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Especial Asimov; Libro Andrómeda nº14 Por: Miguel Puente

“Especial Asimov de Libro Andrómeda” es, como su nombre indica, un tributo a este excelente autor de ciencia ficción que superó con creces la barrera del fándom para alcanzar el éxito internacional y etiquetar muchas de sus obras con el mal entendido sello de Best Seller.

Los seleccionadores, José Joaquín Ramos y Carlos Moreno, han optado por dividir el libro en dos partes que, si bien no tienen una separación marcada, sí se da cuenta uno en dónde se produce el cambio cuando se llega a él.

En la primera parte presentan once relatos dispares, unos más originales que otros, pero todos ambientados en el universo asimoviano o haciendo referencia a la figura del autor.

A continuación presentan doce artículos que profundizan en su obra o en su vida.

El libro en sí mantiene la solidez y la coherencia de un tributo como Dios manda y a pesar de sus casi trescientas páginas a letra pequeña se lee en seguida.

Personalmente he disfrutado muchísimo con varios relatos y con otros no tanto. Lo explicaré cuando haga referencia a cada uno de ellos por separado. En el apartado de los artículos me lo pasé como un enano aunque reconozco que la mayoría no son aptos para aquellos que no conozcan la obra de Isaac Asimov, ya que destripan el argumento de sus mejores novelas.

En general el acabado es bastante bueno, sin embargo se echa en falta una segunda corrección anterior a su paso por la imprenta.

Y dicho esto, pasemos de la opinión general a la particular.

“Un caso de conciencia… positrónica” de Manuel Díez Román nos plantea una trama intrigante y bien llevada que arranca con la contratación de un detective privado por parte del presidente de Arisco Inc., una de las corporaciones más poderosas del planeta para descubrir quién está detrás de los extraños movimientos en las cuentas bancarias de la corporación que han dado como resultado la pérdida de un considerable capital. Basándose en esta premisa el autor nos hace ver la complejidad que radica en el término moralidad. Y no digo más que si no os chafo el final. Muy interesante.

“Robopsicología inversa” de Carlos López Hernando es un delirante relato en el que un robot niñera llamado R. Nanny Weetson lleva hasta el extremo una de las famosas leyes de la robótica hasta el punto de que su dueño tiene que buscar la forma de deshacerse de ella. Escrito con mucha ironía, el autor logra enganchar al lector ya sea por saber cómo terminará o, simple y llanamente, por regodearse en los múltiples calvarios por los que dicha niñera hace pasar al protagonista. El final, aunque sospecho que ha sido involuntariamente, nos regala una moraleja cargada de sentido y mala leche. Muy bueno.

“Esencia y naturaleza” de Fabio Ferreras y Graciela Lorenzo Tillard centran su historia en el deseo idólatra de todo villano, lo que le resta un pelín de originalidad a la trama, por lo demás bastante amena. Interesante el diálogo entre el malo malísimo y un robot, que por supuesto se rige por las tres leyes de la robótica, en el que el primero intenta confundir al segundo con las, más que obvias, lagunas que presenta cualquier interpretación de dichas leyes. Curioso.

“Experimento fallido” de José Carlos Canalda especula sobre la posible utilidad del ADN basura en clave apocalíptica. A pesar de dar una mayor importancia a la disertación dialéctica que a la acción (o puede que por eso mismo), el relato es muy entretenido aunque en absoluto asimoviano. Vamos, que no se basa en nada que haya escrito, sin embargo se aprecia cierto parecido en la forma (Asimov es famoso precisamente por minimizar la acción a favor de las disertaciones filosóficas, analíticas o de lo que se tercie). Da en qué pensar.

“El nombre no es importante” de Daniel Salvo, valiéndose de las mínimas palabras posibles (es el relato más corto), ambienta la trama en pleno apogeo de la fundación. En un punto crítico en el que, como ocurría en las novelas de Asimov, la acción de una sola persona puede ser fundamental para evitar diez mil años de edad oscura. Se lee en un suspiro y el final es un bonito guiño al autor. Muy simpático.

“Cuestión de daltonismo” de Pedro Félix Novoa Castillo apuesta por una trama alucinatoria y desquiciada para fusionar el género policiaco con la ciencia ficción. El relato no está nada mal, pero aquí el servidor se perdió más de una vez en las alucinaciones del protagonista (por fortuna conseguí salir de todas ellas). Por otra parte la explicación final es tan increíble que no me llegó a convencer. Se echa en falta el toque hard que lo justifique.

“La buena suerte” de Armando Rosselot Cuevas advierte del riesgo que supondría poder determinar el futuro inmediato, y no tan inmediato, con matemática precisión. La idea es muy buena y el final es de lo mejorcito, pero detalles como la reiterativa repetición de la palabra dato o descuidos que se hubiesen corregido en una segunda lectura como “[…] que no ganase el sorteo como único ganador […]”, o la total ausencia de un proceso de documentación para hacer creíble la existencia de una máquina capaz de predecir el futuro, entorpecen la lectura y las ganas de terminarlo.

“Factor K” de Leandro Damián Riedel centra la trama alrededor de un curioso personaje de mente analítica capaz de deducir lo indeducible basándose simple y llanamente en la observación. Si a esto le sumamos la misteriosa aparición de un robot en una base militar de máxima seguridad en la cual, obviamente, es imposible entrar por las buenas, ya tenemos un relato de intriga en toda regla.

Un relato que, lamentablemente, se lee a trompicones por culpa de construcciones gramaticales desafortunadas o faltas que podían haberse solucionado con el corrector ortográfico del word como “[…] la inminente risotada que pugnaba sus cuerdas vocales por hacer sonar.” , “Todos los guardias, y superan la docena varias veces, no vieron nada, siquiera las cámaras.”, “[…] lo dijo con un dejo de saña […], “[…] hubiera esperado que digese […]”, etc, etc.


“Quien hizo la ley…”
de Pily B. transcurre durante un juicio en el que el jurado es un robot con cerebro positrónico cuya función consiste, más que en aplicar la ley, en hacer justicia. Es un relato que atrapa desde el primer momento y cuyo desenlace, por lo menos en mi caso, fue impredecible. Partiendo de una idea sencilla, la autora aprovecha cualquier excusa para poner en entredicho semejante sistema judicial, una irónica metáfora del que tenemos, mediante ingeniosos juegos de moralidad, llevando la responsabilidad por nuestros actos hasta límites insospechados. Muy entretenido.

“El pequeño Frankenstein” de Yelinna Pullita apuesta por la inquietud que experimentaría el ser humano si un sencillo robot mostrase cualidades intrínsecamente humanas. Partiendo de esa base, la autora se regodea en los aspectos más viles de nuestra naturaleza hasta el punto de que el lector se sienta inclinado más a favor de los robots que de la protagonista. Un relato que le hace a uno pensar que no hay bicho más imperfecto y egoísta que nosotros mismos.

“El contador universal” de Claudio Landete Anaya centra la trama en un niño que es castigado a ver al Contador Universal por su mala conducta. Con la visita a tan tétrico personaje los padres y el autor pretenden dar una lección de moralidad, y la lección es muy buena, lo reconozco, pero el niño y yo seguimos sin creernos que a eso se le pueda llamar castigo. Con semejantes reprimendas la juventud del futuro va a hacer lo que le de la gana impidiendo por completo la consolidación del gran imperio galáctico, y mucho menos la creación de las dos fundaciones. Salvando esta incongruencia el relato está bastante bien.

“Cronología Galáctica” de Emili Llavería es nada más y nada menos que eso, un estudio de la cronología del universo Asimoviano. Un duro trabajo de documentación que hará las delicias de aquellos que quieran ambientar un juego de rol en el mundo de la Fundación e Imperio, o de quienes simplemente tengan curiosidad y se hayan leído toda la obra de Asimov (o casi toda).

“Isaac Asimov Inc.” de Alfredo Benítez Gutiérrez es un artículo de homenaje póstumo que fue publicado originalmente en El fantasma vol.14 (abril 1997) y que con buen talante da un repaso a vida y obra de tan excelso escritor. Muy ameno.

“El hombre del bicentenario y el mito del hombre artificial” de Carlos Moreno, es un estudio comparativo entre el famoso relato del escritor y los mitos antiguos, leyendas y relatos de otros escritores que se centran en la idea original: el oscuro deseo humano de crear vida a su imagen y semejanza. Muy interesante.

“Introducción a la serie «Fundación»” de Javier Cantero, como su nombre indica, hace un breve repaso a los libros que engloban la saga de la fundación, como surgieron y en que año. Interesante.

“La serie de la fundación de Isaac Asimov” de Alberto Chimal, se extiende un poco más en la famosa saga. No apto (igual que el anterior) para aquellos que no la hayan leído.

"Isaac Asimov y la reunificación del futuro” de Carlos Sáiz Cidoncha es un artículo que explica los intentos del autor por reunificar su obra, no del todo exitosos, pero notables. Interesante.

“Aforismos para una melena blanca” de Gabriel Trujillo Muñoz consta de dieciocho aforismos (Sentencia breve y doctrinal que se propone como regla en alguna ciencia o arte, según la RAE) centrados sobre todo en la figura del escritor. Muy original aunque no me terminó de convencer.

“El año que conocí a Asimov” de Ángel Torres Quesada es un artículo entrañable y muy ameno que narra, como una experiencia personal y del todo autobiográfica, su primer contacto con la obra de este escritor. Muy entretenido.

“Sobre Asimov y Beethoven” de Alfredo Lara se centra en el carácter de superventas que generó una relación de amor odio entre algunos miembros del fándom, de ahí la comparación con su homólogo musical. Casi nadie escucha música clásica pero todos conocen a Beethoven, ¿no? Pues eso.

“¿Adiós a Asimov?” de Alfredo Liébana es otro artículo de homenaje póstumo, también autobiográfico, que de nuevo describe cómo le afectó al autor la obra de este señor. Por extraño que parezca no se hace nada repetitivo. Cada persona es un mundo y cada experiencia, única.

“Y Susan lloró amargamente” de Ricard de la Casa nos muestra si cabe, el artículo más ácido y sincero (bueno sincero fueron todos), al confesar el autor del mismo, que compraba libros de Isaac Asimov, ¡para no leerlos! Que se juraba a sí mismo no volver a comprar nada de él e incumplía su promesa, que se prometía a sí mismo no leerlos y los leía. Un artículo de lo más curioso, sin duda, y muy entretenido.

“La última pregunta” de Carlos D. Antognazzi es el broche final de este Especial Asimov de manos de un autor que lo único que leyó de él fue el relato corto “La última pregunta”, y sin embargo en poco más de una página (es con diferencia el artículo más corto del libro), llega más hondo que cualquier otro. Tanto que cuando termine de escribir esto voy a leérmelo. Con eso os lo digo todo.

Agur.

Miguel P.

| Varios autores | Asociación Cultural Mundo Imaginario | Libro Andrómeda nº 14 | Abril de 2007 | 292 páginas |

| Selección de José Joaquín Ramos y Carlos Moreno | ISBN: 978-84-933878-5-3 |
 
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