"Fluyan
mis lágrimas", es
un fiel reflejo tanto de la manera de hacer del
autor, como de sus mundos -interno y externo-,
y sus recurrentes y reclamados razonamientos;
ÉL, en definitiva, pero esta vez viviendo
una baza no demasiado afortunada, puesto que en
el momento de entrar el lector a escena, nuestro
Philip K. Dick vive una amarga experiencia (tras
otra); por una parte, llega a su conocimiento
la muerte de un amigo. Inmediatamente después,
uno de sus manuscritos es rechazado, y por si
todo esto fuera poco, su cuarta mujer, Nancy,
le abandona hastiada ya de la relación.
¿Alguien da más?
Pues sí. Para colmo, nuestro
desdichado autor tiene que sobrevivir a todo esto
soportando un terrible dolor de muelas que, por
último, termina con visita al dentista.
Como resultado (también en la vida real),
un orificio más en el cuerpo y el Pentotal
en su torrente sanguíneo, además
de un inminente viaje (físico) que no puede
aplazar…
Así comienza todo, y mientras
ya vamos más que sobrados de tristeza y
desesperanza, de una y mil dudas venidas de lo
que fueron y podrían haber sido sus propias
elucubraciones, Phil K. Dick llega a Oakland y
por pura casualidad se encuentra con Jane, pero…
¿Jane? ¿Qué Jane? ¿Aquella
hermana gemela que en la vida real solo habitó
el mundo de los vivos durante un mes tras su nacimiento?
¿Aquella misma que murió tras haber
luchado entre la vida y la muerte, en el interior
de una incubadora? ¿Esa misma de la que
Philip K. Dick nunca pudo olvidarse?
Bien, pues todo esto no es sino
el comienzo de la aventura que Gabriel Benítez
ha querido relatarnos. En dicha aventura, además
de saber qué sucedería si Philip
K. Dick y Jane K. Dick, ambos, estando vivitos
y coleando, se conocieran, podemos adentrarnos
en las carnes del autor; en sus sucesivas y a
veces surrealistas líneas de pensamiento.
"Fluyan
mis lágrimas", es
un muestrario de todo aquello que ya nos acercó
Dick en todas sus obras; la desesperanza, la paranoia
y la obsesión (esto, mencionando a Dick,
nunca puede faltar), sus creencias, algunas de
sus costumbres, su manera de ver la vida y de
sentir a determinadas personas… "Fluyan
mis lágrimas", no
es ni más ni menos que una vuelta de tuerca
más, un “¿qué hubiera
sucedido si Jane Dick no hubiera muerto?”
Asimismo, al tiempo que Gabriel nos propone un
futuro alternativo empleando para ello a la hermana
de Dick, también nos conduce, de nuevo,
merced a la “semilocura” y a la obsesión
de éste, a una investigación particular
dada su manía de procurar vivenciar lo
que fuera que ocurriera, incluso llegando al límite
de su cordura. Por ello, cuando se da esta peculiar
casualidad, cuando todo lo que hemos conocido
Gabriel lo trastoca y lo convierte en una historia
alternativa, pero tan veraz como la original,
Dick también piensa que sea lo que sea
lo que está sucediendo (sea un sueño,
sea un efecto secundario de uno de sus “viajes”),
en la narración de Benítez, él
lo explorará para intentar llevarlo posteriormente
a sus escritos.
Ni más ni menos que lo
que siempre solía hacer…
En "Fluyan mis lágrimas",
parece que la sabiduría y clarividencia
que mostraba en determinados momentos el autor
americano, ha sido trasladada íntegramente
a la pluma de su “subdito” mejicano,
puesto que Gabriel Benítez, da claras muestras
de saber de lo que está hablando (magnífica
descripción del mundo dickiano y el lado
más frágil del autor; su perfil
más humano). Además, parece haber
encontrado el quid de muchas cuestiones, una de
ellas, su particular visión de Dios…
encantadora visión de Dios…
"Fluyan mis lágrimas"
a pesar de no haber salido de la imaginación
del mismo Philip K. Dick, se puede considerar
una obra tan suya como el resto. Al fin y al cabo,
él dio todas las claves e, imagino, Benítez
solo se dejó llevar por esa prosa suya
tan cercana y accesible, además de una
imaginación realista y fiel. Y no estoy
exagerando, al leer "Fluyan
mis lágrimas", creedme,
olvidamos rápidamente que la historia no
está contada por Dick, ¿qué
hay más fiel que engañar así
a nuestra mente? Por lo tanto, "Fluyan
mis lágrimas" debería
considerarse una obra tan de P.K.D. como de su
auténtico autor; Gabriel Benítez.
Y tras esta impresionante novela
corta, tenemos un relato que no merece menos elogios.
Éste es “Charles Bukowski
se encuentra bien y en la Luna”
(algo descuidado en su corrección). En
él cabe de todo; sentido del humor, originalidad
(vemos a un Bukowski dando sus primeros pasos,
y los primeros de la humanidad, en la mismísima
Luna), socarronería (la misma del auténtico
autor, aquí protagonista de la historia),
y por supuesto optimismo y diversión desbordando
de página a página.
El volumen lo cierra otra historia
bastante más corta titulada “La
metamorfosis”. Ésta narra
una realidad un tanto surrealista y entretenida,
pero dado el nivel de lo anterior, lo cierto es
que no aporta grandes momentos, aunque sí
mucha ciencia ficción.
Y para terminar, si hemos de
hablar de un punto débil dentro de este
volumen 11, o mejor dicho, fuera de este, dicho
punto débil es sin lugar a dudas su portada.
Como en anteriores entregas, una vez más
Grupo
A.J.E.C no ha tenido demasiado buen gusto,
o al menos no lo ha tenido bajo mi punto de vista
(mis disculpas anticipadas a su creador o creadora)…
En fin, dada la maravilla interior, creo que se
le puede perdonar... ¡pero, por favor, que
no se vuelva a repetir!
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