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En las mareas Mecánico Cuánticas Más sobre Javier Arnau

(nota: los siguientes “relatos” pueden ser leídos individualmente... o formar un tríptico si son leídos conjuntamente como una sola historia.)

 

I.- VIAJES Y CAOS

Las líneas paralelas me habían llevado hasta aquel lugar descentrado de todos los tiempos. Meridianos, longitudes y latitudes; grados, minutos, segundos: todo había contribuido a mi desorientación. Las coordenadas en mis oídos como música de las esferas, sangraban incoherentemente sobre un vacío anonadado, un pliegue procaz de las regiones insondables.

¿Dónde y cuándo estaba? Era la primavera de las lluvias, la estación de los árboles marchitos y las marchas reales. Lluvia, lluvia, y recuerdos cayendo como copos de avena en el cuenco producido por el pliegue espacio temporal donde me encontraba.

Las líneas divergieron, y el espacio se ensanchó. El tiempo retrocedió, las coordenadas se agruparon en ejes, y la lluvia cesó a las 25h: 33 minutos de la noche del nacimiento de Nuestro Señor de la Entropía. Su sacro corazón albergó desesperanza para los más fieles devotos del caos, y confites y regalos para la noche de Halloween.

Sube y baja, grados minutos y segundos; recorre las líneas magnéticas del globo terráqueo, mientras el rey del país de los sueños me embarga la existencia. Una partida de ajedrez bajo los faldones de los eternos, un peón que no cumple las reglas, y las líneas amenazan con derrumbarse.

Ondas radiofónicas nos salvan del tedio. Cabalgamos en wifi, y regresamos a nuestro paralelo a tiempo.

Pero el tiempo ya no existe. Loamos al Señor de la Entropía por el milagro, contribuyendo a su desorientación.

Las líneas paralelas han convergido, por fin, y el infinito ya se vislumbra en el horizonte de incertezas. Ya no hay música, las esferas han detenido su viaje por el cosmos, y el caos se pierde en insondables latitudes de regresiones marchitas.

Acabamos la odisea, y Neptuno se reconvierte en apocalíptico mesías profeta del atardecer.

Nos despedimos de nuestros allegados, de las lluvias de espacio-tiempo, y de las marchas reales marchitas en el caos.

 

II.- EFÍMERA

Planos alterados, por los que viajamos, ¿hacia dónde?

La incerteza de las escalas hace que no nos detengamos en auxilio de nuestras perspectivas. Renuentes, atisbamos la explosión de una molécula en el corazón de un sueño. Su brillo nos conduce, su música nos reduce. Simples átomos circulando por la cromosfera del sol. Una tormenta, una ráfaga, y nuestros sentidos infringen las normas de la cordura, devanándose en inciertas auroras.

Seguros de que los peldaños de negrura ausente aletean en nuestra consciencia, seguimos la senda marcada por las horas de vigilia. El perihelio de nuestra propia decrepitud acerca órbitas inestables de sentimientos entrecruzados, en la magnitud, inmensa solitud, de nuestros desiertos campos estelares. La cálida voz de un quark, emitido desde una lejana, añorada, revisitada esfera de posibilidades, nos guía hacia los abismos estelares, moradas del caos primordial. Un caos absoluto, frío, informe, que anega nuestras almas de desafíos y deprivaciones. Sensores que corretean por la superficie imaginaria en el corazón del caos, transmiten datos que nuestros sentidos anhelan recaptar, una y otra vez. Y el caos se resuelve en belleza; una rosa ígnea aparece entre los mundos, entre las realidades, entre los átomos que conforman otros átomos. Una gota de sangre cae de sus espinas, que son alternativas al orden preestablecido. Empapa las estrellas de cordialidad y arco iris espurios.

Escasos de referentes, liberados de toda habitualidad, nos dejamos derivar. Nuestra nave estelar, nuestro cuerpo disperso, nuestra mente colectiva, brilla en la senda de los cementerios galácticos; nos guía allá donde van a morir las estrellas, donde sus cuerpos abandonan la estancia de las realidades, y su brillo perdura en las memorias colectivas de las especies que pueblan la imaginación. Y un billete de retorno nos es otorgado por la Fuente; efímera lotería solar a la que juegan en animada controversia los seres de luz y luna.

Elipses retomadas por las que derivamos, ¿a dónde?; sin escala, sin perspectivas, una mirada de negrura nos guía hacia nuestra retomada lluvia de regocijos, felicitaciones y transversalidades.

Y arribamos.

Y retomamos viaje.

En continuo espacio/tiempo, sin escalas en la Eternidad.

 

III.- COSTAS

Alas oscuras, de tristeza infinita, cruzan el caos.

Oscuras palabras, de desesperación sin medida, hablan a la noche final.

Espacio y tiempo se confunden, se disculpan, y siguen su marcha, sin mirar atrás, sin consciencia de lo que ocurre a sus espaldas, de lo que dejan atrás; una desesperación infinita, una tristeza sin medida.

Negros pensamientos irradian desde una lejana aurora. La inaudita tintura del alma oscura persigue nuestra esencia envuelta en argón, sin poder alcanzarla jamás, sin poder perderla de vista nunca. Y el mar de estrellas aleja sus costas algo más, dejándonos un poco más solos en nuestra esfera de similitudes. Una taciturna ave grazna sobre la ausencia de todo pensamiento cabal, mientras los evos recorren la distancia que los separan de las eras cósmicas, cosmogónicas.

El rumor de la costa resuena en nuestra triste mirada, evocando ecos de una majestuosidad apenas recordada, mientras el tiempo se aleja por la vía de los pensamientos ajenos, y el tren de los mesones acelerados descarrila al borde de nuestras consciencias. Nos deja huérfanos de conocimientos, anegados de incertezas estelares, mientras buscamos un sistema de referencia que haga nuestra vida un poco menos caótica. Pero un eje de coordenadas ha partido ya en busca de incógnitas que resolver, de enigmas que replantear, de evoluciones que supervisar.

Un ordenador orgánico de espirales proteínicas conforma al último ser de la galaxia, mientras que los enlaces entre electrones del mismo par forman estrellas en descomposición áurea permanente. Luminosos senderos entre los filamentos de la noche describen secuencias de filogenias, negando la oscuridad del alma que habíamos profetizado.

Y un viento estelar se levanta entre los mundos, despeinando las cabelleras de los cometas, empujando los guijarros cósmicos más allá de las bahías espaciales.

Profundos surcos reflejan el paso de los meteoros, dando paso a una astrología de bolsillo, mientras las incógnitas surgen y se esconden de nuevo, ante la cercanía de unas alas oscuras, un sistema de referencia binario, unas coordenadas evolutivas.

Y una vez negadas las almas oscuras, recorridos los senderos de la noche, y arribado a las bahías de las costas espaciales, todo retorna a sus incertezas de universo de bolsillo; logrado este primer paso, en el infinito se reencuentran de nuevo viejos amigos, y es el principio de todo.

Y el final de todo.

 
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