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Lo reconozco, y que conste que me da muchísima
vergüenza hacerlo, esta es mi primera adquisición
de la colección “Bibliópolis
Fantástica”, a pesar de los interesantes
títulos y el buen hacer de su editor;
Luis G. Prado. Vale, vale, lo prometo, no será
la última. :-)
¿Que por qué mi primer título?
Bueno, entre otras cosas (y es evidente) porque
mi bolsillo últimamente no da para más
(¡no dejan de salir libros de cifi y no
pocos de cifi española, que es lo que
más me interesa!). Por otra parte, también
porque se trata de un libro de uno de mis autores
favoritos (vaya un secreto a voces) Rodolfo
Martínez. Y esta vez, para colmo, permitiéndose
el lujo de escribir sobre el detective entre
los detectives ¡Sherlock Holmes! ¿Será
posible, habrase visto semejante desfachatez?
Pero pongámonos serios, para abrir boca,
comentaros a aquellos que conozcáis ya
el currículum de este autor, que una
vez más no decepciona. Es más,
os deja con ganas de más, más
y más (espero no haber redundado). A
aquellos otros que no conozcáis a Martínez,
pero sí os apasione el inquietante mundo
de Sherlock Holmes, sabed que La sabiduría
de los muertos deja boquiabierto al fan más
pintado de Holmes.
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El
volumen contiene una novela (premio Asturias 1996),
y algunos relatos cortos que como es de esperar
no tienen desperdicio. Pero lo mejor de todo el
conjunto es que desde su prólogo hasta
la última página, rápidamente
te envuelve la magia del más verosímil
universo holmesiano. ¿O es la magia de
nuestro autor español lo que lo hace tan
verosímil? Sea como fuere, Holmes (¿o
debería decir Watson?) no pierde el tiempo
y nos atrapa una vez más merced a su fascinante
personalidad; sus inquietantes casos y su hiperlógica
forma de resolverlos. Pero ahí no acaba
la cosa, Watson (vuelvo a él), nuestro
entrañable Watson, es más Watson
que nunca, o al menos lo es desde mi humilde opinión.
La novela de R. Martínez
no sólo nos ofrece unas pocas horas de
entretenimiento; de momentos inquietantes y de
quebraderos de cabeza como aquellos a los que
ya nos tenía acostumbrados el señor
Doyle, sino algunos puntos que habían quedado
en la oscuridad, sobre todo los referentes a la
vida de Watson; porque tenerla la tenía…
Ya sólo por esto merece la pena su lectura.
Hasta el momento no he disfrutado tanto de este
personaje.
Holmes, por su parte, está reflejado a
la perfección, de hecho, su perfil psicológico
está plasmado de tal forma que nos hace
olvidar por completo que es Rodolfo Martínez
quien nos habla de él, del auténtico
Holmes, y no Watson, el bueno de Watson.
La trama de las historias, ¿qué
voy a decir de la trama de sus historias?, son
casos no sólo enrevesados, brillantes por
la inteligencia que destila de ellos (sobre todo
de La sabiduría de los muertos), sino inquietantes
(insisto en La sabiduría…) dignos
sólo de una mente tan sobresaliente como
la de nuestro admirado investigador: Todas ellas
persiguen enigmas que sólo el señor
Holmes podría descifrar.
En cuanto al resto de los personajes,
Lestrade y compañía, por supuesto
dan de sí y transmiten justo lo que se
espera de ellos. De la ambientación poco
hay que decir, es magnífica. No se escapa
ningún detalle porque lógicamente
su autor ha cuidado hasta el más insignificante
de ellos. Y por último, ¿qué
novela holmesiana que se precie, lo es si no contiene
ciertas pinceladas de humor? La forma de ser de
Holmes, las reacciones de Watson, los derroteros
que toma algún relato… añaden
ese último toque que hace que esta obra
termine siendo perfecta.
Si Doyle estuviera entre nosotros,
estoy segura, estaría orgulloso de que
alguien como Rodolfo Martínez tomara el
relevo.
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