| 1.-
Los símbolos heráldicos
que decoraban su alma sólo eran visibles a los
muy avezados hechiceros de la Tierra. Cada símbolo
representaba una fuerza; unidos, lo convertían
en alguien muy diferente... o al menos, eso había
leído en la guía de juegos de ese Rol
en particular.
2.-
Los aparatos de la nave dejaron de
responder. Los tripulantes se quedaron como si estuvieran
ciegos y sordos. El computador central murió
entre estertores de agonía telecinética.
La nave seguiría en vuelo inercial durante siglos
y siglos, hasta que fuera atrapada por el campo gravitatorio
de algún planeta.
El juego había terminado, la
partida había sido más emocionante que
de costumbre. Los jugadores dejaron los mandos y salieron
del recinto.
En la pantalla, la nave seguía
a la deriva con sus tripulantes atrapados por los siglos
de los siglos... o hasta la próxima partida.
3.-
-Ignoras mi maldición, pero
te afectará igualmente.
-De eso nada; tengo poderosos amigos
que la contrarrestarán -Y diciendo eso, volvió
a tirar el dado...
4.-
La amenaza de la tormenta caló
hondo entre los navegantes. Su nave no era la más
apropiada para poder resistir el embate de las olas.
El velero solar no reunía las condiciones adecuadas
para navegar entre las olas que desprendía el
sol sobre el que se disputaba la carrera ese año.
Con gran dolor de sus corazones, tuvieron
que abandonar la carrera.
Una lástima, puesto que acababan
de ser admitidos en la Cofradía Espacial, y las
carreras sumaban puntos en la Liga Espacial, y malos
resultados podían poner en peligro su permanencia,
y volver a sus orígenes.
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