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Funny how secrets travel
I´d start to believe, if I were to bleed
Thin skies, the man chains his hands held high…
DAVID BOWIE
1
La autopista se sucedía, las luces fantasmagóricas
del anochecer iluminaban la vía oscura e interminable,
que cobraba vida gracias a los faros del vehículo, dejando
un recuerdo imborrable en la línea del sueño. La
cocaína le hacía sentir un poder desquiciado lleno
de adrenalina, fluyendo rabiosamente por su anatomía, instigándole
a apretar el acelerador, inmerso en una locura irreal. A aquellas
horas de la madrugada apenas había tráfico, un frío
aterrador penetraba por la ventanilla abierta, mientras las líneas
intermitentes devoradas por los focos desaparecían, difuminándose
en las tinieblas...
2
La música envolvía el local abarrotado;
focos estroboscópicos lanzaban tintes irreales contra las
masas sudorosas, fraccionando los rostros resplandecientes, que
se agitaban en una neurosis colectiva. Divisó a la mujer
entre la multitud, su pelo rubio platino era inconfundible. Se
detuvo en la sombra de los pómulos, en la boca ancha y
sensual, en el traje plateado marcado por las potentes curvas:
-¡Cuánto has tardado! -exclamó.
-Lo siento -se disculpó- He tenido dos
enfermos a última hora.
-No pasa nada -le encendió el cigarrillo
rubio con un Zippo- Tomemos algo.
Abriéndose paso entre los clientes, le
agarró la mano húmeda, sintiendo el pinchazo familiar
de una erección al entrar en contacto con su piel. Sonriendo
por lo bajo, tomó lugar en la barra:
-Un JB con hielo -pidió a gritos- Y para
ella -señaló a la mujer- ¿Qué quieres?
-Lo de siempre -contestó.
-Vodka con lima -volviéndose, empezó
a besarla con ternura, introduciéndole la lengua en la
boca -Estás preciosa.
-Gracias -replicó con cierta ironía-.
¿Cuándo actúas?
-Dentro de quince minutos -la miró fijamente,
disfrutando del sabor de sus labios, entrelazando su zurda-. ¿Qué
te parece el grupo?
Inconscientemente, la mujer enfocó a
los hombres que tocaban, inmersos en una musculosa canción.
El vocalista se giraba sobre el público extasiado: corte
de pelo a lo Jim Morrison, traje de cuero negro ajustado como
una segunda piel, botas de caña alta cubiertas de remaches
de acero, uñas pintadas de azabache, con el micrófono
cerca de su boca:
Let's Shirt the issue of Discipline
Let's start an illusion
With hand and pen
Re-read the words and start again
Accept the gift of sin
The gift of...
Pleasure is bleeding to smoother the words
The four walls drain me dry
Of all imagination…
3
-¿Qué diría tu marido
de esto? -inquirió la voz ronca con cinismo.
El cuarto estaba a oscuras, desde la cama
desordenada subía la delgada tela de araña de dos
pitillos, creando un arabesco en el cielorraso.
-No lo sé -aspiró una bocanada-
Supongo que no le gustaría en absoluto.
-Nadie tiene la culpa de ser como es -los
ojos profundos la estudiaron- La vida es así...
-Volverá por la mañana -echándose
el cabello rubio hacia atrás, prosiguió irritada-
Canta en ese jodido club toda la puta noche, ni siquiera tiene
tiempo de ocuparse de mí...
-¿Quieres decir que no te folla bien?
-risas- ¿O no tienes suficiente con una sola persona?
-¡Cállate! -exclamó-
Está vacío, no me da lo que demando...
-¿Lo necesitas ahora? -besándole
un pecho desnudo, introdujo dos dedos en su sexo depilado.
-Sí -un gemido brotó de su
garganta mientras la mujer la acariciaba- Por favor...
4
Confuso, después de aparcar el BMW, cruzó
las arenas desiertas. El sol lo cegaba, ominosamente, creando
perversas formas de sus recuerdos:
¡Camina! -ordenó una voz infantil
en su interior- ¡No puedes rendirte!
Descorazonado, continuó avanzando, sus
botas aplastaban las dunas ardientes:
¡No te detengas! -apareció
de nuevo- ¡Capullo de mierda!
Colérico, se golpeó la cabeza
con ambos puños, lágrimas de rabia cegaban sus ojos:
¿A qué estás esperando,
gilipollas? -las olas bañaban la costa mecida por
el viento, la espuma lechosa se deslizaba sobre las rocas negras,
el aullar de las gaviotas resonaba contra las paredes de su cráneo:
¡Déjame en paz! -suplicó
al borde de la histeria- ¡DÉJAME TRANQUILO!
El arma caliente hería sus manos: cañón
azul cobalto, culata sintética, cargador de cinco balas,
cartuchos de punta endurecida, haciéndolo desfallecer.
Una carcajada maligna lo devolvió al presente. Aterrorizado,
se volvió contemplando un rostro conocido, un niño
lo observaba, disfrutando con su desconcierto. Quiso replicar,
decir algo, pero estaba condenado: era él mismo...
5
Agarrando el micrófono, dobló una
rodilla inclinándose hacia delante, con el rostro lleno
de tensión, soltando el aparato del pie metálico.
La diestra controlaba el cable tirante en la libertad azulada
de las luces, sacudiendo la cabeza hacia los lados, sin perder
de vista a su esposa, que reía en la barra con un adversario
desconocido.
I hear the sons of the city and dispossessed
Get down, get undressed
Get pretty but you and me,
We got the kingdom, we got the key
We got the empire, now as then,
We don't doubt, we don't take direction,
Lucretia, my reflection, dance the ghost
with me…
6
La noche cubrió la realidad con su manto
sombrío, el niño desapareció como si nunca
hubiera existido. Un elegante chalet de dos pisos se hallaba delante
de su figura, dibujando una enorme sombra en la arena blanquecina.
Agarrando la escopeta de cañones aserrados, subió
por las escaleras del porche, abriendo la puerta, sin emitir sonido
alguno. Se dirigió al dormitorio. Mientras ascendía
los escalones, escuchó los gemidos de placer de las dos
hembras. Su silueta se materializó en la entrada, una presencia
que presagiaba un horror inmediato, mostrando los ojos negros
del arma apunto de estallar...
7
-¿Recuerdas a la chica que empezó
a trabajar la semana pasada en el club?
-Sí -asintió- Una pelirroja
con pinta de zorra. ¿Qué pasa con ella?
-Apareció tiesa en su casa -la brasa
del cigarrillo humeó, creando pequeñas espirales
de humo- Ella y su amante, atravesadas por una escopeta de caza.
-¿Quién habrá sido?
-un escalofrío la invadió.
-Algún marido colgado como el tuyo,
seguro...
8
Detrás de los bastidores, sacó
del bolsillo una papelina de estrellas. Preparando el polvo blanco
de primera calidad, hizo dos líneas sobre la superficie
de palo de rosa. Utilizando un tubo de platino, esnifó
la raya de coca concienzudamente, lamiendo la superficie de la
mesa al terminarla. Echando la cabeza hacia atrás, lanzó
un rugido espasmódico, sintiendo una descarga de adrenalina
sobre los nervios insensibilizados. Sus ojos desquiciados temblaban,
era su turno, salió al escenario: pantallas de televisión
fragmentadas detrás de su espalda, bañado por una
atmósfera malsana:
White on white translucent black capes
Back on the rack
Bela Lugosi's dead
The bats have left the bell tower
The victims have been bled
Red velvet lines the black box
Bela Lugosi's dead...
9
Apartando el arma a un lado, logró
evitar la descarga. Las postas reventaron la puerta en un millón
de pedazos, una lluvia de cristales bañó su cara,
cegándolo. Con fuerza, descargó un gancho en el
estómago de su enemigo, alcanzándole de lleno. Precipitándose
sobre el asesino, atravesaron los restos de vidrio, abalanzándose
sobre el rellano del primer piso. Rodando por las escaleras, cayeron
brutalmente en el porche lanzando maldiciones. Un cabezazo le
partió una ceja, llenando de sangre su ojo izquierdo. Aturdido,
se puso en pie. Eran dos lobos rabiosos: el primero delgado y
esbelto, vestido de cuero negro con las uñas del mismo
color, otro alto y nervudo, rostro sin afeitar, larga chaqueta
de piel de serpiente. Se estudiaron bajo la luz de las estrellas,
jadeantes, buscando un punto débil en su adversario. Una
navaja apareció de improviso, formando un arco rápido
y letal, la sangre salpicó la arena fría con su
color carmesí...
10
La autopista se sucedía, las luces fantasmagóricas
del anochecer iluminaban la vía oscura e interminable,
que cobraba vida gracias a los faros del vehículo, dejando
un recuerdo imborrable en la línea del sueño. La
cocaína le hacía sentir un poder desquiciado lleno
de adrenalina, fluyendo rabiosamente por su anatomía, instigándole
a apretar el acelerador, inmerso en una locura irreal. A aquellas
horas de la madrugada apenas había tráfico, un frío
aterrador penetraba por la ventanilla abierta, mientras las líneas
intermitentes devoradas por los focos desaparecían, difuminándose
en las tinieblas...
Santa Cruz de Tenerife, 31 de marzo del 2007
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