Antes
de dar comienzo a la lectura de Cazador
de mentiras, que conste, sabía
perfectamente que me enfrentaba a algo gordo (y
no lo digo por el tamaño del libro, que
también…); incluso días antes,
cuando llegué (tarde) a su presentación
y desde lo alto de las escaleras de la librería
donde ésta estaba teniendo lugar (Estudio
en Escarlata; Madrid), sin poder a penas cazar
al vuelo alguna palabra -dada la cantidad de gente
que asistió; lo alejada que estaba del
lugar donde parloteaban los autores, y la ausencia
de micrófonos-, también supe que
algo mayúsculo me esperaba tras la ominosa
mirada de su portada.
Pero como se suele decir (y muy
acertadamente), descubrí que la realidad
siempre supera la ficción, y en este caso,
lo que pensaba que iba leer (la lectura que imaginaba),
y lo que después me encontré (la
realidad del texto), como el mismo refrán
dice, superó mis expectativas con creces.
Pero con muchas, muchas creces. Con tantas, que
aun hoy, dos días después de terminar
la lectura de Cazador de Mentiras,
todavía me pregunto cuál ha sido
la fórmula exacta para obtener semejante
resultado. ¿Cómo es posible que
lo hayan hecho tan bien? ¿Es que no es
ficción configurar una historia así;
tan sorprendente, tan cercana, tan redonda de
principio a fin? Y me repito, ¿tan redonda
de principio a fin?
Cierto, lo sé, ambos,
tanto Santiago
Eximeno como David
Jasso, son dos excelentes autores y también
ambos, qué casualidad, lo son del género
del terror, pero, ¿quién nos aseguraba,
a ellos mismos, que la combinación no daría
un resultado igual al que obtienen por separado,
o incluso inferior? Entonces, de haber sido así,
¿cuál habría sido el misterio?,
¿lo bello de esta unión?, ¿la
verdadera aportación original? (Si es que
esperaban aportar algo nuevo)
Reconozco que este tipo de pensamientos
se me pasaban por la cabeza cuando inicié
la lectura, pero, rápidamente, descubrí
algo muy habitual en David
Jasso, algo que al mismo tiempo le empezaba
a imprimir muchísima fuerza a esta interesante
combinación, y entonces confié;
confié ciegamente. Ahí estaba, su
excelente manera de plasmar la rutina, esa con
la que todos cargamos. Y esto, señoras
y señores, a mí me engancha a la
primera; tener un libro en las manos en el que,
lea lo que lea, todo me resulta creíble
(y plausible), un libro en el que los personajes
son más tridimensionales que muchas de
las personas que conozco… En fin, como para
no engancharme.
Por eso mismo, y aunque la historia
había dado comienzo como la típica
película de terror; padre-madre-niño-coche-viaje-parada-bosque-oscuridad-selialagorda,
etc…, la continuación de la
trama (y no es que el comienzo no sea interesante,
pero también común), ya empezaba
a tener su aquél; incluso adentrándonos
aparentemente en una historia sobre niños
y sus problemas, para niños y sus problemas.
Y es que en realidad, dentro
de Cazador de mentiras
tenemos un gran cúmulo de mundos diferentes,
no solo el de lo infantil -que es de lo que se
nos hace entrega en un primer momento-, sino todo
el universo del terror, el más descorazonador
y verosímil (que para eso está el
señor
Eximeno; gran maestro artífice de las
criaturas más deformes e inmisericordes.
Su cuidado sello está en el cazador, indiscutiblemente);
no ese terror que todos esperamos, no, uno mucho
peor e imaginativo. Uno que no da tregua a la
esperanza, uno que no deja títere con cabeza…
De todos modos, vuelvo a lo dicho
anteriormente, hay historias de niños que,
aparentemente, comienzan con simplezas tales
como es ese recordatorio velado a un personaje
que todos conocemos; el del hombre del saco (y
vaya con el hombre del saco). También,
tenemos asuntos de adultos mientras se enfrentan
éstos a sus vidas, a sus miserias, a sus
miedos, y a lo que termina metamorfoseándose
en Certeza; el pueblo en el que habita la oscuridad
más absoluta.
Pero el verdadero meollo de la
cuestión (lo más desquiciante del
libro), que conste que es esto, lo que ya comienza
siendo el discurrir de esas vidas totalmente dispares;
unas vidas que incluso tienen lugar en distintos
puntos de España. Así es, hablo
de la rutina de personas que, aparentemente, no
tienen nada que ver las unas con las otras, que
viven como pueden, más que como quieren,
y acarrean sus problemas a duras penas y a todas
partes. Pero, ¿y qué tiene esto
de particular? Vale, puede ser interesante, pero,
¿y qué? ¿Qué hay de
eso?
En un principio, que esos pellejos,
llevan unas vidas tan, tan tristes, difíciles,
y desgraciadamente reales aquí también,
en nuestro mundo real que, repito, puede que esto
sea lo que más termine asustándonos.
En segundo lugar, que dichos pellejos son perfectamente
desmenuzados y ofrecidos en atractivo sacrificio
al lector desde el mismo momento de su aparición,
y claro, para colmo, hete aquí que, por
el azar, por las casualidades de la vida, o por
la famosa hache, y esa que le sigue, la be, al
final, hasta el último de los individuos
termina en ese lugar donde reside el peor foco
del mal, de la oscuridad y del horror (cómo
no); ese pueblo donde, sin importar la edad, la
condición o la situación, serán
perseguidos y castigados por incumplir el octavo
mandamiento.
Y es que nadie es inocente, ¿sabéis?
Por otra parte, lo curioso es
que toda esa paranoia que termina revelándose,
viene de la mano del intento de sacrificio de
una gatita. Qué cosas, ¿no? Algo
tan singular y a la vez cotidiano (cuántos
gatitos no morirán cada día), que
cualquiera diría que pudiera dar tanto
de sí. Pero hacerlo lo hace, y cómo:
Lo que acontece, sucede de tal modo que desde
el mismo sufrimiento de su ama, hasta el de aquél
que ha de proceder al sacrificio del animal, se
nos revela de una forma tan extremadamente visual,
que cada instantánea es asimilada por el
lector como si verdaderamente lo estuviera viviendo
(ya sabéis, el famoso; ¿y qué
haría yo si…?); los pensamientos
de cada uno de los personajes son tan claros y
fácilmente asimilables, que los sentimos
casi con la misma intensidad que ellos mismos…
Y eso es solo el principio. Una
simple migaja. Un pasaje casi insignificante si
tenemos en cuenta todo lo que vendrá después,
porque, en definitiva, este comienzo, sí,
tan lleno de vida, de detalles, y verosimilitud,
es lo que terminará siendo; el comienzo
de todo. Su ritmo posterior, y aquello que se
alimentará del principio, e incluso de
nuestras ansias, continuará in crescendo
siempre en credibilidad y en humanización,
¿o era deshumanización? En fin,
lo que sea, pero lo hará hasta suministrarnos
no uno, sino múltiples clímax por
medio de distintas pieles; las del bien y las
del mal.
Sí, lo sé, ahora
es cuando debería profundizar más
o quizá revelar detalles escabrosos y dejaros
con la boca abierta, pero, para qué hacerlo
si lo haré mal (incluso en algo así
seré incapaz de aproximarme a lo que he
leído). Decir que tenemos ante nosotros
la historia de El hombre del saco, asimismo, es
escupir un gran insulto sobre el libro (por mucho
miedo que a algunos nos diera). No obstante, también
es cierto que no deja de ser la semilla; algo
desdibujada y superada por el dúo exponencialmente,
pero la semilla lo es. Aun así, creedme,
tampoco es que este detalle aporte mucho (repito,
teniendo en cuenta lo que nos encontraremos después).
Por otra parte, ¿para
qué desvelar secretos cuando ya he intentado
transmitiros las bondades de Eximeno
y Jasso
a la hora de parir personajes?, ¿si además
aseguro que el hilo de los acontecimientos no
ceja en su ritmo hasta el mismo final?
…Eeeeh, bueno, un momento.
Sí, tal vez sí podría decir
algo. Podría añadir que me parece
magnífica la forma que tienen de dar vida
a ese pueblo, y no solo a sus habitantes; a sus
casas (algunas de ellas protagonizando escenas
que van de lo más tierno a lo más
espeluznante), y sobre todo a sus bosques; esos
que desde la primera incursión, aunque
parezca mentira, saben cómo hacernos sentir
acechados; nos amedrentan, diezman nuestras energías,
e incluso a veces, llegan a rasgar nuestra piel
de papel en el momento en que echamos a correr,
guiados SIEMPRE por la oscuridad, el miedo, y
la desesperación.
… En fin, ya sabéis,
tras la lectura de Cazador de Mentiras,
no digáis que no estáis avisados;
si incumplís ese octavo mandamiento, él
os perseguirá, aunque… bueno, bien
mirado, ¡qué narices!, el que esté
libre de pecado, que tire la primera piedra. Eso
sí, mirad por si hay algo vivo debajo,
por favor.
Y por último, el trailer
en YouTube: http://www.youtube.com:80/watch?v=HzpVv0Y9_UI
, trailer que no veréis del mismo modo
tras la lectura de la novela.
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