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Alma15 - Primera parte: 'Antes de...' - Capítulo 5 Más sobre Pily B.

La despedida no fue demasiado efusiva, pero al fin y al cabo, ¿qué podía esperar? Era Gladia quien tenía que permanecer siempre a la espera. Bueno, al menos no había tenido que dar más explicaciones triviales, algo que G23 agradecía y mucho ya que ahora tenía demasiados quebraderos de cabeza. Las "convincentes" revelaciones nocturnas de la INA le habían dejado mucho peor de lo que estaba antes, y para colmo, ¡para colmo!, estaba el mensaje matutino firmado por GD.

Dolf palpó sus bolsillos recordando por primera vez las órdenes impresas: No debían transportar computadora u objeto tecnológico alguno. Prefería no pensar por qué, aunque lo que sí que no pudo evitar fue darle un par de vueltas, o quizá diez, a aquello de que los integrantes de la misión tuvieran que verse en un lugar tan inquietantemente… ¡público!

Desde que se levantó a primerísima hora de la mañana y hasta ese momento, no le había dado demasiadas vueltas al asunto, eso era cierto. Pero fue básicamente porque había dado por sentado que sus jefes tendrían algo de sentido común, y creyó que guiándose de éste, les reunirían en un punto algo menos concurrido, quizás más recóndito, o al menos sí más apartado. ¡Algo más desconocido que aquello, rediez, que se trataba de mantener en el anonimato sus respectivas identidades! ¿No trabajaban en un asunto de extrema importancia, para el gobierno además? ¡Pues cualquiera lo diría! Y ya puestos a tomar decisiones disparatadas, ¿por qué no les habían citado entonces en uno de los numerosos centros comerciales ubicados allí mismo, en la mismísima estación orbital? Al menos podrían realizar algunas compritas mientras recibían nuevas instrucciones. Si es que las recibían...

Trató de dejar a un lado su reciente cabreo, y casi, casi estuvo a punto de conseguirlo, si no hubiera sido porque al dejar que su mirada reposara en el horizonte, ésta chocó a lo lejos con aquello que empezaba a convertirse en una auténtica pesadilla desde el día anterior. Allí estaban los dos; sus nuevos y burbujeantes amigos, esperándole tranquilamente acomodados.

Shelar encendía un pitillo cuando le vio y enseguida le indicó que esperase allí. Dolf detuvo su paso en seco, y arrugando el ceño, observó cómo la mujer se levantaba del informe asiento plastificado con ese eterno aire de divinidad. Ésta, le hizo una singular seña a su también apoltronado compañero, para que éste la siguiera. El de la Tierra no pudo por menos que tomar un primer contacto matutino con su cuero cabelludo, mientras esperaba ansioso el feliz encuentro.

Entre tanto, para evadirse y evitar salir corriendo, se dedicó a echar un rápido vistazo a su alrededor. Un, dos, tres... acabó contando una veintena aproximada de aquellos estúpidos ejecutivos solares, que iban de un rincón a otro del Sistema vendiendo Dios sabría qué y mucho menos a quién. Una pareja de adolescentes jovianos, que por su comportamiento, debían volver a su hogar tras una movidita luna de miel; una decena de sonrosados y alborotados habitantes del satélite marciano Fobos, y un par de mutantes que por sus maneras y ropajes, indudablemente debían ser moradores del cinturón de asteroides. Y esa era toda la concurrencia, no se divisaba a nadie más. Vaya, ¿habría perdido la famosa Tierra esa eterna atracción que ejercía sobre cualquier turista extraterrestre?

Guiadas por ese hipnótico pensamiento, las pupilas de Dolf echaron un vistazo al otro lado del ilimitado ventanal que dividía en dos aquella construcción adherida a la Tierra. Allí estaba -el gigante azul verdoso presumiblemente semiesférico-su hogar, engullendo en su interior todo aquello a lo que adoraba. Y ahora él tenía que partir, dejándolo todo allí. Sin saber cuándo iba a volver y menos aún si iba a hacerlo.

-¿Qué tal? ¿Cómo pasaste la noche? -la dama lunar estiró su vestido terroso mientras interrogaba al ccapitaliense.

Dolf dio un respingo devolviendo rápidamente su atención al interior. La expresión embobada de su rostro desapareció una vez fue capaz de oír mentalmente las palabras ya sin voz de la otra. Definitivamente odiaba su comportamiento, ¡lo odiaba!, y estaba claro que si no quería tener que soportarlo durante tooooda la misión, debería ponerla en su sitio de una vez por todas. Bien, ¿y por qué no hacerlo ya? Desgraciadamente uno de los camareros artificiales, un RBB38 concretamente, se acercó en ese momento y fue precisamente su insólito aunque apenas audible chirrido, lo que le disuadió, al menos por el momento, de llevar a cabo tan cruel acto.

Tanto Dum como la selenita, a una seña del primero, retiraron en seguida su refrigerio, no dándole mayor importancia. G23 por el contrario, no hizo lo mismo. Él conocía perfectamente el funcionamiento de los aparatos "made in Ccäpitalia" y sabía que éstos no fallaban así como así, y menos aún cuando estaban destinados a servir de cara al público. Miró a izquierda y derecha comprobando que efectivamente todos los camareros eran exactamente iguales. ¿Pero por qué el que tenía justo delante de sus narices susurraba silbidos incoherentes y prácticamente imperceptibles para el resto? Observó atentamente a aquel artefacto, mordisqueando pensativamente su labio inferior. ¿El reciente modelo Robotbarman fallaba? No, no era posible, al menos él estaba seguro de ello.

G23 le concedió algunos segundos más, y en cuanto estuvo seguro de que el RBB38 ya no iba a cumplir con su rutinario programa protocolario, entonces también retiró su bebida sin rechistar. Eso sí, con la mosca detrás de la oreja.

-Los cacharros de la Tierra son todos iguales, idénticos a sus diseñadores, perfectos a simple vista pero siempre acaban durando poco… ¿no crees?

G23 apretó sus mandíbulas tragando cada una de las palabras dispuestas a salir a borbotones, mientras Shelar, deshaciéndose de un cigarro para encender el próximo, le sonreía pícaramente con unos labios todavía perfectamente maquillados.

Un nuevo gemido salió de algún lugar del mecanismo, y ahora sí, el trío dirigió su atención al artificio en forma de cápsula mientras éste hacía el común alarde de todas y cada una de las pequeñas lucecitas que componían su panel de control. Después de eso, no hubo más. De nuevo ahí se acabó su programa prototípico, al menos para aquellos que no estuvieran muy próximos a él, ya que, entre tanto, en una de las pantallas que contenía su abultado pecho, destellaba un insólito mensaje:

-Por favor, golpéeme. Preguntas no ha lugar.

Dum se dispuso a dejar el vaso achatado sobre la bandeja no dando lugar a posibles titubeos por parte de los otros. Así, con un extraño pero creíble movimiento, y al mismo tiempo que se deshacía de aquello que ya no iba a consumir, consiguió derramar todas las bebidas que sustentaba el RB, incluyendo la propia bandeja cristalina.

-¡Ups, lo siento!

Shelar frunció el ceño sin atreverse a decir nada.

Los más próximos al trío y al RB, observaron momentáneamente la escena mientras, el pequeño camarero, extraía de algún lugar un extraño artilugio que empezó a tragarse todo aquello que osaba ponerse en su camino. Afortunadamente el ritual de limpieza no les entusiasmó de la misma manera que el escándalo que acababa de formar el hombre de pelo pelirrojo, así que con la misma celeridad con que se habían vuelto para comprobar qué sucedía, ahora retornaban a sus superfluas conversaciones sin darle más importancia al aparatoso contratiempo. Fue entonces cuando el RB, terminando de arreglar el desaguisado, aprovechó su proximidad para dirigirse verbalmente a Dum:

-Síganme -sin esperar una confirmación, les dio la espalda y se dirigió al ascensor más apartado.

Cuando los dos humanos quisieron obedecer, el mecanismo levitante ya estaba en el interior del ascensor, y el propio Dum, a mitad de camino entre los unos y el otro.

 

***

 

Dentro del hermético ascensor existían otras contrapuertas invisibles hasta el momento en que el trío se hubo quedado solo. Éstas, desvelaron una segunda cápsula adosada al ascensor donde ahora les esperaba el RB.

Una vez el mecanismo se puso en marcha, Shelar se aventuró a romper el silencio:

-Guapetón, ¿a dónde nos llevas? -el RB no se inmutó, e indignada, la mujer se volvió hacia sus compañeros-. Ey ¿a dónde creéis que vamos?

El de la Tierra miró a la mujer por el rabillo del ojo sin molestarse en contestar, definitivamente le ponía enfermo. Todos los rumores que circulaban en torno al comportamiento de los selenitas se iban confirmando poco a poco; déspotas, engreídos, y peor aún, con la firme creencia de ser superiores a los terrestres. ¿Pero de dónde pensaban que habían salido sus antepasados sino de la propia Tierra? ¿Lo habían olvidado? "¡Descerebrados!".

Shelar tiró despreocupadamente lo que quedaba del cigarrillo y apagándolo con el pie inquirió en silencio a su inmaculado compañero. Éste respondió al momento:

-El espaciopuerto únicamente era el punto de encuentro, pero obviamente no era el lugar más apropiado para partir… -G23 procuró atender a las palabras del androide y desviar su atención del panel indicativo de la cápsula-... también pensé que viajar de incógnito entre otros pasajeros podría beneficiarnos. De ese modo nadie repararía en nosotros y eso puede que sea precisamente lo que necesitamos. Pero por otra parte, viajar rodeados de gente de todo tipo y procedencia, haría posible que cualquier saboteador nos siguiera la pista fácilmente, aunque de haber ocurrido así, tampoco entiendo muy bien cuál habría sido el inconveniente, puesto que el propósito principal de esta misión es capturar al asesino o asesinos, ¿no es cierto?

-¡Dummy vas a conseguir volverme loca, lo único que quiero es saber AHORA adónde demonios vamos! ¿Cómo sabes que el pequeño no nos lleva a ver a nuestros enemigos? ¿Quién te dice que es nuestro aliado? -señaló al promotor de aquel inesperado paseo, y percibió cómo el orgullo crecía dentro de sí misma. Era una mujer aguda, muy, muy aguda.

-Porque obviamente somos llevados a los legendarios laberintos… -Dummy miró de reojo al terrestre sin acabar la frase.

-Los laberintos del Minotauro. ¿Te refieres a ellos, no es así? -Dolf le sonrió, dado que el androide había tenido la delicadeza de no acabar denominándolo como lo habían hecho hasta ese momento todos y cada uno de los planetas y satélites naturales del Sistema Solar. Aquel nombre y la existencia incierta de los laberintos de Ccäpitalia, habían sido objeto de mofa durante siglos.

-Eso es, nos dirigen a los míticos laberintos de Ccäpitalia, aquellos que ni siquiera los habitantes de la Tierra saben con certeza si existen o no -Shelar abrió la boca dispuesta a interrogar al androide, pero éste se le adelantó-. Siempre se ha pensado que estos laberintos podrían haber existido, pero no había nada seguro en la historia ya que siempre corrió de boca en boca, me refiero a que nunca quedó registrado testimonio alguno. Nadie pudo verlos con sus propios ojos, o al menos aquellos que lo hicieron callaron como tumbas... jamás se consiguieron datos fidedignos. Cualquier prueba que demostrase su posible existencia debió ser borrada...

-¿Pero cómo lo sabéis entonces? ¿Cómo estáis tan seguros de que vamos allí si ni siquiera se sabe con seguridad que existen?

El androide miró atentamente la información suministrada por los números digitalizados de la cápsula, y luego le hizo una seña a la mujer para que también observase:

-La numeración del indicador de movimiento de la cápsula, una vez ésta dejó de transportarse horizontalmente y empezó a hacerlo verticalmente, nos ha estado diciendo desde hace rato que hemos traspasado los confines de la estación espacial. Hemos continuado descendiendo hasta dirigirnos al interior de Ccäpitalia, y asimismo, desde hace unos momentos, a los números digitalizados se les ha sumado la palabra Sub-Cc. Esto sólo puede tener un significado, que nos hallamos bajo tierra, en Sub-Ccäpitalia... En los míticos laberintos.

-¿Pero qué estás diciendo, y se puede saber cómo lo hemos hecho?

-Supongo que la cápsula nos ha llevado hasta un segundo ascensor sidéreo, idéntico al que utilizamos para llegar o partir de la estación espacial, pero en este caso, "inexistente", indetectable, y que además no sólo es capaz de comunicar a la estación espacial con la Tierra sino que lo hace con sus mismas entrañas. Veo que ahora, -alzó una mano volviendo a señalar el indicador de movimiento de la cápsula, que mostraba parpadeante la abreviatura Sub-Cc -, y a pesar de no notar su desplazamiento, es muy posible que nos estemos transportando a través del susodicho laberinto.

El ingeniero de sistemas de la Tierra afirmó rotundamente sin dirigirse a nadie en concreto.

-¿Y por qué no hemos utilizado el transportador? Llegaríamos en un periquete.

Dolf se adelantó esta vez:

-Porque es imposible utilizar el transportador para introducirse dentro de los laberintos. Según siempre se dijo, nadie fue capaz de acceder a sus coordenadas de transporte...

Shelar estiró su vestido de una forma automática:

-Pues vaya. Mira que había oído hablar jocosamente del tema, pero nunca había sabido exactamente de qué se trataba ni por qué los llamaban así, y menos aún que fuese un asunto tan delicado.

Aunque la mujer no había interrogado en ningún momento, sus pensamientos dieron lugar a un brusco choque de palabras por parte de sus compañeros. Dolf hizo una seña al androide para que éste continuase, y el sujeto artificial a su vez, realizó el mismo gesto cortés para que el mismo terrestre hiciese los honores. El de Ccäpitalia tomó finalmente la palabra:

-Normal que no lo supieras -¡bonita! Dolf estuvo a punto de soltarlo pero decidió contenerse, y más teniendo en cuenta que a ambos el tema parecía interesarles-. Según se cuenta, estos túneles en principio fueron diseñados como una enorme tela de araña provista de habitáculos antinucleares para... bueno, supongo que sobra comentar la relación que existía entre la Tierra y el resto del Sistema tras la Segunda Guerra Solar, ¿no es cierto? -la mujer asintió agradeciendo que no se sacasen ciertos trapos sucios, como por ejemplo, que la Luna siempre había intentado ser un satélite independiente al igual que Titán, Leda y Calisto. Tampoco deseaba oír hablar de cómo los ocho planetas restantes pretendieron ser la sede del Sistema-... la situación debió llegar hasta tal punto que los terrestres pensarían seriamente que podría llegar a iniciarse la Tercera Guerra Solar, trayendo consigo consecuencias tales como la destrucción de la cúpula terrestre, y por descontado la vida sobre nuestro planeta. Ésta debió ser la razón primigenia de su construcción, para que en caso de que la Tierra no fuera finalmente volatilizada, se pudiera subsistir dentro de los laberintos. ¿Así que cómo ibas a saberlo, dime? Tus antepasados fueron nuestros ene... -Dolf se dio cuenta de su error demasiado tarde, la frente de Shelar empezaba a cubrirse de sudor- ¡En fin! El caso es que sin llevarse a cabo tal conflicto, debieron decidir acabar de darle forma a esa especie de ciudad subterránea que se decía debía comunicar unos continentes con otros, unificar el globo y conectarlo entre sí físicamente. Y si lo miras bien, ya que estaban puestos... Lo que está claro y en vista de hacia dónde nos dirigimos ahora, es que no quisieron dejar las cosas a medias, cómo lo hicieron, aún es un misterio, pero ya es seguro que lo hicieron -Dolf sonrió para sí lleno de orgullo.

-¿Pero y para qué la concluyeron, si la historia en realidad continuó como la conocemos, para qué lo hicieron?

-Bueno, tal vez jamás dejó de existir ese miedo a un posible conflicto con el exterior…pero desde luego lo importante para nosotros, los habitantes de la Tierra, es que por aquel entonces, cuando debía estar teniendo lugar la construcción de Ssüb-Ccäpitalia, y también tuvo lugar la unificación del Sistema Solar, se renombró a la Tierra entera, a la superficie de nuestro planeta, como CCäpitalia Ciudad...

-Ya, ya, pero ¿por qué ocultar lo del laberinto?

Dolf continuó aunque un poco molesto:

-Bueno, eeeeh, si seguimos especulando, podemos suponer que después de la firma de la Alianza Solar debieron olvidarse por completo tanto terrestres como extranjeros de la existencia de los laberintos. Aparentemente ya no tenían razón de ser. Fue eso, o tal vez durante la susodicha alianza se acabó pactando el "enterramiento" definitivo de la gran construcción subterránea, ¡quién sabe! El caso es que cuando se finalizó la obra ésta quedó más sepultada que nunca, ya que jamás constó en lugar alguno su existencia. Toda la información, de una forma u otra debió ser borrada como ha dicho antes tu compañero, y los únicos indicios de dicha construcción han permanecido en forma de fábulas en las bocas de la gente.

- ¡Guauuuu! -la negra mirada de ella volvió a destellar.

- Primera parte - Capítulo 6 -

 

 

Alma15 fue concluida en Agosto del 99 y ha sido revisada durante el 2003/04.

 

 
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