salvo su marca. Ésta se ha venido licenciando como reclamo comercial por firmas desconocidas para vender productos tan diversos como televisores LCD, reproductores DVD, marcos digitales, gafas de sol o intentar relanzar la fabricación de Pack Films.

Colección | Kodak, química y vídeo (1)Fotografía digital y Kodak (2)

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