| El técnico accedió
a la sala y contempló el ordenador. El propietario
del PC le describió los problemas detectados.
A continuación el informático llevó
a cabo diferentes operaciones, y al finalizarlas le
transmitió la conclusión al cliente: “Está
infectado. No hay duda”.
Tras la constatación de la
anomalía, tocaba ponerle remedio. El técnico
extrajo de su maletín el material necesario para
la descontaminación: crucifijo, sotana, Biblia
y bote con agua bendita.
Media hora después, el informático
había conseguido expulsar al demonio del ordenador.
Desde que se conoció quién era el verdadero
responsable de los virus, la descontaminación
de los PC era extraordinariamente efectiva.
publicado en abril de 2008
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