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Alma15 - Primera parte: 'Antes de...' - Capítulo 1 Más sobre Pily B.

La ceñuda expresión de Dolf G23 se acentuó aún más cuando entró en el gigantesco despacho de su jefe, y lo encontró realizando continuos aspavientos. Éste discutía tan solo con la imagen holográfica de uno de sus empleados... Contemplar in situ el hábitat del viejo convertido en el paraíso de la quietud, no terminaba de olerle nada bien. Aun así, a Dolf no le quedó otra que esperar su turno, o rezar para que a cualquiera de aquellos dos se le ocurriera mirar hacia donde él estaba.

Entre tanto, no podía dejar de preguntarse por qué su querido jefe le habría ordenado presentarse de inmediato. Si le esperaba lo mismo que al infortunado de Dolland, cosa que dudaba, Darwin podría haberse evitado hacerle llamar y obligarle a atravesar de lado a lado aquella inmensa mole, su adorada y adorable Corporación de Industrias de la Tierra en el Sistema Solar. Para echarle un buen rapapolvo, por conexión holográfica se hubiese visto sobrado, al igual que lo hacía ahora.

A pesar de su inquietud, la nuca de Darwin continuó ajena a su presencia y parecía dispuesta a seguir haciéndolo durante impredecibles minutos. Por ello, viéndose incapaz de soportar por más tiempo aquella, en apariencia, interminable espera, y después de haber comprobado en los números digitales ubicados en la parte superior del único ventanal, que ya estaban disponiendo de SU tiempo, Dolf hubo de fingir un inevitable carraspeo, obteniendo al instante la reacción que esperaba.

-Enseguida estoy contigo -Las viejas pupilas de su jefe se habían abierto camino entre la densa cortina de humo, adivinando rápidamente su enjuta figura. La imagen holográfica de Dolland, también lo hacía emergiendo aún del suelo en forma de enorme bloque monolítico.

Cuando el recién llegado quiso asentir, el rostro apergaminado de su jefe ya succionaba el habano prestando atención al otro, así que mientras esperaba su turno, Dolf G23 no tomó asiento, y tampoco intentó prestar atención a la verborrea insultante dirigida al encargado de mantenimiento de satélites: Aquella era la única forma que conocía de no sentirse aún más incómodo. Aquella, y disimular de manera absurda mientras colocaba su corbata, estiraba sin necesidad su traje, y por último manoseaba la pequeña computadora que por el momento permanecía a buen recaudo en uno de sus bolsillos. Mientras, sus solidarias pupilas también hacían lo propio observando el movimiento de los pececillos holográficos aleteando arriba y abajo en el interior de la imagen marina, sobre la monstruosa mesa de despacho. Desgraciadamente, cuando sus movimientos se volvieron por completo previsibles, no le quedó otra que volver a concentrarse en la conversación, y por ende, en la imagen de Jack Dolland, que gracias al cielo y precisamente en ese instante, desaparecía quedando incrustada en el suelo de igual forma que lo hacían algunos de los departamentos bajo la supervisión del viejo.

La discusión había concluido.  

A una seña de George Darwin, G23 avanzó y tomó asiento contemplando la imagen de su puesto ahora vacío, incrustado en su caso en una de las baldosas de la pared.

-¿Por qué me has hecho venir hasta tu despacho, George? ¿Piensas soltarme una como la que acabas de soltarle a Dolland?  

-No, Dolf -el viejo comprobó la hora y de buenas a primeras el nerviosismo pareció apoderarse de él -, verás, ¿recuerdas el futuro trabajillo del que te he hablado muy por encima en un par de ocasiones?  

G23 alzó estupefacto sus pobladas cejas. Aquello no lo esperaba y menos aún de forma tan directa. Además, pensaba que ya le habían encargado "el estúpido-trabajo-ultra-secreto" a otro.

-¿Sigue en pie? -el otro asintió en silencio-. ¿Has decidido entonces darme alguna pista?  

El meñique de Dolf se abrió camino entre sus espesos rizos, al tiempo que Darwin se tomaba tiempo para contestarle: Su descolorido amigo, encargado hasta el momento de prácticamente todos los sistemas informáticos, y el mantenimiento tecnológico de aquel edificio, estaba permanentemente echando chispas, y con razón. Desde que llegó a la Corporación ITSS, no le habían dejado en paz, y para más inri, le habían forzado a trabajar de la misma forma que al resto, precisamente cuando aquel muchacho de mirada desconfiada y mentón cuadriculado, había demostrado ser sobradamente capaz de trabajar solito. Sin alienaciones, además de haber sido quien en un mayor número de ocasiones había salvado prácticamente, y sin el menor esfuerzo, tanto la reputación de la empresa como la suya propia. Él, Darwin, por supuesto le estaba eternamente agradecido por ambas cosas, y con aquel trabajito que le encomendaba pronto tendría ocasión de demostrárselo, al igual que su eterna amistad. No obstante, aunque estaba seguro de que en la Corporación ITSS también le agradecían la labor que había venido desempeñando, creía que no lo hacían ni del modo adecuado ni por supuesto lo suficiente. Y todo gracias a la política de la empresa... George sabía lo que Dolf pensaba de la política de la empresa, y lo sentía de veras. Sentía tener que ver cómo se marcharía su amigo en un futuro no muy lejano...

Le dedicó una sonrisa tranquilizadora:  

-La definitiva.  

-Está bien, ¿a qué esperas entonces?  

-Ten un poco de paciencia.  

-¿Paciencia? ¡Pero si sé prácticamente lo mismo que desde el principio, es decir, nada!  

-Hombre, no te lo tomes de ese modo...  

-¿Cómo quieres que me lo tome entonces? Siempre pensé que una de mis mayores virtudes era la paciencia, pero creo que por alguna extraña razón la he perdido, ¿se te ocurre a ti por qué razón puede ser? -por supuesto, intentó ser todo lo sarcástico que pudo, pero el otro no reaccionó-. George, sinceramente, ¿ves normal que no sepa cuál es mi trabajo en "esa misión"? ¿Dime, lo ves normal? ¿Y ves lógico que aún sin conocerla, sí esté seguro de que será fuera de mi despacho? ¡Mi despacho! Salir de aquí, del edificio…Todo lo que necesito se encuentra a mi alrededor. El trabajo que desempeño lo desempeño bien aquí. Si debo salir, ¡entonces ese trabajo no es para mí!

Darwin procuró mantener la calma, ya que a él también empezaba a crisparle aquella espera:

-Tranquilízate y toma esto, por favor -con mano ciertamente temblorosa, le entregó un diminuto disco semitransparente-. Por primera vez vas a ver lo que ocurrió; conocerás la historia de primera mano. Sin holografías manipuladas, nada de noticias de segunda mano, ¡los hechos! Lo que vas a ver ahí, es lo que nos obliga a realizar el trabajito en cuestión. Échale un vistazo después de la reunión ¿de acuerdo?, pero mientras, intenta contener tu impaciencia. Dolf, las cosas deben seguir su curso -el otro le miraba obstinado-Hoy no saldrás de este despacho sin saber qué debes hacer, te lo prometo.

El ingeniero fijó su atención en la pequeña computadora portátil que había extraído precipitadamente de su bolsillo:  

-Venga George, déjate de rollos y dime con quién debemos reunirnos. Ya que no quieres contarme de qué va la vaina, al menos dime eso. ¿Es Jefferson? ¿Es él, no es cierto?

-¡Eres tan cabezota! ¡No necesitas esa información, aguarda unos minutos más y lo sabrás, es todo lo que te pido!  

G23 no paró de manosear el teclado virtual de su computadora, exactamente igual que si no hubiera escuchado ni una sola palabra.  

-Te resultará imposible deducir quién va a ser tu compañero así que procura relajarte durante un momento ¿quieres? -esperó en vano a que G23 le hiciese caso-. ¡Y deja ese cacharro ya! ¿Me oyes?  

El otro continuó manejando el teclado únicamente con la zurda.  

-¿No me has oído Dolf?  

-¿Pero por qué no puedo adelantarme a su llegada? ¡Puedo deducirlo siempre y cuando me des algún tipo de información! Quizá así pueda hacerme una idea de qué tipo de estúpido trabajo tendré que desempeñar.

-No pertenece a la Corporación ITSS, ¿contento? -lo soltó, y GD, como le llamaban sus verdaderos amigos, tragó estrepitosamente, esperando ahora la explosiva respuesta de su súbdito. Ésta no se hizo esperar.

-¿Có... cómo? -El joven informático se rascó nervioso mientras su cerebro cavilaba a toda velocidad-. ¿A quién necesitamos fuera de aquí si contamos con toda clase de especialistas? ¿No es esta una de las mayores y más poderosas empresas de la Tierra? ¿De qué tipo de trabajo, misión, o como demonios quieras denominarlo se trata? No entiendo...

La conversación se vio interrumpida por la elevación de un nuevo holograma. Era Thelma, la huesuda secretaria de GD. Éste, pulsó uno de los controles de su mesa permitiendo que la increíblemente aguda voz de la mujer martirizase sus oídos.

-Señor -la secretaria observó arrogante a G23 y por último se dirigió a su superior-, ya han tomado el ascensor.  

-Está bien. Gracias por avisarme -el holograma continuó impertinentemente erguido-. Eso es todo Thelma.  

La secretaria obedeció al instante volviendo a su posición inicial, y sólo entonces, GD volvió a pulsar el comando que les daba la privacidad acústica necesaria.  

-Dolf, tu compañía viene... viene de la Luna… tienes que tener paciencia... vuestro trabajo es de extremada importancia, -la puerta del despacho desapareció acompañada de un suave siseo que esta vez GD sí oyó, dejando distinguir súbitamente a dos figuras humanoides. Darwin se dirigió a G23 una vez más, esta vez escondiendo su propia cara detrás de la del envarado joven. Aquellos dos habían subido antes de lo previsto, así que se apresuró a finalizar antes de que su voz se volviera perfectamente audible para los recién llegados-, créeme, no puede ser de otra forma. No lo olvides.

Tras examinar a los recién llegados por encima de su hombro, G23 devolvió precipitadamente su atención a la figura de su jefe, quien se había ocultado a toda velocidad tras sus gafas de espejo.  

-Pero, ¿George, qué demonios…?  

-Shhhhhhh.  

La mujer avanzaba presuntuosa hacia la mesa del que, en un abrir y cerrar de ojos, también se había convertido en su nuevo jefe. Su acompañante entre tanto, tomaba asiento en el apartado sillón de piel, al margen de las miradas escrutadoras de los terrestres.

Una vez frente al monstruoso escritorio, dejándose caer de golpe, la mujer tomó asiento junto al joven Dolf.  

-Tranquilízate, encanto, me agrada tanto como a ti -después de desviar su mirada del muchacho al viejo y del viejo al muchacho, apartó su vestido de gasa negra poniéndose cómoda, mientras de paso dejaba al descubierto una de sus macizas piernas.

-¿Qué significa esto? -El joven Dolf  frunció el ceño esperando una respuesta convincente. No le gustaban las selenitas. Todo el mundo sabía del tipo de relación que irremediablemente terminaba por desarrollarse entre terrestres y … ¡lunáticos! ¡Se odiaban a muerte!  

-Eso digo yo, ¿alguien nos va a dar algún tipo de explicación de una santa vez? ¿Es que los terrestres no sabéis concretar?

Dolf G23 miró a la mujer de mala gana. ¿De la Luna? Esos modales no eran de una selenita, sino más bien de una pueblerina embutida en ropas terrestres.  

-¿Cuál es el trabajo, dime? -A pesar de las gafas de espejos, G23 intentó asesinar con la mirada a su superior.  

-Vayamos por partes -en el arrugado rostro de George, se abrió paso una  sonrisa que pretendió ser de lo más tranquilizadora-, creo que lo mejor sería que hiciésemos las debidas presentaciones.

-Pues yo creo que si no te explicas ¡ya!, lo mejor sería que me largara -el terrestre hizo ademán de abandonar su asiento.  

-Le recomiendo que se quede.  

El ingeniero volvió la cabeza precipitadamente, estudiando al muchacho pelirrojo postrado en el sillón. Éste sopló el mechón de pelo que caía sobre su frente, sin agregar absolutamente nada más.

-Perdón, ¿cómo dice?  

-Debe quedarse y escuchar atentamente.  

-Pero... ¿quién demonios es usted?  

-Mi androide ¿algún problema? -el largo cabello castaño de la fémina cayó sobre las piernas del presunto desertor cuando ésta se encaró con él.  

-¿Un androide? -G23 se volvió con expresión infantil a su superior.  

-¡Dolf, déjame hablar! -Darwin arrancó prácticamente las gafas de espejo de su cara-. Necesito que os tranquilicéis y me permitáis explicaros qué razones os han traído aquí. No es necesario que perdamos más tiempo, creedme -sus manos, aún más temblorosas que de costumbre, encendieron un nuevo habano. Lo aspiró un par de veces, dejándolo definitivamente a un lado en el preciso momento en que la voz infantil del personaje mecánico, le sobresaltaba casi tanto como a su amigo Dolf.

-Soy Dummy de la Luna. Mi número de serie es el 257D39. Soy detective. Estoy especializado en la investigación de incidentes que pongan en peligro a cualquier forma de vida inteligente. Trabajo para la Corporación de Industrias de la Luna en el Sistema Solar…  

-¡Dummy! -El ingeniero de la Tierra volvió su mirada al esquelético androide con expresión divertida, pero decidió guardar para sí su opinión.  

-Espero que no haya ningún problema con él -Shelar amenazó una vez más a G23, exhibiendo una de sus aguileñas uñas teñidas al igual que sus labios de un sanguinolento rojo.

G23 intentó disfrazar sus pensamientos inquiriendo visualmente a la dama. ¡Aquello no podía estar pasándole a él!

-Está bien, ya que el amable androide ha comenzado presentándose a sí mismo, continuaré con tu compañera -la tonalidad paciente de GD demostraba que realmente merecía su cargo-. Ella es Shelar… digamos que, mmmm, bueno, es la sustracción en persona, pero ahora trabaja para la Corporación ILSS.  

-¿A qué te refieres, de qué estás hablando George?  

-Bueno, antes de ser contratada por la ILSS fue… -un extraño sonido gutural salió de lo más hondo de la garganta del viejo. «¡Empezamos maravillosamente!».  

-¡Ladrona! -Shelar no pudo evitar dar un respingo cuando oyó su propia voz desvelando aquel vergonzoso secreto-. Sí, ladrona, robaba toda clase de objetos de valor. La mayor parte de ellos tecnológicos. Después los vendía y…

-Está bien, he tenido suficiente. Me considero un profesional y creí que tú también lo hacías, George. Sabes que con respecto a mi trabajo no soporto ningún tipo de broma -Dolf se levantó guardando nerviosamente la reducida computadora en uno de sus bolsillos, disponiéndose a salir de allí cuanto antes, pero el cuerpo del sujeto positrónico perfectamente equivalente al suyo, interceptó su camino aun antes de que el humano hubiera dado el primer paso.

-Continúe por favor -GD aprobó la actuación del androide con un gesto, y señalando a la joven dama con su puro, la indicó que continuara.

Por primera vez desde su llegada, la hermosa cara de la selenita se tiñó de ansiedad:  

-Puede que él tenga razón, quizá no debería…

-No nos queda más remedio señorita. No se trata de un asunto de gustos o apetencias. Esto no es un simple trabajo, sino una orden recibida del propio gobierno solar. Nuestras empresas únicamente deben colaborar. En realidad, lo que nosotros pensemos o sintamos poco importa. Así que le ruego que continúe.

-De acuerdo -antes de empezar Shelar buscó algún indicio de aprobación en el rostro del terrestre, que aún permanecía de pie taladrando al androide con la mirada. El ingeniero, por último, decidió acceder y sentarse sin rechistar, por supuesto sin el menor indicio de lo que la joven buscaba en su semblante-. Bien, creí que con mi último e inesperado trabajo había llegado mi gran oportunidad. No sabía si estaba preparada para él, pero era mucho, mucho dinero el que me habían ofrecido... yo, pensé que al fin lograría salir del agujero en el que he estado metida durante toda mi vida, así que me arriesgué -sus ojos dejaron de relampaguear para humedecerse durante un breve instante, mientras contemplaban abiertamente al muchacho de la Tierra-. Bueno, eh... de la manera más tonta fui atrapada junto con el resto de los implicados en el robo, con un importante alijo de V5. Pero... pero creo que debería empezar por el principio. Cuando fuimos contratados nos explicaron que el robo y la posterior venta del producto, se llevarían a cabo con un buen fin; todas las cápsulas de "Vida5" iban a ser enviadas a un remoto planeta en la galaxia de Andrómeda, donde habían sido acogidos humanos del Sistema Solar. Según dijeron, ésta era la única manera de evitar que no murieran por inanición ya que los alimentos de los auténticos nativos no cubrían todas las necesidades básicas de los solares. Además, tras el reciente conflicto originado entre este planeta y el Sistema Solar, del que aún no se habían hecho eco los medios de comunicación, pero sí los oídos de contrabandistas estelares, el Sistema Solar había ordenado no efectuar nuevos envíos de ningún tipo al planeta "secreto", y tampoco se permitiría la importación proveniente de allí. Esto era todo lo que sabíamos, aparentemente suficiente... Y el resto a grandes rasgos ya lo sabéis. Fuimos engañados como estúpidos, pero esto no fue lo peor, tampoco lo fue que nos cogieran con las manos en la masa, sino que las V5 estaban adulteradas. Contenían una sustancia nociva para la salud, y aún en estos momentos no sabemos adónde iban a ser enviadas...

-¿Adulteradas? -El ingeniero de sistemas meditó sobre las “Vida5”, y su composición sabiamente estudiada reuniendo todo lo necesario para el organismo solar. ¿Quién podría pretender un atentado así? ¿Para qué manipular algo tan preciado para la vida? ¿Qué fin podían esperar los jefes de la selenita?  

-Sí. Yo no sabía absolutamente nada, ni siquiera pude colaborar para que detuvieran a los cabecillas de la operación, ya que no era más que un insignificante eslabón que unía una cadena demasiado larga.

-Como suele ocurrir siempre, querida Shelar, como suele ocurrir -GD intervino conciliadoramente.

La otra asintió satisfecha:

-Afortunadamente, tras varios juicios se acabó demostrando que no había atentado ni directa ni conscientemente contra la vida de nadie, y asimismo, que fui la única hasta ese momento que no había mediado en operaciones de tanta envergadura. Pero, aunque el resultado del juicio no estuvo del todo mal, por supuesto no salí con total impunidad de él, ni mucho menos. Aunque se demostró sin lugar a dudas que no soy una asesina, debo pagar por todos mis delitos y en particular por este...

Dolf la observó en silencio durante unos momentos. Ahora entendía sus modales puramente inciviles. ¿Quién sabía cómo habría crecido aquella criatura?

-Ahora, por alguna extraña razón han pensado que si colaboro en esta especie de misión o trabajo conjunto o como quieran llamarlo, aunque sinceramente no veo cómo, habré pagado mis deudas. Seré libre... -la expresión de la dama se iluminó cuando chocó con la mirada entristecida del de la Tierra.

G23 la esquivó inmediatamente y echó un rápido vistazo a la posición del androide. No era "su" androide... Cómo se habían conocido era todo un misterio, pero lo que estaba claro es que habían congeniado desde un primer momento y ella se había apoderado automáticamente, y nunca mejor dicho, de él. Ni más ni menos que como estaba acostumbrada a hacer. Por un momento había sentido lástima por ella, debía reconocerlo, pero definitivamente acababa de recobrarse. Ladrona o no ¿qué pintaba ella allí? O mejor aún ¿qué pintaba él flanqueado en un futuro próximo por un androide faldero y una busca líos?

Con esas intervino:

-Muy conmovedor. Lo siento George pero yo me retiro antes de tiempo. Tengo mis limitaciones, y tú sabes cuáles son algunas de ellas…

El viejo golpeó la mesa con el puño:  

-Como he dicho antes no se trata de lo que nosotros queramos. Sencillamente debemos hacerlo, en estos momentos la seguridad del Sistema Solar depende de vosotros.

-No…  

-¡Silencio! -Suavizó el tono de inmediato, esa no era la mejor forma, no con Dolf-. Por favor. Siento hablarte así Dolf, pero no me queda más remedio que ponerte en tu lugar si ello fuera necesario. Las órdenes son para todos. Debes entenderlo, nuestras opiniones no cuentan -hizo una pausa realizando profundas inspiraciones-. Y ahora, si me lo permitís, os diré qué debéis hacer exactamente.  

En ese momento fueron interrumpidos por un nuevo informe holográfico, que contenía nuevas modificaciones sobre los planes ya proyectados...

- Primera parte - Capítulo 2 -

 

 

Alma15 fue concluida en Agosto del 99 y ha sido revisada durante el 2003/04.

 

 
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