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El rebaño ciego Por: Pily B.

Zozobra, incomodidad… es lo que aflora al verme obligada a opinar sobre El rebaño ciego. Y, no, la causa no es sólo que se trate de un título escalofriante, devastador, increíblemente coherente, en cierto modo didáctico, sino por no sentirme segura de estar a la altura. ¿Seré capaz de transmitir todo lo que ha despertado en mí? ¿Describir cómo se ha removido mi interior desde casi el comienzo? ¿Toda esa pesadilla que ha generado (o más bien aumentado)?, ¿la angustia, el entendimiento…?

Cierto, había oído hablar de la novela de John Brunner y lo había hecho bien, pero siempre queda la duda de si a uno le gustará hasta ese mismo nivel dado que, hay quien dice, que es la mejor obra de ciencia-ficción escrita hasta el momento. Bien, no sé si será la mejor obra de cifi o no. Sinceramente, creo que no tengo la suficiente trayectoria lectora como para afirmar algo así; pero sí es cierto que, forzosamente (y dado el realismo y humanidad que El rebaño ciego concentra, así como la capacidad de influencia que despierta en los lectores), se encontró, se encuentra, y se encontrará entre las mejores novelas de género. Y añado que, para decir todo esto, tengo criterio más que suficiente.

El rebaño ciego, ya lo adelanta su introducción (magnífica, brillante, de David Brin), junto con otras tres de sus (imperecederas) novelas; Órbita inestable, Todos sobre Zanzíbar y El jinete de la onda de choque, forman un compendio imprescindible para todo aquel que se tenga por ser humano; todo aquel preocupado por cuanto le rodea, con los ojos abiertos y consciente de la transformación de nuestro paisaje, de nuestras costumbres y estilo de vida; de nuestros excesos y la escasez de respeto...

John Brunner, siempre lo deja claro, es un maestro de la literatura de ciencia ficción pero, ¿es por encima de ello un ecologista nato? Quién sabe. Personalmente, sería incapaz de medir si es más de una cosa que de la otra; pero lo que está claro es que es un maestro en ambas, ¿lides? Como narrador, tal vez lleve algo más de retraso, pero no por ello menos constancia. Como ecologista, dicen, es posible que empezara a serlo a partir de los seis años (la semillita quedó ahí), cuando cayó en sus manos la famosa La guerra de los mundos… Y sobre la constancia de esta última actividad, parece que cuando empezó a ser consciente de los problemas de la sociedad, nunca más dejó de verlos y luchó por ellos dentro y fuera de sus libros.

En cuanto a El rebaño ciego, se trata de un rapapolvo mayúsculo: un dilatador de ojos, de mente, a gran escala, y cumple su cometido a sangre fría, sin anestesia, a lo vivo…

Aunque el comienzo de su lectura es algo costosa (al menos para mí), por aquello de que salta de un personaje a otro en un plis, y de estos, sus personajes, hay un buen número; pero también debido en gran medida a su “formato” a la hora de ponernos en antecedentes, ofreciéndonos situaciones que aparentemente no están entretejidas (solo sucede al principio), que podrían parecer en aquellos años más inverosímiles de lo que en realidad han llegado a ser, como digo, por todo esto, y sumándole siempre su imperecedera sinceridad, sarcasmo y verosimilitud, el comienzo de la historia se hace un tanto dificultoso. Eso sí, rápidamente, una vez la mente del lector se ha acostumbrado a saltar de un escandaloso anuncio publicitario a la visión del mundo a través de una de las múltiples personalidades, familiarizado ya con cada vida, situación, y la configuración de la sociedad de Brunner (preocupantemente parecida a la nuestra), la lectura llega a convertirse en una actividad adictiva. Asimismo y, a pesar del grosor del libro, uno no desespera salvo por lo que éste airea: la verdad de lo que ya estamos viviendo. Y es que precisamente una de las cosas que más llaman la atención de El rebaño ciego es que, salvo por no haber llegado aún a una situación tan extrema, ésta no parece venida del mundo de la ciencia ficción.

Desgraciadamente, aquella sociedad que describió Brunner en los setenta, es tan similar a la nuestra… estamos tan abocados a ese desastre que, en última instancia, se termina precipitando sobre la humanidad también en la novela y, más concretamente, sobre el pueblo americano (entre otros).

El rebaño ciego es, en cierto modo, una sátira en toda regla; pero también una gigantesca advertencia venida de la mente de un profeta. ¿Cómo es posible que pudiera medir los desastres con tanta exactitud? Cierto, aquellos que El rebaño ciego nos presenta, están exagerados hasta llegar al extremo de la locura, del cataclismo… Pero, por otra parte, y, de seguir así… tiempo al tiempo.

El rebaño ciego nos habla de aquello que las grandes potencias, la industria en general, el avance desmedido, están haciendo con nuestro medio ambiente: con nosotros, con nuestros cuerpos. El rebaño ciego es una gigantesca advertencia. Pone de manifiesto hasta dónde podemos llegar a sufrir si seguimos comportándonos como hasta ahora: comiendo lo que comemos, respirando lo que respiramos.

En sus páginas, el horror se precipita en cada coma, en cada punto y seguido… Los bebés, los que nacen, lo hacen con malformaciones. Las mujeres, ya ni siquiera tienen ilusión por traer descendencia pero, ¿cómo iban a tenerla? Los niños, los nacidos, mueren de enfermedades ya erradicadas y de otras que han tomado dimensiones desproporcionadas. La esperanza de vida en general ha disminuido considerablemente y, de entre todos los países, en Estados Unidos, casi donde más… Las trastornos de todo tipo están a la orden del día, al mismo tiempo que, la sociedad de Brunner, paga incluso por respirar, dado que ya ni eso se puede hacer en condiciones. Salir a la calle es toda una odisea: se precisan máscaras que a penas filtran durante una hora…

John Brunner reproduce una situación extrema por medio de un número de personajes que van desde las altas esferas a las más bajas, sacando a relucir otros aspectos de nuestra sociedad, tan usuales y alarmantes, como son el racismo y la intolerancia en general.

También, como ocurre en toda historia que se precie, hay un cabeza de turco, o un héroe, según se mire, que es quien pone patas arriba las mentes del pueblo. El presidente de los Estados Unidos, por otra parte, es un títere más que cubre las espaldas de los auténticos asesinos, mientras que las víctimas… las víctimas somos todos.

Pero, tanto más hay en El rebaño ciego, y todo ello descrito con esa exacerbada naturalidad, verosimilitud...

Y ahora, solo me queda dejar una pequeña muestra de toda esa naturalidad y verosimilitud que digo: Hay quien dice que somos lo que comemos, en El rebaño ciego, John Brunner simplemente dice: "Somos lo que tenemos que comer".

Bien, pues ahí queda eso.

 

publicado en diciembre de 2007

| John Brunner | The Sheep Look Up | Colección Albemuth Internacional nº 16 | Traducción: Manuel de los Reyes |
| Grupo Editorial A.J.E.C | ISBN: 9788496013360 | Edición: Septiembre 2007 | 437 páginas |
 
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