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Fluyan mis lágrimas Por: Pily B.

Esta vez ha sido Grupo Editorial A.J.E.C quien ha hecho que fluyan nuestras lágrimas. La novela de Gabriel Benítez, que lleva por título digamos que la mitad de otra ya parida por Philip K. Dick ("Fluyan mis lágrimas", la primera, y Fluyan mis lágrimas, dijo el policía, la segunda), no solo adapta el título de la obra de este famoso y admirado autor, no. Tampoco se limita a utilizar el personaje de P.K.D. como uno de los principales. Tampoco…

Lo que Gabriel Benítez hace realmente, es trasladarnos prácticamente a otra de las obras producidas por el mismísimo Philip K. Dick. Así es, aunque pueda parecer mentira, en el momento en que uno se impregna del mundo que lo rodea; sus costumbres, sus pensamientos, cada acción y/o reacción, está leyendo al propio P.K.D. y lo hace en estado puro, y lo digo sin la más mínima duda. Es, ni más ni menos, que su pluma venida de la pluma de Gabriel Benítez; sus circunstancias (sean éstas promovidas por la rutina, o sus posibles “viajes”, ejem…), sus paranoias, o como dice Gilberto Quintero en su magnífico e ilustrativo prólogo, sus fobias y sus filias.

"Fluyan mis lágrimas", es un fiel reflejo tanto de la manera de hacer del autor, como de sus mundos -interno y externo-, y sus recurrentes y reclamados razonamientos; ÉL, en definitiva, pero esta vez viviendo una baza no demasiado afortunada, puesto que en el momento de entrar el lector a escena, nuestro Philip K. Dick vive una amarga experiencia (tras otra); por una parte, llega a su conocimiento la muerte de un amigo. Inmediatamente después, uno de sus manuscritos es rechazado, y por si todo esto fuera poco, su cuarta mujer, Nancy, le abandona hastiada ya de la relación. ¿Alguien da más?

Pues sí. Para colmo, nuestro desdichado autor tiene que sobrevivir a todo esto soportando un terrible dolor de muelas que, por último, termina con visita al dentista. Como resultado (también en la vida real), un orificio más en el cuerpo y el Pentotal en su torrente sanguíneo, además de un inminente viaje (físico) que no puede aplazar…

Así comienza todo, y mientras ya vamos más que sobrados de tristeza y desesperanza, de una y mil dudas venidas de lo que fueron y podrían haber sido sus propias elucubraciones, Phil K. Dick llega a Oakland y por pura casualidad se encuentra con Jane, pero… ¿Jane? ¿Qué Jane? ¿Aquella hermana gemela que en la vida real solo habitó el mundo de los vivos durante un mes tras su nacimiento? ¿Aquella misma que murió tras haber luchado entre la vida y la muerte, en el interior de una incubadora? ¿Esa misma de la que Philip K. Dick nunca pudo olvidarse?

Bien, pues todo esto no es sino el comienzo de la aventura que Gabriel Benítez ha querido relatarnos. En dicha aventura, además de saber qué sucedería si Philip K. Dick y Jane K. Dick, ambos, estando vivitos y coleando, se conocieran, podemos adentrarnos en las carnes del autor; en sus sucesivas y a veces surrealistas líneas de pensamiento.

"Fluyan mis lágrimas", es un muestrario de todo aquello que ya nos acercó Dick en todas sus obras; la desesperanza, la paranoia y la obsesión (esto, mencionando a Dick, nunca puede faltar), sus creencias, algunas de sus costumbres, su manera de ver la vida y de sentir a determinadas personas… "Fluyan mis lágrimas", no es ni más ni menos que una vuelta de tuerca más, un “¿qué hubiera sucedido si Jane Dick no hubiera muerto?” Asimismo, al tiempo que Gabriel nos propone un futuro alternativo empleando para ello a la hermana de Dick, también nos conduce, de nuevo, merced a la “semilocura” y a la obsesión de éste, a una investigación particular dada su manía de procurar vivenciar lo que fuera que ocurriera, incluso llegando al límite de su cordura. Por ello, cuando se da esta peculiar casualidad, cuando todo lo que hemos conocido Gabriel lo trastoca y lo convierte en una historia alternativa, pero tan veraz como la original, Dick también piensa que sea lo que sea lo que está sucediendo (sea un sueño, sea un efecto secundario de uno de sus “viajes”), en la narración de Benítez, él lo explorará para intentar llevarlo posteriormente a sus escritos.

Ni más ni menos que lo que siempre solía hacer…

En "Fluyan mis lágrimas", parece que la sabiduría y clarividencia que mostraba en determinados momentos el autor americano, ha sido trasladada íntegramente a la pluma de su “subdito” mejicano, puesto que Gabriel Benítez, da claras muestras de saber de lo que está hablando (magnífica descripción del mundo dickiano y el lado más frágil del autor; su perfil más humano). Además, parece haber encontrado el quid de muchas cuestiones, una de ellas, su particular visión de Dios… encantadora visión de Dios…

"Fluyan mis lágrimas" a pesar de no haber salido de la imaginación del mismo Philip K. Dick, se puede considerar una obra tan suya como el resto. Al fin y al cabo, él dio todas las claves e, imagino, Benítez solo se dejó llevar por esa prosa suya tan cercana y accesible, además de una imaginación realista y fiel. Y no estoy exagerando, al leer "Fluyan mis lágrimas", creedme, olvidamos rápidamente que la historia no está contada por Dick, ¿qué hay más fiel que engañar así a nuestra mente? Por lo tanto, "Fluyan mis lágrimas" debería considerarse una obra tan de P.K.D. como de su auténtico autor; Gabriel Benítez.

Y tras esta impresionante novela corta, tenemos un relato que no merece menos elogios. Éste es “Charles Bukowski se encuentra bien y en la Luna” (algo descuidado en su corrección). En él cabe de todo; sentido del humor, originalidad (vemos a un Bukowski dando sus primeros pasos, y los primeros de la humanidad, en la mismísima Luna), socarronería (la misma del auténtico autor, aquí protagonista de la historia), y por supuesto optimismo y diversión desbordando de página a página.

El volumen lo cierra otra historia bastante más corta titulada “La metamorfosis”. Ésta narra una realidad un tanto surrealista y entretenida, pero dado el nivel de lo anterior, lo cierto es que no aporta grandes momentos, aunque sí mucha ciencia ficción.

Y para terminar, si hemos de hablar de un punto débil dentro de este volumen 11, o mejor dicho, fuera de este, dicho punto débil es sin lugar a dudas su portada. Como en anteriores entregas, una vez más Grupo A.J.E.C no ha tenido demasiado buen gusto, o al menos no lo ha tenido bajo mi punto de vista (mis disculpas anticipadas a su creador o creadora)… En fin, dada la maravilla interior, creo que se le puede perdonar... ¡pero, por favor, que no se vuelva a repetir!

| Gabriel Benítez | Colección Albemuth Bolsillo nº 11 | Grupo Editorial A.J.E.C | Edición: febrero 2007 | 7,52 € |
| ISBN: 978-84-96013-19-3 | 142 páginas |
 
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