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Diario de una adolescente afortunada Más sobre Carlos de la Cruz Gómez

11 de marzo:

Querido diario, hoy ha pasado algo muy especial. Resulta que en clase de Conocimiento del Medio el profesor ha hecho el ridículo. Ha venido a clase para enseñarnos una brújula. ¡Como si no conociéramos las brújulas! Aunque hay que reconocer que ni Aarón ni Alberto habían visto nunca ninguna. Pues el profe ha intentado señalarnos el norte, y no lo ha conseguido. La brújula hacía lo que le venía en gana, señalando hacia todas direcciones. El caso es que reaccionaba bien con otros imanes, pero de señalar el norte, nada.

Se lo he contado a papá y se ha puesto frenético. Se ha puesto a buscar la vieja brújula que le regaló a mamá. Estaba en mi habitación, claro, perdida debajo de nosecuántas cosas. La última vez que la vi tenía siete u ocho años, cuando me gustaba jugar con ella. Papá se ha puesto a jugar, como el profe, y después se ha puesto aún más frenético. Se ha encerrado en el cuarto del ordenador y no me ha dejado entrar en Internet. Ha estado mirando páginas web y enviando mensajes como un loco. Pero eso no ha sido lo peor. Lo peor es que se ha empeñado en que nos fuéramos al metro a dormir. Mamá se ha puesto firme y ha dicho que ni hablar. En resumen: que hemos dormido en el garaje, en los coches. Mamá y yo en el coche, después de una discusión que papá ha resuelto diciendo: “Yo me voy. Vosotras, haced lo que os de la gana”. Yo me hubiera quedado en mi cama, pero mamá ha cedido y no me han dado opción de escoger. ¡Que ganas que tengo de cumplir dieciocho años! Nadie me hace caso, como siempre.

¡Ah!, papá ha dormido en su coche, que lleva sin moverse un montón de años.

 

12 de marzo:

Nada más levantarnos, hemos subido a casa y papá ha cogido toda la comida. Mientras, mamá y yo hemos ido al cuarto de baño. A papá no le importaba, porque es interior. Ha cerrado totalmente las persianas. Luego hemos vuelto al garaje. No piensa salir de él en años, por lo visto. Yo, no. Si el lunes no voy al colegio y veo a Miguel me da algo. He cogido el diario y, ya en el coche, he escrito lo de ayer y esto de hoy. Lo malo es que mamá me ha visto, y seguro que quiere leerlo. Por si acaso no lo suelto.

La radio del coche funciona mal, pero funciona. Lo malo es que papá quiere oír noticias y yo quiero oír música. Así que discutimos un poquito. Han dado la noticia de la desaparición del campo magnético de la tierra, pero dicen que no es nada serio, que no debemos preocuparnos. Papá tuerce el gesto y sigue emperrado en lo suyo. Incluso nos ha enseñado dónde hay servicios aquí abajo.

 

Nada más ponerse el sol, papá ha salido corriendo y ha comprado todo lo que ha podido. Pan, garbanzos, judías, latas y cosas así. Ha comprado para más de un mes. Mamá empieza a estar preocupada, porque papá parece tomárselo muy en serio. La radio dice que no hay problema.

Al menos, también ha comprado macarrones. Aunque no sé cómo va a hacerlos aquí abajo.

 

13 de marzo:

Ayer, a última hora de la noche, bajaron los vecinos del tercero. Al menos, así tengo con quien hablar. Ana está igual de preocupada que yo. Su padre es profesor de universidad, y, por lo visto, le llamó un compañero. Le he preguntado a papá si puedo llamar a Miguel, y ha dicho que sí, pero desde aquí. Subiendo a la primera planta del garaje he intentado llamarle, pero no está en casa. Luego lo ha intentado Ana. Ricardo sí estaba. ¡Qué suerte tiene!

 

14 de marzo:

Hoy es lunes, pero nadie ha salido del garaje. Ya somos cinco familias aquí dentro. Por lo visto, la televisión ha dicho el nombre de papá, cosa que no le ha hecho mucha gracia. Y ahora parece que es algo serio de verdad. Recomiendan que la gente no salga a la luz del sol. Se pasan todo el tiempo diciendo que no es grave, si se toman una serie de precauciones más largas que mi brazo. Las de papá son mucho más cortas: Nada de salir del garaje. Ni siquiera le gusta la primera planta. Los demás parece que le hacen caso, aunque no es muy dado a dar órdenes. Salvo a mí, claro.

El pan se está acabando. Papá no quiere que abusemos de las latas, quiere reservarlas. Está pensando en bajarse la cocina, aquí abajo.

Parece que los que no tienen garaje se están refugiando en el metro. Espero que Miguel esté allí.

 

15 de marzo:

Ha venido un equipo de televisión, para hacer una entrevista a papá. Los ha enviado con viento fresco, lo que ha provocado una discusión entre papá y mamá. Ella le ha llamado cobarde, y cabezota. Él ha dicho que sí, que es cierto, pero…, y cito textualmente: “¿A quién crees que van a echarle la culpa? ¿A esos políticos inútiles o a mí?

En lugar de papá han llevado a un par de expertos. Lo hemos visto en el televisor de Ana, que se han bajado aquí abajo. Papá ha ayudado con el cable de la antena, robando la señal de no se sabe dónde. En resumen, que me he tenido que tragar otra vez el rollo de la desaparición de la magnetosfera, de la ionosfera y de la capa de ozono. ¿Pero no habíamos quedado que la capa de ozono estaba ya destruida? Bueno, o casi.

 

16 de marzo:

Ya tenemos cocina. Así que, por lo visto, vamos a empezar a comer judías y lentejas y cosas de esas hasta que logre pesar cien kilos. Carne y pescado, ni probarlos. La verdad es que no quedan, salvo en lata.

Miguel sigue sin contestar a mis llamadas. Espero que esté en el metro.

 

18 de marzo:


Papá ha vuelto a ponerse frenético. Después se ha sentado en su coche y se ha pasado así todo el día, sin moverse y sin hablar con nadie. Ni ha comido. Y todo por una tontería. El padre de Ana ha ido a hablar con él y, por lo visto, han dicho en la radio que la gente no vaya al hospital, y menos de día. ¿Es para ponerse así?

 

19 de marzo:

Todos los vecinos están enfermos, salvo nosotros. Papá cocina para todos, aunque ahora son ellos los que hay que obligarles a comer. Ana no está muy mal, pero sus padres sí.

 

Nota urgente: papá se está poniendo malo, aunque aguanta. Dice que es por haber salido a comprar el primer día. ¡Pero fue sin sol! Yo no quiero que le pase nada.

Estoy muy preocupada, en serio. ¿Y si se muere? ¿Quién nos dirá lo que tenemos que hacer?

Además, los móviles ya no funcionan. No hay señal.

 

20 de marzo:

Nuestro primer día sin luz. Ya se había ido varias veces, pero siempre terminaba volviendo al cabo de unas horas. No nos preocupa la comida, porque ya no quedan congelados en las casas. Pero no tenemos con qué cocinar.

Papá quiere montar una cocina de gas, sacándola de las tuberías generales. Pero ahora es mamá la que no le deja. Se ha dejado convencer, porque continúa malo.

 

24 de marzo:

Papá ya está casi bien. Ana y sus hermanos, también parece que se van a curar. Pero cuatro vecinos están muy malos.

Nos iluminamos con las luces de los coches. No todos, claro. Papá ha puesto dos coches cerca de la puerta del garaje, uno de gasolina y otro de gasóleo. Los tiene en marcha un rato todos los días y carga las baterías que va a usar. Cuando se acabe el combustible de los coches, se lo sacará a los demás, incluso forzándolos. Ya no importa de quiénes sean.

Comemos frío, de latas. ¿Qué pasará cuando se acaben?

 

27 de marzo:

Han venido unos hombres. Papá ha subido a hablar con ellos y yo he escuchado desde atrás, sin que me vieran. Iban vestidos de blanco, con unos trajes que parecían del espacio. Querían llevarnos al metro, pero papá ha dicho que ni hablar. Ha pedido comida y cremas para la piel de los enfermos. Los otros querían discutir, hasta que, el que mandaba, le ha preguntado su nombre, para, según él, hacerle responsable de lo que nos pasara. Papá ha dicho su nombre y ahí ha terminado la discusión.

No nos han dejado comida, pero sí un traje.

Ana ya está bien, y puede ayudar.

 

28 de marzo:

Han aparecido unas cajas en la puerta del garaje. Papá se ha puesto el traje y las ha metido dentro. Hay comida en latas, un hornillo de gas y medicinas. Papá sigue empeñado en coger una cocina de gas y engancharla en las tuberías del gas desde los contadores. Ahora que tiene un traje puede hacerlo casi con seguridad, aunque de noche.

 

6 de abril:

Hoy ha muerto un vecino y su mujer está muy mal. Sólo recibieron radiaciones los dos primeros días, cuando eran más débiles. ¿Qué pasará fuera?

El hornillo de gas duró poco. Pero ya tenemos cocina de gas. Papá puso una manguera haciendo de tubería, y parece que no pierde. Al menos no huele, que es lo importante. Hemos hecho macarrones, para compensar la tristeza.

 

23 de abril:

Ya sé que llevo mucho tiempo sin escribir, pero no hay nada por qué hacerlo. Hoy ha muerto el último de los graves, lo que hace un total de seis. Quedamos trece en el garaje. Nos hemos acostumbrado a la oscuridad, a comer poco, a no gastar energía.

 

28 de abril:

Han vuelto a aparecer unas cajas con comida. Alguien se acuerda de nosotros, por lo visto.

 

3 de mayo:

Me ha llegado mi primera regla. Duele.

 

15 de junio:

La brújula de mamá parece que funciona. Cuando le dije a papá que no, que estaba señalando en la dirección incorrecta, dijo: “Hija, a partir de ahora va a ser así. Para siempre”. Luego se corrigió, diciendo que sería así hasta el próximo cambio, dentro de unos poco millones de años. En resumen, para siempre.

 

23 de junio:

Ha vuelto la luz.

 

26 de junio:

Papá lleva varios días buscando canales de radio. Y hoy ha encontrado uno. Parece que las radiaciones están disminuyendo.

 

28 de junio:

Papá dice que ya no se ven auroras boreales. Tengo que creer en su palabra, porque nunca me ha dejado verlas.

 

12 de julio:

La gente está saliendo del metro y volviendo a sus casas. Todo el mundo en el garaje se ha vuelto hacia papá. Él me ha mirado y ha dicho que esperemos hasta mi santo, el dieciocho de julio.

 

17 de julio:

Hemos subido a casa, para preparar nuestra salida. He aprovechado para intentar llamar a Miguel usando el teléfono fijo. Estaba en casa. Casi me paso toda la noche hablando con él. Ha sobrevivido en el Metro, como esperaba.

 

18 de julio:

¡Por fin hemos salido del garaje! Miguel estaba esperando, fuera. Está un poco bastante estropeado, como todos. Mejor, así nadie intentará quitármelo. Nada más verle me he lanzado y le he abrazado fuerte, fuerte. Incluso le he besado. Papá lo ha visto y no ha dicho nada.

Mamá sí, pero no me importa. Hemos sobrevivido.

 

publicado en junio de 2008

 
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