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Poliedro Dos Por: Pily B.

¿Me sorprende o no me sorprende? No lo sé, la verdad. Imagino que por una parte, sí, lo hace, pero por otra, lógicamente no. Me sorprende, claro, haber tenido la oportunidad de leer el número dos de esta antología chilena. Tal vez porque ya pasó un tiempo desde la lectura de su número uno y, pensé, que ésta sólo significaría su presentación en NGC. Más tarde, los siguientes números, darían sus pasitos ajenos a esta web semianaranjada. Eso sería todo…

Pero tampoco me sorprende, como digo, porque sabía perfectamente que este colectivo de entusiastas y amantes del género y de Chile, no se rendirían; seguirían luchando por divulgar la ciencia ficción, la fantasía y el terror de su país dentro y fuera de este.

Así pues, aunque me sorprendo y no lo hago a la vez, lo que está claro es que me alegro enormemente al tener la oportunidad de comprobar cómo se vigoriza el panorama chileno.

Y bien, este número dos, como curiosidad inicial, vuelve a contar en gran medida con los miembros del colectivo, pero además, también lo hace con otro gran autor que no aparecía en su número uno (eso es evolución). Asimismo, también sigue la tónica de publicar todos los relatos seguidos de un mismo autor, método que me parece positivo dado que hace su lectura más cómoda: una vez te habitúas a un estilo, ¿para qué cambiar hasta que su autor no desaparece definitivamente?

Por último, antes de desgranar su contenido, mencionar, porque son dignas de ello, las ilustraciones de la que también fue su autora en la primera entrega: Soledad Veliz Córdova. Sin lugar a dudas, una de las mejores compañías que pudieran tener las narraciones, compuestas de (como dice la presentación) rayos de sombra y negro iridiscente.

Y allá vamos. Abre la veda Patricio Alfonso, al igual que en el número uno. “Elena” es su primer paso, pero, como sus relatos son tan breves, solo puedo decir de este que es un buen comienzo. Una exquisitez: fantasía macabra sobre amigos, amores y cementerios. Patricio Alfonso demuestra saber moverse sobradamente en el mundo de las letras y el morbo, sobre todo con su “Elena”.

“Antípodas” es aún más breve, y nos habla sobre ciertas criaturas de la noche. Es sencillo y cadencioso, pero no nos desvela nada nuevo. Ni siquiera nos sobrecoge demasiado, aunque sí nos transmite y entretiene, lo que no es poco.

La tercera entrega de Patricio Alfonso es “Autostop”, un microrrelato habitado por monstruos que no lo parecen. Directo y rápido. Sin mayores pretensiones.

Por último, “Romance de la cabeza” cuenta con criaturas deformes y científicos locos. Curioso, aunque tal vez más extenso de lo deseado dada su trama.

Por su parte, Luís Saavedra solo aparece con su “Viajero incandescente”. Una auténtica pena, la verdad, ya que es un autor generalmente muy imaginativo y de los que envuelve con facilidad y carisma. En este número, como digo, solo nos deleita con una crónica de ciencia ficción, donde existe un futuro en el que se construyen anillos temáticos: un negocio que, como todo, con el tiempo va decayendo dada la intensa y cara competencia, al igual que la inevitable tendencia del ser humano a cansarse absolutamente de todo.

A través de este modo de vida, Luís Saavedra ensambla varias vidas y personalidades; avatares que se transforman una y otra vez buscando la abstracción para esa mente que los alberga. Éstas, las mentes auténticas, buscan constantemente un chute de adrenalina, nuevas vivencias, sometiendo al prójimo si eso es necesario.

Eso sí, no hay que obviar que, “Viajero incandescente”, es al tiempo que refrescante y entretenido, enrevesado y demasiado enigmático. ¿Será por eso que gusta?

Sergio Alejandro Amira es la tercera y penúltima pluma en hacer acto de presencia. Un asiduo de esta web, y un magnífico ejemplo del fantástico chileno. Cuando leí sus primeros trabajos, me gustó cómo lo hacía y casi siempre lo que contaba. Ahora que estoy más versada en su prosa, puedo decir que mi admiración hacia su trabajo ha crecido sobremanera.

Sergio Amira llegará lejos.

Pero vayamos a sus relatos. “La noche del cazador” fue un relato publicado anteriormente en NGC 3660, pero como muy bien apunta el propio autor en esta antología, en la web tenemos la versión con final feliz. Bieeeeen. Sin embargo, en esta ocasión, en las páginas poliédricas volvemos a encontrarnos con la misma situación espeluznante -dado que un presunto rapto se puede estar dando casi cada día; en cualquier rincón del mundo, y quién sabe si cada pocos minutos-, pero con un final que intenta rizar un poco más el rizo.

Nuevamente, vemos el lado oscuro del personaje “maloso”, como dice su autor, pero, para resumir sin desvelar demasiado, añadiremos que “La noche del cazador” trata casi exclusivamente sobre súper héroes. Eso sí, esta vez mostrándonos esa faceta que tal vez no nos guste tanto a algunos: la más ruin, la más cruel… contada asimismo en primera persona.

“La noche del cazador” es curiosa, entretenida, morbosa… aterroriza sobre todo su comienzo: las intenciones de uno de sus protagonistas. Ese intento de acoso sobre los más débiles.

“Retroviridae”, la segunda aparición de Sergio Amira, sigue transpirando oscuridad. La ciudad, la mente de su protagonista… Durante su lectura, en cada párrafo los tonos negros o grisáceos han ido poblando mi imaginación, sí.

“Retroviridae” abarca el universo de los licántropos, pero muy al estilo de la película “Los inmortales”: solo puede haber un virus por ciudad, dado que vienen a ser el anticuerpo exterminador de la carroña de la metrópoli. En países como Chile, según la voracidad asimismo de estos virus, no habría alimento suficiente para dos. Por lo tanto, se da una situación extraordinaria y hay que hacer algo al respecto.

Tenemos una persecución sanguinaria, tal vez romántica, que al mismo tiempo remueve el interior de su protagonista.

“Alumnomancia”, la tercera y última entrega de este autor, podría ser perfectamente un epílogo (¿o un prólogo?) a “La noche del cazador”. No es muy extenso, por lo que no se puede contar demasiado sin revelar su trama, por ello, únicamente apuntaré que no se trata de un relato pretencioso, tan solo peculiar, donde, una vez más, el señor de las tinieblas hace un curioso papel: en el presente. De forma coherente y bastante creíble. ¿Tendrá la Wikipedia algo que ver? Desde luego, lo que sí tiene que ver es algún personaje de “Alumnomancia” y “La noche del cazador”. Como está más que demostrado, Amira, teje y entreteje, y todo lo que parece no tener sentido, esta interconectado con lo de antes, o lo de después, en este caso, sus relatos tienen que ver entre sí, ¿el trío?

El último autor de la antología chilena también es colaborador de NGC 3660. Se trata de Armando Rosselot, compositor de historias con talento, pero tal vez con poca paciencia o poco sentido de la perfección, dado que, a pesar de que lo que cuenta y cómo lo cuenta es entretenido y por momentos casi original, también es cierto que peca un tanto de descuidado: con frases a veces demasiado largas y a veces redundantes; detalles sin duda sin demasiada importancia, pero que de una forma u otra terminan desmereciendo el conjunto.

“El encuentro”, su primera entrada, es una extensa historia de ciencia ficción. Lo de extensa viene porque es la más larga de esta antología poligonal, no porque se haga larga o lo parezca en algún momento. Se trata de un futuro en el que somos capaces de viajar a las estrellas a velocidades extravagantes; saltando de un punto a otro del universo en busca de un objetivo o entidades desconocidas.

En “El encuentro”, tendremos una nave estelar donde habitan unos pocos humanos dispuestos a llevar a cabo una misión diseñada por un consejo. Uno de sus protagonistas, un niño telépata, parece haber entrado en contacto con entidades alienígenas. ¿Es así o no? De ser así, ¿de qué tipo de alienígenas se puede tratar? ¿Cuáles son sus intenciones?

Armando Rosselot nos envuelve de futurismo, sentimientos, asimilaciones, locura… todo ello dentro de una leyenda urbana. Una creencia: El todo. El comienzo y el fin.

“La buena suerte”, sin embargo, es el típico ejemplo de que en un momento dado siempre llegan esas ocasiones en que uno debe comerse sus propias palabras. Si lo anteriormente dicho sobre Rosselot pudiera tener un deje negativo (espero que no), éste habría que suprimirlo tras la lectura de “La buena suerte”. El cuento en cuestión, fue publicado en el Especial Asimov de Libro Andrómeda, y cuando uno lo lee entiende por qué. “La buena suerte”, tiene muchos de los ingredientes de la buena ciencia ficción: una trama intrigante, personajes pagados de sí mismos, con intenciones egoístas y rozando lo estúpido, así como la esperada invención del demonio… También, su desarrollo tiene lugar prácticamente a raíz de un diálogo, lo que a mi modo de ver lo hace mucho más intenso y atractivo. Como debe ser.

Desde luego es un magnífico cierre para este número dos que, esperemos, se multiplique por muchos números más, dándonos así la oportunidad de poder acceder al fantástico chileno; tan rico como el de otros países, pero también tan desconocido a este lado del charco...

Afortunadamente el panorama se mueve. El panorama está cambiando.

publicado en abril de 2008

| Grupo Poliedro | Varios autores | Diseño portada: Jorge Baradit | Ilustraciones: Soledad Veliz Córdova | 154 páginas |
| ISBN: 978-956-310-961-0 | Noviembre 2007 |
 
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