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Horizonte Quántico - Capítulo 7: 'Rumbo al espacio' Más sobre Antonio Ruiz Alba

ADIÓS VIEJATIERRA

Atrás quedaba Megalópolis 13, una más entre las veinticinco cúpulas de hormigón, acero y aluminio transparente que aún permanecían en pie en lo que quedaba de Viejatierra. El rojizo cielo del planeta así cómo la enorme esfera naranja que brillaba mortecinamente en aquél, nos hacía recordar tanto al Inspector Alvaro Rubio como a mí, lo equivocados que habían estado los científicos de pasadas épocas y que se dedicaban al estudio del Cosmos y del espacio exterior.

Cuatro mil seiscientos millones de años llevaba la estrella conocida como Sol iluminando la obscuridad del firmamento como una vulgar y pequeña estrella amarilla. Aún le quedaban otros tantos años, decían, antes de que se transformara en una gigante roja para terminar su vida como una enana blanca que se fuera apagando muy, muy lentamente; pero no contaban, entre sus cálculos, con los principios del Caos descubiertos por el meteorólogo Lorentz a mediados del siglo XX. Y mucho menos, que el equilibrio inestable que mantiene al Universo fuera quebrado por la energía utilizada en los viajes espaciales de la especie humana.

Era el comienzo del fin para Viejatierra; pero también había sido el principio del fin para el resto del Sistema Solar, para toda la Galaxia y para todo el Universo que se extiende hasta mucho más allá de la Gran Muralla. Cada treinta minutos, en algún lugar del mundo estrellado, se originaba alguna singularidad con el fin de abrir una brecha en el espaciotiempo que permitía los vuelos hiperlumínicos.

El Gravitocar, en el que mi acompañante y yo nos dirigíamos a la plataforma de lanzamiento del transbordador espacial, también disponía de una batería de duración ilimitada constituida por una singularidad cuántica encapsulada en un campo entrópico constituido por un superconductor refrigerado al cero absoluto. Millones de millones de vehículos similares circulaban por los planetas terraformados de cientos de sistemas estelares de multitud de galaxias.

Cientos de miles de aeronaves y cruceros espaciales utilizaban los gravitones para su navegación interplanetaria e intergaláctica. Mi propio holograbador, los cinturones emisores de campos de fuerza y hasta los mismos relojes de pulsera utilizaban diminutas células con distorsiones cuánticas para su funcionamiento.

Cuatro millones quinientos mil años terrestres le quedaban de vida útil a nuestra estrella amarilla; eso decían, pero nadie contó con la contaminación gravito cuántica y de antimateria que la humanidad Ilevaría como terrorífico legado hasta los confines del Gran Atráctor. Ahora, nadie podía prever el auténtico tiempo que le quedaba a ese monstruo agonizante que se había tragado, en su expansión, a su hijo Mercurio y que estaba a punto de hacer lo propio con la Diosa de la Belleza.

Todos sabíamos que no faltaba demasiado para que la corrosiva atmósfera de Venus fuese expulsada del planeta y éste engullido inexorablemente. Después le tocaría su turno a Viejatierra y después la Vida en Marte sería imposible. Todo volvería a ser helado e inmóvil cuando el gigante rojo se colapsara hasta adquirir el tamaño de Viejatierra.

Atrás quedaban los oxidados pilares de hormigón enfermos de aluminosis. Las cúpulas metacristalinas parecían enormes hongos harapientos cuyos cuerpos estaban inundados de una espesa capa de hollín. Al fondo, algunas nubes blanquecinas jugaban al escondite con el smog violeta que teñía inexorablemente una gran porción del cielo y que antaño fuera azulada.

El suelo terrestre más parecía un paisaje exportado del pasado de Marte, en dramático concubinato, con el efecto invernadero del sulfuroso Venus. Piedras sobre escombros. Dunas de arena rojiza y quemada. Mucha arena cargada de radioactividad. Rayos gamma atravesando la atmósfera en compañía de los asesinos ultravioletas. Extintos árboles petrificados, en unos casos y carbonizados en otros. Nada de hierba, nada de ríos mares o lagos, sólo ácido soledad y muerte.

Mientras el antiguo Gravitocar proseguía su automático viaje, el Capitán Alvaro Rubio y yo, intercambiamos puntos de vista e información en relación con los hechos acontecidos en los últimos días.

-Capitán Romero, supongo que llegó a investigar la muerte del Teniente García ¿no es así?

-Umberto, por favor, llámame Umberto -Alvaro asintió con un gesto-. Lo cierto es que su oficial se lo buscó.

-No me cabe la menor duda, José era una bellísima persona; pero comprendo que algo rudo, un poco cabezón y demasiado testarudo. ..

-Demasiao echao palante.

-¿Chulo?

El Inspector Rubio negó repetidamente con la cabeza.

-Ingenuo, diría yo, querido amigo. Demasiado ingenuo e indisciplinado ya que, maldito sea -su rostro se enfureció- desobedeció mis órdenes de que no siguiese con esta puta investigación; por cierto ¿llegó a transmitirle los datos referentes al Caso del Otro, el Boniato ese.

-Te refieres a ¿Andrés Boniato?... No, no del todo. Por lo menos directamente. De hecho, la información que poseo ha salido, exclusivamente, de los restos de la memoria holográfica de sus respectivos terminales informáticos. Alguien se ocupó de borrar la información; pero por lo que parece, o no supo hacer el trabajo con la suficiente limpieza o simplemente no le dio tiempo.

-¿No me habrá investigado a mí? -sonrió Álvaro mientras me interrogaba sin perder una pizca de ironía.

-No había motivo, colega, tan sólo la conversación que el teniente mantenía grabada cuando descubrieron el asesinato virtual. Usted me vendrá muy bien en la investigación.

-De tú, por favor.

-Claro, claro. ..Tengo entendido que en las gigantescas Espacionaves de la Flota Estelar existen salas holográficas de realidad virtual. Allí podremos continuar la investigación; además, me apetece volver a visitar al insecto de Minium Acarus Bacteri.

-Perdona... pero... -La duda se reflejó en el rostro de mi acompañante.

-Disculpa tú, pensaba que estarías al tanto.

-Hay muchas cosas que no entiendo y otras tantas que desconozco. Como ejemplo te diré ¿por qué tenemos que hacer escala en Marte y en uno de los satélites de Júpiter?

-El Almirante Contreras es como un padre para mí. Estoy convencido que después de mi accidente virtual, debió mandar estudiar, con detenimiento, la información contenida en mi holograbador personal y. ..

-Ya entiendo. .. ¿alguna visita a posibles testigos?

-O posibles sospechosos de asesinato. Aparentemente, tan sólo son unas prostitutas de la “Intima”; pero nunca se sabe. Además la distancia a efecto de comunicación entre las lunas de Júpiter y la Tierra me distorsionan el periodo temporal de investigación. Necesitamos acercarnos más para que no les dé tiempo a preparar las respuestas. Necesito ver sus gestos cuando contesten. Hay ocho minutos en radiofrecuencias. Las frecuencias subespaciales sólo pueden utilizarse en el espacio intergaláctico por medio de repetidores cuánticos. Abrir una singularidad para las frecuencias subespaciales, dentro del Sistema Solar, supondría un Caos absoluto.

-Comprendo Umberto.

-Ahora dígame -pasé a la ofensiva-, dime que te trae por aquí. ¿Qué interés tienes en acompañarme? -sonreí seriamente.

Alvaro Rubio pareció no extrañarse por la pregunta que le había hecho.

-José García, el Teniente García era mi sobrino. El único que tuve de mi hermana Luisa. Ella fue ingresada en un sanatorio -las lágrimas estuvieron a punto de escurrir por sus párpados-, los médicos no saben si saldrá de la conmoción que le aqueja. Si Luisa muere, habré perdido lo único que me quedaba de familia.

-Entiendo -respondí, compartiendo su tristeza.

El enjuto inspector tosió levemente y se echó las manos a la boca para limpiarse algún cuajaron de sangre. Las plataformas de lanzamiento de las lanzaderas espaciales habían cambiado muy poco en los últimos años; ya que la humanidad seguía dependiendo de los combustibles químicos para poner en órbita a sus navíos espaciales en Viejatierra, ya que los Transportadores y Teleyectores de materia no podían utilizarse en una atmósfera tan contaminada de radiaciones.

Otra de las incongruencias de la humanidad, pues se pensaba que los iones de gravitón podrían acelerar la destrucción de la capa de ozono del planeta. Hoy, ya no existe la capa de ozono. El rojo Sol no permite que los gases de la atmósfera superior permanezcan atados a la gravedad del núcleo ferroso del planeta; pero ya se sabe, el hábito hace al monje y tantos años llevaban los humanos jodiendo la jodida capa gaseosa con los jodidos cohetes, que ya todo daba igual. La costumbre adquirida era lo importante, no el bienestar de los hombres. Aunque desde otro punto de vista, si los vehículos de gravitón fuesen utilizados para atravesar la atmósfera de Viejatierra, Dios sabe qué podría ocurrir, a lo peor ya no tendríamos ni Tierra.

-Hemos llegado amigo Umberto.

-No olvide ajustarse el cinturón -previne.

-Claro, sin el campo de fuerza nos freiríamos en esta atmósfera radioactiva.

Las puertas de metacristal polarizado se plegaron y pudimos bajar del viejo y mal cuidado gravitocar.

El cinturón consistía en un sensor unido por la hebilla a una pila cuántica que proporcionaba energía a un superconductor circular ubicado en la propia estructura del cinto. Al pulsar el sensor, se desplegaban dos campos magnéticos. Uno hacia lo alto cerrando el circuito con una especie de birrete por un lado y con las muñequeras de los guantes por otro. El segundo campo de fuerza se cerraba en unas pulseras situadas en las tobilleras de nuestras botas.

El campo generado formaba una especie de jaula de faraday que aislaba todo lo que se encontraba bajo su cobertura, del inhóspito mundo exterior. Incluso era posible utilizarlos en el espacio exterior, por breves instantes, ya que el propio campo generado impedía el escape del oxigeno acumulado en su interior.

La enorme torre de lanzamiento daba servicio a los gigantescos Atlas de quinta generación. Dichos cohetes impulsarían a nuestro vehículo de transporte interorbital hasta una órbita media, en la que se encontraba atracada “La Emprendedora”. Para ojos profanos, ver la gigantesca estructura del XLS de clase Voyager viene a ser como presenciar al antiguo Pájaro Azul vertical sobre sus toberas de reacción.

La estructura de titanio del XLS poseía memoria molecular controlada por diminutos nanobox. Dichos elementos impedían que su desnuda piel sucumbiese al roce de la atmósfera terrestre ya que los nanobox reparadores se ponían en funcionamiento en el instante que se detectaba algún tipo de daño.

-Sujétese, fuertemente, al asiento amigo Romero.

-Por la cuenta que me tiene, así lo haré -realicé una mueca de desagrado.

Los potentes impulsores de la lanzadera rugieron ferozmente con la fuerza titánica de cientos de toneladas producidas por la ignición del queroseno y del oxigeno liquido. La terrible presión, tan sólo nos permitía pensar en nuestra propia supervivencia; pero durante un breve instante pude tener un recuerdo doloroso. Una amarga añoranza de lo que allí abajo dejábamos y de lo que otrora fuera Viejatierra.

 

LA EMPRENDEDORA

Lo que a larga distancia parecía un punto irreconocible, se fue transformando en un disco de aleaciones metálicas enorme. Allí se encontraba majestuosa la nave de la Flota Estelar que nos conduciría hasta Tau-Ceti. Con su kilómetro largo de diámetro fue terminada a mediados del siglo XXIII. Era el objeto artificial móvil más grande construido por los humanoides. Sus tres capas consecutivas de titanio con memoria molecular, plomo y acero inoxidable contaban con multitud de microcavidades para los nanobox reparadores. Su estructura ocultaba un gigantesco anillo superconductor que era refrigerado a menos doscientos treinta grados kelvin por enormes turbinas lineales.

Este sistema había sido ideado a finales del siglo XX por los profesores Robert Zubrin y Dana Andrews. El Velamag, así lo denominaron, fue construido, en principio, como un sistema de propulsión magnética capaz de navegar y arrastrar una pequeña nave tripulada por unos pocos pasajeros; pero el Almirante Nelson Picard, a mediados del siglo XXI, comprendió la inutilidad de tal sistema como propulsante, ya que se habían descubierto los principios de la antimateria y de los gravitones.

Después de recabar la ayuda de la Federación de Planetas Unidos, puso a cientos de miles de operarios y a cientos de transbordadores a trabajar en la construcción de una gigantesca superestructura que cubriese la totalidad del círculo formado por el anillo del Velamag.

La misión principal del Superconductor fue dejada de lado y en su lugar se instaló un poderoso motor de plasma y de antimateria capaz de convertir los átomos de hidrógeno del Universo, utilizando como catalizador minerales de litio tricristalizado, en iones de gravitón. Y utilizándo el esqueleto principal como generador de una matriz energética que contuviera un campo de fuerza basada en el electromagnetismo y denominado como de Zubrin-Andrews.

Mi acompañante, Alvaro Rubio, no mostró el más mínimo interés en la gigantesca astronave, que cada vez más cerca, nos aguardaba con su belleza tecnológica imponente y centenaria, ya que en sus misiones de investigación, había sido pasajero habitual de estas superestructuras; pero yo, un simple investigador de la Red Virtual del Sistema de Viejatierra, tan sólo las conocía por medio de los hololibros de texto de la Academia de los Cuerpos Especiales.

A mis cuarenta y cinco años de edad, era la primera vez que me atrevía a aventurarme más allá del Sistema Solar. Sólo los cruceros estelares como “La Emprendedora“ eran capaces de realizar viajes interestelares, por sus propios medios, ya que sólo sus potentes motores de plasma y escudos Zubrin-Andrews eran capaces de abrir y soportar las inclemencias de los agujeros de gusano, en casi cualquier parte del Universo, exceptuando las inmediaciones de los sistemas planetarios.

Ya, a mediados del siglo XX, se comprendió que el espacio no estaba vacío y que ninguna nave de composición material podría viajar por él a velocidades cercanas o superiores a la de la luz, ya que cualquier impacto contra el casco, de algo similar a una mota de polvo o un copo de nieve, haría saltar las naves por el “aire”, por muy blindadas que se encontrasen sus estructuras. Tan sólo construyendo atajos en el hiperespacio, donde se encuentran los pliegues dimensionales del Universo se podría viajar de unas estrellas a otras o de unas galaxias a otras, a velocidades inimaginables y casi instantáneas.

-Umberto, por favor, comprueba tus cinturones de seguridad. Estamos a punto de atracar.

-Gracias Alvaro -comprobé la seguridad de los arneses electroneumáticos-, estaba tan absorto en la enorme belleza de este supercacharro que estaba fuera de Ia realidad-. Gracias otra vez por el aviso.

-No me digas que nunca has estado en una ciudadela interestelar como esta.

-Te lo digo Alvaro, créetelo, Lo más lejos que me he separado de Viejatierra fue cuando tuve que servir en el cinturón de cometas de Kuiper, antes de la nube de Orth, cuando tenía veinte años, en el servicio militar voluntario de la Armada del Sistema Solar.

-¿No has pasado la gran nube de cometas? ¿No conoces los planetas de Alpha Centauri y las estaciones orbitales de Próxima?... Eres, amigo mío, un auténtico dinosaurio. Sí, un topo dinosaurio.

-Tú lo has dicho, compañero. Sé que existen la Esfera de Dyson de Tau-Ceti y las múltiples colonias de Magallanes y Andrómeda por los libros y revistas mundanos que visualizo en mi holograbador; pero. ..

-Pero, ya hemos llegado Umberto.

Se pudo escuchar un suave silbido, debido a la descompresión, y se abrió el enorme escotillón del transbordador. La Lanzadera había estacionado en el espaciopuerto de la “Emprendedora” .Bajamos con la ayuda de un aero deslizador que había sido acoplado, a propósito, a la base del escotillón.

Unos metros abajo nos esperaban tres tripulantes que por sus insignias parecían ser el Capitán y dos comandantes de servicio.

-Encantado Capitán Tesauros -saludó el Inspector Rubio a uno de ellos, estrechándole la mano-, le presento al Capitán de las fuerzas especiales de Info-Red Umberto Romero.

-Espero que tenga una buena travesía hasta Tau-Ceti -me dirigió una sonrisa y nos saludamos-, en esta vieja lancha.

El Capitán Jaime Tesauros Kirchof era un sujeto musculoso pero no excesivamente corpulento y de unos treinta y cinco años de edad. Su propia juventud y su mirada serena me dieron cierta confianza para tratar con él. El pelo rubio y lacio contrastaba con su bronceada tez. Esta última característica me hizo pensar, con razón, que el jefe de oficiales era muy amigo de visitar los solariums virtuales de la “Emprendedora” .

-Les presento -continuó el Capitán con el protocolo-, al primer comandante Javoc. Antonio Javoc y a Hércules Monzón mi Jefe de Seguridad.

Después de los prolegómenos nos condujeron a los turboascensores. En el camino y para abrir boca entablamos una conversación intrascendente referente a lo bien o mal que habíamos pasado el rutinario viaje en transbordador -Ya saben los teletransportadores son muy peligrosos en Viejatierra -dijo.

-Amigos -continuó el Capitán Tesauros-, todo lo vieja que es ésta Nave lo tiene de novedosa. Lleva operativa cerca de un siglo y medio; pero el mantenimiento continuo y las reparaciones de última tecnología han hecho que las modificaciones y perfecciones de su estructura sean constantes.

-Comprendo Capitán -dije-, ya que se utilizó tantísimo tiempo en construir el Velamag y transformarlo en un gigantesco platillo de titanio, murieron muchos astronautas durante su construcción, entiendo que una Obra tan Magna no puede ser ideada para ser utilizada por un breve espacio de tiempo.

-Efectivamente, Capitán Romero -confirmó mis palabras Javoc, el Primero. Su rubio cabello, cuyas mechas reflejaban la luz fluorescente de las paredes y el techo, contrastaban con su morena piel perteneciente a un chaval de unos veinticinco años de edad.

-Cada vez que se emprende la construcción de uno de estos navíos -continuó-, es necesaria la cooperación de varios sistemas confederados de planetas. Como ustedes bien saben, esta no es una nave de guerra; pero va suficientemente pertrechada para hacer frente a posibles ataques por parte de los piratas mutantes que se esconden en los cometas y asteroides no reconocidos por los sistemas planetarios. No podemos exponernos a perderla ni a ella ni a los más de mil pasajeros que habitualmente habitan temporalmente en sus amplias habitaciones.

-¿Me está diciendo que “La Emprendedora” va armada con cañones de Luz de Argón Rectificada en Fase? -interrumpió Alvaro Rubio.

Hubo un breve silencio que pronto fue interrumpido por el Jefe de Seguridad.

-Señores, este crucero estelar va equipado con los más sofisticados equipos de defensa y contraataque. Efectivamente, como dice mi compañero, no es una nave de guerra; pero estamos equipados para hacer frente a condiciones más que adversas sin sufrir el más mínimo daño. El turboascensor llegó a su destino.

-Ahora señores, mientras mis hombres llevan sus equipajes a las habitaciones, me gustaría mostrarles algunos de los entresijos más importantes de mi “Emprendedora” -Con mi, demostraba el Capitán sentir un innatural afecto por su nave que transcendía lo que pudiera sentirse por un enorme armazón de metal y polímeros.

Nos condujo a la Sala de Mandos o Puente de Control. Por el camino comprobamos que varias razas humanoides de carácter inteligente así como mutantes, androides y cyborg formaban parte de la tripulación. Goriloides, chimpas y pelirrojos orangos, cuyos progenitores habían sido mutados genéticamente, iban debidamente uniformados, manteniendo no obstante, una cierta inclinación característica de sus especies primitivas.

Su colaboración de bis a bis con el resto de la tripulación era evidente y por lo que parecía eficaz, tanto en los trabajos de conservación y mantenimiento como en los de dirección de diversos departamentos de la propia nave. No me extrañó cuando un esbelto y afeitado orango, en ropas de paisano, se dirigió a una encantadora y bella señorita que llevaba en sus brazos a un simpático mestizo. Lo arrebató, con ternura, de los brazos de su madre y le propinó un sonoro beso. Después hizo lo propio con la que debía de ser su compañera sentimental.

El Capitán nos dijo que muchos humanoides que por diversas enfermedades no podían vivir en sus planetas de origen, eran reclutados, voluntariamente, para formar parte de las tripulaciones de la Flota Estelar. Estos Cyborg realizaban diversos trabajos especializados que por sus características propias no podían ser desarrollados por humanoides normales o por androides totalmente electromecánicos.

Los Bioborg tenían implantados órganos y miembros de titanio que por accidentes o malformaciones habían perdido. Estos miembros mecánicos eran carísimos; pero permitían que sus poseedores pudieran tener una vida normal y completa. Los Neuroborg poseen situado en el Cerebro, un Sistema Microelectrónico de Detección electromagnética con Discriminación de Interferencias y Decodificador Neural, así como una sofisticada Microcircuitería de Memoria Molecular de alta tecnología que les permite superar sus retrasos innatos o producidos por pérdida de masa encefálica.

Los Neuroborg son los ayudantes de los pilotos de la Nave. Una enorme estructura de policarbonato cristalino ocupaba una parte importante, a modo de ariete o mascarón de proa, en la sala de mandos. Era una gigantesca piscina de agua tratada químicamente, cuyas azuladas aguas dejaban ver claramente a tres bellos y magníficos ejemplares de delfín.

-Amigos visitantes, les presento a la familia García, pilotos jefes de “La Emprendedora”, Flipper García, Piloto Principal. Naomí García, Segundo Piloto y Lidia García, la pequeña del grupo y Copiloto auxiliar y Alférez de Navío. Hice una mueca de extrañeza, con mis labios, al escuchar nombres y apellidos humanos.

-El macho se llama ¿Flipper? Capitán -pregunté asombrado.

-A los Jefes de pilotos de la Flota Estelar, les gusta que se les llame de dicho modo; no obstante, ellos tienen sus propios nombres pero son intraducibles e invocalizables -continuó con un débil susurro-, les molesta enormemente que se les denomine como delfines o cetáceos. Les gusta ser tratados como individuos, personas.

También sabia, por mis estudios en la Flota Estelar, que sólo los cetáceos tenían la capacidad de llevar a buen puerto a las Naves Hiperespaciales. Tan sólo los super inteligentes delfines u otros de sus primos podían trazar un rumbo por los agujeros de gusano y seguir las rutas serpenteantes por los entramados pliegues dimensionales a los que conducen las singularidades cuánticas. Sólo ellos eran capaces de detectar el punto de perforación tanto de entrada como de salida, dónde situar el vórtice que a modo de torbellino en un embudo engullese o escupiese a la Nave Estelar a muchos periodos kiloparsec de su lugar de origen.

Continuamos saludando, siguiendo el protocolo, al trío de pilotos acuáticos y ellos nos devolvieron los saludos, afablemente en nuestro propio idioma gracias a la tecnología del Traductor Universal que se encontraba íntimamente acoplado al Ordenador Bioneural del navío. Esta maravilla estaba constituida por moléculas orgánicas en perfecta convivencia con micro estructuras de nanobox y nanocircuitos de silicio y argón.

Nuestros anfitriones también nos mostraron a otras de las más extrañas criaturas del Universo, las conocidas como Medusas de Plasma que habitaban en el extinto Júpiter.

-Estas son algunas de las cien medusas inteligentes que rescatamos del planeta gaseoso Júpiter antes de que fuera bombardeado con una singularidad y reconvertido en una estrella de baja magnitud.

Las luminosas y etéreas criaturas parecían fulgurar con una luz propia y sus cristalinos tentáculos se posaban incesantemente sobre el casco de la nave convirtiendo sus movimientos en un vals rítmico y disonante.

-Todas las medusas que se conocen -continuó el Capitán-, trabajan para las supernaves tipo Inter-Galaxias, de la Flota Estelar y su principal función es ayudar en las reparaciones del casco exterior, así como al mantenimiento adecuado de las colonias de nanobox, que como ustedes deben saber son microscópicos robots autorreplicantes que se encargan de las reparaciones más precisas y peligrosas, ya que forman parte de la memoria molecular del casco de la Nave.

-Pero esos seres no pueden vivir en el espacio exterior -afirmó el Inspector Rubio.

-Efectivamente, señores, las medusas no viven en el espacio exterior. Se mueven entre los escudos de Zubrin-Andrews y la propia piel de titanio que recubre a la “Emprendedora” .Cuando es necesario bajar el Campo de Fuerza, son las propias medusas quienes dirigen el trabajo, dirigiéndose primero a sus aposentos y desconectando los escudos; pero ahora, amigos, dirijámonos a las salas de hologramas, su lugar de trabajo, hasta que lleguemos a su lugar de destino: Tau-Ceti.

 

 

LA NOVELA HORIZONTE QUÁNTICO FUE CONCLUIDA EN EL AÑO 1998, Y REGISTRADA EL 17 DE NOVIEMBRE DEL MISMO AÑO.

-CONTINUARÁ-

- Capítulo 8: 'Verdad o realidad'-

 

 
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