| La despedida no fue
demasiado efusiva, pero al fin y al cabo, ¿qué podía
esperar? Era Gladia quien tenía que permanecer siempre
a la espera. Bueno, al menos no había tenido que dar
más explicaciones triviales, algo que G23 agradecía
y mucho ya que ahora tenía demasiados quebraderos de
cabeza. Las "convincentes" revelaciones nocturnas de
la INA le habían dejado mucho peor de lo que estaba
antes, y para colmo, ¡para colmo!, estaba el mensaje
matutino firmado por GD.
Dolf palpó sus bolsillos recordando
por primera vez las órdenes impresas: No debían transportar
computadora u objeto tecnológico alguno. Prefería no
pensar por qué, aunque lo que sí que no pudo evitar
fue darle un par de vueltas, o quizá diez, a aquello
de que los integrantes de la misión tuvieran que verse
en un lugar tan inquietantemente… ¡público!
Desde que se levantó a primerísima
hora de la mañana y hasta ese momento, no le había dado
demasiadas vueltas al asunto, eso era cierto. Pero fue
básicamente porque había dado por sentado que sus jefes
tendrían algo de sentido común, y creyó que guiándose
de éste, les reunirían en un punto algo menos concurrido,
quizás más recóndito, o al menos sí más apartado. ¡Algo
más desconocido que aquello, rediez, que se trataba
de mantener en el anonimato sus respectivas identidades!
¿No trabajaban en un asunto de extrema importancia,
para el gobierno además? ¡Pues cualquiera lo diría!
Y ya puestos a tomar decisiones disparatadas, ¿por qué
no les habían citado entonces en uno de los numerosos
centros comerciales ubicados allí mismo, en la mismísima
estación orbital? Al menos podrían realizar algunas
compritas mientras recibían nuevas instrucciones. Si
es que las recibían...
Trató de dejar a un lado su reciente
cabreo, y casi, casi estuvo a punto de conseguirlo,
si no hubiera sido porque al dejar que su mirada reposara
en el horizonte, ésta chocó a lo lejos con aquello que
empezaba a convertirse en una auténtica pesadilla desde
el día anterior. Allí estaban los dos; sus nuevos
y burbujeantes amigos, esperándole tranquilamente
acomodados.
Shelar encendía un pitillo cuando
le vio y enseguida le indicó que esperase allí. Dolf
detuvo su paso en seco, y arrugando el ceño, observó
cómo la mujer se levantaba del informe asiento plastificado
con ese eterno aire de divinidad. Ésta, le hizo una
singular seña a su también apoltronado compañero, para
que éste la siguiera. El de la Tierra no pudo por menos
que tomar un primer contacto matutino con su cuero cabelludo,
mientras esperaba ansioso el feliz encuentro.
Entre tanto, para evadirse y evitar
salir corriendo, se dedicó a echar un rápido vistazo
a su alrededor. Un, dos, tres... acabó contando
una veintena aproximada de aquellos estúpidos ejecutivos
solares, que iban de un rincón a otro del Sistema vendiendo
Dios sabría qué y mucho menos a quién. Una pareja de
adolescentes jovianos, que por su comportamiento, debían
volver a su hogar tras una movidita luna de miel; una
decena de sonrosados y alborotados habitantes del satélite
marciano Fobos, y un par de mutantes que por sus maneras
y ropajes, indudablemente debían ser moradores del cinturón
de asteroides. Y esa era toda la concurrencia, no se
divisaba a nadie más. Vaya, ¿habría perdido la famosa
Tierra esa eterna atracción que ejercía sobre cualquier
turista extraterrestre?
Guiadas por ese hipnótico pensamiento,
las pupilas de Dolf echaron un vistazo al otro lado
del ilimitado ventanal que dividía en dos aquella construcción
adherida a la Tierra. Allí estaba -el gigante azul verdoso
presumiblemente semiesférico-su hogar, engullendo en
su interior todo aquello a lo que adoraba. Y ahora él
tenía que partir, dejándolo todo allí. Sin saber cuándo
iba a volver y menos aún si iba a hacerlo.
-¿Qué tal? ¿Cómo pasaste la noche?
-la dama lunar estiró su vestido terroso mientras interrogaba
al ccapitaliense.
Dolf dio un respingo devolviendo rápidamente
su atención al interior. La expresión embobada de su
rostro desapareció una vez fue capaz de oír mentalmente
las palabras ya sin voz de la otra. Definitivamente
odiaba su comportamiento, ¡lo odiaba!, y estaba claro
que si no quería tener que soportarlo durante tooooda
la misión, debería ponerla en su sitio de una vez por
todas. Bien, ¿y por qué no hacerlo ya? Desgraciadamente
uno de los camareros artificiales, un RBB38 concretamente,
se acercó en ese momento y fue precisamente su insólito
aunque apenas audible chirrido, lo que le disuadió,
al menos por el momento, de llevar a cabo tan cruel
acto.
Tanto Dum como la selenita, a una
seña del primero, retiraron en seguida su refrigerio,
no dándole mayor importancia. G23 por el contrario,
no hizo lo mismo. Él conocía perfectamente el funcionamiento
de los aparatos "made in Ccäpitalia" y sabía que éstos
no fallaban así como así, y menos aún cuando estaban
destinados a servir de cara al público. Miró a izquierda
y derecha comprobando que efectivamente todos los camareros
eran exactamente iguales. ¿Pero por qué el que tenía
justo delante de sus narices susurraba silbidos incoherentes
y prácticamente imperceptibles para el resto? Observó
atentamente a aquel artefacto, mordisqueando pensativamente
su labio inferior. ¿El reciente modelo Robotbarman fallaba?
No, no era posible, al menos él estaba seguro de ello.
G23 le concedió algunos segundos más,
y en cuanto estuvo seguro de que el RBB38 ya no iba
a cumplir con su rutinario programa protocolario, entonces
también retiró su bebida sin rechistar. Eso sí, con
la mosca detrás de la oreja.
-Los cacharros de la Tierra son todos
iguales, idénticos a sus diseñadores, perfectos a simple
vista pero siempre acaban durando poco… ¿no crees?
G23 apretó sus mandíbulas tragando
cada una de las palabras dispuestas a salir a borbotones,
mientras Shelar, deshaciéndose de un cigarro para encender
el próximo, le sonreía pícaramente con unos labios todavía
perfectamente maquillados.
Un nuevo gemido salió de algún lugar
del mecanismo, y ahora sí, el trío dirigió su atención
al artificio en forma de cápsula mientras éste hacía
el común alarde de todas y cada una de las pequeñas
lucecitas que componían su panel de control. Después
de eso, no hubo más. De nuevo ahí se acabó su programa
prototípico, al menos para aquellos que no estuvieran
muy próximos a él, ya que, entre tanto, en una de las
pantallas que contenía su abultado pecho, destellaba
un insólito mensaje:
-Por favor, golpéeme. Preguntas no
ha lugar.
Dum se dispuso a dejar el vaso achatado
sobre la bandeja no dando lugar a posibles titubeos
por parte de los otros. Así, con un extraño pero creíble
movimiento, y al mismo tiempo que se deshacía de aquello
que ya no iba a consumir, consiguió derramar todas las
bebidas que sustentaba el RB, incluyendo la propia bandeja
cristalina.
-¡Ups, lo siento!
Shelar frunció el ceño sin atreverse
a decir nada.
Los más próximos al trío y al RB,
observaron momentáneamente la escena mientras, el pequeño
camarero, extraía de algún lugar un extraño artilugio
que empezó a tragarse todo aquello que osaba ponerse
en su camino. Afortunadamente el ritual de limpieza
no les entusiasmó de la misma manera que el escándalo
que acababa de formar el hombre de pelo pelirrojo, así
que con la misma celeridad con que se habían vuelto
para comprobar qué sucedía, ahora retornaban a sus superfluas
conversaciones sin darle más importancia al aparatoso
contratiempo. Fue entonces cuando el RB, terminando
de arreglar el desaguisado, aprovechó su proximidad
para dirigirse verbalmente a Dum:
-Síganme -sin esperar una confirmación,
les dio la espalda y se dirigió al ascensor más apartado.
Cuando los dos humanos quisieron obedecer,
el mecanismo levitante ya estaba en el interior del
ascensor, y el propio Dum, a mitad de camino entre los
unos y el otro.
***
Dentro del hermético ascensor existían
otras contrapuertas invisibles hasta el momento en que
el trío se hubo quedado solo. Éstas, desvelaron una
segunda cápsula adosada al ascensor donde ahora les
esperaba el RB.
Una vez el mecanismo se puso en marcha,
Shelar se aventuró a romper el silencio:
-Guapetón, ¿a dónde nos llevas? -el
RB no se inmutó, e indignada, la mujer se volvió hacia
sus compañeros-. Ey ¿a dónde creéis que vamos?
El de la Tierra miró a la mujer por
el rabillo del ojo sin molestarse en contestar, definitivamente
le ponía enfermo. Todos los rumores que circulaban en
torno al comportamiento de los selenitas se iban confirmando
poco a poco; déspotas, engreídos, y peor aún, con la
firme creencia de ser superiores a los terrestres. ¿Pero
de dónde pensaban que habían salido sus antepasados
sino de la propia Tierra? ¿Lo habían olvidado? "¡Descerebrados!".
Shelar tiró despreocupadamente lo que
quedaba del cigarrillo y apagándolo con el pie inquirió
en silencio a su inmaculado compañero. Éste respondió
al momento:
-El espaciopuerto únicamente era el
punto de encuentro, pero obviamente no era el lugar
más apropiado para partir… -G23 procuró atender a las
palabras del androide y desviar su atención del panel
indicativo de la cápsula-... también pensé que viajar
de incógnito entre otros pasajeros podría beneficiarnos.
De ese modo nadie repararía en nosotros y eso puede
que sea precisamente lo que necesitamos. Pero por otra
parte, viajar rodeados de gente de todo tipo y procedencia,
haría posible que cualquier saboteador nos siguiera
la pista fácilmente, aunque de haber ocurrido así, tampoco
entiendo muy bien cuál habría sido el inconveniente,
puesto que el propósito principal de esta misión es
capturar al asesino o asesinos, ¿no es cierto?
-¡Dummy vas a conseguir volverme loca,
lo único que quiero es saber AHORA adónde demonios vamos!
¿Cómo sabes que el pequeño no nos lleva a ver
a nuestros enemigos? ¿Quién te dice que es nuestro aliado?
-señaló al promotor de aquel inesperado paseo, y percibió
cómo el orgullo crecía dentro de sí misma. Era una mujer
aguda, muy, muy aguda.
-Porque obviamente somos llevados a
los legendarios laberintos… -Dummy miró de reojo al
terrestre sin acabar la frase.
-Los laberintos del Minotauro. ¿Te
refieres a ellos, no es así? -Dolf le sonrió, dado que
el androide había tenido la delicadeza de no
acabar denominándolo como lo habían hecho hasta ese
momento todos y cada uno de los planetas y satélites
naturales del Sistema Solar. Aquel nombre y la existencia
incierta de los laberintos de Ccäpitalia, habían sido
objeto de mofa durante siglos.
-Eso es, nos dirigen a los míticos
laberintos de Ccäpitalia, aquellos que ni siquiera los
habitantes de la Tierra saben con certeza si existen
o no -Shelar abrió la boca dispuesta a interrogar al
androide, pero éste se le adelantó-. Siempre se ha pensado
que estos laberintos podrían haber existido, pero no
había nada seguro en la historia ya que siempre corrió
de boca en boca, me refiero a que nunca quedó registrado
testimonio alguno. Nadie pudo verlos con sus propios
ojos, o al menos aquellos que lo hicieron callaron como
tumbas... jamás se consiguieron datos fidedignos. Cualquier
prueba que demostrase su posible existencia debió ser
borrada...
-¿Pero cómo lo sabéis entonces? ¿Cómo
estáis tan seguros de que vamos allí si ni siquiera
se sabe con seguridad que existen?
El androide miró atentamente la información
suministrada por los números digitalizados de la cápsula,
y luego le hizo una seña a la mujer para que también
observase:
-La numeración del indicador de movimiento
de la cápsula, una vez ésta dejó de transportarse horizontalmente
y empezó a hacerlo verticalmente, nos ha estado diciendo
desde hace rato que hemos traspasado los confines de
la estación espacial. Hemos continuado descendiendo
hasta dirigirnos al interior de Ccäpitalia, y asimismo,
desde hace unos momentos, a los números digitalizados
se les ha sumado la palabra Sub-Cc. Esto sólo puede
tener un significado, que nos hallamos bajo tierra,
en Sub-Ccäpitalia... En los míticos laberintos.
-¿Pero qué estás diciendo, y se puede
saber cómo lo hemos hecho?
-Supongo que la cápsula nos ha llevado
hasta un segundo ascensor sidéreo, idéntico al que utilizamos
para llegar o partir de la estación espacial, pero en
este caso, "inexistente", indetectable, y que además
no sólo es capaz de comunicar a la estación espacial
con la Tierra sino que lo hace con sus mismas entrañas.
Veo que ahora, -alzó una mano volviendo a señalar el
indicador de movimiento de la cápsula, que mostraba
parpadeante la abreviatura Sub-Cc -, y a pesar de no
notar su desplazamiento, es muy posible que nos estemos
transportando a través del susodicho laberinto.
El ingeniero de sistemas de la Tierra
afirmó rotundamente sin dirigirse a nadie en concreto.
-¿Y por qué no hemos utilizado el transportador?
Llegaríamos en un periquete.
Dolf se adelantó esta vez:
-Porque es imposible utilizar el transportador
para introducirse dentro de los laberintos. Según siempre
se dijo, nadie fue capaz de acceder a sus coordenadas
de transporte...
Shelar estiró su vestido de una forma
automática:
-Pues vaya. Mira que había oído hablar
jocosamente del tema, pero nunca había sabido exactamente
de qué se trataba ni por qué los llamaban así, y menos
aún que fuese un asunto tan delicado.
Aunque la mujer no había interrogado
en ningún momento, sus pensamientos dieron lugar a un
brusco choque de palabras por parte de sus compañeros.
Dolf hizo una seña al androide para que éste continuase,
y el sujeto artificial a su vez, realizó el mismo gesto
cortés para que el mismo terrestre hiciese los honores.
El de Ccäpitalia tomó finalmente la palabra:
-Normal que no lo supieras -¡bonita!
Dolf estuvo a punto de soltarlo pero decidió contenerse,
y más teniendo en cuenta que a ambos el tema parecía
interesarles-. Según se cuenta, estos túneles en principio
fueron diseñados como una enorme tela de araña provista
de habitáculos antinucleares para... bueno, supongo
que sobra comentar la relación que existía entre la
Tierra y el resto del Sistema tras la Segunda Guerra
Solar, ¿no es cierto? -la mujer asintió agradeciendo
que no se sacasen ciertos trapos sucios, como por ejemplo,
que la Luna siempre había intentado ser un satélite
independiente al igual que Titán, Leda y Calisto. Tampoco
deseaba oír hablar de cómo los ocho planetas restantes
pretendieron ser la sede del Sistema-... la situación
debió llegar hasta tal punto que los terrestres pensarían
seriamente que podría llegar a iniciarse la Tercera
Guerra Solar, trayendo consigo consecuencias tales como
la destrucción de la cúpula terrestre, y por descontado
la vida sobre nuestro planeta. Ésta debió ser la razón
primigenia de su construcción, para que en caso de que
la Tierra no fuera finalmente volatilizada, se pudiera
subsistir dentro de los laberintos. ¿Así que cómo ibas
a saberlo, dime? Tus antepasados fueron nuestros ene...
-Dolf se dio cuenta de su error demasiado tarde, la
frente de Shelar empezaba a cubrirse de sudor- ¡En fin!
El caso es que sin llevarse a cabo tal conflicto, debieron
decidir acabar de darle forma a esa especie de ciudad
subterránea que se decía debía comunicar unos continentes
con otros, unificar el globo y conectarlo entre sí físicamente.
Y si lo miras bien, ya que estaban puestos... Lo que
está claro y en vista de hacia dónde nos dirigimos ahora,
es que no quisieron dejar las cosas a medias, cómo lo
hicieron, aún es un misterio, pero ya es seguro que
lo hicieron -Dolf sonrió para sí lleno de orgullo.
-¿Pero y para qué la concluyeron, si
la historia en realidad continuó como la conocemos,
para qué lo hicieron?
-Bueno, tal vez jamás dejó de existir
ese miedo a un posible conflicto con el exterior…pero
desde luego lo importante para nosotros, los habitantes
de la Tierra, es que por aquel entonces, cuando debía
estar teniendo lugar la construcción de Ssüb-Ccäpitalia,
y también tuvo lugar la unificación del Sistema Solar,
se renombró a la Tierra entera, a la superficie de nuestro
planeta, como CCäpitalia Ciudad...
-Ya, ya, pero ¿por qué ocultar lo
del laberinto?
Dolf continuó aunque un poco molesto:
-Bueno, eeeeh, si seguimos especulando,
podemos suponer que después de la firma de la Alianza
Solar debieron olvidarse por completo tanto terrestres
como extranjeros de la existencia de los laberintos.
Aparentemente ya no tenían razón de ser. Fue eso, o
tal vez durante la susodicha alianza se acabó pactando
el "enterramiento" definitivo de la gran construcción
subterránea, ¡quién sabe! El caso es que cuando se finalizó
la obra ésta quedó más sepultada que nunca, ya que jamás
constó en lugar alguno su existencia. Toda la información,
de una forma u otra debió ser borrada como ha dicho
antes tu compañero, y los únicos indicios de dicha construcción
han permanecido en forma de fábulas en las bocas de
la gente.
- ¡Guauuuu! -la negra mirada de ella
volvió a destellar.
- Primera
parte - Capítulo 6 -
Alma15 fue concluida en Agosto del
99 y ha sido revisada durante el 2003/04.
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