Personalmente
he disfrutado muchísimo con varios relatos y con
otros no tanto. Lo explicaré cuando haga referencia
a cada uno de ellos por separado. En el apartado de los
artículos me lo pasé como un enano aunque
reconozco que la mayoría no son aptos para aquellos
que no conozcan la obra de Isaac Asimov, ya que destripan
el argumento de sus mejores novelas.
En general el acabado es bastante bueno,
sin embargo se echa en falta una segunda corrección
anterior a su paso por la imprenta.
Y dicho esto, pasemos de la opinión
general a la particular.
“Un caso de conciencia…
positrónica” de Manuel Díez
Román nos plantea una trama intrigante y bien llevada
que arranca con la contratación de un detective privado
por parte del presidente de Arisco Inc., una de las corporaciones
más poderosas del planeta para descubrir quién
está detrás de los extraños movimientos
en las cuentas bancarias de la corporación que han
dado como resultado la pérdida de un considerable
capital. Basándose en esta premisa el autor nos hace
ver la complejidad que radica en el término moralidad.
Y no digo más que si no os chafo el final. Muy interesante.
“Robopsicología inversa”
de Carlos López Hernando es un delirante relato en
el que un robot niñera llamado R. Nanny Weetson lleva
hasta el extremo una de las famosas leyes de la robótica
hasta el punto de que su dueño tiene que buscar la
forma de deshacerse de ella. Escrito con mucha ironía,
el autor logra enganchar al lector ya sea por saber cómo
terminará o, simple y llanamente, por regodearse
en los múltiples calvarios por los que dicha niñera
hace pasar al protagonista. El final, aunque sospecho que
ha sido involuntariamente, nos regala una moraleja cargada
de sentido y mala leche. Muy bueno.
“Esencia y naturaleza”
de Fabio Ferreras y Graciela
Lorenzo Tillard centran su historia en el deseo idólatra
de todo villano, lo que le resta un pelín de originalidad
a la trama, por lo demás bastante amena. Interesante
el diálogo entre el malo malísimo y un robot,
que por supuesto se rige por las tres leyes de la robótica,
en el que el primero intenta confundir al segundo con las,
más que obvias, lagunas que presenta cualquier interpretación
de dichas leyes. Curioso.
“Experimento fallido”
de José
Carlos Canalda especula sobre la posible utilidad del
ADN basura en clave apocalíptica. A pesar de dar
una mayor importancia a la disertación dialéctica
que a la acción (o puede que por eso mismo), el relato
es muy entretenido aunque en absoluto asimoviano. Vamos,
que no se basa en nada que haya escrito, sin embargo se
aprecia cierto parecido en la forma (Asimov es famoso precisamente
por minimizar la acción a favor de las disertaciones
filosóficas, analíticas o de lo que se tercie).
Da en qué pensar.
“El nombre no es importante”
de Daniel Salvo, valiéndose de las mínimas
palabras posibles (es el relato más corto), ambienta
la trama en pleno apogeo de la fundación. En un punto
crítico en el que, como ocurría en las novelas
de Asimov, la acción de una sola persona puede ser
fundamental para evitar diez mil años de edad oscura.
Se lee en un suspiro y el final es un bonito guiño
al autor. Muy simpático.
“Cuestión de daltonismo”
de Pedro Félix Novoa Castillo apuesta por una trama
alucinatoria y desquiciada para fusionar el género
policiaco con la ciencia ficción. El relato no está
nada mal, pero aquí el servidor se perdió
más de una vez en las alucinaciones del protagonista
(por fortuna conseguí salir de todas ellas). Por
otra parte la explicación final es tan increíble
que no me llegó a convencer. Se echa en falta el
toque hard que lo justifique.
“La buena suerte” de
Armando Rosselot
Cuevas advierte del riesgo que supondría poder
determinar el futuro inmediato, y no tan inmediato, con
matemática precisión. La idea es muy buena
y el final es de lo mejorcito, pero detalles como la reiterativa
repetición de la palabra dato o descuidos que se
hubiesen corregido en una segunda lectura como “[…]
que no ganase el sorteo como único ganador […]”,
o la total ausencia de un proceso de documentación
para hacer creíble la existencia de una máquina
capaz de predecir el futuro, entorpecen la lectura y las
ganas de terminarlo.
“Factor K”
de Leandro Damián Riedel centra la trama alrededor
de un curioso personaje de mente analítica capaz
de deducir lo indeducible basándose simple y llanamente
en la observación. Si a esto le sumamos la misteriosa
aparición de un robot en una base militar de máxima
seguridad en la cual, obviamente, es imposible entrar por
las buenas, ya tenemos un relato de intriga en toda regla.
Un relato que, lamentablemente, se lee
a trompicones por culpa de construcciones gramaticales desafortunadas
o faltas que podían haberse solucionado con el corrector
ortográfico del word como “[…] la
inminente risotada que pugnaba sus cuerdas vocales por hacer
sonar.” , “Todos los guardias, y superan
la docena varias veces, no vieron nada, siquiera las cámaras.”,
“[…] lo dijo con un dejo de saña
[…], “[…] hubiera esperado que digese
[…]”, etc, etc.
“Quien hizo la ley…” de Pily
B. transcurre durante un juicio en el que el jurado
es un robot con cerebro positrónico cuya función
consiste, más que en aplicar la ley, en hacer justicia.
Es un relato que atrapa desde el primer momento y cuyo desenlace,
por lo menos en mi caso, fue impredecible. Partiendo de
una idea sencilla, la autora aprovecha cualquier excusa
para poner en entredicho semejante sistema judicial, una
irónica metáfora del que tenemos, mediante
ingeniosos juegos de moralidad, llevando la responsabilidad
por nuestros actos hasta límites insospechados. Muy
entretenido.
“El pequeño Frankenstein”
de Yelinna Pullita apuesta por la inquietud que
experimentaría el ser humano si un sencillo robot
mostrase cualidades intrínsecamente humanas. Partiendo
de esa base, la autora se regodea en los aspectos más
viles de nuestra naturaleza hasta el punto de que el lector
se sienta inclinado más a favor de los robots que
de la protagonista. Un relato que le hace a uno pensar que
no hay bicho más imperfecto y egoísta que
nosotros mismos.
“El contador universal”
de Claudio Landete Anaya centra la trama en un
niño que es castigado a ver al Contador Universal
por su mala conducta. Con la visita a tan tétrico
personaje los padres y el autor pretenden dar una lección
de moralidad, y la lección es muy buena, lo reconozco,
pero el niño y yo seguimos sin creernos que a eso
se le pueda llamar castigo. Con semejantes reprimendas la
juventud del futuro va a hacer lo que le de la gana impidiendo
por completo la consolidación del gran imperio galáctico,
y mucho menos la creación de las dos fundaciones.
Salvando esta incongruencia el relato está bastante
bien.
“Cronología Galáctica”
de Emili Llavería es nada más y nada menos
que eso, un estudio de la cronología del universo
Asimoviano. Un duro trabajo de documentación que
hará las delicias de aquellos que quieran ambientar
un juego de rol en el mundo de la Fundación
e Imperio, o de quienes simplemente tengan curiosidad
y se hayan leído toda la obra de Asimov (o casi toda).
“Isaac Asimov
Inc.” de Alfredo Benítez
Gutiérrez es un artículo de homenaje
póstumo que fue publicado originalmente
en El fantasma vol.14
(abril 1997) y que con buen talante da un repaso
a vida y obra de tan excelso escritor. Muy ameno.
“El hombre del bicentenario
y el mito del hombre artificial” de Carlos
Moreno, es un estudio comparativo entre el famoso relato
del escritor y los mitos antiguos, leyendas y relatos de
otros escritores que se centran en la idea original: el
oscuro deseo humano de crear vida a su imagen y semejanza.
Muy interesante.
“Introducción a la
serie «Fundación»” de
Javier Cantero, como su nombre indica, hace un breve repaso
a los libros que engloban la saga de la fundación,
como surgieron y en que año. Interesante.
“La serie de la fundación
de Isaac Asimov” de Alberto Chimal, se extiende
un poco más en la famosa saga. No apto (igual que
el anterior) para aquellos que no la hayan leído.
"Isaac Asimov y la reunificación del
futuro” de Carlos Sáiz Cidoncha es
un artículo que explica los intentos del autor por
reunificar su obra, no del todo exitosos, pero notables.
Interesante.
“Aforismos para una melena
blanca” de Gabriel Trujillo Muñoz
consta de dieciocho aforismos (Sentencia breve y doctrinal
que se propone como regla en alguna ciencia o arte,
según la RAE) centrados sobre todo en la figura del
escritor. Muy original aunque no me terminó de convencer.
“El año que conocí
a Asimov” de Ángel Torres Quesada
es un artículo entrañable y muy ameno que
narra, como una experiencia personal y del todo autobiográfica,
su primer contacto con la obra de este escritor. Muy entretenido.
“Sobre Asimov y Beethoven”
de Alfredo Lara se centra en el carácter
de superventas que generó una relación de
amor odio entre algunos miembros del fándom, de ahí
la comparación con su homólogo musical. Casi
nadie escucha música clásica pero todos conocen
a Beethoven, ¿no? Pues eso.
“¿Adiós
a Asimov?” de Alfredo Liébana
es otro artículo de homenaje póstumo,
también autobiográfico, que de nuevo
describe cómo le afectó al autor
la obra de este señor. Por extraño
que parezca no se hace nada repetitivo. Cada persona
es un mundo y cada experiencia, única.
“Y Susan lloró amargamente”
de Ricard de la Casa nos muestra si cabe, el artículo
más ácido y sincero (bueno sincero fueron
todos), al confesar el autor del mismo, que compraba libros
de Isaac Asimov, ¡para no leerlos! Que se juraba a
sí mismo no volver a comprar nada de él e
incumplía su promesa, que se prometía a sí
mismo no leerlos y los leía. Un artículo de
lo más curioso, sin duda, y muy entretenido.
“La última pregunta”
de Carlos D. Antognazzi es el broche final de este
Especial Asimov de manos de un autor que
lo único que leyó de él fue el relato
corto “La última pregunta”,
y sin embargo en poco más de una página (es
con diferencia el artículo más corto del libro),
llega más hondo que cualquier otro. Tanto que cuando
termine de escribir esto voy a leérmelo. Con eso
os lo digo todo.
Agur.
Miguel P.
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