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Mensajes perdidos Por: Pily B.


Si hay algo de lo que no me cabe la menor duda es de que la ciencia ficción bien escrita siempre contendrá un mínimo interés para el lector inteligente; y coherencia, debería contener mucha coherencia. Si a esto le añadimos que el tema de partida podría ser además aquel que para nosotros, en nuestro día a día, en nuestra interacción con el entorno y con aquellos seres que nos rodean, es de suma importancia, entonces la ciencia ficción pasaría a ser una inmensa fuente de sabiduría.

Así es, este volumen quince de Libro Andrómeda toca un tema vital para el ser humano (y por extensión, para cualquier animal medianamente inteligente): la comunicación. Sin ella, claro está, tal vez no habríamos evolucionado del mismo modo, y a modo personal, es posible que algunos ni siquiera estuviéramos aquí. Si no fuera por la comunicación, ya sea a través del lenguaje que sea, no habría coexistencia y quién sabe si futuro para la humanidad.

Pero quién soy yo para hablar de un tema tan trascendente… Para hacerlo en este número quince, y más concretamente sobre la comunicación que tiene que ver con la ciencia ficción, con sus grandes autores, ya lo hace a las mil maravillas el artículo a modo de prólogo desarrollado por Gabriel Trujillo Muñoz, denominado “Ciencia ficción y comunicación”. Así de fácil, así de rápido, así de sencillo. Pero tiene su miga, dado que a la vez Gabriel le da un somero repaso a grandes obras que tienen mucho que ver con ese bello surtidor de inteligencia del que hablé (la ciencia ficción), y más concretamente con el lenguaje…

Y ya empezando con los relatos que han salido victoriosos, pues se trata del Premio Andrómeda de Relatos 2006, tenemos al gran ganador: “Unión”, de José Sorribas. Éste, “Unión”, tiene muchos significados. En primer lugar, es el título de su relato, claro, pero también podría ser el nombre de un satélite o la unión a través de una conversación entre dos individuos lejanos e independientes entre sí, o mejor aún, incluso la relación entre dos realidades distintas. ¿Podría ser?

En cuanto a la ciencia ficción de José Sorribas, desde luego no carece de imaginativa y coherencia, al mismo tiempo que de interés. “Unión”, nos traslada a la pretérita carrera espacial, concretamente a aquel año en el que se pisó la Luna por primera vez. José Sorribas, a su manera, nos relata lo que podría haber acontecido realmente allá arriba, en nuestro satélite amigo, y quién sabe si incluso las consecuencias posteriores a un gran descubrimiento.

Desde luego, en este volumen quince hay muchas narraciones merecedoras de ese primer premio, pero como el ganador solo puede ser uno, “Unión” resulta ser un buen candidato, puesto que reúne lo mejor del género: ciencia y ciencia ficción.

“Una llamada más”, de Antonio J. Cebrián, es el segundo en orden de aparición y según el jurado del premio, uno de los dos relatos finalistas. La verdad, no me extraña lo más mínimo. Desde luego es un relato más o menos fuera de lo común, con mucho ritmo y entretenimiento: sentido del humor y socarronería por doquier. Su protagonista, Abdón Neisser, sufre un grave problema en su conexión sensorial, y es que en la realidad de Antonio J. Cebrián, sus habitantes pueden usar esa aparentemente maravillosa forma de evadirse del mundo exterior; de sus propias sensaciones…

… Y hay individuos tan interesantes conectados también… tanta gente con la que charlar… pasa el tiempo tan rápido…

El punto fuerte de “Una llamada más”, además de la situación de estrés que se genera en torno a su protagonista, es la verosimilitud con la que Antonio la cuenta: sus diálogos, los pensamientos de Abdón…

Desde luego, podemos decir que se trata de una muy intrigante conexión.

“Reiskolem” de Miguel Ángel López Muñoz (articulista incansable de esta humilde web), también merece haber quedado finalista, y más. El relato de Miguel Ángel es original dado que todo gira en torno a la locura generada por unos extraños mensajes denominados Ovordul. La gente, totalmente descontrolada, realiza aquello que los Ovordul indican, sin pensar en sus consecuencias. Afortunadamente, siempre hay almas caritativas que, precisamente por algunas carencias, consiguen luchar contra la locura que se apodera del mundo civilizado. Oscuridad y caos brotan en cada párrafo de “Reiskolem”, y lo hacen con magnífica soltura, igual que los personajes de este curioso relato, rebosantes asimismo de delicadeza y sentimientos.

Pablo Brito Altamira, aborda una parte del lenguaje que cabe esperar en una antología que se precie, y precisamente con una temática como la expuesta. Con “Monocerotis”, relato que compone el trío con mención de honor, nos acerca al planeta llamado Monocerotis, a las costumbres de sus habitantes, que se comunican por medio de la música con los básicos terráqueos.

Se trata de una historia entretenida, sin muchas pretensiones pero que da la talla y la supera. Tenemos dentro de este engranaje una historia de amor; ese lenguaje musical que comentaba, y unas personalidades distintas y curiosas.

… Al más puro estilo marciano.

“Qeqertarsuaq” de Antonio Moreno Álvarez, también con mención de honor y asimismo nutriéndose de una de las historias esperadas en un libro de ciencia ficción centrado en el lenguaje, plantea la situación que todos esperamos: un ovni que aterriza en nuestro planeta y sobre el que investigan, pues parece llevar un intrigante código, pero, ¿qué código? ¿Realmente existe éste? Y lo que también es importante, ¿cuánto tiempo tardará la humanidad en desentrañarlo?

Como en el caso de “Monocerotis”, y precisamente junto a este, “Qeqertarsuaq” termina de redondear, una vez conocemos todo el conjunto, este interesante y sabio compendio.

Uno de los autores que en el mismo 2006 demostró un talento innato gracias a su novela Jitanjáfora (entre otras creaciones), Sergio Parra, en este número quince de Libro Andrómeda nos sorprende con “Aduya”, una narración que versa en torno al mundo de los “inventos” (en este caso se trata de un programa informático capaz de averiguar la veracidad de cualquier documento: desde un cuento, a una carta de suicidio, por poner dos ejemplos…), y, también, en torno a algo parecido a la brujería, a la más dispar etnología, al mundo del científico (aparentemente) loco… Así como lo fue para su jurado, yo corroboro que “Aduya” es digno de mención: por su habilidad narrativa, como dice el acta del premio, por su teoría científica, y cómo no, por su hipotética especulación sobre todo lo que cuenta.

“Aduya” es hermoso porque es creíble y, porque dicho sea de paso, da un repaso a la conciencia del lector y sobre todo a la del crítico, lo que nunca viene mal…

“Monos con mirada humana”, de Oscar Daniel Salomón, es el primer relato finalista y digno de aparecer (según el jurado del premio), en esta antología. En él, contemplamos un experimento llevado a cabo a través de una ventana temporal. De nuevo en esta baza la música y las características humanoides tienen mucho que decir. Óscar Daniel nos ofrece una conexión morbosa y en cierto modo sorprendente.

Un pequeño soplo de aire fresco, que nos traslada a un simiesco e intrigante escenario…

También perteneciente a esa fase final “Cuando la esperanza se pierde”, de David Mateo (a.k.a. Tobías Grumm). Una historia de amor dolorosa, gris… una conexión entre dos personas flanqueada por los controladores, rápida, angustiosa, hasta que, finalmente, las sospechas de Laura se confirman…

“Cuando la esperanza se pierde” demuestra que en poco espacio, pues no es uno de los relatos más extensos, y a través de una situqueación aparentemente (o en gran medida) cotidiana, David Mateo es capaz de introducirse en nuestro psique y revolverla. Hacernos padecer junto a sus personajes… y es que hay mensajes que es mejor no recibir jamás…

Desde luego se trata de un cuento hermoso, triste, sencillo y, cómo no, espeluznante.

“Como un caballo que va sin nadie estampando su locura por los muros” no es, para nada, lo que su título podría indicar que es: una auténtica paranoia. Esta entretenida narración de Pedro Novoa Castillo, gira en torno al estudio, teoría y suposiciones de dos jovianos que estudian a fondo tanto nuestro lenguaje como nuestra configuración. Algunas de las grandes mentes, y las hermosas palabras salidas de estas.

Reconozco que “Como un caballo que va sin nadie…” es un relato que por sí mismo brilla, cierto, pero dentro de esta antología, lo hace mucho más. Tuve la ocasión de leerlo fuera de estas líneas, sin ser parte de este compendio y os aseguro que, aunque ameno, pierde algo de brillo. No obstante, en estas páginas es otro de los eslabones imprescindibles.

Pero, si alguna de las historias se lleva la palma a originalidad, brevedad, y exactitud, utilizando de pleno (y con divertida imaginativa) el lenguaje escrito, esta es “A, B, C” de Aster Navas. Ésta cuenta de cómo sucedieron las cosas por no darle un capricho a un pequeño. De cómo aquello que se escribe y se plasma en papel, puede terminar materializándose.

Desde luego “A, B, C” es Ágil, Brillante, y Conciso.

“Interferencia mínima” de Sergio Mars es un pequeño galimatías con un final divertido. De todo este burocrático enredo que Sergio compone, no se puede decir mucho más salvo que es muy breve y, como digo, algo enrevesado. Pero de algún modo también aporta su pequeño granito a este especial comunicación.

“Eclipse de fe”, de Claudio Landete Anaya, tal vez sea el relato más comprometido y peliagudo de toda esta miscelánea. Trata sobre los lenguajes extraterrestres dejados para que seres inferiores como nosotros, los hallemos y aprendamos de ellos, de la auténtica realidad del cosmos. Trata sobre el desaprendizaje de las religiones, y el aprendizaje de lo que verdaderamente podría ser Dios. Trata, asimismo, del lenguaje más primitivo, más cercano a cada uno de nosotros… el lenguaje del cuerpo humano: las respuestas de este a determinadas situaciones o planteamientos... Es curioso y científico, un punto y final bastante adecuado.

Pero aquí es donde precisamente yo debería colocar ya la palabra fin, esa que todos entendemos y relacionamos con que, en este caso, “Eclipse de fe” es el último relato de la antología en orden de aparición. Una antología que, por si no lo he dicho aún, merece y mucho la pena. En primer lugar, porque el fondo tratado es interesante en sí. En segundo lugar, por las diversas formas de todos sus autores de abordarlos: la variedad es increíble, y la capacidad de invención y desarrollo en la mayoría de los casos impresionante.

“Mensajes perdidos” no debería perderse sin pena ni gloria, a través del tiempo, la memoria, u otros ejemplares, dado que es un magnífico ejemplo del buen hacer por parte de autores y jurado.

 

publicado en febrero de 2008

| Varios autores | Libro Andrómeda | Asociación Cultural Mundo Imaginario | Libro Andrómeda Ciencia Ficción nº 15 |
| ISBN: 978-84-933.878-6-0 | 225 págs. | Octubre 2007|
 
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