El planteamiento
entero de la trama es progresivamente intenso. Una raza
alienígena de preclara inteligencia, ubicada en un
universo paralelo, ha logrado conectarse con nuestro Sol
y convertirlo en su fuente de energía. Aunque tal
acción nos ha reportado beneficios directos a nosotros
también, alguien vislumbra el verdadero peligro que
subyace detrás de dicha "cooperación":
los aliens intentan convertir al Sol en una supernova.
El Sistema Solar entero está amenazado por un cataclismo
cósmico. Ahora bien, los alienígenas son descritos
con detalle, sus personalidades ampliamente desarrolladas,
sus historias vividas por el lector y también sus
motivaciones. Su mundo se muere, porque su Sol también
se muere. La energía que logran extraer de nuestro
Sol apenas alcanza para mantener con vida su planeta moribundo
y necesitan más energía aún. Por eso,
sus líderes, en particular un joven genio creador,
encuentran la solución en la conversión del
Sol en una supernova. Con la energía de dicha supernova,
su mundo volverá a vivir otra vez. El problema es
que de ocurrir tal evento, el Sistema Solar desaparecería
para siempre. De vuelta en nuestro universo, sin embargo,
un científico humano de inteligencia original descubre
la manera de conciliar nuestra necesidad de nutrirnos de
la tecnología alienígena y nuestra supervivencia,
y logra encontrar, en otro universo paralelo, la supernova
que tanto necesitan todos.
En mi opinión, aunque toda la novela
es maravillosa, pletórica de situaciones, buen dibujo
de personajes y magnífico ritmo, es su sola segunda
parte la que vale la historia entera. Curiosamente, es también
la que le da nombre a la obra. Aunque Asimov nunca desarrollaba
razas alienígenas, en esta novela se resarce cumplidamente
de la falta y describe una maravillosa especie de un universo
paralelo digna de recordar como un clásico. Esta
especie posee dos manifestaciones de criaturas inteligentes:
los Seres Blandos y los Duros. Los Blandos se dividen en
tres sexos muy bien diferenciados: El Racional (que piensa),
el Paternal (que concibe y da a luz a los hijos), y la Emocional
(que provee de energía). Cuando estos tres se funden
en uno solo es cuando logran engendrar a los hijos. En otras
palabras, su sexualidad se disfruta en tanto fusión.
Los Seres Duros son uno solo y son capaces de manipular
instrumentos y desarrollar tecnologías. Son ellos
los que logran la conexión con el universo paralelo
donde está el Sol. Ambas manifestaciones son facetas
distintas de una misma especie.
Aprendí a amar esa especie. Es
deliciosamente real. Sus protagonistas sufren intensamente,
aman intensamente y también son intensamente leales.
En particular, Dua, la Emocional, juega un rol central en
la comprensión de su propia raza y de las motivaciones
que esta raza pueda tener para procurarse la energía
a toda costa. Los propios dioses es un apelativo que les
queda perfecto.
Un libro magnífico, especial manifestación
de una ciencia ficción ingeniosa, que reflexiona
sobre temas universales desde un particular punto de vista
(lealtad, amor, estupidez, solidaridad, inteligencia, comprensión
intercultural, comprensión interracial, etc.) y sobre
un tema que sigue angustiando la imaginación humana:
las fuentes de energía y su agotabilidad.
|