| Domingo, 7 de agosto,
2005
Dejé a Tracy en su apartamento
luego de visitar a Lobstey, que volvió en sí
tras dos días en estado de coma. Tracy estaba
desecha, lo mismo que los padres y la hermana menor
de Derek a quienes conocí hoy en la clínica
especial para meta-humanos. Cuesta pensar que aquel
enorme monstruo rojo con tenazas de cangrejo y cornamenta
tenga una familia completamente normal, pero suele ser
el caso de todos los involucionados, incluyendo al pobre
Dino, que en paz descanse.
El viernes nos reunimos todos en el amplio y cómodo
apartamento de Lenard (el de la psicometría)
para celebrar su cumpleaños número veinticuatro.
Lenard es el mayor de los amigos de Tracy y el único
con empleo, trabaja en una “aburrida empresa de
software” y gana muy buen dinero pese a que esa
“no es la vida que anhela”, como repite
una y otra vez como si le avergonzase no ser un vago
como sus amigos.
Nos extrañó que Lobstey,
que no se perdía reunión alguna y siempre
era el primero en llegar, no mostrase su feo rostro
en casa de Lenard pero nunca imaginamos el lío
en que se había enfrascado. Yo fui el primero
en enterarme al llegar al trabajo e inmediatamente llamé
a Tracy. Ocurre que Lobstey, camino a la celebración
de Lenard, se encontró con unos amigos a quienes
no veía desde la secundaria y accedió
a tomarse unas copas con ellos en Hardcase’s,
un tugurio de mala muerte frecuentado por la más
infame meta-basura de Chicago.
Varias veces les dije a los chicos
que se mantuvieran alejados de ahí pero Lobstey,
intentando aparentar que no sólo se veía
rudo sino que lo era, aceptó la invitación
de sus “amigos”. El dueño de Hardcase’s,
Jonathan Xong, es un ex-marine que utiliza el bar como
fachada para su negocio de meta-mercenarios a sueldo.
En reiteradas ocasiones han intentado enviarle tras
las rejas sin éxito alguno, el tipo no es un
meta pero tiene una red de protección muy poderosa,
¡si hasta yo le debo un par de favores a Xong!
¿Metapolicía corrupto yo? Para nada, sólo
un tipo que sabe cuándo tiene que regresar la
mano.
De acuerdo a sus amigos tras beber
unas cuantas cervezas, Lobstey chocó de forma
accidental camino al retrete con un individuo a quien
el muchacho no dudó en provocar. Mala idea, pese
a su aspecto enclenque ese sujeto era uno de los meta-criminales
más buscados por la ley: James Wilder mejor conocido
en el ambiente del hampa como “The Surgeon”.
Si bien la dura coraza que conforma la piel de Lobstey
es resistente a los proyectiles y armas cortopunzantes,
la habilidad meta del Surgeon consiste en unas especies
de navajas psiónicas proyectadas desde las puntas
de sus dedos, y contra eso puedo aseguraros que no hay
protección alguna. Lo que es peor, Surgeon estaba
acompañado de su viejo camarada William “Thinktank”
Copperfield, un telekinético clase alfa con un
prontuario criminal tan extenso como su compinche.
Lo que siguió a continuación
fue tan confuso como suelen ser todos los incidentes
que involucran a más de un meta. Los primeros
en huir tras la primera estocada del Surgeon contra
el vientre de Derek, fueron sus amigos. El muchacho
intentó defenderse lo mejor que pudo y logró
propinarle un golpe al Surgeon que le dejó de
cabeza tras la barra pero Thinktank con su telekinesis
arrojó a Lobstey por una ventana hacia la calle
y junto a su compinche salieron dispuestos a rematarlo.
Lobstey, sujetándose las tripas con una de sus
tenazas, escaló como pudo la escalera de incendios
del edificio contiguo hasta llegar a la azotea, donde
fue acorralado por los dos criminales. En un intento
por saltar hacia el edificio de enfrente y así
escapar del Surgeon y Thinktank, Lobstey cayó
sobre unos vagabundos que dormitaban debajo y perdió
la conciencia. Los mendigos amortiguaron la caída
pero quedaron como un par de amorfas bolsas de carne.
Una viejecita que presenció el “dantesco
espectáculo” llamó al 911 y en cinco
minutos Lobstey era recogido por una ambulancia de la
clínica para metas. Cuando los efectivos policiales
llegaron a Hardcase’s, el Surgeon y su camarada
habían desaparecido una vez más.
Las visitas estaban restringidas pero
cuando Lobstey se enteró que yo estaba fuera
insistió en verme.
“Estás aquí”,
me dijo. “Sí, pero tú por poco
y no lo cuentas, Derek”, le contesté.
“Te metiste con dos pesos pesados, es una
suerte que no hayas muerto”. “Fue
una buena pelea… una muy buena pelea”,
murmuró antes de quedarse dormido por los calmantes,
suficientes como para sedar a una ballena.
Algo me hace pensar que una vez que
se recupere, Lobstey no contará con una vida
muy larga.
En cuanto a las cosas del precinto,
Ursa y Delphis lograron capturar al asesino de vagabundos
aunque no recibieron ni un tercio de las felicitaciones
y coberturas que logré yo al “eliminar”
a Dino. El psicópata resultó ser un meta
después de todo, el tipo podía jauntear
a cortas distancias y es por eso que había sido
tan difícil su captura. Lo vi cuando Ursa y Delphis
lo traían esposado y con un collar anulador al
cuello. El tipo era otro de esos profetas del Apocalipsis
que tanto abundan hoy en día. Éste en
especial andaba en busca del último “Lamed
Vav” de su lista y ya se había cargado
a sesenta y ocho vagabundos, prostitutas y delincuentes
menores a lo largo de toda América y en sólo
dos meses. Según explicó el sargento Conrad,
Lamed Vav son dos letras del alfabeto Hebreo que numéricamente
representan treinta y seis. La Leyenda dice que en este
mundo, siempre existen treinta y seis hombres justos
también llamados Tzadikim Nistarim. Usualmente
son pobres, desconocidos o enfermos. Nadie sabe, ni
siquiera ellos mismos, que son los elegidos, y es por
su causa que Dios no destruye al mundo aunque el pecado
sobrepase a la humanidad. Cuando uno de los Lamed Vav
muere, otro es inmediatamente escogido para tomar su
lugar y mientras ellos continúen sirviendo a
la humanidad y a Dios de esta manera, el mundo prevalecerá,
más si en algún momento Dios no encuentra
alguien lo suficientemente digno y justo para reemplazar
a un Lamed Vav agonizante, el mundo llegará a
su fin inmediatamente. Nuestro asesino en serie creía
tener el don de identificar a estos Lamed Vav y además
tenía la convicción que Dios ya se había
aburrido de reemplazarlos. Cuando muriese el último…
fin de la humanidad. ¿Qué hacía
pensar a este sujeto que sus Lamed Vav se encontraban
localizados sólo en América?, ¿por
qué no en el Líbano o Paraguay? Tal vez
si hubiese podido jauntear así de lejos o contado
con los recursos para viajar por el mundo habría
pensado de otra forma. Lo importante es que ya lo tenemos
tras las rejas de donde no podría escaparse.
[publicado en NGC
3660 el 10/05/08] |