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Es difícil abordar una crítica
de Ciencia Ficción sin haber leído
demasiada Ciencia Ficción, no obstante,
en esta vida hay que tener opinión para
todo, también para la Ciencia Ficción.
Y Leyes de Mercado, pese a estar
ubicado en un futuro determinado, no muy cercano
y no muy lejano, bastante reconocible por una
parte y bastante ajeno por otra, no es tan ciencia
ni tan ficción, así que vamos
a ello.
Leyes de Mercado ubica al lector en
las coordenadas de una empresa sita en Londres
dentro de un oligopolio de empresas parecidas
a las actuales consultoras financieras, en las
que la competitividad por la adquisición
de un proyecto, un ascenso o un puesto en otra
empresa alcanza límites e importancia
insospechados y poco deseables. Tanto como para
protagonizar programas especiales en televisión
o tener siempre perfectamente a punto el vehículo
de empresa, preparado para batirse en duelo
por las carreteras.
Tal es el poder de estas empresas, entre las
cuales se mueve el protagonista, Chris Faulkner,
desempeñando trabajos incluso para gobiernos
y partidos políticos, unos más
dudosos que otros. Para ilustrar esta dinámica,
el número de personajes y localizaciones
llega a ser un poco tedioso, si bien tal es
el tedio en que seguramente se encontraría
un trabajador del departamento Inversión
en Conflictos, con agendas, lugares y misiones
de trabajo un tanto inusuales y que el autor
es capaz de transmitir al lector.
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Se
trata de un libro denso en el que, llegados a
cierto punto, puede resultar difícil entender
la trama o las implicaciones de unas situaciones
en las siguientes, si bien en un momento dado
todo empieza a cuadrar mejor y, si es cierto que
“toda revolución se inicia con
una pequeña revuelta”, podemos
encontrar las pequeñas revueltas del día
a día que podrían llevar a las generaciones
venideras a un día a día de estas
características y, finalmente, acercar
ese mundo competitivo a nuestra vida cotidiana.
También encontramos la
evolución de un personaje y su adecuación
a un nuevo puesto de trabajo, una nueva vida laboral
con implicaciones que llegan a afectar a su matrimonio,
por el cual tanto él como su mujer luchan
en la medida en la que son capaces de valorarlo,
sin llegar a dejar muy claro en qué medida
la lucha resulta exitosa.
Por supuesto, algunas cosas
nunca cambian y así, tampoco lo hacen los
perfiles de compañeros a los que estamos
acostumbrados, perfectamente identificados en
uno o más personajes diferentes: El veterano,
el novato, el trepa, el envidioso, el compañero
fiel, el jefe abierto a nuevas ideas o el que
es más reacio a permitir cambios.
Puede resultar difícil
en un determinado momento o no cumplir todas las
expectativas de su sinopsis, pero una vez empezado,
merece entender que realmente podríamos
colaborar a que se desencadene (o no) una situación
como esa.
publicado en marzo
de 2008
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