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Según sabemos por Ramón
G. Delagua (prologador de este volumen número
trece), es posible que aquel lector que aún
desconozca la obra de Vernor Vinge (matemático
y profesor de la materia hasta hace unos pocos
años), se lleve una grata sorpresa y
descubra algo nuevo; o al menos a otro de los
grandes, ya que, por desgracia, Vernor Vinge
aquí en nuestro país no está
siendo tomado muy en cuenta (¿cambiará
esto? Grupo
A.J.E.C parece querer intentarlo).
“El monstruo
de las galletas”, el volumen
trece (¿dije ya que era el trece?), contiene
dos novelas cortas ganadoras ambas del premio
Hugo, y en el caso de la novela que da título
al volumen, también del premio Locus
en el año 2004.
Bien, en el número trece,
además de dos obras reconocidas y valoradas
allende los mares, también podemos encontrarnos
una curiosa visión (más en la
segunda entrega que en la primera) del género
denominado como cyberpunk.
En la primera entrega, nos
damos de bruces con el cambio en la vida de
una chiquilla que, harta de una existencia insignificante
y sin rumbo, y queriendo cambiarla partiendo
de su nuevo universo laboral, comienza a trabajar
en el departamento de Atención al Cliente
de una importante compañía tecnológica;
Lotsa Tech. Pero el primer día (¿para
qué esperar más?), recibe un correo
misterioso (y algo obsceno), tanto por su semioculta
procedencia como por la no-identidad de su autor.
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Dixie
Mae, que así se llama la protagonista,
ni corta ni perezosa se dispone a averiguar quién
es aquel que no solo quiere provocarla, sino que
además sabe perfectamente secretos que
nadie más conoce… Para ello, echa
mano de alguno de sus amigos y va hilvanando pistas
que, a simple vista, parecen más una locura
continuada que otra cosa.
A partir de este momento, el
momento en que Dixie Mae se empecina en no dejarse
amedrentar -procurando averiguar al mismo tiempo
qué sucede-, la historia va tomando rápidamente
un cariz distinto, y a medida que vamos ahondando
en el misterio, nos ayuda también a conocer
personajes floridos e interesantes enriquecedores
de su trama…
Sí, es cierto que estoy
de acuerdo con su prólogo; “El
monstruo de las galletas”, no comienza
de una manera demasiado pausada, puesto que no
tardamos mucho en ver la arroba del autor del
mail, y también es cierto que en un abrir
y cerrar de ojos, ésta empieza a coger
velocidad y cuando queremos darnos cuenta, estamos
metidos hasta las orejas en una complicada historia
informática donde nadie es lo que parece
y el mundo está siendo monstruosamente
manipulado (¿cuándo dejó
de estarlo?)... y es que la realidad informática
que aquí se nos presenta es muy distinta
a la que imaginamos a día de hoy, sobre
todo si tenemos en cuenta esa manipulación
que está siendo llevada a cabo…
En cuanto a la manera de Vinge
de llevarnos a través de las conspiraciones
y averiguaciones de sus personajes, desde luego
ésta es de lo más original; “El
monstruo de las galletas”, se desarrolla
de diálogo en diálogo, y ciertamente
aquí no caben las grandes disertaciones
y tampoco las descripciones ilustrativas. Vinge,
va al grano, siempre al grano, y su forma de llevarnos
a “ese grano”, desde luego es simple
hasta el momento en que da algún que otro
salto mortal en la trama (no quisiera pasarme
de lista, pero a pesar de que es uno de sus puntos
fuertes, la aparición de un segundo personaje
conocido, me dejó descolocada incluso unas
pocas páginas más adelante). Por
lo demás, la historia es atrevida, entretenida,
sin demasiado enrevesamiento tecnológico
(si se está algo versado en el género),
y obviamente juvenil. Sí, “El
monstruo de las galletas”, a mi
modo de ver, no deja de ser una historia de aventuras,
para jovencitos, donde el final tal vez se precipite
un poco y ande escaso de sobresaltos.
“Acelerados en
el instituto Fairmont”, aquella
novela que ganó el Hugo en 2002, ya es
harina de otro costal. En esta ocasión,
nos encontramos con una historia de jovencitos
para jovencitos (y algo más adultos, pero
que al menos no está tan disfrazada -si
es que la primera lo está- como aquella
que le precede). Asimismo, y al contrario que
ocurre en la primera, ésta se recrea algo
más en las descripciones tanto del escenario
como de sus particulares actores.
… Y es que en “Acelerados
en el instituto Fairmont”, descubrimos
a unos inquietos adolescentes dispuestos a llevar
a cabo un examen de lo más insólito;
se trata de un examen local o examen al desnudo.
Dicho examen, aclaremos por si las mentes calenturientas,
tendrá lugar solo con los recursos informáticos
mínimos, y debe ser asimismo asistido;
los examinados, estarán presentes físicamente
en el lugar donde decidan llevar a cabo su prueba
y ésta deberá aportar algo original
al menos.
Así, entre extrañas
relaciones entre padres e hijos, recreándonos
en los recursos informáticos que Vinge
proporciona; viviendo a veces momentos sacados
de un capítulo de Buffy Cazavampiros
(pero sin vampiros y sí con mucho pertrecho
informático y oscuridad), nos parapetamos
a un singular descubrimiento por parte de los
protagonistas, al mismo tiempo que cargamos con
una personalidad manipuladora y llegamos a un
final con algo de moraleja.
¿Se puede pedir más
para este volumen trece? Mmmmm, tal vez. ¡Una
de galletas, por favor!
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