Contacta con NGC3660
 

La bestia entre nosotros: El verdadero espíritu de la Bestia II

Más sobre Antonio Ruiz Alba

5 años después

Acabo de leer la carta que un amigo, de la infancia, me enviara hace aproximadamente cinco años. Todo este tiempo transcurrido, el escrito ha permanecido perdido en una saca de correos. Cuando fueron a reciclar el saco se dieron cuenta que aquella carta estaba misteriosamente sujeta a su fondo.

Lo cierto es que no sé cómo tomarme el contenido de la prolongada misiva.

Desde que la leyera no he dejado de hacerme preguntas.

¿Es posible que se trate de una broma?

¿Su mensaje estará mostrado por algún tipo de clave secreta?

¿Anthoni se habrá vuelto loco?

No obstante, algo parecido a un sexto sentido me indicaba que debía de actuar con prudencia, sigilosamente y previendo las peores consecuencias derivadas del lógico efecto de mi curiosidad.

Es por dicho motivo, que a partir de este instante iré anotando todo lo que suceda a partir de ahora junto a esta misteriosa carta.

Previo encuentro

He decidido incluir junto a esta especie, digamos, de diario toda la documentación que he ido consiguiendo de diferentes cauces; ya que de lo que voy a narrar en estos papeles, fruto de mis pesquisas, se desprende una gravedad insólita. Por la forma en que transcurren los acontecimientos principalmente, así como por el desarrollo de las circunstancias que al parecer han sido los que han canalizado los siguientes hechos.

Mi amigo, Anthoni Rubio, en un último acto de lucidez, me envió este escrito para que lo divulgara al resto de la humanidad.

Atravesó por un extraño proceso psico-físico que le condujo a ocultarse de sus familiares y amigos, a la desaparición de la vida natural de cualquier individuo de nuestra especie animal. Fue un hecho progresivo por el que descubrió su propia y auténtica personalidad. Sólo tenía miedo de sí mismo, del enigmático contenido de su Yo Superior, el cual se movía en esferas de existencia que se encontraban en un nivel muy superior a la de la existencia habitual de cualquiera de nuestros congéneres.

En ese proceso de transformación, su componente humana, cargada de sentimientos divinos, se iba transformando en la extraña Bestia que ahora es. Debió revelarse contra sí mismo, pues se veía como la encarnación de la fatal herramienta que debía traer el mayor de los horrores al género humano. La perdición de las almas.

En un principio, cuando cayó en mis manos esta misiva, pensé que podría deberse a una cruel broma de un amigo perturbado; no obstante, a posteriori, descubrí lo errado de aquel primer pensamiento y lo primero que se me ocurrió fue intentar averiguar el último domicilio donde vivió mi amigo e intentar localizar a sus familiares, si los hubiese. Porque según se desprendía del angustioso manuscrito, debía de haber desaparecido de su hogar.

Por amigos comunes no me costó localizar su humilde vivienda. Subí las escaleras que conducían a aquella y pulsé, dos veces, el botón del timbre. No tuve que esperar mucho ya que se abrió la puerta y permaneció entornada. La puerta acorazada era de acero y permanecía asegurada al cerco por una robusta cadena del mismo material.

-Por favor, ¿qué desea usted? -Era una dulce voz surgida de las cuerdas vocales de una calurosa y femenina garganta.

-Mire usted -me presenté-, soy Adolfo Godoy. Por muchos años, durante la infancia, fui amigo íntimo de su marido Anthoni Rubio.

Inmediatamente me di cuenta que había dado por sentadas muchas cosas de las cuales, no podía estar realmente seguro. Durante un instante titubeé visiblemente y continué.

-¿Es usted Elisa Rubio? Disculpe si la estoy molestando.

-Oh, no, está usted disculpado. Sí soy yo; pero ¿qué le trae a usted por aquí? Mi marido hace ya cinco años, creo, -se lo pensó-, sí, que fue dado por desaparecido y nadie, de entre su familia, hemos vuelto a saber nada de él.

Su contestación, amable, dejaba entrever, sin embargo, un alto grado de pesadumbre o desesperación.

-Realmente, señora Elisa, vengo a hablar con alguien que le conociera con la suficiente intimidad en los últimos años antes de que desapareciese -Comenté- acabo de recibir un escrito suyo. Una carta enviada hace ya cinco años; pero perdida en el correo. El contenido es demasiado intrigante para que pudiera quedarme sentado en casa como si no hubiese pasado nada -durante unos segundos permanecí en silencio-, sería un placer para mí poder comentarla con usted.

No terminé de pronunciar las últimas palabras, cuando motivada por el asombro y sin mediar ningún otro sonido vocal, cerró la puerta, retiró la cadena y volvió a abrirla. Su apariencia y gestos denotaban un incuestionable y visible nerviosismo.

-Entre, rápido, ¿de veras sabe algo de mi esposo…?, ¿dígame? -Unas lágrimas como perlas surgieron de sus ojos y resbalaron por sus blancas mejillas.

Le contesté.

-Señora, es mi creencia que su marido se encuentra con vida aunque en serio peligro; pero desde luego ignoro, al igual que usted, su actual paradero. Si está secuestrado o se ha retirado por propia voluntad. No obstante -continué-, creo que con su ayuda podré encontrarlo a tiempo.

-¿A tiempo de qué? -Su frustración se reflejaba en su rostro.

-Bueno, mire usted, no quiero asustarla ya que sólo se trata de un maldito presentimiento.

-Dígame en qué puedo ayudarle -denotaba sinceridad.

-En la carta de su marido se menciona un manuscrito que, al parecer, debió haberlo redactado hace bastante tiempo. Quiero creer que si somos capaces de encontrarlo, allí podremos conseguir alguna clave o pista de su paradero -en ese momento no era consciente del lío tan peligroso en el que me estaba involucrando- ¿tiene usted en su poder dicho documento?

Contestando a mi educada pregunta, utilizó una exquisita amabilidad.

-Acompáñeme por favor -me instó-, creo que puedo fiarme de usted, parece una buena persona o eso me dice el instinto femenino, si es que existe tal cosa.

-Aquí, debajo de la cama -continuó-, en el interior de este pesado cofre.

Cuando intentaba mostrarme dicho objeto, mis ojos no tuvieron otra alternativa, y pude contemplar la bella figura y sus bien formados senos sueltos y voluptuosos.

-Mi marido solía guardar aquí sus escritos. Nunca lo cerraba con llave; no obstante, a mí no me gusta demasiado leer. Quisiera hacerlo alguna vez, pero me cuesta demasiado trabajo. Desde su desaparición, todo lo he mantenido en su lugar aunque he intentado que la limpieza no estuviese reñida con ello.

Durante un buen tiempo, estuvimos buscando y ojeando, hojeando y volviendo a buscar y mirar. Allí, con tal desorden, parecía que fuese imposible encontrar cualquier cosa. De pronto...

-¡Aquí está! -Gritó entusiasmada.

Sus ojos brillaban de un modo peculiar y por un momento me pareció estar inundados de un deseo profundo y carnal. Sus luminosas lágrimas volvieron a aflorar y sin poder contenernos, nos vimos envueltos en un fuerte y cálido abrazo.

Transcurrido un cierto tiempo, el necesario para nuestro mutuo consuelo, fui incapaz de comprender la locura que había llevado a mi amigo a abandonar el tesoro que tenía en aquella mujer. Esa soledad que reflejaba en sus escritos era incompatible con el amor que le profesaba Elisa Rubio.

Amaneció y me despedí de aquella casa saliendo tocado de Amor. Había quedado prendado de ella. Me sentí como un trasgresor cuando vi aparecer a su hijo acompañado por su abuela que regresaban a casa después de una pequeña fiesta escolar. Los ojos del chaval se clavaron en mi persona y descubrí en ellos muchas preguntas que algún día deberían ser contestadas.

-Oh, señora..., el grifo, sí el grifo se encuentra arreglado -la señora mayor me miró con picardía como pensando en la calidad del grifo que había colocado. Estaba claro que mi disimulo había conseguido el efecto contrario, pues pensarían que allí donde no hubo nada impuro; pues eso..., ustedes ya podrán imaginárselo.

Elisa miró a su hijo y a su suegra. Sonrió y luego me miró pícaramente llevándose la mano a su boca para contener una carcajada que de otro modo habría sido estridente. Luego me contestó.

-Esperemos Adolfo Godoy que se rompan a menudo los grifos. Será siempre bienvenido a esta su casa. Se ha portado como un perfecto caballero. Ya no hay hombres como usted en este mundo tan gris -Mientras me dirigía estas palabras su mirada se hizo profunda e increíblemente sensual.

Nos despedimos y ya en casa, con la tranquilidad necesaria, comencé a examinar detenidamente el manuscrito. Era algo alucinante y aunque las cosas que allí se decían no eran nada nuevas, ya Dániquen hablara de ello, parecían contener una especie de vida propia. Una vez empezado no pude dejar de leer. Me fue absorbiendo de una forma que yo no comprendía. Allí había algo encriptado que debía de averiguar, descubrir sería la palabra más correcta.

El Título era:

LA INCOMPRENSIÓN MANUSCRITA

En diversas ocasiones nos han preguntado ¿los animales tienen alma?, también ¿en qué lugar del cuerpo o del cosmos están ubicados los poderes psíquicos del hombre?

Estas dos preguntas parecen contradictorias o sin relación aparente; pero aunque pudiera parecer absurdo, poseen muchas cosas en común.

Los animales poseen un sexto sentido, una especie de tercer ojo de carácter espiritual, y que el ser humano ha ido perdiendo paulatinamente en el camino que le ha conducido a la inteligencia consciente. Ahora, ese sexto sentido ha degenerado y convertido en un órgano de poca utilidad.

El hombre, un animal superior aquí en este mundo, es además un ser de elevadísima espiritualidad. No aquí, sino en otra dimensión, donde la carne no es corrupta sino algo de tal sutileza que sería difícil dar una explicación comprensible.

La Tierra, el cosmos en su conjunto, es un Templo de Iniciación y de reconstrucción para poder retornar a la Vida Original que un día se perdiera. El Ser humano utiliza un porcentaje minúsculo de sus capacidades mentales, desde un punto de vista cerebral, y sólo es capaz de comprender, objetivamente, las leyes que hacen posible la existencia y transformación de la materia y su energía asociada.

En la Dimensión Paralela, conocida como Mundo Original, nuestro Espíritu, el Señor, es creador y no se conoce el descanso para él. Podemos deducir, de esto último, que la fantasía de aquí podría ser la realidad de allí.

El alma es el vehículo en formación, de carácter inmaterial, que comunica nuestro cuerpo material, androide, con su semejante espiritual u Hombre Original. Al alma también se la conoce, en algunas escuelas, como cuerpo astral.

Según la lógica en la que se funda nuestro pensamiento, los animales utilizarían todavía menos porción de su mente, espíritu si se quiere, que el propio hombre. Incluso es factible que un solo ser espiritual sea el encargado de regir a determinadas especies de animales. De hecho, el ser humano todavía está sujeto a unos seres denominados como Espíritus Grupo.

Es por lo expuesto, que los animales no son capaces de poder utilizar unos poderes a los que no tienen acceso. No se trata de que no los posean, simplemente no sabrían utilizarlos. El hombre, por el contrario, sí puede; pero es incapaz de canalizar sus poderes hipersensoriales. De este hecho, vendrían las ancestrales costumbres de considerar como divinidades a las diferentes especies animales.

Estoy convencido que deberíamos de acabar con la simple creencia de que los animales son seres indignos de la creación y creados para nuestro capricho y consumo alimenticio. Somos creyentes, a ciencia cierta, de que los animales son casi infinitamente superiores a nosotros en el mundo de los sueños y en otras dimensiones superiores.

Por otro lado, tanto ellos como nosotros, estamos condenados a luchar mano a mano contra las fuerzas de la obscuridad que terminarán por enfriar nuestro actual universo si no somos capaces de impedirlo conjuntamente.

Por favor, aprendamos a respetar la vida de nuestros amigos o antagonistas, los animales. Una creencia popular dice que cuando un pajarillo muere, la vida de un hombre se ha salvado de la guadaña de la muerte.

 

***

 

En ningún momento pude apartar la mirada del manuscrito que tenía en mis manos. Pude imaginar, con temor, que llegaría un momento en que si seguía leyendo sería factible que terminase confundiendo la realidad.

Me daba la impresión, que en estos momentos de atenta lectura, lo que llegaba a comprender no pertenecía a las palabras impresas del libro sino a algún misterioso lugar de lo más profundo de mi interior o de algún tipo de conciencia colectiva que me trascendía como individuo. Algo me decía que lo que allí estaba impreso era verdad o por lo menos debería de serlo. Estábamos viviendo en un mundo infernal en donde la verdad estaba trastocada y todo lo maléfico tenía el control de todo el sistema, tanto político como religioso y de pensamiento.

Continué con mi lectura sin realizar ningún intermedio. Tan sólo, brevemente, miraba al cielo azul del otro lado del ventanal, perdía la mirada en su inmensidad y tomaba un trago de agua para aliviar mi sed material.

El siguiente capítulo se denominaba:

 

 

EXCUSA INFIEL

 

 

Después de esta excusa, necesaria, podrán comprender mejor mi lógica de pensamiento. Esta mezcolanza mental, producto del paso de una dimensión a otra nos inquieta en sobremanera.

Durante un instante han pasado varios años de mi vida. Lo peculiar es que ha sido atravesando la barrera de los sueños, como si hubiese atravesado una puerta interdimensional.

¿A qué viene lo de los animales? Si lo supiera, probablemente no me encontrase aquí. Mi verdad está construida con la interrelación de diversos universos de carácter invisible para los sentidos ordinarios.

Es posible que no exista una unión lógica, desde el concepto ordinario de la presente naturaleza. Y eso es lo que intentamos hacer ver; porque la unión de estos escritos, mis pensamientos más profundos, aparecen como correctos desde nuestro punto de vista y sería traidor de mí mismo si no fuera fiel a las múltiples manipulaciones del intelecto.

Algunos pensamientos deben de haber sido inspirados por el hecho de leer y releer los mismos temas con el estómago vacío, maldito estómago la guerra que siempre me das; sin embargo nuestra mente divaga ante la contemplación subjetiva de ciertos criterios humanos.

Unas personas son creyentes de lo que sea. Otras son fanáticas de una única, suficiente y todopoderosa idea. Por último hay otro tipo de personas cuya actitud es de escepticismo; pero abiertos a cualquier evidencia que pueda ser comprobada a través de sus sentidos o de instrumentos tecnológicamente avanzados.

Fuera de esa vorágine, en un apartado especial, nos encontramos nosotros que permanecemos abiertos a los pensamientos más descabellados. Es cierto que tampoco sabremos dar una explicación coherente a nuestras creencias ya que no poseemos datos suficientes.

No somos agnósticos ya que creemos en la existencia de otras realidades que se nos escapan a los sentidos físicos. Esto es una realidad bivalente con dos posibilidades ciertas de existencia. La Realidad Positiva o material y la Negativa, incorpórea, dimensional, mental, imaginaria, invisible, fantástica..., —¡Ah! ¡Que me aspen, ya no podía respirar! Ambas posibilidades relativas.

Ante esa falta de unión de criterios de la INCOMPRENSIÓN MANUSCRITA, les ruego que intenten imaginar las realidades subjetivas; pues de las irrealidades objetivas ya se ha escrito y hablado demasiado.

Bueno, a parte de esto, no sé si podré acabar mi obra, pues siento cómo los seres de la noche me acechan.

No quieren que les descubra, también lo intentaron los antiguos Gnósticos Cristianos y fueron arrasados a fuego y sangre. Todo el mundo siente, en algún momento de su vida, auténtico pavor a la locura. Es cierto que, durante la existencia del universo, pocos son los que se han atrevido a intentar sacar de sus madrigueras a los demonios del sistema, pues el precio a pagar por ello es siempre el mismo. La locura, la muerte o lo que es mucho peor la pérdida de alma misma.

Los que lo intentaron ya no existen. ¿Me pasará a mí lo mismo...?

 

Según pasaban las horas y permanecía leyendo la incomprensión manuscrita, me iba dando cuenta de la forma en que mi amigo había caído en la mortal trampa de una obsesión paranoica con tintes de esquizofrenia. Visto lo visto, empecé a preocuparme por mi propia integridad intelectual.

Estaba convencido de que terminaría tomándome en serio el contenido del manuscrito. Si esto sucedía, era evidente, el espíritu de la obra terminaría absorbiéndome el seso y caería en la misma trampa mortal en la que cayó, durante su escritura, el esposo de Elisa.

En alguna ocasión, hemos oído hablar de ciertos libros que son capaces de trastornar la mente de sus lectores, siempre hemos creído que eso era una estupidez. ¿Quién puede pensar que un simple escrito puede llevar a la más profunda de las depresiones o al suicido más inesperado?

Sonreí intentando borrar de mi interior cualquier vestigio de preocupación o seriedad que me pudiese incitar a la más mínima obsesión. Las medidas que tomé fueron: leer pocos párrafos de una sola vez, leer chistes e historias humorísticas, tebeos de aventuras, etc, etc...

Ruego, de veras, que si estos documentos cayesen en manos de algún tipo de personalidad débil, siga mi consejo. Mejor que no continúe con la lectura de estos papeles, pues acabaría en una red virtual demasiado peligrosa.

Después de un ligero descanso, a pesar de estar convencido del auténtico peligro de su lectura, continué leyendo el capítulo titulado:

MI MAESTRO

Dedicado a Yolanda García Serrano

 

En ciertas ocasiones algunos amigos nos han confesado que se encuentran poco preparados porque se consideran poco evolucionados. El motivo de tal afirmación es porque, al parecer, les cuesta mucho trabajo el realizar una concentración o meditación espiritual.

Estas personas tienen tan pobre concepto de ellos mismos que se cubren con una etérica túnica de negatividad tan impenetrable como el acero. Sin embargo, en tales amigos he localizado, siempre, una poderosa corriente de simpatía electromagnética y que nos ha hecho comprender que, de lo único de lo que se trata es: que no se conocen. Así de simple.

Bien, estas situaciones de extrema humildad, poco comunes, son explicables de una forma razonable aunque oculta. Hermes Trimegistos en su Tabula Esmeraldina nos dice que lo de arriba es como lo de abajo. Nos explicaremos:

Cuando un bebé comienza a respirar, requiere de los máximos cuidados por parte de sus progenitores, regularmente la madre, porque de lo contrario, moriría. Esto es así, porque los niños vienen al mundo vestidos con un cuerpo físico y otro energético que le impelen a la supervivencia. Según pasa el tiempo, aquellos, se van desarrollando con el fin de ser útiles en la adquisición de experiencia.

Con los ancianos sucede algo similar. ¿Quién no ha dicho en alguna ocasión, ¡son como niños!?

El anciano requiere unos cuidados parecidos al de los recién nacidos, pues se encuentra en el camino inverso al que recorren los bebés.

Cuando el ser humano comenzó su transitar, en la presente oleada de vida, el Yo que antiguamente fuera un Espíritu Virginal, sin experiencia, ha ido poseyendo, de forma gradual, el control del cuerpo denso “físico”.

Así como este vehículo fue en otro tiempo mucho más imperfecto “grosero si se quiere” que en la actualidad, así será el que tenemos en la actualidad con respecto al que poseeremos en el futuro. Todo ello, en un entorno de evolución imparable.

Esto sucede gracias a las progresivas encarnaciones, en cuerpos y mundos diversos. Esa perfección de lo físico conlleva igualmente la de lo mental y consciente hasta llegar a una especie de clímax en el que sobreviene la natural decadencia del mundo dialéctico. Ese máximo se encuentra situado en el punto medio de la elipse conformada por los movimientos relativos que se producen durante las oleadas evolutivas.

Es durante ese clímax físico e intelectual, cuando el Ego “El Espíritu del Hombre”, por medio de la consciencia, se identifica con mayor claridad con sus cuerpos inferiores o más densos. Memoria, inteligencia, lógica, genio, musculatura, fuerza, belleza y salud, en ese momento, se encuentran en su apogeo. Es la juventud.

Como ejemplo, en otro instante, el Yo no hubiese podido tomar posesión de su cuerpo material en tan alto grado, ya que se encontraría en un punto de tránsito fuera de la cúspide del filo de la navaja. O se encontraría en un proceso de evolución o de involución.

El cuerpo material, en tales circunstancias, no se encuentra capaz de contener las altas y fuertes vibraciones que le infunde su espíritu, le faltaría la vitalidad imprescindible. La increíble diferencia de potencial entre Tierra y espíritu provocaría la incineración del cuerpo denso. Esto haría que el cuerpo fuera una herramienta ineficaz para el propósito de la consecución de las experiencias.

Ahora bien, la cantidad de espíritu así como su poder de energización, visible o invisible, es siempre de la misma magnitud.

Durante los primeros pasos, en la actual oleada de vida, el cuerpo denso no habría sido capaz de contener un porcentaje elevado de su espíritu, quedando el resto del ego, hasta su totalidad, en los planos más etéricos, incluidos los celestiales, comunicando con su herramienta física por medio del Cordón de Plata.

Según la humanidad, por evolución natural, ha ido depurando el recipiente de sus vehículos físicos, el espíritu ha sido capaz de manifestarse, en mayor grado, por mediación de dicho vehículo, en el plano físico. Por el contrario, ese poder es perdido en los mundos más sutiles de existencia.

La máxima cantidad de ego que un cuerpo denso puede soportar se produce cuando las moléculas orgánicas se encuentran en su máximo de vitalidad. Cuando las células se encuentran con su máxima fuerza vital, justo a la mitad del camino de la vida, cuando ha tomado la máxima conciencia posible de su cuerpo; pero justo en ese instante, un microsegundo después, se produce el inevitable declive que termina por conducirnos ante las puertas de la muerte. Esa “involución” no es tal ya que:

Durante las siguientes encarnaciones, el hombre aprende a darse a los demás de forma inegoista. También aprende aquellas lecciones o asignaturas que se le resisten y para ello no necesita poseer, in situ, un gran aporte de energía vital o intelectual. Es decir, no es imprescindible, ni tan siquiera necesario, que el ego tenga la máxima capacidad de operar sobre su vehículo material.

Es en esos casos cuando se suele decir de las personas que son humildes y buenas pero tontas. Le falta una tuerca o es subnormal, idiota o no sé cuántos adjetivos más. Es durante ese falso declive cuando el ser humano puede, con sencillez, demostrar su amor a los demás. Para las personas que se encuentran en dicho estado es imposible el retroceso, por ingentes cantidades de tentaciones que pudiesen ponerse ante sus sentidos. Todo, por repugnante que pudiese parecer, lo realizan por amor.

Nada refleja mejor este asunto que la ejemplar vida del santo Job. Ya pueden venir tentaciones, tormentas y borrascas, que lo conseguido en su vida de santidad no puede ser arrancado de su alma; pero al tener en su cuerpo menos cantidad de energía, aunque de mayor calidad, aparece como un inadaptado ante los ojos de los demás. Si en estas circunstancias el espíritu aumentara su magnitud, como dijimos, el santo entraría en combustión. Esto es el dorado vestido de bodas que nos podrá llevar ante la presencia del Señor, ya que nada material puede subsistir en el Mundo del Señor. El auténtico Ser Humano.

En los momentos previos a tan trascendente evolución el sujeto se dice: No soy bueno, tengo muchos fallos, me falta mucho para llegar, soy un fracasado. Cuando un individuo es capaz de verse con tal desnudez, puede decirse que se encuentra en un punto crucial donde un salto evolutivo, de magnitud inconcebible, puede producirse.

Por el contrario, una falta de evolución, es demostrada por las personas de gran ego y vanidad. Son embusteros por ignorancia y se recubren con un ropaje invisible de vanagloria y altivez. En suma: Son estúpidos. Dicen: Soy un alto hierofante, gran iniciado de una poderosa orden secreta. Por supuesto no puedo dar el nombre y mi enseñanza es tan secreta que se me impide mostrarla. Venid conmigo yo os enseñaré a cambio de alabanzas o dineros.

De cierto, os podemos decir, como dijera Cristo, que es más fácil el aprendizaje de un pequeño niño o de un animalillo que de un majadero presuntuoso de tal calibre. Lo triste del tema es que esos individuos suelen llegar a creerse sus propias patrañas. Cuando los futuros prosélitos miran a sus ojos encuentran el carisma del auto-convencimiento y entonces se lanzan tras el errado camino que han arado sus vacíos maestros.

Sólo mirando en lo más profundo de nuestro interior y guardando algún instante para la meditación, sabremos de quién podemos aprender.

Las personas muy evolucionadas pasan por la vida como un suspiro, como un vientecillo apenas imperceptible. La fama no es su compañera, seguro. Su invisibilidad no sólo es simbólica sino que ralla con lo material. Nadie se percata de ellos y viven como si de vigilantes del universo se tratara.

Dichos individuos no poseen una memoria privilegiada y su vida se encuentra marcada por el continuo despiste. Su espíritu, no obstante, siempre tiene una respuesta intuitiva ante la más extrema de las circunstancias. El silencio es la mayor de sus virtudes.

Estos iniciados de la experiencia se encuentran cercanos a la Memoria Acáxica de la Tierra, su propia memoria pertenece a aquélla. No son mediums poseídos por espíritus extracorpóreos. Éstos se encuentran ligados a sus cuerpos sutiles porque se encuentran en los primeros pasos de su existencia en el mundo de la dialéctica. Aquéllos se encuentran en la última frontera del hombre y su espíritu está a punto de llevarse sus vehículos a la Morada Original. Esa es la pequeña diferencia.

El ser evolucionado se encuentra más cerca del mundo del espíritu. Como dijimos al principio, estas personas consideran que no pueden concentrarse o entrar en profundos procesos de meditación. Consideran que para ellos la clarividencia es imposible y la espiritualidad se encuentra muy alejada de sus vidas; sin embargo, por el contrario, viven y se encuentran de continuo dentro de ese mundo que añoran. Viven dentro de su corazón desde muy pequeños. Posiblemente desde antes de su concepción. Su don de concentración es fabuloso y que por ser tan habitual, en ellos, no lo consideran importante.

También son clarividentes de hecho; pero inconscientemente renuncian a ello porque consideran sus vivencias como fantasías propias de una mente inestable. Ellos son ricos en ensoñaciones y sueños. Todos no tenemos tan divina virtud.

De pequeños, esas personas, parecían pequeños tontuelos. No poseen el coraje suficiente para sacrificar una lagartija o un pajarillo. Respetan la vida de un ciempiés o de una miserable cucaracha.

Son tontos porque después de ser obligados a destruir una camada de gatillos ya no pudieron dormir tranquilos y sus lloros permanecen hasta el presente por tal magnicidio. A esos tontos les repugnan las miserables matanzas de toros de Lidia y porque no quieren carne para alimentarse.

Porque de pequeños, en sus casas, decían poseer un terror mortal a las sangrientas guerras de la humanidad. Son tontos porque creen haber vivido, con anterioridad, escenas que se repetían sin cesar. Porque creen que siempre estamos acompañados de entidades invisibles que nos protegen. Por preferir permanecer en casa leyendo que en la calle jugando. Definitivamente son tontos de remate por ser diferentes.

¿Te encuentras dibujado en ese retrato?

¡Yo!, Dé verdad, prefiero a ese pobre tonto y me quedo como amigo suyo para aprender de él. Me alejo de ese otro que me dice: Soy la reencarnación última del Guru Tal. En la próxima seré uno con el Logos.

 

«Dios mío, ¡Qué majadería!»

 

Continuará...

 

 
 © Copyright 'NGC 3660' en órbita desde el año 2000 ngc@ccapitalia.net