 |
Lo cierto es que la portada de este nuevo número
de Albemuth Internacional no me mataba de curiosidad,
para qué mentir. ¿Qué era
aquello, un libro basado en una película
que, para colmo, protagoniza John Cusak? ¡Madre
mía, cuán desagradable lucía
mi nueva lectura!
No obstante confiaba en la cordura del editor,
y por esa misma razón, no dejé
de leer una historia que decía estar
basada en un relato largo del autor; ganadora
asimismo (en los años noventa) de los
más importantes premios del panorama
de la ciencia ficción.
Ahora bien, la novela en sí, no nos
llevemos a engaños, no es una historia
de ciencia ficción. La cojas por donde
la cojas, repito, no es una historia de ciencia
ficción. Tampoco de terror, y mucho menos
de fantasía dado que capta ni más
ni menos que la historia del mismo autor (a
grandes rasgos, imagino). Ésta, su historia,
está circunscrita principalmente a todo
aquello que hubo de pasar David Gerrold antes
de adoptar al que terminó siendo su hijo:
aquí está impreso su modo de ver
las cosas, sus sueños y anhelos, sus
necesidades e inseguridades… pero también
todo aquello que se remueve en el mundo interior
de un niño que ya vino al mundo con grandes
problemas de salud; merced a una madre drogadicta
y a un posterior tratamiento incorrecto de su
hiperactividad. Asimismo, se suma una infancia
colmada de malos tratos, a la par que de idas
y venidas del orfanato a las diversas casas
adoptivas y a la inversa. ¿Alguien da
más?
|
|
Así
es, nuestro pequeño protagonista, ese niño
que cree ser marciano, es por todo esto y mucho
más un saco cargado de auténticos
problemas al tiempo que lo es de gratas sorpresas;
justo del mismo modo que nuestro protagonista
adulto. Éste, David, soltero, escritor
de ciencia ficción, friki hasta la médula,
y gay, quiere ser padre por encima de todo, y
lucha, y sufre, y tramita, y está a punto
de tirar la toalla porque piensa que no lo conseguirá,
que será rechazado… no obstante la
suerte le sonríe y consigue entrevistarse
y tener la oportunidad de ver una y otra vez a
Dennis; el niño que cree ser marciano.
El niño marciano,
como ya he dicho, no es una historia de ciencia
ficción, pero sí es la auténtica
historia de un autor de ciencia ficción
(guionista de algunos episodios de Star Trek para
más inri). En la novela, David nos acerca
a sí mismo; a su rutina como autor de género,
al tiempo que lo hace a ese hombre normal y corriente,
sensible, ¡vivo!, que se muere por compartir
lo suyo con un pequeñajo. Sí,
es ese tipo de personas que necesita, como otra
gran mayoría de adultos, cuidar de alguien;
guiar, educar, dar amor sin fronteras, sin vacilaciones,
sin ton ni son… porque sí.
El niño marciano
es una novela entrañable y no solo porque,
además de lo dicho anteriormente, nos acerca
al punto de vista de un niño que ha sufrido
muchísimo durante su corta vida; ni siquiera
lo es en exclusiva porque consigamos ver a este
pequeño marciano a través de los
ojos de un adulto que se muere por entregarle
todo; por cuidar de él, por quererle en
definitiva. Lo es, es entrañable, básicamente
porque podemos contemplar el modo de pensar y
actuar de una persona auténticamente humana;
una persona de esas que admiras, a la que quieres
parecerte a partir del momento en que dejas de
leer. Sin perder un segundo, vaya…
Asimismo, el nuevo título
de Albemuth Intenacional es curioso porque tiene
grandes dosis de sentido del humor (y de humanidad);
de frikismo (y de humanidad); incluso de paranoia:
es divertidísimo cuando David investiga
si realmente hay niños marcianos entre
nosotros. Pero, esto, ¿he dicho ya que
se trata de un libro muy humano? ¿Y que
lo es también cercano, entretenido, tierno?
¡Hermoso!
Una gran lección…
Uno de esos ejemplares que te enseña lo
bueno de la vida, lo que merece la pena y lo que
no. Uno de esos que cuando lo cierras te ayuda
a valorar lo que interesa verdaderamente. Una
maravillosa historia que se puede convertir en
una auténtica lección… marciana.
publicado en
enero de 2008
|