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Alma15 - Segunda parte: 'Entre tanto...' - Capítulo 1 Más sobre Pily B.

-¡Vamos, levántate, que no tenemos todo el día!

-Oiga yo...

-Shhh, ¡a callar!

Shelar miró a aquel tipo perpleja, ¿por qué voceaba de aquella forma, acaso alguien le había dicho que estaba sorda?

Obstinada, se permitió el lujo de observar a su alrededor y entonces tuvo más o menos conciencia de lo que debía haber pasado. Sí, seguramente se había desmayado en el momento en que la BB2 había sido capturada, y después, después... ¡qué narices, ahora estaba en el después! ¡No sabía qué había pasado después, no tenía ni la menor idea! ¡No sabía a qué lugar pertenecía aquella habitación, ni qué hacía ella allí! De lo único que estaba segura es de que aquella no era su cama, de que no estaba en su casa, y de que aquellos tipos podían ser cualquier cosa menos sus amigos.

¿Pero qué sucedía entonces, dónde estaba, qué se esperaba que hiciera salvo levantarse? ¿Y quiénes eran esos tíos? Enseguida pudo ver que los cuatro individuos que esperaban junto a la puerta, llevaban la cara descubierta y parecían copias exactas los unos de los otros. Sí, aquellos maniquíes tenían toda la pinta de pertenecer a alguna especie de ejército clónico, ¿pero a qué ejército? ¿Y por qué sus caras le resultaban tan familiares?

Tragó de manera poco decorosa mientras se fijaba ahora en el individuo que le había despertado con tanta delicadeza. No llevaba el mismo uniforme que los otros, pero estaba claro que era quien daba las órdenes. ¿Y por qué él llevaba la cara cubierta con aquella máscara, por qué se ocultaba? ¿Era posible que se conociesen y por ello...?

-¿No me has oído? ¡Que te levantes de una vez! -Shelar dio un nuevo respingo y esta vez sí se puso en pie prácticamente de un salto.

Después, clavó su triste mirada en el suelo mientras esperaba cualquier tipo de reacción agresiva por parte del otro. «Todo esto no puede estar pasándome... No puede ser... »

Un segundo, dos, tres... al ver que nada ocurría, que nadie le amenazaba ni gritaba, Shelar levantó la vista y se percató de que el sujeto de la máscara ya no estaba en la habitación.

-¿Por dónde...? -Omitiendo su pregunta, uno de los clones avanzó en silencio, amenazador.

La aflicción de la mujer fue en aumento cuando descubrió ahora tan cercano a ella, el rostro equivalente al de su querido compañero el androide. Pero ese no era su Dummy... entonces... ¿por qué aquél tipo...? ¡Ahora sí que no entendía nada!

Ajeno a los pensamientos de la selenita, el desconocido, como siempre sin mediar palabra, colocó un anillo luminoso en cada uno de los pulgares de la mujer y después pasó a efectuar la misma operación sobre sus tobillos. Cuando hubo activado el código de cierre de los grilletes, otra vez sin dar explicación alguna, la empujó groseramente fuera de la habitación a punta de Distorsionador Encefálico.

Ahora sí estaba claro que era prisionera, pero ¿prisionera de quién? ¿Qué había hecho? ¿Tan peligrosa era que necesitaba ser escoltada? ¿Y dónde estaban sus compañeros? ¿También eran prisioneros? ¿Y sus opresores? ¿Qué clase de guardianes eran aquellos que se burlaban de ella utilizando la imagen de su querido Dummy?

Antes de avanzar, Shelar miró de soslayo el arma de su enemigo decidiendo no oponerse en ningún momento a su voluntad, ya que sabía perfectamente lo que podía hacer aquel mecanismo de cristalina forma ojival; si realizaba un movimiento en falso, aquel aparatito interrumpiría la comunicación de su sistema nervioso central provocando en un primer momento pequeños inconvenientes, y segundos después, el colapso, la muerte cerebral. Y no estaba por la labor... no tenía ni la menor idea de qué iba todo aquello, pero desde luego no estaba dispuesta a dejar que la frieran las neuronas así como así.

-Tranquilo ¿eh?

El soldado volvió a empujarla con el mismo Distorsionador y no dejó de hacerlo hasta haberla conducido, perseguido por sus compañeros clónicos, a un corredor aparentemente interminable. Allí, la mujer esperó junto a sus guardianes, a que un grupo de personas que avanzaba en su dirección llegasen hasta ellos: Una vez los tuvieron de frente, Shelar observó que la cabecera del grupo estaba formada por otros cuatro clones y que tras éstos, desfilaba un grupo de desconsolados humanos que, aunque tal vez no estuvieran allí por las mismas causas que ella, desde luego sí acabarían en las mismas condiciones. Lo presentía, y aquel pensamiento, fuera cierto o no, negativo o positivo, no acaba de gustarle...

 

Minutos después de encontrarse ella misma formando parte del rebaño ya había tenido tiempo de asegurarse de que, de alguna forma que aún no conseguía entender, nuevos seres se iban uniendo al colectivo y curiosamente lo hacían siempre por la retaguardia. Retaguardia que hasta ese momento ella misma no había abandonado... Pero, ¿por qué? ¿Por qué cuando un nuevo individuo se unía a ellos avanzaba enseguida sin que nadie se lo ordenase? ¿Y por qué a ella le obligaron a que siguiese allí, caminando escoltada por el nuevo cuarteto de gemelos, mellizos, ¡o lo que quiera que fuesen aquellas copias de las otras copias!

Sin previo aviso, como cada vez que sucedía, un nuevo individuo se unió al grupo. ¡Otra vez con las mismas! ¿Pero de dónde salía? Aquello era una locura. ¿Cómo era posible que no pudiera ver a través de sus cuatro escoltas quién iba a ser el próximo en internarse, ni el momento en que lo haría?

 

Pocos minutos después el reducido grupo había crecido visiblemente, tanto, que la mujer ya era incapaz de ver a los cuatro soldados que iban a la cabeza. De todos modos a Shelar poco le importaba ya, en lo único que podía pensar era en intentar llegar a comprender por qué a todos les llevaban a un mismo lugar, que además resultaba ser todo un misterio, y lo que era más espeluznante aún, sin saber muy bien para qué, con qué fin lo hacían.

Este último pensamiento hizo que de buenas a primeras decidiera jugársela, y aprovechando el ingreso de un nuevo feligrés, intentó avanzar preguntándose mientras lo hacía por qué maldita razón ella debía permanecer allí; fuera lo que fuese lo que hubiesen de encontrarse, cuanto antes lo hiciera mejor. Pero fue inútil, no hubo llegado a ponerse ni siquiera al nivel de aquella persona que le antecedía, cuando la zona parietal de su cráneo se volvió a ver amenazada por la punta de un arma.

-Tú no te muevas, continúa donde estás.

-¿Pero por qué todos avanzan y yo...?

-¡Cállate y camina!

Sin atreverse a rechistar, Selene continuó dando algún que otro traspiés mientras procuraba avanzar en su estúpido puesto.

Entre tanto, nuevas almas seguían uniéndose en silencio a la cadena humana, lo que hacía que el rostro de sus compañeros mutara constantemente, pero a ella poco le importaba ya... Sólo la presencia de una muchacha humanoide de aproximadamente su misma edad, fue capaz de sacarla de su inmutable ostracismo, entonces Shelar dio rienda suelta a su curiosidad:

-Dime ¿sabes tú adónde vamos?

La mujer levantó su mirada sin demasiado entusiasmo, y entonces, la selenita descubrió el rostro de Gladia caminando junto al suyo. En ese momento, Shelar pensó que le iba a dar algo, que todo aquello no era más que una jodida farsa. Tuvo ganas de gritar, de gritar con todas sus fuerzas que dónde narices se encontraba la maldita holocámara oculta, ¡que ya estaba bien!, porque todo aquello no podía estar pasando, no podía ir en serio, no tenía sentido... ya estaba bien de bromitas absurdas y amedrentadoras....

Mientras la mente de la selenita se convertía en un auténtico torbellino a punto de explotar a causa de la presión, la otra contestó en tono monocorde:

-¿Bromeas? -la presunta terrestre no dio muestras aparentes de conocerla. Entonces, ¿era otra coincidencia? ¿El mismo truco? Primero Dum y ahora la mujer de Dolf...- , a la cámara de gas, ¿a dónde crees que vanos sino?

Cuando terminó de decir esto la mujer de cabellos cobrizos avanzó colocándose justo delante de ella, y en un abrir y cerrar de ojos, ya estaba desapareciendo entre la creciente multitud. El nuevo compañero de Shelar se transformó entonces en un pobre anciano. Éste, de buenas a primeras, fue brutalmente golpeado por uno de los soldados.

-Muévete viejo. ¿Es que no puedes caminar o qué?

El anciano dejó escapar un tímido gemido hincando al mismo tiempo sus artríticas rodillas en el frío y metálico suelo. Shelar, se agachó de inmediato intentando ayudar al anciano, pero el Distorsionador Encefálico en su sien sugirió que se mantuviera al margen. La mujer, aturdida por el miedo, levantó las manos poco a poco mientras sus pupilas pasaban muy despacio del anciano a los individuos que caminaban por delante de ella. Buscó a la seudo-Gladia con la mirada, pero ya no había ni rastro del doble de la mujer de su antiguo compañero terrestre.

Una vez erguida, contempló desesperanzada cómo dos de los soldados asían al anciano sacándole arrastras de aquel condenado corredor sin que ella pudiera hacer nada por impedirlo. Después, como si nada hubiera pasado, todo el grupo al unísono se puso otra vez en movimiento.

De nuevo otro compañero al lado de Shelar. Otro. Otra... Al poco tiempo, la velocidad en la sucesión de caras desconocidas fue disminuyendo. ¿Pero qué importaba ya? «Voy a morir, y lo peor de todo es que no tengo ni la menor idea de por qué». Shelar volvió su mirada y se encontró con las mandíbulas amenazantes de sus guardianes, seguidas de la visión de sus armas apuntando su querida frente.

-¡Vuélvete y camina, mujer!

Shelar obedeció, tratando de dominar el temblor que cada vez se apoderaba más de su desacompasado caminar. «¡Maldita sea, necesito ir al baño!» Antes de que tuviera tiempo de generar un nuevo pensamiento, de respirar hondo y procurar sacar fuerzas de donde no las tenía, oyó la voz susurrante de su nuevo compañero:

-Hola, aunque parezca mentira me alegro de verte.

Shelar levantó paulatinamente su vista del suelo procurando enfocar la imagen del rostro correspondiente a esa voz aparentemente conocida. Un respingo la sobresaltó cuando descubrió a Dolf G23, y justo en el mismo momento, un molesto codazo volvió a sobresaltarla.

-Esta gente no tiene ni idea de que nos conocemos, ¿por qué no lo gritas para que se enteren todos?

La selenita frotó su brazo dolorido mientras daba rienda suelta a su lengua.

-¿Pero qué está pasando? ¿Dónde estamos? ¿Y por qué nos han mezclado con toda esta gente? ¿Acaso...?

-Sssshhhh. Sé lo mismo que tú, únicamente recuerdo que estábamos en la BB2, que esa nave consiguió flirtear con la nuestra, y después... ¡después nada, nada de nada!

-¿Dónde está Dummy, eso tampoco lo sabes?, ¿y por qué estos individuos...? -Intentó echar una ojeada a los escoltas y lo único que consiguió fue un violento empujón, y otra vez el Distorsionador Encefálico delante de sus narices.

Decidió caminar sin rechistar. Dolf, por su parte, esperó el tiempo imprescindible para volver a la carga:

-¿Te refieres a por qué son como tu androide? -le susurró.

 -Ajá.

-La verdad es que a mí también me sorprendió, pero no sé por qué tienen la misma apariencia. No tengo ni la menor idea, la verdad.

Shelar continuó inquiriéndole en silencio.

-¿Por qué piensas que he de saberlo todo, dime?

Pero la selenita ya no fue capaz de rechistar, repentinamente, el recuerdo de la imagen de Gladia vino a su mente, y con éste, también el lugar al que parecían llevarlos. Casi lo había olvidado al ver a su compañero, y ahora... ahora no tenía más remedio que contárselo a Dolf. Debía decirle que también su mujer, u otra persona parecida a ella, había sido apresada Dios sabría cómo y por qué, y que ésta... ésta sí parecía saber hacia dónde los dirigían exactamente.

-Eeeh, oye, yo... verás, he averiguado que nos llevan a una especie de cámara de gas, o algo así. Es que, bueno, la persona que me lo dijo, estooo, hace rato vi algo bastante desagradable ¿sabes? La verdad es que preferiría no tener que decírtelo pero...

-No lo hagas entonces. No creo que lo que hayas visto sea peor que lo que nos queda por ver. Y eso de la cámara de gas, bueno, no sé, suena un poco...

-¡Tú! Si vuelves a susurrar una sola palabra más, será lo último que hagas. ¿Lo has entendido? Ya estoy harto de tanto cuchicheo y tanta tontería.

Sin saber muy bien por qué lo hizo, ya que una reacción así no era propia de él, Dolf G23 dejó de caminar para volverse y encararse con él soldado que no paró de amenazarles casi a cada momento. Entre tanto, el resto del pelotón detuvo su marcha.

El soldado al que habían desafiado dirigió el objeto semi transparente hacia la frente del terrestre y esperó a ver qué hacía el otro, a ver si ahora resultaba ser tan valiente... Dolf, una vez hubo metido la pata, no tuvo más remedio que mantener el tipo y esperar a que aquel petimetre no decidiese utilizar el arma.

-¡No! ¡No, déjelo! -Shelar terminó por interponerse entre ambos agarrando al terrestre de un brazo.

Otro de los soldados se adelantó apartando a la mujer:

-Dime preciosa, ¿le conoces? ¿De verdad te importa ver morir a este payaso antes de tiempo?

-¡Eh, oiga, suélteme! -Shelar se deshizo del soldado pegando un tirón de su brazo-. ¡Y no, no le conozco de nada! Déjeme de una vez ¿quiere?

-¿Estás segura de que no le conoces? -El sujeto se acercó más a ella sin ocultar una maliciosa medio sonrisa. Por primera vez, y ahora tan cerca de ella, Shelar fue capaz de vislumbrar la reluciente chapa que pendía del uniforme desprovisto de costuras: La inscripción constaba de dos líneas sinuosas que aparentemente no tenían ningún significado coherente, lo cual la dejaba tal y como estaba al principio. Sin tener la menor idea de quién podría haberlos capturado.

Dolf G23, se vio obligado a interceder ya que aquella mujer era la persona más indicada para soltar cualquier barbaridad en el peor momento:

-Por supuesto que no nos conocemos, déjela ya -y después de decir aquello, se volvió hacia el resto de condenados y echó a caminar dando la espalda a sus vigilantes.

El resto de los espectadores, aunque un poco inseguros en un principio, hicieron lo mismo adelantando de nuevo a Dolf y volviéndole a dejar en último lugar junto a Shelar y a los soldados que, cada vez más amoscados, volvieron a cubrir la retaguardia.

 

***

 

Minutos después, en vez de aumentar el número de reos, el grupo empezó a disminuir y demasiado a prisa además. Cada ciertos pasos, iban dejando atrás a una docena de antiguos integrantes junto a un nuevo cuarteto de clones, que permanecían apostados a ambos lados de gigantescas e intrigantes puertas.

Entre tanto Dolf observó ciertos detalles que supuestamente no debería haber tenido tiempo de ver, mientras seguía caminando como si tal cosa. No obstante la de la Luna se quedó rezagada de buenas a primeras «¿Pero qué significa todo esto? Entonces... ¿de verdad vamos a morir? ¿Seremos sacrificados como si fuéramos pobres animales? ¿Qué clase de raza inteligente es capaz de hacer algo así con otra que también lo es? ¡Dios, ayúdanos, no nos abandones ahora! No puedes dejar que nos sacrifiquen. Juro que si nos ayudas, juro que a partir de ahora...» Un empujón acabó de inmediato con sus rezos.

Shelar miró al soldado intentando transmitirle todo el odio que llevaba dentro, y después devolvió su vista al frente. No podía más. No lo soportaría. Ella nunca había sido persona de gran temple, y estaba llegando a su tope. Estaba llegando, lo presentía... Así que intentó controlarse primero efectuando una serie de respiraciones, pero intentar aquello no resultó ser más que una sandez. ¿Quién podía controlar su respiración e incluso su ritmo cardíaco cuando sabía que iba a morir? «¡Mierda, mierda, mierda!». Después intento imaginar un sinnúmero de finales felices donde su querido Dummy aparecía de buenas a primeras y los salvaba a todos de las más diversas y disparatadas maneras. Eso le sirvió durante un par de minutos. Después, no pudo más y miró a Dolf, a ver si la presencia de éste conseguía reconfortarla de algún modo, pero nada, no surtió efecto, para colmo, él también empezaba a parecerse a uno de aquellos zombies...

Estudiando al terrestre, de pronto le asaltó una duda, ¿por qué a ellos dos no les habían separado aún, es más, porque a ambos los dejaron siempre atrás del todo?

-¡Los siguientes! A ver, tú... tú, tú, tú... -uno de los soldados fue apuntando con el dedo a unos cuantos, hombres y mujeres, hasta llegar a un total de doce personas . Vosotros sois los siguientes.

-¿Los siguientes para qué? -Dolf le dio un codazo a su compañera pero ya era demasiado tarde, lo había soltado.

-Tú cállate preciosa, que tampoco queda tanto para que lo averigües. Verás qué divertido va a ser Todos los clones soltaron una sonora carcajada.

-Pero...

-¡Cállate!

Shelar obedeció, consciente por primera vez de que el grupo se había reducido tanto que una vez hubieran introducido a la docena seleccionada en el lugar en cuestión, sólo quedarían ellos dos. ¡Ellos dos y diez pobres almas más!

«¡Oh Dios, no puedo, no puedo más! ¡No puedo consentirlo! Esto no puede estar pasándome. ¡Que se acabe ya por favor! ¡Qué se acabe!».

La docena de humanoides elegidos entraron en la enorme sala, y los doce restantes fueron obligados a continuar su marcha.

De pronto, Shelar agarró del brazo a G23, apretándole con una fuerza inusual:

-¿Es que no eres consciente de que vamos a morir? ¿De que ahora sí va en serio? ¿Es que no vas a hacer nada para impedirlo? ¡Joder, haz algo Dolf!

Pero éste no contestó, acababan de detenerse delante de otra de aquellas gigantescas puertas, custodiadas por un nuevo cuarteto de clones. Aun así, su rostro continuó serio e impasible.

Shelar observó las puertas y después a su compañero. Otra vez volvió a mirar las puertas y de nuevo regresó al rostro de su compañero. «¿Pero es que se ha vuelto idiota de repente o qué? ¡Tenemos que hacer algo y ya! ». Pellizcó el brazo de Dolf, pero éste continuó con la mirada perdida. Shelar estuvo en un “tris” de agarrarle del cuello e intentar estrangularle allí mismo. Sí, deseaba hacerlo con toda su alma, con sus propias manos, quería ver cómo se iba poniendo de todos los colores hasta dejar de respirar. «¡Estúpido terrestre de mierda! ¡Ninguno servís para nada, no tenéis sangre en las venas! Muy bien, pues yo no pienso quedarme de brazos cruzados. No tengo ni idea de qué voy a hacer para impedir que se nos quiten de en medio, pero esto lo para yo ahora mismo. ¡Vamos que lo hago! ».

-¡Oiga! -se detuvo en seco y se encaró con el soldado más próximo- ¿Se puede saber por qué nos retienen? ¿Qué hemos hecho? ¿Y qué pretenden hacer con nosotros ahí dentro? Quiero una explicación, y la quiero AHORA.

-¡Cállate estúpida, y en cuanto te lo ordenen entra sin rechistar!

La selenita, en un irrefrenable ataque de locura, cargó contra el soldado y le despachó a base de puñetazos, patadas, mordiscos y todo aquello que se fue terciando. Los demás soldados corrieron a aferrarla de pies y manos, pero aun así, Shelar continuó revolviéndose como un animal, dominada por una incontrolable cólera, soltando todo tipo de imprecaciones además de algún que otro salivazo.

-¡Puercos, dejadme en paz! ¡Yo no entro ahí! ¡He dicho que no entro!

Las puertas acababan de abrirse ante la mirada atenta de G23. Para él, la selenita se encontraba ahora lejos, muy lejos, ya que tenía delante de sí aquello que había observado en la cámara anterior; un maravilloso panel de control camuflado hábilmente.

Bien, ahora empezaba lo bueno. Dolf se aseguró de que todos estuvieran ocupados atendiendo el patético espectáculo que estaba ofreciendo la selenita. Cuando vio que así era, se hizo camino entre aquellos que observaban la escena dando algún que otro trompicón, merced a la rapidez con que intentaba moverse y sobre todo a los dichosos grilletes, que ahora tiraban de sus pies más que nunca. Como pudo, se fue abriendo paso hasta llegar al panel de control y aprovechando como camuflaje a aquellos sujetos que tenía delante de él observando la escena, se giró junto al panel y en seguida comprobó lo que creyó ver; el teclado tenía el mismo alfabeto solar. ¡Bingo! Sin pensárselo dos veces, comenzó a indagar y finalmente encontró lo que buscaba. Bien, ahora sólo quedaba introducir un par de órdenes...

Uno de los soldados se dirigió al grupo de condenados:

-¡Vayan introduciéndose ya! ¿Me oyen todos? ¡Adelante! ¡Pasen, pasen, pasen...!

Mientras, Shelar continuaba en sus trece:

-¡Nooooo! ¡Soy inocente! ¡Dejenme, dejenme cerdos! ¡A mí no me meterán ahí! ¡No lo harán, nooo!

Entre tanto, uno de los soldados ya se había cansado de la escena y había empuñado de nuevo su Distorsionador. Ahora, lo presionaba contra la frente de la mujer que a pesar de su furia continuaba inmovilizada.

Dolf, que ya había terminado con lo suyo, se apresuró a interceder en ese momento.

-Perdone -levantó obligatoriamente ambas manos, al estar unidas por los anillos de luz, mientras se abría paso entre los demás prisioneros-. Déjenmela a mí. Creo que puedo ayudarla. Le prometo que se calmará. Entrará y se calmará.

En cuanto hubo dicho esto, sus pálidas facciones se vieron prácticamente oprimidas por las de otro de los soldados:

-¿Y por qué estás tan seguro, si puede saberse?

El de la Tierra procuró no pasarse de listo. Después de unos instantes verdaderamente incómodos, continuó en el mismo tono sumiso de antes:

-Ella intentó salvarme la vida antes. Creo que se lo debo, al menos debería intentar hacer algo por ella ¿no cree?

Shelar miró al terrestre con los ojos increíblemente enrojecidos por el llanto.

Los soldados, después de un par de segundos de indecisión, empujaron a la dama entre risas y comentarios soeces.

Dolf, después de evitar que con el empujón su “amiga” cayese al suelo, enjuagó sus lágrimas y mesó su cabello, susurrándola palabras tranquilizadoras bajo la mirada atenta de todos, víctimas y verdugos. Después, acercó sus labios al oído de ella exactamente igual que si fuera a besarla, y sin apartar la mirada de sus opresores, lo más bajo que pudo le dijo:

-¿Alguna vez has dudado de mí?

Shelar se apartó de él para poder mirarle directamente a los ojos. Efectivamente, en el azul fondo de éstos, se intuía que podía haber una posibilidad de salir de allí con vida. No sabía de qué se trataba, pero sabía que algo había y que fuera lo que fuese, Dolf lo pondría en práctica. Una vez más gimió. Los soldados, a la vista de los aparentes resultados, dieron por hecho que se sometía poco a poco, pero en realidad Shelar lloraba de alegría.

Dolf acabó agarrando a la mujer de un brazo e hizo que caminase delante de él.

Una vez solventado el problema, el soldado que estuvo a punto de disparar voceó:

-¡Adelante!

El grupo de doce fue penetrando en la cámara muy despacio, a empujones, colocándose allá donde les ordenaron entre continuos gimoteos, gritos, tiritonas, ataques de histeria, tímidas convulsiones, vomitonas... Por último, todos estuvieron colocados como estaba planeado, pegados los unos a los otros formando una única y lamentable fila, sentados de espaldas a la pared.

Repentinamente, la iluminación parpadeó, los potentes focos de la sala parecían querer decirles que llegaba el momento final. Su momento final. Mientras, los aros de los pies y manos de todos los sujetos, se iluminaron abriéndose a un tiempo. Estaban libres, ¿pero de qué les servía ya? Ahora doce soldados les apuntaban desde la puerta. No había escapatoria.

G23 sonrió satisfecho contemplando sus manos ahora libres. Con ese detalle no había contado, pero al fin y al cabo era otro punto a su favor.

Uno de los soldados recogió tranquilamente cada grillete y antes de salir dirigió una retorcida mirada al grupo de condenados.

Dolf esperó el momento oportuno, y entonces, cuando ningún soldado le observaba, se volvió tranquilamente hacia Selene:

-Prepárate para salir.

Shelar, se volvió dubitativa hacia la muchacha que había a su lado. ¿Hablarían el mismo idioma? Recapacitó rápidamente- «¿Por qué no? ¡Aquí todo el mundo parece hacerlo!...» -Con una amplia sonrisa que no pudo ni quiso disimular, y aun corriendo el riesgo de que los guardias intuyesen lo que sucedía, también susurró:

-¡Disimula y prepárate para salir zumbando, querida! -la muchacha miró incrédula a la de la Luna, intentando comprender qué sucedía, de qué hablaba ahora aquella tarada. Shelar le dio un codazo amistoso, procurando que nadie la viese-. ¡Vamos, que nos vamos, preciosa!

La chica observó el rostro de Dolf asomándose al lado del de Shelar, mientras el hombre asentía en silencio.

-¡Ah.. ya, ya entiendo! -la joven se volvió como había hecho la extranjera y repitió la misma operación. Después de ésta, el mutante que había a su lado hizo lo mismo, y su compañero, también acabó susurrándole algo a aquél que tenía al otro lado. Así, unos y otros fueron enviándose esa especie de mensaje esperanzador, aunque todos dudaban que hubiera forma de salir de allí. ¿Cómo lo harían? ¿Por dónde?

Los soldados, más pendientes ya de que su turno tocaba a su fin, no hicieron el menor esfuerzo en pretender averiguar qué estaban tramando sus presos, porque era evidente que algo ocurría. ¿Pero y a quién podía importarle ya lo que pensasen o se dijesen entre sí aquellos pobres diablos? Al fin y al cabo iban a morir en pocos segundos, y ya no merecía la pena hacerles sufrir más. ¿Para qué?

-Cierren las puertas y que empiece el espectáculo -se oyó decir a alguien a través de la megafonía. A Shelar se le revolvió el estómago, aquella voz era la del tipo de la máscara. «¡Maldito puerco!»

Las puertas se cerraron sin siquiera dejar escapar un leve siseo.

G23 se levantó rápidamente y fue hacia el lado opuesto de la cámara. Miró su cinta temporal-, tres, dos, uno... -señaló sonriente con su índice un punto indeterminado de la pared, y mágicamente se abrió una pequeña puerta-. ¡Funciona!

- Segunda parte - Capítulo 2 -

 

 

Alma15 fue concluida en Agosto del 99 y ha sido revisada durante el 2003/04.

 

 
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