| Aquella parecía
que iba a ser una misión compleja. Porque aunque
la raza de los VorXonness era eminentemente comercial
(poseían naves exploradoras, cargueros, transbordadores
y de defensa de los cargueros dispersas por toda la
galaxia conocida), a la familia Firabranses, una de
las más competitivas de esa raza en extremo competitivas,
se le había encomendado establecer relaciones
comerciales en aquella zona, aún virgen en cuanto
a comercio interestelar, de la "vía láctea".
Era su misión, y el orgullo debía quedar
por encima de todo. Así que, a pesar de las dificultades
de abrir un mercado virgen, en una zona tan atrasada
de la galaxia, cumplirían con el encargo del
Imperio costase lo que costase.
Enseguida se dieron cuenta de la dificultad
que iba a suponerles; el único planeta habitado
era sumamente atrasado, tanto que no habían conquistado
ni su propia luna; y que los viajes por su propia órbita
eran, incluso, esporádicos.
La nave VorXonna había llegado
inadvertida, e inmediatamente se habían puesto
a procesar la información contenida en las comunicaciones
de aquel planeta para ver cómo podían
enfocar tan ardua tarea. Una vez descodificadas, traducidas
y procesadas las escasas y primitivas comunicaciones,
comprendieron que habían llegado a un lugar,
o a un momento denominado navidad, christmas, natale,
nadal... o algo así. No estaban muy seguros
de lo que podía ser, así que enfocaron
sus radiotelescopios amplificados, y se dispusieron
a aprender todo lo posible de aquella ¿natale?.
Y, una vez comprendida, estallaron en una gran alegría:
¡ahí estaba el espíritu comercial
de aquel planeta; eso era lo que necesitaban para entablar
negociaciones con ellos! De todas maneras, dispuestos
a sacar todo el rendimiento comercial que fuera posible,
decidieron indagar más. Pocos días después
pudieron observar un fenómeno muy curioso: si
en una primera apreciación constataron que los
viajes orbitales eran escasos en aquella zona, en aquel
momento una extraña nave, con un anciano algo
obeso vestido de verde, orbitaba varias veces durante
una noche el planeta, y luego desaparecía. Prudentemente,
a pesar de su fuerte instinto comercial que les empujaba
a contactar inmediatamente con cualquier cliente potencial,
procedieron a observar todavía un poco más;
y justo cuando se cumplía una revolución
al sol, el mismo anciano volvió a aparecer en
su nave, pero ahora vestido de rojo.
Curioso, pensaron. Y mientras pensaban,
observaban, y discutían, pasó otra revolución
solar, y apareció de nuevo el mismo anciano -y
otra vez de rojo. Eso corroboró la hipótesis
que enunciaron mientras esperaban su más que
probable aparición; el cambio de color en su
vestimenta se debía a que ahora era patrocinado
por otra marca comercial diferente: una de bebidas refrescantes,
parecía ser.
Con todos estos datos recopilados,
decidieron pasar ya a la acción. Establecieron
contacto con aquel anciano vestido de rojo. Bueno, más
bien lo capturaron, pues lo atrasado de la tecnología
de la nave del anciano no les permitía un buen
entendimiento entre ambos. Cuando la nave estuvo dentro
de la de los VorXonness, éstos utilizaron proyectores
de imágenes y traductores universales -como raza
comerciante disponían de millones de artefactos
para negociar, de toda la galaxia civilizada conocida-.
Se presentaron ante el de rojo, y empezaron a negociar.
Santa Claus, como se presentó
el anciano, se quejaba de que ya nadie en la Tierra
le daba importancia a la navidad, sólo a la parte
más comercial; los comercios cada vez empezaban
antes con la campaña, los niños no sabían
cuál era su sentido, los mayores sólo
se preocupaban por tener unos días de fiesta
y poder irse de viaje, etc. Ya habían acabado
con los Reyes Magos, y el siguiente sería él.
Por eso, no le importó negociar con la familia
Firabranses la venta de la esencia destilada de la navidad;
como casi único representante actual en la Tierra
de los christmas, tenía poder para ello.
Con ayuda de sus elfos, destiló
durante días la navidad. La absorbió de
los pocos lugares donde aún parecía importar
algo. No fue mucho, pero dio para llenar una pequeña
esfera, justamente como esas que aún se vendían
como recuerdo de la navidad, de las que se agitan para
ver cómo cae la nieve.
Dicha esfera fue instalada en una
de las bodegas, bien asegurada mediante rayos tractores
con generadores independientes del resto de la nave,
y circuitos de seguridad redundantes; con lo que les
había costado abrir ese mercado, no iban ahora
a arriesgarse a perder su mercancía.
El anciano, que pensaba retirarse
a alguna de las islas tropicales de su planeta natal,
pues ya estaba harto de pasar siglos y siglos helado,
les hizo una última advertencia: "Cuidado
cuando la vayáis a abrir. Contiene elementos
peligrosos, que pueden producir una mezcla que se debe
de tratar con mucho cuidado. Contiene, en esencia, el
nacimiento de un dios, sentimientos de paz y amor, buenos
deseos, ansia comercial, una fiesta de reencuentro familiar..
y así varios ingredientes más. Por separado,
y en pequeñas dosis son buenos, incluso recomendables;
pero todos ellos juntos, pueden ser un cóctel…
cuando menos a vigilar ciudadosament”.
La familia Firabranses, representante
de los VorXonness, no entendieron nada de lo que les
dijo. Sólo alcanzaron a comprender algo de "comercial",
y eso les bastó. Ansiosos como estaban por volver
a su zona de influencia y mostrar el fruto de su misión,
pagaron al anciano lo convenido, le dejaron donde él
eligió, y se marcharon a velocidades translumínicas.
Cuando llegaron a su planeta, bajaron
la carga de sus bodegas. Toda la plana mayor político-comercial
se había reunido en el gran espaciopuerto de
la capital económica del planeta, a su vez capital
del Imperio de los VorXonness, pues las noticias de
lo que transportaban ya habían llegado hacía
tiempo. La placeta destinada a las autoridades estaba
llena de comercialidad, todo en el planeta giraba alrededor
del consumismo; la compra, venta, las negociaciones,
el trueque. Eso era su dios, y sus sentimientos no entendían
más que de negocios.
Con gran expectación, se abrió
la bola que contenía la esencia de la navidad.
Y explotó.
En segundos, aniquiló la vida
de todo el planeta, y de buen parte de su sistema. Alguna
reminiscencia, algún retazo de bondad, de buenos
sentimientos, de paz, había interactuado con
la atmósfera del planeta, cargada de mercantilismo,
y había detonado.
Los telescopios de la Tierra vieron
nacer una Nova, lo que causó sorpresa en la comunidad
científica, pues no habían detectado actividad
extraña en aquella zona.
Y llegó la época de Navidad
de nuevo a la Tierra. Nadie notó nada extraño;
las compras se seguían haciendo igual que siempre,
los villancicos atronaban en las calles, los árboles
se decoraban igual que de costumbre, las familias se
reunían alrededor de una gran y repleta mesa
en las mismas fechas que año tras año...
en fin, un año más.
Y Santa Claus disfrutaba de unas merecidas,
indefinidas, vacaciones en una isla caribeña...
Y los Reyes Magos... ¡ah, ésa
es otra historia!
publicado en diciembre de
2007
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