| Y
ya empezando con los relatos que han salido victoriosos,
pues se trata del Premio Andrómeda de Relatos
2006, tenemos al gran ganador: “Unión”,
de José Sorribas. Éste,
“Unión”, tiene muchos
significados. En primer lugar, es el título
de su relato, claro, pero también podría
ser el nombre de un satélite o la unión
a través de una conversación entre
dos individuos lejanos e independientes entre
sí, o mejor aún, incluso la relación
entre dos realidades distintas. ¿Podría
ser?
En cuanto a la ciencia ficción
de José Sorribas, desde luego no carece
de imaginativa y coherencia, al mismo tiempo que
de interés. “Unión”,
nos traslada a la pretérita carrera espacial,
concretamente a aquel año en el que se
pisó la Luna por primera vez. José
Sorribas, a su manera, nos relata lo que podría
haber acontecido realmente allá arriba,
en nuestro satélite amigo, y quién
sabe si incluso las consecuencias posteriores
a un gran descubrimiento.
Desde luego, en este volumen
quince hay muchas narraciones merecedoras de ese
primer premio, pero como el ganador solo puede
ser uno, “Unión”
resulta ser un buen candidato, puesto que reúne
lo mejor del género: ciencia y ciencia
ficción.
“Una llamada más”,
de Antonio J. Cebrián, es el segundo en
orden de aparición y según el jurado
del premio, uno de los dos relatos finalistas.
La verdad, no me extraña lo más
mínimo. Desde luego es un relato más
o menos fuera de lo común, con mucho ritmo
y entretenimiento: sentido del humor y socarronería
por doquier. Su protagonista, Abdón Neisser,
sufre un grave problema en su conexión
sensorial, y es que en la realidad de Antonio
J. Cebrián, sus habitantes pueden usar
esa aparentemente maravillosa forma de evadirse
del mundo exterior; de sus propias sensaciones…
… Y hay individuos tan
interesantes conectados también…
tanta gente con la que charlar… pasa el
tiempo tan rápido…
El punto fuerte de “Una
llamada más”, además
de la situación de estrés que se
genera en torno a su protagonista, es la verosimilitud
con la que Antonio la cuenta: sus diálogos,
los pensamientos de Abdón…
Desde luego, podemos decir que
se trata de una muy intrigante conexión.
“Reiskolem”
de Miguel
Ángel López Muñoz (articulista
incansable de esta humilde web), también
merece haber quedado finalista, y más.
El relato de Miguel
Ángel es original dado que todo gira
en torno a la locura generada por unos extraños
mensajes denominados Ovordul. La gente, totalmente
descontrolada, realiza aquello que los Ovordul
indican, sin pensar en sus consecuencias. Afortunadamente,
siempre hay almas caritativas que, precisamente
por algunas carencias, consiguen luchar contra
la locura que se apodera del mundo civilizado.
Oscuridad y caos brotan en cada párrafo
de “Reiskolem”, y
lo hacen con magnífica soltura, igual que
los personajes de este curioso relato, rebosantes
asimismo de delicadeza y sentimientos.
Pablo Brito Altamira, aborda
una parte del lenguaje que cabe esperar en una
antología que se precie, y precisamente
con una temática como la expuesta. Con
“Monocerotis”, relato
que compone el trío con mención
de honor, nos acerca al planeta llamado Monocerotis,
a las costumbres de sus habitantes, que se comunican
por medio de la música con los básicos
terráqueos.
Se trata de una historia entretenida,
sin muchas pretensiones pero que da la talla y
la supera. Tenemos dentro de este engranaje una
historia de amor; ese lenguaje musical que comentaba,
y unas personalidades distintas y curiosas.
… Al más puro estilo
marciano.
“Qeqertarsuaq”
de Antonio Moreno Álvarez, también
con mención de honor y asimismo nutriéndose
de una de las historias esperadas en un libro
de ciencia ficción centrado en el lenguaje,
plantea la situación que todos esperamos:
un ovni que aterriza en nuestro planeta y sobre
el que investigan, pues parece llevar un intrigante
código, pero, ¿qué código?
¿Realmente existe éste? Y lo que
también es importante, ¿cuánto
tiempo tardará la humanidad en desentrañarlo?
Como en el caso de “Monocerotis”,
y precisamente junto a este, “Qeqertarsuaq”
termina de redondear, una vez conocemos todo el
conjunto, este interesante y sabio compendio.
Uno de los autores que en el
mismo 2006 demostró un talento innato gracias
a su novela Jitanjáfora
(entre otras creaciones), Sergio Parra, en este
número quince de Libro
Andrómeda nos sorprende con
“Aduya”, una narración
que versa en torno al mundo de los “inventos”
(en este caso se trata de un programa informático
capaz de averiguar la veracidad de cualquier documento:
desde un cuento, a una carta de suicidio, por
poner dos ejemplos…), y, también,
en torno a algo parecido a la brujería,
a la más dispar etnología, al mundo
del científico (aparentemente) loco…
Así como lo fue para su jurado, yo corroboro
que “Aduya” es digno
de mención: por su habilidad narrativa,
como dice el acta del premio, por su teoría
científica, y cómo no, por su hipotética
especulación sobre todo lo que cuenta.
“Aduya”
es hermoso porque es creíble y, porque
dicho sea de paso, da un repaso a la conciencia
del lector y sobre todo a la del crítico,
lo que nunca viene mal…
“Monos con mirada humana”,
de Oscar Daniel Salomón, es el primer relato
finalista y digno de aparecer (según el
jurado del premio), en esta antología.
En él, contemplamos un experimento llevado
a cabo a través de una ventana temporal.
De nuevo en esta baza la música y las características
humanoides tienen mucho que decir. Óscar
Daniel nos ofrece una conexión morbosa
y en cierto modo sorprendente.
Un pequeño soplo de aire
fresco, que nos traslada a un simiesco e intrigante
escenario…
También perteneciente
a esa fase final “Cuando la esperanza
se pierde”, de
David Mateo (a.k.a. Tobías Grumm).
Una historia de amor dolorosa, gris… una
conexión entre dos personas flanqueada
por los controladores, rápida, angustiosa,
hasta que, finalmente, las sospechas de Laura
se confirman…
“Cuando la esperanza
se pierde” demuestra que en poco
espacio, pues no es uno de los relatos más
extensos, y a través de una situqueación
aparentemente (o en gran medida) cotidiana, David
Mateo es capaz de introducirse en nuestro
psique y revolverla. Hacernos padecer junto a
sus personajes… y es que hay mensajes que
es mejor no recibir jamás…
Desde luego se trata de un cuento
hermoso, triste, sencillo y, cómo no, espeluznante.
“Como un caballo
que va sin nadie estampando su locura por los
muros” no es, para nada, lo que
su título podría indicar que es:
una auténtica paranoia. Esta entretenida
narración de Pedro Novoa Castillo, gira
en torno al estudio, teoría y suposiciones
de dos jovianos que estudian a fondo tanto nuestro
lenguaje como nuestra configuración. Algunas
de las grandes mentes, y las hermosas palabras
salidas de estas.
Reconozco que “Como
un caballo que va sin nadie…”
es un relato que por sí mismo brilla, cierto,
pero dentro de esta antología, lo hace
mucho más. Tuve la ocasión de leerlo
fuera de estas líneas, sin ser parte de
este compendio y os aseguro que, aunque ameno,
pierde algo de brillo. No obstante, en estas páginas
es otro de los eslabones imprescindibles.
Pero, si alguna de las historias
se lleva la palma a originalidad, brevedad, y
exactitud, utilizando de pleno (y con divertida
imaginativa) el lenguaje escrito, esta es “A,
B, C” de Aster Navas. Ésta
cuenta de cómo sucedieron las cosas por
no darle un capricho a un pequeño. De cómo
aquello que se escribe y se plasma en papel, puede
terminar materializándose.
Desde luego “A,
B, C” es Ágil, Brillante,
y Conciso.
“Interferencia
mínima” de Sergio
Mars es un pequeño galimatías
con un final divertido. De todo este burocrático
enredo que Sergio compone, no se puede decir mucho
más salvo que es muy breve y, como digo,
algo enrevesado. Pero de algún modo también
aporta su pequeño granito a este especial
comunicación.
“Eclipse de fe”,
de Claudio Landete Anaya, tal vez sea el relato
más comprometido y peliagudo de toda esta
miscelánea. Trata sobre los lenguajes extraterrestres
dejados para que seres inferiores como nosotros,
los hallemos y aprendamos de ellos, de la auténtica
realidad del cosmos. Trata sobre el desaprendizaje
de las religiones, y el aprendizaje de lo que
verdaderamente podría ser Dios. Trata,
asimismo, del lenguaje más primitivo, más
cercano a cada uno de nosotros… el lenguaje
del cuerpo humano: las respuestas de este a determinadas
situaciones o planteamientos... Es curioso y científico,
un punto y final bastante adecuado.
Pero aquí es donde precisamente
yo debería colocar ya la palabra fin, esa
que todos entendemos y relacionamos con que, en
este caso, “Eclipse de fe”
es el último relato de la antología
en orden de aparición. Una antología
que, por si no lo he dicho aún, merece
y mucho la pena. En primer lugar, porque el fondo
tratado es interesante en sí. En segundo
lugar, por las diversas formas de todos sus autores
de abordarlos: la variedad es increíble,
y la capacidad de invención y desarrollo
en la mayoría de los casos impresionante.
“Mensajes perdidos”
no debería perderse sin pena ni gloria,
a través del tiempo, la memoria, u otros
ejemplares, dado que es un magnífico ejemplo
del buen hacer por parte de autores y jurado.
publicado en
febrero de 2008 |