 |
Curioso título, sí. Pero mucho
más curioso es el concepto de esta novela,
concepto que ya en su presentación (extraña,
espontánea, y siempre cargada de improvisados
y explosivos coitus interruptus), su
propio autor explica y vitorea.
He reído, sí, he reído
con la simple semilla de 253, imaginando lo
que vendría después, y qué
tipo de mente puede maquinar tal cosa. Al mismo
tiempo, también he reído por la
forma sarcástica de contarlo de Geoff
Ryman, personalidad con un gran sentido del
humor, sin lugar a dudas.
En dicho prólogo-extraña presentación-coitus
interruptus, se intuye aquello que ocupa
en el día a día a Ryman; sus clases
de Literatura Creativa, puesto que tanto la
presentación de marras como la novela
en sí, son todo un ejercicio de literatura
creativa y de imaginación, originalidad,
y ganas de dar la nota.
A modo de gran anuncio publicitario, y continuando
en sus diversas manifestaciones de presentación,
Ryman nos cuenta de qué va exactamente
253, pero insisto que lo hace de manera realmente
amena y original; a veces mordaz, a veces ingenua,
y siempre llamando la atención.
|
Es
tremenda, de verdad que sí.
Esta novela, que vio la luz
(o al menos su semilla), a través de Internet
en el año 98, y que por último terminó
engalanándose con el premio Philip K. Dick
en el año 99, ya nos pone los dientes largos
cuando entendemos el significado exacto de su
título.
Así es, por si la llamativa
portada de este volumen catorce de Albemuth Internacional
no fuera lo suficientemente explicativa, Geoff
Ryman nos saca de dudas al tiempo que enciende
en nosotros esa chispa de curiosidad y nerviosismo.
Veamos (y para que nos hagamos
una idea de lo que nos encontraremos), a modo
de introducción, tenemos un tren con siete
vagones; cada uno de ellos contiene 36 asientos.
Geoff, nos plantea un viaje sin agobios, sin overbooking,
(ideal de la muerte), donde todo el mundo va sentado,
con lo cual, tendríamos 252 pasajeros más
el conductor, es decir, el título del libro.
Asimismo, tendremos en cuenta
que la novela es metódica a más
no poder; cada personaje, sus pensamientos, ocuparán
una sola página, ni más ni menos.
Todas las historias seguirán la misma estructura;
apariencia del personaje, ocupación actual,
pensamientos, etc.
¿Metódica o no?
Creedme, tras pasar esa otra
sorpresa como es el mapa donde encontraremos la
ubicación de cada uno de los pasajeros
y aquello que ocupa su mente resumido en un par
de palabras (ahí es nada), comenzaremos
siendo testigos del proceso neuronal del conductor,
después, de la pasajera número uno;
Valery Tuck, trabajando mentalmente en su actual
artículo...
A todo esto, añadiremos
que, por supuesto, según vayamos ahondando
en los vagones, rebuscando en los asientos y entre
la maraña de mentes y ocupantes, tendremos
la oportunidad de llegar a importantes decisiones;
conclusiones hasta ese momento nebulosas, o puede
que apartar definitivamente aquello que ocupaba
espacio mental y no servía para nada. ¿Podremos
darle un nuevo y mental final a un clásico
del cine? ¿Seremos conscientes de nuestras
perversiones? ¿Nuestros puntos débiles?
¿Nuestros auténticos sentimientos
hacia las personas que nos rodean?
En fin, lo que sí está
claro es que 253 es una novela originalísima,
entretenida, y además nos proporciona la
oportunidad de ahogar la sed; sed de entrometernos
en las mentes ajenas, sobre todo en un espacio
tan reducido, a veces tan solitario, aislado,
puede que oscuro …
Pero mejor que seguir contando,
es disfrutar de lo que Ryman nos ofrece, un viaje
entretenido (que dura un total de siete minutos
y medio (o no)), y por extensión, su lectura
(que dura lo que uno quiera y dependiendo del
tiempo que disponga, claro está) y creatividad;
enviándonos unos pensamientos que provocarán
sonrisas, otros perplejidad, otros escalofríos,
quién sabe, cada lector imagino que será
como cada pasajero; distinto y con sus diferentes
puntos de vista a flor de piel. Disfrutando diferentes
perspectivas del libro; estas o aquellas elucubraciones.
En cuanto al final, si el concepto
de la novela en sí es original, el final
de esta no se queda corto. Está lleno de
sorpresas, una detrás de la otra, y algunas
tan verosímiles, que es posible que ocupen
algo más del tiempo del lector.
Desde luego, si existiera un
premio a originalidad y buen entretenimiento,
yo ya sabría a quien votar, y también,
sé quién resultaría ganador.
Vaya con este número catorce.
Viva su diversidad.
|