| Amanecer desnudo y muerto
entre los muertos
que miran a otro lado y canturrean
la canción del olvido mientras
duermen
su sueño enmohecido de sirenas.
Despertar cautivo y ciego entre las
ruinas
sin guitarra ni espigas ni horizonte;
tan sólo un grito ahogado en
las entrañas
y la certeza del caos circundante.
Gota a gota la muerte se va bebiendo
el mundo
por las ensangrentadas fauces de sus
canes
ataviados con ropas de diseño.
(En su bolsa resuenan las monedas:
los treinta hachazos en el cuello
del venado inocente).
Mientras, los hombres callan
y sólo se oye el son de los
demonios
entre un eco de fieras explosiones.
Pido que cese el ruido, que se apaguen
todas las humaredas de la noche;
que termine el estruendo y sólo
suene
el humilde tañir de una palabra
rebotando en las esquinas del crepúsculo.
Pido que nazca el hombre, que renazca
de todos sus cadáveres, que
surja
su voz sonora, su verdad sincera,
que sea música que tercamente
fluya,
arroyo o marejada, nube o yegua,
fiebre de océanos, campana de
gaviotas.
Pido que sobrevenga la alborada.
publicado en junio de 2008
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