| La ceñuda expresión
de Dolf G23 se acentuó aún más cuando entró en el gigantesco
despacho de su jefe, y lo encontró realizando continuos
aspavientos. Éste discutía tan solo con la imagen holográfica
de uno de sus empleados... Contemplar in situ el hábitat
del viejo convertido en el paraíso de la quietud, no
terminaba de olerle nada bien. Aun así, a Dolf no le
quedó otra que esperar su turno, o rezar para que a
cualquiera de aquellos dos se le ocurriera mirar hacia
donde él estaba.
Entre tanto, no podía dejar de preguntarse
por qué su querido jefe le habría ordenado presentarse
de inmediato. Si le esperaba lo mismo que al infortunado
de Dolland, cosa que dudaba, Darwin podría haberse evitado
hacerle llamar y obligarle a atravesar de lado a lado
aquella inmensa mole, su adorada y adorable Corporación
de Industrias de la Tierra en el Sistema Solar.
Para echarle un buen rapapolvo, por conexión holográfica
se hubiese visto sobrado, al igual que lo hacía ahora.
A pesar de su inquietud, la nuca de
Darwin continuó ajena a su presencia y parecía dispuesta
a seguir haciéndolo durante impredecibles minutos. Por
ello, viéndose incapaz de soportar por más tiempo aquella,
en apariencia, interminable espera, y después de haber
comprobado en los números digitales ubicados en la parte
superior del único ventanal, que ya estaban disponiendo
de SU tiempo, Dolf hubo de fingir un inevitable carraspeo,
obteniendo al instante la reacción que esperaba.
-Enseguida estoy contigo -Las viejas
pupilas de su jefe se habían abierto camino entre la
densa cortina de humo, adivinando rápidamente su enjuta
figura. La imagen holográfica de Dolland, también lo
hacía emergiendo aún del suelo en forma de enorme bloque
monolítico.
Cuando el recién llegado quiso asentir,
el rostro apergaminado de su jefe ya succionaba el habano
prestando atención al otro, así que mientras esperaba
su turno, Dolf G23 no tomó asiento, y tampoco
intentó prestar atención a la verborrea insultante dirigida
al encargado de mantenimiento de satélites: Aquella
era la única forma que conocía de no sentirse aún más
incómodo. Aquella, y disimular de manera absurda mientras
colocaba su corbata, estiraba sin necesidad su traje,
y por último manoseaba la pequeña computadora que por
el momento permanecía a buen recaudo en uno de sus bolsillos.
Mientras, sus solidarias pupilas también hacían lo propio
observando el movimiento de los pececillos holográficos
aleteando arriba y abajo en el interior de la imagen
marina, sobre la monstruosa mesa de despacho. Desgraciadamente,
cuando sus movimientos se volvieron por completo previsibles,
no le quedó otra que volver a concentrarse en la conversación,
y por ende, en la imagen de Jack Dolland, que gracias
al cielo y precisamente en ese instante, desaparecía
quedando incrustada en el suelo de igual forma que lo
hacían algunos de los departamentos bajo la supervisión
del viejo.
La discusión había concluido.
A una seña de George Darwin, G23 avanzó
y tomó asiento contemplando la imagen de su puesto ahora
vacío, incrustado en su caso en una de las baldosas
de la pared.
-¿Por qué me has hecho venir hasta
tu despacho, George? ¿Piensas soltarme una como la que
acabas de soltarle a Dolland?
-No, Dolf -el viejo comprobó la hora
y de buenas a primeras el nerviosismo pareció apoderarse
de él -, verás, ¿recuerdas el futuro trabajillo del
que te he hablado muy por encima en un par de ocasiones?
G23 alzó estupefacto sus pobladas cejas.
Aquello no lo esperaba y menos aún de forma tan directa.
Además, pensaba que ya le habían encargado "el estúpido-trabajo-ultra-secreto"
a otro.
-¿Sigue en pie? -el otro asintió en
silencio-. ¿Has decidido entonces darme alguna pista?
El meñique de Dolf se abrió camino
entre sus espesos rizos, al tiempo que Darwin se tomaba
tiempo para contestarle: Su descolorido amigo, encargado
hasta el momento de prácticamente todos los sistemas
informáticos, y el mantenimiento tecnológico de aquel
edificio, estaba permanentemente echando chispas, y
con razón. Desde que llegó a la Corporación ITSS, no
le habían dejado en paz, y para más inri, le habían
forzado a trabajar de la misma forma que al resto, precisamente
cuando aquel muchacho de mirada desconfiada y mentón
cuadriculado, había demostrado ser sobradamente capaz
de trabajar solito. Sin alienaciones, además de haber
sido quien en un mayor número de ocasiones había salvado
prácticamente, y sin el menor esfuerzo, tanto la reputación
de la empresa como la suya propia. Él, Darwin, por supuesto
le estaba eternamente agradecido por ambas cosas, y
con aquel trabajito que le encomendaba pronto tendría
ocasión de demostrárselo, al igual que su eterna amistad.
No obstante, aunque estaba seguro de que en la Corporación
ITSS también le agradecían la labor que había venido
desempeñando, creía que no lo hacían ni del modo adecuado
ni por supuesto lo suficiente. Y todo gracias a la política
de la empresa... George sabía lo que Dolf pensaba de
la política de la empresa, y lo sentía de veras. Sentía
tener que ver cómo se marcharía su amigo en un futuro
no muy lejano...
Le dedicó una sonrisa tranquilizadora:
-La definitiva.
-Está bien, ¿a qué esperas entonces?
-Ten un poco de paciencia.
-¿Paciencia? ¡Pero si sé prácticamente
lo mismo que desde el principio, es decir, nada!
-Hombre, no te lo tomes de ese modo...
-¿Cómo quieres que me lo tome entonces?
Siempre pensé que una de mis mayores virtudes era la
paciencia, pero creo que por alguna extraña razón la
he perdido, ¿se te ocurre a ti por qué razón puede ser?
-por supuesto, intentó ser todo lo sarcástico que pudo,
pero el otro no reaccionó-. George, sinceramente, ¿ves
normal que no sepa cuál es mi trabajo en "esa misión"?
¿Dime, lo ves normal? ¿Y ves lógico que aún sin conocerla,
sí esté seguro de que será fuera de mi despacho? ¡Mi
despacho! Salir de aquí, del edificio…Todo lo que necesito
se encuentra a mi alrededor. El trabajo que desempeño
lo desempeño bien aquí. Si debo salir, ¡entonces ese
trabajo no es para mí!
Darwin procuró mantener la calma, ya
que a él también empezaba a crisparle aquella espera:
-Tranquilízate y toma esto, por favor
-con mano ciertamente temblorosa, le entregó un diminuto
disco semitransparente-. Por primera vez vas a ver lo
que ocurrió; conocerás la historia de primera mano.
Sin holografías manipuladas, nada de noticias de segunda
mano, ¡los hechos! Lo que vas a ver ahí, es lo que nos
obliga a realizar el trabajito en cuestión. Échale
un vistazo después de la reunión ¿de acuerdo?, pero
mientras, intenta contener tu impaciencia. Dolf, las
cosas deben seguir su curso -el otro le miraba obstinado-Hoy
no saldrás de este despacho sin saber qué debes hacer,
te lo prometo.
El ingeniero fijó su atención en la
pequeña computadora portátil que había extraído precipitadamente
de su bolsillo:
-Venga George, déjate de rollos y dime
con quién debemos reunirnos. Ya que no quieres contarme
de qué va la vaina, al menos dime eso. ¿Es Jefferson?
¿Es él, no es cierto?
-¡Eres tan cabezota! ¡No necesitas
esa información, aguarda unos minutos más y lo sabrás,
es todo lo que te pido!
G23 no paró de manosear el teclado
virtual de su computadora, exactamente igual que si
no hubiera escuchado ni una sola palabra.
-Te resultará imposible deducir quién
va a ser tu compañero así que procura relajarte durante
un momento ¿quieres? -esperó en vano a que G23 le hiciese
caso-. ¡Y deja ese cacharro ya! ¿Me oyes?
El otro continuó manejando el teclado
únicamente con la zurda.
-¿No me has oído Dolf?
-¿Pero por qué no puedo adelantarme
a su llegada? ¡Puedo deducirlo siempre y cuando me des
algún tipo de información! Quizá así pueda hacerme una
idea de qué tipo de estúpido trabajo tendré que desempeñar.
-No pertenece a la Corporación ITSS,
¿contento? -lo soltó, y GD, como le llamaban sus verdaderos
amigos, tragó estrepitosamente, esperando ahora la explosiva
respuesta de su súbdito. Ésta no se hizo esperar.
-¿Có... cómo? -El joven informático
se rascó nervioso mientras su cerebro cavilaba a toda
velocidad-. ¿A quién necesitamos fuera de aquí si contamos
con toda clase de especialistas? ¿No es esta una de
las mayores y más poderosas empresas de la Tierra? ¿De
qué tipo de trabajo, misión, o como demonios quieras
denominarlo se trata? No entiendo...
La conversación se vio interrumpida
por la elevación de un nuevo holograma. Era Thelma,
la huesuda secretaria de GD. Éste, pulsó uno de los
controles de su mesa permitiendo que la increíblemente
aguda voz de la mujer martirizase sus oídos.
-Señor -la secretaria observó arrogante
a G23 y por último se dirigió a su superior-, ya han
tomado el ascensor.
-Está bien. Gracias por avisarme -el
holograma continuó impertinentemente erguido-. Eso es
todo Thelma.
La secretaria obedeció al instante
volviendo a su posición inicial, y sólo entonces, GD
volvió a pulsar el comando que les daba la privacidad
acústica necesaria.
-Dolf, tu compañía viene... viene de
la Luna… tienes que tener paciencia... vuestro trabajo
es de extremada importancia, -la puerta del despacho
desapareció acompañada de un suave siseo que esta vez
GD sí oyó, dejando distinguir súbitamente a dos figuras
humanoides. Darwin se dirigió a G23 una vez más, esta
vez escondiendo su propia cara detrás de la del envarado
joven. Aquellos dos habían subido antes de lo previsto,
así que se apresuró a finalizar antes de que su voz
se volviera perfectamente audible para los recién llegados-,
créeme, no puede ser de otra forma. No lo olvides.
Tras examinar a los recién llegados
por encima de su hombro, G23 devolvió precipitadamente
su atención a la figura de su jefe, quien se había ocultado
a toda velocidad tras sus gafas de espejo.
-Pero, ¿George, qué demonios…?
-Shhhhhhh.
La mujer avanzaba presuntuosa hacia
la mesa del que, en un abrir y cerrar de ojos, también
se había convertido en su nuevo jefe. Su acompañante
entre tanto, tomaba asiento en el apartado sillón de
piel, al margen de las miradas escrutadoras de los terrestres.
Una vez frente al monstruoso escritorio,
dejándose caer de golpe, la mujer tomó asiento junto
al joven Dolf.
-Tranquilízate, encanto, me agrada
tanto como a ti -después de desviar su mirada del muchacho
al viejo y del viejo al muchacho, apartó su vestido
de gasa negra poniéndose cómoda, mientras de paso dejaba
al descubierto una de sus macizas piernas.
-¿Qué significa esto? -El joven Dolf
frunció el ceño esperando una respuesta convincente.
No le gustaban las selenitas. Todo el mundo sabía del
tipo de relación que irremediablemente terminaba por
desarrollarse entre terrestres y … ¡lunáticos! ¡Se odiaban
a muerte!
-Eso digo yo, ¿alguien nos va a dar
algún tipo de explicación de una santa vez? ¿Es que
los terrestres no sabéis concretar?
Dolf G23 miró a la mujer de mala gana.
¿De la Luna? Esos modales no eran de una selenita, sino
más bien de una pueblerina embutida en ropas terrestres.
-¿Cuál es el trabajo, dime? -A pesar
de las gafas de espejos, G23 intentó asesinar con la
mirada a su superior.
-Vayamos por partes -en el arrugado
rostro de George, se abrió paso una sonrisa que
pretendió ser de lo más tranquilizadora-, creo que lo
mejor sería que hiciésemos las debidas presentaciones.
-Pues yo creo que si no te explicas
¡ya!, lo mejor sería que me largara -el terrestre hizo
ademán de abandonar su asiento.
-Le recomiendo que se quede.
El ingeniero volvió la cabeza precipitadamente,
estudiando al muchacho pelirrojo postrado en el sillón.
Éste sopló el mechón de pelo que caía sobre su frente,
sin agregar absolutamente nada más.
-Perdón, ¿cómo dice?
-Debe quedarse y escuchar atentamente.
-Pero... ¿quién demonios es usted?
-Mi androide ¿algún problema? -el largo
cabello castaño de la fémina cayó sobre las piernas
del presunto desertor cuando ésta se encaró con él.
-¿Un androide? -G23 se volvió con expresión
infantil a su superior.
-¡Dolf, déjame hablar! -Darwin arrancó
prácticamente las gafas de espejo de su cara-. Necesito
que os tranquilicéis y me permitáis explicaros qué razones
os han traído aquí. No es necesario que perdamos más
tiempo, creedme -sus manos, aún más temblorosas que
de costumbre, encendieron un nuevo habano. Lo aspiró
un par de veces, dejándolo definitivamente a un lado
en el preciso momento en que la voz infantil del personaje
mecánico, le sobresaltaba casi tanto como a su amigo
Dolf.
-Soy Dummy de la Luna. Mi número de
serie es el 257D39. Soy detective. Estoy especializado
en la investigación de incidentes que pongan en peligro
a cualquier forma de vida inteligente. Trabajo para
la Corporación de Industrias de la Luna en el Sistema
Solar…
-¡Dummy! -El ingeniero de la Tierra
volvió su mirada al esquelético androide con expresión
divertida, pero decidió guardar para sí su opinión.
-Espero que no haya ningún problema
con él -Shelar amenazó una vez más a G23, exhibiendo
una de sus aguileñas uñas teñidas al igual que sus labios
de un sanguinolento rojo.
G23 intentó disfrazar sus pensamientos
inquiriendo visualmente a la dama. ¡Aquello no podía
estar pasándole a él!
-Está bien, ya que el amable androide
ha comenzado presentándose a sí mismo, continuaré con
tu compañera -la tonalidad paciente de GD demostraba
que realmente merecía su cargo-. Ella es Shelar… digamos
que, mmmm, bueno, es la sustracción en persona, pero
ahora trabaja para la Corporación ILSS.
-¿A qué te refieres, de qué estás hablando
George?
-Bueno, antes de ser contratada por
la ILSS fue… -un extraño sonido gutural salió de lo
más hondo de la garganta del viejo. «¡Empezamos maravillosamente!».
-¡Ladrona! -Shelar no pudo evitar dar
un respingo cuando oyó su propia voz desvelando aquel
vergonzoso secreto-. Sí, ladrona, robaba toda clase
de objetos de valor. La mayor parte de ellos tecnológicos.
Después los vendía y…
-Está bien, he tenido suficiente. Me
considero un profesional y creí que tú también lo hacías,
George. Sabes que con respecto a mi trabajo no soporto
ningún tipo de broma -Dolf se levantó guardando nerviosamente
la reducida computadora en uno de sus bolsillos, disponiéndose
a salir de allí cuanto antes, pero el cuerpo del sujeto
positrónico perfectamente equivalente al suyo, interceptó
su camino aun antes de que el humano hubiera dado el
primer paso.
-Continúe por favor -GD aprobó la actuación
del androide con un gesto, y señalando a la joven dama
con su puro, la indicó que continuara.
Por primera vez desde su llegada, la
hermosa cara de la selenita se tiñó de ansiedad:
-Puede que él tenga razón, quizá no
debería…
-No nos queda más remedio señorita.
No se trata de un asunto de gustos o apetencias. Esto
no es un simple trabajo, sino una orden recibida del
propio gobierno solar. Nuestras empresas únicamente
deben colaborar. En realidad, lo que nosotros pensemos
o sintamos poco importa. Así que le ruego que continúe.
-De acuerdo -antes de empezar Shelar
buscó algún indicio de aprobación en el rostro del terrestre,
que aún permanecía de pie taladrando al androide con
la mirada. El ingeniero, por último, decidió acceder
y sentarse sin rechistar, por supuesto sin el menor
indicio de lo que la joven buscaba en su semblante-.
Bien, creí que con mi último e inesperado trabajo había
llegado mi gran oportunidad. No sabía si estaba preparada
para él, pero era mucho, mucho dinero el que me habían
ofrecido... yo, pensé que al fin lograría salir del
agujero en el que he estado metida durante toda mi vida,
así que me arriesgué -sus ojos dejaron de relampaguear
para humedecerse durante un breve instante, mientras
contemplaban abiertamente al muchacho de la Tierra-.
Bueno, eh... de la manera más tonta fui atrapada junto
con el resto de los implicados en el robo, con un importante
alijo de V5. Pero... pero creo que debería empezar por
el principio. Cuando fuimos contratados nos explicaron
que el robo y la posterior venta del producto, se llevarían
a cabo con un buen fin; todas las cápsulas de "Vida5"
iban a ser enviadas a un remoto planeta en la galaxia
de Andrómeda, donde habían sido acogidos humanos del
Sistema Solar. Según dijeron, ésta era la única manera
de evitar que no murieran por inanición ya que los alimentos
de los auténticos nativos no cubrían todas las necesidades
básicas de los solares. Además, tras el reciente conflicto
originado entre este planeta y el Sistema Solar, del
que aún no se habían hecho eco los medios de comunicación,
pero sí los oídos de contrabandistas estelares, el Sistema
Solar había ordenado no efectuar nuevos envíos de ningún
tipo al planeta "secreto", y tampoco se permitiría la
importación proveniente de allí. Esto era todo lo que
sabíamos, aparentemente suficiente... Y el resto a grandes
rasgos ya lo sabéis. Fuimos engañados como estúpidos,
pero esto no fue lo peor, tampoco lo fue que nos cogieran
con las manos en la masa, sino que las V5 estaban adulteradas.
Contenían una sustancia nociva para la salud, y aún
en estos momentos no sabemos adónde iban a ser enviadas...
-¿Adulteradas? -El ingeniero de sistemas
meditó sobre las “Vida5”, y su composición sabiamente
estudiada reuniendo todo lo necesario para el organismo
solar. ¿Quién podría pretender un atentado así? ¿Para
qué manipular algo tan preciado para la vida? ¿Qué fin
podían esperar los jefes de la selenita?
-Sí. Yo no sabía absolutamente nada,
ni siquiera pude colaborar para que detuvieran a los
cabecillas de la operación, ya que no era más que un
insignificante eslabón que unía una cadena demasiado
larga.
-Como suele ocurrir siempre, querida
Shelar, como suele ocurrir -GD intervino conciliadoramente.
La otra asintió satisfecha:
-Afortunadamente, tras varios juicios
se acabó demostrando que no había atentado ni directa
ni conscientemente contra la vida de nadie, y asimismo,
que fui la única hasta ese momento que no había mediado
en operaciones de tanta envergadura. Pero, aunque el
resultado del juicio no estuvo del todo mal, por supuesto
no salí con total impunidad de él, ni mucho menos. Aunque
se demostró sin lugar a dudas que no soy una asesina,
debo pagar por todos mis delitos y en particular por
este...
Dolf la observó en silencio durante
unos momentos. Ahora entendía sus modales puramente
inciviles. ¿Quién sabía cómo habría crecido aquella
criatura?
-Ahora, por alguna extraña razón han
pensado que si colaboro en esta especie de misión o
trabajo conjunto o como quieran llamarlo, aunque sinceramente
no veo cómo, habré pagado mis deudas. Seré libre...
-la expresión de la dama se iluminó cuando chocó con
la mirada entristecida del de la Tierra.
G23 la esquivó inmediatamente y echó
un rápido vistazo a la posición del androide. No era
"su" androide... Cómo se habían conocido era todo un
misterio, pero lo que estaba claro es que habían congeniado
desde un primer momento y ella se había apoderado automáticamente,
y nunca mejor dicho, de él. Ni más ni menos que como
estaba acostumbrada a hacer. Por un momento había sentido
lástima por ella, debía reconocerlo, pero definitivamente
acababa de recobrarse. Ladrona o no ¿qué pintaba ella
allí? O mejor aún ¿qué pintaba él flanqueado en un futuro
próximo por un androide faldero y una busca líos?
Con esas intervino:
-Muy conmovedor. Lo siento George pero
yo me retiro antes de tiempo. Tengo mis limitaciones,
y tú sabes cuáles son algunas de ellas…
El viejo golpeó la mesa con el puño:
-Como he dicho antes no se trata de
lo que nosotros queramos. Sencillamente debemos hacerlo,
en estos momentos la seguridad del Sistema Solar depende
de vosotros.
-No…
-¡Silencio! -Suavizó el tono de inmediato,
esa no era la mejor forma, no con Dolf-. Por favor.
Siento hablarte así Dolf, pero no me queda más remedio
que ponerte en tu lugar si ello fuera necesario. Las
órdenes son para todos. Debes entenderlo, nuestras opiniones
no cuentan -hizo una pausa realizando profundas inspiraciones-.
Y ahora, si me lo permitís, os diré qué debéis hacer
exactamente.
En ese momento fueron interrumpidos
por un nuevo informe holográfico, que contenía nuevas
modificaciones sobre los planes ya proyectados...
- Primera
parte - Capítulo 2 -
Alma15 fue concluida en Agosto del
99 y ha sido revisada durante el 2003/04.
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