| (nota: los siguientes
“relatos” pueden ser leídos individualmente...
o formar un tríptico si son leídos conjuntamente
como una sola historia.)
I.- VIAJES Y CAOS
Las líneas paralelas me habían
llevado hasta aquel lugar descentrado de todos los
tiempos. Meridianos, longitudes y latitudes; grados,
minutos, segundos: todo había contribuido a
mi desorientación. Las coordenadas en mis oídos
como música de las esferas, sangraban incoherentemente
sobre un vacío anonadado, un pliegue procaz
de las regiones insondables.
¿Dónde y cuándo
estaba? Era la primavera de las lluvias, la estación
de los árboles marchitos y las marchas reales.
Lluvia, lluvia, y recuerdos cayendo como copos de
avena en el cuenco producido por el pliegue espacio
temporal donde me encontraba.
Las líneas divergieron, y
el espacio se ensanchó. El tiempo retrocedió,
las coordenadas se agruparon en ejes, y la lluvia
cesó a las 25h: 33 minutos de la noche del
nacimiento de Nuestro Señor de la Entropía.
Su sacro corazón albergó desesperanza
para los más fieles devotos del caos, y confites
y regalos para la noche de Halloween.
Sube y baja, grados minutos y segundos;
recorre las líneas magnéticas del globo
terráqueo, mientras el rey del país
de los sueños me embarga la existencia. Una
partida de ajedrez bajo los faldones de los eternos,
un peón que no cumple las reglas, y las líneas
amenazan con derrumbarse.
Ondas radiofónicas nos salvan
del tedio. Cabalgamos en wifi, y regresamos a nuestro
paralelo a tiempo.
Pero el tiempo ya no existe. Loamos
al Señor de la Entropía por el milagro,
contribuyendo a su desorientación.
Las líneas paralelas han convergido,
por fin, y el infinito ya se vislumbra en el horizonte
de incertezas. Ya no hay música, las esferas
han detenido su viaje por el cosmos, y el caos se
pierde en insondables latitudes de regresiones marchitas.
Acabamos la odisea, y Neptuno se
reconvierte en apocalíptico mesías profeta
del atardecer.
Nos despedimos de nuestros allegados,
de las lluvias de espacio-tiempo, y de las marchas
reales marchitas en el caos.
II.- EFÍMERA
Planos alterados, por los que viajamos,
¿hacia dónde?
La incerteza de las escalas hace
que no nos detengamos en auxilio de nuestras perspectivas.
Renuentes, atisbamos la explosión de una molécula
en el corazón de un sueño. Su brillo
nos conduce, su música nos reduce. Simples
átomos circulando por la cromosfera del sol.
Una tormenta, una ráfaga, y nuestros sentidos
infringen las normas de la cordura, devanándose
en inciertas auroras.
Seguros de que los peldaños
de negrura ausente aletean en nuestra consciencia,
seguimos la senda marcada por las horas de vigilia.
El perihelio de nuestra propia decrepitud acerca órbitas
inestables de sentimientos entrecruzados, en la magnitud,
inmensa solitud, de nuestros desiertos campos estelares.
La cálida voz de un quark, emitido desde una
lejana, añorada, revisitada esfera de posibilidades,
nos guía hacia los abismos estelares, moradas
del caos primordial. Un caos absoluto, frío,
informe, que anega nuestras almas de desafíos
y deprivaciones. Sensores que corretean por la superficie
imaginaria en el corazón del caos, transmiten
datos que nuestros sentidos anhelan recaptar, una
y otra vez. Y el caos se resuelve en belleza; una
rosa ígnea aparece entre los mundos, entre
las realidades, entre los átomos que conforman
otros átomos. Una gota de sangre cae de sus
espinas, que son alternativas al orden preestablecido.
Empapa las estrellas de cordialidad y arco iris espurios.
Escasos de referentes, liberados
de toda habitualidad, nos dejamos derivar. Nuestra
nave estelar, nuestro cuerpo disperso, nuestra mente
colectiva, brilla en la senda de los cementerios galácticos;
nos guía allá donde van a morir las
estrellas, donde sus cuerpos abandonan la estancia
de las realidades, y su brillo perdura en las memorias
colectivas de las especies que pueblan la imaginación.
Y un billete de retorno nos es otorgado por la Fuente;
efímera lotería solar a la que juegan
en animada controversia los seres de luz y luna.
Elipses retomadas por las que derivamos,
¿a dónde?; sin escala, sin perspectivas,
una mirada de negrura nos guía hacia nuestra
retomada lluvia de regocijos, felicitaciones y transversalidades.
Y arribamos.
Y retomamos viaje.
En continuo espacio/tiempo, sin
escalas en la Eternidad.
III.- COSTAS
Alas oscuras, de tristeza infinita,
cruzan el caos.
Oscuras palabras, de desesperación
sin medida, hablan a la noche final.
Espacio y tiempo se confunden, se
disculpan, y siguen su marcha, sin mirar atrás,
sin consciencia de lo que ocurre a sus espaldas, de
lo que dejan atrás; una desesperación
infinita, una tristeza sin medida.
Negros pensamientos irradian desde
una lejana aurora. La inaudita tintura del alma oscura
persigue nuestra esencia envuelta en argón,
sin poder alcanzarla jamás, sin poder perderla
de vista nunca. Y el mar de estrellas aleja sus costas
algo más, dejándonos un poco más
solos en nuestra esfera de similitudes. Una taciturna
ave grazna sobre la ausencia de todo pensamiento cabal,
mientras los evos recorren la distancia que los separan
de las eras cósmicas, cosmogónicas.
El rumor de la costa resuena en nuestra
triste mirada, evocando ecos de una majestuosidad
apenas recordada, mientras el tiempo se aleja por
la vía de los pensamientos ajenos, y el tren
de los mesones acelerados descarrila al borde de nuestras
consciencias. Nos deja huérfanos de conocimientos,
anegados de incertezas estelares, mientras buscamos
un sistema de referencia que haga nuestra vida un
poco menos caótica. Pero un eje de coordenadas
ha partido ya en busca de incógnitas que resolver,
de enigmas que replantear, de evoluciones que supervisar.
Un ordenador orgánico de espirales
proteínicas conforma al último ser de
la galaxia, mientras que los enlaces entre electrones
del mismo par forman estrellas en descomposición
áurea permanente. Luminosos senderos entre
los filamentos de la noche describen secuencias de
filogenias, negando la oscuridad del alma que habíamos
profetizado.
Y un viento estelar se levanta entre
los mundos, despeinando las cabelleras de los cometas,
empujando los guijarros cósmicos más
allá de las bahías espaciales.
Profundos surcos reflejan el paso
de los meteoros, dando paso a una astrología
de bolsillo, mientras las incógnitas surgen
y se esconden de nuevo, ante la cercanía de
unas alas oscuras, un sistema de referencia binario,
unas coordenadas evolutivas.
Y una vez negadas las almas oscuras,
recorridos los senderos de la noche, y arribado a
las bahías de las costas espaciales, todo retorna
a sus incertezas de universo de bolsillo; logrado
este primer paso, en el infinito se reencuentran de
nuevo viejos amigos, y es el principio de todo.
Y el final de todo.
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