Contacta con NGC3660
 

La máxima perfección Más sobre Pily B.

-¿¡Alguien más!? ¿¡Estás completamente seguro!? -El director de aquella empresa limpió por enésima vez en las últimas horas, el sudor de su pálida frente.

El otro despejó la suya en un acto reflejo, pero su negro cabello ligeramente ondulado insistió en volver al mismo lugar.

Finalmente tomó asiento sin apartar la vista de su superior:

-Sí, Knot. El nuevo mensaje subespacial enviado por el portavoz robótico ha dejado bien claro que debemos enviar a otro más, quieren un nuevo robopsicólogo para que interceda en la inusual contienda. De lo contrario esta especie de estúpida huelga se prolongará, y como ya sabemos continuará poniendo en peligro el bienestar de las gentes de Yuno. Todo depende ahora de nosotros.

-Pero, no podemos... ¿¡Maldita sea, cómo es posible!?

El recién llegado observó al director de aquella empresa percibiendo una pequeña punzada de tristeza. Los cabellos del hombre comenzaban a encanecerse de forma demasiado evidente.

Knot continuó ajeno al raudo examen del otro:

-¿Qué está ocurriendo, Dak? ¿Desde cuándo un puñado de androides ¡nuestros propios androides, por Dios!, toman el control? ¿Y desde cuándo no cumplen con su palabra? Se suponía que cuando llegase nuestro primer robopsicólogo a Rhoma, ambos, humano y máquinas, estudiarían el conflicto y tomarían una decisión equitativa para todos ¡y no ha sido así...! ¿ Por qué confiar en ellos entonces?

El joven, haciendo acopio de toda su paciencia, aguardó únicamente a que su padre se calmara, y mientras éste lo hacía, Dak por primera vez fue consciente de la notable pérdida de peso del otro. Verdaderamente estaba sufriendo en demasía durante los últimos días... Ahora ya no parecían idénticos. Su padre ya no era todo lo alto y atlético que había sido en un pasado. Su mirada, había perdido esa soberbia que siempre la hizo resultar peligrosa, incluso el verde de ésta parecía haber palidecido. Aunque todo esto naturalmente no había ocurrido en cuestión de días...

A pesar de la expresión pesarosa en el semblante de su hijo, la mente de Knot continuó como su propio nombre muy bien indicaba, hecha un lío:

-¿Por qué debemos transigir, dime, acaso sabemos qué le ha sucedido al primer operario, al que enviaron los propios Yunianos? ¿Y a nuestro robopsicólogo? ¡No sabemos si aún sigue vivo, si ambos siguen vivos! ¡No...!

El joven subdirector decidió cortar por lo sano:

-Cálmate ¿quieres? Lo sé. Sé todo. ¡No necesito que me pongas al corriente, yo también estoy metido en esto...!Trabajamos en la misma empresa ¿recuerdas?

Pero lo que Dak sí hizo sin la ayuda de Knot, fue recordar cómo comenzó todo.

... El planeta Yuno se encontraba en un Sistema Solar vecino al propio sistema Solar "terrestre". Éste había sido habitado por un nutrido grupo de antiguos "Solares" inconformistas que emigraron dispuestos a crear lejos del Sol y sus planetas pupilos, una nueva raza independiente...

Pero su independencia terminó cuando en el subsuelo de Rhoma, uno de los principales satélites naturales de Yuno, fue hallada una insólita variedad de mineral metálico con propiedades de mineral energético capaz de generar el doble de calorías que el propio carbón común... Esto significaba un importante hallazgo extremadamente económico y rentable, un verdadero tesoro... Pero existía un inconveniente, el Homanium, como se denominó al aparente mineral, se encontraba rodeado en los lugares próximos a su ubicación por un gas igualmente desconocido que explosionaba al entrar en contacto con el aire que se respiraba en las instalaciones improvisadas para la extracción.

... Este hecho significó el fin de su independencia, pero debían ser consecuentes. Había llegado el momento de dialogar con el gobierno del Sistema para que éstos, les arrendaran de forma inmediata algunos de los androides que se empeñaban en no vender. El homanium era demasiado valioso, pero también sus vidas... y los engendros eran lo únicos que podían trabajar sin necesidad de oxígeno.

 

La población del satélite, fue de este modo constituida íntegramente por hombres mecánicos que trabajaban incesantemente en la extracción del mineral y en la construcción de una pequeña ciudad donde se albergaría la futura ciudad minera.

Pero un buen día, sin previo aviso y sin un fallo aparente en las instalaciones, se detuvo el trabajo al mismo tiempo que las comunicaciones fueron bloqueadas. Las minas y yacimientos existentes en la superficie del propio planeta, administradas a esas alturas por androides del mismo tipo, también se paralizaron y no hubo forma de hacerles volver a sus respectivas ocupaciones.

Se envió entonces a Rhoma, a un único portavoz, y éste debió ser engullido por el satélite y sus propios habitantes, puesto que no hubo cambios.

Los Yunianos tuvieron miedo de tomar una nueva decisión errónea, así que se vieron obligados a poner al corriente a "La Diseño y División de Androides Terrestres". Sus queridas obras habían cometido presuntamente tres delitos, sublevación, secuestro y muy posiblemente asesinato...

La DDAT tomó medidas enviando al robopsicólogo Paul Flency a Rhoma, origen del conflicto, y todo se complicó aún más...

En cuanto hubo entrado en la órbita de Rhoma el robopsicólogo no volvió a dar señales de vida, exactamente igual que había sucedido con el Yuniano.

Precisamente cuando "La División" estaba empezando a pensar en tomar las subsiguientes medidas drásticas, recibieron un mensaje del portavoz AO183. Este mensaje de algún modo personalizado, fue enviado al subdirector de aquella empresa  y poco después fue cuando Dak, el mismo a quien se remitió, entró en el despacho de su padre.

-Y dime... ¿¡El mensaje, lo... te lo enviaron sin codificar!?

Dak respiró profundamente preparándose para el próximo estallido:

-Así ha sido, pero...

-¡Dios santo, lo sabía! ¡La información volará de un rincón a otro del Sistema, incluso a través de la red, lo han hecho para vengarse de sus propios creadores! ¡Ahora todo el Sistema sabrá lo que está ocurriendo sin habernos dado la oportunidad de explicarnos antes! ¡Los propios Yunianos sabrán que la situación está definitivamente fuera de control desde que enviamos a Flency, que no hemos avanzado! -Su voz fue convirtiéndose en un chirrido estridente-. Esta situación acabará con nosotros, ¡estamos perdidos! Seremos el hazmerreír del Sistema.

Knot pensó que ahora sí les vendría bien el apelativo que el resto de las empresas del Sistema Solar utilizaban cuando se referían a la, hasta ahora más poderosa, empresa del sector: Parodia Humana.

-¿Qué haremos, Dak?

-Enviar a alguien como nos ha pedido nuestra querida creación.

-¡Pero eso es imposible...! ¿Qué derecho tenemos a enviar a alguien más a una muerte segura? No podemos hacer eso, va en contra de cualquier principio. ¡Debemos encontrar otra solución!

-Escucha, podemos y lo haremos.

-Pero...

-He pensado en enviar a Neve -Su tono de voz se vio sospechosamente alterado-. Me tomé la libertad de hablar con ella antes de venir a tu despacho, nada más recibir el mensaje. Está dispuesta. Al fin y al cabo... -mordió su labio inferior intentando disimular el nuevo cambio en la entonación de sus palabras -... Paul es su compañero y amigo.

La expresión de Knot se volvió ceñuda al mismo tiempo que sus nervios se esfumaban casi por completo. Contempló a su pupilo en silencio durante unos instantes, su propia imagen frente a él. No pudo dar crédito a lo que acababa de oír.

Hacía tiempo que pensaba que aquella "historia de histeria" había concluido.

-¿¡Neve!? ¿Te refieres a Neve, la...?

-¡Sabes muy bien a quién me refiero! Neve, nuestra robopsicóloga.

Knot volvió a guardar silencio cada vez más perplejo. Recordó a la belleza de color con la cabeza totalmente rasurada... Neve Twain, era una de las pocas robopsicólogas de aquella empresa y también la única mujer que había osado rechazar a Dak Loestone cuando éste le pidió que se uniera a él. Aquello había sido un duro golpe que Dak, en un principio, no había estado dispuesto a superar. Por ello intentó hacerla la vida imposible esperando que ésta, harta, se marchase de la empresa, pero Knot impidió finalmente que la sangre llegase al río. Y con el tiempo incluso logró que enterrasen el hacha de guerra...

-Ella es una de las mejores, y, bueno, digamos que está encantada.

-Dak -la expresión de su rostro estaba dando paso al pesimismo-, sólo espero que estés seguro de lo que haces, ¡de lo que vamos a hacer! Espero que seas consciente de que la decisión que has tomado es la más adecuada. Si fallas... Si fallamos será el fin.

El subdirector de la DDAT comprendió al instante:

-Demasiadas personas quieren vernos muertos laboralmente hablando...

-Eso es, pero eso no es lo más importante. Si fracasamos podría ser el fin de nuestras relaciones, perderíamos de una vez por todas el contacto con nuestros semejantes en Yuno. Los androides de la DDAT son el nexo entre ambos pueblos.

-Lo sé, créeme, y aun así sigo pensando que no hay motivos para perder los nervios, podemos solucionarlo. Fuimos nosotros quienes pusimos fin al obstinado aislamiento de los Yunianos, y ahora solventaremos nuevamente el problema.

A Knot no le sorprendió que su hijo, de algún modo, acabase de darle la vuelta a la tortilla, sabía perfectamente por qué lo hacía, únicamente intentaba insuflar un poco de confianza en el castigado corazón de su padre, aun así, él no podía consentir que Dak glorificase a la empresa manipulando de esa forma la información.  La División, no era una empresa de DIOSES.

-Nosotros únicamente nos limitamos a obedecer administrando lo que se nos pidió. Nada más. Fueron los Yunianos quienes solicitaron la ayuda que finalmente les proporcionó el gobierno de nuestro Sistema. El resto de los acontecimientos se sucedieron sólo como consecuencia de las necesidades Yunianas -Knot trató de no calcular los beneficios que el pueblo Yuniano les había proporcionado adquiriendo los derechos de arrendamiento de tantos obreros como habían necesitado. Prefirió pensar que su negocio, y la posterior contratación del escaso soporte técnico, habían contribuido a que ambos Sistemas se mantuviesen de algún modo unidos- ... Pero ahora son ellos el problema, ¡nuestras propias creaciones! Al menos los Yunianos lo ven de ese modo ¿¡lo entiendes, Dak!?

-¡Por supuesto que lo entiendo, y vuelvo a repetírtelo, confía en mí, sé lo que hago!

El anciano sonrió tristemente a su "cachorro", comprendiendo finalmente que no tenía otra opción.

-¿Entonces, cuándo se pondrá en marcha?

-Bueno, verás... -Dak miró extrañamente excitado su cinta temporal- eh, ella, ha debido salir hace escasos minutos. Ya debe estar fuera de la órbita terrestre rumbo a Rhoma.

Al contrario de lo que el joven subdirector había pensado que sucedería, el viejo, simplemente soltó una estrepitosa carcajada.

 

 

***

 

 

Neve no podía creer que el resto de sus compañeros llegase a pensar, ni por un momento, que las cosas en realidad eran como aparentaban ser. El comportamiento de los "AO" ¡estaba regido por las leyes de la robótica!, por ello un androide jamás desobedecería a un ser humano y mucho menos si la actuación conllevaba cierto riesgo para la vida de éste. Asimismo, aunque aparentemente el comportamiento de los androides no tuviese ninguna lógica, el sentido común le decía a Twain que todos, absolutamente todos los androides, no podían estar fallando.

«Está claro que la situación va a resultar muy, pero que muy reveladora»

Una expresión de suspicacia se abrió paso en el, hasta ese momento, dulce rostro de la mujer negra.

La experiencia se lo había demostrado en más de una ocasión, lo más probable es que el resultado final fuese un nuevo ridículo en el Currículum Vitae del ser humano. Estaba convencida de ello. Pero...

-¿¡... cómo es posible que no lo vean!? -La mujer se sobresaltó al escucharse a sí misma.

El androide femenino la observó a su vez. Daisy, que así se llamaba el AC121 o androide de compañía, había estado observando desde el momento en que estuvieron en la abovedada ciudad, todo cuanto entró en su campo de visión. Ahora se hallaban a bordo de un aerocoche recorriendo de lado a lado la totalidad del terreno urbanizado dentro del conflictivo satélite.

-¿Cómo dice? -Su voz no resultó para nada "electrizante".

-Olvídalo, pensaba en alto.

Ahora Neve estudió atentamente a la mujer biónica, para desviar más tarde su atención hacia los dos androides obreros que les habían asignado en tanto cubrían la distancia desde la nave al lugar donde se entrevistarían con 183.

Su examen reveló lo que ya sabía. Ambos modelos eran muy distintos...

La DDAT había seguido un criterio harto riguroso a la hora de fabricar engendros; la apariencia de éstos iba siempre en función del trabajo desempeñado. Era ilógico emplear importantes sumas de dinero en "poner bello" a un mecanismo como era un "AO", que trabajaría bajo tierra y prácticamente no influiría en la psique de nadie. El caso de los "AC" era muy distinto, se trataba de modelos urbanitas que convivían día y noche con humanos de todas las edades y por supuesto con sus constantes cambios de estado anímico. Por ello su aspecto físico, programación "protocolaria", e incluso algo tan pueril como podía ser su tono de voz, resultaban de extrema importancia.

Por lo tanto Daisy era una mujer de pies a cabeza. Nadie que no conociese la existencia del último modelo de androidehumano, hubiese sabido que aquella joven de cuerpo escultural y ondulada melena albina, era en realidad una máquina altamente sofisticada. Tanto, que los AO deberían venerarla -Neve se compadeció de las infortunadas parodias-. Éstas se mostraban ante sus ojos tan metálicas como en realidad eran, aunque con un excepcional pulimentado. La textura de su piel dorada siempre resultaba extrañamente suave a la vista, sin embargo, su apariencia continuaba siendo demasiado rudimentaria. Aunque sus formas y medidas eran similares a las del cuerpo humano, aún dejaban mucho que desear...

 

***

 

Neve Twain se cansó rápidamente de ver la misma lúgubre morada en todas direcciones, pero ¿a quién le importaba? El aerocoche finalmente se había detenido ante uno de los edificios clónicos de la inusitada ciudad de metal azul. Éste era tan irritantemente elipsoide como el resto y se hallaba del mismo modo segmentado tanto horizontal como verticalmente.

En su interior, el perpetuo séquito formado por los dos androides obreros, las dejó a solas en una gigantesca estancia sin ningún tipo de explicación, y entonces Neve lo vio. Paul se hallaba allí, esperándola.

Le contempló durante un momento y se sintió realmente orgullosa de él. El físico del joven que le había robado el corazón, en realidad se parecía bastante al de su queridísimo Dak Loestone, pero su temperamento era totalmente opuesto, quizá por ello finalmente terminó siendo su prometida. Sí, su paciencia era su principal virtud y su mayor atractivo... Pero lo que en realidad la importaba ahora era saber cómo se encontraba Paul, y éste parecía estar bien, puesto que su aspecto era muy saludable.

Neve corrió a su encuentro. Cuando finalmente se cansó de abrazarlo, fue consciente de que en realidad había alguien más en la habitación, y el individuo de larga cabellera terrosa, la miraba con cara de pocos amigos: Éste era de corta estatura, aunque su cara revelaba que debía andar por los cincuenta.

Neve se precipitó a estrechar su mano:

-Señor...

-Crawford. Edward Crawford, del planeta Yuno -dudó un instante teniendo en cuenta la presencia de la otra mujer- . Supongo que usted es... es... Neve Twain.

-Así es, robopsicóloga de La Diseño y División de Androides Terrestres, y ella es Daisy, mi androide personal.

Daisy saludó con un ligero movimiento de mano y una pequeña sonrisa.

El Yuniano miró horrorizado al AC121 mientras éste tomaba posiciones, quedándose por último pasmosamente quieto de pie junto a la pared. Decididamente Edward Crawford estaba demasiado acostumbrado a ver únicamente a androides de aspecto robótico. Cuando volvió en sí, omitió la mano de Neve y ésta se sintió verdaderamente ofendida por ello. Aquel sujeto definitivamente no le gustaba un pelo.

Paul comprobó a la sazón, lo que había estado sospechando durante las largas horas de espera junto al áspero individuo. Realmente era intratable, y conociendo el mal genio incontenible de su futura mujer, prefirió prevenir antes que curar. Tomó entre sus manos la hermosa cara de la mujer, pero ésta ya no tuvo el mismo deseo que había tenido de volver a recrearse en la mirada azul de su prometido. Aunque ciertamente lo había echado de menos:

-Me alegro de verte Neve, de veras... y ahora dime ¿cómo te encuentras?

La mujer apartó suavemente las manos de su prometido y miró de reojo al Yuniano, éste tomó asiento ajeno al dúo terrestre, ahora parecía demasiado ensimismado como para prestar atención a la subsecuente "escenita" de amor.

-¡Estoy perfectamente! -Se volvió ceñuda hacia Paul. El nuevo brillo que había en sus ojos reveló que le había pillado en su juego- . ¿Y bien? ¿Qué ha ocurrido? ¿Cómo os han tratado?-  El tono de su voz descubrió finalmente su cambio de humor.

Mientras esperaba una respuesta sin demasiado entusiasmo, fue consciente de que la habitación donde los habían reunido había sido evidentemente improvisada ya que el mobiliario no era otro que cuatro pequeños asientos aparentemente confortables.

-Lo cierto es que no ha ocurrido nada ¡nada de nada! -Neve volvió su pequeña cabeza desprovista de cabello, concediéndole al fin su atención- . Hemos sido muy bien tratados, excepcionalmente, de veras. Desde que llegué no hemos hecho otra cosa que dar vueltas por toda la ciudad, escoltados por un par de nuestros androides.

-¿¡Entonces, no habéis averiguado nada!? ¡Habéis estado aquí simplemente como invitados sin...!

-Cariño, cada vez que he intentado entrevistarme con 183 éste ha denegado mi proposición amablemente a través de otros individuos. En realidad no sabía qué pensar hasta que al fin, el mismo 183, nos informó de tu llegada y la entrevista que mantendríamos posteriormente, cuando tomases tierra.

-¡Al menos tú tuviste más suerte! -el Yuniano volvió repentinamente al mundo de los vivos- Le viste esporádicamente en cuanto aterrizaste, pero yo -regaló una irónica sonrisa a la joven belleza negra-  estuve completamente solo hasta que viniste, nuestro amigo 183 ni siquiera se dignó a darme la bienvenida, ¡el muy...!

Las puertas de la estancia se abrieron dejando entrar a un único individuo robótico, se trataba de 183. Crawford cerró rápidamente la boca.

-Bienvenida señorita Twain, soy 183 -la voz del minero resonó tan metálica como cabía esperar.

-Gracias 183. Me alegro de verte.

-Yo también señorita Twain, y no se imagina cuánto. Señores... -Hizo una pequeña reverencia.

La robopsicóloga intuyó por su actitud, que el androide no iba a andarse por las ramas. No se confundió:

-Tome asiento, por favor -se dirigió también a los dos hombres-. Pónganse cómodos, ha llegado el momento de dar las debidas explicaciones. Si precisan algo no tienen más que decirlo.

El trío obedeció al instante, pero la paz duró muy poco tiempo.

-¿Por qué detuvieron la extracción sin que se lo ordenásemos? ¿Quién les dio permiso para que tomasen esa decisión? ¿Qué ocurre, es que existe algún fallo en las instalaciones, estamos en peligro acaso? ¡Contesta, es una orden!

-Su comportamiento es muy lógico señor Crawford, quizá me haya extralimitando con tanta demora, pero créame, era necesario. Y ahora comencemos cuanto antes, no puedo permitir que padezcan más por un simple capricho.

-¿¡Capricho!? -El trío de voces humanas llegó a producir un extraño eco.

-Sí, bueno de algún modo lo es, pero empecemos desde el principio... En primer lugar he de aclarar que no existe ningún fallo en las instalaciones. Tampoco el funcionamiento de ninguno de nosotros se ha visto invalidado, podemos cumplir perfectamente con nuestro trabajo. Sencillamente detuvimos la extracción del mineral y aún continuamos sin restablecerla porque yo lo he decidido así.

Neve sonrió satisfecha «¡Lo sabía!»

Paul se dirigió al androide como si de un ser humano se tratara:

-Supongo que sabes bien lo que hay en juego, ¿no es así? Tu actuación puede significar la desconexión, tú desconexión, e incluso la del resto de tus compañeros. Espero que tengáis una excelente razón para no ser inmediatamente desmantelados cuando esta entrevista haya finalizado 183. De veras lo espero.

El Yuniano no pudo permanecer por más tiempo con la boca cerrada:

-¡Habéis cometido insubordinación... y rapto! ¡Pagaréis por ello, por haber desobedecido y por jugar con nuestras vidas!

-No estamos jugando con las vidas de nadie, señor. Sabemos muy bien lo que hacemos. Sé muy bien lo que hago.

-¡Embustero!

El color encarnado de las células fotoeléctricas que evidentemente correspondían a los órganos visuales del mecanismo, disminuyeron su intensidad:

-Un androide no puede mentir y usted lo sabe perfectamente, vuelvo a repetir que no he jugado con las vidas de nadie. El trabajo se restablecerá en el preciso instante en que se dé por finalizada nuestra entrevista -casi le traspasó con su visión, ahora el rojo de su mirada luminotécnica se había vuelto mucho más vivo. De inmediato volvió su atención hacia el robopsicólogo-. En cuanto a lo que me pueda ocurrir después, sé muy bien qué me ocurrirá, porque en realidad señor, yo soy el único responsable, sólo yo, los demás no tienen nada que ver con esto.

_¡Pero ellos te ayudaron 183!

-Lo sé señor Flency, déjeme que le explique y entenderá que no les quedaba más remedio que hacerlo cuando les hice ver que no existía ningún riesgo, que la causa por la que he llevado finalmente a cabo mi plan estaba justificada. Créame yo soy el verdadero promotor. Sólo yo debo ser desconectado... -Su mirada pasó de un individuo humano a otro-... y aun así creo que ha merecido la pena.

Neve sintió lástima, no sabía por qué, pero así era, así que decidió apremiar al androide para averiguarlo cuanto antes:

-Está bien 183, lo más importante es que la extracción del mineral volverá a efectuarse de inmediato y la pesadilla Yuniana concluirá. Por lo demás, es mejor que no especulemos sobre lo que sucederá después o no -la dama dirigió una fiera mirada a Crawford-así que por favor, continúa.

-Muy bien, señorita Twain... el principio de la historia se inició cuando volví a ser conectado...

-¿¡De qué estás hablando!? -Ambos robopsicólogos se incorporaron precipitadamente sobre su asiento. Sus miradas fueron de 183 a Crawford sucesivamente.

El Yuniano tragó dificultosamente. Estaba claro que él sabía de qué iba a hablar a continuación el agitador insurrecto.

-Así es, hace dos meses Yunianos aproximadamente hubo un accidente en una de las galerías, yo estaba trabajando allí con algunos androides más.

-¿Qué ocurrió exactamente 183? -Paul parecía haber conseguido restablecer su calmosa compostura.

Edward contestó precipitadamente:

-Se envió por primera vez después de mucho tiempo a gente de Yuno para supervisar in situ el funcionamiento de la ciudad, instalaciones mineras incluidas... debieron manipular algo sin preguntar antes e hicieron que el sistema de ventilación en una de las galerías donde se estaba extrayendo homanium en ese momento, se conectase momentáneamente. Hubo una gran explosión y en ella varios androides resultaron seriamente dañados. ¿Conforme?

-¡No puedo creer lo que estoy oyendo! ¿¡Cómo es posible que nuestra empresa no haya sido informada de esto!? -Neve inquirió al Yuniano con los ojos inyectados en sangre- ¡Se han efectuado reparaciones ilegales, todos los androides deberían haber sido enviados a La División! ¿¡Me escucha señor Crawford!? ¡Podríamos denunciarlos por ello! ¿Acaso sabe lo que significa poner a un androide en funcionamiento sin tener una mínima idea? ¡Ustedes no son especialistas, vivieron entre ellos, sí, pero no son especialistas! ¿¡Quién les ha dado derecho a...!? -Daisy cobró movimiento y en dos zancadas estuvo tras la retaguardia de la robopsicóloga.

Rápidamente intentó sosegar a Neve, masajeando suavemente sus hombros:

-Tranquilícese señorita Twain. Hágalo por su propio bien.

-De acuerdo, de acuerdo... -una mano de Paul apretó la de la mujer cuando ésta ya empezaba a notar los primeros efectos relajantes del masaje-, estoy bien. ¡En serio! Continúa por favor.

Pero Crawford no pudo dejar las cosas como estaban. Se levantó dirigiéndose apresuradamente al rincón más apartado de la sala y sólo desde allí, tuvo el valor suficiente para reprender nuevamente al minero artificial:

-¿Por eso lo hiciste, maldito rencoroso? ¿Cómo has podido? ¡Tus compañeros te reconstruyeron gracias a nuestras órdenes, estás aquí gracias a nosotros y ahora has puesto en peligro nuestras vidas! ¿Y todo por qué? ¿Por venganza? ¡Estúpido invento del demonio!

Esta vez 183 decidió omitir deliberadamente las palabras de su superior:

-El principal motivo de esta insurrección, es la presencia de ustedes tres.

Las miradas del trío se clavaron en él llenas de incredulidad.

-Señor Crawford -183 indicó su asiento, ahora vacío-  se lo ruego, acomódese.

Tras un ligero titubeo, Edward cedió de muy mala gana y únicamente movido por la curiosidad.

-Gracias -el androide bajó su dorada cabeza metálica como muestra de su improbable gratitud, pero enseguida la alzó con un nuevo fulgor en sus ojos electrónicos:

-... Se podría decir que actualmente soy un androide totalmente distinto al que fui hasta hace tan solo dos meses. Tras el accidente, fui constituido con partes de compañeros que al igual que yo resultaron seriamente dañados en la explosión. Ahora soy la suma de todos ellos... Del mismo modo que mi recomposición fue efectuada por otros androides obreros, mi reciente programación también lo fue dado que mi cerebro positrónico voló en mil pedazos. Ellos insertaron su propia información en mi nuevo cerebro.

-¡Esto es el colmo! ¿¡Quieres decir que además de no avisarnos de lo ocurrido, los Yunianos no se tomaron la molestia de dejar o enviar a alguien aunque no estuviese lo suficientemente cualificado, para supervisar el proceso en persona!?

-Señorita Twain, debían repararse los daños materiales tras la explosión, no era recomendable que ningún ser humano permaneciese en Rhoma hasta comprobar que todo volvía a operar correctamente como sucede ya en estos momentos.

Neve apartó malhumorada las manos de Daisy y ésta volvió obediente al lugar donde le correspondía, 183 al mismo tiempo, observó dubitativo a la robopsicóloga sin decidirse a continuar hasta que ésta se le indicó.

-Como saben perfectamente, un mecanismo no es puesto en circulación sin que antes la programación de su cerebro positrónico haya sido supervisada como mínimo, por un robopsicólogo cualificado. Por lo tanto, sólo se procede a la subsiguiente integración si todo resulta estar en perfecto orden... -la intensidad de su voz pareció disminuir sensiblemente-. Yo no he sido supervisado por ningún profesional cualificado y aunque desde un principio me he considerado un individuo apto para volver a realizar mi trabajo, quise completar yo mismo el procedimiento habitual procurando ceñirme en la medida de lo posible a él, procediendo como lo haría la propia robopsicología. Para ello, busqué información en las computadoras de Rhoma, pero sólo obtuve informes sobre el trabajo realizado en las minas y el rendimiento del mismo. Aun así decidí continuar, y accedí más tarde a los archivos de Yuno. El resultado fue el mismo, no encontré ninguna referencia.

La tonalidad artificial de sus ojos, volvió a ser tan enérgica como al principio:

-Entonces fue cuando accedí a la red subespacial del Sistema Solar mediante nuestras computadoras y nuestro propio sistema de comunicación subespacial. Lo cierto es que en ningún momento me fue impedida tal conexión.

-Lógicamente, cualquiera tiene derecho a acceder a los archivos públicos. ¡Cualquiera! -La mujer procuró que su sarcasmo se hiciese evidente.

-En la red del Sistema existía un gran número de documentos donde se explicaba cómo se llevaba a cabo aproximadamente la última etapa preparatoria de un androide. La mayoría de estos documentos eran ensayos publicados principalmente por robopsicólogos y matemáticos, gente muy experimentada... algunos incluso escritos por ustedes -ambos robopsicólogos asintieron satisfechos- pero lo cierto es que me resultaron insuficientes. Estos documentos eran exclusivamente teóricos, fáciles de asimilar pero no de comprender por un cerebro androide. En ellos no se explicaba de forma aproximada qué criterio seguía un robopsicólogo si en un momento dado el comportamiento robótico o una pequeña parte de éste, escapaba a las pautas lógicas establecidas, qué sucedía si existía un pequeño defecto en el funcionamiento del individuo examinado y aunque éste no conllevase el más mínimo riesgo para la humanidad, era finalmente incorporado a su trabajo. Como pueden ver mis dudas seguían sin ser despejadas. ¿Quién podía asegurarme que yo no estaba actuando de un modo inusual después de mi reintegración aunque aparentemente fuese apto para volver a realizar mi trabajo? Así que opté por asimilar la información que encontré sumándole otra muy distinta.

Paul carraspeó varias veces antes de tomar la palabra:

-¿Te refieres al criterio del robopsicólogo como individuo, a su intuición?

-En efecto, a eso me refería señor, y efectivamente encontré algunas publicaciones con respecto a este tipo de casos, experiencias ciertamente inusuales superadas sólo gracias a la intuición de los propios profesionales, pero me resultó imposible aderezar éstas con la teoría anteriormente asimilada dado que tampoco lograba entender el razonamiento expuesto en los últimos escritos. De este modo me vi obligado a seguir investigando, esta vez mi objetivo sería el comportamiento humano. Era la única forma lógica de llegar a comprender el razonamiento del robopsicólogo y conseguir finalmente mi propósito.

-Entonces ¿entraste en un bucle? -Paul empezaba a disfrutar con aquello.

-En efecto, y este bucle me llevó finalmente a concluir mi misión realizando un gran descubrimiento. Extraordinario... -  183 permaneció enmudecido contemplando al trío humanoide. Tras el desacostumbrado examen, continuó, pero esta vez lo hizo pausadamente - éste fue la revelación de la creación suprema, la más perfecta. Quizá existan otras... pero... bajo mi punto de vista, señores, creo que por el momento la humanidad es el máximo exponente de la perfección.

Se prolongó un largo silencio que fue violado finalmente por el Yuniano:

-Este cacharro se ha vuelto completamente loco... -Crawford se debatía entre el odio y la admiración.

-No señor, no lo he hecho. Estudié ampliamente cada uno de los informes publicados sobre el funcionamiento interno aproximado del cerebro humano, y el propio comportamiento humano. Se podría decir que revisé la psicología en cualquiera de sus manifestaciones. Disertaciones publicadas por otras ciencias como la filosofía. Recabé más información de la que pueda imaginar, y créame, sé lo que digo. El ser humano en conjunto es lo más maravilloso que existe.

Paul sonrió ampliamente al androide:

-Es curioso, yo pienso lo mismo de vosotros. ¡En serio lo pienso! Sobre todo de las últimas creaciones -giró en redondo visualizando así a Daisy. El AC121 no se inmutó, la vanidad no entraba ni entraría jamás dentro de su programación.

-Gracias señor, sé lo que opinan de nosotros los profesionales de su rama, por otra parte, tampoco ignoro lo que sienten otros humanos.

Neve juzgó que había llegado su turno:

-¿Te refieres al famoso complejo de Frankenstein, el mismo que el señor Crawford padece? ¿A la evidente aversión que siente hacia vosotros porque se cree inferior sin serlo? ¿A que podéis fallar a la mínima de cambio?

-¿¡Qué, quién, yo...!? -El Yuniano se mostró desorientado, la historia del androide le había dejado fuera de juego.

Paul, decidió interrumpir antes de que fuese demasiado tarde:

-¿Qué te hace pensar que somos tan perfectos? Ni siquiera lo pensamos nosotros mismos.

La voz de 183 pareció cobrar aún más vida:

-Sé que no son conscientes señor, pero es evidente. El ser humano lo tiene prácticamente todo. Está vivo, siente...

-¿Crees que sentir odio es algo extraordinario? ¿Ira, celos, envidia?

-Señor, debe serlo, incluso sentimientos tan negativos hacen que el individuo siga sintiendo su propia existencia. ¿Cómo no puede ser milagroso saber que estás vivo de cualquier forma? Asimismo, tengo entendido que la mayoría de estos sentimientos son el origen de un proceso anterior, tal vez se deriven de la impotencia, el amor, la admiración, yo los considero causa-efecto.

-¿Y el dolor, qué me dices del dolor? ¿Cómo puedes controlar el dolor?

-Hay muchos tipos de dolor, la ira causa dolor, los celos también lo provocan, simplemente han de saberse controlar, se debe poner un remedio racional, el ser humano tiene que usar su dominio ante este tipo de sentimientos. Por otra parte existe el dolor físico y éste puede tratarse, como saben.

-Sí pero ¿y el psíquico?, cuando pierdes a un ser querido por ejemplo.

-Bueno, no entiendo bien por qué causa tanto dolor, entiendo que la pérdida de un ser querido produzca cierta nostalgia, pero dolor... todo ser humano sabe que ha de morir, no veo por qué algunos de ustedes no acaban de hacerse a la idea, es muy sencillo, vuelven a ser polvo de estrellas como suele decirse, -Neve asintió satisfecha, la lógica que empleaba 183 era aplastante- por otra parte hay maneras de consolarse. Existe la religión. La gente que cree fervientemente en un dios dice estar resignada a morir, y parecen hacerlo con algo más de resignación, con... paz.

Paul y Neve se sonrieron mútuamente. Aquél mecanismo era increíble.

-Siento decirte que la vida no es tan fácil, 183, lo estás viendo todo bajo la única perspectiva de la lógica ¡eso es lo que hace que nos veas como criaturas perfectas!

-Es como deberían verlo ustedes, pero en realidad no, señorita Twain, no se trata sólo de eso, aún no he acabado. Sus sentimientos son sólo una pequeña parte, también está su inteligencia.

-¿Qué hay de ella? ¿Acaso la tuya no es superior de algún modo?

-Por supuesto que no, eso es un gran error. La mayoría de ustedes piensan que nuestros cerebros positrónicos son superiores a sus cerebros biológicos, pero en realidad, no es así. Nuestro cerebro es pura matemática. Lógico e ilógico... Es cierto que somos capaces de computar a una mayor velocidad y de forma más perfecta, teniendo en cuenta el tiempo que utilizamos para ello, pero también han de tener en cuenta que nuestro cerebro no es otra cosa que un elemento artificial y éste ha sido creado por ustedes, lo que hay insertado en nuestro interior, fue invención suya, y eso les convierte en individuos superiores aunque no quieran ser conscientes de ello.

-Ciertamente no sabe lo que dice -aunque sus palabras no lo manifestaban, el Yuniano continuaba sin salir de su asombro.

Pero el mecanismo pareció no haber escuchado:

-... Las operaciones que nosotros ejecutamos, la mayoría de ellas, pueden ser realizadas por el cerebro humano, aunque en algunos casos necesiten un tiempo aparentemente infinito. Su cerebro es muy eficiente, simplemente aún no saben utilizarlo en toda su capacidad, pero es extraordinario.

-No veo qué hay de extraordinario en tener una capacidad enorme de hacer cosas y no saber cómo. ¡No sé si eres demasiado lógico o demasiado positivo, 183!

-Quizá con el tiempo señorita Twain, lleguen a conseguirlo. ¿No se dan cuenta? Aún no se conoce exactamente cómo funciona el cerebro en su totalidad y por lo tanto no se puede saber hasta dónde podría llegar, pero ya con los conocimientos actuales se evidencia su complejidad, y algo complejo es algo que ha evolucionado, por lo tanto algo que se supera, algo superior, -al trío humano le resultó apabullante la lógica empleada por el androide para darle definitivamente la vuelta a todo. Estaba claro que las lecciones que había recibido a través del subespacio, habían sido perfectamente asimiladas- . Nosotros no habríamos evolucionado jamás sin su ayuda, sin su programación, sin actualizaciones en nuestro software y hardware, sin ustedes no hubiésemos llegado a ser lo que somos, sin embargo... nadie programa al hombre ¿Lo entienden ahora? Nadie puede programar la intuición, ni la suspicacia, ni el ingenio o el sentido del humor, sólo por poner algunos ejemplos. Señores, ustedes tienen virtudes asombrosas que no son capaces de ver, quizá porque en la mayoría de las ocasiones las utilizan como armas...

-Pero todo lo que cuentas sobre nosotros no nos hace tan especiales, 183. ¡Debes ver las dos caras de la moneda! -Neve sabía que aun diciendo lo que pensaba, la programación del minero no se vendría abajo, no obstante, sentía cierto cargo de conciencia por ello. Pero las cosas eran así-. Os creamos para beneficiarnos de vuestra existencia, hacéis que nuestra vida sea mucho más cómoda. ¡Nada más! ¡A eso se le llama pura y llanamente egoísmo!

-Puede, pero también son capaces de engendrar a otros seres humanos, y esto no lo hacen por egoísmo ¿no es cierto? ¿No es cierto señorita Twain?

-Así es, pero... -La dama fue inusualmente interrumpida por el mecanismo.

-¿Cree que Dios es egoísta, señorita Twain?

Paul contestó atropelladamente, dejando a su prometida con la boca abierta:

-No ¡claro que no! ¿Adónde quieres ir a parar 183?

-A ninguna parte en especial, señor Flency, lo que ocurre es que no entiendo por qué si ustedes no piensan que su Dios es egoísta, intentan hacer que yo sí lo piense del mío.

-¿Estás diciendo...? ¡Dios santo no es posible! Pero... -Twain no sabía si llorar o echarse a reír.

Edward Crawford se puso en pie:

-¡Se ha vuelto loco!

Aunque a Paul le habían desbordado del mismo modo las últimas palabras del androide, aún fue capaz de dar una explicación lógica a todo aquello:

-En absoluto, señor Crawford, su profundo estudio sobre el ser humano, y el poder que hemos adquirido con el tiempo pudiendo crear algo a nuestra propia imagen y semejanza, le han llevado a pensar que somos como dioses.

Crawford se desplomó sobre su asiento, no podía acabar de creer lo que estaba escuchando. Mientras, el androide contemplaba nuevamente al trío humanoide, a la espera.

-Está bien 183 pero ¿qué tiene que ver todo esto con el homanium? ¿Por qué contradices a los que consideras tus dioses entonces? Es algo totalmente ilógico.

-Señor, es muy sencillo. Todo este razonamiento me ha sobrevenido después de mi reactivación, desde entonces, no he podido ver a ningún ser humano en persona si no ha sido mediante las visualizaciones de ciertas comunicaciones subespaciales que he mantenido con Yuno.

-Pero... pero -el pulso de la robopsicóloga se intensificó- ¡eso significa que has movilizado a todos tus compañeros para conseguir traer hasta ti a tus... ! ¡Dioses!

-Eso es, señorita Twain ¿usted no lo haría si tuviese la oportunidad?

-Bueno yo, no lo sé -Twain recapacitó sobre ello y supo que su reacción habría sido la misma.

-Aún tengo una pregunta 183 ¿qué hacemos Neve y yo aquí? ¿No es cierto que sólo con la presencia de Edward Crawford te hubiese bastado, un androide no puede hacer distinciones entre un ser humano y otro? ¿O tú sí? -Paul sabía que aquello era improbable pero de todos modos debía asegurarse, si era así, entonces aquel individuo que ahora despertaba la admiración entre los humanos, podría llegar a ser muy peligroso.

-No señor Flency, no lo hago. Su presencia tiene otro fin muy distinto, incluso la del propio Edward Crawford tiene un doble fin, uno ya lo conocen, y el otro es aún más sencillo, quería darle las gracias simplemente. Él me dio la oportunidad de aprender todo lo que he aprendido e incluso de vivir la experiencia de este momento.

-¿Qué quieres decir 183? -Neve volvía a estar operativa.

Ahora fue el Yuniano quien contestó con la vista puesta, aunque ausente, en el ser robótico:

-De alguna manera yo di el visto bueno para que 183 pudiese ser reconstruido.

-Por otra parte, su presencia ha contribuido a que ambos Sistemas se hayan visto obligados a ponerse en contacto. En estos momentos hay una mayor comunicación puesto que creen que la situación se les está yendo de las manos.

-Pero ¿no te habría bastado con que yo estuviese aquí y haber esperado a que ambos pueblos simplemente se desesperasen para verse obligados a dialogar?

-Es posible señor Flency, pero ya ha visto que hacer un convenio mediante el préstamo de androides, no ha sido suficiente para que la relación fructificase, por lo tanto no podía arriesgarme. Necesitaba enviar un mensaje sin codificar al Sistema pidiendo a un nuevo miembro, sabía que este mensaje sería interceptado y facilitaría la liberación de toda la información sembrando el caos finalmente. Todos debían perder los nervios, tanto en un bando como en el otro. Por lo tanto el envío y posterior desaparición de la señorita Twain tenían necesariamente que enturbiar aún más todo este asunto, y de hecho así ha sido. Aunque nosotros hemos denegado cualquier tipo de comunicación con el exterior, lo cierto es que estamos recibiendo continuamente información sobre éste. Llámenlo espionaje, pero todo está saliendo según lo previsto.

-Realmente es increíble lo que has hecho, 183, ¡admirable!

-No ha sido nada, señorita Twain, ambos pueblos necesitaban que alguien les incitase a desplegar la bandera blanca, y yo sabía cómo hacerlo. Además pensaba haberlo dejado claro, esto sólo era algo secundario, en realidad he actuado por puro y llano egoísmo -El androide aprendía demasiado rápido- . Ahora sólo quiero conseguir lo que tanto anhelo, y no me importa ser juzgado por ello.

La cabeza de Crawford no dejaba de dar vueltas:

-Pero ¿¡es que todavía no lo has conseguido!?

-No señor. Aún no.

-¿¡Pero qué quieres ahora!?

-Señor Crawford ¿usted que anhelaría si tuviese a su Dios delante? ¿Qué desearía más que ninguna otra cosa?

La respiración de Twain se volvió entrecortada, ella entendió perfectamente. Se puso de pie precipitadamente.

-¿¡Qué va a hacer!? -Crawford no salía de su asombro.

-Déjela, ella sabe lo que hace. Al fin y al cabo 183 se lo merece, después de esto volverá a ser desconectado -Crawford le miró incrédulo- . ¿No me diga que aún no adivina cuál fue el resultado de su proceso, el que intentó emular como si de un robopsicólogo se tratase? No se preocupe, él sabe que debe ser así y lo acepta... Cuando vuelva a funcionar, ya no recordará nada de lo que ha ocurrido, toda su información será borrada, y esta vez sí será supervisado por alguno de nosotros.

 

Entre tanto, Neve se había acercado a 183, el cual se puso en pie inmediatamente. La robopsicóloga agarró ambos brazos del engendro e hizo que éstos rodeasen su cuello, ella al mismo tiempo, le abrazó dándole todo el cariño que se le podía dar a una máquina.

 

 

Enero-Febrero 00

 

 
 © Copyright 'NGC 3660' en órbita desde el año 2000 ngc@ccapitalia.net