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Desconexión Más sobre Ricardo Manzanaro

Carlos se enfundó la cazadora, cogió las llaves y salió de su piso. Ya en la calle, se dirigió a la parada del autobús. Al llegar allí, apretó el interruptor. Un instante después se volvió a conectar. Estaba ya en la oficina, sentado delante del ordenador. Comenzó a trabajar.


A la tarde, tras finalizar la jornada, justo salir de la oficina, apretó el interruptor. En el instante siguiente entraba en su casa.


De pie en el hall revisó la correspondencia. Al ver una de las cartas, su rostro mostró un semblante de alegría. “Hombre, por fin, ya lo tienen” susurró. Era un aviso de su distribuidor de bioelectrodomésticos. Había llegado el nuevo modelo de desconector.


Su vida y la de mucha gente había mejorado sensiblemente desde que hace 5 años se anunció la invención del desconector. Insertado en la raíz de una determinada vía nerviosa, al encenderse se interrumpía el flujo sináptico hacia el área cerebral de la consciencia duradera. El individuo realizaba las tareas adecuadamente, pero el recuerdo de las mismas se difuminaba bloqueado en la presinápsis. Al apagar el desconector, la corriente química se reanudaba. Los ratos monótonos y rutinarios no dejaban huella. Sólo se tenía consciencia de los entretenidos e interesantes. Se acabó el soportar las interminables horas en atascos, desplazamientos o realizando tareas aburridas.


El nuevo desconector era un avance más en esta línea. Detectaba los niveles de mediadores químicos en las neuronas relacionados con el interés. Se activaba automáticamente en los ratos aburridos y vulgares, y, de la misma manera, sin intervención del portador, se recuperaba la consciencia cuando la actividad era novedosa y con alicientes.


El lunes siguiente Carlos salía de su casa con su nuevo desconector alojado en el cerebro. Tras un minuto sentado en el autobús el interruptor se activó automáticamente. Un momento después estaba en su despacho. Carlos sonrió. El cacharro funcionaba muy bien.


La jornada se desarrolló sin ningún hecho destacable. El desconector actuó durante 4 minutos mientras se cargaban unos programas en su ordenador.


A la tarde, Carlos salió de la oficina y esperó a que llegara el autobús. Transcurrido minuto y medio el aparato de su cerebro se activó y le desconectó. Un instante después le volvió a conectar. Tenía 88 años y agonizaba en la cama de un asilo. Su vida había sido tan monótona y rutinaria que nunca había superado el umbral de interés fijado. Sólo la cercanía a la muerte había supuesto una novedad relevante, conectándolo de nuevo. 15 segundos después Carlos falleció.

 
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