| Nunca podremos dar
nada por sentado.
Pues, ¿Acaso somos capaces de conocernos
a nosotros mismos?
¿Somos los humanos quienes vivimos la Vida
o es algún Otro el que la vive por nosotros?
La luz violácea del cielo matinal
penetraba en la estancia tras sortear las láminas
de una sofisticada persiana graduable, la cual era el
único ropaje que cubría el amplio ventanal.
Un individuo de pálida tez
intentaba poner orden en sus pensamientos, mientras
se mesaba el tupido y enmarañado cabello.
Unos verdes ojos miraban de soslayo
ora aquí y al otro instante allá. El cansancio
que reflejaban sus rojizas pupilas era extrañamente
adornado por unas amplias y pronunciadas ojeras que
le concedían, a su propietario, un aura de sublime
tristeza.
La mesa camilla sobre la que apoyaba
sus codos se encontraba sobrecargada de papeles y diversos
útiles de escritura; algunos de los cuales, no
podría adivinar la función para la que
habían sido concebidos.
La breve e iluminada estancia estaba
confortablemente adornada con algunas láminas
enmarcadas, así como por diferentes equipos electrónicos
de recreo que permanecían sustentados por sencillas
estanterías prefabricadas.
El sujeto levantó las posaderas
del asiento que ocupaba y se dirigió con un paso
cansino hacia su dormitorio, justo al otro lado del
tabique. Allí las cosas no se encontraban mucho
mejor y la poca luz que penetraba en la sala dejaba
entrever un licencioso desorden.
Los libros reposaban sobre los estantes
sin orden ni concierto aparentes y una fina capa de
polvo cubría los papeles que se extendían
por cualquier superficie utilizable.
Tras sortear los inevitables obstáculos,
constituidos por las patas anteriores de la cama, logró
llegar hasta el pupitre sobre cuya plataforma horizontal
reposaba un antiguo ordenador personal.
Posiblemente, el duro trabajo de oficinista
que desarrollaba fuera de éste, su posible santuario,
había ahuyentado, temporalmente, a las musas
de su imaginación.
Una idea escondida en una servilleta
de papel, escrita en algún café barato,
era la real causa de sus afanes; pero en este momento,
era incapaz de acordarse del lugar donde la había
abandonado, ya que su mente danzaba tenebrosas baladas
disonantes al vertiginoso ritmo de un "Estrés"
mal despejado.
Es incapaz, en esta contracción
espacio temporal, de localizar el germen de idea oculta
en el despiste de su demasiada labor y poco descanso;
pero en su lugar, observa un brillo inusual reflejado
sobre el sucio cristal de un apagado monitor.
Un destello de luz violeta hace que
un pequeño fulgor inflame, literalmente, su opaca
mente y observe lo que antes había sido incapaz
de contemplar.
En aquella pantalla de quince pulgadas,
cubierta interiormente de fósforo, recinto en
vida de peligrosos rayos catódicos, encuentra
la visión de sí mismo pero desde otra
perspectiva.
Yo, que intentaba redescubrir los
más intrincados reflejos mentales de un obscuro
personaje, no sólo no los hallé, sino
que encontré al amparo del amanecer a aquel que
no esperaba encontrar: El Otro.
LA NOVELA HORIZONTE QUÁNTICO
FUE CONCLUIDA EN EL AÑO 1998, Y REGISTRADA EL
17 DE NOVIEMBRE DEL MISMO AÑO.
-CONTINUARÁ-
- Capítulo 2: 'El
triste canto del batracio' -
|