La
violencia en sus páginas está a
la orden del día: violencia controlada,
descontrolada, gratuita, fortuita. Lo peor del
ser humano rebosa en la novela de Amira. Tal vez
lo haga de la mano de su protagonista, Vicente,
que tan pronto sabe quién es, como deja
de hacerlo (al compás nos ocurre lo mismo
a nosotros, por supuesto). También podría
ser que esta violencia, ese modo de reaccionar
que no nos deja indiferentes, venga dado por el
perfil mezquino que acompaña en sus misiones
a nuestro protagonista; el molesto pero al mismo
tiempo soberbio GAP (Guerreo Autómata Personal),
Gabriel.
¿Quién sabe?
La cuestión es que estos
dos son la piedra angular, o tal vez no, de la
historia que tenemos entre manos. Ambos pertenecen
a La Compañía, un megaengendro que,
a través de sus agentes (ellos lo son),
procuran controlarlo todo. Terrestres, alienígenas…
identidades cambiantes, ocultas, engañosas…
¿Quién sabe qué hay ahí
metido? Ni siquiera ellos: ¿Es que existe
verdaderamente La Compañía? ¿Es
que existen ellos? ¿Son solo uno dentro
de uno?, ¿varios dentro de uno?
Lo único que está
claro es que, de existir, ese entramado de algo
poderoso que nadie sabe a ciencia cierta qué
es, vigila nuestra sociedad y también otras:
intenta controlarlas, sacar partido de ellas…
O no…
Sea como fuere, por una parte
ese día a día de Vicente, mientras
recuerda una misión, espera otra, contacta
con el súper jefe o con otros agentes,
es una constante apología al lado más
cruel de la mente; a la paranoia desmedida, al
uso de las drogas con esa horrible coletilla mental
del “yo controlo”; con sus vueltas
y revueltas, quizá, oníricas, y
siempre al más puro estilo Dickiano (aunque
según el autor bebe más del señor
Burroughs). Eso sí, recuerde a quien recuerde,
podría ser que fuera mucho más cruel,
mucho más atroz.
Por otra parte está el
resultado final de Sergio Amira que, claramente,
ha querido generar todo ese caos rodeándolo
además de política, mucha política.
Tal vez, también de vivencias propias…
Todo ello, como sea, ahí está: escupiéndonos
a los ojos que su autor genera el desorden que
quiere, le da la vuelta a la historia como le
da la gana y las veces que haga falta. Provocándonos
deliberadamente; alimentando esa parte de la literatura
de género casi, casi, sin sentido. Dándole
forma constantemente a una lectura entretenida,
futurista, pero que al mismo tiempo nos podría
desenseñar ciertas cosas y, como digo,
casi en la mayoría de las ocasiones termina
no teniendo ni pies ni cabeza.
Sea como fuere, si uno tiene
la mente abierta y no le asusta contemplar lo
que podría haber dentro del(os) cerebro(s)
humano(s) más inhumano(s), Identidad
suspendida desde luego le enganchará.
Aunque también hay que decir que, Sergio,
a veces divaga un poco demasiado, pero por lo
general, si creo reconocer cuál era su
objetivo, éste lo ha logrado con creces.
Ahora queda en la mano del lector
asomarse a un mundo vertiginoso, donde la oscuridad
neuronal abate casi cualquier lógica o
pensamiento constructivo. Eso sí, olvidaos
de la cordura o de querer entenderlo absolutamente
todo… porque la locura ganará siempre
la batalla.
* Según
nos ha explicado el mismo autor (Sergio Alejandro
Amira), Identidad suspendida fue la primera obra
de cf que publicó Mago Editores. Por lo
tanto, mi ineptitud no es tanta, simplemente se
trata de un error de imprenta.
publicado en
abril de 2008
|