|
… ¿Alguna vez, mientras leías
algo que te tenía en una nube, has bendecido
a tus padres por enviarte al colegio (y así
aprender a leer); a aquellos otros que han puesto
libros en tus manos en la infancia; a la tinta
de sus páginas...? No sé si sabes
a qué me refiero. Imagino que sí,
¿y lo has sentido alguna vez? Pues así
me siento yo según avanzo en la lectura
de Encrucijada, dando gracias en todo momento,
flipándolo en cada situación,
sintiéndome dichosa por una lectura tan
imaginativa, cercana, y poderosa…
Sí, este es solo el inicio de un comentario
a cerca de Encrucijada.
Dicho comentario, tuvo lugar a puerta cerrada
(léase mail) sin ningún ánimo
de nada. En él, solo había corazón,
y al mismo tiempo, daba a entender qué
estaba despertando en mí la lectura de
dicho volumen. Y bien, una vez terminado este,
sigo pensando lo mismo; he disfrutado tanto
de Encrucijada, que aún regalo bendiciones.
Ésta, su lectura, me ha transportado
tan lejos, me ha mantenido tan a flote, me ha
sorprendido tan gratamente, que no puedo por
menos que reproducir algunas de mis palabras
privadas. La razón de hacerlo es simple
(y repetida hasta la saciedad); cuando una obra
me apasiona de modo similar a como lo ha hecho
Encrucijada, el comentario
“serio” termina siendo una patata,
por ello, abogo por la espontaneidad y unas
pocas pinceladas más.
|
Por
esta razón, me veo en la obligación
de reconocer que antes de volver al universo creado
por Tobías,
sentía algo de pereza. Sí, la sentía,
por aquello de que, tal vez, solo tal vez, tendría
que enfrentarme a una tercera parte (que afortunadamente
continúa siendo un mamotreto), que me obligaría
a recordar a base de tragarme páginas y
más páginas habando de lo mismo,
qué ocurrió aproximadamente en los
libros anteriores; qué ha sido de este
o aquél personaje, y en qué quedó
este o aquél encuentro… Pero, hete
aquí que también esta tercera entrega
de La Tierra del Dragón,
se ha llevado la palma en cuanto a habilidad a
la hora de refrescar memorias. ¡Aleluya!
Tobías
Grumm, si ya antaño me dejó
pasmada con esta, cada vez más tremenda
historia de fantasía; si ya demostró
con creces su maestría a la hora de describir
personajes y sentimientos, de inventar (o no)
paisajes de ensueño, de construir futuros
mágicos, lóbregos, y siempre inciertos,
en esta ocasión ha sabido además
cómo dar un comienzo perfectamente refrescante,
que por si fuera poco logra ir directo al grano.
Así es, rápidamente,
nos topamos con aquellos personajes que ya conocemos
y que, una vez redescubiertos, caemos en la cuenta
de cuánto echábamos de menos; figuras
principales que a su vez irán rodeándose
de nuevas entidades. En un abrir y cerrar de ojos,
o mejor aún, en una rápida pasada
de hojas, iremos adentrándonos en esas
aventuras que quedaron a medias, y en aquellas
otras que surgirán al mismo tiempo que,
como siempre sucede con Tobías,
los mundos interiores de los que las pueblan van
expandiéndose y apoderándose de
la mente e imaginación del lector. Eso
es, una vez leídas las primeras páginas,
solo nos queda adentrarnos en la reciente entrega
y entusiasmarnos según van desarrollándose
nuevos acontecimientos. (Y lo haremos)
Y si es de agradecer esa forma
de introducirnos por tercera vez en su mundo,
no lo es menos eso otro que iremos descubriendo.
Así, a bote pronto, lo primero en saltar
a la vista es la madurez del narrador. Tobías
Grumm, ha crecido a todos los niveles. Su
imaginación, es quizá más
desbordante que en ocasiones anteriores; su prosa,
es mucho más fluida, espontánea,
consistente y coherente, y para colmo, rebosa
una energía sin fin. Al mismo tiempo, las
circunstancias (y aquellos que se ven envueltos
en ellas), también terminan resolviéndose
(o enredándose) de una forma mucho más
madura y hechizante, y ni qué decir tiene
que el interés que despiertan las mismas
va in crescendo.
Pero, vaya, para aumentar la
apuesta, asimismo contemplaremos una mayor concentración
de erotismo y sexo, muerte y sufrimiento, e incluso
escatología sin par (teniendo en cuenta
anteriores obras de Grumm).
En pocas palabras, no hay tregua para el lector;
aquellos pasajes desgarradores, los serán
a veces hasta límites insospechados; tan
terriblemente humanos y verosímiles…
Cada instante demoledor, cada muerte, cada altercado,
cada romance, nos serán trasladados con
tal naturalidad, que irremediablemente terminaremos
por subir a esa nube de la que hablaba. Lo malo
de esto, claro, es que aunque a veces se trate
de una tierna y algodonosa nube, otras muchas
veces (las más), iremos flotando sobre
un auténtico nubarrón, y mientras
nos apeamos de la una y nos subimos al otro, seremos
asimismo testigos de la aparición de nuevas
formas de sufrimiento, de desamparo, y también,
cómo no, de esperanza y metas cumplidas.
Y como esto es un suma y sigue,
si uno no se queda lo suficientemente patidifuso
con ese estilo que tiene Tobías
de hilvanar sucesos, de dar vida a entrañables
o temibles personajes, también nos asomaremos
a grandes y cruentas batallas; contemplaremos
las diversas apariciones de esas criaturas mitológicas;
elfos, trasgos, orcos... y por supuesto, los esperados
dragones, que ven en esta tercera entrega su auténtico
renacer. Todo ello, por si aún hay dudas,
siempre orquestado al son del sufrimiento y el
horror, descritos estos con una veracidad desbordante,
sin tapujos ni límites; siempre desde dentro.
Y ahora bien, una vez mondada
la patata prometida, solo queda probar el último
guiso confeccionado por el inagotable Tobías
Grumm.
En vuestras manos queda. |