| -¿Cariño?
-dijo la mujer.
-¿Sí, querida? -dijo
su marido sin levantar la vista del periódico
que sostenía en las manos.
-Tenemos que hablar de Jordi -dijo
ella con tono preocupado.
-¿Qué es lo que ha hecho
ahora ese pequeño rufián? Apenas sí
acabo de volver del viaje de negocios y solo Dios sabe
con lo que me encuentro ahora.
-Pues hacer, lo que se dice hacer,
no ha hecho nada, el pobre… Más bien se
lo han hecho a él…
-¿A qué te refieres?
-Cariño… Jordi es un
hombre lobo.
-¿Pero qué dices, mujer?
¿Cómo es eso posible? -contestó
el marido apartando por primera vez la vista del periódico.
-¿Recuerdas hará cosa
de un mes el niño rumano que tuvimos pasando
aquí las vacaciones de verano?
-¿El pequeño Andrei?
Sí, lo recuerdo. Un chico muy majo.
-¿Y recuerdas cómo mordió
a Jordi en la muñeca mientras se peleaban por
la última croqueta el día que fuimos al
campo?
-Pues sí. Pero en defensa de
Andrei debo decir que es que a ti te salen unas croquetas
muy buenas.
-La verdad es que sí -dijo
la madre con gran orgullo en su voz-. El secreto está
en las… pero bueno, a lo que voy -dijo ella retomando
el hilo-. Hace dos noches me encuentro a nuestro hijo
aullando a la luna, con unas uñas que parecían
espolones, unos colmillos que casi llegaban hasta el
suelo y pelo por todas partes.
El marido se limitó a observar
a su mujer con gesto anonadado. Ella continuó:
-Y ayer, que hubo luna llena, fue
aún peor. No solo parecía un lobezno,
sino que se me meó en el sofá, me arañó
todos los muebles y se zampó crudo el solomillo
que te tenía preparado para esta noche.
-Mi, mi… mi solomillo -dijo
el marido casi con lágrimas en los ojos, y luego
recuperando la compostura-. Bueno, ¿y estamos
seguros de que ha sido Andrei? Igual es algún
virus que ha cogido o una fase de esas de la adolescencia
que está atravesando.
-Ojalá. Hablé con la
madre de Andrei y, tras disculparse por el comportamiento
de su hijo, me confirmó que sí, que Andrei
es hombre lobo por parte de padre.
-Pues vaya… -dijo el padre dubitativo-.
Aunque estoy pensando… ¿no sería
más bien niño lobo? ¿O quizás
adolescente lobo? No sé, llamar hombre lobo a
un chico de apenas catorce años me parece un
poco excesivo…
-Cariño, tenemos dos opciones:
podemos decidir qué hacemos con Jordi o podemos
seguir discutiendo cuestiones de semántica. ¿A
ti qué te parece? -dijo ella con tono enfadado.
-Tienes razón, tienes razón
-dijo él conciliador-. ¿Qué es
lo que sugieres?
-Pues mira. He estado hablando con
Toñi, la amiga de la hermana de Susana, y me
ha recomendado una escuela que existe en Transilvania,
la escuela del profesor Vlad para jóvenes talentos.
Es un internado donde educan a chicos con necesidades…
digamos “especiales”, con la finalidad de
que aprendan a dominar y controlen sus… “habilidades”.
Y hablando de habilidades, ¿te acuerdas de Tamara?
-¿La amiga de nuestra hija?
¿Aquella que era tan golfa?
-Esa misma.
-Pues claro que me acuerdo. Hace tiempo
que no la veo, ¿qué es de ella?
-Pues está estudiando allí.
Resulta que al final lo que pasaba era que la chiquilla
era un súcubo y, claro, ella no tenía
ni idea, y así andaba de calenturienta la pobre,
dejando seco a todo incauto que se le cruzara en el
camino.
-Vaya, quién lo hubiera imaginado...
-dijo el padre con tono comprensivo-. ¿Así
que un internado, dices? Pero tiene que salir por un
pastón…
-No te creas. He estado mirando el
folleto que me dejó Toñi y tiene unos
precios muy asequibles y uno de los mejores sistemas
educativos de Europa. Y, además, nuestro hijo
podrá venir a visitarnos por navidades y durante
las vacaciones de verano.
-¿Y Jordi cómo lo ve?
¿Has hablado ya con él? -preguntó
el marido ligeramente preocupado.
-¿Estás de broma? -dijo
la esposa sonriendo-. Cuando se enteró de que
iba a pasar todo el curso escolar con vampiros, momias
y demonios se puso a saltar como loco de emoción.
Ha ido a contárselo a todos sus amigos. Dice
que va a ser la envidia del barrio.
-Pues está decidido, entonces.
Después de todo, si la vida te da limones…
-dijo el padre.
-No pareces muy convencido -dijo la
esposa.
-¡Oh, no! No es nada, es solo
que… no sé, estoy pensando que quizá
me hubiera gustado más si hubieran convertido
al niño en vampiro. No sé, tienen como
más glamour y están mejor vistos, ¿no
crees?
-Bueno -dijo la mujer-, si te sirve
de consuelo, siempre nos queda la niña. Será
plan de dejarla quedarse por las noches hasta más
tarde a ver si hay suerte.
-Podemos soñar… -dijo
el marido volviendo a su periódico.
-Sí… -contestó
soñadora la esposa, para acto seguido levantarse
e ir a preparar la cena.
publicado en junio
de 2008
|