| ADIÓS VIEJATIERRA
Atrás quedaba Megalópolis
13, una más entre las veinticinco cúpulas
de hormigón, acero y aluminio transparente que
aún permanecían en pie en lo que quedaba
de Viejatierra. El rojizo cielo del planeta así
cómo la enorme esfera naranja que brillaba mortecinamente
en aquél, nos hacía recordar tanto al
Inspector Alvaro Rubio como a mí, lo equivocados
que habían estado los científicos de pasadas
épocas y que se dedicaban al estudio del Cosmos
y del espacio exterior.
Cuatro mil seiscientos millones de
años llevaba la estrella conocida como Sol iluminando
la obscuridad del firmamento como una vulgar y pequeña
estrella amarilla. Aún le quedaban otros tantos
años, decían, antes de que se transformara
en una gigante roja para terminar su vida como una enana
blanca que se fuera apagando muy, muy lentamente; pero
no contaban, entre sus cálculos, con los principios
del Caos descubiertos por el meteorólogo Lorentz
a mediados del siglo XX. Y mucho menos, que el equilibrio
inestable que mantiene al Universo fuera quebrado por
la energía utilizada en los viajes espaciales
de la especie humana.
Era el comienzo del fin para Viejatierra;
pero también había sido el principio del
fin para el resto del Sistema Solar, para toda la Galaxia
y para todo el Universo que se extiende hasta mucho
más allá de la Gran Muralla. Cada treinta
minutos, en algún lugar del mundo estrellado,
se originaba alguna singularidad con el fin de abrir
una brecha en el espaciotiempo que permitía los
vuelos hiperlumínicos.
El Gravitocar, en el que mi acompañante
y yo nos dirigíamos a la plataforma de lanzamiento
del transbordador espacial, también disponía
de una batería de duración ilimitada constituida
por una singularidad cuántica encapsulada en
un campo entrópico constituido por un superconductor
refrigerado al cero absoluto. Millones de millones de
vehículos similares circulaban por los planetas
terraformados de cientos de sistemas estelares de multitud
de galaxias.
Cientos de miles de aeronaves y cruceros
espaciales utilizaban los gravitones para su navegación
interplanetaria e intergaláctica. Mi propio holograbador,
los cinturones emisores de campos de fuerza y hasta
los mismos relojes de pulsera utilizaban diminutas células
con distorsiones cuánticas para su funcionamiento.
Cuatro millones quinientos mil años
terrestres le quedaban de vida útil a nuestra
estrella amarilla; eso decían, pero nadie contó
con la contaminación gravito cuántica
y de antimateria que la humanidad Ilevaría como
terrorífico legado hasta los confines del Gran
Atráctor. Ahora, nadie podía prever el
auténtico tiempo que le quedaba a ese monstruo
agonizante que se había tragado, en su expansión,
a su hijo Mercurio y que estaba a punto de hacer lo
propio con la Diosa de la Belleza.
Todos sabíamos que no faltaba
demasiado para que la corrosiva atmósfera de
Venus fuese expulsada del planeta y éste engullido
inexorablemente. Después le tocaría su
turno a Viejatierra y después la Vida en Marte
sería imposible. Todo volvería a ser helado
e inmóvil cuando el gigante rojo se colapsara
hasta adquirir el tamaño de Viejatierra.
Atrás quedaban los oxidados
pilares de hormigón enfermos de aluminosis. Las
cúpulas metacristalinas parecían enormes
hongos harapientos cuyos cuerpos estaban inundados de
una espesa capa de hollín. Al fondo, algunas
nubes blanquecinas jugaban al escondite con el smog
violeta que teñía inexorablemente una
gran porción del cielo y que antaño fuera
azulada.
El suelo terrestre más parecía
un paisaje exportado del pasado de Marte, en dramático
concubinato, con el efecto invernadero del sulfuroso
Venus. Piedras sobre escombros. Dunas de arena rojiza
y quemada. Mucha arena cargada de radioactividad. Rayos
gamma atravesando la atmósfera en compañía
de los asesinos ultravioletas. Extintos árboles
petrificados, en unos casos y carbonizados en otros.
Nada de hierba, nada de ríos mares o lagos, sólo
ácido soledad y muerte.
Mientras el antiguo Gravitocar proseguía
su automático viaje, el Capitán Alvaro
Rubio y yo, intercambiamos puntos de vista e información
en relación con los hechos acontecidos en los
últimos días.
-Capitán Romero, supongo que
llegó a investigar la muerte del Teniente García
¿no es así?
-Umberto, por favor, llámame
Umberto -Alvaro asintió con un gesto-. Lo cierto
es que su oficial se lo buscó.
-No me cabe la menor duda, José
era una bellísima persona; pero comprendo que
algo rudo, un poco cabezón y demasiado testarudo.
..
-Demasiao echao palante.
-¿Chulo?
El Inspector Rubio negó repetidamente
con la cabeza.
-Ingenuo, diría yo, querido
amigo. Demasiado ingenuo e indisciplinado ya que, maldito
sea -su rostro se enfureció- desobedeció
mis órdenes de que no siguiese con esta puta
investigación; por cierto ¿llegó
a transmitirle los datos referentes al Caso del Otro,
el Boniato ese.
-Te refieres a ¿Andrés
Boniato?... No, no del todo. Por lo menos directamente.
De hecho, la información que poseo ha salido,
exclusivamente, de los restos de la memoria holográfica
de sus respectivos terminales informáticos. Alguien
se ocupó de borrar la información; pero
por lo que parece, o no supo hacer el trabajo con la
suficiente limpieza o simplemente no le dio tiempo.
-¿No me habrá investigado
a mí? -sonrió Álvaro mientras me
interrogaba sin perder una pizca de ironía.
-No había motivo, colega, tan
sólo la conversación que el teniente mantenía
grabada cuando descubrieron el asesinato virtual. Usted
me vendrá muy bien en la investigación.
-De tú, por favor.
-Claro, claro. ..Tengo entendido que
en las gigantescas Espacionaves de la Flota Estelar
existen salas holográficas de realidad virtual.
Allí podremos continuar la investigación;
además, me apetece volver a visitar al insecto
de Minium Acarus Bacteri.
-Perdona... pero... -La duda se reflejó
en el rostro de mi acompañante.
-Disculpa tú, pensaba que estarías
al tanto.
-Hay muchas cosas que no entiendo y
otras tantas que desconozco. Como ejemplo te diré
¿por qué tenemos que hacer escala en Marte
y en uno de los satélites de Júpiter?
-El Almirante Contreras es como un
padre para mí. Estoy convencido que después
de mi accidente virtual, debió mandar estudiar,
con detenimiento, la información contenida en
mi holograbador personal y. ..
-Ya entiendo. .. ¿alguna visita
a posibles testigos?
-O posibles sospechosos de asesinato.
Aparentemente, tan sólo son unas prostitutas
de la “Intima”; pero nunca se sabe. Además
la distancia a efecto de comunicación entre las
lunas de Júpiter y la Tierra me distorsionan
el periodo temporal de investigación. Necesitamos
acercarnos más para que no les dé tiempo
a preparar las respuestas. Necesito ver sus gestos cuando
contesten. Hay ocho minutos en radiofrecuencias. Las
frecuencias subespaciales sólo pueden utilizarse
en el espacio intergaláctico por medio de repetidores
cuánticos. Abrir una singularidad para las frecuencias
subespaciales, dentro del Sistema Solar, supondría
un Caos absoluto.
-Comprendo Umberto.
-Ahora dígame -pasé a
la ofensiva-, dime que te trae por aquí. ¿Qué
interés tienes en acompañarme? -sonreí
seriamente.
Alvaro Rubio pareció no extrañarse
por la pregunta que le había hecho.
-José García, el Teniente
García era mi sobrino. El único que tuve
de mi hermana Luisa. Ella fue ingresada en un sanatorio
-las lágrimas estuvieron a punto de escurrir
por sus párpados-, los médicos no saben
si saldrá de la conmoción que le aqueja.
Si Luisa muere, habré perdido lo único
que me quedaba de familia.
-Entiendo -respondí, compartiendo
su tristeza.
El enjuto inspector tosió levemente
y se echó las manos a la boca para limpiarse
algún cuajaron de sangre. Las plataformas de
lanzamiento de las lanzaderas espaciales habían
cambiado muy poco en los últimos años;
ya que la humanidad seguía dependiendo de los
combustibles químicos para poner en órbita
a sus navíos espaciales en Viejatierra, ya que
los Transportadores y Teleyectores de materia no podían
utilizarse en una atmósfera tan contaminada de
radiaciones.
Otra de las incongruencias de la humanidad,
pues se pensaba que los iones de gravitón podrían
acelerar la destrucción de la capa de ozono del
planeta. Hoy, ya no existe la capa de ozono. El rojo
Sol no permite que los gases de la atmósfera
superior permanezcan atados a la gravedad del núcleo
ferroso del planeta; pero ya se sabe, el hábito
hace al monje y tantos años llevaban los humanos
jodiendo la jodida capa gaseosa con los jodidos cohetes,
que ya todo daba igual. La costumbre adquirida era lo
importante, no el bienestar de los hombres. Aunque desde
otro punto de vista, si los vehículos de gravitón
fuesen utilizados para atravesar la atmósfera
de Viejatierra, Dios sabe qué podría ocurrir,
a lo peor ya no tendríamos ni Tierra.
-Hemos llegado amigo Umberto.
-No olvide ajustarse el cinturón
-previne.
-Claro, sin el campo de fuerza nos
freiríamos en esta atmósfera radioactiva.
Las puertas de metacristal polarizado
se plegaron y pudimos bajar del viejo y mal cuidado
gravitocar.
El cinturón consistía
en un sensor unido por la hebilla a una pila cuántica
que proporcionaba energía a un superconductor
circular ubicado en la propia estructura del cinto.
Al pulsar el sensor, se desplegaban dos campos magnéticos.
Uno hacia lo alto cerrando el circuito con una especie
de birrete por un lado y con las muñequeras de
los guantes por otro. El segundo campo de fuerza se
cerraba en unas pulseras situadas en las tobilleras
de nuestras botas.
El campo generado formaba una especie
de jaula de faraday que aislaba todo lo que se encontraba
bajo su cobertura, del inhóspito mundo exterior.
Incluso era posible utilizarlos en el espacio exterior,
por breves instantes, ya que el propio campo generado
impedía el escape del oxigeno acumulado en su
interior.
La enorme torre de lanzamiento daba
servicio a los gigantescos Atlas de quinta generación.
Dichos cohetes impulsarían a nuestro vehículo
de transporte interorbital hasta una órbita media,
en la que se encontraba atracada “La Emprendedora”.
Para ojos profanos, ver la gigantesca estructura del
XLS de clase Voyager viene a ser como presenciar al
antiguo Pájaro Azul vertical sobre sus toberas
de reacción.
La estructura de titanio del XLS poseía
memoria molecular controlada por diminutos nanobox.
Dichos elementos impedían que su desnuda piel
sucumbiese al roce de la atmósfera terrestre
ya que los nanobox reparadores se ponían en funcionamiento
en el instante que se detectaba algún tipo de
daño.
-Sujétese, fuertemente, al asiento
amigo Romero.
-Por la cuenta que me tiene, así
lo haré -realicé una mueca de desagrado.
Los potentes impulsores de la lanzadera
rugieron ferozmente con la fuerza titánica de
cientos de toneladas producidas por la ignición
del queroseno y del oxigeno liquido. La terrible presión,
tan sólo nos permitía pensar en nuestra
propia supervivencia; pero durante un breve instante
pude tener un recuerdo doloroso. Una amarga añoranza
de lo que allí abajo dejábamos y de lo
que otrora fuera Viejatierra.
LA EMPRENDEDORA
Lo que a larga distancia parecía
un punto irreconocible, se fue transformando en un disco
de aleaciones metálicas enorme. Allí se
encontraba majestuosa la nave de la Flota Estelar que
nos conduciría hasta Tau-Ceti. Con su kilómetro
largo de diámetro fue terminada a mediados del
siglo XXIII. Era el objeto artificial móvil más
grande construido por los humanoides. Sus tres capas
consecutivas de titanio con memoria molecular, plomo
y acero inoxidable contaban con multitud de microcavidades
para los nanobox reparadores. Su estructura ocultaba
un gigantesco anillo superconductor que era refrigerado
a menos doscientos treinta grados kelvin por enormes
turbinas lineales.
Este sistema había sido ideado
a finales del siglo XX por los profesores Robert Zubrin
y Dana Andrews. El Velamag, así lo denominaron,
fue construido, en principio, como un sistema de propulsión
magnética capaz de navegar y arrastrar una pequeña
nave tripulada por unos pocos pasajeros; pero el Almirante
Nelson Picard, a mediados del siglo XXI, comprendió
la inutilidad de tal sistema como propulsante, ya que
se habían descubierto los principios de la antimateria
y de los gravitones.
Después de recabar la ayuda
de la Federación de Planetas Unidos, puso a cientos
de miles de operarios y a cientos de transbordadores
a trabajar en la construcción de una gigantesca
superestructura que cubriese la totalidad del círculo
formado por el anillo del Velamag.
La misión principal del Superconductor
fue dejada de lado y en su lugar se instaló un
poderoso motor de plasma y de antimateria capaz de convertir
los átomos de hidrógeno del Universo,
utilizando como catalizador minerales de litio tricristalizado,
en iones de gravitón. Y utilizándo el
esqueleto principal como generador de una matriz energética
que contuviera un campo de fuerza basada en el electromagnetismo
y denominado como de Zubrin-Andrews.
Mi acompañante, Alvaro Rubio,
no mostró el más mínimo interés
en la gigantesca astronave, que cada vez más
cerca, nos aguardaba con su belleza tecnológica
imponente y centenaria, ya que en sus misiones de investigación,
había sido pasajero habitual de estas superestructuras;
pero yo, un simple investigador de la Red Virtual del
Sistema de Viejatierra, tan sólo las conocía
por medio de los hololibros de texto de la Academia
de los Cuerpos Especiales.
A mis cuarenta y cinco años
de edad, era la primera vez que me atrevía a
aventurarme más allá del Sistema Solar.
Sólo los cruceros estelares como “La Emprendedora“
eran capaces de realizar viajes interestelares, por
sus propios medios, ya que sólo sus potentes
motores de plasma y escudos Zubrin-Andrews eran capaces
de abrir y soportar las inclemencias de los agujeros
de gusano, en casi cualquier parte del Universo, exceptuando
las inmediaciones de los sistemas planetarios.
Ya, a mediados del siglo XX, se comprendió
que el espacio no estaba vacío y que ninguna
nave de composición material podría viajar
por él a velocidades cercanas o superiores a
la de la luz, ya que cualquier impacto contra el casco,
de algo similar a una mota de polvo o un copo de nieve,
haría saltar las naves por el “aire”,
por muy blindadas que se encontrasen sus estructuras.
Tan sólo construyendo atajos en el hiperespacio,
donde se encuentran los pliegues dimensionales del Universo
se podría viajar de unas estrellas a otras o
de unas galaxias a otras, a velocidades inimaginables
y casi instantáneas.
-Umberto, por favor, comprueba tus
cinturones de seguridad. Estamos a punto de atracar.
-Gracias Alvaro -comprobé la
seguridad de los arneses electroneumáticos-,
estaba tan absorto en la enorme belleza de este supercacharro
que estaba fuera de Ia realidad-. Gracias otra vez por
el aviso.
-No me digas que nunca has estado en
una ciudadela interestelar como esta.
-Te lo digo Alvaro, créetelo,
Lo más lejos que me he separado de Viejatierra
fue cuando tuve que servir en el cinturón de
cometas de Kuiper, antes de la nube de Orth, cuando
tenía veinte años, en el servicio militar
voluntario de la Armada del Sistema Solar.
-¿No has pasado la gran nube
de cometas? ¿No conoces los planetas de Alpha
Centauri y las estaciones orbitales de Próxima?...
Eres, amigo mío, un auténtico dinosaurio.
Sí, un topo dinosaurio.
-Tú lo has dicho, compañero.
Sé que existen la Esfera de Dyson de Tau-Ceti
y las múltiples colonias de Magallanes y Andrómeda
por los libros y revistas mundanos que visualizo en
mi holograbador; pero. ..
-Pero, ya hemos llegado Umberto.
Se pudo escuchar un suave silbido,
debido a la descompresión, y se abrió
el enorme escotillón del transbordador. La Lanzadera
había estacionado en el espaciopuerto de la “Emprendedora”
.Bajamos con la ayuda de un aero deslizador que había
sido acoplado, a propósito, a la base del escotillón.
Unos metros abajo nos esperaban tres
tripulantes que por sus insignias parecían ser
el Capitán y dos comandantes de servicio.
-Encantado Capitán Tesauros
-saludó el Inspector Rubio a uno de ellos, estrechándole
la mano-, le presento al Capitán de las fuerzas
especiales de Info-Red Umberto Romero.
-Espero que tenga una buena travesía
hasta Tau-Ceti -me dirigió una sonrisa y nos
saludamos-, en esta vieja lancha.
El Capitán Jaime Tesauros Kirchof
era un sujeto musculoso pero no excesivamente corpulento
y de unos treinta y cinco años de edad. Su propia
juventud y su mirada serena me dieron cierta confianza
para tratar con él. El pelo rubio y lacio contrastaba
con su bronceada tez. Esta última característica
me hizo pensar, con razón, que el jefe de oficiales
era muy amigo de visitar los solariums virtuales de
la “Emprendedora” .
-Les presento -continuó el Capitán
con el protocolo-, al primer comandante Javoc. Antonio
Javoc y a Hércules Monzón mi Jefe de Seguridad.
Después de los prolegómenos
nos condujeron a los turboascensores. En el camino y
para abrir boca entablamos una conversación intrascendente
referente a lo bien o mal que habíamos pasado
el rutinario viaje en transbordador -Ya saben los teletransportadores
son muy peligrosos en Viejatierra -dijo.
-Amigos -continuó el Capitán
Tesauros-, todo lo vieja que es ésta Nave lo
tiene de novedosa. Lleva operativa cerca de un siglo
y medio; pero el mantenimiento continuo y las reparaciones
de última tecnología han hecho que las
modificaciones y perfecciones de su estructura sean
constantes.
-Comprendo Capitán -dije-, ya
que se utilizó tantísimo tiempo en construir
el Velamag y transformarlo en un gigantesco platillo
de titanio, murieron muchos astronautas durante su construcción,
entiendo que una Obra tan Magna no puede ser ideada
para ser utilizada por un breve espacio de tiempo.
-Efectivamente, Capitán Romero
-confirmó mis palabras Javoc, el Primero. Su
rubio cabello, cuyas mechas reflejaban la luz fluorescente
de las paredes y el techo, contrastaban con su morena
piel perteneciente a un chaval de unos veinticinco años
de edad.
-Cada vez que se emprende la construcción
de uno de estos navíos -continuó-, es
necesaria la cooperación de varios sistemas confederados
de planetas. Como ustedes bien saben, esta no es una
nave de guerra; pero va suficientemente pertrechada
para hacer frente a posibles ataques por parte de los
piratas mutantes que se esconden en los cometas y asteroides
no reconocidos por los sistemas planetarios. No podemos
exponernos a perderla ni a ella ni a los más
de mil pasajeros que habitualmente habitan temporalmente
en sus amplias habitaciones.
-¿Me está diciendo que
“La Emprendedora” va armada con cañones
de Luz de Argón Rectificada en Fase? -interrumpió
Alvaro Rubio.
Hubo un breve silencio que pronto fue
interrumpido por el Jefe de Seguridad.
-Señores, este crucero estelar
va equipado con los más sofisticados equipos
de defensa y contraataque. Efectivamente, como dice
mi compañero, no es una nave de guerra; pero
estamos equipados para hacer frente a condiciones más
que adversas sin sufrir el más mínimo
daño. El turboascensor llegó a su destino.
-Ahora señores, mientras mis
hombres llevan sus equipajes a las habitaciones, me
gustaría mostrarles algunos de los entresijos
más importantes de mi “Emprendedora”
-Con mi, demostraba el Capitán sentir un innatural
afecto por su nave que transcendía lo que pudiera
sentirse por un enorme armazón de metal y polímeros.
Nos condujo a la Sala de Mandos o Puente
de Control. Por el camino comprobamos que varias razas
humanoides de carácter inteligente así
como mutantes, androides y cyborg formaban parte de
la tripulación. Goriloides, chimpas y pelirrojos
orangos, cuyos progenitores habían sido mutados
genéticamente, iban debidamente uniformados,
manteniendo no obstante, una cierta inclinación
característica de sus especies primitivas.
Su colaboración de bis a bis
con el resto de la tripulación era evidente y
por lo que parecía eficaz, tanto en los trabajos
de conservación y mantenimiento como en los de
dirección de diversos departamentos de la propia
nave. No me extrañó cuando un esbelto
y afeitado orango, en ropas de paisano, se dirigió
a una encantadora y bella señorita que llevaba
en sus brazos a un simpático mestizo. Lo arrebató,
con ternura, de los brazos de su madre y le propinó
un sonoro beso. Después hizo lo propio con la
que debía de ser su compañera sentimental.
El Capitán nos dijo que muchos
humanoides que por diversas enfermedades no podían
vivir en sus planetas de origen, eran reclutados, voluntariamente,
para formar parte de las tripulaciones de la Flota Estelar.
Estos Cyborg realizaban diversos trabajos especializados
que por sus características propias no podían
ser desarrollados por humanoides normales o por androides
totalmente electromecánicos.
Los Bioborg tenían implantados
órganos y miembros de titanio que por accidentes
o malformaciones habían perdido. Estos miembros
mecánicos eran carísimos; pero permitían
que sus poseedores pudieran tener una vida normal y
completa. Los Neuroborg poseen situado en el Cerebro,
un Sistema Microelectrónico de Detección
electromagnética con Discriminación de
Interferencias y Decodificador Neural, así como
una sofisticada Microcircuitería de Memoria Molecular
de alta tecnología que les permite superar sus
retrasos innatos o producidos por pérdida de
masa encefálica.
Los Neuroborg son los ayudantes de
los pilotos de la Nave. Una enorme estructura de policarbonato
cristalino ocupaba una parte importante, a modo de ariete
o mascarón de proa, en la sala de mandos. Era
una gigantesca piscina de agua tratada químicamente,
cuyas azuladas aguas dejaban ver claramente a tres bellos
y magníficos ejemplares de delfín.
-Amigos visitantes, les presento a
la familia García, pilotos jefes de “La
Emprendedora”, Flipper García, Piloto Principal.
Naomí García, Segundo Piloto y Lidia García,
la pequeña del grupo y Copiloto auxiliar y Alférez
de Navío. Hice una mueca de extrañeza,
con mis labios, al escuchar nombres y apellidos humanos.
-El macho se llama ¿Flipper?
Capitán -pregunté asombrado.
-A los Jefes de pilotos de la Flota
Estelar, les gusta que se les llame de dicho modo; no
obstante, ellos tienen sus propios nombres pero son
intraducibles e invocalizables -continuó con
un débil susurro-, les molesta enormemente que
se les denomine como delfines o cetáceos. Les
gusta ser tratados como individuos, personas.
También sabia, por mis estudios
en la Flota Estelar, que sólo los cetáceos
tenían la capacidad de llevar a buen puerto a
las Naves Hiperespaciales. Tan sólo los super
inteligentes delfines u otros de sus primos podían
trazar un rumbo por los agujeros de gusano y seguir
las rutas serpenteantes por los entramados pliegues
dimensionales a los que conducen las singularidades
cuánticas. Sólo ellos eran capaces de
detectar el punto de perforación tanto de entrada
como de salida, dónde situar el vórtice
que a modo de torbellino en un embudo engullese o escupiese
a la Nave Estelar a muchos periodos kiloparsec de su
lugar de origen.
Continuamos saludando, siguiendo el
protocolo, al trío de pilotos acuáticos
y ellos nos devolvieron los saludos, afablemente en
nuestro propio idioma gracias a la tecnología
del Traductor Universal que se encontraba íntimamente
acoplado al Ordenador Bioneural del navío. Esta
maravilla estaba constituida por moléculas orgánicas
en perfecta convivencia con micro estructuras de nanobox
y nanocircuitos de silicio y argón.
Nuestros anfitriones también
nos mostraron a otras de las más extrañas
criaturas del Universo, las conocidas como Medusas de
Plasma que habitaban en el extinto Júpiter.
-Estas son algunas de las cien medusas
inteligentes que rescatamos del planeta gaseoso Júpiter
antes de que fuera bombardeado con una singularidad
y reconvertido en una estrella de baja magnitud.
Las luminosas y etéreas criaturas
parecían fulgurar con una luz propia y sus cristalinos
tentáculos se posaban incesantemente sobre el
casco de la nave convirtiendo sus movimientos en un
vals rítmico y disonante.
-Todas las medusas que se conocen -continuó
el Capitán-, trabajan para las supernaves tipo
Inter-Galaxias, de la Flota Estelar y su principal función
es ayudar en las reparaciones del casco exterior, así
como al mantenimiento adecuado de las colonias de nanobox,
que como ustedes deben saber son microscópicos
robots autorreplicantes que se encargan de las reparaciones
más precisas y peligrosas, ya que forman parte
de la memoria molecular del casco de la Nave.
-Pero esos seres no pueden vivir en
el espacio exterior -afirmó el Inspector Rubio.
-Efectivamente, señores, las
medusas no viven en el espacio exterior. Se mueven entre
los escudos de Zubrin-Andrews y la propia piel de titanio
que recubre a la “Emprendedora” .Cuando
es necesario bajar el Campo de Fuerza, son las propias
medusas quienes dirigen el trabajo, dirigiéndose
primero a sus aposentos y desconectando los escudos;
pero ahora, amigos, dirijámonos a las salas de
hologramas, su lugar de trabajo, hasta que lleguemos
a su lugar de destino: Tau-Ceti.
LA NOVELA HORIZONTE QUÁNTICO
FUE CONCLUIDA EN EL AÑO 1998, Y REGISTRADA EL
17 DE NOVIEMBRE DEL MISMO AÑO.
-CONTINUARÁ-
- Capítulo 8: 'Verdad
o realidad'-
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