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Alma15 - Segunda parte: 'Entre tanto...' - Capítulo 2 Más sobre Pily B.

Dum apartó su atención del edificio en forma de ese que había frente a aquél que ahora les albergaba, y continuó examinando la ciudad desde las alturas de la torre en forma de espiral. Lo siguiente en llamar su atención fue aquel medio de transporte que parecía ser el que habitualmente se utilizaba en el planeta Mimet. Éste, era un diminuto monoplaza diseñado a partir de dos semiesferas claramente diferenciadas; la anterior se componía enteramente de metacristal, el material conductor de energía solar más utilizado en la Vía Láctea y en galaxias circundantes, y la posterior, parecía enteramente revestida de una aleación de cromo-vanadio. Ambas partes se ensamblaban por medio de una dentada abrazadera gelatinosa. «Interesante...» Los vehículos esferoides se deslizaban a través de interminables plataformas sustentadas dentro de los propios campos de energía que los hacían levitar. Curiosamente las autopistas, a diferencia de las de cualquier otro medio de locomoción en cualquiera de los múltiples planetas conocidos, no se extendían sólo en el plano horizontal a lo largo y ancho de la ciudad: éstas, pasaban a convertirse en monstruosas diagonales, vertiginosas verticales, e incluso turbulentas espirales, todas ellas a su vez paralelas a otras de su misma condición.

A continuación, la mirada del androide escudriñó aquello que descansaba a los pies de la nívea metrópoli, bañándola de un rincón a otro mientras simulaba ser una inmensa y brumosa alfombra escarlata. Tras contemplar brevemente aquel exótico mar, Dum acabó dándole la espalda al paisaje del otro lado del ventanal dispuesto a repetir todo aquello que ya había explicado.

-Así es. En el momento en que perdimos la energía ya habíamos sido atrapados por los habitantes de este planeta, y después, cuando Shelar fue a buscarte a la sala de hologramas -el androide dirigió su atención momentáneamente hacia la boquiabierta cara del terrestre-, por supuesto continuamos en sus manos. Debéis entender que no me quedó otra opción que consentir en obedecer a sus órdenes aun cuando no sabía quiénes habían sido nuestros captores, dado que, por otra parte, y en vista del poder que ejercían sobre nuestra nave, también pensé que de haber querido hacernos daño lo habrían hecho, al menos a vosotros. Supongo que entenderéis que no podía hacer otra cosa que obedecer, una intromisión por mi parte podría haber provocado resultados de lo más indeseables. Lo siento de veras, pero no vi otra opción que dejar que aquella farsa tuviera lugar, al menos mientras las cosas no se pusieran realmente feas -contempló durante unos instantes la habitación donde habían sido aparentemente abandonados. Aquel lugar no era más que un amplio espacio circular amueblado únicamente por una aerocama-. Bueno, y como ya he dicho, momentos después de que su nave contactase con la nuestra, manipularon vuestros cerebros mediante un método que aún soy incapaz de explicar. Imagino que debieron emplear algún tipo de onda indetectable incluso para mi propio cerebro. Sea como fuere, el vuestro fue inmovilizado parcialmente... -a pesar de que ya habían oído el relato del androide, ambos humanos volvieron a mostrar la misma cara de asombro que la primera vez-... Así fue. Os mantuvisteis sentados, respirando de forma pausada, con los ojos abiertos y aparentemente conscientes. De verdad siento tener que dar un informe tan poco esclarecedor, pero hasta ahora no he podido verificar detalles como este.

-Ajá... -Shelar parecía haber despertado en ese mismo momento-, y según parece, hemos venido a parar a este lugar que según tú, que no has podido hablar aún con ellos, está poblado por gente de lo más pacífica, ¿no es así? -la mujer, resoplando, se dejó caer finalmente en el lecho cubierto de plumas.

-Así es, en ningún momento me desvelaron quiénes eran, sólo lo que querían que hiciera, que no era más que traer la nave hasta aquí. Pero al llegar a este lugar y echar un rápido vistazo a mi alrededor, he podido averiguar, gracias también a la información que hay almacenada en mis bancos de datos, en manos de quiénes estamos. Y ahora vuelvo a repetiros que su planeta es únicamente el punto de encuentro para aquellos seres que precisan de ellos, de su ayuda. Aquí se viene única y exclusivamente a recibir información o consejos...

-¿Crees que nos dirán dónde se encuentra Alma15? -por fin, Dolf se animó a intervenir.

-Eso no puedo asegurarlo, pero de lo que sí estoy seguro es de que al menos harán que nos aproximemos a nuestro objetivo.

-¡Pues sería fantástico que nos dijeran adónde debemos ir, aunque tengamos que mantener después las apariencias esperando durante algún tiempo!

-Efectivamente, Shelar, pero es mejor que no nos creemos falsas esperanzas. Recibiremos ayuda, eso está claro, pero hasta que no llegue el momento es imposible saber cuánta.

-De acuerdo, de acuerdo... -Tras escuchar a su querido muñequito, Shelar empezaba a derrochar felicidad. Lo había pasado francamente mal durante aquella estúpida pesadilla, por otra parte tan real, y ahora, de repente, descubría que nadie quería matarla, que estaba junto a sus compañeros, y por si eso fuera poco, que además no corrían ningún peligro, «¡la vida te sonríe pequeña!»-Oye Dummy, aún no nos has dicho dónde estamos exactamente, ¿dónde se encuentra este planeta?

-Mimet es el séptimo planeta del Sistema Cbiannte 2, estamos en la galaxia de Andrómeda.

-¡Qué! -A penas había saboreado las mieles de no haber vivido más que una tonta pesadilla, cuando ya recibía un nuevo mazazo en su preciosa cabecita. Las V5 adulteradas debían haber llegado a cualquier planeta de aquella dichosa galaxia...

-Sus habitantes son los miméticos, denominados así por su extraordinaria capacidad para cambiar de aspecto. De hecho, estos curiosos seres siempre han de metamorfosearse antes de entrevistar a sus huéspedes, si no, alguno de los entrevistados sería incapaz de mantener un contacto medianamente agradable con ellos. Pero como en casi todo lo extraordinario, existe un inconveniente, y es que el número de visitantes siempre supera con creces al de los habitantes de Mimet. Por ello, hace siglos tuvieron que promulgar una de sus primeras directrices: ésta dice que si el número de visitantes es demasiado elevado, aquellos que sean los últimos en acudir a Mimet deberán esperar en órbitas próximas al planeta. También, si se diera el caso de un próximo contacto, los visitantes podrían verse confinados en algún lugar dentro de la capital aguardando la esperada entrevista. Justo como lo hacemos nosotros ahora.

-¿Por eso estamos aquí, como si nos hubieran olvidado? -la mujer decidió apartar el miedo de su mente, ya habría tiempo para angustiarse en el futuro. Además, Dum decía que aquellas gentes eran pacíficas, y ella le creía.

-En efecto así puede parecer, pero nada más lejos de la realidad. Únicamente necesitamos que algunos de sus huéspedes abandonen el planeta para que aquel o aquellos miméticos que deban entrevistarnos, puedan dedicarnos su tiempo.

-¿Cuál es su forma auténtica? -el cerebro de Dolf no pudo por menos que ir directamente al grano, rebosando como rebosaba de interrogantes.

-Parece ser que se trata de entidades gaseosas.

El terrestre mordió su índice pensativo:

-¿Y por qué han de cambiar su forma? ¿Qué importancia tiene su apariencia?

-Bueno, puede que para los humanos, para vosotros dos en concreto, no tenga ninguna importancia, pero para otras razas o sencillamente para otros solares con distintas creencias, es posible que sí la tenga. De todos modos, en realidad cambian su apariencia porque según ellos necesitan transformarse tanto como vosotros respirar. Es una particularidad bioquímica que deben emplear por fuerza. Podemos llamarlo necesidad básica.

Dolf se dirigió en silencio hacia el ventanal. Su atención recayó rápidamente en aquellas aguas parcialmente cubiertas por una tenue bruma. Ésta, parecía querer conferirles un aspecto aún más fantasmagórico si es que eso era posible. Pero afortunadamente, la estética de la urbe, recargada de estilizados edificios de angulosas formas luminiscentes, y aquellos glóbulos automatizados que viajaban a grandes velocidades a través de la inmensa maraña de pistas levitantes, prácticamente le hicieron olvidar que se hallaba preso en una ciudad cuyos cimientos se perdían en las profundidades de un mar que parecía pertenecer al mismísimo averno. Prácticamente...

-¿Qué me dices de su mar?

-¿De AntiMimet? -Dum caminó hacia la posición del terrestre-. Bueno, ese mar es lo que su nombre indica, es el lado opuesto, el lado negativo de esta ciudad, o mejor dicho, de sus habitantes.

Al oír aquello, Shelar se dejó caer prácticamente de la aerocama y corrió también hacia el ventanal.

-AntiMimet es el veneno de este planeta. Sus aguas, totalmente innecesarias para las vidas de estos seres, son perfectas conductoras de la luz y de la energía que produce su estrella. Si no contasen con medios para impedirlo, esta energía emanada por Ant consumiría la característica mimética de sus habitantes y finalmente morirían.

La voz del ingeniero se volvió a teñir de impaciencia:

-¿Pero entonces cómo evitan que suceda esto? ¿Cómo se protegen de la propia luz solar, si ello parece que les daña?

El androide, señaló con uno de sus afilados índices el cielo permanentemente engalanado con aquella composición de colores similar a la del arco iris:

-El mismo prisma que utilizan para reflectar las continuas iridiscencias que vemos, está estructurado por microorganismos biocristalinos que necesitan de una gran cantidad de energía solar, tanto para poder subsistir, como para reflejar el continuo tapiz que vemos en todo momento. Pero aún contando con este sofisticado escudo, lógicamente el Cbiannte 2 todavía consigue liberar una cantidad considerable de luz y calor... no obstante su energía está destinada a abastecer todo cuanto veis. Absolutamente todo, está diseñado y construido para que emplee la energía precisa; cada centímetro cuadrado de la ciudad está preparado para absorber y reutilizar la energía sobrante. La forma de vida de los miméticos e incluso la estética que contemplamos en estos momentos, no existiría si estos microorganismos empleasen absolutamente toda la energía del Cbiannte 2.

-¿Quieres decir que esta gente no necesitaría la energía de su estrella para nada?

-Efectivamente. Los miméticos son capaces de mantener su temperatura corporal sin obtener calor de ningún foco externo; tampoco precisan de la luz para poder ver, y por otra parte, su régimen alimenticio no se basa en cultivos que necesiten ser iluminados para realizar su fotosíntesis. En cierto modo se les podría considerar como seres autosuficientes.

-Son increíbles...

G23 no podía apartar su mirada de aquellas aguas encarnadas, ni siquiera cuando Shelar procuró rozarle dejando así constancia tanto de su presencia como de su interés. Los antiguos miedos de la mujer habían desaparecido por completo; la casualidad la llevó hasta aquella galaxia y tal vez el destino simplemente quería reservarle una segunda oportunidad. Y ahora... ahora empezaba a estar terriblemente aburrida.

-Así es. Antes de obtener tan preciado requerimiento los miméticos morían con tan solo una coma nueve décadas, consumidos por la energía de su sol y agracias al propio Ant. Sin embargo en la actualidad, su longevidad cuenta nada menos que con ciento veinte décadas, y cuando fenecen lo suelen hacer de forma natural.

Las pupilas del terrestre, e incluso las de la cada vez más cansada selenita, contemplaron dubitativas el escudo. Profundizando aún más en la iridiscencia, comprobaron que el efecto era hermoso, mucho más hermoso de lo que en un principio observaron, no obstante no había forma de ver si aquello estaba siendo generado por pequeños microorganismos o no.

-¿Cómo inventaron el escudo?

-Los miméticos realmente no inventaron nada, estos microorganismos fueron un regalo de los habitantes del planeta Iridio, en agradecimiento a la ayuda que los miméticos les prestaron precisamente para poder liberarse de esta plaga que consumía su estrella. Si no fuera por la ayuda del planeta Mimet, a estas alturas Iridio no existiría... -Dum alzó una mano rápidamente-, antes de que me lo preguntes, nadie sabe la solución que los miméticos les dieron. Nunca revelan la forma en que ayudan a sus visitantes, en la mayoría de las ocasiones ni siquiera el motivo de la consulta, pero el caso es que antes de exterminar por completo a estos desafortunados microorganismos, los iridienses les entregaron una cantidad suficiente como para recubrir el cielo de Mimet por completo. Digamos que en este caso ambos pueblos salieron beneficiados.

El mentón cuadriculado de Dolf se irguió repentinamente y sus ojos llamearon nuevamente:

-Supongo que cuando te has referido a la plaga querías decir que los microorganismos son capaces de reproducirse ¿no es así?

-Así es, pero estos en concreto están manipulados de tal forma que no pueden mutar en ningún caso y bajo ninguna circunstancia. Tampoco es posible que procreen hasta poco antes de morir, siempre dando el tiempo suficiente para que la nueva descendencia se desarrolle lo suficiente y pueda proceder a la sustitución de una forma adecuada. De esta forma siempre existe el mismo número de microorganismos y unos reemplazan a los otros.

Shelar, aburrida, volvió a tomar asiento en la aerocama soltando su pelo de mala gana. Su mirada apática recorrió la estancia mientras su compañero el androide y el ccäpitaliense, contemplaban la misma escena semi-estática al otro lado de los cristales. La mujer, dejó caer su cuerpo hacia atrás apoyándose en las manos, pensando que tampoco había tanto que estudiar una vez visto el paisaje. A punto de explotar, observó pensativamente el techo abovedado de la estancia globular, agitando sus pies en el aire, y justo en el momento en que sus compañeros le dieron la espalda a la hermosa ciudad, ella se puso en pie con una nueva expresión en el rostro.

El dúo masculino contempló en silencio cómo la selenita buscaba en determinados puntos de la pared, ¿pero el qué?

-Ya sé que no se dará el caso, Dummy, pero de ser necesario, ¿cómo narices escaparíamos de aquí?

No hubo respuesta por parte del sujeto mecánico.

La selenita bajó su mirada pensativa:

-Si al menos hubiera algo que comer, ¡tengo hambre!

Al principio ninguno de los humanos fue consciente de lo que sucedía, hasta que percibieron claramente cómo algo se materializaba delante de sus narices. El objeto en cuestión era una modesta mesa plástica, repleta de exóticos manjares tanto terrestres como selenitas.

La mujer hizo ademán de sentarse a la mesa, pero enseguida se contuvo:

-Dum, ¿crees que puedo? -el androide afirmó en silencio-. Está bien -Shelar se sentó frotándose las manos, pensando que al menos lo que hubiese de acontecer, lo haría cuando ella tuviese el estómago lleno.

-¿A qué se debe la concesión del primer deseo? -G23 inquirió desconfiado.

-Hagamos una prueba más.

-¿A qué te refieres? -la voz del terrestre se impregnó de mal humor, un mal humor que crecía por momentos. Lo cierto es que llevaban demasiado tiempo esperando, y aunque aquellas gentes eran increíbles, ya empezaba a cansarse de estar allí sin poder hacer nada, sin obtener respuestas.

-¿Qué precisas en estos momentos? Piensa en algo lógico y permisible, por supuesto.

-¡Y yo qué sé que necesito! -Dolf contempló perplejo al androide, éste no bromeaba en absoluto-. ¡Aparte de salir de aquí y estar de vuelta en casa sabiendo que hemos acabado ya con esta absurda misión, no se me ocurre nada mejor!

Shelar acabó levantando la vista de la mesa, no era capaz de hincarle el diente a nada mientras tuviera que estar soportando aquella palabrería:

-¡Piensa en algo y rápido, que tampoco creo que sea tan difícil!

G23 se dirigió al androide e ignoró a la mujer:

-Bueno, me gustaría descansar en algo que no fuese esa estúpida cama, y... ampliar la vista de este lugar. Sí, eso es.

De improviso, algo, una fuerza ajena a él, le empujó suavemente hasta sentarle sobre el recientemente aparecido artilugio anatómico. Al mismo tiempo, los paneles de aparente aluminio que cubrían las paredes de la habitación se fueron volviendo paulatinamente transparentes.

Dolf se puso en pie de un salto, asustado, excitado... sin saber exactamente cómo se sentía cuando al otro lado de las invisibles paredes,pudo contemplar la ciudad de Mimet exactamente igual que si estuviera suspendido sobre ella.

-¿Cómo lo hacen? -el terrestre era incapaz de apartar su mirada de aquella increíble vista.

-Quieren complaceros pero no saben exactamente cómo hacerlo, por ello esta habitación ha estado tan... frugalmente decorada en un principio. Los miméticos necesitan saber en todo momento cuáles son vuestras necesidades, y con necesidades no me refiero sólo a las básicas, sino a otras que tengan que ver también con costumbres personales.

-¿Hasta ese extremo llegan? -la mujer atusó su melena a toda velocidad, preguntándose por primera vez qué aspecto tendrían sus amiguitos.

-Sí, para los miméticos es importante. No se trata sólo de que os encontréis a gusto en su planeta, el poder satisfaceros sigue siendo una forma de comunicación para ellos.

-¿Pero cómo... cómo lo hacen? -G23 fue incapaz de sentarse, a pesar de que momentos antes le pareció una magnífica idea.

-Telepatía. Los sentimientos y pensamientos ajenos son palabras para ellos.

Mientras atendía a las explicaciones del androide y cuando creyó que su aspecto debía ser más o menos aceptable, Shelar, que aún permanecía sentada a la mesa, hizo uso de su pulgar e índice y tomó un muslo de pollo. G23 no pudo evitar mirarla con aversión: el muslo, fue entonces depositado sobre la bandeja mientras ella sostenía la mirada del terrestre. Esta vez Dum no se percató de la batalla.

-Oye Dummy, me apetece un cigarrillo, sin embargo, no veo nada semejante entre todo este montón de comida. ¡Llevo tanto tiempo sin probarlo!

-No deben considerarlo una necesidad básica. De hecho, no lo es.

Sin percatarse de estarlo haciendo mientras observaba a aquellos dos, Dolf deseó ver a sus anfitriones, y entonces empezó el nuevo espectáculo: una de las paredes empezó a opacarse a la par que un dúo de sombras humanoides se proyectaba sobre el seudo-aluminio. Los verdaderos humanoides contemplaron boquiabiertos a los que debían ser los futuros miméticos, ¿o aquella sería su forma definitiva? En seguida salieron de dudas. Tras unos segundos, y a la par que se movían, los recién llegados pasaron de ser un par de presencias ensombrecidas a dos siluetas claramente diferenciadas, sin detalles que les diferenciaran de la estancia, pero aun así, dos siluetas, dos seres materiales. Uno de ellos, el sujeto A, se situó detrás de Shelar -quien se había puesto rápidamente en pie-, pasando a ser como la mesa repleta de comida en la zona media-inferior de su cuerpo. Por otra parte, el sujeto B, se colocó muy cerca del sujeto A, pero este otro delante de la aerocama; ahora, lo que debieran ser sus muslos y rodillas simulaban formar parte del lecho, mientras que la parte superior de su cuerpo, seguía siendo como la de su compañero, idéntica al decorado circundante.

-Bien, parece que ha llegado nuestro momento. Ahora sólo necesito que cualquiera de los dos repita mis palabras en voz alta -el androide se había dirigido repentinamente a sus dos compañeros. Aunque aún sorprendidos, ambos afirmaron-. Sabemos que somos bienvenidos y que es muy posible que sepan cuál es el origen de nuestra misión, ¿no es cierto?

Fue Shelar quien finalmente hizo lo que el androide sugirió:

-Sabemos que somos bienvenidos y que es muy posible que sepan cuál es el origen de nuestra misión, ¿no es cierto?

Sin perder más tiempo, el sujeto A tomó la palabra:

-Es agradable acogeros aquí. Pero aunque hayáis venido, no es muy posible que podamos conocer cada noticia que se origina sobre un suceso acaecido en un punto del universo, porque esa no es nuestra misión, sin embargo, nuestra noticia agradable es que sois acogidos aquí, porque es muy posible que podamos conocer qué origina que hayáis venido. Esa misión sobre un suceso acaecido en un punto del universo -la voz del sujeto tenía un tono muy melódico, casi infantil, no obstante aquella voz tan agradable no transmitió a los humanos más que mera confusión.

Dum puso inmediatamente fin al desconcierto de sus compañeros:

-La respuesta de alguna manera ha sido un sí.

Los auténticos humanoides se vieron invadidos por una repentina sensación de alivio. Aun así, la mujer de la Luna no pudo contenerse:

-¿Qué debemos hacer entonces?

El sujeto B tomó enseguida la palabra:

-Orientarles sobre cómo pueden actuar no es algo posible, nosotros no debemos decirles punto por punto qué podrían hacer; tenemos las instrucciones del Sistema Solar, sin embargo, nosotros tenemos que decirles algo sobre qué podrían hacer, cómo deben actuar; es posible que puedan orientarles punto por punto las instrucciones del Sistema Solar -su voz había sonado idéntica a la de su compañero.

Ambos rostros, terrestre y selenita, se alzaron nuevamente en expresión dubitativa.

Dum se apresuró a dar una explicación:

-La razón por la cual se comunican de este modo es que no son capaces de ordenar sus pensamientos para después transmitirlos, quiero decir que carecen de la habilidad innata que tienen especies como la humana para transformar sus pensamientos en palabras. A esto me refería cuando dije que los sentimientos y pensamientos son palabras para ellos: los miméticos comprenden los diversos lenguajes, pero en el caso de los humanoides solares se comunican por medio de la telepatía, es decir, los pensamientos que tienen lugar en vuestras mentes son extraídos en un lenguaje comprensible para ellos, pero después, son incapaces de comunicarse del mismo modo con vosotros. Nadie sabe por qué ocurre esto, ni siquiera ellos mismos. Esta es la razón por la que os pido que repitáis mis palabras, ya que una comunicación entre un androide y un mimético es totalmente imposible. Por cierto, lo que han intentado decirnos es que tienen algo con qué ayudarnos...

-¡Pero tú puedes comunicarte con nosotros sin ninguna dificultad y tampoco tienes esa habilidad! -la mujer interrumpió al androide, más que guiada por su curiosidad, como excusa para acercarse aún más a su compañero.

-Yo soy un androide y estoy programado por seres humanos, que fueron quienes inventaron tanto mi programación como el lenguaje de la misma. Pero ellos no son máquinas, Shelar, no han sido programados para comunicarse con nadie, lo hacen de forma instintiva, de la única forma que saben. Supongo que comprendes...

-Comprendo, claro que comprendo, ¿pero y tú por qué entiendes lo que dicen y nosotros no?

-La verdad es que vosotros también podríais hacerlo, pero quizá os llevaría más tiempo y os resulte un poco más complicado. Todo depende de la trascendencia de la respuesta. De todos modos es simple, ya que utilizan una y otra vez la misma formula; primero expresan lo que piensan sin más, y después, casi con las mismas palabras pero cambiando su orden, responden a la cuestión lo mejor que saben.

-Ya, ¿y por qué cuando contestan no suprimen directamente lo que piensan y nos responden sin más?

Después de soltar lo que pensaba, la mujer se ruborizó, estaba hablando de ellos como si en realidad no estuviesen. Curiosamente los miméticos no reaccionaron.

-Porque no saben hacerlo.

Dolf no podía esperar más y se acercó al sujeto A, sin saber exactamente hacia dónde debía dirigir su atención para poder hablarle. ¿A qué punto del ser debía remitirse? Gracias a los impulsos telepáticos recibidos a través de la mente del terrestre, ambos miméticos comprendieron e hicieron visible algo que simulaban ser rasgos faciales. Sus ojos, dos puntos ambarinos, se clavaron en G23.

Entonces, el ingeniero interrogó:

-¿Cómo pueden ayudar a otras entidades con un problema como es en este caso el de el lenguaje?

-Prestar ayuda pueda significar un problema, sí. Pero existen otras formas de utilizar la comunicación igual que existen diversas entidades; imágenes, mímica, nuestro propio idioma... incluso su idioma si somos capaces de utilizarlo, sin embargo, somos capaces de prestar ayuda a otras entidades que existen, utilizando la comunicación de diversas formas; mímica, imágenes, incluso nuestro propio idioma... Pero su idioma, sí, igual puede significar un problema utilizarlo.

Sus luminosos labios dorados, suspendidos en medio de la sala, se movían perfectamente sincronizados al compás de aquellas palabras casi infantiles.

-Quieren decir que uno de los idiomas mas complicados para ellos es el nuestro. Otras entidades se comunican por medio de imágenes, también las hay que utilizan la mímica, e incluso hay especies que se comunican del mismo modo que ellos...

-¡Pero cómo!, ¿cómo pueden prestarnos ayuda entonces? -Dolf estaba a punto de perder la paciencia.

El esperado galimatías no llegó. Esta vez el contorno del sujeto B, siguiendo las pautas del comportamiento mimético, rieló aún más cuando comenzó a aproximarse a G23. Por su parte, el ingeniero de la ITSS, procuró mantenerse en el mismo sitio cuando la contorneada sombra del brazo mimético le entregó una minúscula caja metálica extraída de algún lugar.

- Segunda parte - Capítulo 3 -

 

 

Alma15 fue concluida en Agosto del 99 y ha sido revisada durante el 2003/04.

 

 
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