“Eiseptofobia.
Mi miedo a los espejos”, a pesar
de lo complicado de su título, nos relata
un universo ágil y entretenido. No muy
original, eso es cierto, pero nada desdeñable
si se quiere pasar un buen rato en compañía
del ¿terror cósmico materialista?
“El cuadro”,
de Ignacio Guerrero, empieza rozando lo bohemio
cuando su protagonista, casi a espaldas de la
que es su segunda mujer, va de compras y adquiere
un cuadro que de entrada le deja blanco; la obra
pictórica, es la representación
de lo que él cree es el último minuto
de vida de su primera esposa…
A través de una casualidad
tan extraña, Rodrigo, el protagonista,
se abstrae inmediatamente en la búsqueda
del autor de la obra y las respuestas al porqué
del suicidio de Beatriz…
Y hasta aquí, una vez
más, lo que puedo contar. “El
cuadro”, aunque utiliza el recurrente
truco de las trampas, los acertijos y las casualidades,
es un relato original a su modo, bello, embaucador,
y nada falto de morbosidad, además de contar
con un final que como poco podría tildarse
de muy visual.
Fco.
Javier Pérez, colaborador de esta misma
web, nos pone los dientes largos con una angustiosa
intriga cienciaficcionera; “El gato
de Shrödinger”. En dicha intriga,
y al igual que en el experimento del señor
Shrödinger, la mecánica cuántica
hace de las suyas, y lo que empieza siendo una
mañana más en la vida de un científico,
termina convirtiéndose en una lunática
pesadilla para él y todo aquel que le rodea.
“El gato de Shrödinger”,
a pesar de ser el relato que más claramente
abarca el género de la ciencia ficción,
cuenta con locura a raudales, algo de víscera,
la paradoja del tiempo, y una prosa impecable
en casi toda su extensión.
Tras una historia de gatos (o
no), viene el relato más divertido, con
diferencia, de todo este número cinco.
Y no, no es divertido porque haga reír,
o tal vez sí lo hace pero por lo crudo
de la situación, y la misma personalidad
despreciable de su protagonista… “Paz
a los hombres, un cuento de navidad”,
nos acerca a un ángel pocas veces imaginado;
la mano armada de Dios, pero qué mano armada.
Carlos
Sáez, también colaborador de
NGC
3660 y actualmente consejero de redacción
del Ezine Rescepto, se puede decir que blasfema,
provoca, y saca a relucir su lado más socarrón
que es un primor…
J.Javier
Arnau (¡también colaborador de
esta humilde galaxia!) nos regala un par de sus
hermosas poesías. La primera de ellas,
“El mar que nos llueve”,
es una especie de anhelo informático. La
segunda, “Viaje estelar”,
podría estar poniéndonos en la piel
de otro poeta, ¿la computadora de una nave?
Ambas dos, sin duda un maravilloso descanso para
nuestro sufridor intelecto.
Félix Amador, reitera
con aquello del universo de la imagen pictórica
y sus enigmas en “La dama del cuadro”,
pero esta baza, Félix nos traslada al pellejo
de uno de los guardias de seguridad de un museo.
Éste, comienza a trabajar en el turno de
noche y es informado de que aquellos que ocuparon
su puesto anteriormente, no tardaron demasiado
en abandonarlo. A pesar de lo que pueda parecernos
(ya que anteriormente teníamos “El
cuadro” de Ignacio Guerrero), se
trata de una historia totalmente diferente a otras
muchas. En ella, tendremos a una protagonista
ficticia que por supuesto no es lo que parece,
y además, erotismo, misterio fantástico,
e imaginación entre pasadas civilizaciones.
“Ojos bonitos”
nos lleva a otro extremo, también al del
misterio, pero a diferencia de sus antecesores
la oscuridad de este cuento se origina en los
años treinta, en un pueblo del norte de
España, y a través de las vivencias
de una joven viuda. En esta singular narración,
Maialen Ruiz nos acerca a ese mundo interior de
la fémina solitaria, a sus desgracias,
al erotismo tenebroso; al espanto de lo desconocido…
haciéndolo de manera próxima y despertando
en todo momento nuestra curiosidad.
Oscar Mariscal, llega en esta
su primera aparición con dos brevísimas
obras poéticas; “La Venus
fea del metro”, que a mí
me ha dejado tal cual estaba, y “Guiñol”,
que sí nos acerca más al mundo del
sufrimiento y lo enfermo.
Después tenemos la imagen que todo
número de MiasMa
lleva, y en esta ocasión, se trata del retrato
de Charles Manson, del ilustrador,
músico y guionista, Josep M. Argenté.
Casi por último redescubrimos
“La cruz del Diablo”,
perteneciente a las magníficas e inolvidables
leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer, lo
que siempre, al menos para mí, es un manjar
exquisito y listo para su degustación,
aunque es esta ocasión, resulte de lo más
angustioso, triste y cruel…
Y cerrando el número cinco,
como ya es costumbre, nos encontramos una obra
poética en otro idioma y los breves perfiles
de los autores colaboradores, pero, ¡sorpresa!,
para variar, en su contraportada tenemos regalo
de Oscar Mariscal, esta vez deleitándonos
con su charla sobre calaveras.
Satisfacción, sí.
Eso es todo lo que se me ocurre decir para darle
cierre desde aquí, a este número
cinco y a su año de vida que esperemos
continúe siendo larga, próspera,
y por supuesto terrorífica.
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