En
el futuro que nos describe su autor, toda aquella
persona que disponga de ciertos ingresos, puede
permitirse el lujo de vadear las penurias de la
vida, introduciéndose de lleno y por tiempo
indeterminado (o no, dependiendo del capital de
cada uno) dentro de La Red. En su seno, podrá
convertirse en aquello que prefiera siempre y
cuando, una vez más, su billetera lo permita.
Tantos tipos de software hay… al mismo tiempo
que tantos tipos de hardware… Y es que,
al contrario que en otras historias de cyberpunk,
en esta que BEF nos relata, el medio de conexión
es un extraordinario dispositivo a modo de tanque,
donde el cuerpo del cibernauta flota conectado
y se mantiene con vida a un tiempo. Tremendamente
original y morboso. ¿O no?
Pero ahí no acaba la cosa.
Y, no, no voy a entrar en detalles sobre estos
dispositivos. Su descripción le corresponde
a la historia, que, por otra parte, cuenta con
esto mismo como uno de sus principales pilares;
uno de sus puntos fuertes, vaya. Como decía,
ahí no acaba la cosa, sino que más
bien empieza. Tras observar el escenario que uno
de los mismos protagonistas observa; Crajales,
un detective de lo más particular, es cuando
empieza lo bueno.
La trama gira en torno a un misterio
a la vez que triste espeluznante, y es que precisamente
junto al cuerpo de una mujer, flota el cadáver
de un feto. Nadie sabe qué ha sucedido;
cómo es posible que esta mujer, que dicho
sea de paso no es ni más ni menos que la
hija de un importante magnate, haya quedado embarazada
y para colmo, ésta haya tenido el bebé
sin haber sido consciente. Al mismo tiempo, surge
la peor de las dudas; ¿quién ha
tenido el valor de asesinarlo? ¿Y por qué
ella sigue viva y ajena a lo que sucede en el
mundo fuera de La Red?
Cierto, macabro, desesperanzador,
demencial... pero esto no es más que el
comienzo. A partir de aquí, podremos disfrutar
de la locura del minuto a minuto, del día
a día del detective Crajales, personaje
que, a mi modo de ver, enriquece sobremanera la
historia (aun cuando ésta ya sea lo suficientemente
rica de por sí). Y es que si he de hacer
destacar otro de los puntos fuertes de esta espeluznante,
porque a ratos lo es, novela corta, es que BEF
es un magnífico compositor de personajes.
Y con el detective Crajales, se sale. He visto
personalidades con mala baba, pero la de este
señor… la de este señor es
demasiado.
Por otra parte, otro de los atractivos
que encierra “Gel azul”,
es la riqueza de su lenguaje; mitad castellano,
mitad mexicano (del más puro y barriobajero).
También, como no podía ser de otra
forma, son magníficos aquellos instantes
en los que nos podemos reflejar junto a los mismos
personajes, dentro de la Red; una red donde, como
es natural, existe de todo y las mentes campean
a sus anchas… o más o menos. Mentes
aburridas, destructivas, deprimidas, creativas;
mentes piratas…
La historia, al mismo tiempo,
no sufre de mayores altibajos; en ella todo es
un ir y venir de enigmas, pasando por la violencia
y la falta de escrúpulos de unos cuantos.
Y todo ello hasta llegar al final, un final que
nos coge algo desprevenidos y que, como también
cabe esperar, se manifiesta apoteósico
e inusual.
Y tras quedar algo descolocados
con este “Gel azul”,
entramos de lleno en la segunda novela corta;
“El estruendo del silencio”
(finalista del premio UPC de Ciencia Ficción
2004). Ésta, vaya, da de lleno en uno de
los temas más apasionantes para mí,
mejor dicho, en dos; los robots, y por supuesto
los viajes espaciales.
Dicha novela, por no desvelar
demasiado, comienza durante un viaje espacial
en el que, aparentemente, solo el capitán
robótico y la Inteligencia Artificial de
la nave-medusa están “despiertos”.
Dicha nave tiene una misión; transportar
en su interior a dos seres humanos vivos, en suspensión
animada, y todo el saber de la raza humana. Su
rumbo: Épsilon Eridiani, y en el momento
en que nuestra atención se materializa
dentro de la historia, tienen por delante un largo
viaje aún.
Entre tanto, BEF nos cuenta otra
vivencia paralela que, por supuesto, termina entroncando
con la que en un primer momento parece la principal.
La segunda historia, nos lleva a la vida y actividad
de un importante y algo cabroncete magnate;
el presidente de HumaCorp, quien, por supuesto
no tenía previsto que sucediera lo que
finalmente sucedería, y mucho menos, terminar
viviendo lo que vive justo antes de… También,
durante las peripecias de éste —a
veces—, tremendamente ruin personaje, seremos
conscientes de la actividad de Humacorp y de por
qué esta tiene que ver finalmente con la
nave-medusa.
Pero lo más curioso de
la novela, aunque hay más, mucho más
dispuesto a despertar nuestra curiosidad, y de
hecho la despierta, es la perspectiva de que los
robots efectivamente puedan soñar. Si finalmente
lo hacen, como ya nos proponía el señor
K. Dick, ¿cómo lo hacen estos? Sencillo,
BEF nos lo describe e incluso nos ayuda a internarnos
en algunos de esos sueños, en el comportamiento
de la máquina creada por el hombre, y por
extensión, también en el de la Inteligencia
Artificial de la nave. Insisto en que, aunque
la historia es brillante, toda ella, para mí,
que soy una auténtica fan de este tipo
de artefactos, ha sido como tener la posibilidad
de experimentar un orgasmo literario en toda regla.
Hay momentos verdaderamente espectaculares girando
en torno al viaje estelar o incluso a la vida
del personaje humano principal; el magnate de
HumaCorp o presidente, Koji Kobayashi. Kobayashi
es sobresaliente en sí mismo, no obstante,
eso también tengo que reconocerlo, no le
llega en lo que a mala baba se refiere, al anteriormente
mencionado Crajales.
“El estruendo del
silencio”, toda ella, es un magnífico
acompañamiento de esa historia aparentemente
principal; “Gel azul”.
Y por último viene “Bajo
un cielo ajeno”, que no llega a
ser el final propiamente dicho de este volumen.
Tras él, tenemos una estupenda y extensa
posdata del autor donde nos relata, entre muchas
otras cosas, cómo llegó a ser desarrollado
y por último, tras mucho esfuerzo, publicado,
“Gel azul” por Ediciones
Parnaso. Dicha posdata, desde luego no es
nada desdeñable.
Pero volviendo a “Bajo
un cielo ajeno”, sobre este, no
hay demasiado que decir. Dicho relato sencillamente
hay que leerlo, puesto que nos habla de la añoranza
de un inmigrante de la Tierra en Marte; de cómo
ha de ganarse la vida… y aunque nos hace
fácilmente partícipes de su sufrimiento
y del de todos aquellos desfavorecidos, la historia
como historia, salvo esos problemas y el ambiente,
insisto, tiene poco más que contar.
Eso sí, que quede claro
que en definitiva, la lectura de este Volumen
7, de todo su conjunto; novelas y relato corto,
es como haber entrado en una especie de sueño;
un gratificante e imaginativo sueño azul.
Os recomiendo pues que soñéis,
que penséis en azul. En esta ocasión,
el color que utiliza la imaginación de
BEF, merece y mucho la pena. |