| 11 de marzo:
Querido diario, hoy ha pasado algo
muy especial. Resulta que en clase de Conocimiento del
Medio el profesor ha hecho el ridículo. Ha venido
a clase para enseñarnos una brújula. ¡Como
si no conociéramos las brújulas! Aunque
hay que reconocer que ni Aarón ni Alberto habían
visto nunca ninguna. Pues el profe ha intentado señalarnos
el norte, y no lo ha conseguido. La brújula hacía
lo que le venía en gana, señalando hacia
todas direcciones. El caso es que reaccionaba bien con
otros imanes, pero de señalar el norte, nada.
Se lo he contado a papá y se
ha puesto frenético. Se ha puesto a buscar la
vieja brújula que le regaló a mamá.
Estaba en mi habitación, claro, perdida debajo
de nosecuántas cosas. La última vez que
la vi tenía siete u ocho años, cuando
me gustaba jugar con ella. Papá se ha puesto
a jugar, como el profe, y después se ha puesto
aún más frenético. Se ha encerrado
en el cuarto del ordenador y no me ha dejado entrar
en Internet. Ha estado mirando páginas web y
enviando mensajes como un loco. Pero eso no ha sido
lo peor. Lo peor es que se ha empeñado en que
nos fuéramos al metro a dormir. Mamá se
ha puesto firme y ha dicho que ni hablar. En resumen:
que hemos dormido en el garaje, en los coches. Mamá
y yo en el coche, después de una discusión
que papá ha resuelto diciendo: “Yo
me voy. Vosotras, haced lo que os de la gana”.
Yo me hubiera quedado en mi cama, pero mamá ha
cedido y no me han dado opción de escoger. ¡Que
ganas que tengo de cumplir dieciocho años! Nadie
me hace caso, como siempre.
¡Ah!, papá ha dormido
en su coche, que lleva sin moverse un montón
de años.
12 de marzo:
Nada más levantarnos, hemos
subido a casa y papá ha cogido toda la comida.
Mientras, mamá y yo hemos ido al cuarto de baño.
A papá no le importaba, porque es interior. Ha
cerrado totalmente las persianas. Luego hemos vuelto
al garaje. No piensa salir de él en años,
por lo visto. Yo, no. Si el lunes no voy al colegio
y veo a Miguel me da algo. He cogido el diario y, ya
en el coche, he escrito lo de ayer y esto de hoy. Lo
malo es que mamá me ha visto, y seguro que quiere
leerlo. Por si acaso no lo suelto.
La radio del coche funciona mal, pero
funciona. Lo malo es que papá quiere oír
noticias y yo quiero oír música. Así
que discutimos un poquito. Han dado la noticia de la
desaparición del campo magnético de la
tierra, pero dicen que no es nada serio, que no debemos
preocuparnos. Papá tuerce el gesto y sigue emperrado
en lo suyo. Incluso nos ha enseñado dónde
hay servicios aquí abajo.
Nada más ponerse el sol, papá
ha salido corriendo y ha comprado todo lo que ha podido.
Pan, garbanzos, judías, latas y cosas así.
Ha comprado para más de un mes. Mamá empieza
a estar preocupada, porque papá parece tomárselo
muy en serio. La radio dice que no hay problema.
Al menos, también ha comprado
macarrones. Aunque no sé cómo va a hacerlos
aquí abajo.
13 de marzo:
Ayer, a última hora de la noche,
bajaron los vecinos del tercero. Al menos, así
tengo con quien hablar. Ana está igual de preocupada
que yo. Su padre es profesor de universidad, y, por
lo visto, le llamó un compañero. Le he
preguntado a papá si puedo llamar a Miguel, y
ha dicho que sí, pero desde aquí. Subiendo
a la primera planta del garaje he intentado llamarle,
pero no está en casa. Luego lo ha intentado Ana.
Ricardo sí estaba. ¡Qué suerte tiene!
14 de marzo:
Hoy es lunes, pero nadie ha salido
del garaje. Ya somos cinco familias aquí dentro.
Por lo visto, la televisión ha dicho el nombre
de papá, cosa que no le ha hecho mucha gracia.
Y ahora parece que es algo serio de verdad. Recomiendan
que la gente no salga a la luz del sol. Se pasan todo
el tiempo diciendo que no es grave, si se toman una
serie de precauciones más largas que mi brazo.
Las de papá son mucho más cortas: Nada
de salir del garaje. Ni siquiera le gusta la primera
planta. Los demás parece que le hacen caso, aunque
no es muy dado a dar órdenes. Salvo a mí,
claro.
El pan se está acabando. Papá
no quiere que abusemos de las latas, quiere reservarlas.
Está pensando en bajarse la cocina, aquí
abajo.
Parece que los que no tienen garaje
se están refugiando en el metro. Espero que Miguel
esté allí.
15 de marzo:
Ha venido un equipo de televisión,
para hacer una entrevista a papá. Los ha enviado
con viento fresco, lo que ha provocado una discusión
entre papá y mamá. Ella le ha llamado
cobarde, y cabezota. Él ha dicho que sí,
que es cierto, pero…, y cito textualmente: “¿A
quién crees que van a echarle la culpa? ¿A
esos políticos inútiles o a mí?”
En lugar de papá han llevado
a un par de expertos. Lo hemos visto en el televisor
de Ana, que se han bajado aquí abajo. Papá
ha ayudado con el cable de la antena, robando la señal
de no se sabe dónde. En resumen, que me he tenido
que tragar otra vez el rollo de la desaparición
de la magnetosfera, de la ionosfera y de la capa de
ozono. ¿Pero no habíamos quedado que la
capa de ozono estaba ya destruida? Bueno, o casi.
16 de marzo:
Ya tenemos cocina. Así que,
por lo visto, vamos a empezar a comer judías
y lentejas y cosas de esas hasta que logre pesar cien
kilos. Carne y pescado, ni probarlos. La verdad es que
no quedan, salvo en lata.
Miguel sigue sin contestar a mis llamadas.
Espero que esté en el metro.
18 de marzo:
Papá ha vuelto a ponerse frenético. Después
se ha sentado en su coche y se ha pasado así
todo el día, sin moverse y sin hablar con nadie.
Ni ha comido. Y todo por una tontería. El padre
de Ana ha ido a hablar con él y, por lo visto,
han dicho en la radio que la gente no vaya al hospital,
y menos de día. ¿Es para ponerse así?
19 de marzo:
Todos los vecinos están enfermos,
salvo nosotros. Papá cocina para todos, aunque
ahora son ellos los que hay que obligarles a comer.
Ana no está muy mal, pero sus padres sí.
Nota urgente: papá se está
poniendo malo, aunque aguanta. Dice que es por haber
salido a comprar el primer día. ¡Pero fue
sin sol! Yo no quiero que le pase nada.
Estoy muy preocupada, en serio. ¿Y
si se muere? ¿Quién nos dirá lo
que tenemos que hacer?
Además, los móviles
ya no funcionan. No hay señal.
20 de marzo:
Nuestro primer día sin luz.
Ya se había ido varias veces, pero siempre terminaba
volviendo al cabo de unas horas. No nos preocupa la
comida, porque ya no quedan congelados en las casas.
Pero no tenemos con qué cocinar.
Papá quiere montar una cocina
de gas, sacándola de las tuberías generales.
Pero ahora es mamá la que no le deja. Se ha dejado
convencer, porque continúa malo.
24 de marzo:
Papá ya está casi bien.
Ana y sus hermanos, también parece que se van
a curar. Pero cuatro vecinos están muy malos.
Nos iluminamos con las luces de los
coches. No todos, claro. Papá ha puesto dos coches
cerca de la puerta del garaje, uno de gasolina y otro
de gasóleo. Los tiene en marcha un rato todos
los días y carga las baterías que va a
usar. Cuando se acabe el combustible de los coches,
se lo sacará a los demás, incluso forzándolos.
Ya no importa de quiénes sean.
Comemos frío, de latas. ¿Qué
pasará cuando se acaben?
27 de marzo:
Han venido unos hombres. Papá
ha subido a hablar con ellos y yo he escuchado desde
atrás, sin que me vieran. Iban vestidos de blanco,
con unos trajes que parecían del espacio. Querían
llevarnos al metro, pero papá ha dicho que ni
hablar. Ha pedido comida y cremas para la piel de los
enfermos. Los otros querían discutir, hasta que,
el que mandaba, le ha preguntado su nombre, para, según
él, hacerle responsable de lo que nos pasara.
Papá ha dicho su nombre y ahí ha terminado
la discusión.
No nos han dejado comida, pero sí
un traje.
Ana ya está bien, y puede ayudar.
28 de marzo:
Han aparecido unas cajas en la puerta
del garaje. Papá se ha puesto el traje y las
ha metido dentro. Hay comida en latas, un hornillo de
gas y medicinas. Papá sigue empeñado en
coger una cocina de gas y engancharla en las tuberías
del gas desde los contadores. Ahora que tiene un traje
puede hacerlo casi con seguridad, aunque de noche.
6 de abril:
Hoy ha muerto un vecino y su mujer
está muy mal. Sólo recibieron radiaciones
los dos primeros días, cuando eran más
débiles. ¿Qué pasará fuera?
El hornillo de gas duró poco.
Pero ya tenemos cocina de gas. Papá puso una
manguera haciendo de tubería, y parece que no
pierde. Al menos no huele, que es lo importante. Hemos
hecho macarrones, para compensar la tristeza.
23 de abril:
Ya sé que llevo mucho tiempo
sin escribir, pero no hay nada por qué hacerlo.
Hoy ha muerto el último de los graves, lo que
hace un total de seis. Quedamos trece en el garaje.
Nos hemos acostumbrado a la oscuridad, a comer poco,
a no gastar energía.
28 de abril:
Han vuelto a aparecer unas cajas con
comida. Alguien se acuerda de nosotros, por lo visto.
3 de mayo:
Me ha llegado mi primera regla. Duele.
15 de junio:
La brújula de mamá parece
que funciona. Cuando le dije a papá que no, que
estaba señalando en la dirección incorrecta,
dijo: “Hija, a partir de ahora va a ser así.
Para siempre”. Luego se corrigió,
diciendo que sería así hasta el próximo
cambio, dentro de unos poco millones de años.
En resumen, para siempre.
23 de junio:
Ha vuelto la luz.
26 de junio:
Papá lleva varios días
buscando canales de radio. Y hoy ha encontrado uno.
Parece que las radiaciones están disminuyendo.
28 de junio:
Papá dice que ya no se ven
auroras boreales. Tengo que creer en su palabra, porque
nunca me ha dejado verlas.
12 de julio:
La gente está saliendo del
metro y volviendo a sus casas. Todo el mundo en el garaje
se ha vuelto hacia papá. Él me ha mirado
y ha dicho que esperemos hasta mi santo, el dieciocho
de julio.
17 de julio:
Hemos subido a casa, para preparar
nuestra salida. He aprovechado para intentar llamar
a Miguel usando el teléfono fijo. Estaba en casa.
Casi me paso toda la noche hablando con él. Ha
sobrevivido en el Metro, como esperaba.
18 de julio:
¡Por fin hemos salido del garaje!
Miguel estaba esperando, fuera. Está un poco
bastante estropeado, como todos. Mejor, así nadie
intentará quitármelo. Nada más
verle me he lanzado y le he abrazado fuerte, fuerte.
Incluso le he besado. Papá lo ha visto y no ha
dicho nada.
Mamá sí, pero no me
importa. Hemos sobrevivido.
publicado en junio
de 2008
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