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Creo que este sería
el momento idóneo para que todos leyéramos
o, revisáramos, La guerra de las
salamandras. No por la trama principal
de la historia, que no es otra que la bien merecida
invasión de nuestro planeta desde dentro,
sino por aquello que en ella nos enseña
el señor Karel Capek: la auténtica
forma de ser, de pensar y de actuar -según
las circunstancias y por encima de todo los
beneficios- del ser humano.
La guerra de las salamandras
no es sólo una novela ingeniosísima,
cargada de lógica humana y de
un afilado sentido del humor, sino El Manual
Avanzado del Comportamiento Humano. Éste,
nos hace ver que siempre, SIEMPRE, de una manera
u otra, tarde o temprano, en el momento en que
creemos tener algo valioso entre manos, debemos
proceder inmediatamente a acotarlo; controlarlo,
manipularlo, moldearlo, institucionalizarlo,
nacionalizarlo, todo ello en beneficio de uno
mismo y de aquellos más próximos.
Y así nos acaban saliendo las cosas,
claro está…
Pero además este manual,
por encima de todo, es capaz de desenmarañar
el espíritu humano con tanta naturalidad,
tanta claridad, que quizá eso, y sólo
eso, sea la pieza clave, la nota más
impactante del libro y no las consecuencias
que devienen de los acontecimientos a posteriori.
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Asimismo en su obra, Capek nos ayuda a ahondar
en la evolución del hombre y su entorno,
poniendo de manifiesto que todo aquel avance en
un primer momento incomoda -el eterno miedo a
lo desconocido-, aireando al mismo tiempo aquello
que contaminaba a la sociedad de su época:
el racismo, el sexismo, el clasismo... así
como aquello que contamina al propio ser humano:
la avaricia principalmente.
Pero en La guerra de las
salamandras no todo es tan profundo y negativo.
Pasando páginas hay tiempo más que
suficiente para divertirse con la ocurrente historia
-aunque hay momentos verdaderamente dramáticos,
como cuando se describen los métodos (que
por otra parte parecen ser siempre los mismos),
empleados por los seres humanos para hacerse con
aquello que anhelan-, podemos asimismo recrearnos
en sus personajes: algunas de sus reacciones,
su desparpajo, y por supuesto en la frescura con
la que Capek los describe…
No hay desperdicio. Desde aquél
que lo empieza todo, el capitán J. van
Toch, hasta aquel otro que da un paso para que
continúe: el señor Povondra. Pasando
asimismo por Andrias Scheuchzeri del
zoológico, alias Andrew Scheuchzer -capítulo
divertido donde los haya- o aquellos otros personajes
secundarios. Todos ellos, cada uno en la medida
en que el autor se lo permite, son un elemento
clave para que la historia continúe de
una forma verosímil -y más si tenemos
en cuenta que no hay ningún personaje estrictamente
principal.
La nota negra, o lo más
pesado de la novela, quizá sea la incomodidad
a la hora de leer algunos de los recortes de prensa
que el señor Povondra va guardando -a cerca
de la evolución de las salamandras-,
ya que están al pie de página y
algunos son muy, muy largos. Eso sí, a
pesar de la incomodidad, éstos mismos son
dignos de leer.
Lo mejor, además de lo
dicho anteriormente, quizá sea el final,
que consigue dar un giro totalmente improvisado
a lo que parece el auténtico fin, concediéndonos
además un rayo de luz, de esperanza, tanto
a aquellos que han terminado peregrinando en sus
últimas páginas, como a los que
hemos fijado nuestra atención sobre ellas.
En definitiva, creo La guerra
de las salamandras es una obra imprescindible
de leer en los tiempos que corren…
publicado en
febrero de 2008
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