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Por
último, antes de desgranar su contenido,
mencionar, porque son dignas de ello, las ilustraciones
de la que también fue su autora en la primera
entrega: Soledad Veliz Córdova. Sin lugar
a dudas, una de las mejores compañías
que pudieran tener las narraciones, compuestas
de (como dice la presentación) rayos de
sombra y negro iridiscente.
Y allá vamos. Abre la
veda Patricio Alfonso, al igual que en el número
uno. “Elena” es su
primer paso, pero, como sus relatos son tan breves,
solo puedo decir de este que es un buen comienzo.
Una exquisitez: fantasía macabra sobre
amigos, amores y cementerios. Patricio Alfonso
demuestra saber moverse sobradamente en el mundo
de las letras y el morbo, sobre todo con su “Elena”.
“Antípodas”
es aún más breve, y nos
habla sobre ciertas criaturas de la noche. Es
sencillo y cadencioso, pero no nos desvela nada
nuevo. Ni siquiera nos sobrecoge demasiado, aunque
sí nos transmite y entretiene, lo que no
es poco.
La tercera entrega de Patricio
Alfonso es “Autostop”,
un microrrelato habitado por monstruos que no
lo parecen. Directo y rápido. Sin mayores
pretensiones.
Por último, “Romance
de la cabeza” cuenta con criaturas
deformes y científicos locos. Curioso,
aunque tal vez más extenso de lo deseado
dada su trama.
Por su parte, Luís Saavedra
solo aparece con su “Viajero incandescente”.
Una auténtica pena, la verdad, ya que es
un autor generalmente muy imaginativo y de los
que envuelve con facilidad y carisma. En este
número, como digo, solo nos deleita con
una crónica de ciencia ficción,
donde existe un futuro en el que se construyen
anillos temáticos: un negocio que, como
todo, con el tiempo va decayendo dada la intensa
y cara competencia, al igual que la inevitable
tendencia del ser humano a cansarse absolutamente
de todo.
A través de este modo
de vida, Luís Saavedra ensambla varias
vidas y personalidades; avatares que se transforman
una y otra vez buscando la abstracción
para esa mente que los alberga. Éstas,
las mentes auténticas, buscan constantemente
un chute de adrenalina, nuevas vivencias, sometiendo
al prójimo si eso es necesario.
Eso sí, no hay que obviar
que, “Viajero incandescente”,
es al tiempo que refrescante y entretenido, enrevesado
y demasiado enigmático. ¿Será
por eso que gusta?
Sergio
Alejandro Amira es la tercera y penúltima
pluma en hacer acto de presencia. Un asiduo de
esta web, y un magnífico ejemplo del fantástico
chileno. Cuando leí sus primeros trabajos,
me gustó cómo lo hacía y
casi siempre lo que contaba. Ahora que estoy más
versada en su prosa, puedo decir que mi admiración
hacia su trabajo ha crecido sobremanera.
Sergio
Amira llegará lejos.
Pero vayamos a sus relatos. “La
noche del cazador” fue un relato
publicado anteriormente en NGC
3660, pero como muy bien apunta el propio
autor en esta antología, en la web tenemos
la versión con final feliz. Bieeeeen. Sin
embargo, en esta ocasión, en las páginas
poliédricas volvemos a encontrarnos con
la misma situación espeluznante -dado que
un presunto rapto se puede estar dando casi cada
día; en cualquier rincón del mundo,
y quién sabe si cada pocos minutos-, pero
con un final que intenta rizar un poco más
el rizo.
Nuevamente, vemos el lado oscuro
del personaje “maloso”, como dice
su autor, pero, para resumir sin desvelar demasiado,
añadiremos que “La noche
del cazador” trata casi exclusivamente
sobre súper héroes. Eso sí,
esta vez mostrándonos esa faceta que tal
vez no nos guste tanto a algunos: la más
ruin, la más cruel… contada asimismo
en primera persona.
“La noche del
cazador” es curiosa, entretenida,
morbosa… aterroriza sobre todo su comienzo:
las intenciones de uno de sus protagonistas. Ese
intento de acoso sobre los más débiles.
“Retroviridae”,
la segunda aparición de Sergio Amira, sigue
transpirando oscuridad. La ciudad, la mente de
su protagonista… Durante su lectura, en
cada párrafo los tonos negros o grisáceos
han ido poblando mi imaginación, sí.
“Retroviridae”
abarca el universo de los licántropos,
pero muy al estilo de la película “Los
inmortales”: solo puede haber un
virus por ciudad, dado que vienen a ser el anticuerpo
exterminador de la carroña de la metrópoli.
En países como Chile, según la voracidad
asimismo de estos virus, no habría alimento
suficiente para dos. Por lo tanto, se da una situación
extraordinaria y hay que hacer algo al respecto.
Tenemos una persecución
sanguinaria, tal vez romántica, que al
mismo tiempo remueve el interior de su protagonista.
“Alumnomancia”,
la tercera y última entrega de este autor,
podría ser perfectamente un epílogo
(¿o un prólogo?) a “La
noche del cazador”. No es muy extenso,
por lo que no se puede contar demasiado sin revelar
su trama, por ello, únicamente apuntaré
que no se trata de un relato pretencioso, tan
solo peculiar, donde, una vez más, el señor
de las tinieblas hace un curioso papel: en el
presente. De forma coherente y bastante creíble.
¿Tendrá la Wikipedia algo que ver?
Desde luego, lo que sí tiene que ver es
algún personaje de “Alumnomancia”
y “La noche del cazador”.
Como está más que demostrado, Amira,
teje y entreteje, y todo lo que parece no tener
sentido, esta interconectado con lo de antes,
o lo de después, en este caso, sus relatos
tienen que ver entre sí, ¿el trío?
El último autor de la
antología chilena también es colaborador
de NGC 3660. Se trata
de Armando
Rosselot, compositor de historias con talento,
pero tal vez con poca paciencia o poco sentido
de la perfección, dado que, a pesar de
que lo que cuenta y cómo lo cuenta es entretenido
y por momentos casi original, también es
cierto que peca un tanto de descuidado: con frases
a veces demasiado largas y a veces redundantes;
detalles sin duda sin demasiada importancia, pero
que de una forma u otra terminan desmereciendo
el conjunto.
“El encuentro”,
su primera entrada, es una extensa historia de
ciencia ficción. Lo de extensa viene porque
es la más larga de esta antología
poligonal, no porque se haga larga o lo parezca
en algún momento. Se trata de un futuro
en el que somos capaces de viajar a las estrellas
a velocidades extravagantes; saltando de un punto
a otro del universo en busca de un objetivo o
entidades desconocidas.
En “El encuentro”,
tendremos una nave estelar donde habitan unos
pocos humanos dispuestos a llevar a cabo una misión
diseñada por un consejo. Uno de sus protagonistas,
un niño telépata, parece haber entrado
en contacto con entidades alienígenas.
¿Es así o no? De ser así,
¿de qué tipo de alienígenas
se puede tratar? ¿Cuáles son sus
intenciones?
Armando
Rosselot nos envuelve de futurismo, sentimientos,
asimilaciones, locura… todo ello dentro
de una leyenda urbana. Una creencia: El todo.
El comienzo y el fin.
“La buena suerte”,
sin embargo, es el típico ejemplo de que
en un momento dado siempre llegan esas ocasiones
en que uno debe comerse sus propias palabras.
Si lo anteriormente dicho sobre Rosselot
pudiera tener un deje negativo (espero que no),
éste habría que suprimirlo tras
la lectura de “La buena suerte”.
El cuento en cuestión, fue publicado en
el Especial
Asimov de Libro Andrómeda, y cuando
uno lo lee entiende por qué. “La
buena suerte”, tiene muchos de
los ingredientes de la buena ciencia ficción:
una trama intrigante, personajes pagados de sí
mismos, con intenciones egoístas y rozando
lo estúpido, así como la esperada
invención del demonio… También,
su desarrollo tiene lugar prácticamente
a raíz de un diálogo, lo que a mi
modo de ver lo hace mucho más intenso y
atractivo. Como debe ser.
Desde luego es un magnífico
cierre para este número dos que, esperemos,
se multiplique por muchos números más,
dándonos así la oportunidad de poder
acceder al fantástico chileno; tan rico
como el de otros países, pero también
tan desconocido a este lado del charco...
Afortunadamente el panorama
se mueve. El panorama está cambiando.
publicado en abril
de 2008 |