| Los áridos cauces, desprovistos
de aguas arcanas, imploraban compasión a la mirada escrutadora
del maltrecho explorador. Una infinidad de gránulos
de óxido ferroso, pulverizados hasta límites microscópicos,
golpeaban con devastadora fuerza, el protector externo
de una escafandra de titanio.
El andar se convertía en algo pesado
y casi imposible, debido a la roja y casi invisible
arena, que con inexorable tesón, penetraba por las juntas,
hasta que llegaba a las rótulas del sofisticado exo-esqueleto.
Allí, se mezclaba con las grasas sintéticas de los rodamientos
y, a pesar de la poca gravedad del Planeta, cualquier
movimiento se convertía en algo penoso e insoportable.
Atrás quedaba, en su entumecida memoria,
un averiado tractor, en un paisaje aún más desolado.
El visor cristalino, de zafiro polimerizado,
empezó a perder su elaborada transparencia, ya que el
desgaste sufrido, al contacto con la gélida tormenta
de Coriolis, iba en aumento tras haberse producido unas
pocas mellas, en apariencia, inofensivas.
Valle Marineris contemplaba, impasible,
el drama de la próxima tragedia, que se cernía sobre
el experimentado astronauta de la NASA.
Como un muñeco de trapo, quedó inerte
y expuesto a la inconsciente voluntad de unos vientos
imposibles, mientras su mente elucubraba sobre la posible
ayuda que aún no llegaba.
Marte, dios de la guerra, estaba consumiendo
su poca fuerza vital. La respiración se fue convirtiendo
en algo espasmódico y su cadencia se acortó peligrosamente.
"Ya me queda poco" pensó.
Con el estruendo, vociferil, cóctel
de aire y arena, no pudo escuchar el sordo tronar de
los potentes motores diesel de un Mars-Rover, cuyas
superficies, expuestas, siseaban al contacto de tan
feroz tormenta.
Un pequeño soplo de vida intentaba
permanecer, acurrucado, al amparo de una pequeña duna,
que alrededor de su inmóvil cuerpo se había formado.
- Justo a tiempo, lo hemos encontrado
teniente.
- Demos gracias, Berta, a que funcionó
su emisor de emergencia.
Incluso en un lugar tan inhóspito,
podían salir a relucir los mejores sentimientos de aquellas
personas curtidas por las más terribles inclemencias
y arropadas por la más insoportable inesperanza de futuro.
- ¿Está vivo Capitán?
-Por poco no lo cuenta.
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