| -¡Vamos, levántate,
que no tenemos todo el día!
-Oiga yo...
-Shhh, ¡a callar!
Shelar miró a aquel tipo perpleja,
¿por qué voceaba de aquella forma, acaso alguien le
había dicho que estaba sorda?
Obstinada, se permitió el lujo de observar
a su alrededor y entonces tuvo más o menos conciencia
de lo que debía haber pasado. Sí, seguramente se había
desmayado en el momento en que la BB2 había sido capturada,
y después, después... ¡qué narices, ahora estaba en
el después! ¡No sabía qué había pasado después, no tenía
ni la menor idea! ¡No sabía a qué lugar pertenecía aquella
habitación, ni qué hacía ella allí! De lo único que
estaba segura es de que aquella no era su cama, de que
no estaba en su casa, y de que aquellos tipos podían
ser cualquier cosa menos sus amigos.
¿Pero qué sucedía entonces, dónde estaba,
qué se esperaba que hiciera salvo levantarse? ¿Y quiénes
eran esos tíos? Enseguida pudo ver que los cuatro individuos
que esperaban junto a la puerta, llevaban la cara descubierta
y parecían copias exactas los unos de los otros. Sí,
aquellos maniquíes tenían toda la pinta de pertenecer
a alguna especie de ejército clónico, ¿pero a qué ejército?
¿Y por qué sus caras le resultaban tan familiares?
Tragó de manera poco decorosa mientras
se fijaba ahora en el individuo que le había despertado
con tanta delicadeza. No llevaba el mismo uniforme
que los otros, pero estaba claro que era quien daba
las órdenes. ¿Y por qué él llevaba la cara cubierta
con aquella máscara, por qué se ocultaba? ¿Era posible
que se conociesen y por ello...?
-¿No me has oído? ¡Que te levantes
de una vez! -Shelar dio un nuevo respingo y esta vez
sí se puso en pie prácticamente de un salto.
Después, clavó su triste mirada en
el suelo mientras esperaba cualquier tipo de reacción
agresiva por parte del otro. «Todo esto no puede
estar pasándome... No puede ser... »
Un segundo, dos, tres... al ver que
nada ocurría, que nadie le amenazaba ni gritaba, Shelar
levantó la vista y se percató de que el sujeto de la
máscara ya no estaba en la habitación.
-¿Por dónde...? -Omitiendo su pregunta,
uno de los clones avanzó en silencio, amenazador.
La aflicción de la mujer fue en aumento
cuando descubrió ahora tan cercano a ella, el rostro
equivalente al de su querido compañero el androide.
Pero ese no era su Dummy... entonces... ¿por
qué aquél tipo...? ¡Ahora sí que no entendía nada!
Ajeno a los pensamientos de la selenita,
el desconocido, como siempre sin mediar palabra, colocó
un anillo luminoso en cada uno de los pulgares de la
mujer y después pasó a efectuar la misma operación sobre
sus tobillos. Cuando hubo activado el código de cierre
de los grilletes, otra vez sin dar explicación alguna,
la empujó groseramente fuera de la habitación a punta
de Distorsionador Encefálico.
Ahora sí estaba claro que era prisionera,
pero ¿prisionera de quién? ¿Qué había hecho? ¿Tan peligrosa
era que necesitaba ser escoltada? ¿Y dónde estaban sus
compañeros? ¿También eran prisioneros? ¿Y sus opresores?
¿Qué clase de guardianes eran aquellos que se burlaban
de ella utilizando la imagen de su querido Dummy?
Antes de avanzar, Shelar miró de soslayo
el arma de su enemigo decidiendo no oponerse en ningún
momento a su voluntad, ya que sabía perfectamente lo
que podía hacer aquel mecanismo de cristalina forma
ojival; si realizaba un movimiento en falso, aquel aparatito
interrumpiría la comunicación de su sistema nervioso
central provocando en un primer momento pequeños
inconvenientes, y segundos después, el colapso,
la muerte cerebral. Y no estaba por la labor... no tenía
ni la menor idea de qué iba todo aquello, pero desde
luego no estaba dispuesta a dejar que la frieran las
neuronas así como así.
-Tranquilo ¿eh?
El soldado volvió a empujarla con el
mismo Distorsionador y no dejó de hacerlo hasta haberla
conducido, perseguido por sus compañeros clónicos, a
un corredor aparentemente interminable. Allí, la mujer
esperó junto a sus guardianes, a que un grupo de personas
que avanzaba en su dirección llegasen hasta ellos: Una
vez los tuvieron de frente, Shelar observó que la cabecera
del grupo estaba formada por otros cuatro clones y que
tras éstos, desfilaba un grupo de desconsolados humanos
que, aunque tal vez no estuvieran allí por las mismas
causas que ella, desde luego sí acabarían en las mismas
condiciones. Lo presentía, y aquel pensamiento, fuera
cierto o no, negativo o positivo, no acaba de gustarle...
Minutos después de encontrarse ella
misma formando parte del rebaño ya había tenido tiempo
de asegurarse de que, de alguna forma que aún no conseguía
entender, nuevos seres se iban uniendo al colectivo
y curiosamente lo hacían siempre por la retaguardia.
Retaguardia que hasta ese momento ella misma no había
abandonado... Pero, ¿por qué? ¿Por qué cuando un nuevo
individuo se unía a ellos avanzaba enseguida sin que
nadie se lo ordenase? ¿Y por qué a ella le obligaron
a que siguiese allí, caminando escoltada por el nuevo
cuarteto de gemelos, mellizos, ¡o lo que quiera que
fuesen aquellas copias de las otras copias!
Sin previo aviso, como cada vez que
sucedía, un nuevo individuo se unió al grupo. ¡Otra
vez con las mismas! ¿Pero de dónde salía? Aquello era
una locura. ¿Cómo era posible que no pudiera ver a través
de sus cuatro escoltas quién iba a ser el próximo en
internarse, ni el momento en que lo haría?
Pocos minutos después el reducido grupo
había crecido visiblemente, tanto, que la mujer ya era
incapaz de ver a los cuatro soldados que iban a la cabeza.
De todos modos a Shelar poco le importaba ya, en lo
único que podía pensar era en intentar llegar a comprender
por qué a todos les llevaban a un mismo lugar, que además
resultaba ser todo un misterio, y lo que era más espeluznante
aún, sin saber muy bien para qué, con qué fin lo hacían.
Este último pensamiento hizo que de
buenas a primeras decidiera jugársela, y aprovechando
el ingreso de un nuevo feligrés, intentó avanzar preguntándose
mientras lo hacía por qué maldita razón ella debía permanecer
allí; fuera lo que fuese lo que hubiesen de encontrarse,
cuanto antes lo hiciera mejor. Pero fue inútil, no hubo
llegado a ponerse ni siquiera al nivel de aquella persona
que le antecedía, cuando la zona parietal de su cráneo
se volvió a ver amenazada por la punta de un arma.
-Tú no te muevas, continúa donde estás.
-¿Pero por qué todos avanzan y yo...?
-¡Cállate y camina!
Sin atreverse a rechistar, Selene
continuó dando algún que otro traspiés mientras procuraba
avanzar en su estúpido puesto.
Entre tanto, nuevas almas seguían uniéndose
en silencio a la cadena humana, lo que hacía que el
rostro de sus compañeros mutara constantemente, pero
a ella poco le importaba ya... Sólo la presencia de
una muchacha humanoide de aproximadamente su misma edad,
fue capaz de sacarla de su inmutable ostracismo, entonces
Shelar dio rienda suelta a su curiosidad:
-Dime ¿sabes tú adónde vamos?
La mujer levantó su mirada sin demasiado
entusiasmo, y entonces, la selenita descubrió el rostro
de Gladia caminando junto al suyo. En ese momento, Shelar
pensó que le iba a dar algo, que todo aquello no era
más que una jodida farsa. Tuvo ganas de gritar, de gritar
con todas sus fuerzas que dónde narices se encontraba
la maldita holocámara oculta, ¡que ya estaba bien!,
porque todo aquello no podía estar pasando, no podía
ir en serio, no tenía sentido... ya estaba bien de bromitas
absurdas y amedrentadoras....
Mientras la mente de la selenita se
convertía en un auténtico torbellino a punto de explotar
a causa de la presión, la otra contestó en tono monocorde:
-¿Bromeas? -la presunta terrestre no
dio muestras aparentes de conocerla. Entonces, ¿era
otra coincidencia? ¿El mismo truco? Primero Dum y ahora
la mujer de Dolf...- , a la cámara de gas, ¿a dónde
crees que vanos sino?
Cuando terminó de decir esto la mujer
de cabellos cobrizos avanzó colocándose justo delante
de ella, y en un abrir y cerrar de ojos, ya estaba desapareciendo
entre la creciente multitud. El nuevo compañero de Shelar
se transformó entonces en un pobre anciano. Éste, de
buenas a primeras, fue brutalmente golpeado por uno
de los soldados.
-Muévete viejo. ¿Es que no puedes caminar
o qué?
El anciano dejó escapar un tímido gemido
hincando al mismo tiempo sus artríticas rodillas en
el frío y metálico suelo. Shelar, se agachó de inmediato
intentando ayudar al anciano, pero el Distorsionador
Encefálico en su sien sugirió que se mantuviera al margen.
La mujer, aturdida por el miedo, levantó las manos poco
a poco mientras sus pupilas pasaban muy despacio del
anciano a los individuos que caminaban por delante de
ella. Buscó a la seudo-Gladia con la mirada, pero ya
no había ni rastro del doble de la mujer de su antiguo
compañero terrestre.
Una vez erguida, contempló desesperanzada
cómo dos de los soldados asían al anciano sacándole
arrastras de aquel condenado corredor sin que ella pudiera
hacer nada por impedirlo. Después, como si nada hubiera
pasado, todo el grupo al unísono se puso otra vez en
movimiento.
De nuevo otro compañero al lado de
Shelar. Otro. Otra... Al poco tiempo, la velocidad en
la sucesión de caras desconocidas fue disminuyendo.
¿Pero qué importaba ya? «Voy a morir, y lo peor de
todo es que no tengo ni la menor idea de por qué».
Shelar volvió su mirada y se encontró con las mandíbulas
amenazantes de sus guardianes, seguidas de la visión
de sus armas apuntando su querida frente.
-¡Vuélvete y camina, mujer!
Shelar obedeció, tratando de dominar
el temblor que cada vez se apoderaba más de su desacompasado
caminar. «¡Maldita sea, necesito ir al baño!»
Antes de que tuviera tiempo de generar un nuevo pensamiento,
de respirar hondo y procurar sacar fuerzas de donde
no las tenía, oyó la voz susurrante de su nuevo compañero:
-Hola, aunque parezca mentira me alegro
de verte.
Shelar levantó paulatinamente su vista
del suelo procurando enfocar la imagen del rostro correspondiente
a esa voz aparentemente conocida. Un respingo la sobresaltó
cuando descubrió a Dolf G23, y justo en el mismo momento,
un molesto codazo volvió a sobresaltarla.
-Esta gente no tiene ni idea de que
nos conocemos, ¿por qué no lo gritas para que se enteren
todos?
La selenita frotó su brazo dolorido
mientras daba rienda suelta a su lengua.
-¿Pero qué está pasando? ¿Dónde estamos?
¿Y por qué nos han mezclado con toda esta gente? ¿Acaso...?
-Sssshhhh. Sé lo mismo que tú, únicamente
recuerdo que estábamos en la BB2, que esa nave consiguió
flirtear con la nuestra, y después... ¡después nada,
nada de nada!
-¿Dónde está Dummy, eso tampoco lo
sabes?, ¿y por qué estos individuos...? -Intentó echar
una ojeada a los escoltas y lo único que consiguió fue
un violento empujón, y otra vez el Distorsionador Encefálico
delante de sus narices.
Decidió caminar sin rechistar. Dolf,
por su parte, esperó el tiempo imprescindible para volver
a la carga:
-¿Te refieres a por qué son como tu
androide? -le susurró.
-Ajá.
-La verdad es que a mí también me sorprendió,
pero no sé por qué tienen la misma apariencia. No tengo
ni la menor idea, la verdad.
Shelar continuó inquiriéndole en silencio.
-¿Por qué piensas que he de saberlo
todo, dime?
Pero la selenita ya no fue capaz de
rechistar, repentinamente, el recuerdo de la imagen
de Gladia vino a su mente, y con éste, también el lugar
al que parecían llevarlos. Casi lo había olvidado al
ver a su compañero, y ahora... ahora no tenía más remedio
que contárselo a Dolf. Debía decirle que también su
mujer, u otra persona parecida a ella, había sido apresada
Dios sabría cómo y por qué, y que ésta... ésta sí parecía
saber hacia dónde los dirigían exactamente.
-Eeeh, oye, yo... verás, he averiguado
que nos llevan a una especie de cámara de gas, o algo
así. Es que, bueno, la persona que me lo dijo, estooo,
hace rato vi algo bastante desagradable ¿sabes? La verdad
es que preferiría no tener que decírtelo pero...
-No lo hagas entonces. No creo que
lo que hayas visto sea peor que lo que nos queda por
ver. Y eso de la cámara de gas, bueno, no sé, suena
un poco...
-¡Tú! Si vuelves a susurrar una sola
palabra más, será lo último que hagas. ¿Lo has entendido?
Ya estoy harto de tanto cuchicheo y tanta tontería.
Sin saber muy bien por qué lo hizo,
ya que una reacción así no era propia de él, Dolf G23
dejó de caminar para volverse y encararse con él soldado
que no paró de amenazarles casi a cada momento. Entre
tanto, el resto del pelotón detuvo su marcha.
El soldado al que habían desafiado
dirigió el objeto semi transparente hacia la frente
del terrestre y esperó a ver qué hacía el otro, a ver
si ahora resultaba ser tan valiente... Dolf, una vez
hubo metido la pata, no tuvo más remedio que mantener
el tipo y esperar a que aquel petimetre no decidiese
utilizar el arma.
-¡No! ¡No, déjelo! -Shelar terminó
por interponerse entre ambos agarrando al terrestre
de un brazo.
Otro de los soldados se adelantó apartando
a la mujer:
-Dime preciosa, ¿le conoces? ¿De verdad
te importa ver morir a este payaso antes de tiempo?
-¡Eh, oiga, suélteme! -Shelar se deshizo
del soldado pegando un tirón de su brazo-. ¡Y no, no
le conozco de nada! Déjeme de una vez ¿quiere?
-¿Estás segura de que no le conoces?
-El sujeto se acercó más a ella sin ocultar una maliciosa
medio sonrisa. Por primera vez, y ahora tan cerca de
ella, Shelar fue capaz de vislumbrar la reluciente chapa
que pendía del uniforme desprovisto de costuras: La
inscripción constaba de dos líneas sinuosas que aparentemente
no tenían ningún significado coherente, lo cual la dejaba
tal y como estaba al principio. Sin tener la menor idea
de quién podría haberlos capturado.
Dolf G23, se vio obligado a interceder
ya que aquella mujer era la persona más indicada para
soltar cualquier barbaridad en el peor momento:
-Por supuesto que no nos conocemos,
déjela ya -y después de decir aquello, se volvió hacia
el resto de condenados y echó a caminar dando la espalda
a sus vigilantes.
El resto de los espectadores, aunque
un poco inseguros en un principio, hicieron lo mismo
adelantando de nuevo a Dolf y volviéndole a dejar en
último lugar junto a Shelar y a los soldados que, cada
vez más amoscados, volvieron a cubrir la retaguardia.
***
Minutos después, en vez de aumentar
el número de reos, el grupo empezó a disminuir y demasiado
a prisa además. Cada ciertos pasos, iban dejando atrás
a una docena de antiguos integrantes junto a un nuevo
cuarteto de clones, que permanecían apostados a ambos
lados de gigantescas e intrigantes puertas.
Entre tanto Dolf observó ciertos detalles
que supuestamente no debería haber tenido tiempo de
ver, mientras seguía caminando como si tal cosa. No
obstante la de la Luna se quedó rezagada de buenas a
primeras «¿Pero qué significa todo esto? Entonces...
¿de verdad vamos a morir? ¿Seremos sacrificados como
si fuéramos pobres animales? ¿Qué clase de raza inteligente
es capaz de hacer algo así con otra que también lo es?
¡Dios, ayúdanos, no nos abandones ahora! No puedes dejar
que nos sacrifiquen. Juro que si nos ayudas, juro que
a partir de ahora...» Un empujón acabó de inmediato
con sus rezos.
Shelar miró al soldado intentando transmitirle
todo el odio que llevaba dentro, y después devolvió
su vista al frente. No podía más. No lo soportaría.
Ella nunca había sido persona de gran temple, y estaba
llegando a su tope. Estaba llegando, lo presentía...
Así que intentó controlarse primero efectuando una serie
de respiraciones, pero intentar aquello no resultó ser
más que una sandez. ¿Quién podía controlar su respiración
e incluso su ritmo cardíaco cuando sabía que iba a morir?
«¡Mierda, mierda, mierda!». Después intento imaginar
un sinnúmero de finales felices donde su querido Dummy
aparecía de buenas a primeras y los salvaba a todos
de las más diversas y disparatadas maneras. Eso le sirvió
durante un par de minutos. Después, no pudo más y miró
a Dolf, a ver si la presencia de éste conseguía reconfortarla
de algún modo, pero nada, no surtió efecto, para colmo,
él también empezaba a parecerse a uno de aquellos zombies...
Estudiando al terrestre, de pronto
le asaltó una duda, ¿por qué a ellos dos no les habían
separado aún, es más, porque a ambos los dejaron siempre
atrás del todo?
-¡Los siguientes! A ver, tú... tú,
tú, tú... -uno de los soldados fue apuntando con el
dedo a unos cuantos, hombres y mujeres, hasta llegar
a un total de doce personas . Vosotros sois los siguientes.
-¿Los siguientes para qué? -Dolf le
dio un codazo a su compañera pero ya era demasiado tarde,
lo había soltado.
-Tú cállate preciosa, que tampoco queda
tanto para que lo averigües. Verás qué divertido va
a ser Todos los clones soltaron una sonora carcajada.
-Pero...
-¡Cállate!
Shelar obedeció, consciente por primera
vez de que el grupo se había reducido tanto que una
vez hubieran introducido a la docena seleccionada en
el lugar en cuestión, sólo quedarían ellos dos. ¡Ellos
dos y diez pobres almas más!
«¡Oh Dios, no puedo, no puedo más!
¡No puedo consentirlo! Esto no puede estar pasándome.
¡Que se acabe ya por favor! ¡Qué se acabe!».
La docena de humanoides elegidos entraron
en la enorme sala, y los doce restantes fueron obligados
a continuar su marcha.
De pronto, Shelar agarró del brazo
a G23, apretándole con una fuerza inusual:
-¿Es que no eres consciente de que
vamos a morir? ¿De que ahora sí va en serio? ¿Es que
no vas a hacer nada para impedirlo? ¡Joder, haz algo
Dolf!
Pero éste no contestó, acababan de
detenerse delante de otra de aquellas gigantescas puertas,
custodiadas por un nuevo cuarteto de clones. Aun así,
su rostro continuó serio e impasible.
Shelar observó las puertas y después
a su compañero. Otra vez volvió a mirar las puertas
y de nuevo regresó al rostro de su compañero. «¿Pero
es que se ha vuelto idiota de repente o qué? ¡Tenemos
que hacer algo y ya! ». Pellizcó el brazo de Dolf,
pero éste continuó con la mirada perdida. Shelar estuvo
en un “tris” de agarrarle del cuello e intentar estrangularle
allí mismo. Sí, deseaba hacerlo con toda su alma, con
sus propias manos, quería ver cómo se iba poniendo de
todos los colores hasta dejar de respirar. «¡Estúpido
terrestre de mierda! ¡Ninguno servís para nada, no tenéis
sangre en las venas! Muy bien, pues yo no pienso quedarme
de brazos cruzados. No tengo ni idea de qué voy a hacer
para impedir que se nos quiten de en medio, pero esto
lo para yo ahora mismo. ¡Vamos que lo hago! ».
-¡Oiga! -se detuvo en seco y se encaró
con el soldado más próximo- ¿Se puede saber por qué
nos retienen? ¿Qué hemos hecho? ¿Y qué pretenden hacer
con nosotros ahí dentro? Quiero una explicación, y la
quiero AHORA.
-¡Cállate estúpida, y en cuanto te
lo ordenen entra sin rechistar!
La selenita, en un irrefrenable ataque
de locura, cargó contra el soldado y le despachó a base
de puñetazos, patadas, mordiscos y todo aquello que
se fue terciando. Los demás soldados corrieron a aferrarla
de pies y manos, pero aun así, Shelar continuó revolviéndose
como un animal, dominada por una incontrolable cólera,
soltando todo tipo de imprecaciones además de algún
que otro salivazo.
-¡Puercos, dejadme en paz! ¡Yo no entro
ahí! ¡He dicho que no entro!
Las puertas acababan de abrirse ante
la mirada atenta de G23. Para él, la selenita se encontraba
ahora lejos, muy lejos, ya que tenía delante de sí aquello
que había observado en la cámara anterior; un maravilloso
panel de control camuflado hábilmente.
Bien, ahora empezaba lo bueno. Dolf
se aseguró de que todos estuvieran ocupados atendiendo
el patético espectáculo que estaba ofreciendo la selenita.
Cuando vio que así era, se hizo camino entre aquellos
que observaban la escena dando algún que otro trompicón,
merced a la rapidez con que intentaba moverse y sobre
todo a los dichosos grilletes, que ahora tiraban de
sus pies más que nunca. Como pudo, se fue abriendo paso
hasta llegar al panel de control y aprovechando como
camuflaje a aquellos sujetos que tenía delante de él
observando la escena, se giró junto al panel y en seguida
comprobó lo que creyó ver; el teclado tenía el mismo
alfabeto solar. ¡Bingo! Sin pensárselo dos veces, comenzó
a indagar y finalmente encontró lo que buscaba. Bien,
ahora sólo quedaba introducir un par de órdenes...
Uno de los soldados se dirigió al grupo
de condenados:
-¡Vayan introduciéndose ya! ¿Me oyen
todos? ¡Adelante! ¡Pasen, pasen, pasen...!
Mientras, Shelar continuaba en sus
trece:
-¡Nooooo! ¡Soy inocente! ¡Dejenme,
dejenme cerdos! ¡A mí no me meterán ahí! ¡No lo harán,
nooo!
Entre tanto, uno de los soldados ya
se había cansado de la escena y había empuñado de nuevo
su Distorsionador. Ahora, lo presionaba contra la frente
de la mujer que a pesar de su furia continuaba inmovilizada.
Dolf, que ya había terminado con lo
suyo, se apresuró a interceder en ese momento.
-Perdone -levantó obligatoriamente
ambas manos, al estar unidas por los anillos de luz,
mientras se abría paso entre los demás prisioneros-.
Déjenmela a mí. Creo que puedo ayudarla. Le prometo
que se calmará. Entrará y se calmará.
En cuanto hubo dicho esto, sus pálidas
facciones se vieron prácticamente oprimidas por las
de otro de los soldados:
-¿Y por qué estás tan seguro, si puede
saberse?
El de la Tierra procuró no pasarse
de listo. Después de unos instantes verdaderamente incómodos,
continuó en el mismo tono sumiso de antes:
-Ella intentó salvarme la vida antes.
Creo que se lo debo, al menos debería intentar hacer
algo por ella ¿no cree?
Shelar miró al terrestre con los ojos
increíblemente enrojecidos por el llanto.
Los soldados, después de un par de
segundos de indecisión, empujaron a la dama entre risas
y comentarios soeces.
Dolf, después de evitar que con el
empujón su “amiga” cayese al suelo, enjuagó sus lágrimas
y mesó su cabello, susurrándola palabras tranquilizadoras
bajo la mirada atenta de todos, víctimas y verdugos.
Después, acercó sus labios al oído de ella exactamente
igual que si fuera a besarla, y sin apartar la mirada
de sus opresores, lo más bajo que pudo le dijo:
-¿Alguna vez has dudado de mí?
Shelar se apartó de él para poder mirarle
directamente a los ojos. Efectivamente, en el azul fondo
de éstos, se intuía que podía haber una posibilidad
de salir de allí con vida. No sabía de qué se trataba,
pero sabía que algo había y que fuera lo que fuese,
Dolf lo pondría en práctica. Una vez más gimió. Los
soldados, a la vista de los aparentes resultados, dieron
por hecho que se sometía poco a poco, pero en realidad
Shelar lloraba de alegría.
Dolf acabó agarrando a la mujer de
un brazo e hizo que caminase delante de él.
Una vez solventado el problema, el
soldado que estuvo a punto de disparar voceó:
-¡Adelante!
El grupo de doce fue penetrando en
la cámara muy despacio, a empujones, colocándose allá
donde les ordenaron entre continuos gimoteos, gritos,
tiritonas, ataques de histeria, tímidas convulsiones,
vomitonas... Por último, todos estuvieron colocados
como estaba planeado, pegados los unos a los otros formando
una única y lamentable fila, sentados de espaldas a
la pared.
Repentinamente, la iluminación parpadeó,
los potentes focos de la sala parecían querer decirles
que llegaba el momento final. Su momento final. Mientras,
los aros de los pies y manos de todos los sujetos, se
iluminaron abriéndose a un tiempo. Estaban libres, ¿pero
de qué les servía ya? Ahora doce soldados les apuntaban
desde la puerta. No había escapatoria.
G23 sonrió satisfecho contemplando
sus manos ahora libres. Con ese detalle no había contado,
pero al fin y al cabo era otro punto a su favor.
Uno de los soldados recogió tranquilamente
cada grillete y antes de salir dirigió una retorcida
mirada al grupo de condenados.
Dolf esperó el momento oportuno, y
entonces, cuando ningún soldado le observaba, se volvió
tranquilamente hacia Selene:
-Prepárate para salir.
Shelar, se volvió dubitativa hacia
la muchacha que había a su lado. ¿Hablarían el mismo
idioma? Recapacitó rápidamente- «¿Por qué no? ¡Aquí
todo el mundo parece hacerlo!...» -Con una
amplia sonrisa que no pudo ni quiso disimular, y aun
corriendo el riesgo de que los guardias intuyesen lo
que sucedía, también susurró:
-¡Disimula y prepárate para salir zumbando,
querida! -la muchacha miró incrédula a la de la Luna,
intentando comprender qué sucedía, de qué hablaba ahora
aquella tarada. Shelar le dio un codazo amistoso, procurando
que nadie la viese-. ¡Vamos, que nos vamos, preciosa!
La chica observó el rostro de Dolf
asomándose al lado del de Shelar, mientras el hombre
asentía en silencio.
-¡Ah.. ya, ya entiendo! -la joven se
volvió como había hecho la extranjera y repitió la misma
operación. Después de ésta, el mutante que había a su
lado hizo lo mismo, y su compañero, también acabó susurrándole
algo a aquél que tenía al otro lado. Así, unos y otros
fueron enviándose esa especie de mensaje esperanzador,
aunque todos dudaban que hubiera forma de salir de allí.
¿Cómo lo harían? ¿Por dónde?
Los soldados, más pendientes ya de
que su turno tocaba a su fin, no hicieron el menor esfuerzo
en pretender averiguar qué estaban tramando sus presos,
porque era evidente que algo ocurría. ¿Pero y a quién
podía importarle ya lo que pensasen o se dijesen entre
sí aquellos pobres diablos? Al fin y al cabo iban a
morir en pocos segundos, y ya no merecía la pena hacerles
sufrir más. ¿Para qué?
-Cierren las puertas y que empiece
el espectáculo -se oyó decir a alguien a través de la
megafonía. A Shelar se le revolvió el estómago, aquella
voz era la del tipo de la máscara. «¡Maldito puerco!»
Las puertas se cerraron sin siquiera
dejar escapar un leve siseo.
G23 se levantó rápidamente y fue hacia
el lado opuesto de la cámara. Miró su cinta temporal-,
tres, dos, uno... -señaló sonriente con su índice
un punto indeterminado de la pared, y mágicamente se
abrió una pequeña puerta-. ¡Funciona!
- Segunda
parte - Capítulo 2 -
Alma15 fue concluida en Agosto del
99 y ha sido revisada durante el 2003/04.
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