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Carretera al infierno Más sobre Alexis Brito Delgado

Funny how secrets travel
I´d start to believe, if I were to bleed
Thin skies, the man chains his hands held high…
DAVID BOWIE

 

1

 

La autopista se sucedía, las luces fantasmagóricas del anochecer iluminaban la vía oscura e interminable, que cobraba vida gracias a los faros del vehículo, dejando un recuerdo imborrable en la línea del sueño. La cocaína le hacía sentir un poder desquiciado lleno de adrenalina, fluyendo rabiosamente por su anatomía, instigándole a apretar el acelerador, inmerso en una locura irreal. A aquellas horas de la madrugada apenas había tráfico, un frío aterrador penetraba por la ventanilla abierta, mientras las líneas intermitentes devoradas por los focos desaparecían, difuminándose en las tinieblas...

 

2

 

La música envolvía el local abarrotado; focos estroboscópicos lanzaban tintes irreales contra las masas sudorosas, fraccionando los rostros resplandecientes, que se agitaban en una neurosis colectiva. Divisó a la mujer entre la multitud, su pelo rubio platino era inconfundible. Se detuvo en la sombra de los pómulos, en la boca ancha y sensual, en el traje plateado marcado por las potentes curvas:

-¡Cuánto has tardado! -exclamó.

-Lo siento -se disculpó- He tenido dos enfermos a última hora.

-No pasa nada -le encendió el cigarrillo rubio con un Zippo- Tomemos algo.

Abriéndose paso entre los clientes, le agarró la mano húmeda, sintiendo el pinchazo familiar de una erección al entrar en contacto con su piel. Sonriendo por lo bajo, tomó lugar en la barra:

-Un JB con hielo -pidió a gritos- Y para ella -señaló a la mujer- ¿Qué quieres?

-Lo de siempre -contestó.

-Vodka con lima -volviéndose, empezó a besarla con ternura, introduciéndole la lengua en la boca -Estás preciosa.

-Gracias -replicó con cierta ironía-. ¿Cuándo actúas?

-Dentro de quince minutos -la miró fijamente, disfrutando del sabor de sus labios, entrelazando su zurda-. ¿Qué te parece el grupo?

Inconscientemente, la mujer enfocó a los hombres que tocaban, inmersos en una musculosa canción. El vocalista se giraba sobre el público extasiado: corte de pelo a lo Jim Morrison, traje de cuero negro ajustado como una segunda piel, botas de caña alta cubiertas de remaches de acero, uñas pintadas de azabache, con el micrófono cerca de su boca:

 

Let's Shirt the issue of Discipline

Let's start an illusion

With hand and pen

Re-read the words and start again

Accept the gift of sin

The gift of...

Pleasure is bleeding to smoother the words

The four walls drain me dry

Of all imagination…


 

3

 

-¿Qué diría tu marido de esto? -inquirió la voz ronca con cinismo.

El cuarto estaba a oscuras, desde la cama desordenada subía la delgada tela de araña de dos pitillos, creando un arabesco en el cielorraso.

-No lo sé -aspiró una bocanada- Supongo que no le gustaría en absoluto.

-Nadie tiene la culpa de ser como es -los ojos profundos la estudiaron- La vida es así...

-Volverá por la mañana -echándose el cabello rubio hacia atrás, prosiguió irritada- Canta en ese jodido club toda la puta noche, ni siquiera tiene tiempo de ocuparse de mí...

-¿Quieres decir que no te folla bien? -risas- ¿O no tienes suficiente con una sola persona?

-¡Cállate! -exclamó- Está vacío, no me da lo que demando...

-¿Lo necesitas ahora? -besándole un pecho desnudo, introdujo dos dedos en su sexo depilado.

-Sí -un gemido brotó de su garganta mientras la mujer la acariciaba- Por favor...

 

 

4

 

Confuso, después de aparcar el BMW, cruzó las arenas desiertas. El sol lo cegaba, ominosamente, creando perversas formas de sus recuerdos:

¡Camina! -ordenó una voz infantil en su interior- ¡No puedes rendirte!

Descorazonado, continuó avanzando, sus botas aplastaban las dunas ardientes:

¡No te detengas! -apareció de nuevo- ¡Capullo de mierda!

Colérico, se golpeó la cabeza con ambos puños, lágrimas de rabia cegaban sus ojos:

¿A qué estás esperando, gilipollas? -las olas bañaban la costa mecida por el viento, la espuma lechosa se deslizaba sobre las rocas negras, el aullar de las gaviotas resonaba contra las paredes de su cráneo:

¡Déjame en paz! -suplicó al borde de la histeria- ¡DÉJAME TRANQUILO!

El arma caliente hería sus manos: cañón azul cobalto, culata sintética, cargador de cinco balas, cartuchos de punta endurecida, haciéndolo desfallecer. Una carcajada maligna lo devolvió al presente. Aterrorizado, se volvió contemplando un rostro conocido, un niño lo observaba, disfrutando con su desconcierto. Quiso replicar, decir algo, pero estaba condenado: era él mismo...

 

 

5

 

Agarrando el micrófono, dobló una rodilla inclinándose hacia delante, con el rostro lleno de tensión, soltando el aparato del pie metálico. La diestra controlaba el cable tirante en la libertad azulada de las luces, sacudiendo la cabeza hacia los lados, sin perder de vista a su esposa, que reía en la barra con un adversario desconocido.

 

I hear the sons of the city and dispossessed

Get down, get undressed

Get pretty but you and me,

We got the kingdom, we got the key

We got the empire, now as then,

We don't doubt, we don't take direction,

Lucretia, my reflection, dance the ghost with me…

 

6


La noche cubrió la realidad con su manto sombrío, el niño desapareció como si nunca hubiera existido. Un elegante chalet de dos pisos se hallaba delante de su figura, dibujando una enorme sombra en la arena blanquecina. Agarrando la escopeta de cañones aserrados, subió por las escaleras del porche, abriendo la puerta, sin emitir sonido alguno. Se dirigió al dormitorio. Mientras ascendía los escalones, escuchó los gemidos de placer de las dos hembras. Su silueta se materializó en la entrada, una presencia que presagiaba un horror inmediato, mostrando los ojos negros del arma apunto de estallar...

 

7

 

-¿Recuerdas a la chica que empezó a trabajar la semana pasada en el club?

-Sí -asintió- Una pelirroja con pinta de zorra. ¿Qué pasa con ella?

-Apareció tiesa en su casa -la brasa del cigarrillo humeó, creando pequeñas espirales de humo- Ella y su amante, atravesadas por una escopeta de caza.

-¿Quién habrá sido? -un escalofrío la invadió.

-Algún marido colgado como el tuyo, seguro...

 

8

 

Detrás de los bastidores, sacó del bolsillo una papelina de estrellas. Preparando el polvo blanco de primera calidad, hizo dos líneas sobre la superficie de palo de rosa. Utilizando un tubo de platino, esnifó la raya de coca concienzudamente, lamiendo la superficie de la mesa al terminarla. Echando la cabeza hacia atrás, lanzó un rugido espasmódico, sintiendo una descarga de adrenalina sobre los nervios insensibilizados. Sus ojos desquiciados temblaban, era su turno, salió al escenario: pantallas de televisión fragmentadas detrás de su espalda, bañado por una atmósfera malsana:

 

White on white translucent black capes

Back on the rack

Bela Lugosi's dead

The bats have left the bell tower

The victims have been bled

Red velvet lines the black box

Bela Lugosi's dead...

 

9

 

Apartando el arma a un lado, logró evitar la descarga. Las postas reventaron la puerta en un millón de pedazos, una lluvia de cristales bañó su cara, cegándolo. Con fuerza, descargó un gancho en el estómago de su enemigo, alcanzándole de lleno. Precipitándose sobre el asesino, atravesaron los restos de vidrio, abalanzándose sobre el rellano del primer piso. Rodando por las escaleras, cayeron brutalmente en el porche lanzando maldiciones. Un cabezazo le partió una ceja, llenando de sangre su ojo izquierdo. Aturdido, se puso en pie. Eran dos lobos rabiosos: el primero delgado y esbelto, vestido de cuero negro con las uñas del mismo color, otro alto y nervudo, rostro sin afeitar, larga chaqueta de piel de serpiente. Se estudiaron bajo la luz de las estrellas, jadeantes, buscando un punto débil en su adversario. Una navaja apareció de improviso, formando un arco rápido y letal, la sangre salpicó la arena fría con su color carmesí...

 

10

 

 

La autopista se sucedía, las luces fantasmagóricas del anochecer iluminaban la vía oscura e interminable, que cobraba vida gracias a los faros del vehículo, dejando un recuerdo imborrable en la línea del sueño. La cocaína le hacía sentir un poder desquiciado lleno de adrenalina, fluyendo rabiosamente por su anatomía, instigándole a apretar el acelerador, inmerso en una locura irreal. A aquellas horas de la madrugada apenas había tráfico, un frío aterrador penetraba por la ventanilla abierta, mientras las líneas intermitentes devoradas por los focos desaparecían, difuminándose en las tinieblas...

 


Santa Cruz de Tenerife, 31 de marzo del 2007

 
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