| 5 años después
Acabo de leer la carta que un amigo,
de la infancia, me enviara hace aproximadamente cinco
años. Todo este tiempo transcurrido, el escrito ha permanecido
perdido en una saca de correos. Cuando fueron a reciclar
el saco se dieron cuenta que aquella carta estaba misteriosamente
sujeta a su fondo.
Lo cierto es que no sé cómo tomarme
el contenido de la prolongada misiva.
Desde que la leyera no he dejado de
hacerme preguntas.
¿Es posible que se trate de una broma?
¿Su mensaje estará mostrado por algún
tipo de clave secreta?
¿Anthoni se habrá vuelto loco?
No obstante, algo parecido a un sexto
sentido me indicaba que debía de actuar con prudencia,
sigilosamente y previendo las peores consecuencias derivadas
del lógico efecto de mi curiosidad.
Es por dicho motivo, que a partir de
este instante iré anotando todo lo que suceda a partir
de ahora junto a esta misteriosa carta.
Previo encuentro
He decidido incluir junto a esta especie,
digamos, de diario toda la documentación que he ido
consiguiendo de diferentes cauces; ya que de lo que
voy a narrar en estos papeles, fruto de mis pesquisas,
se desprende una gravedad insólita. Por la forma en
que transcurren los acontecimientos principalmente,
así como por el desarrollo de las circunstancias que
al parecer han sido los que han canalizado los siguientes
hechos.
Mi amigo, Anthoni Rubio, en un último
acto de lucidez, me envió este escrito para que lo divulgara
al resto de la humanidad.
Atravesó por un extraño proceso psico-físico
que le condujo a ocultarse de sus familiares y amigos,
a la desaparición de la vida natural de cualquier individuo
de nuestra especie animal. Fue un hecho progresivo por
el que descubrió su propia y auténtica personalidad.
Sólo tenía miedo de sí mismo, del enigmático contenido
de su Yo Superior, el cual se movía en esferas de existencia
que se encontraban en un nivel muy superior a la de
la existencia habitual de cualquiera de nuestros congéneres.
En ese proceso de transformación, su
componente humana, cargada de sentimientos divinos,
se iba transformando en la extraña Bestia que ahora
es. Debió revelarse contra sí mismo, pues se veía como
la encarnación de la fatal herramienta que debía traer
el mayor de los horrores al género humano. La perdición
de las almas.
En un principio, cuando cayó en mis
manos esta misiva, pensé que podría deberse a una cruel
broma de un amigo perturbado; no obstante, a posteriori,
descubrí lo errado de aquel primer pensamiento y lo
primero que se me ocurrió fue intentar averiguar el
último domicilio donde vivió mi amigo e intentar localizar
a sus familiares, si los hubiese. Porque según se desprendía
del angustioso manuscrito, debía de haber desaparecido
de su hogar.
Por amigos comunes no me costó localizar
su humilde vivienda. Subí las escaleras que conducían
a aquella y pulsé, dos veces, el botón del timbre. No
tuve que esperar mucho ya que se abrió la puerta y permaneció
entornada. La puerta acorazada era de acero y permanecía
asegurada al cerco por una robusta cadena del mismo
material.
-Por favor, ¿qué desea usted? -Era
una dulce voz surgida de las cuerdas vocales de una
calurosa y femenina garganta.
-Mire usted -me presenté-, soy Adolfo
Godoy. Por muchos años, durante la infancia, fui amigo
íntimo de su marido Anthoni Rubio.
Inmediatamente me di cuenta que había
dado por sentadas muchas cosas de las cuales, no podía
estar realmente seguro. Durante un instante titubeé
visiblemente y continué.
-¿Es usted Elisa Rubio? Disculpe si
la estoy molestando.
-Oh, no, está usted disculpado. Sí
soy yo; pero ¿qué le trae a usted por aquí? Mi marido
hace ya cinco años, creo, -se lo pensó-, sí, que fue
dado por desaparecido y nadie, de entre su familia,
hemos vuelto a saber nada de él.
Su contestación, amable, dejaba entrever,
sin embargo, un alto grado de pesadumbre o desesperación.
-Realmente, señora Elisa, vengo a hablar
con alguien que le conociera con la suficiente intimidad
en los últimos años antes de que desapareciese -Comenté-
acabo de recibir un escrito suyo. Una carta enviada
hace ya cinco años; pero perdida en el correo. El contenido
es demasiado intrigante para que pudiera quedarme sentado
en casa como si no hubiese pasado nada -durante unos
segundos permanecí en silencio-, sería un placer para
mí poder comentarla con usted.
No terminé de pronunciar las últimas
palabras, cuando motivada por el asombro y sin mediar
ningún otro sonido vocal, cerró la puerta, retiró la
cadena y volvió a abrirla. Su apariencia y gestos denotaban
un incuestionable y visible nerviosismo.
-Entre, rápido, ¿de veras sabe algo
de mi esposo…?, ¿dígame? -Unas lágrimas como perlas
surgieron de sus ojos y resbalaron por sus blancas mejillas.
Le contesté.
-Señora, es mi creencia que su marido
se encuentra con vida aunque en serio peligro; pero
desde luego ignoro, al igual que usted, su actual paradero.
Si está secuestrado o se ha retirado por propia voluntad.
No obstante -continué-, creo que con su ayuda podré
encontrarlo a tiempo.
-¿A tiempo de qué? -Su frustración
se reflejaba en su rostro.
-Bueno, mire usted, no quiero asustarla
ya que sólo se trata de un maldito presentimiento.
-Dígame en qué puedo ayudarle -denotaba
sinceridad.
-En la carta de su marido se menciona
un manuscrito que, al parecer, debió haberlo redactado
hace bastante tiempo. Quiero creer que si somos capaces
de encontrarlo, allí podremos conseguir alguna clave
o pista de su paradero -en ese momento no era consciente
del lío tan peligroso en el que me estaba involucrando-
¿tiene usted en su poder dicho documento?
Contestando a mi educada pregunta,
utilizó una exquisita amabilidad.
-Acompáñeme por favor -me instó-, creo
que puedo fiarme de usted, parece una buena persona
o eso me dice el instinto femenino, si es que existe
tal cosa.
-Aquí, debajo de la cama -continuó-,
en el interior de este pesado cofre.
Cuando intentaba mostrarme dicho objeto,
mis ojos no tuvieron otra alternativa, y pude contemplar
la bella figura y sus bien formados senos sueltos y
voluptuosos.
-Mi marido solía guardar aquí sus escritos.
Nunca lo cerraba con llave; no obstante, a mí no me
gusta demasiado leer. Quisiera hacerlo alguna vez, pero
me cuesta demasiado trabajo. Desde su desaparición,
todo lo he mantenido en su lugar aunque he intentado
que la limpieza no estuviese reñida con ello.
Durante un buen tiempo, estuvimos buscando
y ojeando, hojeando y volviendo a buscar y mirar. Allí,
con tal desorden, parecía que fuese imposible encontrar
cualquier cosa. De pronto...
-¡Aquí está! -Gritó entusiasmada.
Sus ojos brillaban de un modo peculiar
y por un momento me pareció estar inundados de un deseo
profundo y carnal. Sus luminosas lágrimas volvieron
a aflorar y sin poder contenernos, nos vimos envueltos
en un fuerte y cálido abrazo.
Transcurrido un cierto tiempo, el necesario
para nuestro mutuo consuelo, fui incapaz de comprender
la locura que había llevado a mi amigo a abandonar el
tesoro que tenía en aquella mujer. Esa soledad que reflejaba
en sus escritos era incompatible con el amor que le
profesaba Elisa Rubio.
Amaneció y me despedí de aquella casa
saliendo tocado de Amor. Había quedado prendado de ella.
Me sentí como un trasgresor cuando vi aparecer a su
hijo acompañado por su abuela que regresaban a casa
después de una pequeña fiesta escolar. Los ojos del
chaval se clavaron en mi persona y descubrí en ellos
muchas preguntas que algún día deberían ser contestadas.
-Oh, señora..., el grifo, sí el grifo
se encuentra arreglado -la señora mayor me miró con
picardía como pensando en la calidad del grifo que había
colocado. Estaba claro que mi disimulo había conseguido
el efecto contrario, pues pensarían que allí donde no
hubo nada impuro; pues eso..., ustedes ya podrán imaginárselo.
Elisa miró a su hijo y a su suegra.
Sonrió y luego me miró pícaramente llevándose la mano
a su boca para contener una carcajada que de otro modo
habría sido estridente. Luego me contestó.
-Esperemos Adolfo Godoy que se rompan
a menudo los grifos. Será siempre bienvenido a esta
su casa. Se ha portado como un perfecto caballero. Ya
no hay hombres como usted en este mundo tan gris -Mientras
me dirigía estas palabras su mirada se hizo profunda
e increíblemente sensual.
Nos despedimos y ya en casa, con la
tranquilidad necesaria, comencé a examinar detenidamente
el manuscrito. Era algo alucinante y aunque las cosas
que allí se decían no eran nada nuevas, ya Dániquen
hablara de ello, parecían contener una especie de vida
propia. Una vez empezado no pude dejar de leer. Me fue
absorbiendo de una forma que yo no comprendía. Allí
había algo encriptado que debía de averiguar, descubrir
sería la palabra más correcta.
El Título era:
LA INCOMPRENSIÓN MANUSCRITA
En diversas ocasiones nos han preguntado
¿los animales tienen alma?, también ¿en qué lugar del
cuerpo o del cosmos están ubicados los poderes psíquicos
del hombre?
Estas dos preguntas parecen contradictorias
o sin relación aparente; pero aunque pudiera parecer
absurdo, poseen muchas cosas en común.
Los animales poseen un sexto sentido,
una especie de tercer ojo de carácter espiritual, y
que el ser humano ha ido perdiendo paulatinamente en
el camino que le ha conducido a la inteligencia consciente.
Ahora, ese sexto sentido ha degenerado y convertido
en un órgano de poca utilidad.
El hombre, un animal superior aquí
en este mundo, es además un ser de elevadísima espiritualidad.
No aquí, sino en otra dimensión, donde la carne no es
corrupta sino algo de tal sutileza que sería difícil
dar una explicación comprensible.
La Tierra, el cosmos en su conjunto,
es un Templo de Iniciación y de reconstrucción para
poder retornar a la Vida Original que un día se perdiera.
El Ser humano utiliza un porcentaje minúsculo de sus
capacidades mentales, desde un punto de vista cerebral,
y sólo es capaz de comprender, objetivamente, las leyes
que hacen posible la existencia y transformación de
la materia y su energía asociada.
En la Dimensión Paralela, conocida
como Mundo Original, nuestro Espíritu, el Señor, es
creador y no se conoce el descanso para él. Podemos
deducir, de esto último, que la fantasía de aquí podría
ser la realidad de allí.
El alma es el vehículo en formación,
de carácter inmaterial, que comunica nuestro cuerpo
material, androide, con su semejante espiritual u Hombre
Original. Al alma también se la conoce, en algunas escuelas,
como cuerpo astral.
Según la lógica en la que se funda
nuestro pensamiento, los animales utilizarían todavía
menos porción de su mente, espíritu si se quiere, que
el propio hombre. Incluso es factible que un solo ser
espiritual sea el encargado de regir a determinadas
especies de animales. De hecho, el ser humano todavía
está sujeto a unos seres denominados como Espíritus
Grupo.
Es por lo expuesto, que los animales
no son capaces de poder utilizar unos poderes a los
que no tienen acceso. No se trata de que no los posean,
simplemente no sabrían utilizarlos. El hombre, por el
contrario, sí puede; pero es incapaz de canalizar sus
poderes hipersensoriales. De este hecho, vendrían las
ancestrales costumbres de considerar como divinidades
a las diferentes especies animales.
Estoy convencido que deberíamos de
acabar con la simple creencia de que los animales son
seres indignos de la creación y creados para nuestro
capricho y consumo alimenticio. Somos creyentes, a ciencia
cierta, de que los animales son casi infinitamente superiores
a nosotros en el mundo de los sueños y en otras dimensiones
superiores.
Por otro lado, tanto ellos como nosotros,
estamos condenados a luchar mano a mano contra las fuerzas
de la obscuridad que terminarán por enfriar nuestro
actual universo si no somos capaces de impedirlo conjuntamente.
Por favor, aprendamos a respetar la
vida de nuestros amigos o antagonistas, los animales.
Una creencia popular dice que cuando un pajarillo muere,
la vida de un hombre se ha salvado de la guadaña de
la muerte.
***
En ningún momento pude apartar la mirada
del manuscrito que tenía en mis manos. Pude imaginar,
con temor, que llegaría un momento en que si seguía
leyendo sería factible que terminase confundiendo la
realidad.
Me daba la impresión, que en estos
momentos de atenta lectura, lo que llegaba a comprender
no pertenecía a las palabras impresas del libro sino
a algún misterioso lugar de lo más profundo de mi interior
o de algún tipo de conciencia colectiva que me trascendía
como individuo. Algo me decía que lo que allí estaba
impreso era verdad o por lo menos debería de serlo.
Estábamos viviendo en un mundo infernal en donde la
verdad estaba trastocada y todo lo maléfico tenía el
control de todo el sistema, tanto político como religioso
y de pensamiento.
Continué con mi lectura sin realizar
ningún intermedio. Tan sólo, brevemente, miraba al cielo
azul del otro lado del ventanal, perdía la mirada en
su inmensidad y tomaba un trago de agua para aliviar
mi sed material.
El siguiente capítulo se denominaba:
EXCUSA INFIEL
Después de esta excusa, necesaria,
podrán comprender mejor mi lógica de pensamiento. Esta
mezcolanza mental, producto del paso de una dimensión
a otra nos inquieta en sobremanera.
Durante un instante han pasado varios
años de mi vida. Lo peculiar es que ha sido atravesando
la barrera de los sueños, como si hubiese atravesado
una puerta interdimensional.
¿A qué viene lo de los animales? Si
lo supiera, probablemente no me encontrase aquí. Mi
verdad está construida con la interrelación de diversos
universos de carácter invisible para los sentidos ordinarios.
Es posible que no exista una unión
lógica, desde el concepto ordinario de la presente naturaleza.
Y eso es lo que intentamos hacer ver; porque la unión
de estos escritos, mis pensamientos más profundos, aparecen
como correctos desde nuestro punto de vista y sería
traidor de mí mismo si no fuera fiel a las múltiples
manipulaciones del intelecto.
Algunos pensamientos deben de haber
sido inspirados por el hecho de leer y releer los mismos
temas con el estómago vacío, maldito estómago la guerra
que siempre me das; sin embargo nuestra mente divaga
ante la contemplación subjetiva de ciertos criterios
humanos.
Unas personas son creyentes de lo que
sea. Otras son fanáticas de una única, suficiente y
todopoderosa idea. Por último hay otro tipo de personas
cuya actitud es de escepticismo; pero abiertos a cualquier
evidencia que pueda ser comprobada a través de sus sentidos
o de instrumentos tecnológicamente avanzados.
Fuera de esa vorágine, en un apartado
especial, nos encontramos nosotros que permanecemos
abiertos a los pensamientos más descabellados. Es cierto
que tampoco sabremos dar una explicación coherente a
nuestras creencias ya que no poseemos datos suficientes.
No somos agnósticos ya que creemos
en la existencia de otras realidades que se nos escapan
a los sentidos físicos. Esto es una realidad bivalente
con dos posibilidades ciertas de existencia. La Realidad
Positiva o material y la Negativa, incorpórea, dimensional,
mental, imaginaria, invisible, fantástica..., —¡Ah!
¡Que me aspen, ya no podía respirar! Ambas posibilidades
relativas.
Ante esa falta de unión de criterios
de la INCOMPRENSIÓN MANUSCRITA, les ruego que intenten
imaginar las realidades subjetivas; pues de las irrealidades
objetivas ya se ha escrito y hablado demasiado.
Bueno, a parte de esto, no sé si podré
acabar mi obra, pues siento cómo los seres de la noche
me acechan.
No quieren que les descubra, también
lo intentaron los antiguos Gnósticos Cristianos y fueron
arrasados a fuego y sangre. Todo el mundo siente, en
algún momento de su vida, auténtico pavor a la locura.
Es cierto que, durante la existencia del universo, pocos
son los que se han atrevido a intentar sacar de sus
madrigueras a los demonios del sistema, pues el precio
a pagar por ello es siempre el mismo. La locura, la
muerte o lo que es mucho peor la pérdida de alma misma.
Los que lo intentaron ya no existen.
¿Me pasará a mí lo mismo...?
Según pasaban las horas y permanecía
leyendo la incomprensión manuscrita, me iba dando cuenta
de la forma en que mi amigo había caído en la mortal
trampa de una obsesión paranoica con tintes de esquizofrenia.
Visto lo visto, empecé a preocuparme por mi propia integridad
intelectual.
Estaba convencido de que terminaría
tomándome en serio el contenido del manuscrito. Si esto
sucedía, era evidente, el espíritu de la obra terminaría
absorbiéndome el seso y caería en la misma trampa mortal
en la que cayó, durante su escritura, el esposo de Elisa.
En alguna ocasión, hemos oído hablar
de ciertos libros que son capaces de trastornar la mente
de sus lectores, siempre hemos creído que eso era una
estupidez. ¿Quién puede pensar que un simple escrito
puede llevar a la más profunda de las depresiones o
al suicido más inesperado?
Sonreí intentando borrar de mi interior
cualquier vestigio de preocupación o seriedad que me
pudiese incitar a la más mínima obsesión. Las medidas
que tomé fueron: leer pocos párrafos de una sola vez,
leer chistes e historias humorísticas, tebeos de aventuras,
etc, etc...
Ruego, de veras, que si estos documentos
cayesen en manos de algún tipo de personalidad débil,
siga mi consejo. Mejor que no continúe con la lectura
de estos papeles, pues acabaría en una red virtual demasiado
peligrosa.
Después de un ligero descanso, a pesar
de estar convencido del auténtico peligro de su lectura,
continué leyendo el capítulo titulado:
MI MAESTRO
Dedicado a Yolanda García Serrano
En ciertas ocasiones algunos amigos
nos han confesado que se encuentran poco preparados
porque se consideran poco evolucionados. El motivo de
tal afirmación es porque, al parecer, les cuesta mucho
trabajo el realizar una concentración o meditación espiritual.
Estas personas tienen tan pobre concepto
de ellos mismos que se cubren con una etérica túnica
de negatividad tan impenetrable como el acero. Sin embargo,
en tales amigos he localizado, siempre, una poderosa
corriente de simpatía electromagnética y que nos ha
hecho comprender que, de lo único de lo que se trata
es: que no se conocen. Así de simple.
Bien, estas situaciones de extrema
humildad, poco comunes, son explicables de una forma
razonable aunque oculta. Hermes Trimegistos en su Tabula
Esmeraldina nos dice que lo de arriba es como lo de
abajo. Nos explicaremos:
Cuando un bebé comienza a respirar,
requiere de los máximos cuidados por parte de sus progenitores,
regularmente la madre, porque de lo contrario, moriría.
Esto es así, porque los niños vienen al mundo vestidos
con un cuerpo físico y otro energético que le impelen
a la supervivencia. Según pasa el tiempo, aquellos,
se van desarrollando con el fin de ser útiles en la
adquisición de experiencia.
Con los ancianos sucede algo similar.
¿Quién no ha dicho en alguna ocasión, ¡son como niños!?
El anciano requiere unos cuidados parecidos
al de los recién nacidos, pues se encuentra en el camino
inverso al que recorren los bebés.
Cuando el ser humano comenzó su transitar,
en la presente oleada de vida, el Yo que antiguamente
fuera un Espíritu Virginal, sin experiencia, ha ido
poseyendo, de forma gradual, el control del cuerpo denso
“físico”.
Así como este vehículo fue en otro
tiempo mucho más imperfecto “grosero si se quiere” que
en la actualidad, así será el que tenemos en la actualidad
con respecto al que poseeremos en el futuro. Todo ello,
en un entorno de evolución imparable.
Esto sucede gracias a las progresivas
encarnaciones, en cuerpos y mundos diversos. Esa perfección
de lo físico conlleva igualmente la de lo mental y consciente
hasta llegar a una especie de clímax en el que sobreviene
la natural decadencia del mundo dialéctico. Ese máximo
se encuentra situado en el punto medio de la elipse
conformada por los movimientos relativos que se producen
durante las oleadas evolutivas.
Es durante ese clímax físico e intelectual,
cuando el Ego “El Espíritu del Hombre”, por medio de
la consciencia, se identifica con mayor claridad con
sus cuerpos inferiores o más densos. Memoria, inteligencia,
lógica, genio, musculatura, fuerza, belleza y salud,
en ese momento, se encuentran en su apogeo. Es la juventud.
Como ejemplo, en otro instante, el
Yo no hubiese podido tomar posesión de su cuerpo material
en tan alto grado, ya que se encontraría en un punto
de tránsito fuera de la cúspide del filo de la navaja.
O se encontraría en un proceso de evolución o de involución.
El cuerpo material, en tales circunstancias,
no se encuentra capaz de contener las altas y fuertes
vibraciones que le infunde su espíritu, le faltaría
la vitalidad imprescindible. La increíble diferencia
de potencial entre Tierra y espíritu provocaría la incineración
del cuerpo denso. Esto haría que el cuerpo fuera una
herramienta ineficaz para el propósito de la consecución
de las experiencias.
Ahora bien, la cantidad de espíritu
así como su poder de energización, visible o invisible,
es siempre de la misma magnitud.
Durante los primeros pasos, en la actual
oleada de vida, el cuerpo denso no habría sido capaz
de contener un porcentaje elevado de su espíritu, quedando
el resto del ego, hasta su totalidad, en los planos
más etéricos, incluidos los celestiales, comunicando
con su herramienta física por medio del Cordón de Plata.
Según la humanidad, por evolución natural,
ha ido depurando el recipiente de sus vehículos físicos,
el espíritu ha sido capaz de manifestarse, en mayor
grado, por mediación de dicho vehículo, en el plano
físico. Por el contrario, ese poder es perdido en los
mundos más sutiles de existencia.
La máxima cantidad de ego que un cuerpo
denso puede soportar se produce cuando las moléculas
orgánicas se encuentran en su máximo de vitalidad. Cuando
las células se encuentran con su máxima fuerza vital,
justo a la mitad del camino de la vida, cuando ha tomado
la máxima conciencia posible de su cuerpo; pero justo
en ese instante, un microsegundo después, se produce
el inevitable declive que termina por conducirnos ante
las puertas de la muerte. Esa “involución” no es tal
ya que:
Durante las siguientes encarnaciones,
el hombre aprende a darse a los demás de forma inegoista.
También aprende aquellas lecciones o asignaturas que
se le resisten y para ello no necesita poseer, in situ,
un gran aporte de energía vital o intelectual. Es decir,
no es imprescindible, ni tan siquiera necesario, que
el ego tenga la máxima capacidad de operar sobre su
vehículo material.
Es en esos casos cuando se suele decir
de las personas que son humildes y buenas pero tontas.
Le falta una tuerca o es subnormal, idiota o no sé cuántos
adjetivos más. Es durante ese falso declive cuando el
ser humano puede, con sencillez, demostrar su amor a
los demás. Para las personas que se encuentran en dicho
estado es imposible el retroceso, por ingentes cantidades
de tentaciones que pudiesen ponerse ante sus sentidos.
Todo, por repugnante que pudiese parecer, lo realizan
por amor.
Nada refleja mejor este asunto que
la ejemplar vida del santo Job. Ya pueden venir tentaciones,
tormentas y borrascas, que lo conseguido en su vida
de santidad no puede ser arrancado de su alma; pero
al tener en su cuerpo menos cantidad de energía, aunque
de mayor calidad, aparece como un inadaptado ante los
ojos de los demás. Si en estas circunstancias el espíritu
aumentara su magnitud, como dijimos, el santo entraría
en combustión. Esto es el dorado vestido de bodas que
nos podrá llevar ante la presencia del Señor, ya que
nada material puede subsistir en el Mundo del Señor.
El auténtico Ser Humano.
En los momentos previos a tan trascendente
evolución el sujeto se dice: No soy bueno, tengo muchos
fallos, me falta mucho para llegar, soy un fracasado.
Cuando un individuo es capaz de verse con tal desnudez,
puede decirse que se encuentra en un punto crucial donde
un salto evolutivo, de magnitud inconcebible, puede
producirse.
Por el contrario, una falta de evolución,
es demostrada por las personas de gran ego y vanidad.
Son embusteros por ignorancia y se recubren con un ropaje
invisible de vanagloria y altivez. En suma: Son estúpidos.
Dicen: Soy un alto hierofante, gran iniciado de una
poderosa orden secreta. Por supuesto no puedo dar el
nombre y mi enseñanza es tan secreta que se me impide
mostrarla. Venid conmigo yo os enseñaré a cambio de
alabanzas o dineros.
De cierto, os podemos decir, como dijera
Cristo, que es más fácil el aprendizaje de un pequeño
niño o de un animalillo que de un majadero presuntuoso
de tal calibre. Lo triste del tema es que esos individuos
suelen llegar a creerse sus propias patrañas. Cuando
los futuros prosélitos miran a sus ojos encuentran el
carisma del auto-convencimiento y entonces se lanzan
tras el errado camino que han arado sus vacíos maestros.
Sólo mirando en lo más profundo de
nuestro interior y guardando algún instante para la
meditación, sabremos de quién podemos aprender.
Las personas muy evolucionadas pasan
por la vida como un suspiro, como un vientecillo apenas
imperceptible. La fama no es su compañera, seguro. Su
invisibilidad no sólo es simbólica sino que ralla con
lo material. Nadie se percata de ellos y viven como
si de vigilantes del universo se tratara.
Dichos individuos no poseen una memoria
privilegiada y su vida se encuentra marcada por el continuo
despiste. Su espíritu, no obstante, siempre tiene una
respuesta intuitiva ante la más extrema de las circunstancias.
El silencio es la mayor de sus virtudes.
Estos iniciados de la experiencia se
encuentran cercanos a la Memoria Acáxica de la Tierra,
su propia memoria pertenece a aquélla. No son mediums
poseídos por espíritus extracorpóreos. Éstos se encuentran
ligados a sus cuerpos sutiles porque se encuentran en
los primeros pasos de su existencia en el mundo de la
dialéctica. Aquéllos se encuentran en la última frontera
del hombre y su espíritu está a punto de llevarse sus
vehículos a la Morada Original. Esa es la pequeña diferencia.
El ser evolucionado se encuentra más
cerca del mundo del espíritu. Como dijimos al principio,
estas personas consideran que no pueden concentrarse
o entrar en profundos procesos de meditación. Consideran
que para ellos la clarividencia es imposible y la espiritualidad
se encuentra muy alejada de sus vidas; sin embargo,
por el contrario, viven y se encuentran de continuo
dentro de ese mundo que añoran. Viven dentro de su corazón
desde muy pequeños. Posiblemente desde antes de su concepción.
Su don de concentración es fabuloso y que por ser tan
habitual, en ellos, no lo consideran importante.
También son clarividentes de hecho;
pero inconscientemente renuncian a ello porque consideran
sus vivencias como fantasías propias de una mente inestable.
Ellos son ricos en ensoñaciones y sueños. Todos no tenemos
tan divina virtud.
De pequeños, esas personas, parecían
pequeños tontuelos. No poseen el coraje suficiente para
sacrificar una lagartija o un pajarillo. Respetan la
vida de un ciempiés o de una miserable cucaracha.
Son tontos porque después de ser obligados
a destruir una camada de gatillos ya no pudieron dormir
tranquilos y sus lloros permanecen hasta el presente
por tal magnicidio. A esos tontos les repugnan las miserables
matanzas de toros de Lidia y porque no quieren carne
para alimentarse.
Porque de pequeños, en sus casas, decían
poseer un terror mortal a las sangrientas guerras de
la humanidad. Son tontos porque creen haber vivido,
con anterioridad, escenas que se repetían sin cesar.
Porque creen que siempre estamos acompañados de entidades
invisibles que nos protegen. Por preferir permanecer
en casa leyendo que en la calle jugando. Definitivamente
son tontos de remate por ser diferentes.
¿Te encuentras dibujado en ese retrato?
¡Yo!, Dé verdad, prefiero a ese pobre
tonto y me quedo como amigo suyo para aprender de él.
Me alejo de ese otro que me dice: Soy la reencarnación
última del Guru Tal. En la próxima seré uno con el Logos.
«Dios mío, ¡Qué majadería!»
Continuará...
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