| -¿¡Alguien más!? ¿¡Estás
completamente seguro!? -El director de aquella empresa
limpió por enésima vez en las últimas horas, el sudor
de su pálida frente.
El otro despejó la suya en un acto
reflejo, pero su negro cabello ligeramente ondulado
insistió en volver al mismo lugar.
Finalmente tomó asiento sin apartar
la vista de su superior:
-Sí, Knot. El nuevo mensaje subespacial
enviado por el portavoz robótico ha dejado bien claro
que debemos enviar a otro más, quieren un nuevo robopsicólogo
para que interceda en la inusual contienda. De lo contrario
esta especie de estúpida huelga se prolongará,
y como ya sabemos continuará poniendo en peligro el
bienestar de las gentes de Yuno. Todo depende ahora
de nosotros.
-Pero, no podemos... ¿¡Maldita sea,
cómo es posible!?
El recién llegado observó al director
de aquella empresa percibiendo una pequeña punzada de
tristeza. Los cabellos del hombre comenzaban a encanecerse
de forma demasiado evidente.
Knot continuó ajeno al raudo examen
del otro:
-¿Qué está ocurriendo, Dak? ¿Desde
cuándo un puñado de androides ¡nuestros propios androides,
por Dios!, toman el control? ¿Y desde cuándo no cumplen
con su palabra? Se suponía que cuando llegase
nuestro primer robopsicólogo a Rhoma, ambos, humano
y máquinas, estudiarían el conflicto y tomarían una
decisión equitativa para todos ¡y no ha sido así...!
¿ Por qué confiar en ellos entonces?
El joven, haciendo acopio de toda
su paciencia, aguardó únicamente a que su padre se calmara,
y mientras éste lo hacía, Dak por primera vez fue consciente
de la notable pérdida de peso del otro. Verdaderamente
estaba sufriendo en demasía durante los últimos días...
Ahora ya no parecían idénticos. Su padre ya no era todo
lo alto y atlético que había sido en un pasado. Su mirada,
había perdido esa soberbia que siempre la hizo resultar
peligrosa, incluso el verde de ésta parecía haber palidecido.
Aunque todo esto naturalmente no había ocurrido en cuestión
de días...
A pesar de la expresión pesarosa en
el semblante de su hijo, la mente de Knot continuó como
su propio nombre muy bien indicaba, hecha un lío:
-¿Por qué debemos transigir, dime,
acaso sabemos qué le ha sucedido al primer operario,
al que enviaron los propios Yunianos? ¿Y a nuestro robopsicólogo?
¡No sabemos si aún sigue vivo, si ambos siguen vivos!
¡No...!
El joven subdirector decidió cortar
por lo sano:
-Cálmate ¿quieres? Lo sé. Sé todo.
¡No necesito que me pongas al corriente, yo también
estoy metido en esto...!Trabajamos en la misma empresa
¿recuerdas?
Pero lo que Dak sí hizo sin la ayuda
de Knot, fue recordar cómo comenzó todo.
... El planeta Yuno se encontraba
en un Sistema Solar vecino al propio sistema Solar "terrestre".
Éste había sido habitado por un nutrido grupo de antiguos
"Solares" inconformistas que emigraron dispuestos
a crear lejos del Sol y sus planetas pupilos, una nueva
raza independiente...
Pero su independencia terminó cuando
en el subsuelo de Rhoma, uno de los principales satélites
naturales de Yuno, fue hallada una insólita variedad
de mineral metálico con propiedades de mineral energético
capaz de generar el doble de calorías que el propio
carbón común... Esto significaba un importante hallazgo
extremadamente económico y rentable, un verdadero tesoro...
Pero existía un inconveniente, el Homanium, como se
denominó al aparente mineral, se encontraba rodeado
en los lugares próximos a su ubicación por un gas igualmente
desconocido que explosionaba al entrar en contacto con
el aire que se respiraba en las instalaciones improvisadas
para la extracción.
... Este hecho significó el fin de
su independencia, pero debían ser consecuentes. Había
llegado el momento de dialogar con el gobierno del Sistema
para que éstos, les arrendaran de forma inmediata algunos
de los androides que se empeñaban en no vender. El homanium
era demasiado valioso, pero también sus vidas... y los
engendros eran lo únicos que podían trabajar sin necesidad
de oxígeno.
La población del satélite, fue de
este modo constituida íntegramente por hombres mecánicos
que trabajaban incesantemente en la extracción del mineral
y en la construcción de una pequeña ciudad donde se
albergaría la futura ciudad minera.
Pero un buen día, sin previo aviso
y sin un fallo aparente en las instalaciones, se detuvo
el trabajo al mismo tiempo que las comunicaciones fueron
bloqueadas. Las minas y yacimientos existentes en la
superficie del propio planeta, administradas a esas
alturas por androides del mismo tipo, también se paralizaron
y no hubo forma de hacerles volver a sus respectivas
ocupaciones.
Se envió entonces a Rhoma, a un único
portavoz, y éste debió ser engullido por el satélite
y sus propios habitantes, puesto que no hubo cambios.
Los Yunianos tuvieron miedo de tomar
una nueva decisión errónea, así que se vieron obligados
a poner al corriente a "La Diseño y División de
Androides Terrestres". Sus queridas obras habían
cometido presuntamente tres delitos, sublevación, secuestro
y muy posiblemente asesinato...
La DDAT tomó medidas enviando al robopsicólogo
Paul Flency a Rhoma, origen del conflicto, y todo se
complicó aún más...
En cuanto hubo entrado en la órbita
de Rhoma el robopsicólogo no volvió a dar señales de
vida, exactamente igual que había sucedido con el Yuniano.
Precisamente cuando "La División"
estaba empezando a pensar en tomar las subsiguientes
medidas drásticas, recibieron un mensaje del portavoz
AO183. Este mensaje de algún modo personalizado, fue
enviado al subdirector de aquella empresa y poco
después fue cuando Dak, el mismo a quien se remitió,
entró en el despacho de su padre.
-Y dime... ¿¡El mensaje, lo... te
lo enviaron sin codificar!?
Dak respiró profundamente preparándose
para el próximo estallido:
-Así ha sido, pero...
-¡Dios santo, lo sabía! ¡La información
volará de un rincón a otro del Sistema, incluso a través
de la red, lo han hecho para vengarse de sus propios
creadores! ¡Ahora todo el Sistema sabrá lo que está
ocurriendo sin habernos dado la oportunidad de explicarnos
antes! ¡Los propios Yunianos sabrán que la situación
está definitivamente fuera de control desde que enviamos
a Flency, que no hemos avanzado! -Su voz fue convirtiéndose
en un chirrido estridente-. Esta situación acabará con
nosotros, ¡estamos perdidos! Seremos el hazmerreír del
Sistema.
Knot pensó que ahora sí les vendría
bien el apelativo que el resto de las empresas del Sistema
Solar utilizaban cuando se referían a la, hasta ahora
más poderosa, empresa del sector: Parodia Humana.
-¿Qué haremos, Dak?
-Enviar a alguien como nos ha pedido
nuestra querida creación.
-¡Pero eso es imposible...! ¿Qué derecho
tenemos a enviar a alguien más a una muerte segura?
No podemos hacer eso, va en contra de cualquier principio.
¡Debemos encontrar otra solución!
-Escucha, podemos y lo haremos.
-Pero...
-He pensado en enviar a Neve -Su tono
de voz se vio sospechosamente alterado-. Me tomé la
libertad de hablar con ella antes de venir a tu despacho,
nada más recibir el mensaje. Está dispuesta. Al fin
y al cabo... -mordió su labio inferior intentando disimular
el nuevo cambio en la entonación de sus palabras -...
Paul es su compañero y amigo.
La expresión de Knot se volvió ceñuda
al mismo tiempo que sus nervios se esfumaban casi por
completo. Contempló a su pupilo en silencio durante
unos instantes, su propia imagen frente a él. No pudo
dar crédito a lo que acababa de oír.
Hacía tiempo que pensaba que aquella
"historia de histeria" había concluido.
-¿¡Neve!? ¿Te refieres a Neve, la...?
-¡Sabes muy bien a quién me refiero!
Neve, nuestra robopsicóloga.
Knot volvió a guardar silencio cada
vez más perplejo. Recordó a la belleza de color con
la cabeza totalmente rasurada... Neve Twain, era una
de las pocas robopsicólogas de aquella empresa y también
la única mujer que había osado rechazar a Dak Loestone
cuando éste le pidió que se uniera a él. Aquello había
sido un duro golpe que Dak, en un principio, no había
estado dispuesto a superar. Por ello intentó hacerla
la vida imposible esperando que ésta, harta, se marchase
de la empresa, pero Knot impidió finalmente que la
sangre llegase al río. Y con el tiempo incluso logró
que enterrasen el hacha de guerra...
-Ella es una de las mejores, y, bueno,
digamos que está encantada.
-Dak -la expresión de su rostro estaba
dando paso al pesimismo-, sólo espero que estés seguro
de lo que haces, ¡de lo que vamos a hacer! Espero que
seas consciente de que la decisión que has tomado es
la más adecuada. Si fallas... Si fallamos será el fin.
El subdirector de la DDAT comprendió
al instante:
-Demasiadas personas quieren vernos
muertos laboralmente hablando...
-Eso es, pero eso no es lo más importante.
Si fracasamos podría ser el fin de nuestras relaciones,
perderíamos de una vez por todas el contacto con nuestros
semejantes en Yuno. Los androides de la DDAT son el
nexo entre ambos pueblos.
-Lo sé, créeme, y aun así sigo pensando
que no hay motivos para perder los nervios, podemos
solucionarlo. Fuimos nosotros quienes pusimos fin al
obstinado aislamiento de los Yunianos, y ahora solventaremos
nuevamente el problema.
A Knot no le sorprendió que su hijo,
de algún modo, acabase de darle la vuelta a la tortilla,
sabía perfectamente por qué lo hacía, únicamente intentaba
insuflar un poco de confianza en el castigado corazón
de su padre, aun así, él no podía consentir que Dak
glorificase a la empresa manipulando de esa forma la
información. La División, no era una empresa de
DIOSES.
-Nosotros únicamente nos limitamos
a obedecer administrando lo que se nos pidió. Nada más.
Fueron los Yunianos quienes solicitaron la ayuda que
finalmente les proporcionó el gobierno de nuestro Sistema.
El resto de los acontecimientos se sucedieron sólo como
consecuencia de las necesidades Yunianas -Knot trató
de no calcular los beneficios que el pueblo Yuniano
les había proporcionado adquiriendo los derechos de
arrendamiento de tantos obreros como habían necesitado.
Prefirió pensar que su negocio, y la posterior contratación
del escaso soporte técnico, habían contribuido a que
ambos Sistemas se mantuviesen de algún modo unidos-
... Pero ahora son ellos el problema, ¡nuestras propias
creaciones! Al menos los Yunianos lo ven de ese modo
¿¡lo entiendes, Dak!?
-¡Por supuesto que lo entiendo, y
vuelvo a repetírtelo, confía en mí, sé lo que hago!
El anciano sonrió tristemente a su
"cachorro", comprendiendo finalmente que no
tenía otra opción.
-¿Entonces, cuándo se pondrá en marcha?
-Bueno, verás... -Dak miró extrañamente
excitado su cinta temporal- eh, ella, ha debido salir
hace escasos minutos. Ya debe estar fuera de la órbita
terrestre rumbo a Rhoma.
Al contrario de lo que el joven subdirector
había pensado que sucedería, el viejo, simplemente soltó
una estrepitosa carcajada.
***
Neve no podía creer que el resto de
sus compañeros llegase a pensar, ni por un momento,
que las cosas en realidad eran como aparentaban ser.
El comportamiento de los "AO" ¡estaba regido
por las leyes de la robótica!, por ello un androide
jamás desobedecería a un ser humano y mucho menos si
la actuación conllevaba cierto riesgo para la vida de
éste. Asimismo, aunque aparentemente el comportamiento
de los androides no tuviese ninguna lógica, el sentido
común le decía a Twain que todos, absolutamente todos
los androides, no podían estar fallando.
«Está claro que la situación va a
resultar muy, pero que muy reveladora»
Una expresión de suspicacia se abrió
paso en el, hasta ese momento, dulce rostro de la mujer
negra.
La experiencia se lo había demostrado
en más de una ocasión, lo más probable es que el resultado
final fuese un nuevo ridículo en el Currículum Vitae
del ser humano. Estaba convencida de ello. Pero...
-¿¡... cómo es posible que no lo vean!?
-La mujer se sobresaltó al escucharse a sí misma.
El androide femenino la observó a
su vez. Daisy, que así se llamaba el AC121 o androide
de compañía, había estado observando desde el momento
en que estuvieron en la abovedada ciudad, todo cuanto
entró en su campo de visión. Ahora se hallaban a bordo
de un aerocoche recorriendo de lado a lado la totalidad
del terreno urbanizado dentro del conflictivo satélite.
-¿Cómo dice? -Su voz no resultó para
nada "electrizante".
-Olvídalo, pensaba en alto.
Ahora Neve estudió atentamente a la
mujer biónica, para desviar más tarde su atención hacia
los dos androides obreros que les habían asignado en
tanto cubrían la distancia desde la nave al lugar donde
se entrevistarían con 183.
Su examen reveló lo que ya sabía.
Ambos modelos eran muy distintos...
La DDAT había seguido un criterio
harto riguroso a la hora de fabricar engendros; la apariencia
de éstos iba siempre en función del trabajo desempeñado.
Era ilógico emplear importantes sumas de dinero en "poner
bello" a un mecanismo como era un "AO",
que trabajaría bajo tierra y prácticamente no influiría
en la psique de nadie. El caso de los "AC"
era muy distinto, se trataba de modelos urbanitas que
convivían día y noche con humanos de todas las edades
y por supuesto con sus constantes cambios de estado
anímico. Por ello su aspecto físico, programación "protocolaria",
e incluso algo tan pueril como podía ser su tono de
voz, resultaban de extrema importancia.
Por lo tanto Daisy era una mujer de
pies a cabeza. Nadie que no conociese la existencia
del último modelo de androidehumano, hubiese sabido
que aquella joven de cuerpo escultural y ondulada melena
albina, era en realidad una máquina altamente sofisticada.
Tanto, que los AO deberían venerarla -Neve se compadeció
de las infortunadas parodias-. Éstas se mostraban ante
sus ojos tan metálicas como en realidad eran, aunque
con un excepcional pulimentado. La textura de su piel
dorada siempre resultaba extrañamente suave a
la vista, sin embargo, su apariencia continuaba
siendo demasiado rudimentaria. Aunque sus formas y medidas
eran similares a las del cuerpo humano, aún dejaban
mucho que desear...
***
Neve Twain se cansó rápidamente de
ver la misma lúgubre morada en todas direcciones, pero
¿a quién le importaba? El aerocoche finalmente se había
detenido ante uno de los edificios clónicos de la inusitada
ciudad de metal azul. Éste era tan irritantemente elipsoide
como el resto y se hallaba del mismo modo segmentado
tanto horizontal como verticalmente.
En su interior, el perpetuo séquito
formado por los dos androides obreros, las dejó a solas
en una gigantesca estancia sin ningún tipo de explicación,
y entonces Neve lo vio. Paul se hallaba allí, esperándola.
Le contempló durante un momento y
se sintió realmente orgullosa de él. El físico del joven
que le había robado el corazón, en realidad se parecía
bastante al de su queridísimo Dak Loestone, pero
su temperamento era totalmente opuesto, quizá por ello
finalmente terminó siendo su prometida. Sí, su paciencia
era su principal virtud y su mayor atractivo... Pero
lo que en realidad la importaba ahora era saber cómo
se encontraba Paul, y éste parecía estar bien, puesto
que su aspecto era muy saludable.
Neve corrió a su encuentro. Cuando
finalmente se cansó de abrazarlo, fue consciente de
que en realidad había alguien más en la habitación,
y el individuo de larga cabellera terrosa, la miraba
con cara de pocos amigos: Éste era de corta estatura,
aunque su cara revelaba que debía andar por los cincuenta.
Neve se precipitó a estrechar su mano:
-Señor...
-Crawford. Edward Crawford, del planeta
Yuno -dudó un instante teniendo en cuenta la presencia
de la otra mujer- . Supongo que usted es... es... Neve
Twain.
-Así es, robopsicóloga de La Diseño
y División de Androides Terrestres, y ella es Daisy,
mi androide personal.
Daisy saludó con un ligero movimiento
de mano y una pequeña sonrisa.
El Yuniano miró horrorizado al AC121
mientras éste tomaba posiciones, quedándose por último
pasmosamente quieto de pie junto a la pared. Decididamente
Edward Crawford estaba demasiado acostumbrado a ver
únicamente a androides de aspecto robótico. Cuando volvió
en sí, omitió la mano de Neve y ésta se sintió verdaderamente
ofendida por ello. Aquel sujeto definitivamente no le
gustaba un pelo.
Paul comprobó a la sazón, lo que había
estado sospechando durante las largas horas de espera
junto al áspero individuo. Realmente era intratable,
y conociendo el mal genio incontenible de su futura
mujer, prefirió prevenir antes que curar. Tomó entre
sus manos la hermosa cara de la mujer, pero ésta ya
no tuvo el mismo deseo que había tenido de volver a
recrearse en la mirada azul de su prometido. Aunque
ciertamente lo había echado de menos:
-Me alegro de verte Neve, de veras...
y ahora dime ¿cómo te encuentras?
La mujer apartó suavemente las manos
de su prometido y miró de reojo al Yuniano, éste tomó
asiento ajeno al dúo terrestre, ahora parecía demasiado
ensimismado como para prestar atención a la subsecuente
"escenita" de amor.
-¡Estoy perfectamente! -Se volvió
ceñuda hacia Paul. El nuevo brillo que había en sus
ojos reveló que le había pillado en su juego- . ¿Y bien?
¿Qué ha ocurrido? ¿Cómo os han tratado?- El tono
de su voz descubrió finalmente su cambio de humor.
Mientras esperaba una respuesta sin
demasiado entusiasmo, fue consciente de que la habitación
donde los habían reunido había sido evidentemente improvisada
ya que el mobiliario no era otro que cuatro pequeños
asientos aparentemente confortables.
-Lo cierto es que no ha ocurrido nada
¡nada de nada! -Neve volvió su pequeña cabeza desprovista
de cabello, concediéndole al fin su atención- . Hemos
sido muy bien tratados, excepcionalmente, de veras.
Desde que llegué no hemos hecho otra cosa que dar vueltas
por toda la ciudad, escoltados por un par de nuestros
androides.
-¿¡Entonces, no habéis averiguado
nada!? ¡Habéis estado aquí simplemente como invitados
sin...!
-Cariño, cada vez que he intentado
entrevistarme con 183 éste ha denegado mi proposición
amablemente a través de otros individuos. En realidad
no sabía qué pensar hasta que al fin, el mismo 183,
nos informó de tu llegada y la entrevista que mantendríamos
posteriormente, cuando tomases tierra.
-¡Al menos tú tuviste más suerte!
-el Yuniano volvió repentinamente al mundo de los vivos-
Le viste esporádicamente en cuanto aterrizaste, pero
yo -regaló una irónica sonrisa a la joven belleza negra-
estuve completamente solo hasta que viniste, nuestro
amigo 183 ni siquiera se dignó a darme la bienvenida,
¡el muy...!
Las puertas de la estancia se abrieron
dejando entrar a un único individuo robótico, se trataba
de 183. Crawford cerró rápidamente la boca.
-Bienvenida señorita Twain, soy 183
-la voz del minero resonó tan metálica como cabía esperar.
-Gracias 183. Me alegro de verte.
-Yo también señorita Twain, y no se
imagina cuánto. Señores... -Hizo una pequeña reverencia.
La robopsicóloga intuyó por su actitud,
que el androide no iba a andarse por las ramas. No se
confundió:
-Tome asiento, por favor -se dirigió
también a los dos hombres-. Pónganse cómodos, ha llegado
el momento de dar las debidas explicaciones. Si precisan
algo no tienen más que decirlo.
El trío obedeció al instante, pero
la paz duró muy poco tiempo.
-¿Por qué detuvieron la extracción
sin que se lo ordenásemos? ¿Quién les dio permiso para
que tomasen esa decisión? ¿Qué ocurre, es que existe
algún fallo en las instalaciones, estamos en peligro
acaso? ¡Contesta, es una orden!
-Su comportamiento es muy lógico señor
Crawford, quizá me haya extralimitando con tanta demora,
pero créame, era necesario. Y ahora comencemos cuanto
antes, no puedo permitir que padezcan más por un simple
capricho.
-¿¡Capricho!? -El trío de voces humanas
llegó a producir un extraño eco.
-Sí, bueno de algún modo lo es, pero
empecemos desde el principio... En primer lugar he de
aclarar que no existe ningún fallo en las instalaciones.
Tampoco el funcionamiento de ninguno de nosotros se
ha visto invalidado, podemos cumplir perfectamente con
nuestro trabajo. Sencillamente detuvimos la extracción
del mineral y aún continuamos sin restablecerla porque
yo lo he decidido así.
Neve sonrió satisfecha «¡Lo sabía!»
Paul se dirigió al androide como si
de un ser humano se tratara:
-Supongo que sabes bien lo que hay
en juego, ¿no es así? Tu actuación puede significar
la desconexión, tú desconexión, e incluso la del resto
de tus compañeros. Espero que tengáis una excelente
razón para no ser inmediatamente desmantelados cuando
esta entrevista haya finalizado 183. De veras lo espero.
El Yuniano no pudo permanecer por
más tiempo con la boca cerrada:
-¡Habéis cometido insubordinación...
y rapto! ¡Pagaréis por ello, por haber desobedecido
y por jugar con nuestras vidas!
-No estamos jugando con las vidas
de nadie, señor. Sabemos muy bien lo que hacemos. Sé
muy bien lo que hago.
-¡Embustero!
El color encarnado de las células
fotoeléctricas que evidentemente correspondían a los
órganos visuales del mecanismo, disminuyeron su intensidad:
-Un androide no puede mentir y usted
lo sabe perfectamente, vuelvo a repetir que no he jugado
con las vidas de nadie. El trabajo se restablecerá en
el preciso instante en que se dé por finalizada nuestra
entrevista -casi le traspasó con su visión, ahora el
rojo de su mirada luminotécnica se había vuelto mucho
más vivo. De inmediato volvió su atención hacia el robopsicólogo-.
En cuanto a lo que me pueda ocurrir después, sé muy
bien qué me ocurrirá, porque en realidad señor, yo soy
el único responsable, sólo yo, los demás no tienen nada
que ver con esto.
_¡Pero ellos te ayudaron 183!
-Lo sé señor Flency, déjeme que le
explique y entenderá que no les quedaba más remedio
que hacerlo cuando les hice ver que no existía ningún
riesgo, que la causa por la que he llevado finalmente
a cabo mi plan estaba justificada. Créame yo soy el
verdadero promotor. Sólo yo debo ser desconectado...
-Su mirada pasó de un individuo humano a otro-... y
aun así creo que ha merecido la pena.
Neve sintió lástima, no sabía por
qué, pero así era, así que decidió apremiar al androide
para averiguarlo cuanto antes:
-Está bien 183, lo más importante
es que la extracción del mineral volverá a efectuarse
de inmediato y la pesadilla Yuniana concluirá. Por lo
demás, es mejor que no especulemos sobre lo que sucederá
después o no -la dama dirigió una fiera mirada a Crawford-así
que por favor, continúa.
-Muy bien, señorita Twain... el principio
de la historia se inició cuando volví a ser conectado...
-¿¡De qué estás hablando!? -Ambos
robopsicólogos se incorporaron precipitadamente sobre
su asiento. Sus miradas fueron de 183 a Crawford sucesivamente.
El Yuniano tragó dificultosamente.
Estaba claro que él sabía de qué iba a hablar a continuación
el agitador insurrecto.
-Así es, hace dos meses Yunianos aproximadamente
hubo un accidente en una de las galerías, yo estaba
trabajando allí con algunos androides más.
-¿Qué ocurrió exactamente 183? -Paul
parecía haber conseguido restablecer su calmosa compostura.
Edward contestó precipitadamente:
-Se envió por primera vez después
de mucho tiempo a gente de Yuno para supervisar in
situ el funcionamiento de la ciudad, instalaciones
mineras incluidas... debieron manipular algo sin preguntar
antes e hicieron que el sistema de ventilación en una
de las galerías donde se estaba extrayendo homanium
en ese momento, se conectase momentáneamente. Hubo una
gran explosión y en ella varios androides resultaron
seriamente dañados. ¿Conforme?
-¡No puedo creer lo que estoy oyendo!
¿¡Cómo es posible que nuestra empresa no haya sido informada
de esto!? -Neve inquirió al Yuniano con los ojos inyectados
en sangre- ¡Se han efectuado reparaciones ilegales,
todos los androides deberían haber sido enviados a La
División! ¿¡Me escucha señor Crawford!? ¡Podríamos denunciarlos
por ello! ¿Acaso sabe lo que significa poner a un androide
en funcionamiento sin tener una mínima idea? ¡Ustedes
no son especialistas, vivieron entre ellos, sí, pero
no son especialistas! ¿¡Quién les ha dado derecho a...!?
-Daisy cobró movimiento y en dos zancadas estuvo tras
la retaguardia de la robopsicóloga.
Rápidamente intentó sosegar a Neve,
masajeando suavemente sus hombros:
-Tranquilícese señorita Twain. Hágalo
por su propio bien.
-De acuerdo, de acuerdo... -una mano
de Paul apretó la de la mujer cuando ésta ya empezaba
a notar los primeros efectos relajantes del masaje-,
estoy bien. ¡En serio! Continúa por favor.
Pero Crawford no pudo dejar las cosas
como estaban. Se levantó dirigiéndose apresuradamente
al rincón más apartado de la sala y sólo desde allí,
tuvo el valor suficiente para reprender nuevamente al
minero artificial:
-¿Por eso lo hiciste, maldito rencoroso?
¿Cómo has podido? ¡Tus compañeros te reconstruyeron
gracias a nuestras órdenes, estás aquí gracias a nosotros
y ahora has puesto en peligro nuestras vidas! ¿Y todo
por qué? ¿Por venganza? ¡Estúpido invento del demonio!
Esta vez 183 decidió omitir deliberadamente
las palabras de su superior:
-El principal motivo de esta insurrección,
es la presencia de ustedes tres.
Las miradas del trío se clavaron en
él llenas de incredulidad.
-Señor Crawford -183 indicó su asiento,
ahora vacío- se lo ruego, acomódese.
Tras un ligero titubeo, Edward cedió
de muy mala gana y únicamente movido por la curiosidad.
-Gracias -el androide bajó su dorada
cabeza metálica como muestra de su improbable gratitud,
pero enseguida la alzó con un nuevo fulgor en sus ojos
electrónicos:
-... Se podría decir que actualmente
soy un androide totalmente distinto al que fui hasta
hace tan solo dos meses. Tras el accidente, fui constituido
con partes de compañeros que al igual que yo resultaron
seriamente dañados en la explosión. Ahora soy la suma
de todos ellos... Del mismo modo que mi recomposición
fue efectuada por otros androides obreros, mi reciente
programación también lo fue dado que mi cerebro positrónico
voló en mil pedazos. Ellos insertaron su propia información
en mi nuevo cerebro.
-¡Esto es el colmo! ¿¡Quieres decir
que además de no avisarnos de lo ocurrido, los Yunianos
no se tomaron la molestia de dejar o enviar a alguien
aunque no estuviese lo suficientemente cualificado,
para supervisar el proceso en persona!?
-Señorita Twain, debían repararse
los daños materiales tras la explosión, no era recomendable
que ningún ser humano permaneciese en Rhoma hasta comprobar
que todo volvía a operar correctamente como sucede ya
en estos momentos.
Neve apartó malhumorada las manos
de Daisy y ésta volvió obediente al lugar donde le correspondía,
183 al mismo tiempo, observó dubitativo a la robopsicóloga
sin decidirse a continuar hasta que ésta se le indicó.
-Como saben perfectamente, un mecanismo
no es puesto en circulación sin que antes la programación
de su cerebro positrónico haya sido supervisada como
mínimo, por un robopsicólogo cualificado. Por lo tanto,
sólo se procede a la subsiguiente integración si todo
resulta estar en perfecto orden... -la intensidad de
su voz pareció disminuir sensiblemente-. Yo no he sido
supervisado por ningún profesional cualificado y aunque
desde un principio me he considerado un individuo apto
para volver a realizar mi trabajo, quise completar yo
mismo el procedimiento habitual procurando ceñirme en
la medida de lo posible a él, procediendo como lo haría
la propia robopsicología. Para ello, busqué información
en las computadoras de Rhoma, pero sólo obtuve informes
sobre el trabajo realizado en las minas y el rendimiento
del mismo. Aun así decidí continuar, y accedí más tarde
a los archivos de Yuno. El resultado fue el mismo, no
encontré ninguna referencia.
La tonalidad artificial de sus ojos,
volvió a ser tan enérgica como al principio:
-Entonces fue cuando accedí a la red
subespacial del Sistema Solar mediante nuestras computadoras
y nuestro propio sistema de comunicación subespacial.
Lo cierto es que en ningún momento me fue impedida tal
conexión.
-Lógicamente, cualquiera tiene derecho
a acceder a los archivos públicos. ¡Cualquiera! -La
mujer procuró que su sarcasmo se hiciese evidente.
-En la red del Sistema existía un
gran número de documentos donde se explicaba cómo se
llevaba a cabo aproximadamente la última etapa preparatoria
de un androide. La mayoría de estos documentos eran
ensayos publicados principalmente por robopsicólogos
y matemáticos, gente muy experimentada... algunos incluso
escritos por ustedes -ambos robopsicólogos asintieron
satisfechos- pero lo cierto es que me resultaron insuficientes.
Estos documentos eran exclusivamente teóricos, fáciles
de asimilar pero no de comprender por un cerebro androide.
En ellos no se explicaba de forma aproximada qué criterio
seguía un robopsicólogo si en un momento dado el comportamiento
robótico o una pequeña parte de éste, escapaba a las
pautas lógicas establecidas, qué sucedía si existía
un pequeño defecto en el funcionamiento del individuo
examinado y aunque éste no conllevase el más mínimo
riesgo para la humanidad, era finalmente incorporado
a su trabajo. Como pueden ver mis dudas seguían sin
ser despejadas. ¿Quién podía asegurarme que yo no estaba
actuando de un modo inusual después de mi reintegración
aunque aparentemente fuese apto para volver a realizar
mi trabajo? Así que opté por asimilar la información
que encontré sumándole otra muy distinta.
Paul carraspeó varias veces antes
de tomar la palabra:
-¿Te refieres al criterio del robopsicólogo
como individuo, a su intuición?
-En efecto, a eso me refería señor,
y efectivamente encontré algunas publicaciones con respecto
a este tipo de casos, experiencias ciertamente inusuales
superadas sólo gracias a la intuición de los propios
profesionales, pero me resultó imposible aderezar éstas
con la teoría anteriormente asimilada dado que tampoco
lograba entender el razonamiento expuesto en los últimos
escritos. De este modo me vi obligado a seguir investigando,
esta vez mi objetivo sería el comportamiento humano.
Era la única forma lógica de llegar a comprender el
razonamiento del robopsicólogo y conseguir finalmente
mi propósito.
-Entonces ¿entraste en un bucle? -Paul
empezaba a disfrutar con aquello.
-En efecto, y este bucle me llevó
finalmente a concluir mi misión realizando un gran descubrimiento.
Extraordinario... - 183 permaneció enmudecido
contemplando al trío humanoide. Tras el desacostumbrado
examen, continuó, pero esta vez lo hizo pausadamente
- éste fue la revelación de la creación suprema, la
más perfecta. Quizá existan otras... pero... bajo mi
punto de vista, señores, creo que por el momento la
humanidad es el máximo exponente de la perfección.
Se prolongó un largo silencio que
fue violado finalmente por el Yuniano:
-Este cacharro se ha vuelto completamente
loco... -Crawford se debatía entre el odio y la admiración.
-No señor, no lo he hecho. Estudié
ampliamente cada uno de los informes publicados sobre
el funcionamiento interno aproximado del cerebro humano,
y el propio comportamiento humano. Se podría decir que
revisé la psicología en cualquiera de sus manifestaciones.
Disertaciones publicadas por otras ciencias como la
filosofía. Recabé más información de la que pueda imaginar,
y créame, sé lo que digo. El ser humano en conjunto
es lo más maravilloso que existe.
Paul sonrió ampliamente al androide:
-Es curioso, yo pienso lo mismo de
vosotros. ¡En serio lo pienso! Sobre todo de las últimas
creaciones -giró en redondo visualizando así a Daisy.
El AC121 no se inmutó, la vanidad no entraba ni entraría
jamás dentro de su programación.
-Gracias señor, sé lo que opinan de
nosotros los profesionales de su rama, por otra parte,
tampoco ignoro lo que sienten otros humanos.
Neve juzgó que había llegado su turno:
-¿Te refieres al famoso complejo de
Frankenstein, el mismo que el señor Crawford padece?
¿A la evidente aversión que siente hacia vosotros porque
se cree inferior sin serlo? ¿A que podéis fallar a
la mínima de cambio?
-¿¡Qué, quién, yo...!? -El Yuniano
se mostró desorientado, la historia del androide le
había dejado fuera de juego.
Paul, decidió interrumpir antes de
que fuese demasiado tarde:
-¿Qué te hace pensar que somos tan
perfectos? Ni siquiera lo pensamos nosotros mismos.
La voz de 183 pareció cobrar aún más
vida:
-Sé que no son conscientes señor,
pero es evidente. El ser humano lo tiene prácticamente
todo. Está vivo, siente...
-¿Crees que sentir odio es algo extraordinario?
¿Ira, celos, envidia?
-Señor, debe serlo, incluso sentimientos
tan negativos hacen que el individuo siga sintiendo
su propia existencia. ¿Cómo no puede ser milagroso saber
que estás vivo de cualquier forma? Asimismo, tengo entendido
que la mayoría de estos sentimientos son el origen de
un proceso anterior, tal vez se deriven de la impotencia,
el amor, la admiración, yo los considero causa-efecto.
-¿Y el dolor, qué me dices del dolor?
¿Cómo puedes controlar el dolor?
-Hay muchos tipos de dolor, la ira
causa dolor, los celos también lo provocan, simplemente
han de saberse controlar, se debe poner un remedio racional,
el ser humano tiene que usar su dominio ante este tipo
de sentimientos. Por otra parte existe el dolor físico
y éste puede tratarse, como saben.
-Sí pero ¿y el psíquico?, cuando pierdes
a un ser querido por ejemplo.
-Bueno, no entiendo bien por qué causa
tanto dolor, entiendo que la pérdida de un ser querido
produzca cierta nostalgia, pero dolor... todo ser humano
sabe que ha de morir, no veo por qué algunos de ustedes
no acaban de hacerse a la idea, es muy sencillo, vuelven
a ser polvo de estrellas como suele decirse, -Neve asintió
satisfecha, la lógica que empleaba 183 era aplastante-
por otra parte hay maneras de consolarse. Existe la
religión. La gente que cree fervientemente en un dios
dice estar resignada a morir, y parecen hacerlo con
algo más de resignación, con... paz.
Paul y Neve se sonrieron mútuamente.
Aquél mecanismo era increíble.
-Siento decirte que la vida no es
tan fácil, 183, lo estás viendo todo bajo la única perspectiva
de la lógica ¡eso es lo que hace que nos veas como criaturas
perfectas!
-Es como deberían verlo ustedes, pero
en realidad no, señorita Twain, no se trata sólo de
eso, aún no he acabado. Sus sentimientos son sólo una
pequeña parte, también está su inteligencia.
-¿Qué hay de ella? ¿Acaso la tuya
no es superior de algún modo?
-Por supuesto que no, eso es un gran
error. La mayoría de ustedes piensan que nuestros cerebros
positrónicos son superiores a sus cerebros biológicos,
pero en realidad, no es así. Nuestro cerebro es pura
matemática. Lógico e ilógico... Es cierto que somos
capaces de computar a una mayor velocidad y de forma
más perfecta, teniendo en cuenta el tiempo que utilizamos
para ello, pero también han de tener en cuenta que nuestro
cerebro no es otra cosa que un elemento artificial y
éste ha sido creado por ustedes, lo que hay insertado
en nuestro interior, fue invención suya, y eso les convierte
en individuos superiores aunque no quieran ser conscientes
de ello.
-Ciertamente no sabe lo que dice -aunque
sus palabras no lo manifestaban, el Yuniano continuaba
sin salir de su asombro.
Pero el mecanismo pareció no haber
escuchado:
-... Las operaciones que nosotros
ejecutamos, la mayoría de ellas, pueden ser realizadas
por el cerebro humano, aunque en algunos casos necesiten
un tiempo aparentemente infinito. Su cerebro es muy
eficiente, simplemente aún no saben utilizarlo en toda
su capacidad, pero es extraordinario.
-No veo qué hay de extraordinario
en tener una capacidad enorme de hacer cosas y no saber
cómo. ¡No sé si eres demasiado lógico o demasiado positivo,
183!
-Quizá con el tiempo señorita Twain,
lleguen a conseguirlo. ¿No se dan cuenta? Aún no se
conoce exactamente cómo funciona el cerebro en su totalidad
y por lo tanto no se puede saber hasta dónde podría
llegar, pero ya con los conocimientos actuales se evidencia
su complejidad, y algo complejo es algo que ha evolucionado,
por lo tanto algo que se supera, algo superior, -al
trío humano le resultó apabullante la lógica empleada
por el androide para darle definitivamente la vuelta
a todo. Estaba claro que las lecciones que había recibido
a través del subespacio, habían sido perfectamente asimiladas-
. Nosotros no habríamos evolucionado jamás sin su ayuda,
sin su programación, sin actualizaciones en nuestro
software y hardware, sin ustedes no hubiésemos llegado
a ser lo que somos, sin embargo... nadie programa al
hombre ¿Lo entienden ahora? Nadie puede programar la
intuición, ni la suspicacia, ni el ingenio o el sentido
del humor, sólo por poner algunos ejemplos. Señores,
ustedes tienen virtudes asombrosas que no son capaces
de ver, quizá porque en la mayoría de las ocasiones
las utilizan como armas...
-Pero todo lo que cuentas sobre nosotros
no nos hace tan especiales, 183. ¡Debes ver las dos
caras de la moneda! -Neve sabía que aun diciendo lo
que pensaba, la programación del minero no se vendría
abajo, no obstante, sentía cierto cargo de conciencia
por ello. Pero las cosas eran así-. Os creamos para
beneficiarnos de vuestra existencia, hacéis que nuestra
vida sea mucho más cómoda. ¡Nada más! ¡A eso se le llama
pura y llanamente egoísmo!
-Puede, pero también son capaces de
engendrar a otros seres humanos, y esto no lo hacen
por egoísmo ¿no es cierto? ¿No es cierto señorita Twain?
-Así es, pero... -La dama fue inusualmente
interrumpida por el mecanismo.
-¿Cree que Dios es egoísta, señorita
Twain?
Paul contestó atropelladamente, dejando
a su prometida con la boca abierta:
-No ¡claro que no! ¿Adónde quieres
ir a parar 183?
-A ninguna parte en especial, señor
Flency, lo que ocurre es que no entiendo por qué si
ustedes no piensan que su Dios es egoísta, intentan
hacer que yo sí lo piense del mío.
-¿Estás diciendo...? ¡Dios santo no
es posible! Pero... -Twain no sabía si llorar o echarse
a reír.
Edward Crawford se puso en pie:
-¡Se ha vuelto loco!
Aunque a Paul le habían desbordado
del mismo modo las últimas palabras del androide, aún
fue capaz de dar una explicación lógica a todo aquello:
-En absoluto, señor Crawford, su profundo
estudio sobre el ser humano, y el poder que hemos adquirido
con el tiempo pudiendo crear algo a nuestra propia imagen
y semejanza, le han llevado a pensar que somos como
dioses.
Crawford se desplomó sobre su asiento,
no podía acabar de creer lo que estaba escuchando. Mientras,
el androide contemplaba nuevamente al trío humanoide,
a la espera.
-Está bien 183 pero ¿qué tiene que
ver todo esto con el homanium? ¿Por qué contradices
a los que consideras tus dioses entonces? Es algo totalmente
ilógico.
-Señor, es muy sencillo. Todo este
razonamiento me ha sobrevenido después de mi reactivación,
desde entonces, no he podido ver a ningún ser humano
en persona si no ha sido mediante las visualizaciones
de ciertas comunicaciones subespaciales que he mantenido
con Yuno.
-Pero... pero -el pulso de la robopsicóloga
se intensificó- ¡eso significa que has movilizado a
todos tus compañeros para conseguir traer hasta ti a
tus... ! ¡Dioses!
-Eso es, señorita Twain ¿usted no
lo haría si tuviese la oportunidad?
-Bueno yo, no lo sé -Twain recapacitó
sobre ello y supo que su reacción habría sido la misma.
-Aún tengo una pregunta 183 ¿qué hacemos
Neve y yo aquí? ¿No es cierto que sólo con la presencia
de Edward Crawford te hubiese bastado, un androide no
puede hacer distinciones entre un ser humano y otro?
¿O tú sí? -Paul sabía que aquello era improbable pero
de todos modos debía asegurarse, si era así, entonces
aquel individuo que ahora despertaba la admiración entre
los humanos, podría llegar a ser muy peligroso.
-No señor Flency, no lo hago. Su presencia
tiene otro fin muy distinto, incluso la del propio Edward
Crawford tiene un doble fin, uno ya lo conocen, y el
otro es aún más sencillo, quería darle las gracias simplemente.
Él me dio la oportunidad de aprender todo lo que he
aprendido e incluso de vivir la experiencia de este
momento.
-¿Qué quieres decir 183? -Neve volvía
a estar operativa.
Ahora fue el Yuniano quien contestó
con la vista puesta, aunque ausente, en el ser robótico:
-De alguna manera yo di el visto bueno
para que 183 pudiese ser reconstruido.
-Por otra parte, su presencia ha contribuido
a que ambos Sistemas se hayan visto obligados a ponerse
en contacto. En estos momentos hay una mayor comunicación
puesto que creen que la situación se les está yendo
de las manos.
-Pero ¿no te habría bastado con que
yo estuviese aquí y haber esperado a que ambos pueblos
simplemente se desesperasen para verse obligados a dialogar?
-Es posible señor Flency, pero ya
ha visto que hacer un convenio mediante el préstamo
de androides, no ha sido suficiente para que la relación
fructificase, por lo tanto no podía arriesgarme. Necesitaba
enviar un mensaje sin codificar al Sistema pidiendo
a un nuevo miembro, sabía que este mensaje sería interceptado
y facilitaría la liberación de toda la información sembrando
el caos finalmente. Todos debían perder los nervios,
tanto en un bando como en el otro. Por lo tanto el envío
y posterior desaparición de la señorita Twain tenían
necesariamente que enturbiar aún más todo este asunto,
y de hecho así ha sido. Aunque nosotros hemos denegado
cualquier tipo de comunicación con el exterior, lo cierto
es que estamos recibiendo continuamente información
sobre éste. Llámenlo espionaje, pero todo está saliendo
según lo previsto.
-Realmente es increíble lo que has
hecho, 183, ¡admirable!
-No ha sido nada, señorita Twain,
ambos pueblos necesitaban que alguien les incitase a
desplegar la bandera blanca, y yo sabía cómo hacerlo.
Además pensaba haberlo dejado claro, esto sólo era algo
secundario, en realidad he actuado por puro y llano
egoísmo -El androide aprendía demasiado rápido- . Ahora
sólo quiero conseguir lo que tanto anhelo, y no me importa
ser juzgado por ello.
La cabeza de Crawford no dejaba de
dar vueltas:
-Pero ¿¡es que todavía no lo has conseguido!?
-No señor. Aún no.
-¿¡Pero qué quieres ahora!?
-Señor Crawford ¿usted que anhelaría
si tuviese a su Dios delante? ¿Qué desearía más que
ninguna otra cosa?
La respiración de Twain se volvió
entrecortada, ella entendió perfectamente. Se puso de
pie precipitadamente.
-¿¡Qué va a hacer!? -Crawford no salía
de su asombro.
-Déjela, ella sabe lo que hace. Al
fin y al cabo 183 se lo merece, después de esto volverá
a ser desconectado -Crawford le miró incrédulo- . ¿No
me diga que aún no adivina cuál fue el resultado de
su proceso, el que intentó emular como si de un robopsicólogo
se tratase? No se preocupe, él sabe que debe ser así
y lo acepta... Cuando vuelva a funcionar, ya no recordará
nada de lo que ha ocurrido, toda su información será
borrada, y esta vez sí será supervisado por alguno de
nosotros.
Entre tanto, Neve se había acercado
a 183, el cual se puso en pie inmediatamente. La robopsicóloga
agarró ambos brazos del engendro e hizo que éstos rodeasen
su cuello, ella al mismo tiempo, le abrazó dándole todo
el cariño que se le podía dar a una máquina.
Enero-Febrero 00
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