Desde
luego, sea o no original la trama de la historia
(para Teobaldo
es un argumento de lo más recurrente, por
lo tanto, original no es), lo más destacable
de este “El último”
es la personalidad de su protagonista;
su personalidad, y su forma pesimista de ver y
sentir su entorno…
“La prueba”
es eso mismo, la prueba de que Teobaldo
Mercado también sabe ser cruel cuando
se lo propone, y muy cruel, añadiría.
En esta nueva ficción, bastante breve para
lo que nos tiene acostumbrados, por otra parte,
todos aquellos individuos que quieren ser tomados
en cuenta como auténticos ciudadanos, deben
pasar una prueba, esa misma para la que se preparan
a conciencia y a todos los niveles. En ella, se
verá el lado más oscuro de nuestra
humanidad…
Definitivamente, este es el ejemplo
de relato impactante incluso sin haber llegado
a su final…
Lo malo de haber disfrutado de
algo tan terrible y repito, más bien breve
al mismo tiempo, es que te deja el cuerpo un tanto
extraño, y esperas que lo que viene después
cause efectos similares. No es así con
“Un viaje por el desierto”,
que a pesar de estar entretenido, y de hablarnos
de un hombre y de su locura, no termina de ser
sino un viaje a través del desierto durante
el cual, su protagonista, se dedica a castigarse
y a liberar todas sus miserias.
Pero afortunadamente después
llega “En un rincón de la
mente”, que aunque vuelve a balancearnos
del lado de la locura, o eso parece, éste
lo hace a través de un pobre desgraciado
que, como en el caso de unos cuantos más,
ha sido asimilado por un extraterrestre que un
buen día decidió anidar dentro de
él. Éste pobre infortunado, al contrario
que el resto de las víctimas, continúa
sufriendo más que los efectos físicos,
los efectos psicológicos, de haber tenido
a otro ser dentro de sí mismo, y a pesar
de que el alien fue extraído hace tiempo…
Lo atractivo del relato, una
vez más, es el sufrimiento que desprenden
las páginas. Leer casi en primera persona
cómo se puede llegar a sentir uno tras
la invasión de un ser que ni de lejos cuenta
con las mismas características que nosotros.
“El cetro del poder”,
sorprende porque es el primer y único cuento
de fantasía. En él, un grupo de
soldados, que ha ido y va disminuyendo en el momento
en que nos sumamos a la partida, traslada ese
mismo cetro del título a través
del nuevo escenario. Éste debe ser entregado
a las autoridades del imperio, puesto que si cae
en manos de enemigos, éstos se harían
con el poder del universo… También
resulta entretenido y rápido, pero como
en el caso de “Un viaje en el desierto”,
y siempre comparando estos dos con el derroche
de imaginación y sensibilidad del resto,
aporta más bien poco al volumen salvo,
claro, por el final. En “El cetro
del poder”, no esperamos ni de
lejos un final así.
Por último nos llega
“Transfiguración”,
relato que parece más una novela corta
que un relato, tanto por la extensión como
por la trama. Éste, comienza recordándonos
cualquiera de las historias trekkies que podamos
ver en uno de los capítulos de la serie;
fallo en los motores de la nave, y los tripulantes
de ésta buscan un planeta para ocuparlo.
La cosa no cambia mucho cuando
da la casualidad de que al llevarse a cabo los
preparativos del transporte, reciben una transmisión
de una estación proveniente de la luna
próxima al planeta; la transmisión,
les advierte encarecidamente que se alejen si
pueden, pero ya no hay oportunidades para ello.
Y hasta aquí todo lo que
puedo contar, el resto, es paranoia, muerte, y
desesperación. Y aunque a primera vista
cierto es que parece una historia muy manida,
al final se comprueba que no es así, sino
que se trata de una historia que aunque cruel,
también es bella, y entre tanto, siempre
nos queda la exploración intimista que
Teobaldo
hace de la mayoría de sus personajes.
En resumen, el conjunto de ese
“Hijos de las estrellas” es
el lienzo donde, a través de sus historias,
Teobaldo
nos muestra aquellos puntos tal vez débiles
del ser humano; y a veces estos son para bien,
y a veces son para mal. También las consecuencias
de las relaciones interpersonales, y cómo
tienen lugar algunas de ellas, mientras su imaginación,
nos transporta a cuerpos de cyborgs, naves espaciales,
soldados desesperados, escritores hiperproductivos…
En fin, sea como fuere, en un
mundo o en otro, a través de la mente de
un personaje u otro, siempre es un placer disfrutar
de la tristeza científica de este autor
chileno. |