| Gracias a Joan Antoni
Fernández por sugerirme su "a velocidad hiperlumínica"
en este capítulo" ;-)
Mientras esperaba una respuesta, Dolf
volvió a estudiar los enseres del puente de mando de
la BB2. Éstos, en el momento de su diseño, debían haber
sido salpicados por todos y cada uno de los colores
existentes en el espectro solar. Algunas de las tonalidades
por supuesto que no las veía, pero estaba seguro que
estar, estaban, al igual que no dudaba que éstas, cambiaban
el orden y lugar que habían ocupado minutos antes, para,
tras su reubicación, conseguir al momento siguiente
un ambiente de lo más confortable, un entorno que ahora
resultaba casi infantil.
-No dispongo de datos sobre el asesinato.
No entiendo por qué insiste, su deber no es investigarlo…
Debería tomarse esta misión de otro modo, relájese,
le conviene.
Las cálidas palabras de ELLA se sucedían
envueltas en un tono de constante ingenuidad, mientras
una suave melodía, compuesta con el eco de las estrellas,
envolvía ininterrumpidamente cada rincón de la nave.
Al momento siguiente, la seudofemenina
voz de la computadora se dispuso a responder a la curiosidad
del androide por saber cuál era el procedimiento que
seguía para hacer que los ultrasonidos enviados por
su Biosonar, se transportaran a través del cosmos;
-El procedimiento sería el siguiente;
en primer lugar, programo una serie de múltiples campos
de energía configurados en forma de macrocápsulas reciclables
que, interiormente, estarían constituidas por un medio
gaseoso capaz de conservarse intacto tras una eclosión,
incluso en el vacío del espacio. Como ya imaginará,
las diversas afluencias de ultrasonidos se enviarían
en el interior de estas macrocápsulas a velocidad hiperlumínica,
en múltiples direcciones y a un mismo tiempo; éstas,
tarde o temprano, chocarían con cualquier objeto, en
este caso la nave a detectar, eclosionando y generando
un nuevo eco como respuesta, que terminaría encerrándose
dentro de la misma macrocápsula regenerada, para poner
inmediatamente rumbo al punto de partida. Es así de
fácil, los nuevos datos en forma de eco, determinarían
en el momento de su llegada la localización exacta de
la nave, su tamaño, velocidad... Por cierto, he de interrumpir
mi explicación para hacerles saber que dentro de tres
segundos saldremos del Sistema Solar.
-¿Adónde vamos exactamente? -el androide
parecía hablar consigo mismo mientras manipulaba algunos
de los comandos táctiles de su consola-, ¿puedes decírnoslo
una vez estemos fuera del Sistema?
-Lo siento, pero no puedo revelarles
ese tipo de información. Por cierto, nos encontramos
fuera del Sistema Solar, pónganse cómodos.
G23 olisqueó el aire mientras pensaba
en cómo llevarse al huerto al precioso cerebro
electrónico, encontrando entre tanto una novísima y
húmeda fragancia primaveral en la mezcla del aire:
-¿Quieres decir que... realmente conoces
la ruta que vamos a seguir, el lugar donde debemos ir
a buscar a Alma15? Pensé que la información estaba siendo
enviada en tiempo real.
Una luz con rasgos esencialmente femeninos
volvió a proyectarse en la pantalla principal, y la
amplia sonrisa de mamá computerizada, se
dispuso a cumplir con su trabajo:
-Lo siento, pero no puedo contestar
a esa pregunta -su tono se tornó, si eso era posible,
aún más mágico y maternal-. Pero no teman, están en
buenas manos, déjenlo de mi cuenta... -el rostro de
la computadora, por último, sonrió suspicaz.
Dolf, harto ya de todo aquello, volvió
a contemplar meditabundo el interior de la nave, comprobando
que aquel torbellino básicamente rosáceo en cuyo epicentro
se encontraba él mismo, se transformaba rápidamente
en un vórtice azul intenso. Comprendía a la perfección
lo que estaba sucediendo; sus nervios, iban en aumento,
por lo tanto, todo a su alrededor cambiaba. Incluso
la “respiración” de la nave, que lo movía todo a su
alrededor simulando este fenómeno, había acelerado su
ritmo, al igual que lo había hecho la suya propia...
Shelar apareció por primera vez en
el puente irrumpiendo en los pensamientos del humano:
Estaba totalmente transformada tras una rápida ducha
y un tratamiento corporal. Dolf, se entretuvo en estudiar
brevemente el nuevo “look” de la mujer, ataviada
esta vez con un singular uniforme de corte militar:
A pesar del cambio, había un par de detalles bastante
“significativos”, su cabello, continuaba desmoronándose
muy por debajo de sus hombros, y el maquillaje... éste
también se hallaba fuera de lugar. ¡Aquella mujer era
el colmo!
Ajena a los últimos pensamientos del
terrestre, la recién llegada se dirigía hacia el asiento
de su compañero en riguroso silencio, y con tímidos
movimientos plastificados. Sabía perfectamente
que si no era cauta, su ceñido atuendo podría descubrir
aún más todo aquello que sobraba.
Pero fue en vano, tras el pequeño lapsus,
ambos tripulantes masculinos ya habían vuelto a su antiguo
trabajo. Dum continuaba intentando arrancarle algún
dato significativo al cerebro de la nave por medio de
su consola, Dolf, hacía lo mismo. Desgraciadamente no
conseguían absolutamente nada, aquel invento parecía
estar programado para soportar cualquier tipo de ataque
y además en estéreo.
Shelar, entre tanto, no dejaba de acariciar
el respaldo del asiento de Dum, su protector, observando
distraídamente todo cuanto había a su alrededor. En
un primer momento no se atrevió a moverse por miedo
a que el muñequito dejase de ejercer su influencia protectora,
pero tras unos segundos de incertidumbre, no pudo evitar
girar unos pasos en derredor suyo, y aunque anteriormente
había realizado un exhaustivo reconocimiento cuando
nadie pudo advertirlo, de forma totalmente impulsiva
quiso volver a sentir el tacto del material que recubría
el hábitat de toda la nave. Éste, tenía una extraña
apariencia espumosa, pero era curioso, al tacto, se
transformaba en frío y artificial.
Desgraciadamente, aquella exasperante
voz de la computadora consiguió arrancarla de su reciente
y agradable letargo.
-Permítanme decirles, aunque sé perfectamente
que lo saben, que están perdiendo el tiempo, un tiempo
maravilloso podrían aprovecharlo realizando asuntos
más provechosos.
-¿Cómo qué? -Dolf volvió a contemplar
el divino rostro.
La nave tomó aire para luego expulsarlo
a modo de suspiro:
-Bueno, podría sugerirle una posible
conexión holográfica por canal subespacial con su mujer,
si desea hablar con ella, por supuesto.
Dolf alzó sus cejas automáticamente,
dando un respingo completamente involuntario. Los dedos
del androide también cesaron su actividad.
-¿Cómo dices?
-¿No le agrada la idea? -el rostro
aparentemente femenino sonrió, insuflando un torrente
de energía directo al corazón del humano.
-¡Bueno… yo...! -el terrestre se rascó
el cuero cabelludo demasiado briosamente.
-Creo que es buena idea puesto que
aún falta algún tiempo para llegar al lugar en cuestión.
Pero si prefieren permanecer durante ese tiempo alimentando
falsas esperanzas, pueden hacerlo libremente. Yo desde
luego no disfruto con ello.
-¿Por qué me ofreces esa comunicación?
El rostro de la computadora realizó
un extraño gesto dubitativo. Posiblemente no esperaba
una pregunta tan directa por parte del humano, pero
tras un pequeño intervalo de tiempo, se dirigió al terrestre
con ominosa expresión:
-¿Quiere una respuesta directa y sincera?
-Por supuesto.
El rostro tardó unos segundos en contestar,
debía estar sopesando las posibles consecuencias del
siguiente esclarecimiento:
-Está bien, creo que merece tal respuesta
y no encuentro una orden contradictoria al respecto.
Al fin y al cabo viajan en mi interior y mantendremos
una relación muy estrecha, por lo tanto un detalle como
este puede ser perfectamente conocido, e incluso beneficioso;
soy capaz de leer sus pensamientos.
-¿Cómo? ¿Qué?
Siguiendo a la de Dolf, la respiración
de la BB2 también se tornó entrecortada, y al instante
se acrecentaron la velocidad de sus latidos:
-Llámelo telepatía. Pero por favor,
no me pida que le dé más explicaciones, sabe que para
mí resultan totalmente prohibitivas.
-¡Pero, oye, si nos desvelaras cuáles
son esos recursos con los que cuentas, podrías ayudarnos...!
-esta vez fue Shelar quien tomó la palabra-. Estoy segura
que resultaría muy beneficioso tanto para la misión
como para nosotros, recuerda que no sabemos a qué nos
enfrentaremos.
La computadora guardó silencio durante
sesenta segundos, después, continuó como si tal cosa:
-¿Qué me dice, quiere que arregle tal
conexión? -la mirada de la computadora se volvió nuevamente
al terrestre-. Ya que hablamos de beneficios…
G23 miró de reojo al androide, la súbita
respuesta le impedía pensar con claridad.
Dum contestó antes de ser interrogado:
-No veo ningún inconveniente.
Shelar contempló al terrestre mientras
éste cruzaba delante de sus narices, sin reparar por
supuesto en su insignificante presencia. Suspicaz, observó
el hábitat del puente sin percibir ningún cambio, pero
sabía que, paredes, techo, todo a su alrededor debía
estar convirtiéndose en lo que Dolf estaba sintiendo.
Según él, la nave proyectaba EMOCIONES, sin embargo
ella no podía verlas. Tal vez fuera lógico, no eran
las suyas, pero... ¿Por qué las de ella tampoco las
captaba? ¿Por qué ella no podía ver otra cosa que un
habitáculo recubierto de metal y un coloreado material
aparentemente espumoso? «Quizá sea necesario saber
manejar algo, o posiblemente me falte un poco de imaginación»
-sus propias respuestas no la convencían lo más mínimo-
«¡Ja! Falta de imaginación, ¡y una porra! ¡Lo que
está claro es que yo también tengo sentimientos y un
pequeño corazoncito... bueno, no tan pequeño, y sin
embargo, NADA... estúpidos terrícolas y estúpidos
sus inventos terrícolas!».
Cuando el terrestre hubo estado definitivamente
fuera del puente, Shelar realizó un singular encogimiento
de hombros. Quizá la nave se sintiese celosa de su presencia
y había decidido castigarla con algo más que con aquel
pequeño “detallito” de no dejarla fumar a bordo.
***
-… Un poco de paciencia…
Shelar entró precipitadamente en la
sala de hologramas, sin caer en la cuenta hasta que
no fue demasiado tarde, que debería haber llamado antes
de pasar. Cierto, acababa de violar la intimidad de
ambas personas, pero ahora, lo que verdaderamente le
preocupaba aunque pareciese un gesto egoísta por su
parte, era procurar que su respiración se volviese regular
y mantener su corazón en el lugar que le correspondía,
porque de otro modo, no podría articular palabra, y
el tiempo apremiaba.
-¿Qué sucede? -G23 casi le escupió
su interrogante.
La mujer de la imagen holográfica observaba
a la recién llegada con impávido desprecio, mientras
Shelar, hacía lo mismo.
-Ey, ¿tengo que repetir la pregunta?
-Eeeeh, ¡tienes que venir al puente
inmediatamente! ¡Nos quedamos sin energía!
-¿Cómo? -Dolf se volvió para poder
acariciar visualmente la imagen de Gladia. Ahora entendía
las continuas interferencias, algo debía estar fallando
desde hacía apenas un par de minutos.
Entre tanto, la selenita había entreabierto
sus maquillados labios dispuesta a contestarle, pero
enseguida los cerró y esta vez apretándolos fuertemente:
La imagen de la otra mujer acababa de desaparecer. Casi
al mismo tiempo, se quedaron prácticamente a oscuras,
y a las tinieblas, le acompañaron el ensordecedor chirrido
electrónico de emergencia, y un sinnúmero de refulgencias
pertenecientes a indicaciones y comandos que sólo debían
operar en situaciones desesperadas.
-¡Computadora!
Silencio.
-¿Computadora?
Más de lo mismo.
Los dos tripulantes se observaron dubitativos.
Dolf, aún sin acabar de asimilar lo que pasaba, se dirigió
vacilante hacia los controles y un par de segundos después,
había conseguido que el molesto silbido cesara.
-¡Dum! ¿Puedes oírme? ¿Dum? -prácticamente
sin dar tiempo a una respuesta, G23 volvió a oprimir
el intercomunicador de la sala-. Dum, contesta. ¿Puedes
oírnos?
Silencio.
-¡DUUUUUM!
Sin poder reprimir el impulso, Dolf
golpeó eufóricamente el panel de control con la zurda,
y un juego de luces acompañado de un gorjeo electrónico,
fue lo que paralizó su próximo golpe. El de la Tierra,
se mantuvo momentáneamente a la expectativa, pero nada,
no hubo cambios. Buscó la mirada de la selenita y la
encontró salpicada por la escasa luz de aquellos comandos
próximos a ella. Estaba aterrorizada.
-¡Vámonos, estamos perdiendo el tiempo!
Oprimió el botón de apertura manual,
y en seguida, las puertas de la sala de hologramas se
abrieron acompañadas de un sospechoso movimiento ralentizado.
***
-Pude detectar esa nave aproximadamente
cinco minutos antes de que interrumpiesen nuestro suministro
de energía...
Mientras escuchaba las palabras del
androide, Dolf se dejó caer en uno de los rígidos asientos
de operaciones: El puente, al igual que aquellas secciones
que atravesaron hasta llegar a él, se mostraba como
una simple habitación muerta. En él, aún permanecían
los enseres, pero a diferencia de aquellos que dejó
atrás, rebosantes de vivos colores y tan importantes
por otra parte para la psique de los tripulantes, éstos,
habían perdido sus vivos tonos, carecían por completo
de vida, igual que el continente que los albergaba.
Por otra parte, la suave melodía que invadió el puente
en el pasado, también había enmudecido. El útero
en sí ya no era capaz de proyectar ningún tipo de
emoción. Ni tan siquiera la pantalla principal les dejaba
ver sino un ominoso rostro sin rasgos, una minúscula
esfera luminosa que únicamente sabía yacer, dando rotativas
vueltas sobre sí misma.
-¿Y nos persiguen? -el terrestre procuró
no volver a perder la calma.
-No exactamente. La nave se hallaba
interceptando nuestro camino, venía precisamente desde
las coordenadas a las que nos dirigíamos nosotros.
-Eso significa que empezabas a descifrar
el rumbo ¿no es cierto?
-No, se podría decir que únicamente
el inmediato. El final de nuestro viaje sigue siendo
una incógnita.
-Vaya... -a Dolf se le hacía extraño
contemplar al androide literalmente cruzado de brazos-.
¿Intentaste contactar con ellos?
-Sólo mientras me fue posible, pero
no hubo respuesta.
-¿Qué podemos hacer entonces, sin energía
no podemos intentar dirigir manualmente la nave? -el
simple hecho de imaginarlo hizo que Dolf palideciese
aún más.
-Por el momento, y siento tener que
decir esto, no podemos hacer nada, salvo esperar. Dado
el poder de los alienígenas sobre nuestra nave, tenemos
suerte de que al menos hayan decidido no privarnos de
la energía auxiliar, sin ella, ahora estaríais muertos.
Un sonido apenas audible salió de la
garganta de la mujer. Estaban siendo rodeados por la
esperada claridad.
Dolf miró a Dum y Dum contestó:
-Por supuesto, es un regalo.
Sin mediar una palabra más, ambos,
terrestre y androide, se situaron nuevamente frente
a sus respectivos puestos de trabajo. Dolf no sabía
a ciencia cierta qué había cambiado en aquel entorno
en el preciso momento en que la energía había sido restablecida
por sus nuevos “amigos”, pero desde luego estaba dispuesto
a descubrirlo cuanto antes.
-La computadora sigue sin responder.
Voy a verificar el estado de los sistemas, si es que
puedo.
-Perfecto, yo intentaré comunicar con
la nave alienígena de nuevo -Dum utilizó una de sus
pocas sonrisas “prefabricadas”, aunque hubo de borrarla
prácticamente en el mismo momento en que la creó-. Tenemos
un problema.
-¿Cuál es? -G23 estudió en balde la
expresión del androide.
-La nave alienígena ha puesto en marcha
alguna especie de dispositivo de ocultación, las nuevas
emanaciones de energía así lo confirman. Quizá hayan
detectado nuestro dispositivo de camuflaje e incluso
las falsas dimensiones de la BB2. Si es así, desgraciadamente
no podemos desactivar nuestro dispositivo de ocultación,
y quizá eso lo tomen como un gesto subversivo. Veamos,
continuamente llegan datos, inverosímiles por cierto...
No puedo saber cuál es su posición exacta, tampoco las
dimensiones de la nave, únicamente que sigue ahí...
-Podría haber un error en la información,
o tal vez nos la suministran ellos. ¿Seguro que funcionan
los sensores? -Dolf comprobó desde su propia terminal
lo estúpido de su pregunta, y en seguida, dirigió su
atención a la pantalla principal. Debía encargarse de
“borrar” el rostro de la computadora si no conseguían
ponerse en comunicación con ella, de otro modo era imposible
saber qué sucedía exactamente allá en el exterior-.
¿No contestan aún?
-Negativo... Bien, he activado el Biosonar,
quizá de esta forma sí consigamos información fidedigna.
-¡Estupendo! -G23 se sintió como un
estúpido. ¿Cómo no se le había ocurrido a él antes?
-Comienza la recepción de datos, aunque
eso sí, nos llegan muy lentamente -Dum hablaba sin apartar
sus redondos ojos celestes de la pantalla.
Shelar se dirigió casi instintivamente
hacia el asiento del sujeto positrónico. Entre tanto,
G23 se sentía impotente. Sus órdenes no daban ningún
resultado:
-Todo parece funcionar, sin embargo,
no consigo restablecer el control. Necesitamos llegar
hasta el mismísimo cerebro, aunque, -el terrestre tecleó
una par de órdenes a toda velocidad, pero en seguida
sus facciones reflejaron la frustración de antes-, es
inútil. También he intentado hacerme con los controles
manuales, pensando que sería posible que ambos pudiésemos
pilotar la nave, al menos hasta habernos liberado de
ellos y haber restablecido el control de la computadora,
pero los controles están bloqueados.
-Debe ser uno de sus muchos dispositivos
de seguridad.
-Eso creo, ¿dónde se encuentran en
estos momentos?
-No sé cuál es su localización exacta,
pero no creo que tardemos demasiado en disponer de ella
una vez hayamos recibidos los datos que está registrando
el Biosonar. En seguida verificaremos su nueva posición,
y por supuesto, su tamaño, procedencia... -de inmediato
se restableció el ritmo vertiginoso en los afilados
dedos del androide-. El dispositivo de ocultación no
les servirá de mucho. Por cierto, pase lo que pase,
he conseguido levantar nuestro escudo defensor.
-¡Fantástico! -G23 hubo de reconocerlo,
empezaba a sentir cada vez más simpatía hacia aquel
personaje-. Yo... sigo sin obtener respuesta, no lo
entiendo...
Nada en torno a ellos cambiaba: No
había ni proyección de emociones, ni aparente respiración,
ni nada. Todo seguía muerto.
-Eeeeh, oye Dum, ¿y podrían atacarnos
si quisieran? -Shelar se concentró en la pantalla a
pesar de que el maldito rostro de la computadora seguía
orbitando en las mismas condiciones.
-Seguramente, pero también es cierto
que si hubieran querido hacerlo, ya lo habrían hecho.
La nave alienígena nos supera y con mucho, ella nos
privó de la energía y ella nos la ha dado...
G23 fue incapaz de contenerse:
-¿Pero cómo es posible que hayan sabido
cómo manipular nuestros sistemas más básicos? Hacerlo
requiere cierto conocimiento de la BB2 y ni siquiera
nosotros... Y si han podido atacarnos y no lo han hecho,
¿por qué permanecen ocultos? Hay algo que no encaja...
-¿No podemos atacarles nosotros, Dum?
-Shelar intervino, harta ya de no ser más que algo parecido
a un jarrón u otro tipo de ornamento. ¡Ella también
se la estaba jugando!-... Y ahora no me vengas con que
esta nave no cuenta con armamento.
El androide se volvió pausadamente
hacia su terminal, y una vez de cara a la pantalla fue
cuando contestó:
-No, no contamos con armamento. Estuve
indagando y entre la poca información que pude sustraer
de los archivos, averigüé que no podemos defendernos
si no es con los escudos. Por otra parte, y si eso os
tranquiliza, os diré que también es imposible que la
BlackBird2 sea capturada.
-¿A qué te refieres exactamente? -al
preguntar, la selenita no pudo por menos que arrimarse
aún más a su compañero.
-Un transporte forzoso provocaría la
destrucción de la BB2. Eso sí, antes de que esto sucediera,
la computadora debería lanzar un determinado número
de cápsulas con aquellos seres humanos que habitaran
en su interior. Éste, estaría provisto de un potente
escudo, y del mismo sistema de ocultación que posee
la parte no visible de la nave para que...
-Ya, todo eso está muy bien, Dum, pero
da la casualidad de que la computadora, que es la que
sabe cómo hacer todas esas “cositas estupendas”, está
tiesa, ¡tiesa!
-Lo sé.
-¿Entonces? -la mujer esperó una contestación
que no llegó- ¿Pero qué… qué clase de nave es esta?
-furiosa, se volvió inspeccionándolo todo, no dando
crédito a lo que acababa de oír.
-¿Quieres dejar de quejarte ya? -G23
no apartó su vista de la pantalla rebosante de datos
luminiscentes, que de momento no servían para nada-,
aunque no lo creas intentamos defendernos. Si no nos
haces perder más tiempo, puede que consigamos liberarnos
antes de que nos retengan y decidan dejarse de bromitas.
Shelar se sentó en un rincón del puente,
más aterrorizada que enfurruñada.
-Interesante… -los dedos del androide,
que hacía a penas unos segundos habían vuelto a ponerse
en movimiento, se paralizaron de inmediato.
-¿Qué sucede, tenemos algo? -Dolf apartó
las manos de su terminal y se recostó sobre su asiento,
volviéndolo en dirección a su compañero. Mientras lo
hacía, echó un rápido vistazo cargado de resignación,
hacia la pantalla principal: Lo único que había conseguido
hasta el momento era apartar la vana imagen del cerebro
desactivado, y ahora, al otro lado de la pantalla, únicamente
se observaba oscuridad.
Shelar, aún desde el suelo, también
devoraba visualmente al androide.
-Nos están contestando del mismo modo.
-¿A qué te refieres exactamente?
Dum también acabó girando su asiento
en dirección al humano:
-Al Biosonar, por supuesto. Aunque
parezca increíble están empleando el mismo método. Nos
dan la bienvenida mientras parece que pretenden llevarnos
hacia algún lugar.
-¿Pero sí dijiste que no podían forzar
a la BB2? -la mujer se puso en pie de un salto-, ¡que
no podía ser capturada!
-Eso dije, y así es. Lo cierto es que
la BB2 no está siendo llevada a la fuerza, únicamente
somos nosotros los que estamos siendo retenidos en su
interior.
-¿Puedes explicarlo mejor? -G23 se
rascó ambos costados, a esas alturas ya era incapaz
de dominar los picores producidos por sus nervios.
-Por medio del Biosonar están consiguiendo
que nuestra nave siga a la suya voluntariamente.
-¿Cómo?
-La nave alienígena está emitiendo
pulsaciones similares a las de los machos en celo.
-¿Estás diciendo…? -Dolf tragó una
y otra vez, y otra.
-Sí, y la BB2 le corresponde. Creo
que es la manera más romántica que existe de decir:
Ríndanse.
- Segunda
parte - Capítulo 1 -
Alma15 fue concluida en Agosto del
99 y ha sido revisada durante el 2003/04.
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