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Algo pasa con Jordi Más sobre Sergio Macías

-¿Cariño? -dijo la mujer.

-¿Sí, querida? -dijo su marido sin levantar la vista del periódico que sostenía en las manos.

-Tenemos que hablar de Jordi -dijo ella con tono preocupado.

-¿Qué es lo que ha hecho ahora ese pequeño rufián? Apenas sí acabo de volver del viaje de negocios y solo Dios sabe con lo que me encuentro ahora.

-Pues hacer, lo que se dice hacer, no ha hecho nada, el pobre… Más bien se lo han hecho a él…

-¿A qué te refieres?

-Cariño… Jordi es un hombre lobo.

-¿Pero qué dices, mujer? ¿Cómo es eso posible? -contestó el marido apartando por primera vez la vista del periódico.

-¿Recuerdas hará cosa de un mes el niño rumano que tuvimos pasando aquí las vacaciones de verano?

-¿El pequeño Andrei? Sí, lo recuerdo. Un chico muy majo.

-¿Y recuerdas cómo mordió a Jordi en la muñeca mientras se peleaban por la última croqueta el día que fuimos al campo?

-Pues sí. Pero en defensa de Andrei debo decir que es que a ti te salen unas croquetas muy buenas.

-La verdad es que sí -dijo la madre con gran orgullo en su voz-. El secreto está en las… pero bueno, a lo que voy -dijo ella retomando el hilo-. Hace dos noches me encuentro a nuestro hijo aullando a la luna, con unas uñas que parecían espolones, unos colmillos que casi llegaban hasta el suelo y pelo por todas partes.

El marido se limitó a observar a su mujer con gesto anonadado. Ella continuó:

-Y ayer, que hubo luna llena, fue aún peor. No solo parecía un lobezno, sino que se me meó en el sofá, me arañó todos los muebles y se zampó crudo el solomillo que te tenía preparado para esta noche.

-Mi, mi… mi solomillo -dijo el marido casi con lágrimas en los ojos, y luego recuperando la compostura-. Bueno, ¿y estamos seguros de que ha sido Andrei? Igual es algún virus que ha cogido o una fase de esas de la adolescencia que está atravesando.

-Ojalá. Hablé con la madre de Andrei y, tras disculparse por el comportamiento de su hijo, me confirmó que sí, que Andrei es hombre lobo por parte de padre.

-Pues vaya… -dijo el padre dubitativo-. Aunque estoy pensando… ¿no sería más bien niño lobo? ¿O quizás adolescente lobo? No sé, llamar hombre lobo a un chico de apenas catorce años me parece un poco excesivo…

-Cariño, tenemos dos opciones: podemos decidir qué hacemos con Jordi o podemos seguir discutiendo cuestiones de semántica. ¿A ti qué te parece? -dijo ella con tono enfadado.

-Tienes razón, tienes razón -dijo él conciliador-. ¿Qué es lo que sugieres?

-Pues mira. He estado hablando con Toñi, la amiga de la hermana de Susana, y me ha recomendado una escuela que existe en Transilvania, la escuela del profesor Vlad para jóvenes talentos. Es un internado donde educan a chicos con necesidades… digamos “especiales”, con la finalidad de que aprendan a dominar y controlen sus… “habilidades”. Y hablando de habilidades, ¿te acuerdas de Tamara?

-¿La amiga de nuestra hija? ¿Aquella que era tan golfa?

-Esa misma.

-Pues claro que me acuerdo. Hace tiempo que no la veo, ¿qué es de ella?

-Pues está estudiando allí. Resulta que al final lo que pasaba era que la chiquilla era un súcubo y, claro, ella no tenía ni idea, y así andaba de calenturienta la pobre, dejando seco a todo incauto que se le cruzara en el camino.

-Vaya, quién lo hubiera imaginado... -dijo el padre con tono comprensivo-. ¿Así que un internado, dices? Pero tiene que salir por un pastón…

-No te creas. He estado mirando el folleto que me dejó Toñi y tiene unos precios muy asequibles y uno de los mejores sistemas educativos de Europa. Y, además, nuestro hijo podrá venir a visitarnos por navidades y durante las vacaciones de verano.

-¿Y Jordi cómo lo ve? ¿Has hablado ya con él? -preguntó el marido ligeramente preocupado.

-¿Estás de broma? -dijo la esposa sonriendo-. Cuando se enteró de que iba a pasar todo el curso escolar con vampiros, momias y demonios se puso a saltar como loco de emoción. Ha ido a contárselo a todos sus amigos. Dice que va a ser la envidia del barrio.

-Pues está decidido, entonces. Después de todo, si la vida te da limones… -dijo el padre.

-No pareces muy convencido -dijo la esposa.

-¡Oh, no! No es nada, es solo que… no sé, estoy pensando que quizá me hubiera gustado más si hubieran convertido al niño en vampiro. No sé, tienen como más glamour y están mejor vistos, ¿no crees?

-Bueno -dijo la mujer-, si te sirve de consuelo, siempre nos queda la niña. Será plan de dejarla quedarse por las noches hasta más tarde a ver si hay suerte.

-Podemos soñar… -dijo el marido volviendo a su periódico.

-Sí… -contestó soñadora la esposa, para acto seguido levantarse e ir a preparar la cena.


publicado en junio de 2008

 
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