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Alucinaciones.TXT Por: Pily B.

Impresionante el descubrimiento. Impresionante…

Y sin más preámbulos, aquello que he descubierto, a pesar de que algunos de los autores son asiduos colaboradores de esta web anaranjada, es que el género en chile existe. Bien, de acuerdo, eso lo sabíamos todos, pero lo que quiero decir es que está vivito y coleando, que es lo que importa.

Reconozco que cuando tuve en mis manos la antología Alucinaciones.TXT, me dio pereza. Ella en sí misma. Su portada no me parecía demasiado llamativa, muchos autores que reseñar (no me entusiasma hablar de antologías, por si no se había notado), y la letra resultaba demasiado pequeña para mi gusto. Pero una vez la empecé, una vez me sumergí en la imaginativa chilena, me olvidé de todo eso. Hube de hacerlo.

Lógicamente, en Alucinaciones.TXT tenemos relatos de todo tipo: largos, cortos, más desbordantes, menos, muy adultos, algo infantiles, pero en general, la media, lo que dice en imaginarias letras mayúsculas, es que aquí hay nivel: nos estamos perdiendo entretenimiento fuera de esta piel de toro y de los países “criadero” habituales. Y yo no pienso seguir haciéndolo.

Sobre los autores, poco que objetar, dado que ninguno parece haber empezado a juntar letras recientemente, aunque haberlos haylos, al menos en lo que a letras fantásticas se refiere (hay autores noveles y de los que repiten buceo en su género predilecto).

En cuanto a los relatos, la antología da comienzo con “Overflow”, de Carlos Gaona, relato que, asimismo, ha sido publicado posteriormente en esta misma web. “Overflow” es una aventura sexual que empieza de muy buen grado y termina saliéndose de madre. Entretenida y excitante, pero con un final con muy mala baba. Desde luego, no deja indiferente… Ni siquiera a los amantes del café… o de los gatos.

El siguiente relato, “Cucharitas”, de Alejandra Costamagna, es de los más flojos con diferencia. No me gusta ser excesivamente dura, ni negativa, ni injusta con el trabajo de otros, entre otras cosas porque creo que no soy quién. Pero sí es cierto que hay evidencias que es necesario reconocer, y este es de esos relatos que no terminas de comprender; que crees no te ha llevado a ningún lado, y para mi gusto peca un tanto de infantil. ¿Trata sobre el fin del mundo? Y los helados de naranja…

“Reflejos”, de Pablo Castro, es una de las primeras joyas. La idea es original en cierto modo, y la forma de exponerlo, tan triste, tan cadenciosa, tan rotunda (el protagonista debe tomar una decisión que nadie querría tener nunca que tomar), conduce inmediatamente al lector a un estado de desasosiego; a preguntarse constantemente si en un futuro podría pasar algo así: la fabricación de copias digitales de personas que, una vez fenecida la original, cobran vida y toman su propio rumbo. Los reflejos de Pablo Castro, son independientes, y a pesar de su aura digital, pueden sentir y hacernos sentir, tomar decisiones por sí mismos… Pero eso sí, no olvidemos que tanto las ideas malas como las buenas, suelen estar sustentadas por un negocio, y este tiene que continuar…

Desde luego el relato de Pablo Castro no es solo puro entretenimiento, también es sentimiento.

Álvaro Bisama, por su parte, se descuelga con “La vida que vendrá”, un relato donde lo que aparentemente termina siendo basura, se convierte en la inusual decoración de una vida conjunta, prometedora… Es el relato de un amor que resulta ser imposible. Una historia mística, en la que aparece y desaparece un horrible Mesías, cuyo nombre además no puede ser pronunciado. Es la historia de esas personas que no son lo que parecen ser: que esconden un pasado y una filosofía atroz. Que arrastra a otras personas…

Es poesía decadente. Curiosa “La vida que vendrá”

Ángela González, asimismo, también sabe cómo trasmitirnos una historia un tanto enrevesada, tanto por su forma de contarla como por la trama en sí. “Lazos de organdí” es una constante guerra, tanto exterior como interior: la extraña relación entre adultos y niños, entre hermanos y padres… es una metáfora dentro de otra, donde el sufrimiento y el miedo infantil se ven aplacados por una relación un tanto “peculiar”.

No quiero desvelar mucho más, pero desde luego “Lazos de organdí”, a pesar de lo que cuenta, de su ambientación, de cómo termina revelándose esa especie de virus que termina con un importante sector de la humanidad, es bella en sí misma.

Jorge Baradit, llega con “La conquista mágica de América”, una peculiar vuelta de tuerca a la historia de la conquista, realizada esta vez a través del misticismo y las tribus: de chamanes y visiones. De los consejos del más allá. Es en sí misma una historia de fantasía antigua, plagada de dioses y ritos y, como digo, del misticismo, con la madre naturaleza como protagonista principal. Por supuesto, también tenemos a aquel conquistador, Cortés, y la América de fondo, siempre de fondo, pues su mismo título lo dice: “La conquista mágica de América”. Y tan mágica.

“El ciclista paralógico” no tiene solo un título llamativo. La historia relatada por Sergio Gómez también lo es y, personalmente, es una de las que más me ha gustado. En ella, tenemos a un trabajador, a un ciclista paralógico, que ha de pedalear incansablemente por las autopistas asimismo paralógicas que le son encomendadas; consiguiendo el ritmo adecuado, cumpliendo así con su trabajo que, aunque parezca mentira, es salvar vidas humanas. En un ambiente de claros y oscuros, de colores proyectados que podrían ser tan verdaderos como falsos, pero que siempre son artificiales e intentan recrear qué es lo que está sucediendo en el exterior, tenemos una personalidad preocupada por su trabajo, por continuar pedaleando sea como fuere; rezando a un dios programador porque le deje habitar cuanto más tiempo mejor, dentro de ese imprescindible mundo de velocidades paralógicas.

“Santa Graciela” de Francisco Ortega, nos roba todo el sosiego que pudiéramos tener. No voy a desvelar el meollo principal como es lógico, pero sí diré que trata un tema muy manido en la fantasía oscura, pero de otra forma. Aparte de esto, lo principal, lo que más llama la atención, lo que nos pone en materia y da escalofríos, es que el núcleo de la trama gira en torno a una averiguación: qué es lo que ha sucedido en cierta isla penitenciaria. Por qué no reciben comunicación por su parte en el exterior.

Desde luego, esta aventura de horror, desborda atrocidad y por supuesto toda la oscuridad que se pudiera esperar. Tiene momentos realmente desagradables, explícitos, gore, pero que por supuesto tienen un porqué.

Luís Saavedra, con su “Esferas de carey”, nos vuelve la cabeza del revés. Me explico, es un relato tan surrealista, tan dentro del mundo onírico, que a veces uno no sabe si está cabeza arriba o cabeza abajo, tan solo que su protagonista está enamorado de una mujer misteriosa, única, perfecta, pero aparentemente inalcanzable. Por momentos, uno no sabe si está teniendo lugar una aparentemente apacible reunión entre ellos, o es él quien se despide definitivamente de la vida y para ello escoge hacerlo a través del mejor de los sueños: el de una mujer de la que además brotan, de su atuendo, bellas y cambiantes esferas. ¿Son sueños? ¿Es agonía lo que recubre las paredes de este lugar? ¿Es solo amor? ¿La soberbia de la belleza? Quién sabe, a pesar de ello, “Esferas de carey” es hermoso. Muy hermoso.

“Señuelo” de Soledad Véliz, es otro de los relatos que se me ha quedado grabado a fuego. Soledad Véliz, quien también ilustra (y relata) en las antologías de Poliedro, demuestra ser toda una maestra en este mundo de la comunicación escrita: en los futuros grises y nocivos. Su historia es original desde el comienzo, y su protagonista tiene una fuerza extraordinaria. En el futuro que Soledad maneja, los ancianos pueden ser útiles dejando que su cerebro sea utilizado para almacenar, digamos que aquella información que pudiera ser patrimonio de la humanidad. Pero como siempre ocurre, en todo rebaño hay una oveja negra, y ésta es quien nos entretendrá; aunque solo sea a través de aquellas crueldades que comete, con sus locuras y paranoias… sus actos descerebrados. Todo ello orquestado rápidamente por la compañía de su nueva compañera, claro.

“Señuelo”, repito, es de los cuentos que, a mi modo de ver, es de los más sobresalientes dentro de esta antología.

No obstante, “El barco panteonero”, de Oscar Barrientos, es todo lo contrario: otro de los puntos débiles de la antología. Está bien llevado, eso que vaya por delante, y trata sobre lo que su mismo título indica, pero a pesar de que entretiene, es de los que una vez lo acabas, lo acabas. No deja huella. No hace pensar.

Con “El prisionero” de Alberto Rojas, vuelve el ritmo. La trama no es demasiado complicada, pero tiene su aquél. Nos encontramos con que, precisamente por una inconveniencia climatológica, un aviador viaja al pasado (treinta y tres años atrás exactamente) y se topa con una sociedad chilena que, por supuesto, aún ni sabe de la existencia de los aviones. Y están en plena guerra. Y no saben cómo terminará esta, ni cuando. ¿Trastocará la historia la llegada del aviador, o simplemente le tomarán por loco?

“El juego”, de Marcelo López, es otra de esas historias que calan hondo desde un principio. Que obliga a no dejarla hasta su final. Y es que sus colores inhumanos le abruman a uno; sus tonalidades, todas ellas marcadas por el trasfondo de la guerra, atrapan. Como en casi todas las historias, de nuevo estamos en Chile, un Chile futuro, en guerra, pero que en lo que al lector respecta, lo centra en una escuela abandonada, habitada cada vez por menos infantes… Y es que algo empezó llevándose a los adultos, ¿el virus de la guerra?, y ahora se está llevando a los más pequeños. La escuela, se ha transformado en una cárcel fantasmagórica, donde el mismo lector se siente solo, desamparado, enfermo…

“Un Mustang P-51D en escala 1/72, marca Matchbox”, de Tito Matamala, es tan surrealista como su propio título indica. Tenemos ni más ni menos que una nueva caza de brujas, otro Fahrenheit 451, pero esta vez la cabeza de turco son los modelistas: aquellos que trabajan o simplemente son aficionados a las pequeñas maquetas. Tanto los que las montan, como los que también las diseñan, son perseguidos y sus trabajos son expurgados y destruidos. Una desorbitada criba en la sociedad chilena da lugar a que esta bella afición termine. Que no se piense ni se hable de ella, dado que, según algunos, nunca debió existir.

El final es lo mejor. Tremendo…

“Glykabill”, de Sergio Meier, es otra fantasía un tanto enrevesada. Trata sobre cómo viene el amo y lo quiere destruir todo, para poder gobernar así Glykabill. Es una lucha sin tregua, que finalmente no sabemos si lleva al algún lugar.

“El monstruo del pozo”, de Francisca Soler, no es de las historias que más despunta. No obstante entretiene, es directa y tiene la extensión justa. El giro final, encoge un tanto el estómago. A pesar de que es previsible, y no demasiado espectacular, encaja perfectamente dentro de la antología.

“Puente sobre fuego turbulento”, de Toncy Dunlop, es de esas concesiones que a uno le pueden revolver o no. Desde luego no deja indiferente, y o bien se odia, o sencillamente se acepta.

“Puente sobre fuego turbulento” aborda la historia de una niña maleducada (si es que tiene alguna educación), y más avispada de lo normal, dada su edad. Ésta, busca la verdad sobre la desaparición de su madre, mientras tiene una turbulenta relación con su padre. Todo ello, la mala educación de la niña, la sordidez del escenario, es acompañado al mismo tiempo de un Chile futuro y decrépito, y acompasado asimismo por el vaivén venenoso del cauce del río Mapocho.

Como digo, “Puente sobre fuego turbulento”, dado el lenguaje y el descaro de la niña, puede herir susceptibilidades, pero buscándole el lado cómico y pasando por alto ciertas aberraciones, entretiene de forma… digamos diferente.

Sergio Amira, hace su aparición con “Anticuerpos”, relato que a estas alturas y, por diferentes causas, creo haber leído hasta la saciedad. “Anticuerpos” es bello por la oscuridad que destila. Por el sufrimiento, incluido el del mismo autor, imagino, cuando comprobó la errata que en su índice llevó a Armando Rosselot a ser el pasajero artífice de esta historia que, según parece, es el germen de una colección de cuentos ambientados en lo que Amira ha dado en llamar, “Ceniverso”, o universo de Céfiro. Éste, abre la veda y le da pie a Céfiro, su protagonista, a ser el anticuerpo que el título apunta. Céfiro es un agente chileno preparado para limpiar la ciudad. Y ahora tiene una nueva misión, y tanta hambre…

Armando Rosselot (también asiduo colaborador de NGC), a pesar de lo que el índice de la antología indicaba, nos regala “Por la tarde los niños se aburren”. No quiero profundizar mucho en él por miedo a desvelar más de lo debido, pero sí he de apuntar que el lector se ve inmerso en una guardería: viendo a través de los ojos de una niña que, a su vez, observa cosas extrañas: comportamientos que no se producen, o que lo hacen sin que ello debiera suceder… Tal y como se espera, nadie es quien parece ser, y la soledad podría esta acechando tras la esquina…

Se trata de una historia futurista inquietante, sí.

El último relato que conforma esta, en general, soberbia veintena, es “Los que no vuelven”, de Gabriel Mérida. Es una historia cadenciosa, quizá como la misma trama. Para finalizar la antología, tenemos un extraño viaje, donde aquellos viajeros que están dispuestos a hacerlo, van dispuestos a visitar un Chile sumergido por desgraciados y antiguos movimientos tectónicos. Es un relato ambientado básicamente en la tristeza y la melancolía, donde la gente se conoce entre sí, o no termina de hacerlo respecto a sí mismo, hasta el momento en que deciden que es el final.

Delicioso, pero, insisto, triste…

Para terminar, sobre el volumen en sí, o mejor dicho de cómo surgió, he leído que lo hizo de una forma más bien fortuita, como todo lo bueno. Alguno de esos autores que pueblan sus páginas tuvieron la idea (o eso entendí), de escribir un relato y al mismo tiempo invitar a otros autores a que lo hicieran, para así configurar lo que es ahora esta pequeña vereda que conduce al fantástico chileno actual.

Todo surgió de manera entusiasta, eso está claro. Desgraciadamente, como también suele suceder en otros bonitos proyectos, éste se torció y en la actualidad no parece haber quedado un buen sabor de boca. Sé que a parte de esto, de los más y los menos entre algunos de los integrantes, en el volumen hay algún error que otro como es el que he apuntado, ese cambio en el índice de algún título y autor, pero no entraré en ello. No me incumbe. No me interesa. Eso no tiene la menor importancia para el lector auténticamente interesado. Lo único importante de verdad en este volumen azul, en esta antología metálica, como también he leído de su descripción, es que nos abre las puertas a la literatura de género chilena. Y nos demuestra que ésta, está viva. Muy viva.

 

publicado en abril de 2008

| Puerto de Escape Editorial | Varios autores | ISBN: 978-956-8648-02-2 | 238 págs. | Noviembre 2007 |
 
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