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Horizonte Quántico - Capítulo 6: 'El Ángel Guardián y el Árbol del Conocimiento ' Más sobre Antonio Ruiz

Dimensión Alpha Omega

 

ADIÓS NEBLINOSO GESTAR

–Pequeña Buscadora, hemos tenido que adelantar nuestro plan de intervención temporal; pero debéis tener cuidado de no daros a conocer antes de tiempo. También debéis tener presente una cosa: La unidad biológica “Umberto” deberá ser destruida, una vez que hayáis terminado con vuestro sagrado cometido.

–Pero ¿no hay algún modo para que preservemos su existencia? iGran Consejo de Gestar!

–El mal está ya hecho, mis queridos Quest Baby. La información que hemos logrado introducir en su cerebro material está debidamente protegida por un ente vírico primordial; pero debéis saber que Umberto se extrañará de saber cosas que jamás ha estudiado y, así dudará. Ser prudente, Laura, pequeña exploradora.

–¿Nos denomináis en singular, Neblinoso Consejo?

–Te nombramos como a un individuo, Pequeña Buscadora, para que te vayas acostumbrando a, ésta, tu nueva situación. Parte de ti, una parte muy importante de Quest Baby, permanecerá con nosotros; pero otra, al igual que sucede con los humanos, deberá aclimatarse a su Mundo y a sus modos y maneras de comportamiento. El futuro de la Inteligencia está en vuestras manos, Sonda Exploradora.

–Yo, Laura Star Light estaré en permanente contacto con el Supremo Consejo...

–Eso no será posible, Pequeña Buscadora. Los instintos del simbionte femenino que has decidido utilizar irán adueñándose, paulatinamente, de tus sentimientos primero y de todo tu Ser después. Sabemos que tu misión “Salvaguardar la Inteligencia Estelar” es algo tremendamente peligroso pero necesario.

–Pero, Pequeña Laura Star Light. Haced vuestro trabajo conduciéndoos con paso firme y seguro; pero rápido. ¿Nos habéis escuchado?... iRápido!, antes de que vuestra prestada personalidad biológica tome el control absoluto. Si eso sucediese, Pequeña Buscadora, os encontraréis perdida y olvidaréis vuestra Consciencia de Gestar, como antaño sucediera con la Inteligencia Humana.

–Ya he tomado un cuerpo humanoide y, sin embargo, sigo pudiendo comunicarme con vosotros. Gran Consejo, no veo peligro alguno.

–Con estas últimas palabras, demuestras la confirmación de nuestro temor. Estás perdiendo la consciencia del peligro que te acecha. Pequeña nuestra, tú ya no posees un vínculo permanente con nosotros. Además, ese nexo de unión no desaparecerá de un modo repentino; sino que lo hará progresivamente. Si esa unión hubiese sido tan fuerte como cuando tú eras nosotros, serías consciente de lo que te decimos. Nosotros, por nuestra limitada omnipotencia, lo hemos sentido en presente; pero ese celestial poder ya no te acompaña. Permanecerás bajo nuestra protección por un cierto tiempo, mientras podamos sujetarte; pero después quedarás a merced de los vaivenes producidos por los pliegues del Continuo Espacio Temporal y en el que ahora mismo os encontráis.

–¿Que deberé realizar para poder regresar al Neblinoso Gestar?

–¿Os dais cuenta, querida niña? El tiempo ha empezado a correr para ti. Hace uno de tus instantes sabías cuál era el único medio para poder regresar y sin embargo, ahora no eres capaz de recordarlo. Lo que ahora os digamos, Pequeña Laura, ya no tiene importancia pues, indefectiblemente, llegaréis a olvidarlo.

–Entonces ¿cómo podré saber cuál es la misión que tendré que realizar, cuándo deberé de actuar y...?

–Vosotros, Quest Baby. Nosotros el Soberano y Supremo Consejo de Gestar, donde el éxtasis radica, al igual que hicimos con el Capitán Umberto Romero, hemos hecho con Laura Star Light. En su debido momento sabrás lo que tendrás que hacer para llevar a buen término nuestra sagrada misión.

–Entonces. ..Bueno, yo... ¿Seré una simple humana?

–No, querida Laura, sin embargo casi, casi... Seréis una especie de Avatar, Profeta o Mensajero para vuestro amado Umberto. En todo instante seréis consciente de que es vuestro protegido y que hasta la vida deberéis de dar por su persona; al menos, mientras no se haya cumplido fielmente el objetivo. Después...

–Deberá morir ¿Verdad?

–Contemplamos cómo la humanidad de vuestro simbionte biológico va tomando fuerza sobre vuestra Entidad Original. Efectivamente, tendréis que transitarlo por su propio bien, por tu propia seguridad y porque es absolutamente necesario, tanto para la humanidad como para tu hogar, el Neblinoso Gestar.

–Entiendo con eso, Sagrado Consejo, que ¿sólo con el suicidio podré regresar indemne a vuestro lado?

–Lo habéis comprendido perfectamente, Laura Star Light. Tan sólo lo que los humanos denominan erróneamente como muerte es capaz de liberar al Espíritu que mora en sus órganos mortales; pero sólo una muerte querida y consciente sirve como puente o transición hacia la Morada perdida. La vejez de la materia suele destruir, en muchos casos, el vinculo que nos une. Los accidentes, del mismo modo, impiden que el Ser pueda viajar más allá de los pozos gravitocuánticos producidos por los Pliegues del Espaciotiempo. Una de las frases favoritas de los místicos humanos dice que tan sólo los valientes podrán tomar el Mundo Original por asalto. Sólo la muerte en contienda o la autoinmolación podrá traeros de vuelta al Continuo Atemporal de Gestar.

–Pero... ¿El asesinato?

–Umberto Romero deberá luchar contra ti y tú deberás traerlo con nosotros. Conocemos perfectamente a la raza humana y tu Capitán no es de los que se suicidan. Podríamos haberle implantado dicha orden en su cerebro; pero tan sólo habría servido para inutilizar la herramienta que en estos momentos nos es tan necesaria. Laura, de haber actuado así, tu Amor, enloquecido, se habría vuelto inservible para poder continuar en su presente vida. Esa extraña orden, no podría vibrar en resonancia con su programa genético original y entraría en un bucle de prioridades donde éstas se anularían entre sí. No existe otra solución, Pequeña Buscadora, Tendrás que interrumpir su lazo de unión con la Vida Espaciotemporal, cuando llegue el mommmeeennntttoooo; miennnttrraaassss taaannnnttoooo. debbbeeerraaaassss pprrrooooteeegeeerleee.

–Os oigo lejanos... ¿entonces le perderé?

–Eso, Pequeña Laura, sólo depende de vosotros dooossss.

 

EL LEGADO DE LOS DIOSES

–iEih, eih! ... ¿Hay alguien ahí?

–Esperado investigador, si has llegado hasta aquí es porque os encontráis preparado para descifrar el resto del presente legado y porque la propia raza humana está preparada para actuar en contra de su cercana extinción. No os asustéis por las palabras que vienen a continuación; ni mucho menos, me toméis por una divinidad o algo parecido. Tan solo soy un ser humano de vuestro futuro, que intenta evitar el gran cataclismo que en mi presente, vuestro futuro, se avecina.

Después de lo que os habrá costado descifrar el criptograma con el que se encontraba velado este escrito, os extrañará, en sobremanera, haber hallado en él tan solo un cuento de hadas o un relato de pura ficción. Si continuáis con vuestro estudio, os daréis cuenta que eso no es así y por el contrario, daréis con la solución de los muchos enigmas que están contemplados en este relato histórico y en todas aquellas cosas y circunstancias que lo rodean.

Desde una colonia orbital de la estrella Tau Ceti, conocida como Atlantis, envié por mediación de una rudimentaria máquina del tiempo, el manuscrito que tienes entre manos y los dos manuales que le acompañan, hacia el pasado. El Ordenador –Una Máquina Inteligente– calculó las coordenadas del espacio y del tiempo para que un ánfora de titanio con memoria molecular cayera sobre algún punto de la Antigua Tierra, nuestro planeta de origen. La precisión temporal, aún en nuestro siglo XXIV de la presente Era, es bastante reducida, por lo que entendí que lo mejor para la humanidad sería que el ánfora, con su valioso contenido, fuese enviado muy atrás en el tiempo con la intención de posibilitarle su encuentro con una civilización humana que fuese capaz de descifrar su mensaje y de construir la puerta temporal que permita el tránsito –indistinto– de un tiempo a otro.

El ánfora está preparada para soportar los mayores rigores geológicos, en su viaje temporal. Sólo el contacto con el D.N.A., código genético humano, podrá producir la apertura automática del receptáculo. Uno de los escritos que se encuentran en su interior, éste que ahora lees, es la historia futura que os permitirá comprender el porqué de mis exigencias, justas exigencias, y el porqué es necesario que se alce una especie de orden secreta con la intención de proteger estos escritos, durante los siglos que posiblemente transcurran, hasta que lleguen a ser de alguna utilidad para vosotros.

Los otros dos documentos, todos en polímero incombustible, son libros técnicos. Uno os servirá para conseguir los medios económicos suficientes que permitan sufragar los enormes gastos, que intuyo, de tan magna empresa por medio de un método tan simple como es el de transformar los metales innobles en oro. Esta técnica fue desarrollada, lo será mejor dicho, a partir del siglo XXII, en el instante en que toda la Ciencia física de los siglos pasados se desmorone, comprobándose la terrible sencillez de los gluones, substancia que une las moléculas que conforman cualquier tipo de materia.

Fue paradójico que ocurriese con este hecho, lo mismo que sucedió en mi pasado con el descubrimiento del vuelo con ala delta. “La humanidad descubrirá el vuelo, en vuestro futuro, y conquistará muchos planetas que ahora son para vosotros tan solo puntos de luz en el firmamento estrellado” .

El ala delta y otros planeadores fueron desarrollados por la humanidad después de haber inventado aparatos que utilizaban una fuerza externa generada por medios mecánicos –motores– para poder despegar del suelo, mantenerse, maniobrar y desplazarse a través del aire. Por enésima vez, la humanidad descubrió antes lo difícil que lo sencillo.

Así sucedió, igualmente –perdonarme que os hable en pasado– con la transmutación de los metales y otras materias. En el siglo XX se pusieron de moda unos aparatos superconductores de electromagnetismo denominados como aceleradores de partículas y cuyas exageradas dimensiones eran enormes –cientos de kilómetros de circunferencia–, que permitían acelerar partículas atómicas primero, para hacerlas colisionar después; de este modo, conseguían dividir los átomos en partículas más pequeñas conocidas como subatómicas. Estas partículas, después, se podían unir a modo de arcilla dando lugar a otras moléculas diferentes, algunas inexistentes en nuestro presente universo como pueden ser los átomos de antimateria.

Se había conseguido, por fin, la transmutación de la materia; pero esta técnica, no sirvió en la práctica, ya que los costos de producción superaban con creces al valor intrínseco del oro. Una cosa es cierta, se habían sentado las bases para desarrollar una técnica, no tecnológica, tan simple como desconcertante. La Alquimia metalúrgica era posible. En el siglo XXII, casi por casualidad y por aficionados, se descubrió que una laboriosa técnica casera, con medios absolutamente naturales y rudimentarios era capaz de modificar la estructura molecular de diferentes minerales metalúrgicos. Esta técnica es la que os remito adjunto a esta introducción; ya que entiendo –permitirme que bromee– que en vuestra época no existirán, aún, los también denominados como supersincrociclotrones.

El otro manual permitirá, no a vosotros, sino a vuestros descendientes de finales del siglo XX, la construcción de la ya mencionada como puerta temporal. Máquina del tiempo que pueda ser detectada por nuestros "scaners" temporales del futuro y que haga posible el tránsito mutuo entre nuestros diferentes universos temporales. Ha llegado el momento, querido lector, en que os preguntaréis: ¿Por qué no has venido tú, o alguno de los tuyos, en lugar de enviarnos una extraña ánfora con unos manuales técnicos, aún más difíciles de comprender?

En mi presente, la máquina del tiempo está en proceso de investigación a partir de los replicadores de objetos, de alimentos y de los transportadores moleculares que se utilizan por las gigantescas naves de la Federación de Galaxias Unidas.

Pues bien, a pesar de que teóricamente se supone que puede enviar objetos o animales hacia el pasado o hacia el futuro, esto no ha podido comprobarse fehacientemente. La máquina del tiempo, hoy, sigue siendo una hipótesis de los teóricos. No puedo arriesgarme a enviar hacia el pasado a ningún ser humano, pues sigue existiendo la posibilidad de una desintegración molecular sin retorno.

Es necesario un receptor adecuado o puerta teleyectora. Y enviar, con el supuesto navegante, la tecnología necesaria supone un riesgo añadido de ilimitada importancia, pues se podría interferir con las civilizaciones que no estuviesen capacitadas tecnológicamente ni preparadas moralmente para poder asimilar algo a lo que ellos denominarían como mágico o divino. Tú, sin embargo, querido lector, has tenido que descifrar primero, con la ayuda de tus ascendientes, un Enigma. Eso nos permite suponer que, por lo menos, algunos de vosotros estaréis preparados para asumir las consecuencias del presente choque cultural. La tecnología que os adjuntamos, no obstante, no podréis desarrollarla, por falta de medios, hasta que se inventen los microprocesadores de silicio. Posiblemente, desconocido lector, no sepas a qué me estoy refiriendo; pero no tiene importancia. Déjalo.

El porqué de todo esto es tan simple como que: Si no intervenimos, el Universo se colapsará en lo que en mi actualidad conocemos como Big Crunch debido a la imparable, inconsciente y loca contaminación cuántica producida por la vieja tecnología humana. La Ciencia que permitió la Fisión nuclear primero, la utilización de la antimateria después y, como consecuencia lógica, el descubrimiento de los enigmáticos gravitones, capaces de dar lugar a diversas distorsiones cuánticas, fue iniciada a últimos del siglo XX.

Este cambio drástico, de la física, originó la posibilidad, por parte de la raza humana de colonizar el Universo conocido hasta la Gran Barrera –Gran Atractor– y transformar todo su entorno cósmico. Esa intervención, construyendo singularidades en el hiperespacio, agujeros de gusano en las inmediaciones de supercuerdas y agujeros negros, introdujo una constante caótica en el inestable equilibrio estelar. Como consecuencia de todo lo hasta aquí mencionado, atento lector, el hipotéticamente lejano Big Crunch se ha acelerado y según los cálculos más precisos, se encuentra a punto de comenzar.

¿Qué supone eso?

Te lo dije al principio, y siento hacerte partícipe de tan terrible responsabilidad. Es el fin del Tiempo de la Humanidad y, por lo tanto, de la Inteligencia en el Universo. Ya no habrá más Universo. Puedo evitarlo, con tu ayuda, si somos capaces de intervenir en los más altos foros científicos y hacer que las tecnologías culpables no se desarrollen.

Querido buscador, perdona que no me haya presentado, aunque por lo leído hasta aquí puedes suponer quién soy. Umberto Romero, Coronel en activo de la policía virtual, dependiente del consejo de planetas de la flota estelar. Actúo a motu propio y en solitario; ya que, de otra manera, todo podría irse al traste. De hecho, ya intentaron asesinarme, como has podido comprender.

El virus que me implantó el Consejo de Gestar se ha activado. Laura Star Light, mi Amor, suplementó la información que ya poseía. Ella y el Consejo de Gestar, parecen ser una sola cosa, me salvaron la vida cuando creía que eran los responsables del colapso de mis funciones vitales. Ahora, Laura me busca por motivos mucho más siniestros. Por el bien de todos, dice, tiene que eliminarme. Quizá tenga razón y sea lo mejor para todos, aunque no llego a entender el auténtico motivo; pero hasta que llegue ese instante, querido lector, espero terminar con mi trabajo.

Pero retrocedamos en el tiempo intelectual. Lo que a continuación viene es el resto de la historia.

 

LA ENFERMERA FANTASMA

–iLaura, Laura! ...¿Dónde estás Amada Mía? No me dejes por favor.

–Está delirando Doctor.

–No tiene importancia, enfermera, es una reacción natural al Tanque de Recuperación y a la anestesia sinérgica. Nuestro ilustre paciente se repondrá, en su totalidad, en cuestión de muy pocas horas.

–¿Dónde está la Enfermera Laura? –desperté encontrándome acostado en el lecho de lo que parecía ser el Hospital General de la Armada Espacial.

–Ha estado delirando, Capitán Umberto; pero ya ha pasado todo, de verdad, el Doctor Pérez dice que ya está prácticamente recuperado –hizo un gesto, señalando brevemente, con la palma de la mano, a su acompañante.

–Por favor, ¿dónde está Laura, Señorita?

–Cálmese Capitán, yo soy su médico –me tomó la mano el Doctor–. En éste Centro Médico no trabaja, que yo sepa, ninguna enfermera denominada con dicho nombre.

–Tiene razón el Doctor –intervino la enfermera para corroborar las palabras de su superior.

–Pero... pero – tartamudeé–, yo la he visto, se lo aseguro.

–Hace tan sólo un instante estuvo aquí acariciándome el cabello y enjugando mi abundante sudor con un suave pañuelo.

–Es natural, querido amigo –intervino el médico–, que en el estado de shock en el que se encontraba, haya podido tener alguna ilusión o ensoñación.

–Se lo juro Doctor, era absolutamente real –reafirmé mis palabras anteriores, llegando al punto de casi gritar.

–No lo dudamos Capitán; pero ahora debe usted descansar.

–Luego hablaremos, mientras tanto, Señorita Ruiz –miró taxativamente a la bella auxiliar–, vaya a recepción e intente descubrir si alguna mujer ha entrado en este hospital y en esta estancia.

–¿Qué características físicas tiene su... cómo se llama? iLaura! –me interrogó el Doctor, dirigiendo su inquisidora mirada hacia mi echada persona– iEscuche Enfermera!

–Es bellísima. .., perdone usted, Señorita.

–No, no. .., por favor. No tiene importancia. ¿Debe usted quererla muchísimo?

–Creo que sí.

–Díganos –continuó el Doctor con cierta impaciencia–, ¿cómo es de estatura, su color de pelo, forma de su cara...?, qué sé yo.

–Perdonen ustedes, comprendo que su tiempo es muy valioso. Laura tiene la cara finamente ovalada y sus ojos son de un verde más brillante que las esmeraldas. Su cabellera es de un raro color rojizo que pudiera parecer teñido; pero ella me confirmó que dicho tono era absolutamente natural consecuencia, quizá, de alguna mutación genética familiar.

–A pesar de su estatura –continué–, entre uno cincuenta y cinco y uno sesenta y dos, su inusual delgadez la hace parecer mucho más alta. Sobre todo cuando se la observa desde la lejanía. Sus brazos y piernas se encuentran perfectamente torneados y tanto su pronunciado busto, como sus caderas contrasta con la estilización del resto de su figura.

–No sé. .. Su nariz, su boca. Capitán intente describir sus facciones.

–Doctor, ciertamente, no sabría expresar tamaña belleza con palabras. Viene a ser algo así como el reflejo de un alma pura y cristalina. La perfección más elevada que pudiera yo imaginar; pero sin llegar a la frialdad marmórea de esas expresiones insípidas de las pasarelas de la Holovisión... Una nariz pequeña, un poco acaballada, que le concede un cierto grado de personalidad. Sus labios son carnosos pero menudos. Su dentadura es como una hilera de perlas de un blanco inmaculado y la profundidad de su mirada pareciera no ser de este Mundo.

–Creo que con estos datos ya tenemos suficiente. Vayamos fuera Señorita. A usted, Capitán Romero, le conviene descansar. Intentaremos encontrar a esa Laura; pero considere, igualmente, lo que le comenté anteriormente. Su Laura podría, muy bien, ser una obsesión del estado de delirio por el que ha pasado –habló en voz baja dirigiéndose a la enfermera–, todavía parece que no se le ha pasado del todo. Vaya parrafada estilo Shakespeare.

–No he dejado de tenerlo en cuenta Doctor, muchas gracias por su preocupación.

–¡Ah!... Otra cosa Capitán. El Almirante Contreras viene hacia aquí para preocuparse por su salud. Ya le he comentado que su situación se encuentra estabilizada. Parece apreciarle mucho.

–El bueno de Pepe.

–El doctor puso cara de asombro cuando mencioné, con tanta familiaridad, el nombre de mi Superior; pero tan sólo fue un brevísimo gesto en un más breve instante.

–Luego nos veremos Capitán –El médico salió por la puerta, siguiendo los pasos de la Enfermera Ruiz.

 

UNA COMPAÑÍA IMPREVISTA

Después de dormir un rato, me incorporé y empecé a juguetear con el holograbador personal que tenía en la mesita de noche. Entonces, recordé que algo importante, en relación con la identificación de Laura, había omitido decir al Doctor.

La vestimenta de mi amada consistía, exclusivamente, en un mono ajustado de polímeros transparente; el cual, dejaba descubiertos a la visión, tanto sus redondos y hermosos senos como su pelirrojo y provocativo pubis.

Hace ya, algún siglo que otro, la humanidad descubrió lo efímero de la moda y la inutilidad de la hipocresía, hallando, por enésima vez la magnificente belleza del desnudo humano. Yo solía llevar un mono color grafito, igualmente, de polímeros ignífugo. Esto, me daba la apariencia de un antiguo super héroe de los cómics del siglo XX. No obstante, ya no había remedio. El Doctor y la Enfermera Ruiz hacía ya algún tiempo que habían marchado.

Ahora, que volvía a tener, entre mis manos, el holograbador recordé la cantidad de veces que este chisme había sido vital para el esclarecimiento de muchos de los enigmas que durante mi carrera profesional había investigado. Lo diferente que resultaba de los enojosos trajes de inmersión virtual. La invención de este aparto se remonta a la última década del siglo XX y comenzó a denominarse como ordenador portátil o “notebook” primero para pasar a llamarse libro electrónico después.

Es cierto que aquella antigua tecnología había quedado obsoleta; pero permitió a los seres humanos el dejar de talar los tan necesarios árboles, de los cuales conseguían... ¿Cómo se llama?... La celulosa con la que, antaño, fabricaban el papel de los antiguos libros, revistas y diarios impresos. Mi libro electrónico difiere muy poco, en lo esencial, de aquellos primitivos microordenadores, ya que las principales actualizaciones de potencia y operatividad comenzaron a desarrollarse en aquella arcana época.

El diseño exterior es muy importante para que cada individuo pueda sentir un apego especial hacia su cacharro. Unos parecen hologramas metalizados, cuyas portadas centellean con luminosas iridiscencias; otros como el mío, intentan recrear la estética de los primitivos libros, pareciendo un libro de cuero repujado y letras impresas en oro virtual.

Libro de trabajo del Capitán Umberto Romero.

Al abrir el holograbador, lo primero que llama la atención es que sólo posee unos micro sensores que hacen la función de cursor y un pequeño pulsador rojo para el encendido así como dos pantallas TFT de plasma de última generación. Una a cada lado, imitando sendas páginas de sus homónimos impresos.

Concretamente, el mío, está conectado ininterrumpidamente, por medio de radiofrecuencias subespaciales, con el Ordenador Central de la Federación de Galaxias Unidas; pero también permite, por medio de una pequeñísima abertura exterior, la inserción de micro cristales de holodiamante, cuya lectura se produce por el sistema de interferometría láser. Una vez introducido el microchip de memoria holográfica, el libro electrónico se transforma, automáticamente, en un lector inteligente de literatura o información temporal desechable.

Su manejo es tan simple como la utilización de los sensores de cursor en combinación con el micro pulsador rojo de puesta en marcha. Su desconexión es automática; pero si lo que deseo es transformarlo en el potentísimo terminal informático virtual, que en realidad es, tan sólo tengo que tocar simultáneamente el encendido y uno de los cursores. Entonces y sólo entonces, una de las pantallas de plasma se transforma en un utilitario teclado virtual que amplía, infinitamente, las posibilidades de detección integral de voz que ya trae de por sí este aparato.

Empujando un pequeño microrruptor que se encuentra disimulado estratégicamente, entre los pliegues del repujado polimeral, el lomo se desplaza, a modo de plumier, descubriendo una cavidad que oculta unas pequeñas gafas plegables de cristal líquido autograduable y que permite por medio de unos emisores y sensores de infrarrojos, la interacción virtual con el holograbador. Para los individuos que, como yo, sentimos una terrorífica fobia a los trajes de caucho de navegación virtual, nos supone un alivio y descanso de tan incómodas y artificiosas prendas.

¡Cuántas vidas arbóreas salvó lo que tengo entre mis manos...!

–Pero.... lo que costó implantarlo a últimos del siglo XX, debido a los intereses transnacionales de las poderosas industrias papeleras.

–Querido Umberto, ¿cómo te encuentras... hijo mío? –El Almirante Contreras, por fin, hizo aparición en mi cuarto; pero iba acompañado de alguien a quien tan sólo conocía por mis pesquisas virtuales.

–Veo que te encuentras como un roble –prosiguió–, le presento al Capitán de la policía local, Don Álvaro Rubio.

–Con Álvaro basta, Almirante –replicó aquél mientras nos saludábamos– muchas gracias.

–Encantado de conocerle en persona, Capitán Rubio.

Tras habernos estrechado las manos, el Almirante Contreras me propinó un abrazo y sus lágrimas escurrieron brillantes por sus rosadas mejillas.

–Temimos lo peor Umberto. No sabes lo contento que me encuentro de que todo haya pasado sin daño para tu persona. El Doctor Berenguer me ha explicado que te dará el alta en breve.

–¿Saben quién ha intentado asesinarme?... Señor.

–Deja ya lo de señor a un lado; además qué caray, todavía estás dado de baja –apostilló poniendo una expresión de enfado que adornaba, curiosamente, su vieja y arrugada cara.

–Por increíble y extraño que pueda parecer –intervino el inspector de policía Álvaro Rubio–, todo hace suponer que usted fue el asesino de mi subordinado el Teniente García, cuando se encontraba en una investigación no autorizada y, usted mismo, quien intentó acabar con la propia vida de usted.

Mi cara debió de ponerse blanca, pues me estremecí al escuchar las palabras que había pronunciado el inspector; pero más me extrañó el comprobar cómo el efecto que ocasionaban esas palabras en mi expresión, producían una abierta y permanente sonrisa en el Almirante Contreras. Lo curioso del caso era que los fonemas utilizados por el Inspector parecían ser sacados de una lata de conservas sin ningún animo de acusación o matiz despectivo.

–Tranquilícese, Capitán Romero. Todos sabemos que usted no pudo cometer los crímenes, aunque las pruebas, contra su persona, pudieran parecer irrefutables; pero lo cierto, estimado colega, es que los humanos todavía no hemos logrado el poder de estar físicamente en dos lugares al mismo tiempo, salvo virtualmente, claro está. Usted no pudo ser. Alguien debió de utilizar su imagen para implicarlo por oscuros motivos que no llegamos a vislumbrar.

–Ahora comprendo –interrumpí a mi interlocutor–, por qué me pareció ver reflejado mi propio rostro en el anticuado monitor de Andrés Boniato “El Otro” y por qué me pareció volver a verlo cuando realizaba el amor con...

–Efectivamente –ahora fue el Almirante quien me interrumpió–, alguien está utilizando tu imagen virtual para intentar..., creemos implicarte en los asesinatos; pero ¿por qué?

Por un instante, la imagen de Laura se me cruzó por la mente. ¿Sería ella quien utilizaba la Intima para cometer los asesinatos? Casi, no me cabía ninguna duda. No obstante, había muchas piezas del “puzzle” que no encajaban. ¿Por qué no me destruyó totalmente? Poder tenía para haberlo hecho. Sin embargo me dejó vivir y sobre todas las demás cuestiones, ¿cuál podría ser el móvil que uniese todos los asesinatos? ... En definitiva, seguía sin saber nada de nada y lo peor de todo, la persona a quien yo más amaba, Laura, seguía siendo un enigma irresoluble en mi historia personal.

–¿Me supongo que mientras me encontraba en coma, habrán continuado las indagaciones por donde yo las dejara?, pero yo les pregunto, Almirante y Capitán, les pregunto, ¿alguna mujer ha podido ser la causante de estos sucesos?

–Extraña pregunta Capitán –contestó el Inspector Rubio con una dura y poco amigable expresión–. Eso debería decírnoslo usted. Acaso... ¿duda usted de alguien a quien no quisiera incriminar?

–No. no.... en absoluto, es que yo...

–Laura Star Light –mis pómulos se debieron de pigmentar de un blanco inmaculado cuando Pepe Contreras, mi Superior y Amigo pronunció el nombre de mi amada–, acaso ¿dudas de ella?

La extrañeza se convirtió en una especie de shock emocional cuando intenté descubrir la posible relación que podría existir entre mi amada Laura y el Almirante.

–No debes preocuparte Umberto –continuó contestando a mi terrible y sagrada duda–, la señorita Star Light pertenece al Cuerpo Especial de la Policía Secreta encargada de la protección personal de la presidencia Interfederal. Yo mismo, indiqué que fuese ella la encargada de tu protección. Temíamos que pudieras sufrir un atentado, como realmente así ha sido. Umberto amigo mío, Laura es la persona más capaz de todo el Servicio Secreto para llevar a buen puerto misiones de un alto riesgo.

–Pero... ¿por qué Laura, por qué una mujer?

–Todavia Hoy, en pleno siglo XXIV, tenemos discriminaciones sexistas –interrogó, afirmando, el Capitán Rubio.

–No. ..yo es que. ..

–Tranquilo Umberto, el Capitán y yo sabemos que este no es el mejor momento para que digas las cosas que realmente sientes. Estás convaleciente –me disculpó el Almirante.

–Tiene razón Señor, debe de tratarse de algo inconsciente e inherente a los genes masculinos de la raza humana, por tantos siglos de discriminación.

–¿Cuándo podré conocer a Laura en persona? –pregunté.

–Ya la ha conocido, estuvo aquí cuidando de usted y además no hace demasiado tiempo –contestó a mi pregunta el inspector Rubio.

–Pero... el Doctor Berenguer y la Enfermera Ruiz me dijeron que...

–Tranquilo Umberto, no se excite. Volverá a verla. El brillo de sus ojos le dicen a este anciano decrépito que se encuentra irremediablemente enamorado. Este amigo suyo le dice que tiene usted una suerte infinita, golfete. Es correspondido, Laura me lo dijo. Pero también debes entender que la Agente Star Light se encuentra de incógnito en Viejatierra. ¿Cómo podrían saberlo un doctor y una simple enfermera, aunque como en este caso se trate de funcionarios militares del Hospital General de la Armada?

–En cuanto le den el alta, se incorporará al servicio activo y viajará hasta el Sistema de Tau Ceti en compañía del Capitán Rubio.

–¿A cuento de qué, Almirante?

–En el anillo orbital de Daison que circunda una de las enanas marrones, se encuentran muy adelantadas las investigaciones sobre la máquina del tiempo y...

–¿Máquina del tiempo? ¡Eso es imposible! –interrumpí.

–Sí, máquina del tiempo, por imposible que parezca, no se extrañe –apuntó el inspector.

–Estamos convencidos –continuó el Almirante–, que algo relacionado, mejor dicho; alguien relacionado con esos trabajos es quien está cometiendo los asesinatos y quien pretende involucrarlo en dichos decesos por motivos que se nos escapan.

–¿Se sospecha de alguien, en concreto? –pregunté.

–Eso tendrá usted que averiguarlo, estamos en blanco.

–Con su ayuda, inspector Rubio, supongo ¿no es así? –dirigí mi mirada inquisitiva hacia mi igual.

–Si usted me lo permite, Capitán.

–Quiero creer, que cuando entraste en esta estancia querías que te llamase Álvaro, ¿no es así?

–Por supuesto Umberto –los tres nos echamos a reír.

–¿De qué modo viajaremos hasta la Estación de Tau Ceti Almirante?

–Cogerán una Lanzadera con la que transbordarán hasta la Nave Insignia de la Federación “La Emprendedora”. Viajarán a velocidad sublumínica hasta más allá de la Esfera de Orth, habiendo hecho escala, previamente, en Marte y en Ganímedes o Europa. Ustedes decidirán. Una vez que hayan superado la nube de cometas, el Capitán de la Emprendedora ordenará a su tripulación, abrir un agujero de gusano para crear un vórtice en el Espaciotiempo. Esto les posibilitará el viaje prácticamente instantáneo hasta las proximidades de Tau Ceti.

–Enhorabuena, señores –continuó–, y que tengan un buen viaje. Con respecto a Laura Star Light, amigos míos, nunca se encontrará muy lejos de ustedes para sacarlos de cualquier situación peligrosa; pero les ruego encarecidamente que no la busquen. Cuando llegue el momento apropiado, ella misma se dará a conocer.

 

 

LA NOVELA HORIZONTE QUÁNTICO FUE CONCLUIDA EN EL AÑO 1998, Y REGISTRADA EL 17 DE NOVIEMBRE DEL MISMO AÑO.

-CONTINUARÁ-

- Capítulo 7: 'Rumbo al espacio'-

 

 
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