| Me ocurrió algo
extraño.
En mi bandeja de entrada apareció
un correo que me llamó la atención.
Procedí a examinarlo. Decía:
"Acabo de leer algo tuyo y te he reconocido.
Nunca nos hemos visto, pero hace tiempo que te andaba
buscando." Venía firmado por Blanca.
Como es natural, el escueto mensaje
despertó mi curiosidad. Previsiblemente, respondí:
"También yo te espero hace tiempo."
Su respuesta llegó al día
siguiente: Un lugar y una hora. Era muy lejos, tuve
que conducir toda la noche.
Cuando llegué al sitio, ella
ya estaba allí. Un insignificante error de latitud
nos separaba: Yo me hallaba arriba del acantilado; ella,
magnífica, aguardaba abajo, entre las olas que
rompían obstinadamente contra las rocas. Volé
a su encuentro.
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