| Me dirijo, con estos
insulsos vocablos, a una Delicada Ninfa o, acaso...,
¿será a una Aguerrida Amazona dispuesta
a emprender victoriosas batallas con sus infinitas armas?
Nadie, hasta ahora, lo sabe; pues aunque siempre has
habitado en mis complicados sueños, también
tomabas diferentes aspectos corporales y actitudes personales
hacia éste, tu también desconocido amante.
¿Serán tus ojos de color
celeste como la bóveda de una limpia mañana
en la falda de una montaña?, o ¿podrán
ser verdes cual pulidas y soberbias esmeraldas? ¿Quién
lo sabe? Negro azabache, los contemplo en mis sueños,
reluciendo en un entorno gris y bañado de pálidos
e informes matices debido a la inevitable distorsión
Espacio-Temporal. ¿Cómo será el
tono de tu pelo?, ¿acaso sean cabellos relampagueantes
cubiertos de un tan brillante dorado que parecieran
rasgar las tinieblas de la noche como si de refulgentes
rayos de luz se tratara?, o por el contrario, ¿manto
nocturno que arropara mi ser protegiéndole de
las más terribles pesadillas traídas a
este mundo con la complicidad de la propia noche?
Creo que no te conozco, amiga mía,
pero siempre me has acompañado en todas las tareas,
incluso antes de aterrizar en este bello aunque peligroso
planeta, que tantos interrogantes guarda ante nuestras
escrutadoras miradas, así como también
ahora, aunque de un modo invisible, embelleciendo y
consolando los, ya mencionados, amargos y dolorosos
sueños. Espíritu altruista y justiciero
eres.
Esta intrínseca belleza del
Alma se refleja en tus brillantes y profundos ojos primeramente,
para adornar ése tu delicado rostro después
y que paradójicamente muestra la dureza de mil
y una experiencias como si de batallas emprendidas fuera
que, una y otra vez, son siempre ganadas. Como una jónica
y delicada columna del más bello mármol
de Carrara, tu hermoso cuello, tan dulce y sin embargo
fuerte, sustenta tan poético rostro como si de
la mayor, más lujosa y Carísima de las
joyas del Reino Universal se tratase.
Busto solemne, antesala de un glorioso
torso, regalo de la Madre Cibeles, siempre dispuesto
a ser gracioso y abundantemente generoso con aquel luchador
que logre liberar a la doncella del tenebroso acoso
del, siempre presente, dragón de la soledad.
Brazos y cintura siempre macizos y
ligera, quizá nerviosos y bella, mostrando ésta
última el apetecible e insinuante punto, círculo
o cicatriz de lo que un día fuera meta final
de un vital alimento materno. Siempre, ellos, delicados
para el amoroso abrazo que se les ofrece con gran cariño
y esmero; siendo ella, fuerte y poderosa para poder
aferrar con grandísima potencia, al innombrable
objeto responsable de su deseo. Todo ello, como una
etapa más en el camino de la evolución
de su propia y preciada alma.
Alma que es dibujada, pintada y contornada
para con posterioridad ser esculpida aunque ya lo fuera
en un remoto pasado; pero a esa incunable joya, algo
pequeño y sin importancia aparente le falta.
Sí, y aunque pudiera parecer mentira, de un grosero,
oxidado y pútrido brazalete de acero se trata,
el cual sin embargo, tú conservas tozuda y mágicamente
desde tiempo inmemorial para no se sabe si, ahora o
en otro momento y lugar, convertir con un divino ósculo
de amor a este asqueroso y monstruoso anfibio en un
rayito de luz, Príncipe del Alma, que tu corazón
pudiera alumbrar.
Unas altísimas columnas Corintia
y Dórica, cuyas bellezas, en este mundo no tienen
parangón, se alzan majestuosas, sobre basamentos
Toscanos, con la intención de proteger y ocultar
la tan anhelada y preciada Gruta de Platón, donde
la vida penetra en su esencia mercurial, y tras un largo
fermento en dicho crisol, calentado en el atanor de
la digestión y alimentado con la sal y el azufre
de la sangre, cual templo de iniciación, surge
crecida y dispuesta a ser consumada en el fin de los
tiempos; pero mientras tanto, dicho ser, estará
dispuesto, como viajero del Tiempo, a adquirir experiencias
en este hospital de ortopedia y psiquiatría que
el mundo de la materia es.
Dos partes que conforman el Ser y
al que, sin embargo, un tercero, en apariencia le falta
para poder sentirse cargado de dicha y cercano a la
perfección.
Dos mitades de un todo, dos partes,
dicen las gentes de pueblo, de una naranja. Quizá
almas gemelas, quizá..., tan sólo quizá.
Parte y partes necesarias para que en su fuerza, al
producirse la unión, rasguen el velo que libere
al espíritu de ésta su nefasta prisión.
La ciencia nos demuestra, con sus
leyes descubiertas, que los iguales se repelen. Tan
sólo los opuestos y contrarios pueden atraerse
casando como si de un grandioso “puzzle”
se tratara, ya que dos depresivos conforman la tumba
de la inercia, la miseria y la desesperación,
y dos fuertes caracteres atraen hacia sí la guerra
la ruina y la destrucción.
Si éste tuviera lo que a ti
te falta, aunque sea rana, no desestimes el contenido
de su alma; pero si tú fueras, igualmente, rana
tan sólo podríamos darnos un ligero chapuzón,
de lodo, en la charca más cercana.
El Ángel del adelanto y la
tecnología pretende unir nuestras almas y algo
me dice que al fin lo inevitable llegará. Aquí
está el batracio croando, en su triste y pobre
charca, esperando que tú, bella princesa, puedas
transformarlo en el príncipe que es y, poder
así, ofrecerte la felicidad que latente mora
en su corazón.
Felicidad que no es tan sólo
de este mundo, ni tan siquiera de más allá
de las estrellas sino de mucho, mucho más lejos
y sin embargo tan cerca. En ese lugar, donde no parece
que pueda existir más que tinieblas y donde,
al contrario, mora la más eterna de las luces
y a la que los humanos denominamos como Amor. Ese lugar,
amiga mía, es nuestro propio corazón.
Con Ilusión, para ti, mi Alma gemela y Princesa
Desconocida.
Andrés Boniato
LA NOVELA HORIZONTE QUÁNTICO
FUE CONCLUIDA EN EL AÑO 1998, Y REGISTRADA EL
17 DE NOVIEMBRE DEL MISMO AÑO.
-CONTINUARÁ-
- Capítulo 3: 'Prolegómenos'
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