 |
Sí, tengo que decirlo; esta publicación
cada día me agrada más. En primer
lugar, por el material que editan, que no está
nada, nada mal. En segundo lugar, porque se
ve entusiasmo, de eso no cabe duda (cada editorial
es una buena muestra de ello), y en tercer lugar,
porque ese entusiasmo está llevando número
a número, a hacer de este fanzine una
publicación mejor, más adulta.
Por ello, creo que puedo decir que ya quedan
pocos de esos primeros pasitos; que aquí
se está cociendo algo verdaderamente
sabroso, vaya. Ahora solo queda que estos chicos
no cejen en su empeño…
Pero entrando en materia, y de nuevo según la
editorial, este número fue concebido y parido pensando
principalmente en el día de todos los santos. Es
decir, que el engendro salió en el mes
de noviembre. ¿Por qué? Como ya sabemos,
aunque MiasMa
procura acariciar nuestros tres géneros favoritos,
es el terror el que lleva la voz cantante, y en este número
cuatro, no ha sido menos, por eso además ha pretendido
salir con fecha morbosilla.
De hecho, ya el primer relato “Néctar
para lumbricus”, de Enric Herce,
no hace esperar a ese género que empieza
con T, o en este caso también con la
M de misterio, según criterios. Y es
que a pesar de que hay momentos en los que uno
siente verdadero pánico hacia aquello
que pudiera pasarle al protagonista (¿y
le pasa? ¿Aaah?), la mayor parte de la
narración está centrada en el
misterio; en aquello que decidirá hacer
(o no), su protagonista, o en si “la bruja
tendrá al final razón”.
|
“Néctar
para lumbricus” empieza siendo
un relato próximo, creíble, por
aquello de que nos calzamos las botas de un camionero
y dentro de ellas, tenemos la oportunidad de vivir
y pensar todo lo que él vive y piensa.
Sí, cierto… y precisamente aquí
es donde radica el mayor atractivo de la historia;
además de por aquellos derroteros que termina
llevándonos, misteriosos derroteros (que
también tienen su miga), es precisamente
su coherencia (y las formas de Enric, maestro
de lo misterioso y lo mundano al mismo tiempo),
lo que hace de “Néctar para
lumbricus” un relato entretenido
y singular =y misterioso, sí, sí=,
sin lugar a dudas.
“Tabla Rasa”,
de José Ramón Vázquez, cambia
de tercio por completo y nos brinda la oportunidad
de entrar en contacto con la ciencia ficción,
lo que siempre es un placer (y espero que no se
me esté viendo el plumero). En
“Tabla Rasa”, al comienzo,
nos desorientamos por completo, pero poco a poco
(y cada vez más) nos iremos manteniendo
a la expectativa, justo como le pasa a su protagonista
(¡qué remedio!). Y es que este, de
buenas a primeras, se despierta y se ve a sí
mismo rodeado de aquellos utensilios necesarios
para llevar a cabo una intervención quirúrgica.
Y mientras procura regresar a su rutina, es perfectamente
consciente de que conoce todo; la ciudad, para
qué sirve esto o aquello, pero es incapaz
de recordar nada que tenga que ver consigo mismo…
Una vez más, el misterio
vuelve a hacer acto de presencia pero en esta
ocasión, acompañado de la ciencia;
de la ciencia y de la ficción.
Alejandro Galland, es el tercero en discordia,
como se suele decir, y éste decide hacer su aparición
con “La herencia”, un relato
que además de terrorífico es algo gore, pero
sin llegar a ser explícito. “La herencia”,
en sí es una historia de zombies, elaborada, entretenida,
y con sentimiento, pero que como original, no se lleva el
primer premio. Eso sí, como el resto, entretiene
y aporta otro granito de oscuridad a MiasMa.
Después viene la poesía
de Iván Olmedo. Por una parte, “Guerra
para siempre” y por otra, “Dos
mil seis visiones”. El primero,
rima las consecuencias de la guerra; el segundo,
aquello que normalmente no vemos si no afinamos
nuestros sentidos (o al menos uno de ellos).
“Hamelin”,
de Jesús Cañadas, en un cuento simpático
a la vez que desgarrador. Infantil, pero al mismo
tiempo adulto; cuenta la historia de un niño
que sueña ser ratón, y el resto
queda para su lectura. Lo más llamativo
de “Hamelin” además
de su espontaneidad, es que a pesar de que al
desentrañarse la incógnita todo
viene a ser lo que podríamos esperar, mientras
lo hace, sobre todo en esa última parte,
aquello que siente el adulto y por encima de todo
la descripción de un rostro, consigue ponernos
el vello de punta.
… Sin lugar a dudas, “Hamelin”
es otro ejemplo de relato ágil y ameno.
Y simpático, pero eso ya lo dije.
“Descomposición
en primera persona” de Mascarada
XIII, es justo lo que su propio nombre indica,
y a pesar de lo descrito, y porque no puedo extenderme
si no quiero revelar más de lo que es prudente,
sí he de admitir que Mascarada ha conseguido
crear una perfecta composición de la descomposición.
Y todo ello sin llegar a lo escatológico
ni rozar lo desagradable, lo que siempre es de
agradecer.
“El reloj”
de Gabriel Norton, es la historia estrella sin
lugar a dudas, y no solo por su extensión,
que es de destacar (pero no os creáis,
a pesar de ocupar páginas y páginas,
termina en un suspiro). Gabriel nos cuenta qué
es lo que sucede con una antigualla; un reloj
que ¿fue heredado de padre a protagonista?
Sea lo que fuere, sin lugar a dudas éste
debía tener alguna interesante cualidad,
puesto que primero fue el padre, y más
tarde el hijo, quienes lo apreciaron por encima
de todas las cosas y no quisieron desembarazarse
de él. “El reloj”,
termina trasladándonos a una historia muy
manida pero, como siempre, contada de otro modo;
con gracia (aunque sin sentido del humor), con
misterio, y con imaginativa al fin y al cabo.
Lo siguiente es una ilustración
de Joseph María Argenté; Retrato
de un asesino; Richard Ramírez, The Night
Stalker…
“Lovecraft y el
monstruo de los tejados” es un
particular artículo donde Oscar mariscal
nos cuenta la obsesión tanto de Lovecraft,
como de RH Barlow, por el “esa cosa negra
y gomosa con alas de murciélago”,
que se movía por los tejados… Desde
luego, junto a los escritos seleccionados, esto
del monstruo de los tejados no tiene desperdicio.
Y tras las siempre presentes
breves bio-bibliografías de los autores,
una poesía en francés; “Une
carrogne” de Charles Baudelaire,
que por motivos evidentes no traduciré.
(No, no domino el idioma galo)
Lo dicho, setenta páginas
de terror, fantasía y algo de ciencia ficción,
resonando en el fándom mientras caminan
hacia el futuro que a pulso se están labrando. |