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Eón Hadeico (cap 03) Más sobre Darko Wiggin

III. EL PRINCIPIO DEL FINAL

Carlo miraba a aquella niña intentando ocultar un temor indescriptible. Él le ofreció el cubo que tenía en sus manos pero ella lo rechazó con un gesto leve. La niña abrió la boca para pronunciar algo cuando Carlo entornó los ojos percatándose de una luz roja en su sien. Un estruendoso ruido de botas y cargadores irrumpió en el aire. Cuatro pistolas de grandes dimensiones, empuñadas por corpulentos guardias del ejército, apuntaban a menos de cinco centímetros de su cabeza. La niña se quedó inmóvil, pero Carlo se dio la vuelta asustado y sorprendido. Otra de esas grandes pistolas le apuntaba a él y detrás había dos agentes más con armas mayores y de apuntador láser.

-Ni un solo movimiento, número dos -señaló uno de los que la apuntaban de cerca- y tú tampoco -indicó al periodista sin mirarle. Carlo volvió a mirar en dirección a la niña y en una fracción de segundo ella estaba detrás del círculo de pistolas que la apuntaban. Hubo dos disparos que nadie llegaría a sentir. Un láser verde que provenía de la niña, se había extendido a tal velocidad que había dibujado una malla que ahora se desvanecía. Dos segundos después todos estaban en el suelo descuartizados menos Carlo.

-El cubo es un TPH de última generación -le dijo la niña a Carlo como si nada hubiera ocurrido desde que se habían encontrado- tienes que ser rápido. Ve hasta la base militar y úsalo para abrir la esfera, ayudarás al mundo, serás un héroe. -Un héroe -pensó Carlo mientras ella escribía algo en la esquina de una hoja del maletín. -Pero… -pronunció Carlo intentando entender algo, pero ella ya era una sombra desapareciendo a una velocidad vertiginosa.

 

***

 

Adam y la chimpancé Evelyn 12 estaban llegando a orillas de la costa. Una playa rocosa y poco visitada que iba a ser escenario de grandiosos actos. A lo lejos divisaron un grupo de personas; eran ellas. Las once niñas formaron un amplio círculo sentadas en el suelo. Adam y la chimpancé se sentaron en medio, pero faltaba alguien en el círculo. No había nadie en aquel lugar y todos estaban inmóviles sobre la arena con los ojos cerrados. Una hora más tarde llegó número dos. Se sentó completando el círculo y esperaron.

 

***

 

Carlo había ido a visitar a su amigo Jim porque seguía sin saber qué hacer con el cubo, ni qué diablos era un TPH, pero su amigo Jim era listo, él siempre estaba enterado de todas las últimas tonterías tecnológicas. Y no estaba equivocado. Cuando le enseñó el cubo a Jim, este no cabía en sí de fascinación, una fascinación que Carlo miraba de reojo sin llegar a comprender realmente. Jim, excitado, le explicaba a Carlo que aquello era un TelePortador Holográfico de los de última generación, con un alcance de kilómetros, entonces Carlo empezó a comprender algo que no terminaba de atar.

 

Jim sabía abrir el cubo y de allí salieron anillos planos de diferentes tamaños y una especie de visor. Aunque su amigo se moría de ganas por probarlo, dejó que lo hiciera él para que lo comprendiera mejor. El anillo más grande era como un cinturón, los anillos medianos se acoplaban a los pies, los pequeños a los dedos de las manos y el visor se autoajustaba a la cabeza y los ojos. Jim activó el TPH desde el visor y Carlo empezó a moverse como loco. -Me caigooo… aaaaaaah!!! -gritaba Carlo. Carlo había caído a la calle sin rasguños. De repente se encontraba de nuevo al lado de Jim, que ahora sostenía el visor en sus manos toqueteándolo nerviosamente. -Perdona, es que por lo visto la distancia estaba ajustada a seis coma setenta y cinco metros, y claro, hacia donde tú mirabas, a esa distancia estás fuera del edificio, en el aire y en medio de la calle. Por eso te caíste -Jim reía y continuaba su aparatoso ajuste-. ¡ya está!

Con aquel aparato Carlo podía ver como si estuviera físicamente a esa distancia e incluso hablar y oír, aunque no tocar ni sentir. Después de entender cómo funcionaba, Jim se puso a jugar con él. Visitó a su madre que vivía a tres calles, ajustó la distancia hasta la casa de las vecinas del edificio de enfrente, que no estaban, comprobó si ya habían abierto el comercio de aparatos electrónicos de la avenida… mientras, Carlo observó repetidas veces la anotación que hizo la niña en aquella hoja: epxzael.

 

***

 

El capitán Mayer se presentó en la puerta del despacho del general Brahuer, esperando que este le dirigiera la palabra.

-Adelante, entre capitán Mayer. ¿Por qué no ha venido Willson? -preguntó Brahuer.

-Está ocupado con la esfera señor -indicó firmemente.

-Está bien. ¿Qué ocurre ahora? -preguntó el general mostrando cansancio.

-El operativo desplegado encontró a número dos, señor -una extraña sonrisa empezaba a dibujarse en el rostro de Brahuer- pero han muerto todos y hemos perdido el rastro de nuevo.

 

Un silencio sepulcral cortó el esbozo de sonrisa del general, que respiró profundo, cerró los ojos llevándose las manos a la cara y permaneció así durante unos minutos. Finalmente ordenó a Mayer que sacara hombres suficientes para preparar dos operativos más, le indicó que se marchara y el general no tardó en seguir el mismo camino.

 

***

 

Carlo volvió a repetirse mentalmente la palabra héroe, como si estuviera hipnotizado por aquellas letras. Entre los dos ataron cabos sobre lo que se pretendía en su supuesta misión y decidieron ir a la base militar, Jim le acompañaría. En aquella base militar estaba guardada la extraña esfera descubierta recientemente. Aparcaron lejos y subieron por una pequeña elevación del terreno bastante arbolada, hasta estar a decenas de metros de la valla lateral a la entrada.

Se arrodillaron a observar de lejos. Varios grandes hangares gobernaban la planicie de la base y en alguno de ellos estaría lo que buscaban. Tampoco conocían las distancias pero, por suerte, los prismáticos digitales que había traído Jim podían calcular aproximaciones y ellos estaban a más o menos un kilómetro de cualquiera de los hangares más cercanos. -Ahora que lo pienso, no hemos probado largas distancias -observó Jim- confiemos en que funcione -continuó diciendo sin quitar la vista del visor de los prismáticos. Carlo le miró con desdén.

Abrieron el cubo TPH y Carlo se vistió los trece anillos y se colocó el visor. Jim le desactivó el cuerpo holográfico para que al teleportarlo no mostrara figura alguna, ya que la situación podía volverse demasiado comprometida. Activaron el TPH y Carlo aún se veía fuera del hangar más cercano. Caminó virtualmente hasta cerca de la pared y luego ajustó la distancia para aparecer dentro, pero allí no estaba, solo había una par de viejos aeroplanos monoplaza y muchas cajas apiladas. Lo desactivaron y Carlo volvió en si; producía un leve mareo pasar de la visión virtual a la real. Lo intentaron un par de veces más y en el tercer intento lo encontraron.

Una gran bola metalizada, completamente esférica y recubierta, a retazos, por musgo que no había sido terminado de limpiar, estaba frente a la presencia de Carlo. Nadie lo advirtió. Cuatro guardias armados custodiaban, desde dentro, la entrada y la salida del hangar. Cinco personas más vestidas con bata blanca disponían de una mesa con utensilios y extraños medidores electrónicos. Analizaban y examinaban la esfera. Carlo movió los anillos y caminó rodeando la estancia del hangar, pero no vio nada que pudiera hacer. Jim le susurró algo que no escuchó bien debido a la mezcla de sonidos reales y virtuales, pero alguien de bata blanca se dio la vuelta hacia donde permanecía el Carlo virtual e invisible, como percatándose de algún sonido. Era obvio que ellos podían escucharle, así que se movió en silencio apartándose hasta la zona trasera de la esfera donde había menos gente. Observó rayas extrañas a lo largo de toda la superficie, pero no había orificios, no había líneas que marcaran entradas o salidas, no había nada útil…

De pronto recordó que tenía algo anotado en un papel que en la virtualidad no podía observar. -¿Cómo era? ¿pexael? ¿xezapel? -susurraba para s intentando recordar- ¿epxzael? -y entonces un ruido rápido y afilado se oyó en el otro extremo. Un murmullo y expectación provocada por las personas de bata blanca inundó el hangar. Carlo volvió a moverse para ver. Se había abierto un orificio oscuro y ahora brotaba un líquido con aspecto de estar hirviendo. En el suelo se formó un pequeño charco que parecía tener vida propia moviéndose como una ameba en proceso de formación, pero pronto tuvo forma: una forma parecida a una pequeña serpiente negra.

Seguía sin moverse del lugar del charco agotando aquel líquido en su cuerpo de reptil. Parecía que todos tenían mucho calor, con la piel enrojeciendo y sudorosos, sin dejar de observar aquella escena. Pronto empezaron a desplomarse y aquella forma de vida se desplazó cual serpiente, cada vez con mayor velocidad. Los guardias también cayeron al suelo como si su alma les hubiera abandonado. Carlo se quitó el visor y lo desactivó. —¡Mierda! No sé qué está ocurriendo pero creo que será mejor que nos vayamos de aquí —dijo nervioso. Jim miraba asombrado hacia la base militar y Carlo dirigió también su mirada hacia allí. Allá por donde pasaba aquella diminuta serpiente todo el mundo caía desplomado como muerto.

 

***

 

El mayor Willson y uno de los científicos se apresuraron a encontrar al general Brahuer que no estaba en su despacho. Se cruzaron en un pasillo.

-¡General Brahuer! -saludó cansado y nervioso el mayor. El científico le seguía.

-¿Sí?... ¿Qué ocurre? -preguntó ansioso el general.

-Han abierto la esfera -la voz de Willson mejoró.

-¿Y bien? -siguió expectante el general. Willson le dio paso al científico con un gesto.

-Al parecer, dentro es igual que fuera, excepto porque se han encontrado dos esqueletos. Uno de ellos es humano, probablemente un niño. Los huesos están muy descompuestos y llevaba una pulsera metálica con algo grabado. Puede leerse a simple vista algo como Adon o Adan… el otro es un homínido que llevaba una placa metálica en el cuello, está en el mismo estado y tampoco se lee bien. Puede que Ewe o Eve y números romanos, quizá XII -el científico hizo una pausa para respirar.

-¡Magnífico! Que sigan investigando las próximas 48 horas por turnos. Quiero más resultados y los quiero pronto -explicó el general con expresión alegre.

-Hay un problema general -indicó Willson con tono preocupante.

-¿Cuál? -borró su expresión el general Brahuer.

-Han muerto todos los que trabajaban en ello y no sabemos cómo ha podido ocurrir -dijo el mayor con voz queda.

 

***

 

La extraña serpiente bordeaba la playa. Las doce niñas que oraban algo ininteligible murieron en cuanto se percibió aquella presencia. Adam y Evelyn se arrodillaron escondiendo la cabeza, hacia la arena de las piedras, y cubriéndose con los brazos. Un rastro mocoso y ardiente subió por la espalda de Adam hasta formar parte del mismo tejido de su piel. Los ojos de Adam se convirtieron en cuencas oscuras de tinta negra. Evelyn, atemorizada abrazó a Adam y este se levantó de pie con la chimpancé colgando. Extendió sus brazos y se elevó lentamente sobre las piedras de la playa. A medida que subía se formaba una especie de extraña burbuja a su alrededor. El mar se movió inquieto, las aves caían en picado, seguía subiendo y contemplaba como las personas se desplomaban, ciudades enteras se desmoronaban, todo rastro de vida dejaba de existir. El planeta se convertía en un mero trozo de roca y agua flotando en el universo. La oscuridad del espacio envolvió la burbuja que se endurecía a cada segundo. Tres eones pasaron hasta que la burbuja de aspecto metálico volvió a caer al mar de la Tierra y tres eones volvieron a pasar hasta que las condiciones de vida en la Tierra coincidieron de nuevo.

 

FIN


publicado en abril de 2008

 
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