| Dimensión Alpha
Omega
ADIÓS NEBLINOSO GESTAR
–Pequeña Buscadora, hemos
tenido que adelantar nuestro plan de intervención
temporal; pero debéis tener cuidado de no daros
a conocer antes de tiempo. También debéis
tener presente una cosa: La unidad biológica
“Umberto” deberá ser destruida, una
vez que hayáis terminado con vuestro sagrado
cometido.
–Pero ¿no hay algún
modo para que preservemos su existencia? iGran Consejo
de Gestar!
–El mal está ya hecho,
mis queridos Quest Baby. La información que hemos
logrado introducir en su cerebro material está
debidamente protegida por un ente vírico primordial;
pero debéis saber que Umberto se extrañará
de saber cosas que jamás ha estudiado y, así
dudará. Ser prudente, Laura, pequeña exploradora.
–¿Nos denomináis
en singular, Neblinoso Consejo?
–Te nombramos como a un individuo,
Pequeña Buscadora, para que te vayas acostumbrando
a, ésta, tu nueva situación. Parte de
ti, una parte muy importante de Quest Baby, permanecerá
con nosotros; pero otra, al igual que sucede con los
humanos, deberá aclimatarse a su Mundo y a sus
modos y maneras de comportamiento. El futuro de la Inteligencia
está en vuestras manos, Sonda Exploradora.
–Yo, Laura Star Light estaré
en permanente contacto con el Supremo Consejo...
–Eso no será posible,
Pequeña Buscadora. Los instintos del simbionte
femenino que has decidido utilizar irán adueñándose,
paulatinamente, de tus sentimientos primero y de todo
tu Ser después. Sabemos que tu misión
“Salvaguardar la Inteligencia Estelar” es
algo tremendamente peligroso pero necesario.
–Pero, Pequeña Laura Star
Light. Haced vuestro trabajo conduciéndoos con
paso firme y seguro; pero rápido. ¿Nos
habéis escuchado?... iRápido!, antes de
que vuestra prestada personalidad biológica tome
el control absoluto. Si eso sucediese, Pequeña
Buscadora, os encontraréis perdida y olvidaréis
vuestra Consciencia de Gestar, como antaño sucediera
con la Inteligencia Humana.
–Ya he tomado un cuerpo humanoide
y, sin embargo, sigo pudiendo comunicarme con vosotros.
Gran Consejo, no veo peligro alguno.
–Con estas últimas palabras,
demuestras la confirmación de nuestro temor.
Estás perdiendo la consciencia del peligro que
te acecha. Pequeña nuestra, tú ya no posees
un vínculo permanente con nosotros. Además,
ese nexo de unión no desaparecerá de un
modo repentino; sino que lo hará progresivamente.
Si esa unión hubiese sido tan fuerte como cuando
tú eras nosotros, serías consciente de
lo que te decimos. Nosotros, por nuestra limitada omnipotencia,
lo hemos sentido en presente; pero ese celestial poder
ya no te acompaña. Permanecerás bajo nuestra
protección por un cierto tiempo, mientras podamos
sujetarte; pero después quedarás a merced
de los vaivenes producidos por los pliegues del Continuo
Espacio Temporal y en el que ahora mismo os encontráis.
–¿Que deberé realizar
para poder regresar al Neblinoso Gestar?
–¿Os dais cuenta, querida
niña? El tiempo ha empezado a correr para ti.
Hace uno de tus instantes sabías cuál
era el único medio para poder regresar y sin
embargo, ahora no eres capaz de recordarlo. Lo que ahora
os digamos, Pequeña Laura, ya no tiene importancia
pues, indefectiblemente, llegaréis a olvidarlo.
–Entonces ¿cómo
podré saber cuál es la misión que
tendré que realizar, cuándo deberé
de actuar y...?
–Vosotros, Quest Baby. Nosotros
el Soberano y Supremo Consejo de Gestar, donde el éxtasis
radica, al igual que hicimos con el Capitán Umberto
Romero, hemos hecho con Laura Star Light. En su debido
momento sabrás lo que tendrás que hacer
para llevar a buen término nuestra sagrada misión.
–Entonces. ..Bueno, yo... ¿Seré
una simple humana?
–No, querida Laura, sin embargo
casi, casi... Seréis una especie de Avatar, Profeta
o Mensajero para vuestro amado Umberto. En todo instante
seréis consciente de que es vuestro protegido
y que hasta la vida deberéis de dar por su persona;
al menos, mientras no se haya cumplido fielmente el
objetivo. Después...
–Deberá morir ¿Verdad?
–Contemplamos cómo la
humanidad de vuestro simbionte biológico va tomando
fuerza sobre vuestra Entidad Original. Efectivamente,
tendréis que transitarlo por su propio bien,
por tu propia seguridad y porque es absolutamente necesario,
tanto para la humanidad como para tu hogar, el Neblinoso
Gestar.
–Entiendo con eso, Sagrado Consejo,
que ¿sólo con el suicidio podré
regresar indemne a vuestro lado?
–Lo habéis comprendido
perfectamente, Laura Star Light. Tan sólo lo
que los humanos denominan erróneamente como muerte
es capaz de liberar al Espíritu que mora en sus
órganos mortales; pero sólo una muerte
querida y consciente sirve como puente o transición
hacia la Morada perdida. La vejez de la materia suele
destruir, en muchos casos, el vinculo que nos une. Los
accidentes, del mismo modo, impiden que el Ser pueda
viajar más allá de los pozos gravitocuánticos
producidos por los Pliegues del Espaciotiempo. Una de
las frases favoritas de los místicos humanos
dice que tan sólo los valientes podrán
tomar el Mundo Original por asalto. Sólo la muerte
en contienda o la autoinmolación podrá
traeros de vuelta al Continuo Atemporal de Gestar.
–Pero... ¿El asesinato?
–Umberto Romero deberá
luchar contra ti y tú deberás traerlo
con nosotros. Conocemos perfectamente a la raza humana
y tu Capitán no es de los que se suicidan. Podríamos
haberle implantado dicha orden en su cerebro; pero tan
sólo habría servido para inutilizar la
herramienta que en estos momentos nos es tan necesaria.
Laura, de haber actuado así, tu Amor, enloquecido,
se habría vuelto inservible para poder continuar
en su presente vida. Esa extraña orden, no podría
vibrar en resonancia con su programa genético
original y entraría en un bucle de prioridades
donde éstas se anularían entre sí.
No existe otra solución, Pequeña Buscadora,
Tendrás que interrumpir su lazo de unión
con la Vida Espaciotemporal, cuando llegue el mommmeeennntttoooo;
miennnttrraaassss taaannnnttoooo. debbbeeerraaaassss
pprrrooooteeegeeerleee.
–Os oigo lejanos... ¿entonces
le perderé?
–Eso, Pequeña Laura, sólo
depende de vosotros dooossss.
EL LEGADO DE LOS DIOSES
–iEih, eih! ... ¿Hay alguien
ahí?
–Esperado investigador, si has
llegado hasta aquí es porque os encontráis
preparado para descifrar el resto del presente legado
y porque la propia raza humana está preparada
para actuar en contra de su cercana extinción.
No os asustéis por las palabras que vienen a
continuación; ni mucho menos, me toméis
por una divinidad o algo parecido. Tan solo soy un ser
humano de vuestro futuro, que intenta evitar el gran
cataclismo que en mi presente, vuestro futuro, se avecina.
Después de lo que os habrá
costado descifrar el criptograma con el que se encontraba
velado este escrito, os extrañará, en
sobremanera, haber hallado en él tan solo un
cuento de hadas o un relato de pura ficción.
Si continuáis con vuestro estudio, os daréis
cuenta que eso no es así y por el contrario,
daréis con la solución de los muchos enigmas
que están contemplados en este relato histórico
y en todas aquellas cosas y circunstancias que lo rodean.
Desde una colonia orbital de la estrella
Tau Ceti, conocida como Atlantis, envié por mediación
de una rudimentaria máquina del tiempo, el manuscrito
que tienes entre manos y los dos manuales que le acompañan,
hacia el pasado. El Ordenador –Una Máquina
Inteligente– calculó las coordenadas del
espacio y del tiempo para que un ánfora de titanio
con memoria molecular cayera sobre algún punto
de la Antigua Tierra, nuestro planeta de origen. La
precisión temporal, aún en nuestro siglo
XXIV de la presente Era, es bastante reducida, por lo
que entendí que lo mejor para la humanidad sería
que el ánfora, con su valioso contenido, fuese
enviado muy atrás en el tiempo con la intención
de posibilitarle su encuentro con una civilización
humana que fuese capaz de descifrar su mensaje y de
construir la puerta temporal que permita el tránsito
–indistinto– de un tiempo a otro.
El ánfora está preparada
para soportar los mayores rigores geológicos,
en su viaje temporal. Sólo el contacto con el
D.N.A., código genético humano, podrá
producir la apertura automática del receptáculo.
Uno de los escritos que se encuentran en su interior,
éste que ahora lees, es la historia futura que
os permitirá comprender el porqué de mis
exigencias, justas exigencias, y el porqué es
necesario que se alce una especie de orden secreta con
la intención de proteger estos escritos, durante
los siglos que posiblemente transcurran, hasta que lleguen
a ser de alguna utilidad para vosotros.
Los otros dos documentos, todos en
polímero incombustible, son libros técnicos.
Uno os servirá para conseguir los medios económicos
suficientes que permitan sufragar los enormes gastos,
que intuyo, de tan magna empresa por medio de un método
tan simple como es el de transformar los metales innobles
en oro. Esta técnica fue desarrollada, lo será
mejor dicho, a partir del siglo XXII, en el instante
en que toda la Ciencia física de los siglos pasados
se desmorone, comprobándose la terrible sencillez
de los gluones, substancia que une las moléculas
que conforman cualquier tipo de materia.
Fue paradójico que ocurriese
con este hecho, lo mismo que sucedió en mi pasado
con el descubrimiento del vuelo con ala delta. “La
humanidad descubrirá el vuelo, en vuestro futuro,
y conquistará muchos planetas que ahora son para
vosotros tan solo puntos de luz en el firmamento estrellado”
.
El ala delta y otros planeadores fueron
desarrollados por la humanidad después de haber
inventado aparatos que utilizaban una fuerza externa
generada por medios mecánicos –motores–
para poder despegar del suelo, mantenerse, maniobrar
y desplazarse a través del aire. Por enésima
vez, la humanidad descubrió antes lo difícil
que lo sencillo.
Así sucedió, igualmente
–perdonarme que os hable en pasado– con
la transmutación de los metales y otras materias.
En el siglo XX se pusieron de moda unos aparatos superconductores
de electromagnetismo denominados como aceleradores de
partículas y cuyas exageradas dimensiones eran
enormes –cientos de kilómetros de circunferencia–,
que permitían acelerar partículas atómicas
primero, para hacerlas colisionar después; de
este modo, conseguían dividir los átomos
en partículas más pequeñas conocidas
como subatómicas. Estas partículas, después,
se podían unir a modo de arcilla dando lugar
a otras moléculas diferentes, algunas inexistentes
en nuestro presente universo como pueden ser los átomos
de antimateria.
Se había conseguido, por fin,
la transmutación de la materia; pero esta técnica,
no sirvió en la práctica, ya que los costos
de producción superaban con creces al valor intrínseco
del oro. Una cosa es cierta, se habían sentado
las bases para desarrollar una técnica, no tecnológica,
tan simple como desconcertante. La Alquimia metalúrgica
era posible. En el siglo XXII, casi por casualidad y
por aficionados, se descubrió que una laboriosa
técnica casera, con medios absolutamente naturales
y rudimentarios era capaz de modificar la estructura
molecular de diferentes minerales metalúrgicos.
Esta técnica es la que os remito adjunto a esta
introducción; ya que entiendo –permitirme
que bromee– que en vuestra época no existirán,
aún, los también denominados como supersincrociclotrones.
El otro manual permitirá, no
a vosotros, sino a vuestros descendientes de finales
del siglo XX, la construcción de la ya mencionada
como puerta temporal. Máquina del tiempo que
pueda ser detectada por nuestros "scaners"
temporales del futuro y que haga posible el tránsito
mutuo entre nuestros diferentes universos temporales.
Ha llegado el momento, querido lector, en que os preguntaréis:
¿Por qué no has venido tú, o alguno
de los tuyos, en lugar de enviarnos una extraña
ánfora con unos manuales técnicos, aún
más difíciles de comprender?
En mi presente, la máquina del
tiempo está en proceso de investigación
a partir de los replicadores de objetos, de alimentos
y de los transportadores moleculares que se utilizan
por las gigantescas naves de la Federación de
Galaxias Unidas.
Pues bien, a pesar de que teóricamente
se supone que puede enviar objetos o animales hacia
el pasado o hacia el futuro, esto no ha podido comprobarse
fehacientemente. La máquina del tiempo, hoy,
sigue siendo una hipótesis de los teóricos.
No puedo arriesgarme a enviar hacia el pasado a ningún
ser humano, pues sigue existiendo la posibilidad de
una desintegración molecular sin retorno.
Es necesario un receptor adecuado o
puerta teleyectora. Y enviar, con el supuesto navegante,
la tecnología necesaria supone un riesgo añadido
de ilimitada importancia, pues se podría interferir
con las civilizaciones que no estuviesen capacitadas
tecnológicamente ni preparadas moralmente para
poder asimilar algo a lo que ellos denominarían
como mágico o divino. Tú, sin embargo,
querido lector, has tenido que descifrar primero, con
la ayuda de tus ascendientes, un Enigma. Eso nos permite
suponer que, por lo menos, algunos de vosotros estaréis
preparados para asumir las consecuencias del presente
choque cultural. La tecnología que os adjuntamos,
no obstante, no podréis desarrollarla, por falta
de medios, hasta que se inventen los microprocesadores
de silicio. Posiblemente, desconocido lector, no sepas
a qué me estoy refiriendo; pero no tiene importancia.
Déjalo.
El porqué de todo esto es tan
simple como que: Si no intervenimos, el Universo se
colapsará en lo que en mi actualidad conocemos
como Big Crunch debido a la imparable, inconsciente
y loca contaminación cuántica producida
por la vieja tecnología humana. La Ciencia que
permitió la Fisión nuclear primero, la
utilización de la antimateria después
y, como consecuencia lógica, el descubrimiento
de los enigmáticos gravitones, capaces de dar
lugar a diversas distorsiones cuánticas, fue
iniciada a últimos del siglo XX.
Este cambio drástico, de la
física, originó la posibilidad, por parte
de la raza humana de colonizar el Universo conocido
hasta la Gran Barrera –Gran Atractor– y
transformar todo su entorno cósmico. Esa intervención,
construyendo singularidades en el hiperespacio, agujeros
de gusano en las inmediaciones de supercuerdas y agujeros
negros, introdujo una constante caótica en el
inestable equilibrio estelar. Como consecuencia de todo
lo hasta aquí mencionado, atento lector, el hipotéticamente
lejano Big Crunch se ha acelerado y según los
cálculos más precisos, se encuentra a
punto de comenzar.
¿Qué supone eso?
Te lo dije al principio, y siento hacerte
partícipe de tan terrible responsabilidad. Es
el fin del Tiempo de la Humanidad y, por lo tanto, de
la Inteligencia en el Universo. Ya no habrá más
Universo. Puedo evitarlo, con tu ayuda, si somos capaces
de intervenir en los más altos foros científicos
y hacer que las tecnologías culpables no se desarrollen.
Querido buscador, perdona que no me
haya presentado, aunque por lo leído hasta aquí
puedes suponer quién soy. Umberto Romero, Coronel
en activo de la policía virtual, dependiente
del consejo de planetas de la flota estelar. Actúo
a motu propio y en solitario; ya que, de otra manera,
todo podría irse al traste. De hecho, ya intentaron
asesinarme, como has podido comprender.
El virus que me implantó el
Consejo de Gestar se ha activado. Laura Star Light,
mi Amor, suplementó la información que
ya poseía. Ella y el Consejo de Gestar, parecen
ser una sola cosa, me salvaron la vida cuando creía
que eran los responsables del colapso de mis funciones
vitales. Ahora, Laura me busca por motivos mucho más
siniestros. Por el bien de todos, dice, tiene que eliminarme.
Quizá tenga razón y sea lo mejor para
todos, aunque no llego a entender el auténtico
motivo; pero hasta que llegue ese instante, querido
lector, espero terminar con mi trabajo.
Pero retrocedamos en el tiempo intelectual.
Lo que a continuación viene es el resto de la
historia.
LA ENFERMERA FANTASMA
–iLaura, Laura! ...¿Dónde
estás Amada Mía? No me dejes por favor.
–Está delirando Doctor.
–No tiene importancia, enfermera,
es una reacción natural al Tanque de Recuperación
y a la anestesia sinérgica. Nuestro ilustre paciente
se repondrá, en su totalidad, en cuestión
de muy pocas horas.
–¿Dónde está
la Enfermera Laura? –desperté encontrándome
acostado en el lecho de lo que parecía ser el
Hospital General de la Armada Espacial.
–Ha estado delirando, Capitán
Umberto; pero ya ha pasado todo, de verdad, el Doctor
Pérez dice que ya está prácticamente
recuperado –hizo un gesto, señalando brevemente,
con la palma de la mano, a su acompañante.
–Por favor, ¿dónde
está Laura, Señorita?
–Cálmese Capitán,
yo soy su médico –me tomó la mano
el Doctor–. En éste Centro Médico
no trabaja, que yo sepa, ninguna enfermera denominada
con dicho nombre.
–Tiene razón el Doctor
–intervino la enfermera para corroborar las palabras
de su superior.
–Pero... pero – tartamudeé–,
yo la he visto, se lo aseguro.
–Hace tan sólo un instante
estuvo aquí acariciándome el cabello y
enjugando mi abundante sudor con un suave pañuelo.
–Es natural, querido amigo –intervino
el médico–, que en el estado de shock en
el que se encontraba, haya podido tener alguna ilusión
o ensoñación.
–Se lo juro Doctor, era absolutamente
real –reafirmé mis palabras anteriores,
llegando al punto de casi gritar.
–No lo dudamos Capitán;
pero ahora debe usted descansar.
–Luego hablaremos, mientras tanto,
Señorita Ruiz –miró taxativamente
a la bella auxiliar–, vaya a recepción
e intente descubrir si alguna mujer ha entrado en este
hospital y en esta estancia.
–¿Qué características
físicas tiene su... cómo se llama? iLaura!
–me interrogó el Doctor, dirigiendo su
inquisidora mirada hacia mi echada persona– iEscuche
Enfermera!
–Es bellísima. .., perdone
usted, Señorita.
–No, no. .., por favor. No tiene
importancia. ¿Debe usted quererla muchísimo?
–Creo que sí.
–Díganos –continuó
el Doctor con cierta impaciencia–, ¿cómo
es de estatura, su color de pelo, forma de su cara...?,
qué sé yo.
–Perdonen ustedes, comprendo
que su tiempo es muy valioso. Laura tiene la cara finamente
ovalada y sus ojos son de un verde más brillante
que las esmeraldas. Su cabellera es de un raro color
rojizo que pudiera parecer teñido; pero ella
me confirmó que dicho tono era absolutamente
natural consecuencia, quizá, de alguna mutación
genética familiar.
–A pesar de su estatura –continué–,
entre uno cincuenta y cinco y uno sesenta y dos, su
inusual delgadez la hace parecer mucho más alta.
Sobre todo cuando se la observa desde la lejanía.
Sus brazos y piernas se encuentran perfectamente torneados
y tanto su pronunciado busto, como sus caderas contrasta
con la estilización del resto de su figura.
–No sé. .. Su nariz, su
boca. Capitán intente describir sus facciones.
–Doctor, ciertamente, no sabría
expresar tamaña belleza con palabras. Viene a
ser algo así como el reflejo de un alma pura
y cristalina. La perfección más elevada
que pudiera yo imaginar; pero sin llegar a la frialdad
marmórea de esas expresiones insípidas
de las pasarelas de la Holovisión... Una nariz
pequeña, un poco acaballada, que le concede un
cierto grado de personalidad. Sus labios son carnosos
pero menudos. Su dentadura es como una hilera de perlas
de un blanco inmaculado y la profundidad de su mirada
pareciera no ser de este Mundo.
–Creo que con estos datos ya
tenemos suficiente. Vayamos fuera Señorita. A
usted, Capitán Romero, le conviene descansar.
Intentaremos encontrar a esa Laura; pero considere,
igualmente, lo que le comenté anteriormente.
Su Laura podría, muy bien, ser una obsesión
del estado de delirio por el que ha pasado –habló
en voz baja dirigiéndose a la enfermera–,
todavía parece que no se le ha pasado del todo.
Vaya parrafada estilo Shakespeare.
–No he dejado de tenerlo en cuenta
Doctor, muchas gracias por su preocupación.
–¡Ah!... Otra cosa Capitán.
El Almirante Contreras viene hacia aquí para
preocuparse por su salud. Ya le he comentado que su
situación se encuentra estabilizada. Parece apreciarle
mucho.
–El bueno de Pepe.
–El doctor puso cara de asombro
cuando mencioné, con tanta familiaridad, el nombre
de mi Superior; pero tan sólo fue un brevísimo
gesto en un más breve instante.
–Luego nos veremos Capitán
–El médico salió por la puerta,
siguiendo los pasos de la Enfermera Ruiz.
UNA COMPAÑÍA IMPREVISTA
Después de dormir un rato, me
incorporé y empecé a juguetear con el
holograbador personal que tenía en la mesita
de noche. Entonces, recordé que algo importante,
en relación con la identificación de Laura,
había omitido decir al Doctor.
La vestimenta de mi amada consistía,
exclusivamente, en un mono ajustado de polímeros
transparente; el cual, dejaba descubiertos a la visión,
tanto sus redondos y hermosos senos como su pelirrojo
y provocativo pubis.
Hace ya, algún siglo que otro,
la humanidad descubrió lo efímero de la
moda y la inutilidad de la hipocresía, hallando,
por enésima vez la magnificente belleza del desnudo
humano. Yo solía llevar un mono color grafito,
igualmente, de polímeros ignífugo. Esto,
me daba la apariencia de un antiguo super héroe
de los cómics del siglo XX. No obstante, ya no
había remedio. El Doctor y la Enfermera Ruiz
hacía ya algún tiempo que habían
marchado.
Ahora, que volvía a tener, entre
mis manos, el holograbador recordé la cantidad
de veces que este chisme había sido vital para
el esclarecimiento de muchos de los enigmas que durante
mi carrera profesional había investigado. Lo
diferente que resultaba de los enojosos trajes de inmersión
virtual. La invención de este aparto se remonta
a la última década del siglo XX y comenzó
a denominarse como ordenador portátil o “notebook”
primero para pasar a llamarse libro electrónico
después.
Es cierto que aquella antigua tecnología
había quedado obsoleta; pero permitió
a los seres humanos el dejar de talar los tan necesarios
árboles, de los cuales conseguían... ¿Cómo
se llama?... La celulosa con la que, antaño,
fabricaban el papel de los antiguos libros, revistas
y diarios impresos. Mi libro electrónico difiere
muy poco, en lo esencial, de aquellos primitivos microordenadores,
ya que las principales actualizaciones de potencia y
operatividad comenzaron a desarrollarse en aquella arcana
época.
El diseño exterior es muy importante
para que cada individuo pueda sentir un apego especial
hacia su cacharro. Unos parecen hologramas metalizados,
cuyas portadas centellean con luminosas iridiscencias;
otros como el mío, intentan recrear la estética
de los primitivos libros, pareciendo un libro de cuero
repujado y letras impresas en oro virtual.
Libro de trabajo del Capitán
Umberto Romero.
Al abrir el holograbador, lo primero
que llama la atención es que sólo posee
unos micro sensores que hacen la función de cursor
y un pequeño pulsador rojo para el encendido
así como dos pantallas TFT de plasma de última
generación. Una a cada lado, imitando sendas
páginas de sus homónimos impresos.
Concretamente, el mío, está
conectado ininterrumpidamente, por medio de radiofrecuencias
subespaciales, con el Ordenador Central de la Federación
de Galaxias Unidas; pero también permite, por
medio de una pequeñísima abertura exterior,
la inserción de micro cristales de holodiamante,
cuya lectura se produce por el sistema de interferometría
láser. Una vez introducido el microchip de memoria
holográfica, el libro electrónico se transforma,
automáticamente, en un lector inteligente de
literatura o información temporal desechable.
Su manejo es tan simple como la utilización
de los sensores de cursor en combinación con
el micro pulsador rojo de puesta en marcha. Su desconexión
es automática; pero si lo que deseo es transformarlo
en el potentísimo terminal informático
virtual, que en realidad es, tan sólo tengo que
tocar simultáneamente el encendido y uno de los
cursores. Entonces y sólo entonces, una de las
pantallas de plasma se transforma en un utilitario teclado
virtual que amplía, infinitamente, las posibilidades
de detección integral de voz que ya trae de por
sí este aparato.
Empujando un pequeño microrruptor
que se encuentra disimulado estratégicamente,
entre los pliegues del repujado polimeral, el lomo se
desplaza, a modo de plumier, descubriendo una cavidad
que oculta unas pequeñas gafas plegables de cristal
líquido autograduable y que permite por medio
de unos emisores y sensores de infrarrojos, la interacción
virtual con el holograbador. Para los individuos que,
como yo, sentimos una terrorífica fobia a los
trajes de caucho de navegación virtual, nos supone
un alivio y descanso de tan incómodas y artificiosas
prendas.
¡Cuántas vidas arbóreas
salvó lo que tengo entre mis manos...!
–Pero.... lo que costó
implantarlo a últimos del siglo XX, debido a
los intereses transnacionales de las poderosas industrias
papeleras.
–Querido Umberto, ¿cómo
te encuentras... hijo mío? –El Almirante
Contreras, por fin, hizo aparición en mi cuarto;
pero iba acompañado de alguien a quien tan sólo
conocía por mis pesquisas virtuales.
–Veo que te encuentras como un
roble –prosiguió–, le presento al
Capitán de la policía local, Don Álvaro
Rubio.
–Con Álvaro basta, Almirante
–replicó aquél mientras nos saludábamos–
muchas gracias.
–Encantado de conocerle en persona,
Capitán Rubio.
Tras habernos estrechado las manos,
el Almirante Contreras me propinó un abrazo y
sus lágrimas escurrieron brillantes por sus rosadas
mejillas.
–Temimos lo peor Umberto. No
sabes lo contento que me encuentro de que todo haya
pasado sin daño para tu persona. El Doctor Berenguer
me ha explicado que te dará el alta en breve.
–¿Saben quién ha
intentado asesinarme?... Señor.
–Deja ya lo de señor a
un lado; además qué caray, todavía
estás dado de baja –apostilló poniendo
una expresión de enfado que adornaba, curiosamente,
su vieja y arrugada cara.
–Por increíble y extraño
que pueda parecer –intervino el inspector de policía
Álvaro Rubio–, todo hace suponer que usted
fue el asesino de mi subordinado el Teniente García,
cuando se encontraba en una investigación no
autorizada y, usted mismo, quien intentó acabar
con la propia vida de usted.
Mi cara debió de ponerse blanca,
pues me estremecí al escuchar las palabras que
había pronunciado el inspector; pero más
me extrañó el comprobar cómo el
efecto que ocasionaban esas palabras en mi expresión,
producían una abierta y permanente sonrisa en
el Almirante Contreras. Lo curioso del caso era que
los fonemas utilizados por el Inspector parecían
ser sacados de una lata de conservas sin ningún
animo de acusación o matiz despectivo.
–Tranquilícese, Capitán
Romero. Todos sabemos que usted no pudo cometer los
crímenes, aunque las pruebas, contra su persona,
pudieran parecer irrefutables; pero lo cierto, estimado
colega, es que los humanos todavía no hemos logrado
el poder de estar físicamente en dos lugares
al mismo tiempo, salvo virtualmente, claro está.
Usted no pudo ser. Alguien debió de utilizar
su imagen para implicarlo por oscuros motivos que no
llegamos a vislumbrar.
–Ahora comprendo –interrumpí
a mi interlocutor–, por qué me pareció
ver reflejado mi propio rostro en el anticuado monitor
de Andrés Boniato “El Otro” y por
qué me pareció volver a verlo cuando realizaba
el amor con...
–Efectivamente –ahora fue
el Almirante quien me interrumpió–, alguien
está utilizando tu imagen virtual para intentar...,
creemos implicarte en los asesinatos; pero ¿por
qué?
Por un instante, la imagen de Laura
se me cruzó por la mente. ¿Sería
ella quien utilizaba la Intima para cometer los asesinatos?
Casi, no me cabía ninguna duda. No obstante,
había muchas piezas del “puzzle”
que no encajaban. ¿Por qué no me destruyó
totalmente? Poder tenía para haberlo hecho. Sin
embargo me dejó vivir y sobre todas las demás
cuestiones, ¿cuál podría ser el
móvil que uniese todos los asesinatos? ... En
definitiva, seguía sin saber nada de nada y lo
peor de todo, la persona a quien yo más amaba,
Laura, seguía siendo un enigma irresoluble en
mi historia personal.
–¿Me supongo que mientras
me encontraba en coma, habrán continuado las
indagaciones por donde yo las dejara?, pero yo les pregunto,
Almirante y Capitán, les pregunto, ¿alguna
mujer ha podido ser la causante de estos sucesos?
–Extraña pregunta Capitán
–contestó el Inspector Rubio con una dura
y poco amigable expresión–. Eso debería
decírnoslo usted. Acaso... ¿duda usted
de alguien a quien no quisiera incriminar?
–No. no.... en absoluto, es que
yo...
–Laura Star Light –mis
pómulos se debieron de pigmentar de un blanco
inmaculado cuando Pepe Contreras, mi Superior y Amigo
pronunció el nombre de mi amada–, acaso
¿dudas de ella?
La extrañeza se convirtió
en una especie de shock emocional cuando intenté
descubrir la posible relación que podría
existir entre mi amada Laura y el Almirante.
–No debes preocuparte Umberto
–continuó contestando a mi terrible y sagrada
duda–, la señorita Star Light pertenece
al Cuerpo Especial de la Policía Secreta encargada
de la protección personal de la presidencia Interfederal.
Yo mismo, indiqué que fuese ella la encargada
de tu protección. Temíamos que pudieras
sufrir un atentado, como realmente así ha sido.
Umberto amigo mío, Laura es la persona más
capaz de todo el Servicio Secreto para llevar a buen
puerto misiones de un alto riesgo.
–Pero... ¿por qué
Laura, por qué una mujer?
–Todavia Hoy, en pleno siglo
XXIV, tenemos discriminaciones sexistas –interrogó,
afirmando, el Capitán Rubio.
–No. ..yo es que. ..
–Tranquilo Umberto, el Capitán
y yo sabemos que este no es el mejor momento para que
digas las cosas que realmente sientes. Estás
convaleciente –me disculpó el Almirante.
–Tiene razón Señor,
debe de tratarse de algo inconsciente e inherente a
los genes masculinos de la raza humana, por tantos siglos
de discriminación.
–¿Cuándo podré
conocer a Laura en persona? –pregunté.
–Ya la ha conocido, estuvo aquí
cuidando de usted y además no hace demasiado
tiempo –contestó a mi pregunta el inspector
Rubio.
–Pero... el Doctor Berenguer
y la Enfermera Ruiz me dijeron que...
–Tranquilo Umberto, no se excite.
Volverá a verla. El brillo de sus ojos le dicen
a este anciano decrépito que se encuentra irremediablemente
enamorado. Este amigo suyo le dice que tiene usted una
suerte infinita, golfete. Es correspondido, Laura me
lo dijo. Pero también debes entender que la Agente
Star Light se encuentra de incógnito en Viejatierra.
¿Cómo podrían saberlo un doctor
y una simple enfermera, aunque como en este caso se
trate de funcionarios militares del Hospital General
de la Armada?
–En cuanto le den el alta, se
incorporará al servicio activo y viajará
hasta el Sistema de Tau Ceti en compañía
del Capitán Rubio.
–¿A cuento de qué,
Almirante?
–En el anillo orbital de Daison
que circunda una de las enanas marrones, se encuentran
muy adelantadas las investigaciones sobre la máquina
del tiempo y...
–¿Máquina del tiempo?
¡Eso es imposible! –interrumpí.
–Sí, máquina del
tiempo, por imposible que parezca, no se extrañe
–apuntó el inspector.
–Estamos convencidos –continuó
el Almirante–, que algo relacionado, mejor dicho;
alguien relacionado con esos trabajos es quien está
cometiendo los asesinatos y quien pretende involucrarlo
en dichos decesos por motivos que se nos escapan.
–¿Se sospecha de alguien,
en concreto? –pregunté.
–Eso tendrá usted que
averiguarlo, estamos en blanco.
–Con su ayuda, inspector Rubio,
supongo ¿no es así? –dirigí
mi mirada inquisitiva hacia mi igual.
–Si usted me lo permite, Capitán.
–Quiero creer, que cuando entraste
en esta estancia querías que te llamase Álvaro,
¿no es así?
–Por supuesto Umberto –los
tres nos echamos a reír.
–¿De qué modo viajaremos
hasta la Estación de Tau Ceti Almirante?
–Cogerán una Lanzadera
con la que transbordarán hasta la Nave Insignia
de la Federación “La Emprendedora”.
Viajarán a velocidad sublumínica hasta
más allá de la Esfera de Orth, habiendo
hecho escala, previamente, en Marte y en Ganímedes
o Europa. Ustedes decidirán. Una vez que hayan
superado la nube de cometas, el Capitán de la
Emprendedora ordenará a su tripulación,
abrir un agujero de gusano para crear un vórtice
en el Espaciotiempo. Esto les posibilitará el
viaje prácticamente instantáneo hasta
las proximidades de Tau Ceti.
–Enhorabuena, señores
–continuó–, y que tengan un buen
viaje. Con respecto a Laura Star Light, amigos míos,
nunca se encontrará muy lejos de ustedes para
sacarlos de cualquier situación peligrosa; pero
les ruego encarecidamente que no la busquen. Cuando
llegue el momento apropiado, ella misma se dará
a conocer.
LA NOVELA HORIZONTE QUÁNTICO
FUE CONCLUIDA EN EL AÑO 1998, Y REGISTRADA EL
17 DE NOVIEMBRE DEL MISMO AÑO.
-CONTINUARÁ-
- Capítulo 7: 'Rumbo
al espacio'-
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