Sí,
bien por ellos, porque han apostado por materializar
un libro de muy buen ver; con portada a color,
ilustraciones interiores, un tipo de letra agradable
de leer, y una encuadernación profesional.
Repito, estupenda muestra (y es solo el comienzo,
espero).
Y entrando ya en materia, el
primer relato, “El cuervo del sepulturero”,
es la obra de Juan Ángel Laguna Edroso.
Se trata de una historia breve, de prosa muy correcta,
que nos lleva a través del paisaje de lo
tenebroso y lo gótico. Su protagonista,
un muchacho que vigila muy de cerca los movimientos
de ciertos personajes (intrigantes para todos),
augura en un principio un rato de bella oscuridad
al lector. Y bien, aunque ese augurio no es del
todo falso, desde luego los derroteros que termina
persiguiendo “El cuervo del sepulturero”,
no tienen toda esa fuerza y originalidad que se
pudiera esperar en su inicio. Aun así,
consigue hacernos pasar un rato entretenido, pero
eso sí, sin mucha más pretensión.
La segunda muestra, la exhibe
“Experimento fallido”,
de Alex Godmir. Dicho experimento, quiero decir,
relato, es precisamente ese que a mí me
toca la fibra sensible; ya sabéis, en esta
ocasión, se trata de scifi oscura.
En la historia de Alex, fluida
y electrizante de principio a fin, hallamos el
desarrollo de un experimento de laboratorio llevado
a cabo por dos investigadores de dudosa moral
(sobre todo la de uno de ellos). Tendremos gran
dosis de una extraña criatura; que ni se
sabe de dónde viene, ni de qué va,
pero que desde luego capta nuestra curiosidad
y no la suelta hasta haber concluido la aventura…
Entre tanto, Alex, que no deja de ser coherente
y mantiene ese ritmo que en todo momento se espera
de él, demuestra que sabe cómo captar
nuestra atención; haciéndonos estremecer
unas veces de pena y otras de inquietud, pero
de un modo u otro, siempre jugando con nuestros
sentimientos.
Para referirme a “Palmeros
de Sangre”, de Gerard Puig Cortés,
creo que me quedaría corta si tan solo
dijese que es una historia de vampiros pero algo
más original. “Palmeros de
Sangre”, además de haber
sido ambientada prácticamente en la Cuba
de la actualidad, relata el pesar de un vampiro
único (por su naturaleza); un vampiro apático,
triste, preocupado, aunque siempre seductor. Se
trata de una narración sanguinolenta que,
dada la temática de este Desván,
no podía faltar, pero además, lo
hace yendo un poco más allá; mostrándonos
la naturaleza de una criatura noble y sensible,
una criatura hermosa, como lo es en todo su conjunto
“Palmeros de Sangre”.
Continúa Manuel Mije,
empeñándose en ponernos el vello
de punta y a conciencia. En su “Madre”,
como el título muy bien indica, analiza
los pensamientos y actos de un hijo obsesionado
con su progenitora. La vida que llevan estos dos,
es una auténtica pesadilla; una locura,
una aberración, una obsesión insana.
Manuel Mije, sin a penas despeinarse, pone en
evidencia un buen puñado de sentimientos
corrompidos a través de sus personajes,
y los mismos sentimientos del lector, a flor de
piel. Desde luego, tanta perversión, tanto
sufrimiento, tanta oscuridad en el alma, aunque
despierten los intestinos de aquel que está
leyendo, terminan siendo hermosos por la forma
en que Manuel Mije traslada todo esto a papel.
Miguel Puente, más tarde,
hace que su “Casa de Carón”
deje atrás el meridiano de esta curiosa
antología. “Casa de Carón”,
así fue, al principio me recordó
sospechosamente a otra historia ya llevada en
dos ocasiones (creo, porque consta de dos partes)
a la gran pantalla. Aun así, la leí
con gusto puesto que no deja atrás, como
otras historias pasadas y también futuras,
ese buen ritmo y frescura que a una tanto le motiva
a la hora de leer. Eso sí, lo de leer con
gusto, se esfumó rápidamente y fue
sustituido por auténtica fruición
en el momento en que el personaje principal, se
ve metido (de una manera absurda y por las buenas)
en un atolladero del diez; dentro de
un ambiente de pesadilla, en el que uno no sabe
qué está sucediendo exactamente
o ni siquiera si lo hace en realidad. El desgraciado
de turno, es constantemente asediado por un determinado
número de apariciones y averiguaciones
dentro de un mundo de paranoia. Tras tanta locura,
por si no hubiéramos terminado lo suficientemente
hipnotizados, llegamos a un final que, quién
sabe, podría ocultar moraleja.
No obstante, David Valero Bartola
parece querer terminar del todo con la pesadilla
anterior y mediante “Polvo al polvo”,
le da el toque de humor que, ya a estas alturas
y dada la temática, una servidora ya no
esperaba. Dicha historia “polvorienta”
tiene momentos de auténtica carcajada,
ocurrentes de verdad; de buenas a primeras, nos
vemos envueltos en una situación harto
insólita a través del pellejo de
un pobre hombre que, tras haber frecuentado brevemente
una fiesta, se ve dentro de un ataúd y
totalmente abandonado. ¿Cómo es
eso posible? Las circunstancias de su vida nos
irán dando las claves ¿necesarias?,
o mejor aún, sus desternillantes líneas
de pensamientos nos acercarán a un final
que no termina de ser, hasta casi, casi el último
momento, algo previsible.
Lástima que, para mi gusto,
sea tan breve.
El siguiente y generoso bocado
de género fosco, nos llega con “La
mecánica del alma”, del
autor Ernesto Fernández. Dicha historia,
resulta intrigante y se centra en el mundo del
espiritismo y los inventos estrambóticos.
Ernesto Fernández, sabe cómo captar
el interés del lector y lo digo con conocimiento
de causa, dado que las historias sobre ouija
y similares, no son del todo de mi interés.
No obstante, “La mecánica
del alma”, cumple muy bien con
su papel de entretener y aguijonear la curiosidad
de aquel que se deja atrapar, ya que, para más
inri, introduce interesantes elementos fantacientíficos.
La penúltima entrega lleva
por título “El ladrón
de margaritas”. Jordi Bonet, nos
cuenta una de seres oscuros y por todos conocidos
(no, no desvelaré nada más). Pero
eso sí, lo atractivo de “El
ladrón de margaritas”, es
que se trata de una historia detectivesca en toda
regla; oscura y misteriosa, aunque con elementos
de otros escritos que, bien mirado, no velan su
belleza pero sí su originalidad.
Y si, yo personalmente, esperaba
un final apoteósico, dado el nivel medio
de la antología que, por si no ha quedado
claro, es bastante alto y satisfactorio. Y éste
llega, claro que llega. ¿Que cómo
lo hace? Como no podía ser de otro modo,
por medio de uno de los maestros del terror en
nuestro país. Cierto, me refiero a Santiago
Eximeno. Éste, pone nuestra cabeza
patas arriba con “Una nueva esperanza”,
dado que la esperanza que aquí nos desvela,
tiene más de pesimismo que de otra cosa.
Ya que no lo he hecho (o eso espero) hasta el
momento, no aclararé nada sobre la trama
de Eximeno,
pero sí puedo asegurar que esta nos deja
planchados, patidifusos, deseosos de que lo que
cuenta no llegue a tener lugar ni en el presente,
ni en el futuro. Desde luego, en cuanto a oscuridad
y maquiavelismo, no sé cuál de todos
los títulos se llevará la palma,
pero si uno ha de hacerlo por su originalidad
y enrevesamiento, éste es el título.
“Una nueva esperanza”,
es una nueva vuelta de tuerca dentro del universo
de lo siniestro, ese universo que a Eximeno
se le da tan bien frecuentar.
Pero, he aquí el punto
y final. El resto, en papel y tinta para aquellos
que aún no hayan oído hablar de
esta nueva selección; y para aquellos otros
que ya hemos disfrutado del primer volumen, la
esperanza de ese número dos; cargado de
más género fosco y de plumas tan
solitarias, oscuras, y virtuosas como las que
han alimentado este.
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