| Dum apartó su atención
del edificio en forma de ese que había frente
a aquél que ahora les albergaba, y continuó examinando
la ciudad desde las alturas de la torre en forma de
espiral. Lo siguiente en llamar su atención fue aquel
medio de transporte que parecía ser el que habitualmente
se utilizaba en el planeta Mimet. Éste, era un diminuto
monoplaza diseñado a partir de dos semiesferas claramente
diferenciadas; la anterior se componía enteramente de
metacristal, el material conductor de energía solar
más utilizado en la Vía Láctea y en galaxias circundantes,
y la posterior, parecía enteramente revestida de una
aleación de cromo-vanadio. Ambas partes se ensamblaban
por medio de una dentada abrazadera gelatinosa. «Interesante...»
Los vehículos esferoides se deslizaban a través de interminables
plataformas sustentadas dentro de los propios campos
de energía que los hacían levitar. Curiosamente las
autopistas, a diferencia de las de cualquier otro medio
de locomoción en cualquiera de los múltiples planetas
conocidos, no se extendían sólo en el plano horizontal
a lo largo y ancho de la ciudad: éstas, pasaban a convertirse
en monstruosas diagonales, vertiginosas verticales,
e incluso turbulentas espirales, todas ellas a su vez
paralelas a otras de su misma condición.
A continuación, la mirada del androide
escudriñó aquello que descansaba a los pies de la nívea
metrópoli, bañándola de un rincón a otro mientras simulaba
ser una inmensa y brumosa alfombra escarlata. Tras contemplar
brevemente aquel exótico mar, Dum acabó dándole la espalda
al paisaje del otro lado del ventanal dispuesto a repetir
todo aquello que ya había explicado.
-Así es. En el momento en que perdimos
la energía ya habíamos sido atrapados por los habitantes
de este planeta, y después, cuando Shelar fue a buscarte
a la sala de hologramas -el androide dirigió su atención
momentáneamente hacia la boquiabierta cara del terrestre-,
por supuesto continuamos en sus manos. Debéis entender
que no me quedó otra opción que consentir en obedecer
a sus órdenes aun cuando no sabía quiénes habían sido
nuestros captores, dado que, por otra parte, y en vista
del poder que ejercían sobre nuestra nave, también pensé
que de haber querido hacernos daño lo habrían hecho,
al menos a vosotros. Supongo que entenderéis que no
podía hacer otra cosa que obedecer, una intromisión
por mi parte podría haber provocado resultados de lo
más indeseables. Lo siento de veras, pero no vi otra
opción que dejar que aquella farsa tuviera lugar, al
menos mientras las cosas no se pusieran realmente feas
-contempló durante unos instantes la habitación donde
habían sido aparentemente abandonados. Aquel lugar no
era más que un amplio espacio circular amueblado únicamente
por una aerocama-. Bueno, y como ya he dicho, momentos
después de que su nave contactase con la nuestra, manipularon
vuestros cerebros mediante un método que aún soy incapaz
de explicar. Imagino que debieron emplear algún tipo
de onda indetectable incluso para mi propio cerebro.
Sea como fuere, el vuestro fue inmovilizado parcialmente...
-a pesar de que ya habían oído el relato del androide,
ambos humanos volvieron a mostrar la misma cara de asombro
que la primera vez-... Así fue. Os mantuvisteis sentados,
respirando de forma pausada, con los ojos abiertos y
aparentemente conscientes. De verdad siento tener que
dar un informe tan poco esclarecedor, pero hasta ahora
no he podido verificar detalles como este.
-Ajá... -Shelar parecía haber despertado
en ese mismo momento-, y según parece, hemos venido
a parar a este lugar que según tú, que no has podido
hablar aún con ellos, está poblado por gente de lo más
pacífica, ¿no es así? -la mujer, resoplando, se dejó
caer finalmente en el lecho cubierto de plumas.
-Así es, en ningún momento me desvelaron
quiénes eran, sólo lo que querían que hiciera, que no
era más que traer la nave hasta aquí. Pero al llegar
a este lugar y echar un rápido vistazo a mi alrededor,
he podido averiguar, gracias también a la información
que hay almacenada en mis bancos de datos, en manos
de quiénes estamos. Y ahora vuelvo a repetiros que su
planeta es únicamente el punto de encuentro para aquellos
seres que precisan de ellos, de su ayuda. Aquí se viene
única y exclusivamente a recibir información o consejos...
-¿Crees que nos dirán dónde se encuentra
Alma15? -por fin, Dolf se animó a intervenir.
-Eso no puedo asegurarlo, pero de lo
que sí estoy seguro es de que al menos harán que nos
aproximemos a nuestro objetivo.
-¡Pues sería fantástico que nos dijeran
adónde debemos ir, aunque tengamos que mantener después
las apariencias esperando durante algún tiempo!
-Efectivamente, Shelar, pero es mejor
que no nos creemos falsas esperanzas. Recibiremos ayuda,
eso está claro, pero hasta que no llegue el momento
es imposible saber cuánta.
-De acuerdo, de acuerdo... -Tras escuchar
a su querido muñequito, Shelar empezaba a derrochar
felicidad. Lo había pasado francamente mal durante aquella
estúpida pesadilla, por otra parte tan real, y ahora,
de repente, descubría que nadie quería matarla, que
estaba junto a sus compañeros, y por si eso fuera poco,
que además no corrían ningún peligro, «¡la vida te
sonríe pequeña!»-Oye Dummy, aún no nos has dicho
dónde estamos exactamente, ¿dónde se encuentra este
planeta?
-Mimet es el séptimo planeta del Sistema
Cbiannte 2, estamos en la galaxia de Andrómeda.
-¡Qué! -A penas había saboreado las
mieles de no haber vivido más que una tonta pesadilla,
cuando ya recibía un nuevo mazazo en su preciosa cabecita.
Las V5 adulteradas debían haber llegado a cualquier
planeta de aquella dichosa galaxia...
-Sus habitantes son los miméticos,
denominados así por su extraordinaria capacidad para
cambiar de aspecto. De hecho, estos curiosos seres siempre
han de metamorfosearse antes de entrevistar a sus huéspedes,
si no, alguno de los entrevistados sería incapaz de
mantener un contacto medianamente agradable con ellos.
Pero como en casi todo lo extraordinario, existe un
inconveniente, y es que el número de visitantes siempre
supera con creces al de los habitantes de Mimet. Por
ello, hace siglos tuvieron que promulgar una de sus
primeras directrices: ésta dice que si el número de
visitantes es demasiado elevado, aquellos que sean los
últimos en acudir a Mimet deberán esperar en órbitas
próximas al planeta. También, si se diera el caso de
un próximo contacto, los visitantes podrían verse confinados
en algún lugar dentro de la capital aguardando la esperada
entrevista. Justo como lo hacemos nosotros ahora.
-¿Por eso estamos aquí, como si nos
hubieran olvidado? -la mujer decidió apartar el miedo
de su mente, ya habría tiempo para angustiarse en el
futuro. Además, Dum decía que aquellas gentes eran pacíficas,
y ella le creía.
-En efecto así puede parecer, pero
nada más lejos de la realidad. Únicamente necesitamos
que algunos de sus huéspedes abandonen el planeta para
que aquel o aquellos miméticos que deban entrevistarnos,
puedan dedicarnos su tiempo.
-¿Cuál es su forma auténtica? -el cerebro
de Dolf no pudo por menos que ir directamente al grano,
rebosando como rebosaba de interrogantes.
-Parece ser que se trata de entidades
gaseosas.
El terrestre mordió su índice pensativo:
-¿Y por qué han de cambiar su forma?
¿Qué importancia tiene su apariencia?
-Bueno, puede que para los humanos,
para vosotros dos en concreto, no tenga ninguna importancia,
pero para otras razas o sencillamente para otros solares
con distintas creencias, es posible que sí la tenga.
De todos modos, en realidad cambian su apariencia porque
según ellos necesitan transformarse tanto como vosotros
respirar. Es una particularidad bioquímica que deben
emplear por fuerza. Podemos llamarlo necesidad básica.
Dolf se dirigió en silencio hacia el
ventanal. Su atención recayó rápidamente en aquellas
aguas parcialmente cubiertas por una tenue bruma. Ésta,
parecía querer conferirles un aspecto aún más fantasmagórico
si es que eso era posible. Pero afortunadamente, la
estética de la urbe, recargada de estilizados edificios
de angulosas formas luminiscentes, y aquellos glóbulos
automatizados que viajaban a grandes velocidades a través
de la inmensa maraña de pistas levitantes, prácticamente
le hicieron olvidar que se hallaba preso en una ciudad
cuyos cimientos se perdían en las profundidades de un
mar que parecía pertenecer al mismísimo averno. Prácticamente...
-¿Qué me dices de su mar?
-¿De AntiMimet? -Dum caminó hacia la
posición del terrestre-. Bueno, ese mar es lo que su
nombre indica, es el lado opuesto, el lado negativo
de esta ciudad, o mejor dicho, de sus habitantes.
Al oír aquello, Shelar se dejó caer
prácticamente de la aerocama y corrió también hacia
el ventanal.
-AntiMimet es el veneno de este planeta.
Sus aguas, totalmente innecesarias para las vidas de
estos seres, son perfectas conductoras de la luz y de
la energía que produce su estrella. Si no contasen con
medios para impedirlo, esta energía emanada por Ant
consumiría la característica mimética de sus habitantes
y finalmente morirían.
La voz del ingeniero se volvió a teñir
de impaciencia:
-¿Pero entonces cómo evitan que suceda
esto? ¿Cómo se protegen de la propia luz solar, si ello
parece que les daña?
El androide, señaló con uno de sus
afilados índices el cielo permanentemente engalanado
con aquella composición de colores similar a la del
arco iris:
-El mismo prisma que utilizan para
reflectar las continuas iridiscencias que vemos, está
estructurado por microorganismos biocristalinos que
necesitan de una gran cantidad de energía solar, tanto
para poder subsistir, como para reflejar el continuo
tapiz que vemos en todo momento. Pero aún contando
con este sofisticado escudo, lógicamente el Cbiannte
2 todavía consigue liberar una cantidad considerable
de luz y calor... no obstante su energía está destinada
a abastecer todo cuanto veis. Absolutamente todo, está
diseñado y construido para que emplee la energía precisa;
cada centímetro cuadrado de la ciudad está preparado
para absorber y reutilizar la energía sobrante. La forma
de vida de los miméticos e incluso la estética que contemplamos
en estos momentos, no existiría si estos microorganismos
empleasen absolutamente toda la energía del Cbiannte
2.
-¿Quieres decir que esta gente no necesitaría
la energía de su estrella para nada?
-Efectivamente. Los miméticos son capaces
de mantener su temperatura corporal sin obtener calor
de ningún foco externo; tampoco precisan de la luz para
poder ver, y por otra parte, su régimen alimenticio
no se basa en cultivos que necesiten ser iluminados
para realizar su fotosíntesis. En cierto modo se les
podría considerar como seres autosuficientes.
-Son increíbles...
G23 no podía apartar su mirada de aquellas
aguas encarnadas, ni siquiera cuando Shelar procuró
rozarle dejando así constancia tanto de su presencia
como de su interés. Los antiguos miedos de la mujer
habían desaparecido por completo; la casualidad la llevó
hasta aquella galaxia y tal vez el destino simplemente
quería reservarle una segunda oportunidad. Y ahora...
ahora empezaba a estar terriblemente aburrida.
-Así es. Antes de obtener tan preciado
requerimiento los miméticos morían con tan solo una
coma nueve décadas, consumidos por la energía de su
sol y agracias al propio Ant. Sin embargo en la actualidad,
su longevidad cuenta nada menos que con ciento veinte
décadas, y cuando fenecen lo suelen hacer de forma natural.
Las pupilas del terrestre, e incluso
las de la cada vez más cansada selenita, contemplaron
dubitativas el escudo. Profundizando aún más en la iridiscencia,
comprobaron que el efecto era hermoso, mucho más hermoso
de lo que en un principio observaron, no obstante no
había forma de ver si aquello estaba siendo generado
por pequeños microorganismos o no.
-¿Cómo inventaron el escudo?
-Los miméticos realmente no inventaron
nada, estos microorganismos fueron un regalo de los
habitantes del planeta Iridio, en agradecimiento a la
ayuda que los miméticos les prestaron precisamente para
poder liberarse de esta plaga que consumía su estrella.
Si no fuera por la ayuda del planeta Mimet, a estas
alturas Iridio no existiría... -Dum alzó una mano rápidamente-,
antes de que me lo preguntes, nadie sabe la solución
que los miméticos les dieron. Nunca revelan la forma
en que ayudan a sus visitantes, en la mayoría de las
ocasiones ni siquiera el motivo de la consulta, pero
el caso es que antes de exterminar por completo a estos
desafortunados microorganismos, los iridienses les entregaron
una cantidad suficiente como para recubrir el cielo
de Mimet por completo. Digamos que en este caso ambos
pueblos salieron beneficiados.
El mentón cuadriculado de Dolf se irguió
repentinamente y sus ojos llamearon nuevamente:
-Supongo que cuando te has referido
a la plaga querías decir que los microorganismos son
capaces de reproducirse ¿no es así?
-Así es, pero estos en concreto están
manipulados de tal forma que no pueden mutar en ningún
caso y bajo ninguna circunstancia. Tampoco es posible
que procreen hasta poco antes de morir, siempre dando
el tiempo suficiente para que la nueva descendencia
se desarrolle lo suficiente y pueda proceder a la sustitución
de una forma adecuada. De esta forma siempre existe
el mismo número de microorganismos y unos reemplazan
a los otros.
Shelar, aburrida, volvió a tomar asiento
en la aerocama soltando su pelo de mala gana. Su mirada
apática recorrió la estancia mientras su compañero el
androide y el ccäpitaliense, contemplaban la
misma escena semi-estática al otro lado de los cristales.
La mujer, dejó caer su cuerpo hacia atrás apoyándose
en las manos, pensando que tampoco había tanto que estudiar
una vez visto el paisaje. A punto de explotar, observó
pensativamente el techo abovedado de la estancia globular,
agitando sus pies en el aire, y justo en el momento
en que sus compañeros le dieron la espalda a la hermosa
ciudad, ella se puso en pie con una nueva expresión
en el rostro.
El dúo masculino contempló en
silencio cómo la selenita buscaba en determinados puntos
de la pared, ¿pero el qué?
-Ya sé que no se dará el caso, Dummy,
pero de ser necesario, ¿cómo narices escaparíamos de
aquí?
No hubo respuesta por parte del sujeto
mecánico.
La selenita bajó su mirada pensativa:
-Si al menos hubiera algo que comer,
¡tengo hambre!
Al principio ninguno de los humanos
fue consciente de lo que sucedía, hasta que percibieron
claramente cómo algo se materializaba delante de sus
narices. El objeto en cuestión era una modesta mesa
plástica, repleta de exóticos manjares tanto terrestres
como selenitas.
La mujer hizo ademán de sentarse a
la mesa, pero enseguida se contuvo:
-Dum, ¿crees que puedo? -el androide
afirmó en silencio-. Está bien -Shelar se sentó frotándose
las manos, pensando que al menos lo que hubiese de acontecer,
lo haría cuando ella tuviese el estómago lleno.
-¿A qué se debe la concesión del primer
deseo? -G23 inquirió desconfiado.
-Hagamos una prueba más.
-¿A qué te refieres? -la voz del terrestre
se impregnó de mal humor, un mal humor que crecía por
momentos. Lo cierto es que llevaban demasiado tiempo
esperando, y aunque aquellas gentes eran increíbles,
ya empezaba a cansarse de estar allí sin poder hacer
nada, sin obtener respuestas.
-¿Qué precisas en estos momentos? Piensa
en algo lógico y permisible, por supuesto.
-¡Y yo qué sé que necesito! -Dolf contempló
perplejo al androide, éste no bromeaba en absoluto-.
¡Aparte de salir de aquí y estar de vuelta en casa sabiendo
que hemos acabado ya con esta absurda misión, no se
me ocurre nada mejor!
Shelar acabó levantando la vista de
la mesa, no era capaz de hincarle el diente a nada mientras
tuviera que estar soportando aquella palabrería:
-¡Piensa en algo y rápido, que tampoco
creo que sea tan difícil!
G23 se dirigió al androide e ignoró
a la mujer:
-Bueno, me gustaría descansar en algo
que no fuese esa estúpida cama, y... ampliar la vista
de este lugar. Sí, eso es.
De improviso, algo, una fuerza ajena
a él, le empujó suavemente hasta sentarle sobre el recientemente
aparecido artilugio anatómico. Al mismo tiempo, los
paneles de aparente aluminio que cubrían las paredes
de la habitación se fueron volviendo paulatinamente
transparentes.
Dolf se puso en pie de un salto, asustado,
excitado... sin saber exactamente cómo se sentía cuando
al otro lado de las invisibles paredes,pudo contemplar
la ciudad de Mimet exactamente igual que si estuviera
suspendido sobre ella.
-¿Cómo lo hacen? -el terrestre era
incapaz de apartar su mirada de aquella increíble vista.
-Quieren complaceros pero no saben
exactamente cómo hacerlo, por ello esta habitación ha
estado tan... frugalmente decorada en un principio.
Los miméticos necesitan saber en todo momento cuáles
son vuestras necesidades, y con necesidades no me refiero
sólo a las básicas, sino a otras que tengan que ver
también con costumbres personales.
-¿Hasta ese extremo llegan? -la mujer
atusó su melena a toda velocidad, preguntándose por
primera vez qué aspecto tendrían sus amiguitos.
-Sí, para los miméticos es importante.
No se trata sólo de que os encontréis a gusto en su
planeta, el poder satisfaceros sigue siendo una forma
de comunicación para ellos.
-¿Pero cómo... cómo lo hacen? -G23
fue incapaz de sentarse, a pesar de que momentos antes
le pareció una magnífica idea.
-Telepatía. Los sentimientos y pensamientos
ajenos son palabras para ellos.
Mientras atendía a las explicaciones
del androide y cuando creyó que su aspecto debía ser
más o menos aceptable, Shelar, que aún permanecía sentada
a la mesa, hizo uso de su pulgar e índice y tomó un
muslo de pollo. G23 no pudo evitar mirarla con aversión:
el muslo, fue entonces depositado sobre la bandeja mientras
ella sostenía la mirada del terrestre. Esta vez Dum
no se percató de la batalla.
-Oye Dummy, me apetece un cigarrillo,
sin embargo, no veo nada semejante entre todo este montón
de comida. ¡Llevo tanto tiempo sin probarlo!
-No deben considerarlo una necesidad
básica. De hecho, no lo es.
Sin percatarse de estarlo haciendo
mientras observaba a aquellos dos, Dolf deseó ver a
sus anfitriones, y entonces empezó el nuevo espectáculo:
una de las paredes empezó a opacarse a la par que un
dúo de sombras humanoides se proyectaba sobre el seudo-aluminio.
Los verdaderos humanoides contemplaron boquiabiertos
a los que debían ser los futuros miméticos, ¿o aquella
sería su forma definitiva? En seguida salieron de dudas.
Tras unos segundos, y a la par que se movían, los recién
llegados pasaron de ser un par de presencias ensombrecidas
a dos siluetas claramente diferenciadas, sin detalles
que les diferenciaran de la estancia, pero aun así,
dos siluetas, dos seres materiales. Uno de ellos, el
sujeto A, se situó detrás de Shelar -quien se había
puesto rápidamente en pie-, pasando a ser como la mesa
repleta de comida en la zona media-inferior de su cuerpo.
Por otra parte, el sujeto B, se colocó muy cerca del
sujeto A, pero este otro delante de la aerocama; ahora,
lo que debieran ser sus muslos y rodillas simulaban
formar parte del lecho, mientras que la parte superior
de su cuerpo, seguía siendo como la de su compañero,
idéntica al decorado circundante.
-Bien, parece que ha llegado nuestro
momento. Ahora sólo necesito que cualquiera de los dos
repita mis palabras en voz alta -el androide se había
dirigido repentinamente a sus dos compañeros. Aunque
aún sorprendidos, ambos afirmaron-. Sabemos que somos
bienvenidos y que es muy posible que sepan cuál es el
origen de nuestra misión, ¿no es cierto?
Fue Shelar quien finalmente hizo lo
que el androide sugirió:
-Sabemos que somos bienvenidos y que
es muy posible que sepan cuál es el origen de nuestra
misión, ¿no es cierto?
Sin perder más tiempo, el sujeto A
tomó la palabra:
-Es agradable acogeros aquí. Pero aunque
hayáis venido, no es muy posible que podamos conocer
cada noticia que se origina sobre un suceso acaecido
en un punto del universo, porque esa no es nuestra misión,
sin embargo, nuestra noticia agradable es que sois acogidos
aquí, porque es muy posible que podamos conocer qué
origina que hayáis venido. Esa misión sobre un suceso
acaecido en un punto del universo -la voz del
sujeto tenía un tono muy melódico, casi infantil, no
obstante aquella voz tan agradable no transmitió a los
humanos más que mera confusión.
Dum puso inmediatamente fin al desconcierto
de sus compañeros:
-La respuesta de alguna manera ha sido
un sí.
Los auténticos humanoides se vieron
invadidos por una repentina sensación de alivio. Aun
así, la mujer de la Luna no pudo contenerse:
-¿Qué debemos hacer entonces?
El sujeto B tomó enseguida la palabra:
-Orientarles sobre cómo pueden actuar
no es algo posible, nosotros no debemos decirles punto
por punto qué podrían hacer; tenemos las instrucciones
del Sistema Solar, sin embargo, nosotros tenemos que
decirles algo sobre qué podrían hacer, cómo deben actuar;
es posible que puedan orientarles punto por punto las
instrucciones del Sistema Solar -su voz había
sonado idéntica a la de su compañero.
Ambos rostros, terrestre y selenita,
se alzaron nuevamente en expresión dubitativa.
Dum se apresuró a dar una explicación:
-La razón por la cual se comunican
de este modo es que no son capaces de ordenar sus pensamientos
para después transmitirlos, quiero decir que carecen
de la habilidad innata que tienen especies como la humana
para transformar sus pensamientos en palabras. A esto
me refería cuando dije que los sentimientos y pensamientos
son palabras para ellos: los miméticos comprenden los
diversos lenguajes, pero en el caso de los humanoides
solares se comunican por medio de la telepatía, es decir,
los pensamientos que tienen lugar en vuestras mentes
son extraídos en un lenguaje comprensible para ellos,
pero después, son incapaces de comunicarse del mismo
modo con vosotros. Nadie sabe por qué ocurre esto, ni
siquiera ellos mismos. Esta es la razón por la que os
pido que repitáis mis palabras, ya que una comunicación
entre un androide y un mimético es totalmente imposible.
Por cierto, lo que han intentado decirnos es que tienen
algo con qué ayudarnos...
-¡Pero tú puedes comunicarte con nosotros
sin ninguna dificultad y tampoco tienes esa habilidad!
-la mujer interrumpió al androide, más que guiada por
su curiosidad, como excusa para acercarse aún más a
su compañero.
-Yo soy un androide y estoy programado
por seres humanos, que fueron quienes inventaron tanto
mi programación como el lenguaje de la misma. Pero ellos
no son máquinas, Shelar, no han sido programados para
comunicarse con nadie, lo hacen de forma instintiva,
de la única forma que saben. Supongo que comprendes...
-Comprendo, claro que comprendo, ¿pero
y tú por qué entiendes lo que dicen y nosotros no?
-La verdad es que vosotros también
podríais hacerlo, pero quizá os llevaría más tiempo
y os resulte un poco más complicado. Todo depende de
la trascendencia de la respuesta. De todos modos es
simple, ya que utilizan una y otra vez la misma formula;
primero expresan lo que piensan sin más, y después,
casi con las mismas palabras pero cambiando su orden,
responden a la cuestión lo mejor que saben.
-Ya, ¿y por qué cuando contestan no
suprimen directamente lo que piensan y nos responden
sin más?
Después de soltar lo que pensaba, la
mujer se ruborizó, estaba hablando de ellos como si
en realidad no estuviesen. Curiosamente los miméticos
no reaccionaron.
-Porque no saben hacerlo.
Dolf no podía esperar más y se acercó
al sujeto A, sin saber exactamente hacia dónde debía
dirigir su atención para poder hablarle. ¿A qué punto
del ser debía remitirse? Gracias a los impulsos telepáticos
recibidos a través de la mente del terrestre, ambos
miméticos comprendieron e hicieron visible algo que
simulaban ser rasgos faciales. Sus ojos, dos puntos
ambarinos, se clavaron en G23.
Entonces, el ingeniero interrogó:
-¿Cómo pueden ayudar a otras entidades
con un problema como es en este caso el de el lenguaje?
-Prestar ayuda pueda significar un
problema, sí. Pero existen otras formas de utilizar
la comunicación igual que existen diversas entidades;
imágenes, mímica, nuestro propio idioma... incluso su
idioma si somos capaces de utilizarlo, sin embargo,
somos capaces de prestar ayuda a otras entidades que
existen, utilizando la comunicación de diversas formas;
mímica, imágenes, incluso nuestro propio idioma... Pero
su idioma, sí, igual puede significar un problema utilizarlo.
Sus luminosos labios dorados, suspendidos
en medio de la sala, se movían perfectamente sincronizados
al compás de aquellas palabras casi infantiles.
-Quieren decir que uno de los idiomas
mas complicados para ellos es el nuestro. Otras entidades
se comunican por medio de imágenes, también las hay
que utilizan la mímica, e incluso hay especies que se
comunican del mismo modo que ellos...
-¡Pero cómo!, ¿cómo pueden prestarnos
ayuda entonces? -Dolf estaba a punto de perder la paciencia.
El esperado galimatías no llegó. Esta
vez el contorno del sujeto B, siguiendo las pautas del
comportamiento mimético, rieló aún más cuando comenzó
a aproximarse a G23. Por su parte, el ingeniero de la
ITSS, procuró mantenerse en el mismo sitio cuando la
contorneada sombra del brazo mimético le entregó una
minúscula caja metálica extraída de algún lugar.
- Segunda
parte - Capítulo 3 -
Alma15 fue concluida en Agosto del
99 y ha sido revisada durante el 2003/04.
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