Contacta con NGC3660
 

Eón Hadeico (cap 01) Más sobre Darko Wiggin

I. COINCIDENCIAS NO VANALES

Estaba a punto de aterrizar el helióptero H2 Builder, el nuevo y más potente helicóptero solar lanzado hasta el momento, que haría las construcciones de grandes rascacielos más cómodas y rápidas. Carlo había dejado de tomar notas y tenía su capturador fotográfico ajustado al milímetro para captar la escena. Aquella terraza era gigantesca y lo suficientemente alejada para albergar a todos los periodistas digitales de noticias de segunda línea. A doscientos metros de la terraza donde aterrizaba el helióptero, este desplazaba una onda de aire impulsado pero suave, que movía ligeramente los cabellos castaños de Carlo. Pero la nota más importante en su bloc electrónico era la de su mínima contaminación acústica, un modelo excepcional el Builder.

La esquina de la terraza, detrás de decenas de inquietos hombros periodísticos, desvelaba que su posición para captar la escena no era nada privilegiada. Capturó la primera imagen del azulado aparato casi tocando el suelo de la pista, que había sido preparada en la otra terraza. El capturador fotográfico mostró un porcentaje bajo de calidad de imagen debido a que el helicóptero solar había salido algo ladeado. Carlo lanzó una maldición inaudible al cielo despejado que gobernaba aquel esplendoroso sol.

Quizá fue por instinto, quizá fue su sistema auditivo, o sencillamente casualidad, aunque él no creía en las casualidades, el caso es que su mirada no volvió directamente al visor de ajuste. Desde la esquina de aquella terraza de vértigo pudo observar lo que parecía la figura de un hombre gordo caído en el suelo boca abajo. Era un callejón trasero viejo y sucio, seguramente habría tropezado, pensó Carlo. La diminuta figura se levantó apresurándose detrás de unas cajas. Aquel tipo parecía nervioso o extraño y durante unos segundos Carlo no pudo divisar qué hacía detrás de las cajas, pero aquel hombre había acaparado su atención por completo.

Con una leve presión sobre el lóbulo de su oreja derecha, aumentó la sensibilidad del sistema auditivo que llevaba implantado. El silencio del helióptero se convirtió en un ruido de fondo molesto, las pulsaciones de los demás capturadores fotográficos eran agudas y difíciles de soportar y, además, las voces de los periodistas hablando entre ellos eran ensordecedoras, pero consiguió escuchar un tintineo metálico junto a la respiración cansada del hombre gordo. Aquel personaje de gran envergadura y traje gris claro, manchado por los charcos del callejón, se levantó derrumbando algunas de las cajas y siguió corriendo nerviosamente hacia el extremo contrario de donde había venido.

De repente, una sombra se movió desde la entrada del callejón hasta aquel hombre a una velocidad vertiginosa, sobrehumana. Durante una fracción de segundo, como si de un espectro se tratase, apareció la figura humana al lado del hombre gordo y al detener su velocidad provocó tal onda expansiva en el aire, que el sonido grave recibido por el sistema de Carlo se convirtió en un dolor agudo. Cerró los ojos instintivamente volviendo a ajustar a un nivel normal su oído, pero cuando los abrió de nuevo la escena se había convertido en un baño de sangre. Aquel gordo estaba separado en dos, cortado en un ángulo diagonal como si lo hubiera hecho un láser de alta precisión. Yacía en un charco de sangre enorme y no había rastros de aquel espectro.

Era una chica, era una… ¿niña? -susurró Carlo para sus adentros, recordando la figura humana y desviando la mirada al infinito. Se oyeron sirenas de la guardia de seguridad nacional. En breves instantes, agentes uniformados con mascarilla de guerra nuclear y subfusiles de asalto se colocaron estratégicamente en ambas entradas del callejón. La mayoría de los periodistas allí presentes se agolparon sobre la solitaria esquina de Carlo para contemplar la escena, olvidándose del helióptero que ya terminaba su corta exposición. Una inquietud cortante recorrió el cuerpo de Carlo, todos gritaban mirando hacia abajo, e incluso alguno vomitó.

No tardó en subir un agente a la terraza, estaban desalojando los edificios que rodeaban al callejón. Carlo, aún con la mente en blanco, bajó las escaleras de forma ordenada y calmada junto al resto de compañeros de profesión. Abajo, varios agentes de cara descubierta los retuvieron y los interrogaron. Nadie había visto lo sucedido, ni siquiera Carlo. ¿Cómo iba a contarle a la guardia de seguridad nacional, uno de los cuerpos del estado más respetado, que había visto lo que había visto? Se reirían de su fantasma, o aún peor, le encerrarían. De nuevo un temor interno le sacudió al pasar por delante de los precintos que cerraban el paso a la zona, pero entonces vio las cajas a unos pocos metros. Su instinto periodístico le animó a pensar en volver a allí. Regresó a la oficina directamente, sin su habitual café expreso doble de las mañanas.

 

***

 

El doctor Howard observó minuciosamente el examen radiográfico, el escáner colorimétrico, la caja verde y todas y cada una de las pruebas obtenidas de la cámara médica. Negaba ligeramente con la cabeza y eso inquietaba a la joven madre, pero Howard sabía que no podía dar una explicación concluyente, ni siquiera para sí mismo. Las marcas que el pequeño Adam tenía en su piel, como puntos parecidos a ínfimas picaduras de algún diminuto insecto, no tenían explicación. En el último año las marcas se habían expandido por su torso, brazos y muslos, aumentando en número y extensión. El doctor le proporcionó algunos pases farmacéuticos para obtener las mejores medicinas antibióticas, de este modo habría mayor probabilidad de conseguir algún resultado positivo. Prometió llevar el caso y los resultados obtenidos a una corporación de investigación biomédica de la que era miembro.

Adam tenía doce años y sufría un caso atípico de autismo irregular. Él y su madre volvían andando a su casa, que se encontraba a pocas calles de allí, cuando llegaron al mayor cruce de calles de la zona. Había gente observando la pantalla gigante de la DEB Corp., donde la famosa presentadora Lynn Hollow de AdTV informaba de varios sucesos en un avance de noticias. Adam no prestaba atención, nunca prestaba atención a las imágenes de pantallas digitales, y su madre apenas se percató. La voz peculiar de Lynn finalizaba la noticia de un gran hallazgo en el proyecto Terranova del gobierno. Adam y su madre esperaron el marco de seguridad vial para cruzar. Duwall, un peligroso personaje de pelo rojo, acusado de múltiples delitos contra menores llevaba casi dos semanas fugado de la prisión y en paradero desconocido. La sonrisa de Lynn finalizaba el avance cuando el patín electromagnético de un joven salpicó de agua el vidrio del marco vial.

Nada más llegar a casa Adam fue directo a su habitación para activar el juego de ajedrez en red. Nunca nadie se conectaba para jugar con él y siempre se activaba automáticamente la inteligencia artificial para que pudiera jugar. En realidad no se le daba bien ese juego pero a Adam no le importaba, nunca le importaba perder, quizá no era ni siquiera consciente de ello, él solo quería jugar. Su madre se dio un baño y luego se dispuso a cocinar para la hora de la comida y mientras esta se calentaba recogió el salón y preparó el arnés de la silla. Darle de comer a Adam no resultaba una tarea fácil, sufría una especie de fobia a ingerir alimentos.

Cuando todo estuvo listo Adam gritó y pataleó porque comprendía que era hora de comer, pero su madre lo ató igualmente a la silla. A pesar de ser una madre joven, era una madre cansada y cada día daba gracias a Dios por tener fuerzas para sujetar a Adam cuando pataleaba. Adam se calmó mientras la comida se enfriaba. En el canal seis hablaban del gran hallazgo. Un pesquero autorizado había encontrado una esfera plateada y ligera, llena de símbolos extraños y del tamaño de una persona. Estaba recubierta por plancton y otros vegetales marinos adheridos. El material, el interior y la antigüedad eran datos que se estaban investigando, aunque se suponía muy antigua y de material desconocido. El hecho de que hubiera surgido a la superficie se atribuía a posibles errores del proyecto Terranova en el control de las corrientes marítimas del océano Atlántico.

Adam estaba nervioso y su madre no veía el momento de darle la primera cucharada cuando, por primera vez en su vida, Adam dirigió sus ojos atendiendo al televisor digital. La joven madre tremendamente sorprendida analizaba inútilmente su comportamiento. Cuando el canal seis mostró imágenes de la esfera plateada y sucia remolcada por el pesquero, Adam gritó de forma aguda y repetida moviéndose endiabladamente y sin dejar de mirar las imágenes. La silla se volteó y la fuerza rabiosa de Adam rompió el arnés a los ojos atónitos de su madre. El chaval se arrodilló delante del televisor digital levantando las manos, como intentando tocar las imágenes. Su madre sintió una extraña angustia y susurró débilmente el nombre de su hijo. Adam volvió la cabeza hacia su madre sin apartar las manos de allí y el blanco de sus ojos había desparecido. Sus ojos eran como dos óvalos inyectados en tinta negra y de su boca surgió una voz de ultratumba que sonaba y resonaba con algo casi impronunciable... “epxzael”. Un terror, como un cuchillo en lo más profundo, atravesó a la madre de Adam, que se desmayó.

 

***

 

El conserje del turno de noche emergió lentamente de un profundo sueño, arrastrado por las ondas sonoras que anunciaban problemas. Cuando fue consciente de que estaba despierto y se percató de que aquello era la alarma del centro, el mismo sobresalto le hizo caer de la silla junto con el libro que había estado leyendo. Se levantó patosamente mientras flexionaba y frotaba los ojos para recuperar una consciencia total. El sensor de movimiento aumentó la luz de la sala paulatinamente, el reloj atómico que había sobre la puerta marcaba casi las cuatro y media de la madrugada. A esas horas nunca había nadie allí.

Se levantó tan deprisa como le permitió su reciente letargo y buscando nerviosamente en el bolsillo de su bata blanca no encontraba su tarjeta identificativa. Dos chillidos breves atravesaron el corredor hasta la puerta que tenía enfrente. Probablemente de alguno de los animales, en ese centro de investigación había muchos en el ala norte. El conserje se percató de que llevaba la tarjeta colgando del cuello pero por la espalda. Rápidamente la pasó por el receptor de la puerta que se abrió con el característico sonido descompresor que él tanto odiaba. Se dirigió hacia el ala norte sin dudar que todo provenía de allí, pero no sin temor, andó atenta y cuidadosamente. De nuevo dos chillidos breves volvieron a romper el sepulcral silencio, únicamente interrumpido por la alarma intermitente y la melodía inquietante de su respiración. Esta vez los chillidos, aunque provenían de la misma zona, se escucharon lejanos.

El ala norte era la zona más cercana a la sala de conserjería, por lo que no tardó en llegar. La luz ámbar provenía del laboratorio al final del pasillo C1. Su corazón se aceleró, pero se detuvo delante de la caja de seguridad, descubrió la tapa de esta y pasó torpemente su tarjeta. Después de teclear el código de seguridad dos veces, la alarma cesó. El único sonido que gobernaba ahora era el de los latidos contundentes de su corazón. Respiró ahogando todo temor y esperando que en el centro de vigilancia hubieran recibido la señal de alarma. Aunque no tardarían en llegar decidió dirigirse hasta la puerta del laboratorio. A pesar de que la visión era un tanto oscura, el cristal superior de la puerta no revelaba ningún incidente en el interior. Todo parecía estar en su sitio normal y los animales, aunque inquietos, estaban en sus jaulas. Pasó la tarjeta por el receptor de la puerta y esta se abrió.

La luz del laboratorio parpadeó levemente y el conserje echó un vistazo rápido. Lo primero que vio fue la ventana abierta con el alambre protector cortado. Comprendió que algo había ocurrido realmente pero no veía nada más que resultara extraño. Siguió paseando entre las jaulas de animales y allí estaba, una de ellas completamente abierta y vacía. La reconoció al instante, era la que pertenecía a uno de los animales más famosos del centro, el único animal del mundo capaz de pasar el test de Wynn. Mientras esperaba que llegara alguien del centro de vigilancia, el conserje seleccionó rápidamente un número en su celular.

-Siento llamarle a estas horas doctor Clark pero pensé que le interesaría saber que ha habido un incidente aquí en el centro… sí… no lo sé… eso es lo que parece… no se cómo ha podido ocurrir, pero ha desaparecido Evelyn 12, su famosa chimpancé…

 

[capítulo 2]



publicado en febrero de 2008

 
 © Copyright 'NGC 3660' en órbita desde el año 2000 ngc@ccapitalia.net